Disclaimer: los personajes de Twilight le pertenece a Stephenie Meyer y esta historia a JAnnMcCole. Yo solo traduzco.
Capítulo dieciséis
"Para poder convertirse en el maestro, el político posa como el sirviente." ~Charles de Gaulle
BELLA
—Damas y caballeros, hoy me encuentro frente a ustedes conmovido, asombrado, orgulloso —habló el presidente desde el podio, levantando una mano, señalando en dirección a Edward y a mí—. Y es debido a este hombre y a esta mujer. Con los años, me han preguntado ciudadanos y extranjeros "¿Qué se siente ser estadounidense? ¿Qué representan? ¿Qué tan lejos están dispuestos a ir?" La respuesta a estas preguntas está en esta habitación.
—Lo exagera demasiado bien —me susurró Edward.
Mantuve una expresión neutra para las cámaras y me incliné hacia él mientras Ethan agarraba mis perlas.
—Lo sé, yo lo escribí.
Lo escuché reír, pero no le presté atención.
El presidente Hale se enderezó mientras leía el siguiente párrafo:
—Cuando Isabella Cullen vio una amenaza, no solo para nuestro país, sino para nuestro estilo de vida, ella no solo lo reportó. Ella fue más allá de todas las expectativas; haciendo una sola pregunta: ¿Qué puedo hacer? Con ningún reparo por su bienestar y a solo horas de haber dado a luz a su hijo, Ethan. Ella le dio al gobierno de los Estados Unidos una oportunidad para ganar información y para actuar rápidamente. Como padre, no puedo imaginar el dolor que ella debió haber sentido por no saber cuándo volvería a ver a su familia. Le pregunté no una, sino dos veces si ella entendía las consecuencias de sus acciones y ella me dijo que no quería volver a encender el televisor y ver a otro edificio en llamas, más padres llorando o a nuestra nación de luto, jamás. Si ella podía sacrificarse en lo que ella pensaba que era algo pequeño para el bien de todos, para ayudar a luchar contra el terror, ella podría manejar su tristeza.
Edward giró hacia mí, aplaudiendo junto con la audiencia. Tomé las pequeñas manos de Ethan y saludé con él, sonriéndole al público.
—La injusticia no se detuvo allí, su esposo soportó críticas, burlas, odio y crueldad porque él también creía en el poder de esta nación. Él completa y voluntariamente renunció a su dignidad y a sus libertades básicas como humano. Pasó cinco meses en una de las prisiones más infames en Illinois, donde en su estancia soportó numerosos motines peligrosos, pero Edward Cullen no titubeó. Él jamás pidió algo. Estaba preparado para todo y, aun así, mantuvo su integridad; ni una vez mintió. Les dijo a todos que era inocente y lo era. Declaró su amor incondicional por su esposa, el cual todos podemos ver que es real.
Ante eso, Edward besó mi mejilla mientras todos aplaudían.
—América, jamás en mis sueños más salvajes hubiera esperado que dos ciudadanos dieran un paso al frente y dijeran "Sí, protegeré y serviré a mi país a toda costa." Es por esta razón que debo otorgar la Medalla Presidencial de la Libertad, concedida a aquellos que admirablemente contribuyeron a la seguridad y los intereses nacionales de los Estados Unidos, al Sr. y la Sra. Edward Cullen.
La habitación estalló en aplausos mientras Edward tomaba de mi mano y, aferrando a Ethan, caminamos hacia el costado del escenario permitiéndole al presidente Hale colocar la primera medalla alrededor de mi cuello antes de hacer lo mismo con Edward.
—Y para que este pequeño no se sienta ignorado, tenemos un pin presidencial para él también —habló el presidente a la prensa, riéndose con ellos mientras abrochaba el pin en el cuello de Ethan. Él dio un paso hacia atrás antes de posar para las fotos con nosotros. Él no fue el único en unírsenos. La madre de Rosalie estaba del otro lado de Edward.
Entre los flashes de las cámaras, me encontré con la mirada de Rosalie, desafiándola para que subiera al escenario. No lo hizo, se mantuvo en su mesa, de pie junto a Carlisle, quien no la había dejado fuera de su vista. Apartando mi mirada, eché un vistazo por la habitación hasta que encontré al hijo de puta al fondo. No estaba aplaudiendo o sonriendo. Parecía casi una estatua, observándonos con asco evidente. Yo, por el otro lado, sonreí. Sonreí tan amplio que no me sorprendería que él pudiera contar todos mis malditos dientes. Nada hacía enfurecer a tu enemigo tanto como verte sonreír.
Finalmente, Edward caminó hacia el podio para agradecer a nuestro presidente por sus amables palabras.
—Recordatorio, contratar al redactor de discursos del presidente —dijo, causando que todos rieran. Tomó aire profundo antes de comenzar su discurso—. Desearía poder decir que todo lo que dijo el presidente Hale sea cierto. Él lo hace sonar como si lo hubiéramos pensado bien esto, pero honestamente, todo pasó tan rápido que apenas hubo tiempo para pensar. Simplemente reaccionamos a un problema que se nos presentó. Hubo muchos momentos donde estábamos asustados, cansados y hartos. Se siente como si hubiera sido hace toda una vida y no es algo por la que quiera pasar de nuevo, fue un infierno. Estar separado de mi esposa, de mi hijo recién nacido, de toda mi vida; fue un infierno. Lo que pone en perspectiva a millones de estadounidenses; bomberos, oficiales de policía, agentes del gobierno, todos los que despiertan todos los días sabiendo que pueda que sea un infierno, pero siguen levantándose y haciendo sus trabajos. Al caminar cinco meses en sus zapatos, puedo decir que esas personas son las que me hacen sentir conmovido, asombrado, y orgulloso de compartir una nación con ellas. Debería haber medallas de libertad para todas ellas en gratitud.
Cuando nos abrazamos de nuevo, susurré:
—San Edward, el héroe del pueblo.
Ethan comenzó a ponerse molesto, lo que afortunadamente para nosotros nos daba la excusa para escapar de la prensa. Edward susurró algo en el oído de Hale, que asintió y le dio la señal a sus consejeros de que habíamos terminado aquí. Seguimos al presidente, rodeados del servicio secreto. Caminamos por pasillos, los cuales estaban llenos de retratos de expresidentes, hasta llegar al despacho Oval. Debería haber estado asombrada de encontrar a Rosalie allí, pero no lo estuve.
—Cariño, luces horrible, ¿qué pasa? —dijo su madre, acercándose para abrazarla. Rosalie no lo devolvió, se mantuvo de pie allí observándome.
—Todavía tienen una conferencia de prensa —susurró.
—Eso puede esperar un momento. Después de todo, no es como si tuvieran algo mejor que hacer —respondió Hale, para la angustia de su hija.
—Ella estaba esperando tener un momento a solas para hablar con ustedes —les dije, tomando asiento en el sofá y colocando a Ethan sobre mi rodilla.
—¿Cariño? —susurró su madre, acariciando unos mechones de su cabello rubio.
—Estoy bien. Debería volver.
—No entiendo —dijo el presidente Hale, observándonos cuando la puerta se abrió y entró Emmett, vestido elegantemente de negro y con una corbata roja.
Miró a Rosalie por un momento, quien dio un paso hacia atrás cuando él prácticamente la destruyó con una expresión de asco y furia en sus ojos.
—Justo a tiempo, hermano mayor. Tu esposa aquí tiene muchas entrevistas hoy, ¿cierto? Estoy seguro que ambos pueden mostrarse como una pareja amorosa para las cámaras. —Edward señaló para que entrara.
—Sí, puedo. ¿Hay algo más que necesites? —preguntó y eché un vistazo a Edward, que sonrió engreídamente. Lo rompimos, lo que significaba que teníamos que repararlo… pero eso vendrá después.
—¿Esposa? —Emmett llamó a Rosalie con una dureza extraña en su voz que la hizo temblar. Ella tomó el brazo de él, girándose para irse.
Tendríamos que seguir observándolos. Emmett había probado su lealtad por ahora, pero por lo fácil que se volvió contra su esposa, igualmente podía volverse contra nosotros si Rosalie jugaba con sus emociones. Él intentaba ocultarlas, pero seguían allí.
—¿A quién escribes? —preguntó Edward y, por un momento, la yo anterior quería decirle que se preocupara de sus asuntos.
—Carlisle, creo que es mejor que los mantenga vigilados. —Si conocía a Carlisle tan bien como pensaba, no le agradaría en absoluto una traición.
La estúpida Primera Dama se paró frente a mí, con manos en sus caderas como si se suponía que debía sentirme intimidada.
—Lo que sea que estás haciéndole a mi hija, te pido que pares. Ella es una buena persona y sé que no es algo con lo que ustedes están familiarizados, pero…
—¿Debería ocuparme de esto o quisieras tener el honor? —le pregunté a Edward mientras me ponía de pie, sosteniendo a Ethan contra mi pecho.
—Adelante —respondió Edward, tomando a Ethan de mis brazos, y me giré a la aspirante a Jackie O.
Juntando mis manos, rodé mis hombros y sonreí.
—Tu hija no es una buena persona. Tú no eres una buena persona. Ninguno en esta habitación es buena persona. Es por eso que estamos aquí. Hicimos un trato, ustedes firmaron con su sangre y nosotros hicimos la vista gorda. Creo en las personas buenas, sé que están allí, alimentando a los pobres, vistiendo a los huérfanos y esa mierda. Pero ellos no se meten en nuestro mundo; ellos no están en nuestra historia porque, una vez más, ellos son buenas personas. Si Rosalie fuera buena, ella se hubiera apartado cuando pudo. Si tú fueras buena, jamás le hubieras permitido que se casara en esta familia. Jamás hubiera vuelto con su marido y no serías la Primera Dama. No eres una buena persona, así que dejemos claro quiénes somos. Las buenas personas son los votantes, la clase media, los pobres, ¿es eso lo que quieres?
Ella no respondió, simplemente sacudió su cabeza.
—Eso pensé. —Di un paso hacia ella—. ¿Por qué no vuelves a regar tus plantas y dar tours o esas cosas primitivas que hacen las primeras damas?
Ella llegaba a la puerta cuando Esme entró.
—Es como si pudieras leerme la mente —le dijo Edward, meciendo a un Ethan dormido.
—Sr. Presidente. —Ella sacudió la mano de Hale con una sonrisa.
—Es bueno verte, Esme.
Asintiendo, ella tomó a Ethan en sus brazos y yo besé la frente de él mientras el pequeño se frotaba sus ojos. Hale arqueó una ceja en mi dirección como si estuviera sorprendido de que pudiera ser una madre.
—Vamos, pequeñín. —Ella asintió en su dirección mientras se iban.
Genial ahora podíamos hablar de negocios.
—¿Dónde podemos escuchar a Orlando? —le pregunté.
Señalando a la puerta, lo seguimos hacia otra oficina. Allí, Orlando hablaba como Ian Rood, director del FBI. Aquellos que estaban sentados alrededor de la mesa se pusieron de pie para el presidente cuando él entró y pude ver claramente lo mucho que Hale lo disfrutaba. El dinero no era la ruta de todas las maldades, simplemente es un vehículo que te conseguía poder.
—Damas y caballeros, ¿podemos tener la sala? —les preguntó y, sin preguntas, ellos se marcharon.
Edward se concentró en las palabras que salían de la boca de Orlando.
"Buenas tardes, damas y caballeros de la prensa. No voy a responder preguntas el día de hoy. Muchos están al tanto de los eventos trágicos y desafortunados que han ocurrido con algunos de nuestros exagentes del Buró Federal de Investigación. Actualmente, hay una investigación. No se pude decir más sobre los agentes en estos momentos, muchas de las operaciones son clasificadas…"
"¿Cómo puede ser clasificado el hecho de que un agente federal asesinara a una prostituta en un motel con cientos de miles de dólares?" gritó un hombre, interrumpiéndolo.
"¿El presidente Hale tiene algo que decir?"
"¿Qué hay del agente que fue encontrado colgando del puente?"
"¿Puede confirmar que una agente fue secuestrada de la Embajada?"
Orlando se tensó, su rostro duro y neutro. Incluso me atrevería a decir que comenzaba a sentir estrés.
—¿Acaso no amas a la prensa? —me susurró Edward.
—Cuando la controlamos, sí.
"Como dije," habló Orlando nuevamente. "No puedo responder más preguntas en estos momentos. Sin embargo, diré que planeo hacer todo en mi poder para asegurar que la investigación se complete. Cuando tengamos información solida para compartir, lo haremos."
—Cuando dijeron que sería golpeado, jamás dijeron que sería así —se quejó el presidente mientras observaba a la conferencia de prensa.
—¿Qué más puede significar? —le preguntó Edward, inclinándose contra su escritorio.
—¡El FBI es la policía de los Estados Unidos! Yo soy el representante de los Estados Unidos. Al atacarlo así, están debilitándome. No seré reelegido si las personas no pueden confiar…
—¿Por qué tenemos que seguir repitiéndole las cosas a estas personas? —Se giró hacia mí mientras chequeaba el correo que Jasper me había enviado al teléfono.
Me encogí de hombros, mirando a Hale.
—Por alguna razón, ellos siguen subestimando nuestra inteligencia incluso cuando hemos probado continuamente que no somos idiotas.
—Entiendo que los dos tengan un plan maestro, pero necesitan darme algo con lo que pueda trabajar. Tengo un grupo de personas intentando hacer control de daños, mientras que yo me siento sobre mis manos. No puedo simplemente aceptar esto. Agentes del FBI caen por todos lados —espetó.
—Diles que estás siendo informado sobre la situación y que envías plegarias a todas las personas y sus familias que han perdido la vida en servicio de nuestro país. Entonces recuérdales que lo que hace increíble a Estados Unidos son los cheques y los balances. El FBI no es tu ejército personal, que estás hablando con el director para ver qué se puede hacer —lo dirigió Edward.
—Sin ser muy obvio con el tema, encuentra la forma de dejar en claro que el hombre que maneja esto es el director —añadí también. Estábamos prendiendo fuego al mundo personal de Orlando.
Buscando el intercomunicador, él llamó a su jefa de staff, Mina, su ex estratega política. Ella entró, observándonos y suspirando.
—¿Supongo que no sacaremos un comunicado? —preguntó.
—No, lo harán. Sr. Presidente, por favor, póngala al tanto —anunció Edward, dirigiéndose ya hacia la puerta.
EDWARD
—Estás en altavoz, Jasper —le dije al mismo tiempo que Seth nos llevaba hacia la ciudad. No era fan de Washington, no se comparaba con Chicago. Me encontraba extrañando los edificios que tocaban el cielo, el smog, el viento, todo lo que hacía increíble a Chicago.
—Hiciste que secuestremos a una agente federal, pero sin matarla. Con todo respeto, ¿qué mierda, Edward?
Puse los ojos en blanco y me recosté sobre el asiento de cuero.
—¿Dónde quedó la confianza, hermano?
—Encadenada a una pared en el sótano de una vieja siderúrgica —respondió.
—¿Ha dicho algo? —le interrogó Bella.
—No, pero no estaba al tanto que ella supiera algo importante.
—No hace daño intentarlo.
Le di una mirada.
—Bueno, hay daño, pero no para nosotros y eso es lo que importa. Ella es del FBI, no de la CIA, lo que desafortunadamente para ella significa que no está entrenada para el mismo tipo de tortura —aclaró ella.
Pero yo quería información.
—Quiero que nos dé un plano del edificio federal, todas las entradas y las salidas, cada entrada secreta que se le ocurra. De hecho, espera, Jasper… —le dije, poniéndolo en espera—. Seth, Kain.
Asintiendo, ellos se colocan sus tapones en los oídos.
—¿En qué estás pensando? —Bella me observó cuidadosamente mientras un plan se formaba en mi mente.
—Cuando volviste a casa, dijiste que había solo dos guerras que le importan a los estadounidenses, la guerra por las drogas…
—Y la guerra del terror. ¿Cuál es tu punto?
—Si dejas de interrumpirme, podré decírtelo. —La fulminé con la mirada y ella se cruzó de brazos—. ¿Y si les damos terror, nada grande, simplemente hacer que nuestra agente anuncie que ha sido secuestrada por quien parece un terrorista local? Los medios se volverán locos, Orlando no tendrá elección que pasar todo su tiempo ya sea lidiando con la prensa o intentando salvarla.
Su mente daba vueltas mientras se volvía a la llamada de Jasper.
—Jasper, ¿ha visto tu cara?
—No, pero ella debió haber visto la de Alice y Jacob cuando la tomaron.
—Espera —respondió Bella, volviéndolo a dejar en espera—. Vamos a tener que matarla y, si la matamos, no se detendrán hasta encontrar al responsable. Terrorismo, incluso imitación de terrorismo, puede…
—Se puede hacer, Bella. Se puede. Dijimos que íbamos dejar de tratarlos con cuidado y esta es la forma. Nadie lo verá venir. Hay terroristas locales por todo el país, con el hackeo tuyo y de Jasper, estoy seguro que podemos encontrar un culpable. De hecho, le estamos haciendo un favor al país y Hale lucirá tan bien que querrá formar parte de esto. —Podía verlo ahora y lo que lo mejoraba era el hecho que se pasaba de la raya, era algo que Orlando jamás pensaría que haríamos.
—Si hay alguien que puede hacer esto, soy yo —declaró y puse los ojos en blanco.
—Lo vamos a hacer —respondí, sabiendo que ella ya estaba trabajando la logística en su cabeza.
Una vez más, volvió a la llamada de Jasper.
—Jasper, haz que Alice la golpee un poco, pero nada fuerte. Tú y yo iremos de pesca esta noche. Mantente en la espera. —Con eso, terminó la llamada y me miró—. Antes de hacerlo, quiero a nuestro culpable listo.
—Está bien. —Asentí.
—Llegamos, señor —dijo Seth algo fuerte debido a los tapones. Era fácil ver que ya no estábamos en la parte prestigiosa de D.C., estábamos en alguna parte del sureste de la capital.
Lo que se suponía que era una pequeña oportunidad fotográfica en un centro de jóvenes recién construido, de hecho era el mismo lugar donde podríamos ver a nuestros clientes.
El sureste era uno de nuestros grandes clientes, por supuesto que ellos no sabían que éramos nosotros, pero no lastimaba chequear el contrabando aquí.
