CAPÍTULO 20
El mes que siguió a la fiesta de compromiso fue caótico para Sakura. Debía asistir a pruebas para el vestido de novia, el que usaría en la recepción, y con el que culminaría la velada, que era el que menos deseaba usar, pues con ese se despediría de todos para iniciar su luna de miel. Reuniones con el chef que estaba encargado de la comida de la fiesta de bodas, y otros tantos compromisos que no podía recordarlos todos.
Agradeció al menos librarse de la fiesta de regalos, ya que, apoyándose en Sasuke, consiguió que su futura suegra y cuñadas desistieran de la idea, alegando que preferían que los invitados hicieran donaciones a algún orfanato, pues ella no necesitaba ni deseaba lo que pudieran darle; al final se decidió que sería una casa hogar la que recibiría el dinero. La semana siguiente a la fiesta de compromiso, salieron a la venta las ediciones de agosto de las diferentes revistas de moda y farándula, en las que se podía apreciar un detallado reportaje sobre la vida de Sakura Haruno.
«La hermosa chica americana que conquistó al magnate de los negocios, Sasuke Uchiha, con su encanto y sencillez»
Luego de ese episodio y durante el resto del mes, Sasuke estuvo extrañamente alejado de ella. Si bien todos los días le llegaban chocolates, flores, o algún detallito, solo lo veía cuando aparecía en la oficina en compañía de Eva y Lara. Se saludaban y cada uno se dedicaba a su ocupación. Sakura estaba aliviada por ese distanciamiento de Sasuke.
Aunque la idea de casarse con él ya era algo que no la atormentaba tanto, por la misma faena de los preparativos de la boda, prefería que él se mantuviera alejado de ella, y rogaba porque siguiera así en su vida de casados, o mejor aún, que desistiera del matrimonio. Sasuke era un hombre muy guapo, de eso no tenía duda alguna, y podía ser encantador cuando se lo proponía; no obstante, para ella eso no era relevante. Su mente solo registraba la amenaza, el miedo, la imposición, y su corazón el desasosiego, mientras que su alma permanecía en silencio.
Eva también había notado que Sasuke no hacía intento alguno de estar con Sakura, solo se limitaba a recibir los informes que Dacre y Alec le entregaban al finalizar el día. No la acosaba, no la llamaba, y solo le enviaba los regalos diarios; sin embargo, en ningún momento dejó de estar al pendiente de sus necesidades.
Todos los días Sasuke le preguntaba a su prima si le hacía falta dinero para los gastos de Sakura, y le recalcaba que todo lo que ella deseara debía dársele sin miramientos. Curiosamente la chica nunca exigía algo que generara gastos, al contrario, protestaba cuando escuchaba por accidente las cifras que se manejaban en torno a los preparativos.
Eva no entendía qué sucedía, y temiendo que su primo estuviera tramando algo peor de lo que ya había hecho, decidió enfrentarlo y tratar de obtener información para saber cómo debía actuar.
―Me riñes porque acoso a Sakura, y me riñes porque me alejo de ella. ¡Quién te entiende! ―increpó Sasuke mientras revisaba unos documentos.
―Es que siempre eres los dos extremos, Sasuke. Cuando no es que la quieres ahogar con tu amor, te desapareces y ni una llamada le dedicas ―reprochó Eva en tono algo molesto, sentada frente al escritorio de su primo. Sasuke levantó la cabeza y la miró por unos segundos.
―¿Crees que no deseo tenerla en este momento entre mis brazos? ¿Que no tengo ansias locas de escuchar su voz, de acariciar su mejilla y de decirle cuánto la amo?
―Entonces, ¿por qué no la llamas? ―preguntó la chica, levantando los brazos de forma exasperada―. Al menos pregúntale cómo amaneció, dale las buenas noches, ¡cualquier cosa! Sasuke golpeó la mesa con su puño, y se pasó la mano por la cabeza, para enseguida halarse los cabellos con frustración. Se levantó de su asiento y empezó a caminar de un lado a otro de la oficina. Se frotó el rostro con la mano, y giró para mirar a su prima con expresión atormentada.
―Tengo miedo, Eva ―dijo con voz angustiada―. Siento como si estuviera viviendo un sueño, un fantástico sueño, y temo despertar en cualquier momento. Sakura me ama, lo sé, solo que si…
―Sasuke, eso no es cierto. Ella no te ama. El hombre frunció el ceño y su mandíbula se tensó visiblemente. Esas palabras no eran recibidas gratamente por su alma.
―¡Mientes! ―gritó furioso―. ¡Ella me ama! Solo que no quiere aceptarlo porque es terca y obstinada, pero lo hace, me ama… ¡Me ama! Eva suspiró y se acomodó en su asiento, negando con la cabeza. Su primo nunca vería la realidad.
Él vivía en un mundo paralelo, donde Sakura Haruno lo miraba con devoción, y le repetía constantemente que lo amaba y que siempre sería suya. Nada ni nadie le haría cambiar de opinión, de eso estaba segura. Perdiendo las esperanzas, decidió dejar de lado ese tema y concentrarse en lo que su primo estaba por decir.
―¿A qué le temes? Se va a casar contigo, será tu esposa como tanto lo deseas. No hay nada que lo impida.
―¡Sí hay algo y tú lo sabes! ―exclamó Sasuke desesperado. Volvió a frotarse el rostro con la mano y continuó caminando―. Si se llega a enterar va a odiarme, no querrá estar conmigo nunca más, y si decide continuar con la boda será porque yo la obligue, no porque lo desea en realidad. Eva se apretó el puente de la nariz para evitar estallar en ese momento. Sasuke temía algo que ya estaba sucediendo.
―Sasuke, Sakura no te ama, y se casará contigo porque la estás obligando ―dijo pausadamente, como si deseara explicarle algo demasiado complicado
―. No hará ninguna diferencia si se entera o no. Sasuke gruñó y pateó con furia la silla que se encontraba al lado de la de Eva. Ella no se inmutó por el ataque de rabia de su primo.
―¡¿En qué mundo vives, Eva?! ¡Me tienes harto con lo mismo! Sakura me ama, y si tú no eres capaz de verlo no es mi problema. Ahora, necesito que te encargues de que todo esté perfecto. No quiero el más mínimo error.
―¿Y eso qué tiene que ver con que te mantengas alejado de Sakura? ―preguntó la chica, ignorando los absurdos delirios de Sasuke. El hombre dio unas vueltas más por el lugar, levantó la silla que había pateado anteriormente y se sentó en ella, inclinándose hacia su prima con rostro angustiado.
―Eva, Sakura no es igual a las demás mujeres con las que he tratado ―dijo, halando de nuevo su cabello―. Temo que algo malo suceda, temo que todo se sepa y ella me odie. ¿Crees que para mí es fácil estar lejos de la mujer que amo? Es solo que prefiero sufrir el dolor físico y mental de su ausencia por un mes, que soportar su odio por el resto de mi vida. El compromiso ya se hizo público y…
―¿Qué sucedió? No me digas que…
―Sí ―contestó en un gemido―, ayer me llamó. Me gritó, me maldijo y amenazó con hacerle daño… Eva, no sé qué hacer, quisiera tener su maldito cuello entre mis manos y apretarlo…
―Cálmate ―pidió Eva, levantándose de su puesto y sentándose en las piernas de él, quien la recibió con un abrazo, y apoyó la cabeza en el pecho de ella
―. No puede hacer nada. Solo quiere amargarte la vida ahora que sabe que eres feliz de nuevo con una mujer. Me habría encantado darle personalmente la noticia de tu matrimonio, y de gritarle que no tiene poder sobre ti, pero el solo verle la cara me enferma y no quiero que se sienta importante. Tú tampoco deberías dársela. No permitas que maneje tu vida y empañe tu felicidad de nuevo.
―Debo mantenerme alejado de mi corazón, para poder protegerlo de mi estupidez ―susurró Sasuke abrazando a su prima con fuerza―. Solo será hasta el matrimonio, y después de eso, disfrutaré de la compañía de ella como si no existiera un mañana.
―Y lo habrá, te aseguro que así será. Ella había sido participe de todo en su momento. Solo ella sabía lo que atormentaba a Sasuke, hasta el punto de mantenerse alejado de la mujer que tanto amaba, y por eso se encargaría de que nada ni nadie truncara su felicidad con la chica, quien tenía la esperanza de que llegara a enamorarse de él.
