Agape to Eros
By Tsuki No Hana
XXVI
"Can't Take My Hands Off of you"
Viktor
—Dormir contigo, en la cama donde tuviste sexo con el cerdo. No, gracias. Paso.
Me hizo fea cara antes de darse media vuelta e instalarse en el sofá más amplio de la sala.
—Pero ya cambié las sábanas —le dije, un poco desanimado—. Además, estarás incómodo ahí, ya estás muy alto como para caber en ese sillón y…
—No hay problema, puedo dormir aquí. No quiero ser una molestia.
—No eres molestia.
—Ayúdame a poner las sábanas —pidió al mismo tiempo en que me arrojó una de ellas.
Estaba extrañamente serio y no podía evitar preguntar el motivo de ello.
—¿Estás seguro de que estarás cómodo?
—Sí. Gracias, Viktor —me miró unos segundos, con sus ojos verdes, cubiertos por algunos mechones de cabello rubio que se salían de su media coleta.
Quería preguntarle el motivo de su extraña actitud, además, no era que me gustara el apodo, pero… que no me llamara "Viejo" o "anciano" me hacía sentir extraño, como si no fuera el Yuratchka de siempre. Lo iba a hacer, pero el timbre de mi casa sonó, y cuando fui a abrir me llevé una grata sorpresa.
—¿Me puedo quedar? —traía una pequeña maleta al hombro, entonces me asusté.
—¿Qué pasó? ¿Ocurrió algo con Evgi?
Al parecer leyó el espanto en mis ojos, pues se adelantó a aclarar que todo estaba bien entre ellos, sólo que Evgenia seguía en casa de sus amigas, en la fiesta que se convirtió en pijamada.
—Y no quería pasar la noche solo en casa, así que… —se encogió de hombros—. ¿Me aceptas en tu casa esta noche? —inquirió, un poco apenado.
—¡Pero claro que sí! Adelante —lo jalé de un brazo, emocionado.
Ciertamente fueron muchas las veces en que imaginé mi vida de adulto, viviendo sólo con mi hermano, ambos compartiendo un departamento. Pero por una u otra razón ese deseo no se cumplió. Nuestros caminos se separaron cuando aún éramos muy jóvenes y hasta hace poco se volvieron a unir. Mañana se iba a casar y por lo menos tendría esa noche para pasarla a su lado y aprovecharlo al máximo antes de que comenzara otra etapa en su vida.
Le ofrecí dormir conmigo, y, a diferencia de Yurio, mi querido hermano aceptó al instante, incluso se veía feliz por ello.
Tuve la gran idea de hacer una pijamada los tres juntos, pero Yurio se negó y se fue a dormir a la sala, junto con Makkachin, y dejándome más preocupado que antes.
—¿Qué le pasa? —inquirió Aleksi, desvistiéndose para ponerse su pijama.
—No lo sé. Supongo que está sufriendo el síndrome de abstinencia.
—¿Abstinencia? —se espantó un poco.
—De Otabek —reí, y él, enojado por el susto, me lanzó una almohada.
—Esos dos tienen algo muy serio, ¿cierto?
—No te imaginas —suspiró—. Yura no lo sabe, pero he estado en constante comunicación con Otabek.
—¡¿De verdad?!
—Pero claro que sí. ¿Acaso crees que lo iba dejar a su suerte?
—Te tomaste muy en serio aquello que nos dijo la tía Yulia, cuando nació Yuri.
—Sí, cuando dijo que él sería como nuestro hermanito menor —sonreí con nostalgia al recordar el pequeño bebé regordete y de mejillas sonrojadas que era Yurio cuando nació. Yo tenía doce años en ese entonces, así que lo recordaba muy bien.
—¿Quieres asegurarte de que el chico de Kazajistán no esté jugando con él?
Negué con la cabeza.
—Sé que no está jugando. Me da vergüenza admitirlo, pero ellos dos han sido una pareja más madura que Yuuri y yo en algunas ocasiones. Incluso tuvieron algo que ver en nuestra reconciliación —suspiré—. Él es un buen chico, y si tienen un problema, sé que lo resolverán debidamente.
Me cambié de ropa y me metí a la cama, Aleksi se acostó a mi lado y yo apagué la luz de la lámpara de mi buró. Estuvimos en silencio, intentando conciliar el sueño, pero la verdad era que ninguno de los dos podía hacerlo.
—¿Nervioso por el día de mañana? —mi pregunta hizo un leve eco en toda la habitación.
—No realmente — respondió con seguridad.
Ambos nos dábamos la espalda, así que nos giramos al mismo tiempo para quedar frente a frente. A pesar de la oscuridad, podía distinguir sus ojos azules brillando con la poca luz de las farolas de la calle que se colaba por la ventana.
—Sé que Evgi es la persona correcta, no me veo pasando el resto de mi vida con alguien que no sea ella, así que no estoy nervioso, estoy muy emocionado por dar ese paso.
Lo vi tan seguro y feliz, que no pude evitar que un nudo se formase en mi garganta.
—Oh, no me digas que vas a llorar. Hermano, no seas tan sentimental —se le cortó la voz en la última palabra.
—¿Disculpa? —me burlé un poco, ambos reímos y al calmarnos volvió la seriedad—. Si mamá estuviera aquí, estoy seguro de que se sentiría orgullosa y muy feliz. Encontraste a una mujer muy valiosa.
—Mamá…—suspiró—. No sabes cuánto la extraño.
—Yo también la extraño mucho.
—Viktor.
—¿Si?
—Lamento no haberte dicho antes lo de papá.
—Ni me lo recuerdes —murmuré, incómodo—. Sólo dime que no lo vas a sentar conmigo en la misma mesa.
—No, claro que no. Jamás lo haría.
—Bien.
—Te quiero pedir algo —murmuró con voz suave—. Por favor, no pelees con él.
Me sentí un tanto avergonzado, más que enojado.
—No lo haré, lo prometo.
—Gracias.
Continuamos hablando, pero ahora de temas más triviales, hasta que tocó uno muy importante.
—¿Tienes planes de casarte con Yuuri?
—Totalmente.
—Vaya —sonrió—. ¿Y cuando será eso?
—No estoy seguro —suspiré—. Él tiene los anillos que iba a usar para pedirle matrimonio, y me da vergüenza pedírselos después de prácticamente haberlos botado a la basura cuando nos separamos.
—¿Hiciste eso?
—Estaba muy enojado.
—¿Por qué no compras unos nuevos?
—Porque esos que él tiene son muy importantes, tienen ya una historia y un valor muy grande. Hemos pasado por muchas cosas en estos años, pero lo único que no cambió fue el objetivo de esos anillos. No quiero cambiarlos, quiero que sean esos. Quizás tenga que robárselos.
Aleksi rio.
—No seas extremista, sólo háblalo con él. Por cierto… ¿Qué harán después de la boda? Es decir, tú ya estás establecido aquí, y si no mal recuerdo, Yuuri tiene trabajo en Japón.
—Lo sé. No he dejado de pensar en eso —gruñí—. Tengo que hablarlo con él.
—Pero hablen, ya no sólo tengan sexo en todas partes, ¡Hablen!
Reí ampliamente.
—¿Tendrán hijos pronto? —pregunté de repente.
—Sí —su rostro se iluminó y su sonrisa se ensanchó—. Queremos muchos hijos y queremos tenerlos cuanto antes.
—Eso espero —sonreí, imaginándome a esos lindos niños. Definitivamente mi hermano tendría hijos muy hermosos.
—Ya estás pensando en cómo malcriarlos ¿Verdad?
Reí.
—No, tú los criarás, y Yuuri y yo nos encargaremos de hacer que se diviertan.
—Y de cuidarlos cuando Evgi y yo necesitemos un respiro.
—Cuenta con ello.
—¿Tú y Yuuri no quieren hijos? Es decir… ¿No quieren adoptar? No es lo mismo a tener hijos de tu propia sangre, obviamente, pero ¿no les gustaría?
Aguardé unos segundos, procesando las preguntas y sintiéndome un poco triste al pensar en ello.
—Daría lo que fuera por tener un hijo de Yuuri y mío, un hijo verdadero —resoplé—. Pero sé que es naturalmente imposible. Aun así, sería muy feliz siendo padre adoptivo de al menos cuatro niños.
—¿De cuándo acá te nació ese instinto paternal? —se burló un poco—. ¿Y qué te detiene? Adopten, sé que es difícil porque ambos son hombres y los trámites de adopción serían aún más difíciles y largos, pero no lo serán tanto si yo los ayudo con los asuntos legales. Además, tengo un par de conocidos que me deben favores, puedo usarlos para que ustedes puedan hacer su familia más rápido de lo que se imaginan.
Mi pecho se inundó de una calidez muy hermosa, pero ésta se esfumó cuando puse los pies sobre la Tierra.
—Yuuri no quiere hijos.
—¿En serio? —se sorprendió—. Qué ironía, ahora eres tú el que quiere hijos y tu pareja no —suspiró, seguramente recordando mis negativas a ser padre cuando era esposo de Irina, y bueno, es que no quería ser padre a mis escasos veinte años de edad, aún me faltaba mucho de mi juventud por vivir.
—Lo sé, parece una mala broma de la vida, pero ¿sabes? tengo a Yuuri, y con eso me basta.
Aleksi negó de inmediato con la cabeza.
—Si deseas con tantas ganas un hijo y él no, la relación fracasará, ambos quieren algo totalmente distinto.
—No será así, ya verás —sonreí para mis adentros. No sabía cómo, pero yo me aseguraría de hacer que Yuuri deseara tener hijos conmigo.
Charlamos por largo rato, hablando sobre las cosas que nos faltaban por vivir, imaginando cómo serían nuestras vidas de ahora en adelante.
Caímos rendidos al sueño luego de platicar como nunca antes.
Él era un poco reservado en cuanto a dar cariño, así que aproveché para abrazarlo como si se tratara de un osito de peluche. Tuve que contener mi risa cuando él se removió, incómodo y murmurando algo incoherente entre sueños, sólo para terminar accediendo y correspondiendo al abrazo. Por un momento me transporté a muchos años atrás, cuando él tenía muchas pesadillas, después de que mamá muriera. Papá estaba tan ocupado con su tristeza que no se daba cuenta de cuánto sufríamos nosotros, así que Aleksi, en vez de ir a buscarlo a él, iba a mi habitación, arrastrando su cobijita y metiéndose a mi cama.
Y ahora estamos aquí, una noche antes de su boda, durmiendo juntos como hace tantos años. No pude dormir en casi toda la noche, estaba más nervioso incluso que mi hermano, quien dormía plácidamente entre mis brazos, hablando dormido, costumbre que tenía muy arraigada desde bebé, siempre balbuceando cosas raras al dormir.
OoOoOoO
Narradora.
Despertó sin abrir los ojos y se puso a pensar en todo lo que tendría que hacer ese día. Necesitaba asegurarse de que todo estuviera listo y en orden para la boda. Agradecía al cielo que su hermano y cuñada decidieran hacer una fiesta tranquila y sencilla en el aspecto de rechazar las costumbres viejas de ir hasta la casa de la novia y atravesar obstáculos en el camino, puestos por los amigos de la futura esposa. O como la tradición de ir en caravana, dentro de autos lujosos, por toda la ciudad, celebrando el matrimonio y bebiendo sin fin. No, ellos prefirieron expandir sus horizontes y hacer una boda más al estilo occidental. Esto fue más sencillo incluso para Viktor, quien había asistido ya a muchas bodas de ese tipo en sus viajes por el mundo.
Ese día se habían levantado muy tarde. Aleksi fue el primero en abrir los ojos y quejarse por el abrazo asfixiante de su hermano mayor.
—Agh, quítate. Viktor, quítate —se retorcía como oruga, mientras que el otro fingía estar dormido en estado "casi comatoso".
—Un rato más —soltó una risilla entre dientes.
—Quiero ir al baño.
Viktor no se movió.
—Me voy a hacer en la cama.
—¿Así como cuando tenías cinco años? —se burló, logrando poner histérico al menor.
—¡Ya! ¡Cállate!—lo agarró a patadas y cuando al fin estuvo libre, le dio unos buenos almohadazos, el otro sólo se reía a carcajadas.
De pronto la puerta de la habitación se abrió, mostrando a un rubio despeinado y somnoliento. Con cara de mal humor al haber sido despertado con tanto escándalo.
—¿Qué les pasa? —se talló un ojo y de pronto la puerta se abrió más. Makkachin la había empujado para entrar corriendo y ayudar a su amo en la batalla contra Aleksi—. Parecen niños pequeños —bufó y se dio media vuelta, yéndose de ahí y ganándole el baño al afortunado novio.
—Está más amargado de lo normal —murmuró el menor.
—Lo sé —respondió con seriedad, sólo para ponerse de pie sobre la cama y agarrar a almohadazos nuevamente a su hermanito. Esperaba que éste no se pusiera de pie, o lo sobrepasaría en altura. Pero cuando vio que se iba a incorporar, no tuvo otra idea más que dejarse caer en peso completo sobre él, muy al estilo lucha libre.
—¡¿Pero qué te sucede?! —se quejó, siendo aplastado por su hermano mayor, quien no dejaba de carcajearse.
Ambos continuaron con su lucha hasta que las necesidades fisiológicas de Aleksi demandaron atención. Para cuando terminaron de bañarse y de vestirse, se sorprendieron al ir al comedor y encontrarse el almuerzo ya listo y a punto de ser servido.
Yurio había puesto en práctica todo lo que llevaba aprendido en la universidad. Desde ese momento, los dos Nikiforov sintieron que sería un grandioso día.
Mientras desayunaban, Viktor comenzó a molestar a Yurio, contándole a Aleksi que era una nena por no querer dormir con él en la cama.
—¿Y por qué no? —inquirió el de cabello negro.
—Porque Yuuri y yo tuvimos sexo ahí —respondió con la boca medio llena de comida.
—Demonios —masculló, pensando en que él sí había dormido ahí, luego reflexionó un poco y recordó el día en que él y su novia los sorprendieron haciéndolo en la sala—. Espera… Yuri, ellos también tuvieron sexo en el sofá donde dormiste.
—¡Ahhh! —su expresión de asco fue asombrosa—. ¡Son unos cerdos!
—No me digas que tú y Otabek no lo han hecho. Según recuerdo, estabas muy ansioso porque el momento llegara —se burló, logrando arrancarle un sonrojo inmenso al pequeño—. Por cierto, creo que ya va siendo hora de que tengamos "La charla".
Yurio se levantó de la mesa de un salto y salió corriendo de ahí. Viktor estalló en carcajadas mientras Aleksi le regañaba por ser así con el jovencito.
Lo poco que restaba de la mañana se pasó volando, y los nervios fueron haciendo acto de presencia en el futuro esposo. La tarde llegó y con ella una llovizna que mojó a toda la ciudad. Comenzaron a prepararse varias horas antes de que la boda diera inicio. Los tres querían estar en la iglesia muy a tiempo para asegurarse de que todo fuera a salir bien. Y así fue. Tuvieron que dejar al caniche en el departamento, su amo le prometió que a su boda con Yuuri iría definitivamente sin importar lo que dijera el cura, sacerdote, monje o lo que fuera. Así pues, Viktor se encargó de supervisar todo mientras Yurio y Aleksi esperaban en un cuarto detrás de la iglesia, ansiando que se llegara la hora.
Los invitados comenzaron a llegar, puntuales y emocionados. La gran mayoría eran adultos jóvenes, no mucho mayores que Aleksi.
Yuuri y compañía llegaron también muy puntuales. Para ese momento, Viktor ya se encontraba junto a su hermano, cerca del altar, lugar desde donde pudo apreciar perfectamente a su amado. Todos fueron conducidos hasta las primeras filas.
—Oye —llamó a su hermano mayor, pero éste se encontraba embelesado, observando a Yuuri, quien todavía no se daba cuenta de que era observado fijamente—. Ya te perdí —murmuró, divertido porque tampoco lo escuchó decir aquello.
Viktor miraba a su novio como si no hubiera nada más alrededor. Sus ojos celestes se encontraban fijos en el cuerpo de Yuuri, mirándolo de pies a cabeza. Para empezar, ese traje parecía haber sido hecho a su medida, el azul marino realzaba su piel blanca y tersa. También estaba el hecho de que su cabello lo tenía hacia atrás, bien acomodado y perfectamente peinado. Su porte era elegante, con su mentón paralelo al suelo. Sinceramente no podía entender cómo era posible que él no se diera cuenta de su propia belleza. ¡Era precioso! Y atraía las miradas no sólo de mujeres a su alrededor.
—Soy tan afortunado —pensaba, totalmente enajenado, hasta que llevó su vista hacia las puertas del lugar, observando cómo entraba por el pasillo, con porte altivo e intimidante: Dimitri Nikiforov.
Sus entrañas se retorcieron, y un profundo sentimiento de odio se acumuló en la base de su estómago, provocándole una fuerte acidez.
No apartó la mirada de ese hombre hasta que sintió una mano sobre su hombro.
—Tranquilo, hermano —le dio un apretón más fuerte.
—Lo siento. Por más que lo intentara, nunca iba a estar completamente preparado para verlo —observó a lo lejos que Yakov, Lilia, Mila y Georgi llegaban juntos, sentándose en la misma fila que su padre.
—Mejor mira eso —tomó con sus manos la cabeza de Viktor y la giró hacia donde estaba Yuuri, mirándolo igual que Nikiforov lo había estado haciendo momentos antes.
No quedó ni una pizca de odio en el ser del ruso. Una sonrisa boba se instaló en sus delgados labios y no desapareció en un buen rato.
Yuuri experimentó una emoción increíble al verlo tan apuesto, con su smoking negro y sumamente elegante, portando una pequeña orquídea blanca en la solapa del traje. Inevitablemente se imaginó el día de su boda con él ¿Se vería así de apuesto? ¡Pero claro que sí!
Luego reparó en su cabello, peinado igual a como lo tenía en su presentación de "Stammi Vicino". No había duda, se veía increíblemente apuesto.
Tan hermoso se veía, que olvidó su molestia con él por haber huido luego de que Phichit encontrara la evidencia de sus actos clandestinos en la Van rentada. Nunca se había sentido más avergonzado. Durante todo el camino, sus amigos no dejaron de molestarlo y de regañarlo un poco por ser tan distraído y dejar eso en el suelo así como así. Ahí fue cuando Yuuri tuvo que contarles sobre su experiencia divertida con el guardia del estacionamiento. Todos se sorprendieron y rieron tanto, que Yuuri consiguió avergonzarse aún más.
—Cerdo, si sigues viéndolo así, terminarás mojando el piso con tus babas.
Yuuri reaccionó y frunció un poco el ceño, molesto por la interrupción.
—Lo hubieras visto más temprano, el viejo tardó casi una hora entera peinando su cabello ¡Y se ve igual que siempre!
—Claro que no —murmuró Katsuki, con una sonrisita bailando en sus labios. Volviendo a poner total atención en su amado, quien no le quitó la vista hasta que la ceremonia dio inicio.
Evgenia entró a la iglesia y todo el mundo se puso de pie, girándose un poco en sus lugares para poder ver a la hermosísima novia atravesando el pasillo. En ese momento fue turno de Aleksi para babear como idiota por su futura esposa, pensando en lo afortunado que era de tenerla en su vida.
El sacerdote comenzó con un breve sermón. Ni Viktor ni Yuuri prestaron atención a ello, pues sus miradas furtivas se volvieron a encontrar. Fue hasta el momento en el que ambos dieron sus votos cuando los dos prestaron total atención, llenándose de ternura y sentimientos al escuchar cómo los decían con tanto amor y nerviosismo. El siempre serio y profesional Aleksi se había equivocado al final de sus votos, poniéndose de mil colores al haber sido tan tonto, pero robándole una risa traviesa a su casi esposa y al resto de la iglesia.
Las miradas que Viktor le dirigía a su novio eran traviesas, románticas y llenas de complicidad; mientras que Yuuri no podía dejar de verlo con un infinito amor, pensando en lo tremendamente enamorado que estaba. Pero su corazón dio un vuelco cuando desde allá en frente, Viktor le guiñó un ojo antes de volver a poner su atención en el viejo sacerdote y los novios.
Muy pronto llegó la hora de la fiesta. El salón estaba bellísimo, decorado con cientos de flores por doquier, lo cual era muy difícil de conseguir, debido al clima gélido del lugar. Pero Viktor se las ingenió para que su hermano tuviera una boda digna y hermosa.
Viktor andaba ocupado de un lado a otro, como todo buen organizador, viendo que las cosas salieran correctamente y ¿Por qué no? Evitando a su querido padre a toda costa. Afortunadamente éste se había sentado en una mesa totalmente opuesta a la mesa donde se sentaría él con Yuuri. Así ambos estarían más cómodos.
Era tanto su resentimiento, que ni siquiera sentía la necesidad de presentárselo a Yuuri como su padre, no lo valía y no lo haría.
—¿Dónde está? —preguntó discretamente, mirando en todas direcciones. Había intentado verlo en la iglesia, pero no logró encontrarlo a tiempo.
—No lo sé, katsudon —murmuró Yurio—. Lo vi en la iglesia, pero… ¡Ahí está! —señaló con su cabeza a una mesa al fondo del salón—. Es él, Dimitri Nikiforov.
Yuuri lo miró y el aire se atoró en su garganta.
No había duda, él era el progenitor de Viktor. Si bien no eran idénticos, sí compartían muchísimos rasgos. Vio en Dimitri la misma nariz de Viktor, su mentón y su frente. El hombre era alto, seguramente mucho más que su hijo mayor, tenía el mismo cabello que Aleksi, peinado en su totalidad hacia atrás, acentuando su expresión seria e intimidante. Frente a sus ojos portaba unas gafas sin marco que a penas y se distinguían. Y sus ojos azules eran mucho más oscuros que los de su primogénito, pero su rostro… wow, parecía Viktor con unos veinte años más. y eso que se suponía se parecía más a su madre.
—Todavía no puedo creer que tenga cincuenta años —murmuró Phichit, asombrado.
—¡Lo sé! No tiene arrugas y apenas le sale una que otra cana —Chris no cabía en sí de la impresión, era la primera vez que veía al padre de su mejor amigo—. ¿Será realmente el papá de Viktor?
—Desgraciadamente, sí.
El aludido apareció de pronto, jalando la silla junto a Yuuri y sentándose en ésta. El japonés analizó su rostro, buscando algún indicio de enojo y de tristeza, pero no halló nada más que una amplia sonrisa.
—Todo está saliendo a la perfección, la comida se servirá en cualquier momento y los invitados parecen muy felices —suspiró con una sonrisa—. Ya me puedo dar un respiro.
Entonces un mesero se acercó a la mesa, ofreciendo champagne y diversas bebidas alcohólicas. Todos aceptaron, a excepción de Viktor, quien se quedó pensándolo unos momentos.
—Vamos —tomó la mano de su novio—. Puedes beber en la boda de tu hermano, es un momento importante —lo convenció el japonés. Tomando una copa de champagne para él.
Viktor sonrió y asintió, pidiendo un poco de vodka y tomando de poco en poco, reviviendo esa agradable sensación de calor en el cuerpo al beber. El pobre se estaba relajando y divirtiendo con sus amigos cuando uno de los ayudantes de cocina fue a molestarlo, informándole que algo había salido mal con el postre. Frustrado, el ruso se puso de pie y siguió a aquel hombre, prometiéndole a su amado que no tardaría mucho.
Mientras tanto, Yuuri se paró para ir al baño, aunque nunca se esperó que al salir del cubículo se toparía con su suegro recargado de espaldas contra uno de los lavamanos, mirándolo fijamente de arriba abajo.
Definitivamente no había sido una coincidencia que se encontraran ahí. Lo había seguido.
Yuuri quiso decir algo, pero se halló tan intimidado por esos ojos azules tras los cristales y esa expresión estoica que no pudo decir absolutamente nada más que…
—Buenas noches —hizo un esfuerzo olímpico para que no le temblara la voz. El simple hecho de saber que estaba ahí por él, le ponía los pelos de punta.
—Buenas noches —respondió en un inglés muy nítido.
—Señor Nikiforov, yo soy… —fue interrumpido abruptamente.
—Yuuri Katsuki —lo miró fijamente—. Sé muy bien quién eres.
El pobre no supo qué hacer o cómo reaccionar, sólo tragó ruidosamente.
"Patético", pensó Dimitri. Se quedó en silencio, analizándolo y notando cómo literalmente lo había hecho transpirar debido a la presión psicológica que ejercía en él en esos momentos.
—Dime, Yuuri ¿Cuánto quieres para alejarte definitivamente de mi hijo mayor?
El aludido no dio crédito a lo que escuchó.
—¿Qué dice? —la boca se le secó.
—Oh, vamos, no te hagas el desentendido. Ambos sabemos muy bien el porqué de tu insistencia al querer volver con él.
—"Volver" —pensó el japonés. Eso sólo quería decir una cosa: el señor estaba enterado de su relación con Viktor, de su ruptura y del regreso—. No entiendo qué quiere decir —frunció levemente el ceño, no le gustaba el rumbo que estaba tomando esa charla.
El mayor soltó una risa seca.
—Repito, ¿cuánto dinero quieres para alejarte de él?
Yuuri abrió sus ojos como platos, impresionado por la situación.
—Disculpe, pero eso no va a pasar —lo miró como si le estuviera saliendo un gemelo maligno del hombro—. Usted es su padre ¿Cómo puede decirme estas cosas?
—Si no te alejas de él por las buenas, lo harás por las malas —dejó de recargarse en el lavabo, demostrando lo alto e intimidante que podía ser.
—Me temo que ha pasado mucho tiempo lejos de su hijo, pues de ser lo contrario no estaría pidiéndole eso a la persona que él ama —contraatacó en un arranque de valentía.
—Él no te ama, sólo está confundido —apretó los labios y frunció el ceño—. Ambos son hombres, eso es una abominación. Y estoy seguro de que eres sólo uno más de sus caprichos. Dime ¿Qué tanto conoces de él?
La valentía de Yuuri trastabilló unos momentos debido a la última pregunta, pero no se dejó amedrentar y rebatió de inmediato.
—¿Qué tanto lo conoce usted a él?
Los ojos azules de Dimitri se abrieron con sorpresa, mostrando un pequeño halo de tristeza en ellos antes de volver a su mirada dura y severa.
—Por las buenas o por las malas, Yuuri Katsuki —espetó en un tono amenazante y grave.
—No —respondió con mucha seguridad—. Ni usted ni nadie logrará separarnos.
—Eso ya lo veremos —se dio media vuelta y salió.
Sólo entonces, Yuuri se recargó con ambas manos sobre el lavabo, temblando un poco y respirando agitadamente. Algo había en él que le causaba mucho temor, a pesar de que su mirar estaba cargado de un cansancio que daba la impresión de estar presente en su vida desde hace muchos años. Pudo percibir la soledad y la tristeza en su ser, sólo con mirar sus cansados ojos.
Luego de meditarlo fríamente por unos momentos, cayó en cuenta de que no debía temerle. Su amor por Viktor estaba muy bien cimentado, no había nada que lo hiciera desistir en su relación, ni siquiera el padre de él, a quien aún le tenía miedo, pero además de eso sentía un poco de lástima.
Yuuri sintió alivio al ver que su novio aún no regresaba de su ocupación, pues no se había recuperado del todo de su encuentro con el señor Nikiforov. Incluso Yurio le preguntó por su bienestar, ya que todos lo notaron un poco pálido.
Luego de solucionar el problema en la cocina, Viktor regresó, desesperado por estar con su amado y abrazándolo por detrás unos momentos, antes de darle un beso en la mejilla y sentarse a su lado.
Todos esos gestos y cariños eran observados por Dimitri, quien estaba sentado en un punto estratégico para mirarlos fijamente a ambos.
La hora de la cena llegó, y luego de ésta hubo mucha gente que se paró a bailar a la pista. Masumi no lo pensó dos veces antes de llevar a su pareja a la pista, donde ambos fueron el centro de atención por un rato, hasta que los recién casados se unieron al baile.
Viktor también le pidió a su novio la mano para llevárselo a bailar, pero Yuuri lo pensó dos veces antes de aceptar, pues se sintió incómodo desde el momento en el que notó la mirada asesina de su suegro al otro lado de la pista.
—Sé que es incómodo —sonrió de lado, entendiendo lo que Yuuri sentía—. Sólo ignóralo, está funcionando para mí —volvió a extenderle la mano.
Yuuri sonrió y sucumbió ante los encantos de su pareja, quien lo condujo hasta la pista y lo hizo bailar esa música retro de los años 70's.
—Te mueves bien —lo felicitó.
—Cariño, se supone que ya lo sabías. Si no te hubieras embriagado en la noche del banquete hace años, recordarías lo buen bailarín que soy.
Yuuri rio.
—Si no hubiera bebido esa noche, no estaríamos aquí en estos momentos.
—¡Bendito champagne! —exclamó en voz muy alta para que lo escuchara a través del ruido de la música y de la gente riendo y cantando.
Ambos rieron y abandonaron cualquier pensamiento que no tuviera que ver con ellos ahí y en ese momento. Bailaron hasta el cansancio, incluso jalaron a Yurio y a Phichit a la pista, el segundo no opuso resistencia, pero el pequeño gato ruso… Dios, se resistió tanto que sólo accedió cuando Viktor le propuso un reto de baile.
La música moderna retumbaba en todo el lugar. Los jóvenes bebían, bailaban y bebían desenfrenadamente, sí, bebían demasiado. Yuuri y Viktor se detuvieron en su segunda copa, no querían terminar borrachos en un día tan especial. Las canciones fueron cambiando poco a poco, y luego de que Yurio ganara el reto de baile (Con Chris como juez) una canción romántica y lenta sonó. Muchas personas retomaron sus respectivos lugares en las mesas, pero no todas aquellas parejas enamoradas, incluyendo a cierto ruso y japonés.
Aún agitados por el baile intenso de minutos antes, los dos se miraron frente a frente, apreciando las primeras notas de la canción llamada "The night we met".
Entonces el momento decisivo se presentó. ¿Quién pondría la mano en la cintura y quien en el hombro? No le dieron mucha importancia, Yuuri fue el primero en posicionar sus manos sobre los hombros de Viktor, dándole permiso de que pusiera las suyas en su angosta cintura. El mayor sonrió satisfecho, y una vez en posición, comenzaron a mecerse de un lado a otro, no era en sí un baile, pues la música era muy tranquila para ello, pero sí era especial para abrazarse de esa manera, balanceándose levemente de un lado a otro, pegando sus frentes y mirando en la profundidad de los ojos del otro.
No dijeron nada, disfrutaron en silencio, escuchando la canción y mirándose a los ojos. De vez en cuando se brindaban una tierna y tímida caricia. Cualquiera que los viera pensaría que eran un par de chicos de la secundaria en su baile de graduación, enamorados y dispuestos a dar su primer beso en esa noche.
La atmósfera tierna y romántica fue sustituida por una totalmente diferente. Cuando la canción terminó, dio inicio otra con un ritmo muy distinto, más enérgico y rítmico. Era una canción conocida por todos: "Don't stop the music".
Viktor se llevó una inmensa sorpresa cuando la escuchó, pues era de sus favoritas. No tardó en tomar a Yuuri y así comenzar un baile que parecía ensayado. Se sorprendió al ver que su amado le seguía el paso sin ninguna dificultad.
El japonés disfrutó al ver que la expresión de su novio parecía la de un adolescente emocionado. Ahí se dio cuenta de cuánto amaba esa canción y de lo bien que se movía.
Así los dos se envolvieron en una danza totalmente sensual, robándose la atención de muchos. La música era atrapante y los pasos que hacían ambos eran por completo perfectos y atractivos. Estaban tan concentrados el uno en el otro que no se percataron de que eran el centro de atención, incluso de los novios.
Ambos actuaban traviesamente. El mayor sujetaba la cintura de Yuuri con sus manos, pegaban sus pechos uno contra el otro y comenzaban un baile muy sincronizado y tremendamente sensual. Viktor de repente tomaba la mano de su amado y la alzaba. Éste entendía el motivo y no dudaba antes de dar giros sobre su propio eje.
De pronto los dos tuvieron tanto calor que sintieron la necesidad de quitarse un poco de ropa.
Terminaron arrojando sus sacos a la mesa más cercana. Yuuri quedó en su camisa blanca, con las mangas enrrolladas por arriba de los codos al igual que Viktor, sólo que éste traía puesto un elegante chaleco negro encima de su inmaculada camisa blanca.
No dejaron de bailar, hasta que la canción terminó y notaron los aplausos de algunas personas a su alrededor. Se avergonzaron un poco, en especial Yuuri, pues Viktor parecía más bien orgulloso de ello.
Salieron de la pista sólo para ir a su mesa y tomar algo que los hidratara luego del ejercicio.
—¿A qué hora hicieron esa coreografía? —les preguntó Chris al verlos acercarse. Él y Masumi también estaban descansando un poco del baile, bebiendo alcohol a diestra y siniestra.
Yuuri y Viktor se miraron mutuamente y luego de reír se encogieron de hombros.
—No ensayamos nada. Todo fue espontáneo —sonrió orgulloso, rodeando la cintura de Yuuri con un brazo posesivo.
—¿No han pensado en hacer patinaje en pareja? —inquirió nuevamente Chris—. Serían un éxito.
Los ojos de la pareja brillaron con emoción.
—No sería mala idea, pero cierta persona tuvo la gran idea de retirarse —rodó sus ojos castaños.
—Podría volver al hielo sólo para patinar a tu lado —puso ambas manos en las caderas de su novio, acercándosele demasiado.
—Hey, viejo. Están siendo observados —puntualizó Yurio, señalando disimuladamente al papá de Viktor al fondo del salón.
—¿Qué con eso? —le restó importancia con un rostro totalmente serio—. Si quiere mirar, que lo haga. A mí no me molesta en lo más mínimo.
Tomó la mano de Yuuri y se dirigieron nuevamente a la pista de baile, olvidándose de todo y de todos. Era la primera vez que ambos podían disfrutar de algo así, sobrios, conscientes de los hechos y estando en una relación seria. No podían estar más felices.
Luego de varias canciones, terminaron tan cansados que decidieron salir a tomar un respiro a la terraza que había detrás del salón, con vista y acceso al jardín. Hacía mucho frío, pero no tanto como para regresar de inmediato al interior. Tomaron un poco de aire fresco y recuperaron el aliento después de tanto baile.
—No sabía que te movías así —se llevó el flequillo hacia atrás, despejando todo su rostro.
Yuuri se encogió de hombros y sonrió.
—Yo tampoco tenía idea de que bailaras tan bien.
—Me gusta bailar.
—A mí también.
—Otra razón por la cual somos una pareja perfecta —lo arrinconó contra la barda que separaba la terraza del jardín, toqueteando su trasero en el acto.
—V-Viktor ¡Pueden vernos! —miró por sobre el hombro de su novio, asomándose para asegurar que nadie los veía desde el interior.
—No me importa —sonrió con maldad, apretando un poco más e insistiendo con sus manos traviesas—. Te ves irresistible con ese traje —deslizó sus manos ascendentemente por sus costados, sintiendo cada músculo debajo de la tela.
Yuuri se resistió un poco, estaba renuente a caer en su juego, pero…
—Aunque ese traje se vería aún mejor tirado en el piso —se acercó peligrosamente a él, pegando su cuerpo entero al del menor, acechándolo—. Yuuri —murmuró en su oído, sintiéndolo estremecerse—. Quiero hacerlo aquí.
—¡¿Qué?! —se espantó—. Estamos en la boda de tu hermano, en una terraza, hace mucho frío y ¡Estamos en la boda de tu hermano! —se encontraba escandalizado. Viktor sólo se rio, bajando su mano hasta acariciar la entrepierna de su amado, por encima del pantalón—. No. Viktor, detente.
—Si en verdad quieres que me detenga, sólo tienes que irte, no te estoy reteniendo —lo retó—. Pero si yo estuviera en tu lugar, me quedaría a hacerlo para tachar "Hacer el amor a la intemperie" de la lista.
—¿Lista? ¿Cuál lista?
—Una que comencé ayer.
—Demonios —gruñó entre dientes al sentir una segunda mano, ahora sobre su cadera, intentando meterse debajo del pantalón—. Está bien, pero ven conmigo —lo tomó de la mano y con urgencia bajaron de la terraza, rumbo al jardín.
—Yuuri —musitó cantarinamente—. ¿Qué tienes en mente? —se dejó guiar tras unos arbustos lo suficientemente frondosos como para cubrirlos a ambos y justo detrás de éstos había un muro muy alto. Difícilmente alguien los interrumpiría.
—Hagámoslo.
El ruso se emocionó al ver una de sus fantasías sexuales cumpliéndose.
—No hay que tardar mucho, podrían empezar a buscarnos —advirtió el mayor.
—Bien, aunque eso dependerá de ti, mi amor —se recargó sensualmente de espaldas al muro, esperando a que Vitya fuera a sus brazos—. Hazme tuyo —pidió, con sus mejillas y orejas completamente rojos.
—Eres increíble —murmuró ahogadamente antes de lanzarse sobre él, apretujándolo contra la pared, besando y mordiendo salvajemente todo lo que tenía a su alcance. No tardó en desabrochar el cinturón de su amado para luego bajar el pantalón junto con la ropa interior—. ¡Wow! El pequeño Yuuri está… muy pequeño.
—¡Es porque está haciendo mucho frío! —se justificó. Fue entonces que Viktor percibió el leve temblor en todo el cuerpo de su novio, sí tenía mucho frío, pero ahí estaba, cumpliéndole un capricho sin rechistar.
—Tendré que ayudarle un poco —asaltó sus labios al mismo tiempo que llevaba sus manos al pene de su pareja, estimulándolo hábilmente. Ya tenía un leve conocimiento del ritmo y la frecuencia con la que le gustaba ser estimulado, así que no tardó mucho en ponerlo duro. Sus expertos labios y lengua ayudaron mucho, repartiendo besos por todas partes. Enfocándose en sus labios, besando, succionando y mordiendo sin titubear.
En cambio, Yuuri se llevó una gran y grata sorpresa al abrir el pantalón de Viktor y notar su erección estirando la tela del bóxer, cuya fibras parecían querer estallar en cualquier momento. ¿Desde cuándo estaría así? ¿Tanto le emocionaba hacerlo afuera?
Viktor giró a su amado hasta pegarlo contra la pared y comenzó a dilatar su entrada, cuando creyó que ya era suficiente, se inclinó sobre la espalda de Yuuri, y acariciando sus caderas, le susurró al odio:
—No tardaré mucho, será rápido y duro.
—¡Hazlo! —exigió.
—Lo que tú ordenes.
Y así sin más, sacó su miembro del bóxer y lo penetró.
El acto fue rudo, rápido y excitante. Sin mencionar el frío que les calaba un poco, pero eso no fue impedimento para que pudieran hacerlo. Viktor lo tomó con fuerza, empotrándolo contra la fría pared con cada embestida, escuchando sus gemidos ahogados y el sonido de sus pieles chocando.
Las manos del japonés estaban apoyándose en la pared, buscando algo de qué detenerse al sentir que sus piernas se volvían gelatina cuando Viktor comenzó a masturbarlo hábilmente. Las embestidas se hicieron cada vez más profundas y rápidas, hasta que ninguno de los dos fue consciente de que jadeaban y gemían demasiado alto.
La mano derecha del ruso se deleitaba con la erección de su amado, mientras que la izquierda se encargaba de escabullirse por debajo de la camisa, explorando sus abdominales y reptando por su torso hasta encontrarse con uno de sus pezones. No lo pensó dos veces antes de pellizcarlo, arrancando sonoros gemidos -casi gritos- de la boca de su amante. Aunque ninguno salió tan potente como cuando se le ocurrió darle una fuerte nalgada, impulsado por la emoción del momento y la lujuria que le provocaba su amado.
—Ha-hazlo de nuevo —pidió, jadeante. Viktor obedeció sin rechistar, con una sonrisa ladina muy provocativa.
El ruso aprovechó la posición de sus cuerpos para ocultar su rostro en el cuello del menor, besando sin parar, dejando una que otra marca muy notoria.
Yuuri se deshacía en éxtasis al sentirlo todo dentro de él, y como bien dijo el ruso: no tardó mucho en hacerlo experimentar su orgasmo. El mayor le siguió a los pocos segundos, terminando fuera del japonés y acompañándolo en ese inmenso placer.
Giró al menor hasta tenerlo de frente y poder mirarlo a los ojos, perdiéndose en esos hermosos posos castaños antes de iniciar una sesión de besos muy tranquilos y cariñosos. Las piernas de ambos se sentían débiles, y el trasero de Yuuri le escocía un poco.
Luego de recuperarse de ese encuentro tan salvaje, se ayudaron mutuamente a acomodar sus ropas y se quedaron unos momentos abrazados, respirando todavía con pesadez. Viktor acarició el cuello de Yuuri con la punta de su nariz, logrando estremecerlo un poco.
—Eso fue increíble —murmuró, todavía agitado, aunque ahora un poco tembloroso debido al escaso viento frío y húmedo que recorrió esa parte del jardín.
—Fue maravilloso —sustituyó su nariz por sus labios en el cuello, deseando con todas sus fuerzas poder quedarse así por la eternidad, con su amado entre sus brazos. Sonrió con ternura el percatarse de que Yuuri se enterraba más en ese abrazo, buscando el calor que poco a poco su cuerpo iba perdiendo—. Casi olvido lo friolento que puedes llegar a ser —se burló un poco, fajando la camisa de su novio dentro del pantalón.
—Sólo necesito agarrar calor —abrochó el cinto de su amado.
—¿Quieres bailar un poco más?
—La noche es muy joven aún —dijo al mismo tiempo que lo halaba de la corbata, pegando su frente con la de él. El mayor le robó un beso que terminó en una mordida en su labio inferior, y así se quedaron un poco más ahí, resintiendo el clima frío de afuera, pero felices por tachar ese objetivo de la supuesta lista.
—Tienes que mostrarme esa lista —murmuró Yuuri mientras entraba al salón con Viktor tomado de su mano, como si nada hubiese ocurrido. Sólo estaban muy despeinados, sonrojados y agitados todavía, pero nada había pasado, sí cómo no.
—Por supuesto. Necesito que me ayudes a idear nuevos lugares, por lo pronto ya agregué la cocina, el baño, en alguna piscina, la casa de Yakov y Lilia.
—Eres un pervertido.
—Y encontré a mi otra mitad en ti —frotó su mejilla con la de Yuuri, quien aceptó la caricia, gustoso, besándole los labios fugazmente.
Los dos llegaron a la mesa y saludaron a sus amigos. No había nada que pudiera arruinarles la noche. Habían bebido, bailado hasta el cansancio, e incluso habían tenido sexo en un área pública, no podían estar más conformes.
Entonces fue cuando un leve carraspeo hizo que todos miraran al hombre detrás de Viktor y Yuuri. Éstos se giraron y vieron frente a frente a Dimitri.
Nadie más que Katsuki y Dimitri fueron capaces de ver el terror espontáneo que se asomó a los ojos de Viktor. No, no sólo había terror, sino pánico en sus celestes ojos. Esa expresión duró un par de segundos antes de que recuperara la compostura y se mostrara frío y estoico ante él.
Dimitri revivió momentos muy dolorosos al presenciar ese sentimiento en los ojos de su hijo, pero no externó ningún sentimiento más que frialdad.
—Hola, hijo. Han pasado muchos años ¿No crees? —carraspeó, comenzó a verse incómodo.
El aludido sólo asintió, sin entender que Dimitri estaba ahí sólo por petición de su hijo menor, quien deseaba ver una reconciliación entre ambos y le había pedido a su padre que por favor pasara a despedirse de Viktor, sólo eso, no más.
—Sí, muchos años —se tragó todo el miedo y pánico que le provocó en primera instancia y demostró con la mirada ese odio marcado que le tenía desde hace años.
Un escalofrío recorrió la espina dorsal de Yuuri al ver esa gélida mirada en Viktor, quien se giró un poco sólo para rodearle la cintura con un brazo y así hacerle frente a su padre. Más que un cariño, lo veía como una búsqueda de apoyo, así que no dudó en corresponderle, apretando la mano que yacía en su cintura.
—¿Cómo has estado?
—Bien.
La mirada azul oscuro de Dimitri se posó sobre Yuuri. Su expresión seria no varió en lo absoluto. Notó cómo su hijo afianzaba su brazo a la cintura del japonés y no pudo más que fruncir notablemente el ceño.
—Él es Yuuri Katsuki, mi pareja —lo presentó, manteniendo su expresión un tanto irritada.
—Sí. Ya tuve el placer de conocerlo —resaltó la palabra "Placer", con un marcado sarcasmo. No se molestó en hablar en inglés, poco le importaba si el japonés le entendía o no—. Y debo decirte que no estoy de acuerdo en lo que sea que ustedes dos tengan —los miró con un genuino desprecio.
Viktor soltó un bufido y puso los ojos en blanco antes de pasarse una mano por los cabellos, conteniendo sus ganas de ser todavía más cretino que su padre, iba a decir algo, acortando la distancia entre su padre y él, pero Yuuri lo notó a tiempo y se apresuró a poner una mano sobre el pecho de su amado, deteniendo cualquier acción precipitada que se le hubiese ocurrido.
—Señor Nikiforov, tal como dijo Viktor: Somos pareja. Y no necesitamos la aprobación de nadie para que nuestra relación funcione. Sé que usted es su padre, pero ha perdido todos sus derechos sobre él desde hace muchos años, además, él ya es un adulto —milagrosamente no le tembló la voz ni dejó ver qué tanto le intimidaba ese hombre imponente y serio.
Dimitri dejó entrever su impresión al escucharlo hablar ruso, abriendo sus ojos azules un poco más de lo normal. Lo miró despectivamente de arriba abajo. Viktor pensó en las palabras más ofensiva que pudiera decir en su idioma natal, y estuvo a punto de decírselas, pero su padre se le adelantó.
—Sí —rio—. Todo un adulto, muy maduro sobretodo —un tinte de burla se apreciaba claramente en su voz.
—Lo suficientemente maduro como para vivir por mi cuenta desde que era apenas un adolescente.
—¿Bajo tu propia cuenta? Por favor —se burló—. Yakov y Lilia siempre estuvieron detrás de ti, cuidándote.
—Exactamente, ellos son mi familia, no tú. Tú no tienes derecho a entrometerte en mi vida.
El mayor de los Nikiforov esbozó una pequeña sonrisa ladina mientras observaba fijamente a su hijo y a su pareja. Una expresión de horror se instaló en su apuesto rostro al percatarse de una marca rojiza y circular en el cuello de Katsuki. Un enojo muy grande se apoderó de su ser, pero se contuvo.
Finalmente los miró con expresión pensativa durante unos segundos antes de darse media vuelta y alejarse de ahí, saliendo del salón.
Yuuri relajó sus hombros, y todos en la mesa se dieron cuenta de que habían estado conteniendo la respiración inconscientemente, debido a la tensión del momento. El japonés se sentó en su silla, tratando de calmar su agitado corazón después de tal enfrentamiento. Por el contrario, Viktor se quedó de pie, viendo el camino por donde se fue su progenitor, apretando puños y dientes hasta que Yuuri le tomó la mano con cariño.
—Amor, tranquilo. Ya se fue —abrió su puño para entrelazar sus dedos con los propios, pero el ruso no relajaba su postura. Yuuri se puso de pie y susurrándole tranquilas palabras al oído, consiguió que su amado tomara asiento a su lado.
Nunca lo había visto tan molesto, al menos no de esa forma en la que el odio verdadero desbordaba por cada poro de su piel.
—Lo siento mucho, Yuuri. Me siento tan apenado contigo porque tu familia entera me aceptó de inmediato, en cambio la mía…
—Basta. Tú no tienes la culpa de ello —apretó su mano sobre la mesa—. Deja de torturarte, además, no sólo me trató mal a mí, sino a ti también.
—Por cierto… ¿Cómo está eso de que ya te conocía? ¿En qué momento? —se asombró mucho.
—Sí. Bueno… —se rascó una mejilla, incómodo y desviando la mirada a un lado—. Me lo topé en el baño hace unas horas.
—¿Qué ocurrió?
—Nos saludamos.
Viktor rio y rodó los ojos, incrédulo.
—¿Qué más pasó?
—Nada, Vitya, no pasó nada.
—Dímelo. Sé que ocurrió algo más, conozco a mi padre.
El menor se halló acorralado, no podía mentir ante esos ojos celestes tan penetrantes.
—Me ofreció dinero para que me alejara de ti —confesó.
El rostro de Viktor palideció sólo unos segundos antes de ponerse rojo de ira, incluso se puso de pie, con la intención de ir en busca de su progenitor y reclamarle tal hecho, pero Yuuri nuevamente lo detuvo.
Los demás en la mesa observaban todo en silencio. Yuuri decidió tomarlo de la mano y llevárselo lejos de la música y el bullicio de la gente divirtiéndose y pasándola bien.
—Amor mírame —le dijo luego de que llegaron al lobby del salón, casi vacío. Viktor obedeció, pero su mirada se veía dolida y avergonzada—. No te sientas mal por eso. Tu padre podrá ser así o hacer lo que quiera, pero jamás me alejará de tu lado —se sintió triste al ver cómo Viktor bajaba la mirada, muy apenado por la osadía de su progenitor.
—No quería que él viniera —murmuró.
—Amor, mírame —repitió, tomándolo de las mejillas con un infinito amor—. Ya te lo dije, no te preocupes más por eso. Mejor disfrutemos de la fiesta, es la boda de tu hermano.
—Tienes razón —sonrió de lado.
Yuuri acomodó los cabellos despeinados de su amado y se paró de puntillas para alcanzar sus labios. Viktor lo recibió gustoso y correspondió con el mismo amor, pasando las manos por la cintura de su novio y pegándolo más a su cuerpo.
Cuando se alejaron, el mayor posó sus ojos en la marca que había dejado en el cuello de Yuuri y recordó la expresión escandalizada de Dimitri. Vaya que eso le había divertido a lo grande, había sentido el impulso de decirle: "Sí, cogimos hace apenas unos minutos. ¿Quieres ver cómo lo hacemos de nuevo?" sólo para hacerlo enojar.
—¿Mejor? —inquirió Yuuri, depositando varios besitos en todo su rostro.
—Uhmm… —lo dudó unos segundos, absteniéndose de decir lo feliz que lo hacían esas caricias de su parte.
—Ya no estés triste ¿O quieres que te recuerde lo que… —acarició el pecho de Viktor, sobre la tela del chaleco—…hicimos hace rato? —depositó un largo, travieso y húmedo beso en la piel de su cuello, sonriendo internamente al sentir su estremecimiento.
—Yuuri —suspiró—. Gracias —ahora fue él quien escondió su rostro en el cuello del menor, doblando muy ligeramente sus rodillas para poder hacerlo a su altura.
Al notar que había recuperado un poco sus ánimos, el japonés se le separó y con entusiasmo sugirió:
—¡Vamos a bailar! —lo tomó del brazo y lo estiró, pero el mayor no se movió ni un centímetro de su lugar, en cambio, lo volvió a jalar hacia su cuerpo, mirándolo fijo a los ojos.
—Quiero recordar lo que hicimos hace rato.
—Pero si no ha pasado ni media hora —se sorprendió—. ¿En verdad quieres hacerlo? —soltó en un suspiro emocionado.
—Claro que sí ¿Tú no?
—¿Qué es lo que sigue en tu lista?
Los ojos celestes de Nikiforov brillaron con intensidad. Miró disimuladamente a su alrededor, en busca de algún sitio donde pudieran hacerlo.
—Donde sea, menos afuera. Por favor —pidió el japonés.
Entonces Viktor lo tomó de la mano, y apurado se lo llevó rumbo al baño. Durante el camino no dejaban de toquetearse indecentemente, tratando de parecer tranquilos y callados ante toda la gente, ocultando sus ganas de arrancarse la ropa ahí mismo.
Cuando llegaron al baño, cerraron la puerta con llave y Viktor montó a Yuuri sobre el mármol de los lavabos, abriendo sus piernas para posicionarse entre ellas. El japonés asaltó sus labios, acariciando su cabeza al aprovechar la ventaja de altura que le daba al estar sentado ahí.
Dieron paso a la pasión desenfrenada, tocándose por doquier y besando sus labios, incluyendo sus lenguas en esos besos tan ardientes y demandantes.
Yuuri estaba consciente de que debían enfrentar el tema del padre de Viktor y charlarlo. Quería ayudarle a sanar un poco sus heridas, y en el mejor de los casos, lograr una reconciliación entre ellos. Ciertamente el señor Nikiforov le inspiraba un profundo terror, pero fue valiente y lo enfrentó por su amado Vitya.
No había nada en el mundo que pudiera causarle más miedo que perder al amor de su vida, eso le ayudó a tomar el valor necesario para enfrentarlo.
A esas alturas se daría por bien servido si lograba que al menos no se exaltara tanto cuando se tocaba algún tema relacionado a su padre, y no se diga a cómo se ponía cuando lo enfrentaba. Yuuri jamás lo había visto tan afectado emocionalmente. No había dudas, tenía que ayudarlo a superar eso, por su propio bienestar físico y mental. Así que ahora mismo se sentía feliz al poder darle un poco de amor y placer a su amado, distrayéndolo del mal momento que pasó.
Luego de tener su encuentro ardiente, se ayudaron mutuamente a acomodarse la ropa por segunda vez en la noche, y mientras lo hacían, Yuuri se vio momentáneamente al espejo y casi gritó al ver la marca en su cuello, se veía que tenía rato, así que estaba seguro de que papá Nikiforov lo había visto así. Regañó a Viktor por haberle dejado tal marca en momentos como esos y el pobre sólo se justificó diciendo que no pudo contenerse, culpándolo por ser tan sexy.
Volvieron a la fiesta luego de esa sesión rápida de sexo y antes de que algún trabajador del salón fuera a quitarle la llave a la puerta del baño por quejas del resto de invitados.
Ninguno de sus amigos hizo preguntas o comentarios respecto a lo sucedido. Y a partir de ese momento Viktor y Yuuri se permitieron beber todo lo que se les antojase.
La madrugada llegó y la fiesta no daba pinta de que fuera a terminarse pronto. Todos bailaban y bebían como si no hubiese un mañana. Los recién casados parecían no tener límites de energía. Fue hasta un poco antes de las tres de la mañana cuando Aleksi y Evgenia abandonaron el salón, listos para irse a su luna de miel y dejando que los invitados disfrutaran más de la fiesta.
Viktor –ya pasado de copas- invitó a sus amigos a su departamento para continuar la fiesta en un lugar más íntimo.
OoOoOoO
—¡Conéctalo bien! No estás conectando los cables en su lugar correcto —espetó Chris.
—Pues hazlo tú —Yurio desistió en sus intentos por conectar una Tablet y una bocina con micrófono a la pantalla, arrojando los cables a un lado y yendo a sentarse al sillón más cercano.
Momentos después llegó Viktor, cargado con bolsas repletas de diferentes tipos de bebidas alcohólicas, botanas y más alcohol, listo para seguir con la fiesta.
—¿Ya lograron poner el karaoke? —inquirió, dejando las bolsas con las compras sobre la mesa del pequeño comedor.
—Todavía no, este niño no supo cómo hacerlo —se quejó el suizo.
—Y tú, anciano, tampoco —contraatacó.
—¿Por qué se complican? —Yuuri dejó más bolsas junto a las de Viktor—. Sólo tienen que usar un celular y transmitir inalámbricamente. No veo la dificultad en ello —sugirió.
—¡Es verdad! —Phichit se dio una palmada en el rosto y en seguida sacó su móvil. No tardó más de un minuto en abrir YouTube y "Transmitir" a la pantalla lo que estaba en su teléfono, sin necesidad de cables o cosas por el estilo.
Chris soltó vítores de gloria. Feliz y emocionado corrió a quitarle el teléfono al tailandés para comenzar a poner sus canciones preferidas mientras Masumi y Viktor se encargaban de preparar bebidas para todos. El japonés aprovechó ese rato y se sentó junto a Yurio en el sofá, sonriéndole y notando cómo el otro a penas y le prestaba atención, estaba algo ido. No fue sino hasta que lo codeó, que el menor se dignó a mirarlo.
—¿Qué quieres, katsudon?
—Estás raro.
—No me pasa nada.
—No dije que te pasara algo, sólo que estás raro —alzó una ceja—. Ahora dime qué te pasa.
Yurio no respondió, sólo se cruzó de brazos y subió ambos pies a la mesita de centro. Yuuri lo miró unos momentos, dándole tiempo para responder y aprovechando para mirar lo mucho que había cambiado desde que lo conoció.
—¿Pasa algo con Otabek? —notó cómo se tensó. Había acertado.
—No —evitó que viera su rostro, parecía estar debatiéndose internamente entre abrirse con él o no—. Bueno sí —suspiró y lo miró a los ojos por primera vez en mucho tiempo—. No es nada grave, sólo estoy enojado con él porque últimamente se ha comportado algo… celoso. Tener una relación a distancia no es nada fácil —bufó con fastidio.
—Vaya que no —sonrió cálidamente, dándole la confianza a Yurio de proseguir.
—Lo más extraño es que jamás imaginé que él fuera de esos.
—¿"Esos"?
—Sí, de esos novios celosos —gruñó—. Bueno, aunque ahora que lo pienso bien, es algo lindo —sus mejillas se tornaron un poco rosadas—. Pero desde que entré a la universidad ha estado algo tenso con el asunto de mis amigos y de con quién me junto.
—Es normal.
—Fue por culpa de sus celos que tuvimos una discusión y no vino.
—¿Tan grande fue la discusión?
El aludido respondió encogiéndose de hombros.
—No fue tan grande, de hecho nunca lo hacemos, por eso me siento tan extraño —suspiró—. De todas formas tenía un compromiso en Almaty, y no iba a poder venir, aunque pudo haberlo postergado si hubiese querido —el pobre ya no se entendía ni a sí mismo.
Yuuri lo miró pensativamente durante unos momentos, reflexionando y tratando de entender lo que sentía. En algún momento no muy lejano, Yurio fue su hombro para llorar y su persona de buenos consejos, poco importaba que se llevaran ocho años de diferencia, ambos eran como hermanos en ese sentido de apoyarse mutuamente sin que el otro lo pidiera
—Ustedes no habían estado separados tanto tiempo desde que su relación se hizo tan estrecha. Siempre estaban juntos, tanto que hicieron que Chris se pusiera celoso —rio al recordarlo—. Es normal que atraviesen por estos problemas, pero no cometan los mismos errores que Viktor y yo cometimos. Tengan buena comunicación, hablen sobre esto y te aseguro que sus celos disminuirán. No lo justifico, pero lo entiendo. Él es tu primera pareja formal y teme que encuentres a alguien mejor que él en la universidad. Se debe de sentir impotente y nervioso al estar lejos y no poder evitar que comiences a comparar su relación con la que podrías tener con alguien en San Petersburgo.
—¡Nunca podría encontrar a alguien mejor que él! ¡Mierda! ¡Lo que pudiera tener con cualquier conocido en mi ciudad ni siquiera se compararía a lo que Beka y yo hemos tenido! ¡Nunca! —se exaltó, atrayendo la atención de todos, incluso Phichit le puso pausa a "Chandelier" de Sia.
—Vaya, el niño extraña a su novio.
—Cállate, Chris —espetó de mala gana el aludido.
Viktor y Masumi llegaron con las bebidas, y el primero, al haber notado desde momentos antes que Yurio se había abierto con Yuuri, volvió a poner la música para que Phichit y Chris siguieran cantando.
—¡Margaritas! —exclamó el suizo con emoción al ver a su novio entregándole una bebida.
Todos bebieron mientras Yuuri y Yurio continuaban su charla. De pronto Makkachin se les unió, subiéndose al regazo del más joven y repartiéndole besitos en el rostro, como si supiera que no se encontraba bien anímicamente.
—¿Y ya se lo has dicho?
—¿Qué? —espetó con rudeza, aún enfadado.
—Lo que me dijiste hace unos momentos ¿Él sabe todo aquello?
—Sí, bueno… quizás nunca se lo he dicho así, pero…
—Tal vez por eso se pone celoso. Necesitas externar tus sentimientos un poco más.
Yurio no respondió, entendió y supo que tenía razón.
—¿Lo vas a intentar?
—Sí. De todas formas… Estoy molesto con él por no haber venido. Pudo haber postergado o cancelado el compromiso que tenía, pero no —rodó los ojos—. Hubiera sido una buena oportunidad para estar juntos —estaba triste y enojado.
—Ánimo, ya lo verás pronto —palmeó su espalda, y justo en ese momento pasó Chris frente a ambos, ofreciéndoles bebidas.
—¡Hey! No le des tequila a Yurio —exclamó Viktor desde el otro lado de la sala.
—Oh vamos, ya es mayor de edad y se ve que necesita diversión.
—Tú mismo lo llamas "niño" —rebatió Nikiforov.
Yurio ignoró la discusión de ambos y le arrebató la bebida de las manos, dándole un sorbo y demostrando que podía beber igual que todos.
Chris y Phichit bebieron y cantaron hasta el cansancio, mientras que el resto se dedicaba a verlos hacer el ridículo y beber.
Yuuri se preocupó un poco por su amado, pues sabía sobre la abstinencia que había tenido al alcohol, en especial al tequila, y le preocupaba en cierto modo que eso fuera a salirse de control. Lo que el japonés ignoraba, era el hecho de que Viktor había decidido no tomar ni una gota de tequila, le tenía más miedo a esa bebida que al vodka, así que se limitó a tomar sólo de éste. Sin embargo, no estaba tan ebrio como sus amigos pensaban, pues al ver su actitud ligera y divertida pensaron que ya estaba más ebrio que todos juntos ahí.
—Es mi turno de cantar —exclamó Chris en voz alta, justo cuando Phichit había soltado el micrófono.
—¡No! ¡Sigo yo! —le arrebató el micrófono a su mejor amigo—. Tú ya cantaste muchas.
—¡Déjame cantarle una a Masumi! Vamos Viktor, no seas malo —pidió en tono de puchero.
—Estás bien borracho —murmuró el de ojos azules, riéndose de su amigo.
—¡Tú también! —lo apuntó con un dedo acusador que se balanceaba de un lado a otro debido a su estado de ebriedad. Ninguno de los presentes estaba mejor que el suizo.
—Sí, mucho —rio, más consciente que los demás. Tomó el micrófono y el celular del tailandés para cambiar a una canción que le recordaba mucho a su amado. Era una canción viejita, pero con una letra muy hermosa, y desde aquella vez en el Grand Prix del 2016, cuando Yuuri le dijo "No apartes tus ojos de mí" no pudo evitar relacionarla con él.
Entonces la música comenzó y los mayores ahí presentes se emocionaron mucho al escucharla. Yurio la desconoció por completo, pero el resto se conmovió bastante.
—Va para ti, mi amor —apuntó a Yuuri con una mano y le guiñó un ojo antes de hacer su cabello hacia atrás con un simple movimiento de cabeza. Afianzó el micrófono en su mano y comenzó a cantar—. You're just too good to be true, can't take my eyes off of you. You'd be like heaven to touch. I wanna hold you so much. At long last love has arrived, and I thank God I'm alive —dio unos pasos hasta pararse frente a Yuuri, quien lo miraba maravillado, casi le salían estrellitas de los ojos—. You're just too good to be true, can't take my eyes off of you —un puente musical llegó y Viktor comenzó a bailar de manera chistosa por toda la sala, incluso brincó a un sillón, descalzo y bailando sobre éste. Era el mismo donde Yurio y Yuuri estaban sentados. Poco le importó pasar por encima del rubio para llegar a su amado, sin dejar de cantar. Se quitó el chaleco formal y lo hizo girar con su mano varias veces antes de lanzarlo al aire.
—Viktor, estás loco —se rio, lleno de nervios al ver lo que hacía su amado.
—Loco por ti —le guiñó nuevamente un ojo y continuó cantando—. Pardon the way that I stare, there's nothing else to compare. The sigth of you leaves me weak. There are no words left to speak, but if you feel like I feel, please let me know that it's real. You're just too good to be true, can't take my eyes off of you —se bajó del sillón y comenzó a bailar al ritmo armónico y feliz de la música.
—Canta bien —murmuró Masumi, bajito para que sólo su novio lo escuchara.
—¡Ese es mi mejor amigo! ¡Vamos Viktor! Deslumbra al cerdito con tus encantos —le echó porras, limpiándose una lagrimita de orgullo y felicidad, ignorando por completo a su pareja.
Entonces Chris, Phichit y hasta Masumi, se encargaron de hacerle los coros a Viktor.
—I love you baby! —levantó a Yuuri del sillón y comenzó a bailar a su alrededor, sin soltar el micrófono inalámbrico—, and if it's quite all right, I need you baby to warm the lonely nights —le hizo una mueca muy, pero muy sexy—, I love you baby, trust in me when I say. Oh pretty baby, don't bring me down I pray, oh pretty baby, now that I've found you stay and let me love you baby, let me love you —terminó con un Yuuri pegado a su pecho, rodeándolo con su mano libre por la cintura y casi frente con frente.
Se quedaron unos segundos en esa posición, hasta que todos los demás comenzaron a aplaudir con mucha emoción, incluso Yurio lo hizo.
—Odio estas cosas cursis, pero ustedes… —hizo una mueca de desagrado—…en ustedes no está tan mal.
—Vamos Yurio, no me digas que no te gustaría que Otabek te cantara una canción así —Phichit se burló un poco.
—¡Claro que no! —una imagen muy cómica y cursi se formó en su mente, y para nada le pareció desagradable, al contrario.
—¡Te sonrojaste! —lo apuntó Yuuri con un dedo acusador, burlándose de él. Todos se le quedaron mirando raro al japonés, incuso Viktor, pues hasta hace unos momentos había estado muy tranquilo en su lugar, bebiendo copa tras copa.
—Ya estás borracho, mi amor —se rio y le dio un beso en la frente.
—¿Borracho? Uhmm… un poco —se mareó—. Hace calor aquí —comenzó a desabrocharse la camisa. El saco ya se lo había quitado horas atrás y estaba arrumbado en alguna parte del departamento.
—Dame eso —Yurio se paró en medio de los dos, quitándole el micrófono a Viktor—. Es mi turno.
Todos miraron emocionados e impresionados al pequeño adolescente.
Yuri eligió una canción y la cantó con mucho sentimiento. No tenía buena voz para cantar, pero en esa canción no fue necesario, en especial en las partes donde prácticamente era rap. La canción "Believer" de Imagine Dragons fue perfectamente interpretada por el vándalo ruso. Aunque la situación fue más bien cómica cuando empezó a bailar un poco, mareado y tambaleándose.
Cuando terminó, todos lo miraron con ojos muy abiertos. El rubio le quitó un caballito de tequila a Chris y se lo tomó de golpe. Empezó a actuar tan extraño que Phichit tomó su teléfono y comenzó a grabar.
—Maldito Beka, nada le hubiera costado venir conmigo.
—¿Por qué querías que viniera contigo? —inquirió el tailandés, grabándolo sin que se diera cuenta.
—Porque tenemos mucho de no vernos y lo extraño… extraño mucho a Beka —bajó el rostro y su expresión se volvió más seria y nostálgica—. Si no hubiéramos peleado, ahora mismo estaríamos aquí, juntos, cantando —gruñó—. Estúpido Otabek, ni siquiera me ha mandado un mensaje. Estúpido, estúpido, estúpido.
—No seas así, él es muy bueno contigo.
—Tú cállate, cerdo. No todos somos como tú y el viejo como para soportar meses sin sexo.
Todos aguantaron una carcajada al verlo actuar bajo los efectos del alcohol, más todavía al percatarse de que Phichit grababa cada palabra y gesto.
—¿El sexo con Otabek es bueno? —inquirió el tailandés.
—¿Que si es bueno? ¡Por Dios! Es increíble —sus ojos se oscurecieron un poco, viéndose lujuriosos y un tanto pervertidos.
—Vaya, Yurio dejó de ser un gatito virgen —canturreó Viktor. En otras circunstancias se habría escandalizado, en especial porque apenas era mayor de edad y por el hecho de que para él siempre sería un pequeño niño. Pero en esa ocasión lo dejó pasar, quizás el alcohol, o su felicidad al estar de nuevo con Yuuri, quién sabe.
—Yurio, dime ¿Amas a Otabek? —inquirió Phichit, no iba a desaprovechar la oportunidad de grabar aquello.
—Es el amor de mi vida —soltó en un leve suspiro cargado de emoción—. Nunca amaré a alguien como él, aunque se ponga tan celoso a veces.
—¿Otabek la tiene grande?
—¡Christophe! —su novio le dio un leve codazo, pero Giacometti sólo se rio entre dientes.
—¿Qué cosa? —el pequeño rubio estaba confundido.
—¡Su miembro! ¿Pues qué más?
—Ugh… —Yurio hizo una mueca indescifrable—. Demasiado… digamos que… —arrastraba las palabras—…algo así, más o menos —señaló el tamaño con sus manos.
Todos los demás casi se fueron de espaldas, esperaban que fuera sólo un error, de lo contrario… cielos.
—¿Quién es el pasivo? —inquirió Chris. El resto aguantó la risa. Sabían que no estaba bien aprovecharse de Yurio en esas condiciones, pero es que era inevitable.
—¡Qué te importa! —exclamó con un sonrojo que le llegaba hasta las orejas.
—Ya nos quedó claro que eres tú —se burló Viktor.
—¡Cállate anciano! Que a ti bien que te gusta que te follen.
—Corrección, le gusta que YO lo folle, nada más —aclaró un Yuuri demasiado desinhibido, si tan sólo supiera que estaba siendo grabado—. Y él me folla a mí —sonrió de oreja a oreja, como si estuviera hablando de su comida favorita.
—De eso no tenemos duda —rio Chris.
—Yurio, ¿No te dolió cuando tú y Otabek lo hicieron por primera vez? —preguntó Phichit con mucha curiosidad.
—Hasta el alma…
Una canción chistosa sonó en todo el departamento. Yurio sacó su celular del bolsillo con una expresión inigualable y miró el mensaje en su pantalla, con los ojos verdes brillando de emoción.
—¡Otabek! ¡El estúpido me mandó un mensaje! ¡Oh… Beka! —parecía colegiala enamorada.
El resto trató de aguantar sus carcajadas al verlo actuar tan opuesto a lo que siempre era.
—¿Y qué dice? —preguntó Phichit entre risas, muy a penas se podía contener. En ningún momento dejó de grabar.
—No te voy a decir —puso una cara tan tierna y traviesa que conmovió a más de uno. Y como loco se puso a teclear en su teléfono, ignorando el hecho de que iba murmurando cada palabra que escribía—. Está bien, pero te costará caro. Quiero que me hagas aquello que me hiciste con la boca —soltó risillas traviesas. Entonces el mensaje se vio interrumpido por una llamada entrante. El rubio soltó un gritillo emocionado y respondió el teléfono—. ¡Beka! Hola, al fin llamaste, estúpido —notó que era observado por todos y que además habían dejado de reproducir canciones porque el tailandés lo estaba grabando—. No, Otabek, no estoy ebrio —frunció el ceño al descubrir lo que el moreno hacía con su celular, así que le dio un manotazo al teléfono que lo grababa, tumbándolo al piso y casi provocándole un infarto a su dueño. Yurio simplemente se dio media vuelta y se alejó de todos, hablando y sonriendo—. ¡No me pongo sentimental cuando bebo! ¡Claro que no!
No sabían qué le decía el kazajo, pero de seguro se estaba divirtiendo al escuchar a su novio tan ebrio.
Luego de cerciorarse de que el teléfono no había muerto, el moreno volvió a transmitir canciones en la pantalla, pero con el pequeño error de que en vez de reproducir algún video en YouTube, reprodujo un video de su galería.
Así fue como un salvaje Viktor apareció en pantalla, con la camisa desabrochada y acercándose a un Yuuri sentado en una silla, atento a los movimientos sensuales y eróticos de su novio. Los protagonistas de ese video se asombraron al verse en pantalla, pero el grado de ebriedad de Yuuri era tal, que en vez de avergonzarse, sonrió lascivamente y se acercó a Viktor, mirándolo como un león a su presa. El acercamiento hubiera llegado a más si tan sólo Chris no hubiera puesto el video donde Phichit lo grabó bailando pole dance en la despedida de soltero de Aleksi. El escándalo se hizo presente y todos observaron ese video donde Masumi le ponía billetes al suizo en sus calzoncillos para que bailara más. Era una escena por demás divertida y bastante cómica. Todos soltaron carcajadas al verlo.
Y así, sin proponérselo, pasaron de cantar karaoke a ver las fotos y videos en el celular del tailandés.
Pronto todos se hallaron sentados en el piso y sillones de la sala, como niños esperando el comienzo de su película infantil preferida, sólo que esa "película" estaba llena de contenido para adultos.
De los videos pasaron a viejas fotografías. En pantalla aparecieron las fotos de la primera cena especial que le preparó Viktor a Yuuri, en su casa en Hasetsu, aquella donde todos le ayudaron a decorar el jardín y a preparar la cena.
Al ver esas hermosas imágenes, los corazones de la pareja aludida se inundaron de extraños sentimientos, tales como la nostalgia y un poco de tristeza, pero eso se borró cuando se miraron a los ojos y se tomaron de la mano.
Salieron más fotos: Yuuri entrenando arduamente, Yuuri sin camisa, Yuuri dormido, Yuuri desnudo en la ducha.
—¡¿Por qué tienes esa foto de MI Yuuri?! —se escandalizó. Era aquella foto que le tomó en el baño del hotel, cuando Chris se metió al baño mientras el japonés se duchaba.
—¡Te la iba a mandar! —alzó ambas manos en señal de paz—. Pero lo olvidé por completo.
—Me la mandas y la borras, ¿de acuerdo? —lo apuntó con un dedo, amenazante.
—Alguien está celoso —canturreó Chris, recibiendo una mirada dura por parte del ruso.
Yuuri sólo pudo soltar risillas bobas. Estaba demasiado ebrio como para pensar claramente y sonrojarse por el hecho de que su mejor amigo tuviera fotografías de ese tipo.
El tailandés cambió de foto y en la pantalla apareció Minami sonriendo. El moreno se alteró y cambió a la siguiente, pero otra foto del rubio japonés apareció salvajemente. Deslizó su dedo sobre la pantalla del teléfono, con prisa para que dejaran de ver la gran colección de fotos que tenía del jovencito, pero sus intentos fueron en vano. Todos vieron que la cantidad de fotos de Minami casi rebasaba a las de Yuuri.
—Siempre tiene que salir él, si no es en persona, es en foto —refunfuñó el ruso, cruzándose de brazos cual niño mimado, incluso infló sus mejillas.
—No te pongas celoso, mi amor —Yuuri se arrojó a sus brazos.
—¡¿Cómo no?! Si sigues siendo su entrenador. Ese niño te ama y no es secreto para nadie —espetó Viktor, más rudo de lo que hubiese deseado.
La cara de amor y felicidad de Yuuri se desvaneció y puso una mueca chistosamente seria.
—Tú eres amigo de tu ex esposa y yo lo estoy aceptando, así que no tienes derecho a reclamar nada.
—Buen punto —se llevó una mano al mentón, dando la apariencia de que lo estaba meditando, cuando en realidad se estaba quedando dormido.
—Sí, no es secreto para nadie que Minami esté enamorado de Yuuri —murmuró Phichit, estaba demasiado serio y hasta un poco ido—. Pero eso no va a evitar que yo lo siga amando ¡No me voy a rendir! —brincó sobre la mesita del centro de la sala y desde esa altura apuntó a Yuuri, quien estaba sentado en el suelo junto a Viktor—. ¡Tú! Mi mejor amigo, eres mi rival en el amor —no dejó de apuntarlo con un dedo—. Haré que Minami se olvide de ti y me ame a mí, sólo a mí.
—¡Yo te ayudo! —Nikiforov alzó la mano enérgicamente. A excepción de él, todos se quedaron con los ojos muy abiertos debido a la impresión. Ninguno se había esperado tal confesión. ¿Phichit enamorado de Minami? ¿Amor no correspondido? Qué triste.
El ambiente se puso tan tenso, que Chris se vio orillado a romper ese incómodo silencio con una maravillosa y bien pensada idea:
—¡Margaritas! —salió de la cocina con una bandeja llena de esas bebidas y un vaso de vodka para Viktor.
Todos gritaron emocionados y tomaron una, ya habían perdido la cuenta de las rondas que llevaban, el punto era que aún había alcohol y la noche seguía siendo muy joven.
No tardaron en poner el karaoke de nuevo. Todos se pusieron alertas cuando Chris tomó el mando de la música. El suizo eligió una canción que hizo brincar a todos de sus lugares, pues apenas sonaron las primeras notas, se alertaron y sonrieron como idiotas, brincando de sus lugares para cantar y bailar como locos. Curiosamente conocían la canción a la perfección, y sin haberlo practicado, armaron una coreografía muy chistosa y divertida. Incluso Masumi participó en ella. El único que estaba ausente era Yurio, pues se había encerrado en alguna parte del departamento para hablar con su novio.
Los cinco cantaron a todo pulmón "Wannabe" de las Spice Girls, bailando y turnándose para cantar un fragmento cada uno. Chris tomó el micrófono real mientras que el resto improvisó, usando lo que se encontraban a la mano. Fue muy gracioso ver lo desinhibidos que podían llegar a ser con un poco de alcohol encima, en especial Masumi.
Cuando la canción finalizó, todos terminaron tirados en el piso, cansados y riéndose como idiotas.
Tomaron una ronda extra de vodka y margaritas.
No pasó mucho tiempo antes de que la parejita recién reconciliada se pusiera en plan meloso. Los dos estaban acurrucados en el sillón individual, diciéndose una sarta de cursilerías demasiado empalagosas. Yuuri sentado en el regazo de su amante.
Chris decidió poner un poco de ambiente, eligió una canción más, y antes de darle play, le dijo al japonés:
—Te reto a que bailes mejor que Viktor, demuéstranos qué tan bien sabes moverte.
El aludido lo miró unos segundos, parpadeando confundido y sopesando la información recibida.
—No, mejor te reto a… —el suizo se llevó un dedo a los labios, esbozando una sonrisa traviesa y lujuriosa nunca antes vista—…bailémosle a nuestros chicos, veamos quién es más candente.
—¿Y cómo sabrán quién gana? —inquirió Phichit, curioso.
—Fácil —se encogió de hombros—. El primero que excite a su novio, gana —guiñó un ojo.
—¡Reto aceptado! —exclamó a los cuatro vientos.
—Amazing! —el calor subió a las mejillas de Viktor y no precisamente por sentir vergüenza, no, ya se estaba imaginando lo que vendría a continuación.
Entonces Chris puso play a "Careless whisper" de George Michael, y la acción comenzó.
Viktor estaba sentado en el sofá individual, y desde allí miró a Yuuri acercándosele lentamente, a paso seguro y seductor. La cabeza del ruso dio vueltas cuando de un momento a otro tenía a Yuuri frente a él, bailándole de una manera mucho más provocativa que él en la despedida de soltero. Se veía tan sexy y hermoso que Nikiforov estaba seguro de que ganarían el reto.
—Phichit, tú eres el juez —le dijo Chris, bailándole ya a su hombre.
—¡No! Yo no voy a comprobar si ya se les paró a sus novios. De eso se encargan ustedes —tomó su celular y comenzó a grabar.
Katsuki no tuvo que hacer mucho para salir victorioso, sólo se quitó la ropa, quedando sencillamente en ropa interior, meneando sus caderas a un ritmo muy atrapante y sensual, mostrándole a Viktor todos y cada uno de sus atributos. Bastó con sólo sentarse en su regazo y desvestirse en él para que una erección dura y dolorosa se presentara entre las piernas de Viktor. La canción ni siquiera había terminado para cuando Yuuri ganó el reto con creces.
Chris aceptó su derrota y mientras la otra pareja celebraba la victoria con besos ardientes y caricias indecentes, tomó a Masumi de la mano y lo llevó al único dormitorio del departamento, pero cuando entraron a éste…
—¿Qué hacemos con él? —inquirió Giacometti al encontrar a Yurio durmiendo en la amplia cama de Viktor.
—Dejémoslo dormir.
—¡¿Y quedarme con esto en mis pantalones?! —señaló su gran erección—. No, cariño, claro que no —se aproximó a la cama y tomó a Yurio cual costal de patatas.
—¿Qué harás con él? —se espantó el mayor.
—No lo sé, sólo me importa que no ocupe la cama.
OoOoOoO
Al día siguiente Yuuri despertó totalmente desorientado. Al abrir los ojos lo primero que observó fueron las hermosas pestañas de Viktor, sus ojos cerrados y una expresión en su rostro tan condenadamente tierna, contrastado mucho con su cuerpo de hombre fuerte, masculino y pesado. Sus lindos labios estaban surcados en una pequeña y casi imperceptible sonrisa boba, su boca estaba ligeramente abierta y salivaba un poco, mojando la almohada que compartía con Yuuri.
El japonés no se explicaba cómo fue que terminaron acostados en el piso en medio de la sala, con una cama improvisada compuesta por sábanas, cobijas y almohadas. Intentó moverse un poco, pero su cuerpo estaba afianzado al de Viktor por el brazo de éste, rodeándolo por la cintura con instinto posesivo. Ambos estaban en ropa interior y muy enredados el uno con el otro.
Alzó la mirada sólo para descubrir que Phichit dormía profundamente en el sillón más amplio. Las luces estaban apagadas, pero aun así podía notar que ya era de día, pues un halo de luz se colaba desde la ventana del comedor cubierta por cortinas.
Comenzó a preguntarse por Yurio, Masumi y Chris, cuando no los vislumbró desde su corto alcance. Estaba tan cómodo entre los brazos de su novio, que mandó todo a la mierda y se volvió a acurrucar en su pecho, buscando el calor que necesitaba. Le dolía mucho la cabeza, y se sentía deshidratado. Estaba seguro de que se había emborrachado como pocas veces en su vida, pero no le dio importancia, justo en ese momento estaba muy feliz, aunque seguía preocupado por el hecho de que ambos estaban semi-desnudos. Sólo esperaba no haber hecho el ridículo o alguna cosa de la que pudiera arrepentirse luego.
Cayó rendido al mundo de los sueños y despertó más tarde. Miró de nuevo a su alrededor y todo estaba igual. La única diferencia era que el dolor en su cabeza había aumentado, todo le daba vueltas y sentía ganas de sólo tumbarse y dormir por el resto de la eternidad.
No pudo evitar sonreír un poco al sentir todavía el brazo de Viktor afianzado a su cintura.
Se iba a quedar así, sin moverse, hasta que percibió cierta protuberancia presionando su muslo. Miró el rostro de su novio e imaginó que probablemente tendría un sueño muy placentero, pues su rostro lo demostraba por completo.
—Yuuri… más, así… —murmuró entre sueños.
El aludido soltó una risilla traviesa. Miró a su mejor amigo, y al comprobar que estaba completamente dormido, se atrevió a hacer una travesura. Deslizó su mano entre el cuerpo de ambos, tocando a tientas hasta que rozo con su palma toda la extensión del pene de su pareja, quién frunció el ceño y soltó una majadería en ruso. Yuuri contuvo sus ganas de reír y continuó con su labor, acariciando con sus dedos y a veces con el dorso de éstos, sintiendo ese trozo de carne caliente y duro sobre la tela.
No pasó mucho para que Yuuri terminara introduciendo su mano entera en la ropa interior de su amado. No supo de dónde tomó el valor para hacerlo, ni siquiera lo pensó, simplemente lo hizo. Viktor soltó un gemido largo y sonoro, despertando finalmente y llevándose la mejor sorpresa al abrir los ojos y ver el rostro sonrojado de su amado. Pronto su mente ató cabos y con voz grave y ronca dijo:
—Eres un travieso —murmuró con los ojos entrecerrados, gimiendo una vez más al sentir esa mano apretando su miembro.
—Y tú eres un cachondo, mira que tener una erección de este tamaño en la mañana —rio.
—Hey, no soy el único al que le pasa, tú también… ¡Ah! —gimió al sentir las caricias más intensas que antes.
Yuuri de inmediato le cubrió la boca con su mano libre.
—No seas muy ruidoso —susurró, señalando con la cabeza a Phichit en estado casi comatoso.
—Yuuri —canturreó en voz bajita—. ¿Qué tienes planeado hacer? Me debes una grande, anoche te quedaste dormido antes de que pudiéramos hacerlo. Me dejaste con las ganas —hizo puchero.
—¡¿Qué?! ¿¡Aquí, frente a todos?! —se escandalizó.
—Shh —lo calló, riendo un poco—. Sí, pero te quedaste dormido.
—Oh… —se avergonzó, dejando de lado su anterior trabajo.
—¿No vas a continuar? —cuestionó con voz incitante, moviendo sus caderas hacia Yuuri. Los ojos de éste se oscurecieron un poco y la piel de Viktor se puso de gallina al descubrir las intenciones morbosas que el menor tenía.
—Lo haré, pero no tienes permitido emitir ni un ruido, o despertarás a Phichit —susurró—. Muerde tu mano si sientes la necesidad, pero no hagas ruido.
Viktor ni si quiera asintió, se quedó esperando con ansias infinitas lo que fuera que estuviera por venir. Tenía una leve sospecha, pero no estaba seguro. Rogaba a los dioses que su fantasía se hiciera realidad una vez más.
Y así fue.
Katsuki metió la cabeza bajo las sábanas y aprovechó que su novio no traía camisa para ir dejando un recorrido de besos húmedos y cortos por toda su piel caliente hasta llegar al borde de su bóxer negro. Pensó en bajarlo y tener un acceso directo, pero prefirió tomarse el tiempo suficiente para repartir besos largos y calientes sobre toda la erección aún apretada bajo la tela de la ropa.
El ruso ya se estaba mordiendo la mano para evitar soltar exclamaciones llenas de placer. Pero no pudo contener un jadeo profundo cuando el otro le bajó el bóxer lo suficiente para poder engullir parte de su miembro. Yuuri lo castigó, rozando sus colmillos en la suave y rosada piel tan sensible. Eso sólo provocó que el ruso exclamara aún más fuerte.
—¡Silencio! —siseó, asomando su cabeza desde debajo de las sábanas—. ¿Quieres que termine o no?
—Sí —rio traviesamente—. Hazme lo que quieras.
El otro se sonrojó y volvió a su trabajo inicial. Tomó el miembro entre ambas manos y apretó la punta con sus labios, succionando con mucho gusto, deleitándose con la piel tan suave que sentían sus labios y lengua. Pronto no le bastó con eso, y viendo lo mucho que su amado disfrutaba, decidió profundizar un poco, tratando de engullir el miembro en toda su longitud. No pudo hacerlo, al menos no por completo sin sentir que se ahogaba.
Viktor se incrustó los dientes en la piel de la mano cuando sintió que estaba demasiado dentro de la boca de su amado, no podía verlo, sólo esperaba que no se estuviera ahogando. Dio un respingo cuando sintió los dedos traviesos de Yuuri aventurándose a acariciar la base del pene, abarcando los testículos y el área perianal. Todo eso sin dejar de darle un placentero oral. El pobre ruso no sabía qué hacer para contener sus gritos. Sí, quería gritar y hacerle saber a Yuuri cuánto estaba amando que hiciera eso por él.
Las caderas de Viktor comenzaron a contonearse un poco, en movimientos ondulatorios que le indicaron a Yuuri que estaba muy próximo a venirse. Su espalda se arqueó cuando el japonés fue capaz de introducir todo el pene dentro de su boca.
Se desesperó e hizo las sábanas a un lado, sólo para tener acceso a esa maravillosa vista ante sus ojos. Yuuri recostado entre sus piernas, lamiendo y succionando su entrepierna con agilidad mientras él mismo se masturbaba, allí, tumbado sobre su novio. Sus mejillas estaban rojas por el esfuerzo, sus orejas, su cuello, toda su piel estaba sonrojada y caliente. El ruso no se había dado cuenta de cuándo fue que lo rodeó con sus piernas, impidiéndole moverse de donde estaba, pero eso a Yuuri no le molestaba.
—Ven acá. No quiero terminar así, quiero hacerlo dentro de ti —se incorporó sólo lo suficiente para volver a tumbarse, pero ahora con Yuuri a su merced, bajo su cuerpo.
—¿Qué haces? —se sonrojó aún más. Él había creído que sólo le daría placer para darle alivio y ya, pero no eran los planes de Viktor, oh no. Y haberlo visto dándose placer a sí mismo mientras le hacía un oral fue… increíble.
—No quiero ser el único que disfrute de esto —acarició su mejilla tiernamente.
—¿Y quién dice que no lo disfrutaba? —se relamió los labios de una manera tan sensual y erótica que Viktor pudo sentir una punzada en su entrepierna. Su novio era increíble, aún no podía creer cómo es que Yuuri era capaz de ser tan tierno e inocente y de pronto tan erótico y sexy. Pasaba de Ágape a Eros en tan sólo unos momentos, y eso era simplemente sublime.
—Eres insuperable —se mordió los labios antes de asaltar los de su pareja. Las caricias y besos eran tiernos y silenciosos. Si hablaban, lo hacían en susurros muy bajitos, pues estaban a punto de tener relaciones sexuales en medio de la sala. Ya lo habían hecho antes, pero no con gente durmiendo a tan sólo un par de metros de distancia.
—Lo sé —sonrió de soslayo, pero esa expresión coqueta fue sustituida por una completamente extasiada al sentir un dedo introduciéndose en su ano. Viktor comenzaba a prepararlo.
Disfrutaron cada segundo, haciendo el amor sin prisas, con tranquilidad y tomándose el tiempo de repartir mimos y caricias por todo su cuerpo. Viktor tenía cierta obsesión con las caderas y el trasero de Yuuri, amaba trazar con sus dedos esas pequeñas estrías en su piel, aunque el otro se molestara e inflara las mejillas por ello.
La preocupación por ser descubiertos en pleno acto pasó a segundo plano. Su prioridad en esos momentos solamente era brindarse placer uno al otro.
Cuando Yuuri estuvo debidamente preparado y lubricado con la saliva de Viktor, éste guío su miembro hasta el interior de su amado. Sólo había ingresado la punta y el japonés ya estaba retorciéndose bajo su cuerpo, pero había sido obediente y no soltó ni un ruido lo suficientemente alto como para despertar a sus amigos.
—Oh… —suspiró extasiado, acariciando la espalda de Viktor mientras éste comenzaba a penetrarlo una y otra vez con parsimonia.
El único ruido era el sonido pesado de sus respiraciones, acompañado por el sonido que hacían sus pieles al rozarse, en especial en cada embestida. Trataban de hacerlo suave y silencioso, pero no podían evitar que se escuchara cómo entraba y salía de Yuuri, la fricción entre la saliva y la piel corrugado de su interior.
Fue hasta que el ruso le dio una estocada rápida y profunda, que Yuuri no pudo contener una exclamación llena de lujuria.
—Cállate, amor —rio bajito.
—Idiota —jadeó—. Eso fue… muy bueno, ¡Ah! —su cuerpo entero tembló a causa de la ágil mano grande y tibia que estimulaba su pene con maestría.
—¿Qué? ¿Esto? —lo hizo por segunda vez.
—¡Ohhh!
Viktor tuvo que cubrirle la boca, pero en respuesta obtuvo una traviesa lengua jugueteando con los dedos de su mano. Eso lo encendió aún más, pero nada comparado al momento en que el japonés contrajo su ano voluntariamente, una y otra y otra vez.
—Estás jodidamente apretado —le gruñó en su oído, dejando una mordida nada inocente en su oreja.
En ese momento nada le importó al ruso, ni siquiera que las sábanas que los cubrían habían quedado en el olvido, junto con la ropa interior de ambos.
Tomó las pantorrillas de Yuuri y las empujó hacia arriba, hasta que las rodillas le llegaban casi a la cabeza al japonés. Así tuvo mejor acceso para seguir embistiéndolo. El menor aprovechó la oportunidad y extendió sus manos hacia el torso de su amado, acariciando y extasiándose por lo hermoso que era su cuerpo entero: su piel pálida y extremadamente suave, sus músculos que se marcaban con cada contracción al embestirlo, sus abdominales tan hermosos y sus pectorales, adornados con esos pequeños pezones rosados. Sonrió maliciosamente y llevó sus manos a ese par de botones, pellizcándolos y arrancándole un gruñido gutural, consiguiendo solamente que lo embistiera con más fuerza.
Yuuri usó una mano para estimularse a sí mismo y la otra para no dejar de acariciar el pecho de su amado, quien estaba completamente complacido con la vista que tenía de su novio.
De pronto sacó su miembro de Yuuri y se quedó unos segundos fuera. Y antes de que el japonés pudiera preguntar algo, ya tenía todo adentro una vez más. Eso lo repitió varias veces y cuando veía que su amado estaba por llegar al clímax, salía por completo de él y restregaba su pene entre las nalgas del menor, haciendo que el pobre casi suplicara ser penetrado de nuevo. Viktor sólo reía divertido al verlo tan desesperado. La acción se repitió hasta que Yuuri se hartó, y haciendo uso de su gran elasticidad, tomó las nalgas de su amado y lo obligó a penetrarlo. Eso volvió loco a Viktor, quién no dejó de bombear hasta que ambos llegaron a su ansiado orgasmo.
Hicieron ruido, mucho ruido.
El mayor se dejó caer como peso muerto sobre su novio, quién no rechistó ni se quejó, al contrario, usó una mano para acariciar su espalda y otra para enterrar los dedos en su cuero cabelludo. Viktor agradeció el gesto, depositando suaves y flojos besitos en todo su rostro. Lo rodeó con sus brazos y se aferró fuertemente a él.
—A pesar de todo, siempre eres más pequeño y delgado que yo —murmuró entre risitas, tratando de regular su acelerada respiración.
—Tu complexión es más grande, es normal —suspiró, cansado.
Habían disfrutado tanto que incluso hicieron a un lado los síntomas de la resaca.
Yuuri comenzó a temblar levemente por el frío. Viktor lo notó y tomó las sábanas para cubrirse, pegándose más a él para brindarle calor.
Ambos miraron a Phichit, esperando que este no se hubiera despertado, pero…
—Sigue dormido como una roca —murmuró Viktor.
—Siempre ha tenido el sueño muy pesado —rio—. Amor, necesito ir al baño —intentó soltarse del abrazo posesivo, luego de forcejear un poco y después de hacerle cosquillas al ruso, Yuuri pudo ponerse de pie y vestirse con su escasa ropa interior.
El japonés apenas dijo un paso y un escalofrío lo recorrió de pies a cabeza al sentir cómo algo salía involuntariamente de su ano. Había olvidado que no usaron preservativo, ahora era un poco incómodo.
—Lo siento —murmuró Viktor—. Debí de haber terminado afuera — estaba apenado, pero más apenado se sintió Yuuri al pensar: "¿Tan obvio soy?".
El japonés se fue al baño y Viktor se quedó ahí, vistiéndose sólo los calzoncillos y recogiendo la cama improvisada. Notando que el tailandés estaba verdaderamente durmiendo como piedra. Tuvo que ir hacia él y verificar que estuviera respirando, pues ya se había preocupado un poco.
Todo iba bien, hasta que el grito fuerte de Yuuri alertó sus sentidos. No pasaron ni cinco segundos cuando Viktor se brincó el sofá atléticamente y corrió hacia el baño.
—¡Mi amor! ¿Qué pa…? —abrió la puerta y se sorprendió mucho al ver a Yurio dentro de la bañera con cara de recién haber despertado y a Yuuri sentado en la taza del baño, espantado por haber descubierto recién que el rubio había dormido ahí.
—¡Salgan de aquí! —espetó el japonés, sumamente avergonzado—. ¡Fuera!
—Ni siquiera sé qué hago aquí ¡Demonios! —exclamó el menor de todos, con el corazón acelerado por el susto de despertar de esa manera.
—¡Largo-de-aquí! —espetó con fuerza y severamente sonrojado. Había empezado a evacuar con su amigo dentro del cuarto de baño, y una vez que comenzaba, no podía parar. No quería que Yurio lo viera, mucho menos Viktor, Dios, claro que no.
Viktor y Yurio se quedaron parados en medio del pasillo, uno con marcas del azulejo en la mejilla y el otro semidesnudo y aguantando la risa.
—¿De qué te ríes, viejo?
—¿Qué demonios hacías durmiendo ahí?
—No tengo ni puta idea.
—¿Y cuándo te volviste tan grosero, muchachito?
—Ya vas a empezar —rodó los ojos y procedió a estirar sus contracturados músculos, hasta que ambos escucharon ruidos raros provenientes de la recámara.
—¿Pero qué rayos…? —espetó el vándalo ruso al abrir la puerta y toparse con una escena por demás insoportable para sus inocentes ojos.
—Definitivamente voy a quemar esas sábanas —murmuró Viktor al ver que su mejor amigo montaba salvajemente a su amante. De pronto cambiaron a una postura tan rara y complicada que ambos rusos inclinaron su cabeza hacia un lado.
—Mejor quema el colchón —murmuró.
—¿Cómo es posible que logren esa postura tan…? Ugh.
—¡Largo! —espetó Chris entre jadeos y gruñidos. Ambos suizos se habían percatado de la presencia de los otros dos, pero era tan bueno el sexo que no pararían por algo tan insignificante como el hecho de tener espectadores.
De nuevo los dos rusos se quedaron en medio del pasillo. Corridos del baño, corridos del dormitorio. No sabían qué hacer.
—Iré a preparar el desayuno —anunció el rubio, estirándose una vez más antes de dirigirse a la cocina.
—¿No tienes resaca? —lo miró feo, lleno de envidia al notar lo fresco que se veía a pesar de haberse embriagado y dormido en la fría e incómoda bañera.
—No. Creo que vomité anoche —se encogió de hombros.
—Maldito —murmuró entre dientes, mirándolo caminar campante y sin molestias—. ¡Haz pancakes! Hay de todo en la alacena y en el refrigerador.
Yurio no respondió más que con un dedo medio alzado al aire, ni siquiera se molestó en girarse y encararlo.
Los seis desayunaron juntos. Phichit había dormido como una roca, fue muy difícil lograr que se levantara; Chris y Masumi tenían unas horribles ojeras, pero una sonrisa llena de satisfacción; Yurio parecía de muy buen humor, tanto que hasta les hizo el desayuno a todos; Yuuri seguía avergonzado porque lo habían visto haciendo sus necesidades básicas, y Viktor estaba plenamente feliz por estar rodeado de sus mejores amigos en su pequeño departamento, meses atrás no se habría ni imaginado que la estaría pasando tan bien.
Llegó la hora de despedirse, pues ese mismo día todos regresarían a sus hogares. Phichit, Masumi y Chris se dirigieron al hotel para empacar todas sus cosas. Yurio hizo lo mismo en el departamento de Viktor y Yuuri…
—El vuelo sale hasta la noche, quédate con Viktor el resto del día y disfrútalo, yo me encargaré de guardar todas tus cosas y de llevarlas al aeropuerto —le guiñó un ojo con su perenne buen carisma.
—Muchas gracias, de verdad —se emocionó tanto que abrazó a su mejor amigo tailandés.
—Yo… —el ruso rubio se rascó una mejilla—. Iré a hacer turismo antes de irme.
—¡Vamos juntos! —exclamó Phichit—. Acompáñame a hacer las maletas y luego vamos a pasear.
Yurio aceptó y así se fueron todos, dejando a solas a la pareja recién reconciliada.
—¿Qué haremos? Todavía no es ni siquiera medio día, podríamos pasarla bien un rato —caminó lentamente hasta pararse frente a Yuuri y posar las manos sobre sus caderas, acariciando con cariño.
—¿Qué sugieres hacer? —preguntó en tono sugerente y un tanto provocativo, poniendo sus manos sobre los hombros del más alto.
—Todavía tengo energía para una ronda más —acarició el cuello de su amado con la nariz, causándole cosquillas con su respiración.
—¿Sólo una? —soltó una risilla.
Comenzaron una serie de besos y caricias traviesas. Poco a poco fueron caminando hasta llegar a la habitación. Viktor se apresuró a cambiar las sábanas y de inmediato tumbó a Yuuri sobre el colchón, posándose sobre él y dejándole todo su peso encima.
Las caricias pasadas no tardaron en llegar, al igual que los suspiros y leves gemidos. Ahora sí podían hacer todo el ruido que desearan.
De pronto las caricias de ambos bajaron la intensidad y se convirtieron en algo mucho más suave y tranquilo. Yuuri terminó masajeando el cuero cabelludo de Viktor mientras que éste se dejaba hacer, recostando su cabeza sobre el pecho de su amado.
No supieron cómo ni cuándo, pero los dos terminaron rendidos al sueño en brazos del otro. Estaban tan cansados que lo único que quisieron hacer fue dormir.
Despertaron varias horas más tarde, completamente enredados en la cama, abrazándose y dándose calor. Makkachin yacía a un lado de ambos.
Cuando Viktor abrió los ojos, se descubrió a sí mismo descansando la cabeza sobre el pecho desnudo de Yuuri. Entonces recordó que muy apenas habían alcanzado a quitarse una que otra prenda antes de caer rendidos al sueño. Sonrió levemente cuando se encontró con el rostro tan precioso de su novio a tan sólo unos centímetros del suyo. Éste ya estaba despierto y lo miraba con un amor infinito en esos ojos castaños.
—Te ves tan bien incluso mientras duermes —acarició su mejilla, acomodándole un mechón de cabello plateado tras la oreja.
—Buenos días, Yuuri —murmuró con voz grave y pausada.
—Querrás decir: buenas tardes, falta poco para que anochezca.
El ruso se incorporó de un brinco.
—¡Tu vuelo!
—No te angusties, aún nos quedan varias horas antes de tener que salir.
—Lo siento, en verdad quería hacerlo, pero me quedé dormido —se sintió muy apenado.
—Yo también me quedé dormido.
Ambos se acomodaron de costado, quedando frente a frente y acariciándose el rostro.
—No quiero irme.
—No te vayas.
—Tengo que hacerlo. Mis ahorros se terminaron y tengo un trabajo pendiente en Japón.
—¿Te refieres a Minami?
—Hablaré con él y le diré que dejaré de ser su entrenador.
—Me parece perfecto, pero… ¿Por qué no sólo lo llamas? Anda, quédate conmigo un poco más —hizo puchero—. ¡Quédate a vivir conmigo! Además, el dinero sabes que no es problema para mí.
—No. Eso no suena bien en muchos sentidos. Mi amor —lo tomó de una mejilla—, te lo agradezco mucho, pero no podría vivir a costa de tu dinero, no me sentiría cómodo. Además, nos estamos conociendo y creo que vivir juntos sería algo muy precipitado —sonrió de lado—. Recuerda que apenas tenemos unos días de novios —soltó una risa cantarina, recordando el juego que habían iniciado hace no mucho.
Viktor refunfuñó y se restregó contra el cuerpo de Yuuri, como un gatito buscando calor.
—No te vayas mi amor. Hemos estado años separados, no me dejes ahora.
—Oh, Viktor —se le hizo un nudo en la garganta.
—¿Y si voy contigo?
—Me dijiste que en un par de días firmarías el contrato para la compra del terreno que será tu escuela de patinaje.
—Lo sé, pero puedo aplazarla unos días y...
—No, mi amor. No quiero que atrases tus sueños sólo por mi causa. Nada más iré unas cuantas semanas a Japón y entrenaré a Minami hasta que encuentre a alguien más, luego regresaré contigo. Lo prometo.
—Tú eres mi mayor sueño. Lo demás pasa a segundo plano cuando el asunto se trata de ti —abarcó por completo su mejilla con la palma de su mano.
Yuuri suspiró enamorado.
—Tú ya estás haciendo tu vida aquí, tienes un departamento, estás por comprar un terreno, Aleksi y Evgenia vivirán aquí. Tú vida se está estableciendo en Vladivostok, es tu hogar y yo estaré en donde quiera que tú estés porque tú eres mi hogar, Viktor, volveré lo antes posible ¿De acuerdo? —también tomó su mejilla.
El ruso lo pensó unos minutos antes de responder.
—De acuerdo —suspiró—. Te extrañaré como nunca.
—Y yo a ti —besó su frente.
—Yuuri.
—¿Sí?
—Hazme el amor antes de irte. Una vez más, para soportar todo este tiempo sin ti.
—¿Estás seguro? —se estremeció de sólo imaginarlo.
—Hazlo.
El japonés sonrió de oreja a oreja. No tenía que pedírselo tres veces. Besó sus labios con un amor indescriptible y de ahí se pasó a su hombro desnudo, luego su pectoral, su torso y finalmente el ombligo, donde se entretuvo unos segundos, lamiendo para causarle risillas al mayor.
—¿Qué haces? —su risa cantarina era melodiosa para los oídos de Yuuri.
—Quiero memorizar cada centímetro de tu piel —acarició suavemente su trabajado torso, con sus palmas abiertas y grandes—. Estaremos separados mucho tiempo, quiero recordar todo de ti.
—Ni me lo digas —frunció el ceño en una mueca demasiado graciosa—. ¿Por qué no me dejas un recuerdo? —sonrió con lujuria—. Anda, te dejo vengarte por el chupetón que te dejé en el cuello —alzó y ladeó su mentón, dándole una vista hermosa de su cuello.
—Lo haré más tarde.
Viktor iba a reclamarle su rechazo, pero no pudo pensar con coherencia después de sentir las frías manos de su amado, recorriendo la piel sensible de la cara interna de sus muslos y sus labios descendiendo por sus abdominales, justo donde formaban una perfecta "V" al unirse con sus caderas.
—Quítame la ropa —pidió el ruso y Yuuri hizo caso al instante, deshaciéndose del pantalón y de la ropa interior.
—Amo tu cuerpo, Vitya… es tan perfecto —besó un área muy sensible, escuchando con agrado cómo su amado gemía ligeramente. Se incorporó lo suficiente para volver a su altura y mirarlo a los ojos—. Todo tú eres hermoso, y eres sólo mío —susurró muy cerca de sus labios y miró su expresión enternecida antes de besarlo con toda la lentitud del mundo, como si no existiera más el flujo de tiempo—. Déjame amarte como nunca antes —volvió a besarlo con lentitud, dejando que sus labios se deslizaran por los de Viktor suavemente, permitiéndole saborear su aliento y disfrutar de cada maravillosa sensación.
El ruso estaba sorprendido por cómo Yuuri lo hacía experimentar tantas sensaciones con una acción tan simple como un beso lento. Le encantaba cómo a veces tomaba el control de la situación para besarlo con esa tranquilidad y paciencia que lo volvía loco en muchos aspectos, moría por comérselo a besos, pero al mismo tiempo deseaba que esas caricias nunca se terminaran, en especial ahora que sabía que estarían separados un buen tiempo.
—Ámame Yuuri, ámame —suspiró, cerrando los ojos y sintiendo los labios del japonés sobre su cuello, dejando una marca que le duraría días.
Las manos de Viktor recorrían firmemente el cuerpo de su novio, acarició toda la suave piel que tuvo al alcance, se deleitó con su aroma, con los ruiditos tiernos que salían de su boca al apretarle el trasero, disfrutó cada caricia brindada por él y desfalleció entre sus brazos.
Se tomaron todo el tiempo del mundo para hacer el amor. No lo habían hecho así desde hace años, tomándose el tiempo suficiente para admirar cada centímetro de piel, repartiendo besos por aquí y por allá, descubriendo nuevos rincones en sus cuerpos. Disfrutando al máximo cada sensación que se brindaban.
Yuuri no pudo evitarlo y guio su mano a la espalda baja de Viktor, acariciando su cicatriz. Aquella pequeña acción significó mucho para el ruso, quien se llenó de ternura y repartió muchos besos más en su cuello.
Descubrieron áreas erógenas en el cuerpo del otro, sorprendiéndose un poco por no haberlo notado antes. Yuuri descubrió que los pezones de su amado eran por demás sensibles, y ante ese gran hallazgo no perdió la oportunidad para sacar provecho de la situación.
Se amaron y acariciaron hasta que la excitación entre sus piernas se volvió dolorosa e insoportable. Yuuri notó que el otro estaba desesperado cuando comenzó a arrimarle el trasero a su entrepierna. El japonés lo preparó con un poco más de prisa de la normal, dilatándolo lo suficiente para que no sintiera tanto dolor, después de todo eran contadas las ocasiones en que tenían sexo de este tipo, por lo regular era Yuuri quien recibía todo de Viktor.
El encuentro fue por demás satisfactorio, hermoso y apasionado. Katsuki estimulaba la erección de su amado al mismo tiempo en que lo iba penetrando poco a poco. Viktor se dejó hacer y disfrutó al máximo cuando su pareja comenzó a embestirlo con estocadas profundas y largas. Hubo un momento en el que su lado impulsivo le ganó y tumbó a Yuuri de espaldas al colchón, sólo para sentarse sobre él y cabalgarlo a su propio ritmo mientras el menor se deleitaba con la vista frente a él y con todo lo que tenía al alcance para tocar y magullar con su manos.
La pasión llegó a un punto desenfrenado cuando los dos jadeaban cansados y cercanos al clímax. El mayor movía sus caderas sobre las de Yuuri, penetrándose a sí mismo una y otra vez. En más de una ocasión estuvo a punto de perder el equilibro e irse hacia adelante, pero Yuuri lo tomó de las manos, dándole el apoyo que necesitaba para sostenerse y seguir haciendo el trabajo. De todas formas el japonés no podía contener sus ganas de mover las caderas y terminó embistiéndolo de todas maneras.
El primero en sufrir de un orgasmo intenso fue Yuuri, quien no soportó la estrechez de su amado y mucho menos sus hábiles movimientos. Culminó de manera tan intensa que sintió todo su cuerpo temblar con violencia, en especial al notar que Viktor había aumentado considerablemente la velocidad, intentando alcanzar su propio orgasmo. Yuuri lo notó y le ayudó masturbando su duro miembro, pasaron sólo unos segundos antes de que el mayor gimiera fuertemente el nombre de su amado, viniéndose en la mano del menor.
—Oh Dios… —cerró sus ojos con fuerza al sentir en su cuerpo entero una corriente agradable de calor, era maravilloso, bajo sus párpados estallaban cientos de fuegos artificiales.
Sintió como si hubiera alcanzado al cielo sólo para bajar de golpe y sentirse terriblemente débil. Abrió los ojos y se mareó lo suficiente como para tambalearse, sabía que se iba a caer hacia un lado, pero poco le importó, estaba exhausto y su cuerpo no daba para más. Se dejó caer y esperó el impacto con el colchón, pero éste nunca llegó, en cambio, sintió unos cálidos y firmes brazos rodeándolo con mucho amor. Ni siquiera tuvo las fuerzas de corresponder ese abrazo, solo se dejó rodear con cariño.
Ambos volvieron a la vida cuando sus cuerpos cayeron al colchón. Yuuri de espaldas, con Vitya sobre su pecho, respirando dificultosamente. Abrazó con fuerza al ruso y enterró su nariz entre sus cabellos platinados. Podía sentir cómo su cuerpo aún temblaba, o quizás era el de Viktor que los hacía temblar a ambos.
Yuuri inhaló con fuerza el delicioso aroma natural de Viktor, mezclado levemente con un sutil aroma a sudor debido al esfuerzo realizado. Era un olor que jamás olvidaría, se había quedado grabado en su mente con fuego y no se borraría hasta el último día de su vida.
El ruso se acurrucó un poco mejor sobre el pecho de su amado, posando su oído sobre su pectoral izquierdo y percatándose de su alocado corazón tan agitado como el suyo. Sonrió satisfecho, inhaló con fuerza y apretó a su amado entre sus brazos, aplastándolo con todo su peso y besando flojamente su pecho.
A pesar del frío clima, ambos estaban cubiertos por una fina capa de sudor, pero eso no impidió que se fundieran en un fuerte abrazo y que enredaran sus piernas bajo las sábanas, sintiéndose uno solo en cuerpo y alma. Yuuri llevó sus manos a la cabellera de su novio y la acarició con un infinito amor, dejando suaves caricias en su nuca y sonriendo al notar cómo se le erizaba la piel de la espalda.
—No sabes cuánto te amo, Viktor Nikiforov —susurró con éxtasis, besando su cabeza.
—Lo sé, ahora lo sé —apoyó su mentón sobre el pecho de Yuuri, haciendo una conexión muy profunda con sus ojos cafés tan expresivos. El japonés no perdió el tiempo y tomó ese hermoso rostro entre sus manos para besarlo una y otra vez. Cuando se separaron, el ruso puso total atención a la cadena que colgaba del cuello de su amado, con ese hermoso anillo reposando sobre su pecho y con el otro puesto en su dedo anular. Iba a tocar el tema de los anillos, pero Yuuri se le adelantó.
—No me quiero ir.
—No te vayas.
—Viktor…
—Lo sé, tienes que volver —suspiró—. Sólo serán unas cuantas semanas ¿Cierto?
—Sí, lo juro.
—Tengo miedo —escondió su rostro en el pecho de Yuuri—. La última vez que nos separamos tuvieron que pasar años para estar de nuevo juntos. Si eso vuelve a suceder… —calló unos segundos—…no lo soportaría, una segunda vez no —soltó en un suspiro ahogado.
—Dios, no —lo apretó fuertísimo entre sus brazos—. Eso jamás volverá a suceder.
Ambos estaban conscientes de que la vida de ambos era ahora muy diferente. Cada uno tenía responsabilidades en su país, en su casa. Y si querían estar juntos, alguno de los dos tendría que renunciar a sus planes para conseguirlo.
—Escúchame bien, Vitenka: Eso jamás volverá a pasar, nunca —besó sonoramente su frente, ajeno a que una pequeña lágrima de felicidad se escurría por la mejilla del mayor.
OoOoOoO
Incapaz de articular otra palabra en su garganta que temblaba debido al cúmulo de emociones, se abalanzó sobre él, abrazándolo sin intensión de soltarlo, temiendo que al hacerlo se fuera finalmente, saliendo de su vida para siempre.
—Yuuri, te voy a extrañar —susurró en su oído, con una voz que desbordaba emociones.
—Yo también —admitió con el mismo sentimiento acumulado en su pecho. Correspondió el abrazo, recordando que años atrás habían compartido uno muy similar: los dos en un aeropuerto, con el amor a flor de piel y con unas inmensas ganas de no separarse nunca.
—Anda, vete ya, tienes que documentar tus maletas —se le separó y acarició su mejilla, Yuuri por acto reflejo apoyó más su cabeza hacia ese lado, cerrando los ojos y disfrutando de la caricia.
—Hey, ya deja ir al cerdo, debe de estar en la terminal con suficiente tiempo antes de que tenga que abordar el avión.
—Tiene razón —murmuró Viktor, mirando a su amado.
Yuuri asintió y miró a sus amigos por última vez en un tiempo. Había pasado días muy divertidos a su lado y estaba feliz por tener amigos tan buenos y fieles como ellos. Se despidió de Chris, Masumi, Yurio y Phichit, prometiendo verlos de nuevo muy pronto. Todos estaban ahí con diferentes destinos y se estaban poniendo un poco melancólicos. Finalmente el japonés se despidió también de Makkachin y se dio media vuelta para irse de una vez por todas al avión. Pero no contó con que…
—¡Yuuri! —escuchó unos pasos acelerados tras él. Ni siquiera tuvo tiempo de reaccionar, pues cuando giró sólo la mitad de su cuerpo, uno más grande que el suyo se le pegó totalmente, tomándolo por sorpresa.
Viktor lo había apresado con una mano en su cintura y otra en su mejilla, abarcando hasta su cabeza con su mano extendida. Unió sus labios en un profundo beso cargado de despedida. La caricia era cada vez más profunda, tanteó con su lengua los labios del menor, pidiéndole acceso a su boca. Cuando el otro aceptó la intromisión, el ruso se emocionó tanto que lo abrazó y se inclinó sobre él, dejándolo suspendido de sus brazos, muy al estilo película romántica.
La gente alrededor miró la escena y algunos sonrieron con ternura, otros se sonrojaron por tal escenita, y sus amigos…
—¡Vamos Viktor! ¡Dale con todo! —exclamó Chris, gritando a todo pulmón.
Phichit silbó ruidosamente y Yurio se limitó a rodar los ojos, avergonzado por el espectáculo.
—Se están comiendo la boca, ya exageraron su despedida —se quejó Yurio.
—Nos veremos pronto, mi amor —se separó del beso, jadeante, pero sin soltar a Yuuri, quien seguía suspendido en el aire por los brazos de su amado.
—No puedo irme si no me sueltas —rio quedito, un poco avergonzado. Viktor lo dejó incorporarse y luego de un fuerte último abrazo, se despidieron.
—Te amo.
—Te amo, Kobuta-chan.
OoOoOoO
Dejó sus llaves sobre la mesita de la entrada y fue directo a tumbarse en el sillón más amplio de la sala. Makkachin lo acompañó y trató de animarlo al sentir lo deprimido que estaba.
Se había ido del aeropuerto casi inmediatamente después de que Yuuri pasara a la terminal. Su avión saldría en muy poco tiempo y él no podía dejar de pensar en lo solo que se sentiría durante esas semanas lejos de él.
Miró el techo por varios segundos, dándole vueltas a su actual situación y pensando:
¿Realmente valía la pena alejarse de Yuuri por tanto tiempo sólo por desear comprar un terreno en Vladivostok? Es decir, sí, se trataba de su sueño, pero ese sueño lo podía cumplir ahí, en Japón, en China, en donde fuera. Así que… ¿Por qué demonios estaba aceptando esa separación así como así?
Estaba consciente de que alguno de los dos debía renunciar a sus planes si es que querían estar definitivamente juntos, y ahora estaba seguro de que poco le importaba no abrir su escuela de patinaje en esos momentos, no si eso le costaba alejarse del amor de su vida.
—Que idiota —se dijo a sí mismo antes de saltar del sillón, tomar las llaves y a Makkachin y así salir corriendo del departamento. Tomó un taxi rumbo al aeropuerto y con una sonrisa de oreja a oreja demostraba lo feliz que estaba con su decisión: se iría con Yuuri a Japón. Nada valía más que su Yuuri. Sólo esperaba llegar a tiempo para detenerlo antes de que subiera al avión, luego comprarían nuevos boletos y se irían juntos.
Tomó el primer taxi que se le cruzó en frente y le pidió al conductor que se apresurara. Llamó varias veces a Yuuri, pero éste no le respondió. Sólo rogaba al cielo para que aún no se hubiese subido al avión.
Pero fue muy tarde. Cuando llegó al aeropuerto pudo ver en las pantallas que el vuelo de su amado ya había salido.
Había llegado muy tarde.
Continuará…
10/07/2017
1:00 p.m.
