DESCONOZCO QUE ME POSEYÓ PARA ENTREGARLE MI NÚMERO A JACK LANCASTER. No había dejado de divagar al respecto desde anoche. El caprichoso deseo de tenerlo a mi disposición abrumó toda lógica en aquel momento. La idea de aspirar nuevamente el aroma del oficial a quemarropa también pudo haber ayudado un poco. No es que la razón importe ahora que ya perdí la cuenta de cuantas veces he revisado mi móvil las últimas 24 horas. He mirado con tanta intensidad ese infernal dispositivo que podría estallar en llamas en cualquier momento.

La razón detrás de mi irracional comportamiento es Jack Lancaster y sus cero intentos por comunicarse conmigo desde que le concedí mi número. Su silencio es algo con lo que no contaba. Los humanos son seres emocionales. Sus acciones se rigen por lo que sienten y mientras más intensas sean sus emociones, más impacientes serán. Los hombres son por mucho más impacientes cuando se trata de sexo que cualquier otra creatura conocida.

"Entonces, ¿por qué Jack no dado señales de vida?"

He barajado varias opciones de las cuales la única que me convence es la siguiente: quiere que yo tome la iniciativa. Soy consciente de que si Jack fuera un humano común al que conocí en un bar o una discoteca o algún otro lugar que suelo frecuentar para seducir hombres, habría tomado la iniciativa desde hace mucho tiempo.

Pactar un encuentro con él en algún lugar lejos de ojos y oídos curiosos es muy tentador a pesar de las circunstancias, pero bajo los términos que propuse anoche y que él aceptó, llamarlo o escribirle un mensaje al móvil es el equivalente a suplicarle acostarse conmigo. Ya había mostrado suficiente debilidad por ese hombre al no negar mi deseo de exclusividad sexual. La exclusividad sexual es algo que no había solicitado a un amante o a nadie. NUNCA. No podía contactarlo ahora mismo sin lanzarme de cabeza a otra situación nueva e impredecible.

Tenía claro el plan a seguir. Debía planificar fríamente lo que haré a continuación. Necesitaba tiempo y espacio para prepararme mental y físicamente. A pesar de la agitación que me provocaba su silencio, estaba segura de que debía tomarme las cosas con calma para obtener los resultados deseados. Y casi logro convencerme de esto, hasta que vi a Kayla, la castaña irritante, bajar de la camioneta de Jacob Black.

"Maldito chucho."

Más allá de que la presencia de la humana era una confirmación de que el perro de Nessie no aprueba un acercamiento entre Jack y yo por poco sentimental que sea, también fue una declaración de intenciones. La humana no se había rendido con el oficial. El diminuto vestido que llevaba y la mirada retadora que me dedicó antes de marcharse junto con mi sobrina y el perro de ésta eran prueba de ello. Si anoche su coqueteo fue descarado en un evento de cierta etiqueta, podía imaginarla lanzándose sobre su regazo como un chivo expiatorio ahora mismo.

Exhalé exasperada, ganándome otra mirada divertida de Alice. A pesar de mis intentos por alejarme de ella y sus inoportunos comentarios, mi prima me persiguió por toda la casa como un fantasma en penitencia. A las dos horas de persecución me rendí. Acabamos en mi habitación, ella ojeando el contenido de mi maleta por alguna razón y yo recostada sobre mi cama provisional. No le pregunté a que se debía la violación a mi privacidad. Estaba muy ocupada manteniendo una conversación con mis familiares en Denali.

— ¿Qué clase de don crees que posee? —pregunta Eleazar con curiosidad.

Apasionadas memorias azotan mi mente, tomándome desprevenida y distrayéndome nuevamente de la conversación. El definido recuerdo de sus miradas anhelantes, sus brazos rodeándome, sus manos apretándome, atrayéndome hacia su cara, sus suaves labios sobre mi carne... Me estremecí por el vívido recuerdo.

"Oh, aquella lengua…"

— ¿Tanya? ¿Estás bien? — pregunta Kate por cuarta vez desde que los llamé. Estaba teniendo serios problemas para mantenerme enfocada.

Sacudí un poco la cabeza, obligándome a volver a la conversación. Había llamado a mis familiares en Denali para compartir mis sospechas sobre el potencial de Jack. La idea de que Jack posea un talento justificaría su despreocupada actitud hacia nosotros. Pero, de poseer algún talento; sólo un don que le brinde alguna ventaja sobre nosotros podría respaldar sus acciones.

—Las personas se sienten atraídas hacia él. — mi voz se tiñó de molestia involuntariamente al referirme a aquello.

—Un poco de sana competencia, no le hace mal a nadie. —murmura mi prima menos favorita.

Como si no tuviera suficiente con mis recuerdos y mi imaginación, Alice no dejaba de atormentarme con el presente.

— ¿A qué se refiere, Alice? —pregunta Garrett de repente.

—A nada importante.—repliqué raudamente.

Había omitido los detalles referentes al pequeño cambio en mi dinámica con Jack por el revuelo que causaría en mis familiares. Ya tenía suficiente con mis autocuestionamientos. Ignorando la sonrisa petulante de la vidente, me concentré en describir el potencial don de Jack. La primera vez que lo vi, él resaltaba sobre los demás humanos de aquel local de abarrotes. Él siempre destacaba.

—Volviendo a la cuestión, es difícil dejar de mirarlo—susurré. Unos segundos de espeso silencio se establecieron al otra línea y la sonrisa de Alice creció. Me di cuenta que mis palabras pudieron haber sido fácilmente malinterpretadas—.Me refiero a que no pasa desapercibido. Es similar a Heidi.

—Suena como si lo fuera. Habría que determinar de dónde proviene el don de este hombre. —coincide Eleazar de forma pensativa, demasiado ensimismado como para darle importancia mi absurda necesidad por justificarme—.En el caso de Heidi, su habilidad tiene implicaciones psíquicas pero se ve acentuada por su apariencia. ¿Tanya, este hombre es atractivo físicamente?

Eleazar no es la clase de hombre que hace preguntas capciosas pero no puedo responder aquella sinceramente sin evidenciar mi atracción por el oficial.

—Depende de la perspectiva supongo.

Alice me lanzó una mirada de tedio que ignoré con facilidad.

—Nessie dijo que era el humano más hermoso que había visto—comenta Kate.

—No es como si Nessie haya visto a muchos hombres humanos. —señalé, queriendo evitar el tema.

—Pero tú sí. —insistió mi hermana. — ¿Es atractivo en tu opinión?

— ¿No podría ser sólo su personalidad?—indaga Garrett, forzando a mi hermana a volver a la razón de esta incómoda llamada—. Benjamín es atrayente pero no tiene nada que ver con su apariencia o su don.

Ese es un buen punto. El talentoso vampiro egipcio proyectaba su espíritu descuidado y confianzudo. Su personalidad era agradable y uno gravitaba a su alrededor antes de ser consciente de ello pero Jack… Jack tiene algo diferente. Es obvio que el oficial es diferente a cualquier otro humano, vampiro o licántropo que he conocido pero había algo más. No sabía que era pero lo había.

—Sólo podría estar segura de la naturaleza de su don si Eleazar lo conoce o él mismo da detalles al respecto.

—Entonces, adelantaremos nuestra visita a Forks. —sentenció Katrina de la nada.

Me senté de golpe en la cama, tan rápidamente que todo a mí alrededor se distorsionó.

—No es necesario que vengan todos. —la alarma en mi voz fue imposible de ocultar.

—Casi suena como si no quisieras que vayamos, hermanita. ¿Acaso hay algo que no estás diciéndonos?

—No se trata de eso. —negué de inmediato.

—Entonces, ¿de qué se trata? —presiona Kate, casi podía imaginarla levantando una ceja y lanzándome una mirada divertida. — ¿Temes que arruinemos tu arreglo con él?

"¿Qué?"

Miro inmediatamente a la vidente, dividida entre la sorpresa y la traición. Alice levanta las manos inmediatamente.

—De haber sido yo, no estaría aquí.

Fruncí el ceño.

"¿Entonces, quién?"

—Eso quiere decir que Emmett no estaba bromeando. —susurra Carmen al otro lado de la línea.

De repente comprendí porque el grandulón había salido en una excursión sorpresa con Edward antes de que yo regresara de cazar. Emmett Cullen estaba haciendo méritos para ser desmembrado. Puse en pausa mis sanguinarios planes cuando escuché a Carmen afirmar: —. Este hombre te gusta.

—No es eso.

— ¿Ah, no? —murmura Alice distraídamente. Le advertí que se callara con la mirada pero ella no lo notó, estaba muy ocupada husmeando entre mis pertenencias.

—Entonces, ¿no lo sedujiste?—indaga Garrett, intentado en ocultar el prejuicio en su tono.

Me pasé la mano por la cara. Mi corazón dio un tirón hacia atrás. Hablar de mi rara fijación por Jack con Kate y el resto de mis familiares me llenaba de nerviosismo. Para mis familiares en Denali esta situación es tan nueva como para mí.

—Es más complicado de lo que parece.

— ¿Complicado? —repite Kate con voz sorna—.Hermana, tu dinámica con los hombres es bastante simple.

Usualmente lo era. Seduzco, corono y me voy, y luego repito el ciclo. No soy una mujer apegada a las tradiciones pero aquel ciclo siempre lo había respetado.

"—Влюбленные - это временное отвлечение, наслаждайся ими, но никогда не забывай, что семья навсегда."

[Los amantes son distracciones temporales, disfruta de ellos, pero nunca olvides que la familia es para siempre.]

Incluso después de tantos años de ausencia, aquellas palabras de Sasha seguían conmigo. A pesar de mi absurdo deseo por ser seducida, una gran parte de mí sigue creyendo aquello.

— ¿Qué está complicando la situación, Tanya? —pregunta Carmen, sonando más curiosa que otra cosa.

Podría hacer una lista para responder aquello. Empezaba con mi sed, atravesaba mi deseo por tocarlo y ser tocada, y concluía con que debía "normalizar" el juego. Debía meter a Jack Lancaster en el mismo saco en que están mis otros amantes. No podía permitirle diferenciarse de los otros más de lo que ya lo había hecho. Necesitaba arrastrarlo a terreno conocido. Mi terreno.

—No importa. Ya me encargaré de ello—prometo, al mismo tiempo que Alice deja sobre la cama un vestido dorado de pequeñas dimensiones que compré un par de semanas antes de salir de Alaska—. No hay nada de qué preocuparse.

Mi adorada hermana no me escuchó y mi prima salió corriendo de la habitación.

—Oh, ¿en serio?

—Kate… — Eleazar intentó conciliar, por lo que supuse que mi hermana se veía tan irritada como sonaba.

—No tenías intensión de si quiera compartir un mismo espacio con él la última vez que te vi—Katrina menciona sin misericordia. —.Y ahora, de repente se involucraron y nos dices que tiene un don. ¿No te parece sospechoso?

Garrett secunda a su compañera.

—Tanya, es una posibilidad que esté manipulándote.

—No me está influenciando más de lo que lo hace con los demás. —la ferocidad en mi voz me sorprendió ya que no estaba 100% segura de mis palabras. —.Edward dijo que lo que hace es innato y que está acostumbrado a ser el foco de la atención. No mencionó que pudiera controlarlo o dirigirlo a alguien en específico.

— ¡Intrigante!—exclama Eleazar, entusiasmado—. Parece ser un natural. Justo como Edward describió a Bella antes de su transformación. Es distinto en la forma en que opera por supuesto, pero…

— ¡Es peligroso! Tanya no debería ni si quiera estar a su alrededor—siseó Kate, cortando el entusiasmo de Eleazar—. Hermana, tienes que volver a casa. Lo mejor para todos nosotros es que cortes por lo sano con todo esto. Vuelve aquí y que él continúe su vida. No tienes por qué exponerte de ninguna forma.

La propuesta de Kate es sensata pero eleva mi ansiedad a otro nivel. Si me voy, Jack podía continuar con su vida. No tenía dudas de ello. Mis amantes siguieron con sus vidas después de involucrarse conmigo. Un corazón roto no dura para siempre. Era la belleza de la mortalidad; el olvidar... No obstante, yo nunca lo olvidaría. No olvidaría su olor o su rostro. No olvidaría lo apasionado que es o lo irritante que puede llegar a ser.

—Me iré cuando sepa lo que él es y lo que sabe de nosotros. —dije, combatiendo la repentina constricción en mi pecho.

— ¿Por qué insistes en quedarte tan cerca de la tentación? —.pregunta mi hermana, irritada con mi negativa—. Estaremos bien sin importar lo que sepa o lo sea. La única amenaza aquí ahora mismo eres tú. Estás siendo descuidada y… masoquista. Extremadamente masoquista.

A pesar de la insultante y acertada acusación, me aferré a la lógica.

—No puedo poner distancia entre nosotros ahora y pretender que responda mis preguntas de buenas a primeras, Kate.

—Si es eso lo que te preocupa, me puedo encargar de conseguir la información cuando vaya a Forks. Te aseguro que…

Me puse en pie de inmediato.

— ¡Esa no es una opción, Katrina!—gruñí, sintiendo el móvil ceder un poco con la presión de mis dedos—.Nunca lo ha sido.

—Pero podría llegar a serlo, Tanya—.dice Carmen de modo conciliador—.Por supuesto que no hay razones para dañarlo ahora mismo pero eso podría cambiar en cualquier momento.

Sé que tienen razón pero no deseaba llegar a eso. No quería dañarlo. No quería que nadie lo dañara. Tampoco quería pelear con mi familia por su causa pero tengo el presentimiento de que eso es exactamente lo que pasará de continuar con esta conversación.

—Los mantendré al tanto de los avances relevantes.

—Tanya, no te atrevas a…— la voz de Katrina se eleva pero la corté concluyendo la llamada.

Estrujé el móvil en mi mano hasta que la pantalla se apagó, segura de que de otra forma las llamadas continuarían. Tendría que conseguir un nuevo de todas formas.

—Bueno, pudo ser peor. —confiesa una voz soprano en las cercanías.

Rodeé los ojos hacia la puerta, justo cuando Alice hace su entrada con sus manos llenas. Una con un par de tacones dorados y una caja de móvil en la otra. Fruncí el ceño. Podía entender porque trajo un teléfono nuevo pero ¿para qué los zapatos? Bueno, la verdad es que tengo asuntos más urgentes que tratar.

— ¿Adelantarán su visita?

—Sí, pero no han decidido la fecha—.anuncia con una suave sonrisa mientras extiende la caja hacia mí. Acepto los obsequios sin dudar—.Deberías salir a liberar un poco de tensión. Los chicos aún están en Cherry Bomb por si te interesa.

De repente, los zapatos y el vestido tienen una explicación. Suspiré.

—Al menos podrías disimular tu favoritismo hacia él, Alice

Sus ojos brillan.

—Podría, pero ¿cuál sería la diversión en ello?

Negué con la cabeza por su familar elección de palabras pero no puedo luchar contra la sonrisa en mi rostro.


Tras guardar la llave de mi auto en el bolsillo secreto de mi vestido y pasar a los porteros, entré fácilmente en el club. Me encontré con un ambiente nuevo y renovado. Había algunos sofás y mesas en los rincones del lugar, en un ambiente más íntimo. La decoración del lugar era toda negra y dorada y olía a perfumes, alcohol y sudor. El dulce olor a sangre también se destacó en mis fosas nasales y me hizo salivar un poco. Nada que se comparara al efecto que Jack Lancaster provocaba. Tragué el veneno extra y empujé la sed profundamente en mi mente mientras me movía entre los humanos.

El sitio estaba repleto. La pista de baile era lo más destacado, con esa multitud de cuerpos calientes y en su mayoría alcoholizados retorciéndose unos con otros al ritmo de música electrónica. A pesar de mis esfuerzos por no atraer demasiado la atención, obtuve más de una mirada sugestiva, más de un intento por hacerme conversación y por supuesto, una que otra invitación a un amargo trago. Nada que no haya sucedido antes. Sin embargo, me sorprendió mi indiferencia al rechazarlos.

Con más de 1000 años estancada en mis veintes, he vivido lo suficiente para no conformarme con menos que atractivo pero ni si quiera me molesté en ablandar el golpe con un "gracias" esta noche. A decir verdad, ninguno me interesó lo suficiente como para mirarlo dos veces.

Mis sentidos estaban concentrados en encontrar al grupo de mi sobrina, en encontrarlo a él. Pronto encontré a mi sobrina y su perro. La distancia que los humanos mantenían de ellos lo facilitó. Me daba la impresión de que había una burbuja a su alrededor que ningún mortal se atrevía a penetrar. Mi sobrina estaba tan absorta en su baile con Jacob que no notó mi presencia hasta que la hice girar lejos del licántropo. Ignorando la mirada fastidiada del perro, me fijé en la sonrisa exultante de Renessmee y se la devolví.

— ¡Me alegra que vinieras! —gritó a todo pulmón para hacerse oír por encima de la música, tan alto que hice una mueca y me aparté un poco.

Estaba por recordarle que no era necesario gritar, cuando justo detrás de Nessie, oculto en las sombras, estaba el oficial. Se encontraba recostado contra la barra con un vaso de whiskey en las rocas y sus ojos grandes y sorprendidos fijos en mí. Estaba en compañía de la chica Kayla, cuyos ojos también estaban en mí, con evidente desprecio. La dulce satisfacción me golpea mientras desplazo mis ojos devuelta hacia el hombre más hermoso en este lugar. Nuestras miradas se encontraron, pero ninguno de nosotros apartó la vista.

Su mirada fascinada se torna hambrienta y ardiente conforme baja por mi cuerpo. Esa mirada calentó mi piel y abrió un agujero ardiente en mi pecho que no tardó en descender hasta mis costillas y, al final, hasta mi vientre. Ya veo por qué Alice eligió este vestido para mí esta noche; sabía que a él le gustaría. Aquella mirada era la misma que tuvo en su cara cuando solicitó saborearme.

"— ¿Me dejarás saborearte?"

Compartí una breve mirada de soslayo con mi sobrina y le guiñé un ojo. Le enseñaría un pequeño e inofensivo truco. Ella me mira con atención.

Cerré los ojos, permitiéndome evocar el recuerdo de Jack entre mis muslos con absoluta libertad. Una sonrisa se extendió por mi cara y alcé los brazos hacia el techo. Vino a mí cada toque de sus manos sobre mi piel, cada succión de sus labios, cada movimiento de su lengua… Oh, quería que se acercara. Quería bailar con él, para él. Noté que el dobladillo del vestido ascendía por mis muslos, pero me dio igual. Me pregunté si él lo había notado. Sonreí para mí misma, segura de que lo había notado.

Él siempre nota demasiado.

Mientras bailaba bajo las luces estroboscópicas de la pista, quería que sus ojos me abrasaran la piel. Me perdí en la música y en el recuerdo de su boca, de sus ojos hambrientos y de la palabra "saborear".

"Saborear. Saborear. Saborear"

Una canción se mezcló con otra, y luego con otra más. Así unas cuantas canciones más le siguieron hasta Nessie se colgó de mis hombros y empezó a reírse junto a mi oreja. Su cuerpo excesivamente caliente me sacó de mi ensueño.

— ¡Has conseguido un montón de público, Tía Tanya! —gritó de nuevo.

Señaló con la cabeza hacia un lado, y solo entonces noté que estábamos rodeadas por un grupo de hombres jóvenes e se acercaban peligrosamente interesados. Miré de nuevo a Nessie y reconocí su típica mirada brillante, la de una niña que no tiene ni idea del tren que acabo de poner en movimiento. De repente, me llegó una ráfaga de aire fresco procedente de los ventiladores del techo y me despejó un poco la cabeza. Sin embargo, detrás de Renessmee las sombras estaban oscuras y vacías; la chica estaba con los brazos cruzados y una expresión de fastidio pero Jack no estaba.

Eso me desconcertó un poco.

"¿A dónde fue?"

Noté que Jacob Black se aproximaba a nosotras ahora –con sus dos metros de alto y los humanos quitándose de su camino con premura era imposible no verlo. Bueno, él se encargará de mantener a Nessie lejos de manos inquietas.

—Vuelvo en un momento—le dije a mi sobrina.

Serpenteé entre el círculo de cuerpos para alejarme de la pista de baile y seguí el delicado rastro de su esencia hasta la segunda planta, que era en esencia un balcón desde el que se veía todo el local. Avancé por un pasillo estrecho en el cual se encontraba el tocador de damas, y al otro lado el baño de caballeros. Con el temor de parecer una acosadora, entre al baño respectivo. La sala estaba escalofriantemente vacía, y daba la impresión de que el sonido de la música de abajo llegara a través de una masa de agua.

Antes de salir de nuevo me arreglé un poco el pelo, me felicité mentalmente por haber comprado un vestido de los que no se arrugan. En cuanto salí por la puerta, choqué con un hombre.

Habíamos estado bastante cerca durante mi espectáculo, pero no tanto. En estos momentos tenía su garganta frente a mi cara y su olor me rodeaba. Haciendo quemar mi garganta como sólo él podía hacerlo. Olía a canela, manzanas, sol y a una pizca de whisky. Me alegra que no estuviera ebrio. Estaba segura de que podría hacer la experiencia memorable para él de cualquier forma pero si quería quedar satisfecha, lo necesitaba en sus cinco sentidos.

—Justo estaba pensando en tí, Pastelito.

Rodeé los ojos.

— ¿Tan pronto caerás en lo cliché? —contraataqué.

Una sonrisa se extendió por su cara. Se me doblaron las rodillas, como si no tuviesen claro si debían venirse abajo o empezar a botar rítmicamente sobre el suelo.

—Me disculpo por mi falta de creatividad. Estoy seguro que perdí una que otra neurona después de verte bailar.

—Y aun así te quedaste en la barra…—apenas tenía aire disponible, debí haber tomado un respiro cuando tuve la oportunidad. Mis vías respiratorias explotaron en llamas con una breve inhalación. Me tensé un poco pero no estaba segura de que se debiera únicamente a mi garganta adolorida—. ¿Estabas demasiado ocupado como para bailar conmigo?

Inclina la cabeza a un costado.

—En realidad, me pareció que preferías que te viera.

Tragué ponzoña y lo miré con la boca abierta, incapaz de apartar la vista. Era casi como si supiera que había bailado mientras lo imaginaba saboreándome. No logré averiguar que predominaba en sus ojos. La fascinación o el deseo… Quizá una mezcla de ambos. Verdosos, intensos, hechizantes. Quería verlos quemarse, arder en impaciencia.

—Podríamos bailar ahora—sugiere con voz ronca y tengo que admitir que la idea de restregarme un poco contra su cuerpo es tentadora.

—No es lo que tengo en mente.

Me estudió con detenimiento. La sonrisa aún bailaba en sus ojos, pero sus labios tenían una expresión más pensativa.

—Bien. Salgamos de aquí.

"Eso fue rápido."

Me eché a reír.

—No.

—Vamos a la camioneta de Jake.

—No lo creo.

—Entonces, vamos a tu auto—propone, empezando a sonar impaciente. Pocas cosas pueden bloquear las preguntas incómodas y los instintos de autopreservación tan bien como la impaciencia, la urgencia de satisfacer el hambre sexual.

—No—me mordí el labio inferior para contener mi sonrisa—. No pienso salir de esta discoteca contigo.

Jack se agachó y me dio un cuidadoso beso en el hombro antes de confesar:

—Pero quiero tocarte…

No podía fingir que yo no quería que lo hiciera. Estábamos en una zona oscura, llena de luces intermitentes, y la música estaba tan alta que le alteraba el pulso. ¿Qué daño podía hacer un poco de sexo en público? Lo deseaba y él a mí. El escenario y los testigos eran detalles que ambos podemos ignorar.

Tomé su mano y lo conduje más allá de los aseos, más allá del pasillo estrecho, hasta un hueco diminuto y desierto desde el que se veía la cabina de la DJ. Estábamos en una zona sin salida, aislados por una esquina, pero de ningún modo escondidos. Aparte de la pared trasera del club, el resto del espacio que nos rodeaba era abierto, y solo un panel de cristal que me llegaba hasta la cintura impedía que cayéramos a la pista de baile.

—Puedes tocarme aquí.

Él enarcó una ceja y deslizó un dedo por mi clavícula, de un hombro al otro. Chispazos de electricidad acompañaron su recorrido.

— ¿Qué es exactamente lo que estás proponiendo?

—Sabes exactamente lo que estoy ofreciendo, Jack.

El oficial soltó una carcajada y se inclinó poco a poco para besarme en la mejilla. Mi piel ardía justo donde sus labios descansaron.

— ¿Quieres empatar el marcador? ¿Aquí?

No parecía escandalizado con la idea, sino sorprendido. Ciertamente, no sería mi primer encuentro sexual en una discoteca pero la idea de que fuera su primera vez me gustaba. Quizá me gustaba más de lo que debería. Apoyé la palma de la mano en su pecho. Podía sentir su corazón palpitando bajo mi mano, su calor transfiriéndose a mi palma y la suave cachemira de su suéter azul acariciando mi piel.

—Reciprocidad, Jack—.le recordé, haciendo un pequeño puchero— ¿No era esa tu condición?

Un segundo después tiró de mí hacia sus labios. Voy hacia él de buena gana y esbocé una sonrisa victoriosa justo antes de que nuestros labios se tocaran. El beso tuvo una suavidad y una dureza perfectas, y el toque de whisky le dio un matiz distinto al champán pero no era desagradable. Aun así, tengo una inclinación por su sabor natural.

El oficial gruñó un poco cuando abrí la boca para darle acceso, y la vibración de ese pequeño ruido me hizo estallar en llamas. Quería sentir todos y cada uno de sus gemidos. Le cogí la mano y se la coloqué en mi cadera.

—Muéstreme que tan bueno eres con tus manos, Capitán—moví sus dedos hasta el dobladillo del vestido.

Sentí su sonrisa contra mi boca cuando se agachó para besarme de nuevo.

— ¿Estás segura de esto?

La idea de entregarme a este hombre en aquel rincón oscuro era lo que menos me asusta ahora mismo. Me asusta perder el control, me asusta dañarlo, ser demasiado brusca o engancharme emocionalmente a él… pero no lo suficiente para cambiar de opinión. Tengo siglos de experiencia.

"Puedo manejarlo."

—Lo estoy.

—Tendremos problemas si nos atrapan.

Sonreí de forma desinhibida.

—Sólo si nos atrapan.

"Hazlo como siempre", me repetí a mí misma, enfatizando en la necesidad de meter a Jack en el mismo saco que al resto de mis conquistas. "Sin ataduras. Sin arrepentimientos."

Se apartó lo necesario para estudiar mi expresión. Sus ojos se movieron de un lado a otro hasta que sus labios esbozaron de nuevo esa sonrisa divertida.

Me dio la vuelta y me apretó contra el borde del panel de cristal para que pudiera ver a la masa de cuerpos que se retorcían más abajo. Justo delante de mí, las luces giraban desde las vigas metálicas que atravesaban el local, iluminando la pista y dejando nuestro rincón prácticamente a oscuras de ojos mortales. Empezó a salir vapor de las rejillas de ventilación de la pista y formó una nube que cubrió a la gente hasta los hombros. Una nube que se llenaba de ondas cuando alguien la atravesaba.

Las yemas de sus dedos se introdujeron por debajo del dobladillo de mi vestido y lo levantaron. Introdujo una mano en la parte posterior de mi ropa interior y la deslizó por mi costado antes de meterla entre mis piernas, la zona que anhelaba su contacto. No me sentí avergonzada cuando me arqueé contra su mano, absolutamente perdida.

—Estás empapada, Pastelito—. Se apretó contra mí, permitiéndome sentir su erección contra mi espalda baja—. ¿Qué es lo que te gusta? ¿La idea de estar haciendo esto aquí? ¿O el hecho de que te observara mientras bailabas?

Mi respuesta quedo ahogada en una exclamación cuando deslizó uno de sus largos dedos dentro de mí.

— ¿Qué tanto deseas esto?—gruñe mientras me besaba la nuca y me acariciaba el clítoris con la amplia yema del dedo, de una forma lenta y provocadora. Me estremezco por su toque gentil pero cargado de intensión—Quiero saber que tanto me deseas.

Mis paredes se contraen con las mil imágenes que han inundado mi mente. Las experiencias con miles de cuerpos cálidos me aturden pero son rápidamente sustituidas por la imaginación. Sólo puedo verlo a él, sólo puedo pensar en Jack Lancaster tomándome de todas las formas en las que un hombre podía tomar a una mujer. Casi podía saborearlo dentro de mí. Me retuerzo con repentina impaciencia.

—Más de lo que debería. —acepté, impulsada por la necesidad.—Te deseo más de lo que debo.

No tenía ni idea de si me había oído. Tenía la cara en mi cabello, y notaba su protuberancia contra mi cadera, pero aparte de eso, no era consciente de nada que no fuera el largo dedo que se deslizaba dentro de mí.

—Tienes una piel increíble. Sobre todo aquí —me dio un beso en el hombro—. ¿Sabías que tu nuca es perfecta?

Giré un poco la cabeza para mirarlo. Tenía los ojos entrecerrados y oscuros cuando se encontraron con los míos. Mis amantes solían alabar ciertas áreas de mi cuerpo más que otras, pero mi nuca rara vez había recibido esa clase de atención verbal.

—No tengo muchas oportunidades de verme la nuca.

—Es una lástima—.apartó la mano, y sentí una leve sensación de frío allí donde habían estado sus dedos cálidos—.Es una vista muy buena.

Rebuscó en su bolsillo y sacó un diminuto paquete. Un condón. Llevaba un condón en el bolsillo. Trajo un condón para venir a una discoteca cualquiera. Mi cuerpo se tensa, resistiendo por muy poco la urgencia de abofetearlo. No entiendo porque pero la expresión de mi rostro lo hace sonreír.

—Estaban distribuyéndolos en la entrada cuando llegamos—dice, sacando otros dos paquetes de su bolsillo—.Nessie y Jacob me dieron el suyo. Supongo que Edward está perdiendo horas de sueño en vano, ¿eh?

Parpadeé.

"¿Siempre han existido hombres como este? ¿Hombres capaces de hacerme sentir estúpida con un par de oraciones?"

No tuve tiempo de pensar al respecto.

Me dio la vuelta para situarme de cara a él, giró conmigo y me aplastó la espalda contra la pared antes de agacharse para besarme, primero con suavidad y luego con más fuerza, con más pasión. Mis manos se cerraron sobre su suéter, apenas conteniendo mi impaciencia. Su sabor me hacía sentir querer tragármelo entero y por la forma en que succiona mis labios, me da la impresión que tengo el mismo efecto visceral en él. Cuando creí que se quedaría sin respiración, Jack se apartó y me chupó la barbilla, la oreja y el cuello. Percibí entonces que sus dedos subían el vestido poco a poco por mis muslos.

—Podría venir alguien—me recuerda, dándome una última oportunidad para detenerlo mientras me bajaba las bragas lo suficiente para que pudiera quitármelas.

No me importaba. Ni siquiera un poco. Puede que incluso una pequeña parte de mí deseara que alguien se acercara y lo viera tocándome así. Sería glorioso que ese alguien fuera alguna de las niñas que se lanzan a sus pies. Apenas podía pensar en otra cosa que no fuera en las caricias de sus manos, en el vestido subido por encima de mis caderas o en la presión dura e insistente que notaba contra el abdomen.

—No me importa.

Eso fue todo lo que necesitó.

Levantó una de mis piernas para abrirme, exponiendo mi piel desnuda al calor que él proyectaba, y me enganchó la rodilla a su cadera, momento en el que agradecí haberme puesto unos tacones de diez centímetros. Bajé la mano, le desabroché los vaqueros y le bajé los calzoncillos lo justo para liberarlo, antes de rodear su erección con los dedos y frotarla contra la humedad que me envolvía. El calor se sentía demasiado bien; él siseó con el contacto.

Tenía los pantalones desabrochados, pero se mantenían a la altura de las caderas. Desde atrás, podría parecer que estábamos bailando, quizá solo besándonos. Pero notaba el calor y el latido de su erección en la palma de la mano, y la situación me volvió loca. Iba a hacérmelo allí mismo porque yo se lo había pedido. Lo notaba grande y caliente en la mano. Lo deseaba, aunque la posibilidad de que pudiera lastimarlo seguía estando presente, ahora estaba enterrada por la necesidad de tocarlo y ser tocada.

Jack sonrió como un depredador a punto de devorar a su presa y rasgó a toda prisa el envoltorio del condón con los dientes. Deslicé la punta alrededor de la entrada de mi cuerpo y me estremecí. Era pura calidez, piel suave sobre dura carne.

—No tienes que usarlo.

Era la verdad. Inclusive aunque tuviera algún tipo de enfermedad de transmisión sexual, que lo dudaba enormemente dado su perfecto olor, no podría transferírmela.

—Joder, no…—le temblaban un poco las manos por las prisas cuando me apartó los dedos para ponerse el condón. —Eso lo discutiremos la próxima vez.

— ¿Crees que habrá una próxima vez?

"Cuanta arrogancia."

—Oh, la habrá—. Estaba a punto, apretado contra mí, y me miró con una sonrisa arrogante—. Me encargaré de que una vez no sea suficiente.

Empezó a apretar muy, muy despacio. Sus ojos ardían y…, por Dios, el sexo en un lugar público nunca se sintió tan íntimo. No se perdió ni una de las reacciones que mostraba mi cara mientras forzaba a mis entrañas a abrirse para recibirlo. Me contraje involuntariamente al sentirlo completamente dentro de mi.

—Tan estrecha… —su respiración falla por un momento—Eres deliciosa, Pastelito.

Su voz sonaba tensa, y luego se apagó, se había hundido muy dentro de mí, allí, en medio de aquel club caótico lleno de luces brillantes y música palpitante, donde la gente pasaba a escasos cinco metros de distancia. La gente pasaba, mirándonos sin mirarnos realmente y, sin embargo, todo mi mundo se reducía al lugar donde me llenaba, donde acariciaba mi clítoris con cada embestida, donde la cálida piel de sus caderas se apretaba contra mis muslos.

No hubo más charla, tan solo pequeñas embestidas que se volvieron más rápidas e intensas. El espacio entre nosotros se llenó de exclamaciones apagadas de elogio y apremio. Notaba sus dientes apretados contra mi cuello. Me agarré a sus hombros por miedo a mis piernas sobrenaturalmente fuertes no pudieran sostenerme ahora mismo.

Se echó hacia atrás, bajó la mirada y aceleró un poco el ritmo. Sus embestidas eran precisas y justo donde las necesitaba.

Él podía ver bien lo que me está haciendo porque estaba de espaldas a la luz; mis ojos se cerraban involuntariamente por el placer. Empapado y duro, él dentro de mí, y luego fuera otra vez. Su ritmo era a media marcha pero sus embestidas iban ganando fuerza. Mis manos se cerraron en forma de puños sobre su suave suéter mientras yo lo apretaba en mi interior de forma intermitente. Y, como si quisiera resaltar el hecho de que en realidad no necesitaba verlo, la intensidad de la luz bajó hasta casi la oscuridad total mientras una música lenta y oscilante se apoderaba del local.

—Más… Más fuerte…

— ¿Qué tan fuerte lo quieres?—gruñó entre dientes apretados.

Tardé un momento en asimilar sus palabras mientras se movía dentro de mí. Abrí los ojos para mirarlo, y la tensión en su mandíbula y alrededor de sus ojos no era de un hombre hundido en el placer. Ese no era el rostro que esperaba ver.

—Tan fuerte como puedas darlo.

Yo me estaba conteniendo para no matarlo por accidente pero ¿por qué bizarra razón él se está conteniendo? Para mi sorpresa, encontraba aquello casi insultante. Me miró como si mi exigencia fuera descabellada, incluso aminoró el ritmo lo suficiente para permitirme pensar.

—Si lo hago, te lastimaré.

"¿Qué tan fuerte es este hombre?"

Arqueé una ceja.

—Lo dudo.

Entrecierra los ojos.

—No estoy hablando de un par de cardenales, Tanya.

Mi garganta estaba calcinada y mi cabeza se sentía pesada. Supongo que estaba intoxicada por su olor, su toque… No se había afeitado este día por lo que hubo un ligero roce de barba contra mi rostro cuando frote la mejilla contra la suya. Vislumbré un movimiento en el otro extremo del pasillo y entrecerré mis ojos al cruzar miradas con una humana de cabello castaño claro, con reflejos rubios. Estaba justo doblando el pasillo, detenida a mitad de camino, mirándonos con los ojos y la boca muy abiertos.

Jack no se dio cuenta o estaba demasiado enfocado en mí como para que le importara. De cualquier forma no me gustaba la forma en que ella lo miraba, con rabia y lascivia. Ya había tenido suficiente de aquello. Encuadré su cabeza con mis manos, arrastrando mis dedos por su cabello. Tan suave… Lamí su mejilla, sin quitarle la mirada de encima a la mujer.

—No me romperás. —jadeé contra su oído—.Puedo manejarlo. Confía en mí.

El oficial dudó un segundo. Tardó otro segundo en levantar mi otra pierna, colocándola también alrededor de su cintura. Me levantó la cadera para ponerme a la altura precisa y luego, durante unos segundos perfectos en la oscuridad, comenzó a moverse de verdad. Deprisa y con apremio, dejando escapar deliciosos gruñidos.

La mirona dejo de existir entonces. Ahora no tendría dudas sobre lo que estábamos haciendo. El hecho de pensar en eso -dónde estábamos, qué estábamos haciendo y que este hermoso hombre me penetrara con una rudeza que ninguna otra mujer había experimentado-, me catapultó hacia el orgasmo.

Empecé a mover la cabeza de un lado a otro sobre la pared, intentando retrasar desesperadamente mi liberación, y pude sentir… sentir, sentir… cómo aumentaba la presión en la parte baja de mi vientre, una especie de bola en llamas que recorrió mi columna. Y luego explotó, haciendo arder mis venas congeladas casi tanto como el veneno. La intensidad me hizo gritar sin preocuparme lo más mínimo de si alguien podía oírme. Ni siquiera tuve que mirarlo a la cara para saber que él estaba observando cómo yo me deshacía.

Mientras yo me relajo lo siento tensarse, su orgasmo se avecina. Vuelvo apretarlo contrayendo mi vagina y me embistió con más fuerza. Una, dos, tres… Justo al concluir el tercer empujón se corrió con un gemido grave mientras hundía los dedos en mis caderas. Mis ojos se abren entonces, la presión es muy intensa. No lo suficiente para dañar mi piel; sin embargo, de haber sido humana, habría sido otra historia.

Una historia muy distinta.

Se quedó inmóvil, todavía jadeante. Su coronilla descansa contra la pared, justo sobre mi hombro. Puedo sentir su mirada en mi cara.

— ¿Estás bien?—pregunta sin aire.

Una vez confirmo que nuestro único miembro del público ha desaparecido, arrastro mis ojos de vuelta hacia Jack. Mis ojos nunca llegan a su cara. Se quedan en un fijo punto en su cuello; el sector que noto palpitar ligeramente sobre su piel.

Sólo tenía que estirarme un poco y estaría hecho. Podría morderlo en la mandíbula o el cuello… No importaba en donde realmente. Quiero encajar mis dientes en él. En ese momento, aquel deseo no proviene de la sed. No enteramente.

"Quiero… yo deseo…"

Y entonces, cuando ya había avanzado la mitad del camino, Jack gira su cabeza para mirarme. La rara suavidad y la fascinación en su mirada me detienen… y ahora mismo, también me provoca un intenso rechazo hacia lo que soy, hacia quien soy.

Apretando la mandíbula con fuerza, forcé mis extremidades a desenredarse de su cálido cuerpo. Jack desliza su enorme mano desde mi tobillo hasta la cadera, y luego, con un pequeño gemido, salió de mí. Me dejó en pie y se apartó un poco para quitarse el condón. Necesitaba distancia y la necesitaba ahora antes de cometer una aberración.

Me obligué a pensar en el lugar en que nos encontrábamos. El aspecto que tendríamos para el resto de la discoteca: un hombre que aplastaba a una mujer contra la pared y las piernas de ella alrededor de su cintura, apenas visibles en la oscuridad para los frágiles ojos humanos.

"Ahora no pierdas los papeles.", me dije a mi misma aferrándome con todas las fuerzas a mi autocontrol. ".No pierdas el control."

Incapaz de mirarlo, empecé a retroceder.

—Debo irme—.dije rápidamente y mientras me despedía con un pequeño gesto de la mano. Temblaba, mi mano temblaba; todo mi cuerpo temblaba.

Noto que Jack estira una mano hacia mí, intentando alcanzarme.

—Hey, ¿estás…?

Me encogí antes de que él pudiera tocarme. Su mano se congela en el aire.

—No me toques, por favor —susurré con voz ronca, y entonces, me di la vuelta antes de que pudiera decir algo que me detuviera.

"Iba a marcarlo.", la realización me aturde y me impulsa a moverme al mismo tiempo. Lo dejé allí, con los pantalones desabrochados.

Tenía que salir de aquí. Eso era lo único que debía que hacer. Kate tenía razón. Debo volver a casa. Tengo que alejarme de aquí. Tengo que alejarme de él. No por mi seguridad, sino por la suya.

La mayor expresión de posesividad de un vampiro es un mordisco. Con él podemos hacer a nuestras presas parte de nosotros pero también podemos crear a otros como nosotros. Peor que morderlo para enfriar apagar mi garganta calcinada. El deseo que por poco logra abrumarme hace unos segundos era conducido por la fatídica combinación entre sed, lujuria y siglos de soledad. Tengo claro ahora que lo que Jack despierta en mí es la peor combinación posible entre mis instintos y mis circunstancias.

"—No puedo decir cómo te sentirás respecto a él, al menos no completamente."

Ahora conozco el por qué.

Soy lo suficientemente egoísta como para no querer compartirlo ni como presa ni como amante.

Bajé las escaleras tan lentamente como me fue posible sin atraer atención excesiva. Intentaba recobrar el control con cada paso pero rodeada de cuerpos humanos sudorosos y calientes era una locura tomar una corta inhalación. Jadeos se elevaron cuando llegué al último escalón, y miré sobre mi hombro, justo a tiempo para ver a Jack saltar de la baranda de las escaleras como un elegante gimnasta. Se apartó de la baranda por varios centímetros.

Mi mandíbula golpeó el piso cuando aterrizó en cuclillas perfectamente y se levantó fluidamente. El horror de que había venido atrás de mí pasó momentáneamente a segundo plano.

"¿Era alguna clase de súper humano?"

Ese movimiento fue bastante impresionante.

El hombre mayor de detrás de la barra, lucía dividido entre aplaudir y gritar a Jack. La tensión llenó mis músculos mientras el oficial acechaba justo a donde yo estaba parada. Envolvió su mano alrededor de mi brazo a pesar de que rehuí de nuevo al contacto. Él no me dejo escapar esta vez. Su agarre fue sorprendentemente firme sobre mis extremidades temblorosas. Se inclina sobre mí, y yo levanto la mirada hacia su cara…

Y entonces la música del local está a todo volumen, pero pasa a un segundo plano y se reduce a un zumbido; el barullo de risas y voces disminuye hasta transformarse en un murmullo a mí alrededor. De repente todo se reduce a enormes y oscuras pupilas, bordeadas por el verde más vibrante que he visto en mi longeva existencia. El recuerdo de las extensas praderas de Siberia invade mi mente. Lo miro sin parpadear, directamente a sus pupilas y una calma externa se introduce en mi cuerpo. Una tranquilidad que sólo era comparable a aquella época en que Sasha aún vivía. Entonces, una luz blanquecina estalla, cegándome por un momento. Era una luz tan intensa que me hace querer parpadear pero no puedo dejar de mirarla arder en los contornos de su bello y tenso rostro. Su mano suave se desliza hasta la mía; su calor se transfiere a mi cuerpo.

Con su mano tomando la mía, sus ojos fijos en los míos, sus latidos resonando dentro de mí y el olor a rayos de sol, canela y cosecha de manzanas envolviéndome, no siento dolor. Mi monstruosidad, la combinación entre la sed y mi egoísmo, fue silenciada. No siento nada a parte del hombre frente a mí. No siento nada salvo su abrumadora y cálida presencia.

Y es así hasta que él desvía la mirada.

El peso de su presencia sale volando. El sonido de la música penetra mis oídos como si nunca se hubiera apagado. Parpadeé pesadamente una y luego otra vez, sintiéndome físicamente entumecida.

—Lo siento. —lo escuché murmurar, tan suavemente que pensé haberlo imaginado.

Mi cabeza siente extrañamente pesada. Frunzo el ceño y miro hacia nuestras manos aún juntas. Sin embargo, más sorprendente que ese hecho, mi mano había dejado de temblar. Mi cuerpo había recuperado su temple. Mi mente estaba equilibrada. La sed estaba completamente bajo control y mi deseo de marcarlo no me angustia. La zozobra de hace unos minutos parece haber sido un recuerdo distante. Casi como si nunca hubiera sucedido. Casi.

Similar a la primera vez que toqué a Kate y recibí una dolorosa descarga de energía, no tenía idea de lo que había sucedido pero estaba segura de que lo sucedido excedía la lógica.

Levanto la mirada hacia Jack, buscando respuestas. Su rostro ha perdido algo de color y sus ojos están enrojecidos, irritados.

— ¿Qué has hecho? —estoy segura que el desconcierto predomina en mi voz.

Una sonrisa nerviosa se planta en su cara.

— ¿Podríamos hablar en otro lugar?

—No iré a ninguna parte contigo.

Hace una mueca de dolor.

—Este no es un buen lugar para conversar, Tanya.

Lancé una mirada a los alrededores, y entendí a lo que se refería. Me encontré con que la mayoría de los humanos, si no todos en un rango de un par de metros se habían detenido para mirarnos fijamente. Nosotros… De hecho, Jack, había causado una gran escena al saltar por la baranda de las escaleras pero la escena continuaba. Ojos estaban fijos en nosotros. La parte trasera de mi cuello hormigueaba con la atención. Estaba acostumbrada a ella pero de alguna forma resultaba más intensa cuando estaba con él.

"¿Habían visto lo mismo que yo?"

No podía estar segura. Aquel era un talento similar al de Heidi. Puede que inclusive sea superior. Ahora mismo no podía imaginar a alguien capaz de resistir su presencia sin el escudo de Bella.

— ¿Tengo que arrodillarme y rogar?— pregunta, esos labios gruesos curvándose en las esquinas. —Porque lo haré. Aquí mismo.

Rodee mis ojos de vuelta a él y bufé.

—No lo harías.

Sus ojos brillaron en la luz baja.

—Lo haré, Pastelito.

Podría triturar granito de cuan fuertemente estaba apretando mis dientes.

—Bien.

—De acuerdo— Jack se giró, guiándome.

—No necesitamos sostenernos las manos.

—Pero lo hacemos— Me miró sobre su hombro, sus ojos se abrieron con inocencia. Falsa inocencia—.Considerando el antecedente más reciente, podrías salir corriendo en cualquier momento.

Le disparé una mirada asesina mientras me guiaba afuera del local. Todos estaban mirando. Jack empujó una puerta, y una oleada de frío aire nocturno nos engulló de pronto. Se movió con prisa hacia el aparcamiento, sin levantar la mirada del suelo. El frio del ambiente y el de mi mano me permitió apreciar el cambio gradual en su temperatura.

Había tocado su piel antes, había sentido su calidez durante la noche, y no estaba ni remotamente tan caliente como lo está ahora. Aquel detalle me recordó a lo sucedido en el campo de futbol, cuando fue derribado y poco después, cuando me acerqué y toqué su brazo, su piel estaba tan caliente como la de un licántropo.

—Tu mano está ardiendo.

Jack libera mi mano inmediatamente pero se gira lentamente hacia mí. Hay tensión alrededor de los ojos y en sus labios. Evita mi mirada.

— ¿Por qué tienes fiebre? —.al ver que no decía nada, continué el interrogatorio—. ¿Qué fue lo que hiciste allá adentro?

Su boca se abre pero luego se cierra. Nada sale de ella.

"¿Había una conexión entre su temperatura corporal y su don?"

Independientemente de la respuesta, es evidente que me había equivocado al decir que él carece de control. Puede dirigirlo, concentrarlo en un individuo al igual que la miembro de los Volturi. Lo acaba de demostrar.

"Usó su don en ."

Esa última realización picaba más de lo que debería. Si Jack es o no un riesgo de seguridad para mi familia paso a segundo plano. La irracional traición recorre cada fibra de mi ser, bloqueando la cautela y la curiosidad. Retrocedí, antes de golpearlo como una parte de mí quería.

—Tanya…— dijo, intentando sujetar mi mano de nuevo.

—Tienes un don—reproché entre dientes—. Un talento.

Dio un paso atrás mientras sus manos caían a su cintura. Sus cejas volaron por un milisegundo. Puedo ver que lo he tomado por sorpresa.

—No. No es eso.

—Ah, ¿no lo es? — Me reí secamente, indignada con su negación—.No te aflige ser el centro de la atención a dónde vas. No te esfuerzas por agradar ni parece preocuparte mi resistencia y ahora entiendo porque.

—Crees que lo entiendes pero no es así—señala, mirándome de forma suplicante. Una parte de mi amenazó con ablandarse—.No es tan simple.

Apreté los dientes, aferrándome a mi indignación.

— ¿Cómo funciona? ¿Qué es lo que puedes hacer exactamente?—presioné, poco dispuesta a darle una oportunidad de retrasar o evitar esta conversación. — ¿Qué eres, Jack Lancaster?

—Tanya…

Levanté una mano, deteniéndolo.

—Tenemos un trato. ¿Lo cumplirás o no? —Ante su silencio y sus ojos enrojecidos brillando con ansiedad, di media vuelta—.Entonces, esta conversación termina aquí.

Incluso ungida en indignación, era consciente de que no estaba luchando únicamente contra mi fijación hacia su sangre o mi deseo egoísta por acaparar su cuerpo.

"—Parece que se hicieron para nosotros, ¿no? Como nuestro propio tipo de droga. Imposible no caer..."

Todo en él me atrae y lo único que podía hacer para resistir es marcharme. No importaba a donde. Estar cerca de Jack es un riesgo para mí, para él, para todos. No podía permitirme estar cerca del oficial bajo ninguna circunstancia.

Logro dar cuatro pasos, y lo escucho tragar una gran cantidad de saliva antes de susurrar:

—Siberia es más verde de lo que pensaba.

"Tiene que ser una broma."

Me detuve en seco y por un momento, la Tierra lo hizo también o al menos eso fue lo que sentí. Sentí como si todo se detuviera en ese instante. Jack Lancaster pudo haber sido cualquier cosa. Había tantas opciones. Pudo haber sido un inevitable rastreador o un sólido escudo. Un atacante implacable o un irritante vidente. ¿Por qué no pudo haberse quedado en una irresistible carnada? Maldita sea. Cualquier opción era mejor que un lector de mentes.

El pánico rápidamente escala pero aun así me giro a mirarlo. El nerviosismo destaca en su rostro pálido y su corazón retumba en la silenciosa noche.

"¿Qué has visto?", estaba a punto de preguntar cuando el oficial se agachó un poco sobre el canal de la acera.

Una arcada vino y luego otra. Paralizada, observo a Jack Lancaster vomitar como si las entrañas quisieran salirse de su cuerpo.

"¿Qué está sucediendo aquí?"


¡Hola, gente! Espero que les haya gustado este capítulo. Fue díficil dejar de escribirloTT_TT Quería ir revelando pequeñas cositas y darle un poco más de profundidad a Tanya y su "dinámica" con Jack XD Hagánme saber lo que piensan, por favor.