Disclaimer: la mayoría de los personajes mencionados son propiedad de Stephenie Meyer.
Latidos
Apreté mis labios.
Evitando soltar un largo quejido de molestia, realmente no podía respirar adecuadamente.
― No te quejes ―murmuró mi amiga a la vez que ajustaba con fuerza excesiva la faja a mi cuerpo―. Estoy segura que luego me lo agradecerán.
― No creo que siquiera pueda sobrevivir un día más con esta faja, así que no te agradeceré nada ―discutí.
Mi cuerpo seguía inflamado después de subir 40 Kg sabía que la recuperación sería lenta, solo que Victoria quería hacerme entrar en un talla chica cuando aún no llegaba a la mediana.
Sujetó mis hombros evaluando mi semblante; una sonrisa traviesa apareció en sus labios color cereza, rodé mis ojos sacando sus manos de mí y me encerré en el closet en busca de algo apropiado y bonito que pudiese usar, opté por un sencillo vestido de algodón a media rodilla.
― No te hagas la tonta… te estás acostando con Edward, ¿qué no?
Asomé mi cabeza por la puerta del closet Victoria se estaba retocando el lápiz labial frente al tocador.
― Tengo seis semanas de haber tenido a mis hijas. Aún es complicado ponerme bragas y, ¿crees que estoy teniendo sexo con Edward?, ¡estás demente!
Su carcajada me hizo lanzar sobre ella un zapato de Edward. Mi amiga se volvió mirando el zapato negro a unos pasos de donde estaba parada, enarcó una perfecta ceja rojiza sin quitar su vista de lo que ella consideraba evidencia.
― Edward está durmiendo aquí, sí, pero eso no quiere decir nada. Además es lógico que su ropa esté también en este lugar.
― ¡Ajá…! Entonces lo condones están de adorno.
― ¿Cuáles condones? ―salí del closet mirando el tocador que no había otra cosa que no fuera mis cremas de uso diario y una que otra colonia de Edward.
― En el buró ―señaló― en el primer cajón hay una caja de condones. Y antes de que te enojes conmigo no estaba revisando nada, sé que ahí guardas cargadores extras y buscaba uno.
Fui a mirar y sí, efectivamente. Había una caja de condones entre mis cosas, no sabía sin sentir coraje o sentirme halagada. Podía sentir coraje porque Edward y yo parecíamos evitar el tema sobre nosotros, incluso había varios temas que debíamos aclarar. Por otro lado podía sentirme halagada porque él quería protegernos y…. ¡No!
Deja de pensar tonterías Isabella.
― Mira… ―empezó Victoria sentándose en la cama― nena, no quiero meterme en tu vida. Excluyendo el hecho de que Edward siga siendo un dolor de culo. Y aunque muy a mi pesar reconozca que el tipo lo da todo por ti y por las pulgas. Yo le miré hecho mierda cuando pasó lo tuyo ―torció sus labios― estuvo muy mal, se desplomó en el piso de esa sala de espera. Charlie y James no podían controlarlo cuando el doctor salió a decirnos que ellos no podían hacer más por ti. Todos estábamos mal, lo sé, no te perdonaré nunca que me hayas hecho sufrir, estúpida ―frunció su ceño haciéndome sonreír―. Esto no te he dicho Bella, pero creo que Edward se siente culpable.
― ¿Culpable?
― Al estar emparentado con esa familia. Era muy lógico que se sintiese culpable, él lo repitió varias veces hasta que Charlie logró hacerlo entrar en razón.
― ¿Papá hizo algo así?
― Los dos estaban sufriendo terrible por ti ―encogió sus hombros― de alguna manera se apoyaban entre sí. Tu padre es un gran hombre, él abrazaba a Edward como si fuese otro hijo.
No podía dar crédito a lo que mi amiga narraba. El hecho de que Edward se sintiera culpable generaba preocupación en mí. Él no debía siquiera pensar en alguna posibilidad de ser culpable. También estaba papá, no imaginaba para nada una escena de él reconfortando a Edward. Aunque al conocerlo tan bien, sabía que era un acto normal en Charlie.
― ¿Están o no? ―indagó mi amiga con cierta impaciencia.
― Debo hablar con Edward. Dejarle claro que él no tiene porque sentirse responsable de lo que ese tipo me hizo.
― No me cambies el tema, Isabella. Esos toqueteos confianzudos que existen entre ustedes, me dice que están a casi nada o ya cruzaron la línea. Así que necesito saber si debo preparar mi estómago para seguir soportando la presencia del engreído padre de las pulgas por largo tiempo.
― ¿Están hablando de mí?
Edward entró en la habitación con toda su arrogancia personificada, se acercó a mí envolviendo sus brazos en mi cintura y besó sonoramente mi mejilla.
Victoria se bajó de la cama cerrando el cajón de un fuerte azotón.
― A ti no se te quita lo entrometida ―acusó Edward― ¿qué hacías husmeando en mis cosas?
― ¡¿Perdón?! Hablas de entrometerse, ¿tú?, el tipo que se instaló en casa de la madre de sus hijas sin ser invitado.
― Bella es mi mujer, por lo tanto, lo de ella es técnicamente mío.
― ¡Te advierto, Edward! Tú podrás ser el novio de mi amiga o lo que sea, pero eso no significa que seas agradable a mis ojos. Óyeme bien… ―lo enfrentó con sus manos en la cintura― donde se te ocurra lastimar a Bella soy capaz de darte la paliza de tu vida. ¿Entendiste?
Con su barbilla en alto Victoria caminó a la puerta para segundos después cambiar de opinión volviendo de nuevo frente a nosotros
― ¡Y no somos amigos!
― No confío en las pelirrojas, jamás tendría una amistad con una de ellas ―dijo Edward burlonamente.
― Una de tus hijas es pelirroja, idiota.
Edward me miró brevemente.
― Arienne no es pelirroja, ¿o si?
Dejé un codazo en sus costillas lo que provocó la risa escandalosa de mi amiga. Victoria besó mis mejillas y salió por la puerta muy segura de sí al haber ganado una discusión con Edward.
― ¿Cómo soportas a esa mujer? ―comentó Edward sentándose en la cama y dejándose caer de espalda, soltó un largo suspiro.
― No empieces. A ti te encanta molestarle y mi amiga solo se defiende.
Mordí mi labio y saqué del cajón la caja de condones.
― Edward… quiero hablar contigo.
― Mmh.
Sabía que se estaba durmiendo. Hoy había tenido un día largo en su oficina, inclusive seguía vestido con su traje y zapatos.
― Antes de hablar del porqué tienes una caja de preservativos en mi buró; quiero dejarte claro que tú no eres culpable de lo que hizo Brandon.
Edward se había sentado al borde de la cama desde que escuchó la palabra preservativos, se deshizo de su saco y lo dejó a los pies de la cama, también quitó sus zapatos y calcetines. Aflojó su corbata desabotonando su camisa, dejándole a medio abrir.
― Fue mi culpa. Si no me hubiera aferrado contigo…
― ¡No! No lo digas. Tú no podías adivinar la magnitud de maldad que existe en ese hombre, Edward. Fue algo ajeno a nosotros.
― ¡Sí sabía! ―gritó, empezando a caminar―. Conozco a ese imbécil y sabía perfectamente de lo que era capaz. Me confíe, lo admito, fui tan idiota al creer que Brandon lo dejaría pasar ―su voz era solo un susurro perdido, al igual que su mirada―. Te expuse y fuiste quien pagó las consecuencias, tú y mis hijas.
― No es así ―le abracé fuerte para que volviera al presente, necesitaba que saliera de ese bucle en el que estaba cayendo―. Estoy aquí, mi amor, estoy contigo. No pienses más en él.
Sus manos seguían a sus costados, no me abrazaba.
― Casi te pierdo, Bella ―murmuró― las iba a perder por mi culpa.
― Edward… ―empuje su cuerpo y lo hice sentarse en la cama, sosteniendo su cara― olvida lo que ocurrió, tienes que hacerlo.
― No puedo ―me miró―, no podré hacerlo mientras cada noche despiertes llorando y afectada por una de tus pesadillas.
Lo abracé con toda mi fuerza y esta vez me correspondió.
― Perdón..., perdóname, Bella ―susurró.
― Debemos seguir, mi amor, debemos hacerlo.
Sujetó mi rostro empezando a llenarlo de besos. Envolví de nuevo mis brazos en él
― Tuve tanto miedo a perderte.
― Hablemos, Edward. Digámoslo todo…, ¿cómo te enteraste?
Exhaló lentamente tomando mis manos entre las suyas, me invitó a sentar con él. Se mantuvo pensativo, tal vez tratando de hallar la forma de empezar a hablar.
― Alice acababa de firmar el divorcio cuando una llamada entrante interrumpió; se identificó como personal médico, era una mujer con voz presurosa, me explicó que estabas en el área de urgencias porque habías sufrido un ataque a manos de un hombre, que me necesitaban allí porque tu estado era crítico.
Comencé a hacer círculos en su dorso, tratando de calmar su furia. Podía distinguir su mandíbula tensa y su mirada se había vuelto vidriosa.
― No recuerdo cómo llegué ahí ―hizo una mueca― creo que James condujo. Cuando te vi… ―llevó sus manos a su rostro, frotando su piel con desespero hasta tirar de su pelo―. No me permitieron estar en el nacimiento de nuestras hijas debido a que fue una cesárea de emergencia, cuando volví a verte estabas conectada a un respirador artificial… tu rostro estaba inflamado y tenías el contorno de un ojo amoratado ―la punta de su dedo tocó gentilmente mis labios― tenías un labio roto. Fueron los dos días más angustiantes de mi vida.
― Lamento eso ―dije.
Inspiró ruidosamente.
― Conocí a mis hijas a través de un cristal ―susurró; ahora era él quien trazaba círculos en mi rodilla― estaban conectadas a muchos cables que no entendía del todo su función, tampoco tenían nombres solo les identificaba por letras: A, B, C, D. Me negué a darles un nombre porque tenía la esperanza de hacerlo juntos.
Su vista se perdió en algún punto de la pared beige.
― A las 24 horas de nacidas la temperatura de Grace se desplomó. El pediatra se acercó a nosotros en la sala de espera y nos explicó brevemente que el estado de Grace era reservado y había muchas probabilidades que no pasara de esa noche. Pero existía una técnica que podía funcionar en ella ―sonrió― cuando la tuve por primera vez en mis manos, no tenía una idea de cómo manipular su diminuto cuerpo, ella era realmente pequeña que cabía perfectamente en mis palmas, Bella. Recuerdo que una enfermera me ayudó a llevarla a mi pecho libre de ropa y en medio de todos esos cables del que ella dependía, la sostuve con todo mi amor, junto a mí, dándole todo el calor que necesitaba. Estuve con ella por más de tres horas envuelta en mis brazos.
― Entonces supe que ella debía ser llamada Grace ―le dije.
― Como tu abuela ―respondió, abrazando mis hombros―. De algún modo siento que ella te trajo de nuevo e hizo lo mismo con Grace.
― Ella lo hizo ―concorde.
Edward me apegó más a su cuerpo besando mis cabellos.
― No vuelvas a intentar dejarme, Bella.
Mordí mi labio inferior a la vez que miraba sus profundos ojos verdes.
― No lo haré nunca.
Estuvimos por largo tiempo abrazados mientras seguíamos trayendo memorias del nacimiento de nuestras niñas, no quería dejar culpas en él, no era justo. Intentaba llegar a un punto donde lo sucedido se quedara en solo un mal recuerdo, aunque Edward siguió insistiendo que buscar ayuda psicológica para mí, era necesario para aprender a superar. Le prometí que lo haría y su semblante se relajó al instante.
Luego de unos minutos transcurridos empecé a balancear mis pies que no alcanzaban a tocar el piso.
― Papá y tú se están llevando mejor ―no era una pregunta.
Edward sonrió de lado. De esa manera tan engreída que tenía de ser.
― Algo hay de eso, por lo menos ya no quiere patear mi trasero ―aceptó a medias―. No falta mucho para volver a ser su yerno favorito.
― ¿Qué te hace pensar tal cosa? ―reté.
Edward arrugó su frente mostrando delante de mí la caja de preservativos, la sacudió poniéndola sobre mi regazo.
― Quiero ser mucho más que el padre de tus hijas ―confesó― necesito una oportunidad; merezco, ambos merecemos, Bella.
― Edward, a veces creo que tu autoestima es demasiado alta.
Sus labios buscaron mi cuello, arrastrándose de forma perezosa por mi sensible piel y provocando en mí un escalofrío
― Mi percepción me dice que tú también quieres ―ronroneó sin dejar de besar y mordisquear mi piel―. Anda, Bella, ya dime que sí.
Apreté mis párpados a la vez que mordía mi labio.
Edward estaba provocando un incendio en mí y en estos momentos bien podría parecer una vela derretida a causa de las sensaciones que era capaz de incitar con solo morder y besar mi cuello.
Me tumbó sobre el colchón lo que me hizo sisear a causa de mi incisión abdominal.
― Lo siento, ¿estás bien? ―su rostro preocupado estaba frente a mí al abrir mis ojos, lo acune en mis manos acariciando su incipiente barba con delicadeza.
― Ahora estoy bien.
Me brindó su hermosa sonrisa torcida, era innegable lo guapo que seguía estando con los años.
― Prometeme que no me vas a lastimar, Edward, prometelo. Porque ahora no solo soy yo, también están las niñas y no quisiera que ellas sufran por culpa de nosotros.
Se posicionó en medio de mis piernas manteniendo siempre su distancia de no presionarme con su peso, deslizó sus dedos en mi rostro y jugó con algunos mechones de mi cabello.
― Te amo ―susurró, dejándome saborear su aliento mentolado― te juro que no te vas a arrepentir, Bella. Daré lo mejor de mí para hacerte muy feliz a ti y a mis chicas. Ustedes son lo único que necesito en mi vida, déjame quedarme para siempre.
― Quiero que te quedes para siempre ―acepté, abrazándome a su cuello.
Besó mi boca con desesperación, era pasión pura combinado con amor. Yo le amaba y él también, no había duda de ello. Era tiempo de volver a intentarlo..., mis pensamientos se vieron interrumpidos dejándome respirar cuando sus labios dejaron un reguero de besos desde mi mandíbula hasta mi lóbulo el que mordisqueo mientras su mano vagaba debajo de mi vestido.
― Aún no… ―detuve su mano que ascendía por mi muslo.
― ¿Por qué no? ―resopló― tenemos condones listos.
― Tenemos que ir al hospital. Las niñas nos esperan ―reí al ver su frustración y después su total comprensión en sus ojos.
― Es verdad. Pero esta noche no te vas a escapar de mí ―explicó, volviendo a besar mis labios.
¡Hola! Les dije que entrábamos a una nueva etapa y aquí está. No se preocupen si dejo algo pendiente tarde o temprano cada cabo suelto será atado y tendrá su momento. Espero que me sigan acompañando.
Les agradezco cada favorito, alerta y reviews que me dejan. No olviden que sus comentarios hacen posible las actualizaciones continuas.
A quienes comentaron todo mi agradecimiento especial: Vanesa, Veronica, Elizabeth Marie Cullen, ALBANIDIA, Iza, PaolaValencia, Dulce Carolina, Vanina Iliana, torrespera172, cavendano13, Adriu, Ana, Marxtin, Flor Mcarty, Jane Bells, mrs puff, Jade HSos, Lidia, Pameva, LittlePieceOfMyMind, Andre22-twi, Diannita Robles, Lili Cullen-Swan, debynoe12, Ximena, Lizdayanna, Antonella Masen, Nancygov, Geraldine, Rocio y comentarios Guest.
¡Gracias totales por leer!
