21.
Apoyó sus gafas para el sol en la mesa y sacudió su cabello del mismo modo nervioso que solía hacerlo yo.
Hasta que no vi su gesto, nunca había tomado conciencia de lo mucho que nos parecíamos.
Habíamos pedido té helado y finalmente me decidí a hablar primero, considerando que la ofensa había partido de mí.
-Lo siento.
Ella abrió los ojos con una leve sorpresa y juntó sus manos, entrelazando los dedos y contemplándome expectante. Proseguí.
-Lamento lo que te dije ese día. Tanto papá como mis amigos y Takeru estaban felices por mí, porque llevo mucho tiempo trabajando duro para esto. No pude entender tu negativa a apoyarme y…
-No, no – ella me interrumpió elevando uno de sus brazos y negando con la cabeza – por favor Yamato, déjame explicártelo.
La miré sin comprender.
-Tuve miedo, hijo. Hasta ese entonces no tenía muy en claro todo lo sucedido con tu ex banda. Tuve miedo de que te volviera a ocurrir, que confiaras en las personas incorrectas y te dejaran destrozado como hicieron los Fuji.
Nos trajeron el pedido y ella le dio un sorbo a su té antes de continuar hablándome.
-Como madre quise protegerte, pasando por alto tu capacidad de aprender de lo que te sucedió antes. Recordaba haber visto tu debut con Knife Of Day pero no sabía cómo avanzaban las cosas. Porque aquella tarde en la que hablamos de tu primer banda te vi verdaderamente vulnerable, y sentí mucha culpa por no haberme acercado adecuadamente a ti luego de la separación con tu padre.-
¿Qué era aquello? Natsuko prosiguió.
-Durante todos esos años mi cariñoso niño mayor se volvió apagado y frío en mi presencia, no así con Takeru. Me torturé demasiado estos años pero no supe como reparar mi error. No sé donde se perdió ese niñito tan parecido a mí que era dulce y me acompañaba en todo momento. Nunca me perdonaré el haberte hecho sufrir así. Y aquel día me lo pudiste decir a la cara. Yo arruiné la familia, y esas palabras me hicieron ver lo que te estaba haciendo. Te estaba volviendo a apagar. Una vez que sentía que volvías a confiar y sonreír a la vida, a mí. Era lo que había deseado durante años y lo estaba echando a perder por miedo. Igual que el matrimonio, igual que nuestro vínculo.
Noté que yo temblaba para contener el nudo que se atascó en lo profundo de mi estómago.
-Durante años creí que no me querías. Y tuve rabia hacia ti, por habernos dejado solos.
-Hiroaki se negó a que ambos vinieran conmigo, me lo rogó. Y dijo que sin sus hijos ya nada tendría sentido. Takeru era muy apegado a mí y más pequeño, no significba que no te amara. Fue la decisión más difícil de mi vida. Sentí que me rompería en mil pedazos, pero no tenía opción. Y sé que de haber logrado llevármelos a ambos conmigo, Hiroaki habría terminado muy mal. A su vez me maravillé de los cambios que se sucedieron en ambos. Él se ocupó mucho de tu bienestar e hizo a un lado su obsesión por las horas extras durante algunos años, y tu creciste y maduraste de golpe. Pero esa culpa sigue en mí. Y esa mañana en la que me dijiste tu verdad, que mi decisión te destrozó la infancia, supe que tenías razón. Hasta hablé con tu padre para disculparme, pero no me atrevía a enfrentarme contigo. Hiroaki y Takeru se rieron de la situación, pero todo este tiempo no he logrado estar en paz. Lamento todo el daño que te hice. Actué como pude.
Y la entendí. Porque de pronto todas las piezas de mi rompecabezas afectivo comenzaban a encajar y a mostrarme un panorama diferente, otra perspectiva.
-Lamento haberte herido con esas palabras crueles.
-Fue tu verdad. La acepto y me disculpo por eso. Takeru y tú son lo más importante para mí, mi mayor orgullo. Y me siento muy feliz de que estés viviendo tu sueño.
-Gracias mamá. Yo… tengo que hablarte de Knife Of Day. Es un grupo diferente.
-Takeru me lo dijo, y estaba tan enojado conmigo por lo que te dije que se encargó de mostrarme cada vídeo, entrevista o canción disponible en internet. Sin duda que estoy encantada con todo lo que has logrado.
-Tienes que venir a nuestro show de despedida. Puedes conocerlos personalmente y verás que son diferentes…
-Y tengo que conocer a tu novia, Takeru siempre habla de ella, creí que a él también le gustaba.
-Siempre decía que era su hermana mayor, ahora es peor.
De pronto hablábamos de otra manera, como si algo comenzara a restaurarse dentro de ambos.
-Tienes que hablarme del primer tour por Asia, tengo contactos interesantes en algunas ciudades de China.
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Más tarde fui a ensayar con una calma que parecía totalmente ajena a mi personalidad. Akira me preguntó un par de veces si me sentía bien, y la respuesta era extraña. Claro que me sentía bien, pero había muchos recuerdos y sentimientos buscando un nuevo lugar, ordenándose lentamente para poder procesar mi vida entera desde una nueva perspectiva.
-Hablé con mi madre.
-¿Pudiste solucionar tus diferencias?
-Si. Más que eso. Me siento muy raro.
Y se notó en el ensayo, me encontraba disperso y me costaba concentrarme. Solo volví a la realidad cuando Kazehaya me alcanzó el móvil, que estaba sonando por la llamada entrante de Sora. Mi mente se despejó en un segundo y salí de la sala para contestar y centrarme en ella.
-¿Cómo te fue?
-No lo sé, eran preguntas demasiado creativas, pero me las ingenié para contestarlas de manera original -se la escuchaba relajada y eso me alivió.
-¿Entonces ya pasó lo peor?
-Por supuesto. Ahora esperaré a que tengas otro día libre para poder disfrutarte a mis anchas – capté el tono burlón en su voz.
-Haré lo posible, en especial porque ahora será tu turno de cumplir mis caprichos con mi histeria antes del show de despedida.
Ella se rió ante mis palabras. Estaba totalmente tranquila y eso era un excelente indicio.
-¿Qué tal tu ensayo?
-Mediocre.
-¿Mediocre?
-Es que estoy en las nubes. Falta de sueño, una novia esclavista y un inesperado encuentro con mi madre.
-¿Tu madre? ¿Pudiste disculparte? ¿Se le pasó el enojo?
-En realidad tú tenías razón y fue una charla muy positiva. Pero ya te lo contaré luego. ¿Qué harás ahora?
-Ir a casa y dormir.
-Procura que Taichi no te vea entrar a tu departamento porque no podrás echarte esa buena siesta.
-Tienes razón – la escuché algo desalentada.
-Sora.
-¿Qué?
-Yo también te quiero.
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Ella lo consiguió. Entró en la prestigiosa escuela de diseño de Tokio. Y con muy altas calificaciones por cierto.
De pronto el tiempo había volado y faltaban dos días para partir hacia Taiwan, nuestro primer destino de la gira.
Las cosas habían cambiado ahora, habíamos finalizado nuestro cronograma de ensayos y estábamos organizando las últimas tareas pendientes y preparando las maletas para el viaje. Solo faltaba nuestro show en Tokio para presentar el disco y dar inicio a la gira.
Casi no había visto a mis amigos porque todos habían comenzado sus clases y estaban lidiando con tareas, estudio y algunos tenían empleos de medio tiempo, y a eso se le había sumado nuestras horas contrarreloj para terminar de grabar y editar el disco, sumados a unas sesiones de escucha como adelanto para la prensa especializada y las sesiones de fotos y entrevistas.
Por supuesto quienes solían hacerse más tiempo para mí eran Sora y Taichi.
Faltaba un día para nuestra gran presentación final con Knife Of Day y estaba algo desanimado porque ni siquiera Sora había podido encontrarse conmigo para cenar aquella noche. No habíamos tenido mucho tiempo para nosotros y eso me preocupaba, especialmente al pensar en la perspectiva de una gira por varias ciudades durante meses como estaba pautado.
Había salido a correr esa tarde y no lograba animarme. Llegué al departamento apesadumbrado y me eché desganadamente en el sofá, mirando el vacío.
-Hola Yamato.
Me sobresalté al oír la voz de mi padre.
-¿Qué haces aquí tan temprano?
-¡Ja! ¿Una vez que logro estar temprano en casa ya quieres echarme para la oficina?
-No deja de ser raro.
-Estuve pensando que en un par de días te irás y no he podido dedicarte mucho tiempo, creo que nunca estuve tanto tiempo separado de ti. Pero estoy muy feliz de que la causa sea tan buena.
-¿Qué estás tramando?
-¿Yo? Nada. Le dije a Takeru que podríamos cenar los cuatro esta noche. Y él y tu madre accedieron de buena gana.
-Ya veo.
Algo tramaba y no sabía qué, la única certeza allí era que mi padre no había nacido con el talento de la actuación.
Así que me duché y me vestí de modo decente para ir a cenar fuera.
Tomé la chaqueta que Sora me había hecho y guardé el celular en el bolsillo.
Salimos en el auto de mi padre y nos dirigimos a un restaurante que yo no conocía y parecía ser bastante exclusivo. Durante el trayecto escuchábamos canciones de Scorpions, una de sus bandas predilectas. Me gustaba sentir que de algún modo él también se relacionaba conmigo a través de la música y había sido responsable de que me inclinara hacia el rock. Aunque cantaba horriblemente desafinado, me agradaba escucharle. Parecía rejuvenecer cuando lo hacía, y no podía recordar la última vez que habíamos compartido un momento así. Descendimos del vehículo y caminamos por un sendero rodeado de setos cuidadosamente recortados. Consulté mi móvil y no vi ninguna notificación de mi novia, lo cierto es que sabía que muchas veces tenía que dedicarse de lleno a los proyectos que los exigentes profesores pedían, y la gran mayoría de las veces no dormía bien por estar buscando la mejor forma de llevarlos a cabo.
Estaba distraído observando mi último mensaje enviado, el mismo que ella ni siquiera había llegado a leer. Debía estar exhausta.
Todo se volvió repentinamente silencioso y levanté la vista para ser sorprendido de lleno con las exclamaciones de mis amigos y familiares, que comenzaron a salir desde todos los rincones del lugar para rodearme.
Si, era muy obvio que mi padre tramaba algo, era pésimo disimulando. Casi tanto como yo.
Sora apareció en mi campo visual, como siempre sonreía alegremente mientras se me acercaba y me abrazaba. Había algo increíblemente llamativo en ella, pero no sabía qué. Estaba feliz de verla allí. La hubiera besado con muchas más gánas de no ser porque hasta sus padres estaban allí. También estaban los padres de Taichi.
Me encantaba ver allí a esas personas especiales para mí, estaba muy feliz por eso.
Divisé a los chicos de la banda con sus respectivas familias. Al parecer todos habíamos sido sorprendidos y nos habían llevado de a uno hasta ser todos recibidos.
Cenamos a lo grande y hasta había pista de baile incluída, en la cual Taichi y Etsuko se divertían a lo grande junto a Mimi y Koushiro. Pero de momento yo no quería otra cosa además de estar con Sora. La divisé a lo lejos conversando con Takeru y mi padre. Me acerqué al grupo y me ubiqué a su lado.
-¿Así que no contestabas mis mensajes por órdenes de ellos?
-Hasta cancelé la cena que teníamos pendiente porque Takeru me lo pidió – dijo ella sonriendo de modo cómplice a mi hermano. Vi que Natsuko se nos acercó. Habíamos hablado bastante en los últimos tiempos pero no había tenido la oportunidad de presentarlas formalmente.
-Así que tú eres la chica de la que tanto hablaban estos dos – dijo mi madre acercándose a saludarla con una sonrisa.
-Es un placer, señora Takaishi – dijo Sora sonriendo.
Unos instantes después se acercaron los señores Takenouchi, lo cual me pareció un poco escalofriante. Nos escabullimos luego de unos minutos del grupo que se había formado entre nuestros padres, no me interesaba particularmente que socializaran.
-¿Cómo te sientes? – me preguntó Sora cuando logramos salir de la casona y nos quedamos en el patio.
-Creí que estas fiestas eran para personas ultra sociables como Taichi o Mimi. Nunca me imaginé algo así para mí.
-Pues creo que es el tipo de celebración ideal para personas que son muy queridas por su entorno, y quizás no lo notan.
Me reí y contemplé el cielo estrellado en silencio. Sentí su cálida mano aferrarse a mi brazo. Tenía un trago en la otra mano y se apegaba a mí.
-¿Tienes frío?
-No sé si es el frío o mi falta de costumbre con este tipo de vestimenta.
Era cierto, había estado tan ocupado sorprendiéndome por la presencia de todos allí que no había notado qué era exactamente lo que me encantaba de ella esa noche.
La observé detenidamente y la alejé un poco para fijar mis ojos en su vestido. Me reí y maldije.
-Apuesto lo que sea a que esto fue idea de Mimi.
Sora se rió.
-Por supuesto que lo fue. Se le da bien conseguir lo que quiere.
-Y eso a veces es muy bueno.
Era el vestido que Sora había usado en el video de Knife Of Day. Lo distinguí fácilmente por la delicada cadena plateada que rodeaba la cintura y por la forma en la que se ajustaba a la exquisita figura de mi novia. Le llegaba a la mitad del muslo y casi que deseaba estar en un contexto bastante diferente al que estaba en ese momento, especialmente sin sus padres.
O sin nadie.
Recordé la tarde anterior a su examen de ingreso. No habíamos tenido la oportunidad de encontrarnos nuevamente en esa situación y era algo que me pesaba un poco. Aún no lograba perdonarle del todo a Taichi la interrupción de aquel día.
Decidimos entrar porque Sora comenzaba a temblar un poco, para ser verano estaba bastante fresco afuera.
Ahora mucha gente bailaba en el interior, Hayato era un chico muy popular e histriónico que siempre estaba rodeado de muchos amigos que ahora llenaban la pista. Los adultos se marcharon de a poco y todo quedó lleno de jóvenes emocionados. Incluso Takeru e Hikari se habían retirado temprano.
Y yo ya no quería estar allí. Ni Sora.
Nos fuimos disimuladamente, sin que nadie lo notara. Por suerte su abrigo era largo y cubría su esbelto cuerpo.
-¿A dónde vamos? – preguntó ella.
-Tenemos una conversación pendiente – le recordé burlón mientras tanteaba sus intenciones.
-Si. ¿Conoces algún buen lugar?
-En realidad solo se me ocurre una opción.
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-Firme aquí señor…
-Robert Kido, pero puedes llamarme Bob.
Sora miró hacia otro lado cuando dije eso, a punto de estallar de risa prefirió darnos la espalda al recepcionista y a mí y caminar por el hall del hotel para distraerse. Llevaba su abrigo largo y un bolso que contenía un cambio de ropa. Había sido una maravillosa casualidad que esa tarde se hubiera vestido en casa de Mimi y llevara más ropa con ella.
Me dieron la llave de la habitación y fuimos hacia el ascensor.
-¿Qué fue eso de Bob?
-Soy una figura pública, si alguien sabe de esto seremos portada de todo tipo de revistas de corazón. Me lo agradecerás.
-Se lo agradezco a Taichi por haberte creado esa falsa identidad. -bufó algo molesta.
-¿Qué ocurre?
-Nada. Solo pensaba en lo maravilloso que habría sido que mis padres hubieran estado en Kioto para ahorrarnos esto.
-¿Te sientes nerviosa?
-No estoy preparada para llamarte Bob. Y mucho menos si tu apellido es Kido.
Nos echamos a reír.
-Reclámaselo a Yagami. Fue su idea.
Descendimos en el piso que nos correspondía y buscamos el número de puerta.
Cuando ingresamos ella fue directo al baño y yo me interné en la estancia luego de cerrar la puerta con el indicador de "no molestar".
No había querido ir a un motel con películas eróticas y habitaciones ambientadas, prefería la comodidad de un hotel con desayuno y posibilidad de dormir hasta tarde.
Me eché en la cama y cerré los ojos prestando atención a los ruidos que pudieran llegarme desde otras habitaciones. No se escuchaba nada, quizás porque no se trataba de una zona muy concurrida de la ciudad o que había varias habitaciones vacías – lo habíamos notado en seguida por el poco movimiento de los funcionarios que habíamos visto.
Sora se estaba tardando un poco. Me quité el calzado y dejé la chaqueta y mis documentos sobre la mesa que había frente a la cama. Me incorporé y di algunas vueltas por la habitación, que era bastante grande.
Golpeé la puerta del baño.
-¿Estás bien? ¿Necesitas algo?
-Ya salgo - dijo ella.
Caminé nuevamente hacia la cama y me acosté encima de las mantas. Poco después escuché la puerta del cuarto de baño y vi a Sora llegar hasta mí. Me incorporé y apoyé mi peso sobre uno de mis codos para mirarla detenidamente.
Nunca me iba a importar lo que vistiera, pero aquella noche estaba particularmente hermosa.
-Tendré que darle las gracias a Mimi por conseguir este dichoso vestido – dijo Sora sonriendo y sentándose a mi lado.
No me quise contener.
Me incorporé lentamente hasta colocarme de rodillas frente a ella, allí apoyé mis manos sobre sus rodillas y la besé de un modo bastante desesperado. Llevaba días enteros deseando aquello.
De inmediato se abrazó a mi cuerpo y se echó hacia atrás, arrastrándome con ella a una posición más cómoda para que fuera más sencillo intercambiar caricias.
Pasé uno de mis brazos por debajo de su cuerpo, rodeando su cintura y sintiendo el frío contacto de la cadenita que era parte del atuendo. Con mi otra mano tomé su rostro cuidadosamente y me incliné sobre ella para besarla mientras sentía la forma en que sus dedos se aferraban a mis cabellos y hombros.
Mi camisa fue la primer prenda en ser deshechada al piso.
Sora logró zafarse de mis brazos y se las ingenió para hacernos girar hasta ubicarse justo sobre mí. Separó sus labios de los míos durante un instante para observarme desde su nueva ubicación y sonreír. Se incorporó un poco y sus manos acariciaron mi torso desnudo, el simple contacto comenzó a excitarme. Era tan hermosa.
Hice un esfuerzo por incorporarme con lentitud para rodear su cintura nuevamente y hacerla inclinarse sobre mí. Funcionó.
Retomamos rápidamente los besos y sentí que ella desviaba su boca hacia mi cuello, llenándolo de pequeños e inofensivos mordiscos que cada vez me enloquecían más.
Mis manos acariciaron la parte externa de sus muslos para finalmente colarse bajo el dichoso vestido y recorrer sus glúteos. Me encantaban sus curvas, todo su cuerpo entrenado durante años era, a mi entender, una obra perfecta. Mis manos trazaban su propio camino bajo la ropa de ella y comencé a notar que ella se esforzaba por buscar la cremallera de mi pantalón.
Llegado ese punto necesité cambiar la posición.
Usando la misma táctica que ella, me las ingenié para rodear mi cintura con sus piernas y dejarla debajo de mí.
Nos detuvimos unos instantes para mirarnos. Ella estaba tan encendida como yo. La deseaba.
Se incorporó y me ayudó a desabrochar mi pantalón. Me lo quité con rapidez y le di un empujón leve a Sora para dejarla debajo de mí otra vez. Besé cada centímetro de su cuello hasta llegar a las clavículas y descender por el escote del vestido. Ya sentía que la prenda me molestaba pero no quería ser brusco para quitársela, así que continué con mis caricias bajo la tela azul hasta que ella se incorporó para quitárselo. La ayudé y cuando el vestido quedó olvidado en el piso me detuve un segundo observando su cuerpo y volvimos a besarnos. Con sus pechos a mi alcance me limité a ir tanteando sus reacciones y enfocarme en que disfrutara de cada momento como lo hacía yo. Ya llegaba el momento crucial, nos metimos bajo las sábanas y allí nos detuvimos unos instantes. Creo que los dos estábamos nerviosos, pero estábamos muy aferrados el uno al otro.
-¿Tu…has traído…?
-Por supuesto – dije. Nos quitamos la ropa interior y sentía que ya estaba listo. Pero quería asegurarme de que ella lo estuviera también, así que la besé y la atraje hacia mí. Nuestros corazones latían furiosos en nuestros pechos, noté la forma en la que su cuerpo buscaba instintivamente al mío y decidí que ese era el momento adecuado, una vez que coloqué la protección me volví hacia ella. Me besó y prefirió quedarse debajo de mi cuerpo. Rodée su espalda con mis brazos, quedándome pegado a ella y me concentré en los puntos que sabía que le provocaban más placer, aunque ella estaba algo nerviosa, dejó que yo me ubicara entre sus piernas. La observé.
-Te quiero.
-Yamato – me besó con pasión y allí decidí actuar.
Sentí perfectamente como entré en ella y la forma en que sus uñas de clavaron en mis brazos y espalda.
-¿Estás bien? – ella asintió silenciosamente y afirmó sus labios sobre los míos.
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