Death is but the Next Great Adventure

Por TheObsidianQuill

Traducción por Alx Selleugra.


En el anterior capítulo: Harry baja a la Cámara de los Secretos para salvar a Ginny. Allí, se encuentra con Tom en un cuerpo casi completo. Tom manda al basilisco a distraer a Harry y, a pesar de las órdenes de su amo, la serpiente intenta matar a Harry. Harry termina siendo asesinado por el basilisco, pero no sin antes de conseguir que Tom prometa no lastimar a Ginny. Cuando el elegido despierta, Tom está de vuelta en el diario y Ginny consciente. El moreno tiene una conversación sobre la experiencia de Ginny a lo largo del año, y ambos se vuelven amigos. Harry le promete a Ginny que Tom estará a salvo con él.

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Capítulo 18

La charla.

Harry tuvo razón al pensar que Dumbledore había notado los alumnos faltantes, teniendo a todo su personal buscando en el castillo por ambos. Severus Snape había estado caminando por el pasillo con el mensaje sangrante en la pared cuando Harry y Ginny emergieron de la entrada de la cámara ayudados por la magia sin varita del ojiverde. No queriendo que descubrieran la entrada, Harry arrojó la capa de invisibilidad sobre él y Ginny mientras Snape pasaba furioso por el baño sin darle una segunda mirada.

El ojiverde no se quitó la capa hasta que estuvieron lo suficiente lejos como para que nadie pudiera tener el menor indicio de dónde se encontraba la misteriosa cámara. Tiempo después, Minerva y Poppy los encontraron convenientemente cerca de la gran escalera. La enfermera acompañó a Ginny a la enfermería al instante, y a duras penas dejó ir a Harry cuando este le aseguró vehementemente que estaba bien y que la vería tan pronto como terminara su reunión con Dumbledore, que es donde McGonagall estaba tratando de llevarlo en ese momento.

El director lo esperaba en su gran oficina, llena de libros viejos y baratijas de metal desechados, bebiendo té de jengibre. McGonagall se fue tan pronto se sentó, dejando a Harry a solas con el director. Albus no perdió tiempo antes de preguntarle a Harry qué había sucedido.

Harry le explicó que se encontró con la escritura en la pared, de cómo había sentido curiosidad por el diario desde que lo había visto ser deslizado en el caldero de Ginny Weasley por alguien que se ocultaba tras una túnica larga ese día en el Callejón Diagon. Le relató una historia detallada pero ligeramente alterada de los eventos que habían sucedido ese año con el diario, de cómo descubrió a un mago llamado Tom Ryddle y la Cámara de los Secretos de Salazar. Explicó brevemente cómo tuvo sus sospechas sobre la reciente petrificación y dónde podría estar ubicada la cámara. Luego, contó los eventos de esa noche, de la ausencia de Ginny y los problemas que pensó que estaría. Cuando pasó a los eventos de la cámara, Dumbledore lo interrumpió cortésmente por primera vez en su larga explicación.

—¿Y cómo fue que entraste a la cámara, Harry? Por lo que sé, solo puede abrirla el "Heredero de Slytherin", ¿no? —preguntó sin acusar. Harry vaciló.

—«Dile. Él ya sabe que hablas parsél, tenía un espía en Little Whinging y le contaron sobre lo que pasó en el zoológico. Solo quiere saber si confías en él lo suficiente como para decírselo. No hemos hecho mucho para ganarnos su confianza. Esto nos ayudará en el futuro. —Muerte habló por encima de su hombro, la suave sugerencia decidiendo las siguientes palabras de Harry. Harry confiaba en su amigo, así que no esperó mucho más para debatirlo él mismo.

—No soy el heredero, pero puedo hablar parsél, cosa que supongo es un regalo casi exclusivo de la línea Slytherin y de cómo se abre la cámara. No sé cómo ni por qué puedo hablarlo, pero sé que no soy el heredero. Ese título habría surgido con el resto de mis herencias en Gringotts —Harry respondió y Dumbledore solo asintió, pero el menor se dio cuenta de que estaba satisfecho con la verdad.

Con eso ya fuera del camino, Harry continuó explicando cómo se había encontrado con la escena de la cámara. Tom tomando una forma física temporal, diciéndole a Harry que él era el mago antes de Voldemort, y que necesitaba extraerle la vida a Ginny para poder hacerse con un cuerpo físico permanente. Le dijo a Dumbledore que Tom había enviado al basilisco detrás de Harry para evitar que lo detuviera y que el ojiverde tuvo que transfigurar una espada de una pluma en su bolsillo porque no conocía ningún hechizo que pudiera funcionar contra la serpiente.

Contó que había leído sobre la piel blindada del basilisco, por lo que esperó su oportunidad para apuñalar a aquella enorme bestia a través de la suave carne dentro de su boca, directo a su cerebro. Y, cuando la serpiente murió, le arrancó un diente de la boca y lo utilizó para apuñalar el diario.

Al saber sobre la naturaleza destructiva de los horrocruxes, Harry actuó confundido mientras explicaba como el diario se quemó en llamas doradas y ardió hasta que no quedó nada tanto del diario como de Tom. Fue entonces cuando Harry y Ginny regresaron y fueron descubiertos por Poppy, la enfermera de la escuela, y McGonagall.

Para cuando Harry terminó, el sol había salido, poniendo fin a la noche terriblemente larga y el comienzo del día antes de los exámenes. Dumbledore llamó a Poppy para que acompañara al menor hasta la enfermería e insistió que Harry se tomara el día libre de clases para descansar y recuperarse. El director había tratado de convencer a Harry de que eximiera los exámenes, pero Harry se había negado.

Ya había estudiado todo, y no necesitaba darle al profesor Snape más razones para pensar que era favorecido. No mencionó la última parte, pero no era menos cierto. Harry suspiró internamente mientras caminaba hacia la enfermería, cuya enfermera de aspecto cansado actuaba cual guardián detrás de él. «Sin embargo, pronto debería ocuparme de Snape. El hombre es irracionalmente persistente en su odio contra mí. » Harry pensó de mala gana.

¿Cómo podría Harry hablar en contra de un profesor sin empeorar la situación para él? Había aprendido desde muy joven que los adultos escuchaban a otros adultos, no al niño que había sido privado de sus derechos.

Bueno, esos pensamientos tendrían que dejarse para otro momento.

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Harry había pasado el resto del día en la enfermería hablando con Ginny, observando la naturaleza abrumadora de sus hermanos mayores desde el margen, o teniendo que soportar la preocupación y regaño de sus amigos. Poppy había perseguido a los visitantes todo el día –debido a que se suponía que debían estar en clase-, pero eventualmente volvían a colarse.

Cerca del final del día, Harry se despertó de una breve siesta y encontró a Anthony sentado junto a su cama. Ginny estaba durmiendo en la cama a su lado, y el lugar estaba tan silencioso como una iglesia. Harry le sonrió a su amigo y se incorporó para sentarse. En lugar de devolverle la sonrisa, Anthony tomó la mano de Harry entre las suyas.

—Harry… Sé que siempre has atesorado tus secretos y que hay cosas que no puedes decirme –soy tu amigo, y noto mucho más de lo que piensas- pero realmente te pusiste en peligro esta vez. Sé que no podría detenerte aunque lo intentara, pero por favor, Harry, si estás en problemas o estás haciendo algo peligroso, ¡dímelo! No te delataré, lo sabes, pero puedo ayudarte. No tienes que hacer todo solo. Incluso si todo lo que puedo hacer es brindar un oído para compartir la carga; no quiero que sientas que no puedes apoyarte en mí —La seriedad de su rostro y voz impresionaron a Harry de manera extraña y profunda.

Harry extendió su mano y jaló a Anthony de su silla, y lo abrazó con fuerza. Harry… no quería dejar aquel contacto, quería esconderse en los pliegues de su túnica como un niño escondido en las faldas de su madre. Respirando el familiar y cálido aroma de su amigo, Harry habló en un susurro.

—Algún día, quizás… te lo diré, Tony —La media promesa los envolvió y unió con fuerza cual gruesa bufanda atada cómodamente en ambos cuellos.

Se alejaron y fácilmente se metieron en una conversación sobre Quidditch, sobre la forma en que el equipo de Ravenclaw ganó este año contra Gryffindor. La plática ya no era tensa y el aire a su alrededor no era más que agradable. Ambos tenían un profundo entendimiento del otro, ¿lo pueden ver? Harry guarda sus secretos, pero solo porque tenía que hacerlo; y Anthony seguía llevando a Harry más profundo en la refriega de su amistad, pero solo porque el moreno necesitaba a alguien que mantuviera su cabeza fuera del agua; y, en el caso del rubio, necesitaba a Harry para seguir pateando sus piernas y moviendo los brazos.

La relación de Harry y Draco era diferente, pero no menos importante. Si su amistad y la de Anthony se basaba en una interdependencia, entonces la suya y la de Draco se basaba en lo contrario. Harry y Draco no se necesitaban entre sí, simplemente les gustaba estar demasiado juntos pero no tan cercanos como lo eran Anthony y Harry. Y el moreno en verdad se preocupaba por Draco, y sabía que el rubio sentía lo mismo a pesar que este preferiría morder la punta de una varita a admitir tal cosa en voz alta.

La amistad de Harry y Anthony… era simbiótica. Dependían el uno al otro. Y cuando llegara el momento, Harry llevaría a Anthony a su mundo de secretos, y no habría salida para ninguno de los dos. Harry lo entendió. Anthony lo entendió. Era así como las cosas funcionaban de forma natural y cómoda entre ellos, a pesar de que el rubio sabía que el otro le estaba ocultando muchas cosas, grandes cosas.

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Cuando Harry volvió a asistir a clases, estaba de muy buen humor. Dumbledore había comprado su historia, nadie había descubierto la cámara o el intacto diario, y Ginny se recuperó como una goma elástica y encajó sin problemas –aparte de algunas miradas desconcertadas de Draco- en su pequeño grupo.

Ese hecho solo significaba que los gemelos solían visitar la mesa de Ravenclaw –para disgusto de otros cuervos- para ver cómo estaba su hermana pequeña, y ocasionalmente tratar de vender algunos nuevos artículos de broma a una nueva audiencia. Michael había intentado comprarles algunos artículos, pero tan pronto como Anthony les dijo que sí se enterara de que una de esas bromas se usaba contra Harry metería uno de esos fuegos artificiales animados en aquel lugar sin nombre, los gemelos habían alejado al vil chico de sus inventos y Michael se había vuelto más pálido que Hedwig.

Los exámenes iban y venían sin mucho alboroto; de hecho, el mayor "alboroto" había sido una especie de competencia en la casa de Ravenclaw. Obviamente, hubo quienes hicieron caso omiso de la advertencia integral de no ser competitivo o presumido sobre su inteligencia, porque parecía haber siempre batallas de voluntad e ingenio cada vez que se presentaba la oportunidad de probar el intelecto.

Antes de los exámenes, algunos presumían de lo poco que habían estudiado porque ya sabían todo lo que posiblemente podrían examinarles y el hecho de no dejar mostrar lo estresados que se sienten ante sus futuras pruebas. Y entonces, se convirtió en una especie de competencia para ver quién puede parecer más relajado y despreocupado antes del examen, y luego obtener las puntuaciones más altas.

Michael era definitivamente una de esas personas, al igual que Mandy Brocklehurst y Morag MacDougal. Morag había estado completamente fuera del radar de Harry durante el último año desde que la fémina había dicho algunas horribles cosas sobre Hermione a sus espaldas en la fiesta de Halloween. Sin embargo, Harry había escuchado de su rizada amiga sobre Morag, de lo desagradable que era y cómo Mandy muchas veces se ponía de su lado, especialmente contra los primeros años.

Aparentemente había una niña particularmente extraña que había entrado ese año que había agitado el lado más desagradable de Morag, y sin que ella tuviera la culpa. Hermione la había defendido cada que lo veía, pero el primer año aún no había reaccionado ante el abuso de Morag. Harry no estaba seguro de quién era la chica, y sabía que Hermione dijo que ella lo estaba manejando pero, si el acoso continuaba hasta otoño, Harry decidió que intervendría. Solo esperaba que no tuviera que hacerlo. Por el bien de todos ellos.

El año llegó a su fin y todos se fueron a casa y, por vez primera, Harry no temía regresar. El viaje en tren pareció ir extrañamente rápido entre leer libros sobre hechizos únicos que no se enseñaban en la escuela, charlar con amigos y, ocasionalmente, tomar una pequeña siesta, el tiempo que tardó el sol en ponerse y que el tren llegue a la Estación de King's Cross pareció pasar sin demoras.

La sonrisa con la que Harry saludó a Sirius y Remus fue genuina y ansiosa. Remus fue el primero en abrazar a Harry, seguido del habitual abrazo aplastante que Sirius le solía regalar. Cuando su padrino finalmente se retiró, despeinó el cabello de Harry que había crecido un poco desde Navidad, recordándole al menor que tenía la intención de cortárselo.

—¡Merlín, estás creciendo como una hierba! ¿¡Qué diablos están poniendo en tu comida!? Pronto ya no podremos llamarte nuestro "pichoncito" —Sirius fingió quejarse con un gemido de tristeza. Harry solo miro fijo a su padrino.

—¡Nunca vuelvas a llamarme así! —Su tono se volvió peligroso cuando entrecerró los ojos. Por el rabillo del ojo, vio que los bordes de los labios de Remus se levantaban, traicioneros.

La ceja de Sirius se arqueó ante eso. —Bueno, no en tu cara, obviamente —La sonrisa que partió el rostro de Sirius en ese momento casi hizo que Harry se sintiera culpable por el hechizo punzante que lanzó al estómago del animago en una represalia inmediata, casi.

Sirius y Remus escoltaron a su pequeño protegido a casa, bromeando entre ellos durante todo el camino, pero haciéndolo sentir una regocijante alegría en sus corazones por estar reunidos.

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A diferencia del verano anterior, Harry no recibió un período de descanso para disfrutar de sus largas vacaciones antes de que su eterno compañero iniciara su entrenamiento. Mientras el pasado verano se trató de maleficios, hechizos y encantamientos que podían usarse para defenderse, este año se trató de maldiciones, y cómo romperlas. Los maleficios y encantamientos eran inherentemente pequeños, tontos en realidad, y eran relativamente inofensivos en la práctica. Las maldiciones, en cambio, eran considerados magia oscura.

Harry no tiene inhibiciones cuando se trata de aprender y usar ese tipo de oscura magia, pero pudo ver por qué Muerte esperó un poco más para profundizar en ese tipo particular. No importaba, Harry está contento de completar su catálogo de hechizos. Lo hacía más preparado.

A pesar de lo que la población en general había llegado a creer, la práctica de la magia oscura no afectaba a una persona de manera irreparable. Es más generosa con la cantidad de magia que invoca, y puede agotar las reservas mágicas de alguien hasta el punto de hacer sentir al usuario enfermo o una especie se sensación de embriaguez que uno puede experimentar al contener la respiración por demasiado tiempo. Sin embargo, estas reservas siempre podían reponerse con tiempo y cuidado, cualquier cambio o daño causado a una persona por la magia oscura sería meramente psicológico, y tenia mucho más que ver con cualquier acto facilitado por una maldición que por la magia misma.

En resumen, usar una maldición para cortar a alguien desde el ombligo hasta el esternón sería tan traumatizante como hacerlo manualmente. La magia no era intrínsecamente mala u oscura por lo que solía hacer, se trataba más del acto en sí.

Las maldiciones no fueron lo único que Harry comenzó a aprender tan pronto empezó el verano. Aparentemente, si Harry estaba listo para aprender magia que pudiera usarse sin dañar, controlar o matar, entonces estaba listo para aprender algo que ni él mismo sabía que existía, hasta ahora. El lenguaje de los muertos.

De acuerdo a su compañero, este idioma solo les era enseñado a los muertos, un idioma tan poderoso que solo hablarlo podría considerarse una forma de la magia misma, un tipo completamente nuevo de lanzamiento. Hace muchos siglos, los Nigromantes podían usar la magia para manipular el velo y hablar con los muertos, y no les tomó mucho tiempo para que aquellos magos pudieran aprender el idioma y usarlo en el mundo de los vivos. No obstante, otros magos no entendieron esta nueva forma de magia, por lo que la clasificaron como demasiado peligrosa e hicieron que su práctica y habla fuera ilegal y prohibido. Todos los participantes fueron condenados a muerte o su memoria borrada hasta el olvido. El idioma fue erradicado y olvidado por la fuerza mientras qué, la nigromancia -también llamada magia del alma-, se convirtió en el más alto tabú entre todas las comunidades mágicas. Muerte había sido despreciada por el tratamiento de su lenguaje, de su magia, por lo que se negó a ayudar en cualquier forma de magia bastarda que resultó en repercusiones fatales u horriblemente dolorosas y desfigurantes por el uso de aquella magia condenada.

Eso explicaba por qué la magia estaba actualmente tan prohibida por la sociedad mágica, y por qué el cuerpo y alma de Voldemort habían sido tan mutilados por la magia hasta el final de su vida. Muerte explicó que si Harry iba a aprender la magia del alma -que sería necesaria para deconstruir los Horrocruxes y hacer que regresaran al cuerpo de Voldemort-, primero tenía que entender el lenguaje de los muertos.

Y con ello, sus estudios volvieron a comenzar.

Sin embargo, solo porque sus estudios se habían intensificado en comparación con el verano anterior, no significaba que Harry ya no tuviera que mantener las apariencias. Por lo que tuvo que mentirles a Sirius y a Remus, diciéndoles que estaba pasando todas esas horas practicando duelo. Durante el segundo año de Harry se había levantado un club de duelo formado por Lockhart y Snape, Draco se había unido a él, pero Anthony y Harry optaron por no participar para gran decepción de Lockhart por no tener la oportunidad de acercarse al N-Q-V. Y, aunque bien no participó, ellos no sabían eso.

Harry les mintió, diciéndoles que en realidad no era tan bueno en duelo y que quería practicar durante el verano, todo porque Draco dijo que él también estaría haciendo lo mismo y Harry no quería quedar en "vergüenza". No fue difícil convencer a la pareja de que un niño de doce años sería tan mezquino como para querer eclipsar a sus amigos.

Sin embargo, para disipar por completo cualquiera de sus posibles preocupaciones, Harry se aseguró de pasar con bastante frecuencia tiempo con ellos, y en todo el tiempo que pudiera. No era como si fuera una tarea difícil, Harry realmente disfrutaba su tiempo con ellos, pero cuanto más se acercaba a ellos, más podía notar algo en su comportamiento.

Al principio, era solo la mirada persistente del otro cuando pensaban que nadie estaba mirando, y cada sonrisa que llegaba a los ojos arrugados parecía hacer a su piel brillar. Luego fueron los toques. El roce fugaz de una palma contra la parte baja de la espalda al pasar, o la forma en que su mano era atraída instintivamente hacia un hombro, codo o espalda cuando estaban a un rango de alcance. Además, cada vez que estaban en la misma habitación, se movían de tal forma que podían verse como una unidad, en lugar de dos variables separadas.

Una vez, Harry incluso los vio besarse en la puerta mientras Sirius se apresuraba a asistir a su sesión de sanación mental, misma a la que llegó tarde. Había sido casto y tan natural como ponerse un calcetín antes de los zapatos. Solo un simple beso que habían hecho con demasiada frecuencia como para pensarlo en realidad.

Para cuando se sentaron con Harry una noche después de la cena para explicarle que eran "más que amigos", el moreno ya había descubierto y decidido que realmente no le importaba. De hecho, se sintió aliviado. A aparte de estar contento de tener a alguien en quien confiar mientras Harry estaba en la escuela, estaba contento de saber que no estarían buscando relacionarse con extraños, trayendo gente nueva de las que Harry no confiaba. Sonaba bastante egoísta incluso para el mismo Harry, pero cuantas menos personas se involucren en su vida personal, mejor.

Harry no ignoraba las inclinaciones de los adultos. Sin estar Remus ni Sirius casados, estarían destinados a buscar… placeres carnales. Sin embargo, cuando Harry les dijo para tranquilizar a la pareja que aprobaba su relación y elección de pareja, Remus se había vuelto de un fuerte carmesí y Sirius se notó cansado y ligeramente complacido por la respuesta tartamuda de Remus.

—¡H-Harry! ¡¿Cómo sabes eso?! Eres demasiado joven…

—En realidad, es bastante natural para mí saber estas cosas. Tengo casi trece y ya estoy empezando a pasar por el proceso de la pubertad. En los próximos años, atravesaré muchos cambios -mentales y físicos- y, sin la información adecuada, podría terminar confundido, asustado o incluso avergonzado de asuntos que podrían escaparse de mi control. Así que sí, sé sobre sexo y de encuentros sexuales, sé sobre pubertad y desarrollo. "Protegerme" de los asuntos "adultos" solo me enseñará que mi cuerpo y mi sexualidad son algo de lo que debo avergonzarme, y puede llevar a comportamientos muy poco saludables en mi vida. No necesito saber nada de sus "relaciones íntimas", pero no es necesario que fijan que esto no está pasando —Harry terminó de hablar y el silencio de los adultos frente a él se prolongó.

Sirius parpadeó como una lechuza y se inclinó para hablarle en voz baja a Remus. —Siento que acabamos de recibir "la charla". —Remus golpeó la pierna de Sirius, pero no dio un gesto de desacuerdo.

Harry se encogió de hombros ante las miradas de sus tutores. —Yo leo —bromeó ligeramente, y con eso, se levantó y se fue para preparase un poco de té con leche y miel.

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Nota de traductor.

Me sorprendo de lo mucho que avancé en un año con esta historia…