Capítulo XXIV: Oscuridad
XXX
⟨Sasuke⟩
Las estrellas cubrían el cielo por sobre la aldea, pero ésta noche no era apabullante como lo venían siendo hasta ahora todas las anteriores, hoy podía respirar con total armonía al saber que no volvería a buscar a ese hombre.
Jamás.
Flexioné una de mis piernas para apoyar mi brazo sobre la rodilla y poder adoptar una postura más cómoda en el tejado de mi casa. Mis ojos viajaron al horizonte donde se distinguían nubes espesas que advertían de una probable tormenta.
Dejé mis pensamientos divagar sin control, pensando en lo que había vivido hasta ahora y esperando que todo haya valido la pena. No había conseguido todo lo que quería cuando comencé con esos trabajos putrefactos, pero sí recolecté al menos lo suficiente como para sentirme más poderoso. Conocimiento, habilidades, secretos... ¿Hasta cuándo me sentiré satisfecho y en qué momento tendré necesidad de más?
—Pareces consternado —Habló Itachi ocupando lugar a mi lado.
Lo observé por unos segundos pensativo, no había notado su llegada. Su atención estaba también en la oscuridad sobre nosotros con una mirada perdida.
—Parece que no soy el único —Respondí atento a sus expresiones.
Una leve sonrisa ocupó sus labios y una fresca brisa golpeó nuestros cuerpos. El cabello de ambos bailó por la gélida caricia.
—¿Vas a decirme en qué te metiste, otōto?
—Todos tenemos secretos en distintos matices de negro —Susurré, pensando en palabras que escuché salir de aquel hombre.
—Y si dejas a los secretos volverse negros, no lograrás más que quedarte ciego —Completó. Ambos nos observamos confundidos— ¿Cómo conoces esa frase?
—La escuché —Respondí sin dar detalles innecesarios— ¿Tú?
—La leí en una misión, tallada en el cuerpo de un cadáver —Contestó. Sus ojos examinaron los míos con atención— ¿En qué estás metido, Sasuke?
—No sé de lo que hablas.
Me puse de pie para acercarme al borde del tejado en busca de zanjar esa conversación.
—No finjas no saber —Habló con la misma calma de siempre, pero podía notar su leve acusación—. Te escapas cada tanto sin dejar rastro alguno ¿Dónde pasas las noches? ¿Qué es lo que haces?
Mi mirada viajó a las afueras de la aldea, pensando en lo que podría estar haciendo ese mal nacido en este momento.
—Entrenaba.
En parte no mentía. Enfrentaba a los renegados y más de uno fueron grandes contrincantes, eso no podía negarlo. Por otro lado, había aprendido alguna que otra técnica poderosa como pago por algunos trabajos.
—¿Y entonces por qué pareces saber cosas sin razón? —Inquirió con autoridad. Al voltear a observarlo noté el escrutinio en su mirada—. No te sorprendiste cuando supiste de los planes de nuestro clan en la reunión, el día que te asignarían como escuadrón de refuerzo en la misión de nuestra hermana desapareciste, los días siguientes parecías esperar que algo suceda y la conversación que tuviste con Katsuro en el hospital fue demasiado sospechosa.
Chasqueé la lengua con molestia ¿Cuánto tiempo llevaba vigilando? No necesitaba que alguien esté siguiendo mis pasos constantemente, solo causaría problemas cuando al fin decido salirme de esa mierda de trabajos.
—¿Crees que no lo noté? —Siguió hablando—. Siempre estoy pendiente de ustedes.
Le miré de soslayo, viendo sus movimientos lentos al ponerse de pie.
—Dices estar muy al pendiente de nosotros —Comenté con antipatía— ¿Entonces cómo no supiste que Suki estaba saliendo con tremendo imbécil?
Mi pregunta pareció tomarle por sorpresa, pero se recompuso rápidamente. Suspiró con cansancio desviando los ojos a la lejanía.
—Ella es menos obvia que tú.
Fruncí el ceño, su comentario en cierta forma me había ofendido.
—No sabe mentir, ambos lo sabemos —Retomó la palabra rápidamente—. Pero también sabe cerrar la boca cuando no quiere que nadie se entere de algo.
Crucé los brazos sobre mi pecho y elevé mi postura con poderío.
—¿Estás diciendo que yo no sé cerrar la boca? —Pregunté sin siquiera tratar de ocultar la gran molestia que me generó su comentario.
—Eres temperamental —Corrigió examinando mi cuerpo—. Puedo ver tu molestia ahora, es evidente. Así como lo fue anoche cuando perdiste el control y trataste a Suki como se te dio la gana.
Las palabras me faltaron por un segundo. Mis intenciones en ese momento fueron buenas ¿Acaso todo el mundo estaba ciego?
—Intentaba hacerle ver la realidad. —Dejé en claro con seriedad.
—¿Utilizando la fuerza bruta? —Alzó una ceja con escepticismo—. Si ahora te golpeo hasta casi la muerte ¿Confesarás tus secretos?
—No sé de qué secretos hablas, ya te dije que entrenaba.
Él se tomó unos segundos en responder, analizando las próximas palabras que diría.
—Entonces, en ese caso, no te molestará demostrarme tu progreso.
—Cuando quieras —Contesté con seguridad.
De pronto, una risa melódica comenzó a escucharse en el viento. Observé en la dirección de la que provenía el sonido tan conocido a mis oídos pero que hace tiempo no escuchaba. Allí venía caminando tranquilamente Suki, abrazando uno de los brazos de Uchiha Shisui.
Busqué disimuladamente la reacción de Itachi pero me sorprendí al ver la sospecha en sus ojos mientras estaba completamente atento a ellos dos.
—¿Suki te lo dijo? —Pregunté incrédulo.
Toda conversación anterior quedó en el olvido ¿Acaso ella se había atrevido a hacer tal cosa?
—Veo que ya lo sabías —Contestó sin quitar los ojos de aquellos dos que casi habían llegado a la entrada de nuestra casa.
⟨Itachi⟩
Bajé del tejado de un salto para quedar frente a ambos cuando llegaron a la puerta delantera.
Inevitablemente, no podía quitar mi atención del agarre afectuoso que ejercía Suki.
¿Siempre habían sido así de cercanos?
—No volviste para la cena —Dije dejando mis dudas a un lado por el momento.
Suki rascó una de sus mejillas con nerviosismo, llevando sus ojos a cualquier lado menos a mi rostro.
—Estaba entrenando.
Claro, ahora todos entrenan.
—Nuestro padre quería hablar contigo —Sasuke habló posicionándose a mi lado.
Suki puso los ojos en blanco, seguramente sabiendo lo que se avecinaba, y entró a casa junto a Sasuke despidiendo a mi mejor amigo con un movimiento de manos energético.
—¿Dónde estaban? —Pregunté a Shisui una vez volvimos a estar solos.
—La encontré en uno de los campos de entrenamiento —Respondió hundiéndose de hombros—. Deberías hablar con ella, terminó con Katsuro y no parecía estar bien.
Asentí sorprendido por aquello. Estaba aliviado de que haya terminado con él, pero debía ser empático y apoyarla en lo que debía ser un momento difícil para ella.
También debía dejar mis inseguridades a un lado, estaba cayendo en paranoias al pensar que ellos podían estar escondiendo algo. Porque si ese fuese el caso, alguno de ellos me lo diría.
—Gracias por traerla a casa.
Shisui apretó uno de mis hombros en señal de apoyo, sonriendo como siempre.
Gritos comenzaron a escucharse desde el interior de mi casa y suspiré al saber que Suki y nuestro padre estaban volviendo a tener una discusión.
Saludé a Shisui, quien lucía preocupado por lo que acontecía dentro de las paredes de mi familia, y entré a nuestro hogar escuchando la pelea desde el recibidor.
—¡Ni tú ni nadie puede decirme lo que puedo o no hacer! —Gritó Suki con enojo.
En el marco de la entrada al comedor estaban de pie nuestra madre y Sasuke, dudando si detenerlos o simplemente dejarlos con lo suyo.
—Soy tu padre.
Me puse a un lado de nuestra madre y justo los ojos de Suki me encontraron. Ella señaló en mi dirección con una de sus manos mientras la otra se apoyaba en su cadera.
—Itachi es más padre que tú —Recriminó—. Él sí estuvo en cada momento importante para mí, mientras tú estabas demasiado ocupado presumiendo que tus dos hijos varones eran prodigios.
Nuestro padre frunció el ceño, parece que eso le dolió más de lo que esperaba.
—No seas mal agradecida, hice todo lo que pude por ésta familia —Declaró nuestro padre manteniendo la tranquilidad—. Tengo demasiadas obligaciones como líder del clan y aún así traté de estar para todos ustedes por igual.
—Entonces regresa a tus sucias reuniones secretas y déjame sola como lo hiciste durante todos estos años —Chilló en respuesta Suki, golpeando su pie contra el suelo y elevando ambos brazos al cielo—. No necesito que vengas ahora a mandonear mi vida.
Nuestro padre suspiró y apretó el puente de su nariz comenzando a perder la calma.
—Estamos preocupados, tu futuro como ninja es inestable —Explicó con lentitud, queriendo darse a entender sin malas interpretaciones—. Tu corazón no está bien, no es conveniente para tí seguir en el mundo ninja, lo digo por tu bien.
—Si quisieras velar por mi bien lo hubieses intentado antes y de otra manera —Masculló Suki apretando los puños. Su cuerpo comenzó a temblar sin poder contener todas las emociones dentro de ella—. No ahora que lo único que necesito es apoyo. Comencé una nueva rutina de entrenamiento, rompí el corazón de mi ex y acepté mis sentimientos por el hombre que de verdad amo. No necesito que vengas ahora tú intentado tomar control de mi vida.
Todo quedó en silencio y ninguno parecía querer romperlo. Los tres espectadores observábamos sin atrevernos a decir ni una palabra, nuestro padre perdió todo control de su expresión mostrando sorpresa y Suki dejó su vista en el suelo unos segundos antes de voltear e irse dando por terminado el espectáculo que estaban montando.
—Mikoto —Murmuró nuestro padre aún sin poder moverse— ¿Tú sabias algo de eso?
Sasuke y yo nos observamos y viendo que era nuestro momento de retirarnos de la escena fuimos por caminos distintos. Él caminó al jardín trasero y yo me encaminé a la habitación de Suki.
Golpeé dos veces la puerta y entré al escuchar un murmullo inentendible. Al ingresar la encontré tirada boca abajo sobre la cama, con su rostro enterrado en la almohada.
—¿Cómo estás? —Pregunté cerrando la puerta para acercarme y sentarme a su lado.
Ella giró lentamente hasta quedar recostada de lado y estiró los brazos hacia mí con un puchero triste en sus labios. Tiré de sus brazos para que se siente y la abracé acariciando su cabello con cariño.
—Que no te afecte, solo está preocupado —Comenté y sentí como restregó su rostro contra mi pecho buscando esconderse aún más.
—Pero estoy cansada, es como si todos intentaran meterse en mi camino —Se quejó. Su voz sonaba amortiguada contra la tela de mi camiseta—. No soy una niña, hace años dejé de serlo.
—A los ojos de algunas personas nunca dejarás de serlo.
Como a los míos, por ejemplo.
—Eso no está bien, ellos son los del problema.
—¿Ellos? —Pregunté confundido.
—Ellos, todos. Papá, Sasuke, Shisui, incluso mis compañeros —Envolvió sus brazos en mi torso para devolver el abrazo—. Es su maldito problema, no tienen que joderme la vida a mí por no querer aceptar la realidad en la que dejé de ser una niñita indefensa.
La curiosidad me atacó cuando nombró a mi mejor amigo en aquella lista, pero saqué eso de mi cabeza antes de comenzar a dudar de nuevo sobre ellos y la relación que tenían.
Me estaba volviendo loco.
—No quiero hablar más de ello por ahora, por favor —Murmuró separándose de mi para que pudiese escucharla mejor—. Solo quiero acostarme y dormir. Shiro-sensei se tomó demasiado en serio el entrenamiento, dos minutos más y me desmayaba.
La observé notando algunos raspones en sus brazos y rostro. Planeaba hablar sobre como había resultado su rompimiento con Katsuro, pero al ver el cansancio que tenía decidí que lo mejor sería dejar la conversación para otro momento.
—Te prepararé el baño, trata de descansar un poco —Sentencié recordando el detalle que tuvo el día anterior conmigo.
—No es necesario, Nii-chan —Sujetó mi brazo mientras me ponía de pie—. Yo puedo hacerlo.
Le regalé una pequeña sonrisa y golpeé su frente con dos de mis dedos usando mi brazo libre. Aproveché su sorpresa para liberar mi brazo de su agarre.
—Hace mucho no hacías eso —Murmuró frotando el lugar que había golpeado.
—Descansa.
Sacudí sus cabellos y salí aún viendo la sorpresa en su expresión.
⟨Suki⟩
Cerré el grifo para cortar la corriente de agua en cuanto terminé de ducharme.
Mi cuerpo se sentía más relajado después de todo el estrés físico y emocional que venía acumulando desde la mañana, pero sabía que mañana cada parte de mi anatomía iba a doler como nunca.
Envolví mi cuerpo con la toalla que solía utilizar y me encaminé a mi habitación dejando la humedad impregnada dónde mis pies tocaban el suelo y en aquellos puntos en los que las gotas que caían de mi cabello aún mojado se estrellaban. Mi madre me mataría si me viera, pero ciertamente no podía importarme menos. Me adentré a la oscuridad de mi cuarto y al instante en que cerré la puerta algo me acorraló contra la pared y cubrió mi boca sin darme tiempo a nada.
El pánico me consumió, pero rápidamente reconocí el aroma tan particular que tanto me encantaba.
—Soy yo —Susurró Shisui casi pegado a mi cuerpo—, no grites o van a saber que estoy aqui.
—¿Que haces aquí? —Pregunté con mis palabras siendo amortiguadas por la palma de su mano.
Ciertamente no entendía nada.
—Estaba preocupado, se escucharon los gritos de su discusión desde fuera —Confesó liberando mi boca. Pero no se alejó, todo lo contrario, es como si el calor de su cuerpo se sintiera aún más cercano— ¿Todo está bien?
—Sí, pero... Estás muy cerca y yo estoy desnuda.
No podía ver su reacción en la oscuridad, pero sí fui capaz de percibir como dejó escapar todo el aire de sus pulmones en una ventisca cálida que me golpeó el rostro. Lo escuché dar unos pasos hacia atrás y algunos balbuceos incomprensibles salieron con un tono bajo de voz.
—¡Te juro que no lo sabía! —Exclamó manteniendo la voz baja para no llamar la atención de nadie— ¡Lo siento! Ya me iba, solo quería ver que no estés mal por la pelea con tu padre.
Me insulté mentalmente por perder la oportunidad de verlo en un estado tan nervioso como ese, pero sabía que si amagaba a prender a la luz él no lo permitiría o desaparecería antes de dejarme verle.
Di pequeños pasos hasta sentir su cuerpo cerca nuevamente y lo abracé sintiendo su cuerpo vibrar ante el toque que no esperaba sentir.
—Estoy bien —Aseguré sonriendo aunque no pudiese verme. Apoyé mi cabeza en su pecho sintiendo los latidos desbocados de su corazón—, gracias por preocuparte por mí.
—Am... bueno... yo... sí... —Seguía balbuceando sin sentido ni coherencia—. Me voy ya.
—Regresa cuando quieras —Ronroneé entretenida.
Shisui nervioso es realmente algo de lo que creía jamás poder aburrirme.
Pude escucharlo suspirar, como si le costase despegarse de mi agarre, pero antes de que alguno pudiese decir algo más lo sentí desaparecer por obra del Shunshin no jutsu que lo caracterizaba.
Sonreí imaginando sus mejillas sonrojadas, llenándome de ganas de apretarlas y repartir cientos de besos sobre ellas. Me vestí con ropa cómoda y me arrojé sobre la cama para abrazar la almohada con fuerza.
¿Cómo será dormir junto a Shisui?
Cerré mis ojos tratando de imaginar la sensación. Algo que no logré, estaba demasiado cansada y solo fue cuestión de segundos para que el sueño me venciera.
XX
Un golpeteo constante despertó mis sentidos, las gotas de lluvia se estrellaban contra el vidrio de mi ventana con ritmo. Pero había algo más acompañándolas.
Me acerqué con cuidado, haciendo la cortina a un lado con lentitud, hasta encontrar al otro lado un rostro conocido. Abrí la ventana en pura sorpresa por la visita inesperada.
—Katsuro —Lo nombré incrédula.
Estaba sostenido a la pared por el chakra concentrado en sus pies, llevaba un abrigo que lo cubría del clima torrencial del exterior y pude notar con la poca luz de las calles las ojeras bajo sus ojos.
—No tengo mucho tiempo, debo irme, solo escucha —Pidió dirigiendo su vista a su espalda antes de volver a verme.
¿Acaso alguien lo seguía?
—¿Irte? —Pregunté confundida— ¿A dónde irás?
—Escucha bien, Suki —Ignoró mi pregunta, luciendo más apresurado en irse con el correr de cada segundo—. Evita por todos los medios estar sola y aléjate de cualquier extraño que intente acercarse a tí. Pero por sobre todas las cosas, no te acerques a la oscuridad, en ella él tiene el control.
—¿Él, quién? —Froté mis ojos frustrada de no comprender nada de lo que estaba ocurriendo—. Katsuro, no entiendo a qué te refieres.
—Solo haz lo que te dije. Y no te fíes de nadie, en cuanto regrese te lo explicaré mejor —Sentenció alejándose, pero antes de irse por completo volteó a verme una vez más—. Y no duermas descubierta, te enfermarás.
Y desapareció saltando al tejado de la casa contigua, dejándome con la incertidumbre estancada en el pecho y la fría humedad del exterior azotando mi cuerpo.
XXX
Capítulo de 2804 palabras.
