Orgullo y tradición – El comienzo. CAP 21

La humedad en su traje de batalla comenzaba a evaporarse. Ya no tenía noción de cuánto tiempo llevaba en ese lugar, no quería regresar a la corporación, no en esas condiciones, derrotado. Humillado por dos mocosos, pedazos de chatarra.

Escuchó el sonido de la tela de sus guantes estirarse, debido a lo fuerte que apretó los puños, era lo único que se escuchaba a parte del viento. La calma reinaba en el valle, después de la impetuosa tormenta que reinó minutos atrás, llevándose con el agua, las lágrimas de vergüenza que brotaron de los ojos del guerrero. Sentía la misma humillación, de cuando tuvo aquel fatídico encuentro con el saiyajin de clase baja.

Tanto que se empeñó en alardear sobre su magnífico poder, en recordarles a los demás su superioridad, en insistir que con solo él, bastaba para derrotar a las chatarras. Sin embargo, basto una sola mujer, menuda y más joven, para barrer el suelo con su real sangre.

-Grrr…

Tenía tal coraje hacia los androides, hacia su maldito creador, que ni siquiera había reparado en pensar en el joven que llegó del futuro; su propio hijo. Su mente se encontraba nublada por el sentimiento de humillación. No se quedaría conforme, buscaría la manera de salir victorioso y limpiar su nombre. No sabía el por qué, pero desde que tenía noción, siempre estuvo al pendiente de lo que pensaban sobre él, del impacto que causaba en quienes lo conocían.

Posiblemente por su origen noble, apenas salió de la incubadora, comenzaron a entrenarlo para ser un líder en todos los aspectos. El hecho de haber nacido con el poder de pelea más alto, lo había condenado al escrudiño ajeno; el rey se había encargado de hacerle saber, que todos tenían grandes expectativas en él, que inclusive, lo veían como el futuro súper saiyajin, el que estaban esperando que resurgiera desde hacía decenas de años. Siempre tuvo los ojos de quienes lo rodeaban, puestos en él. Razón por la que cargaba siempre una coraza de orgullo, en la que se escudaba cuando se sentía vulnerable. Pero ahora, no tenía manera se ocultar su vergüenza, no quería presentarse ante los demás, no quería ser señalado.

-También está el mestizo- murmuró pensativo. No solo era la humillación de la que fue objeto por parte de la chatarra rubia, para aplicar más sal a la herida, la vulgar terrícola había tenido la osadía de presentarse con el mocoso. Sintió la sangre arder, de solo imaginar ser la burla de los insectos.

-Tsk… nunca imaginé que se le ocurriera ir, parecía genuinamente asustada- dijo a la nada, recordando el momento en que lo buscó para entregarle el nuevo traje reforzado. Tenía ojeras, signo de haber pasado mala noche, lo que le confirmó al asegurarle que tenía días desvelándose para terminar sus trajes nuevos, con una nueva aleación de materiales, que le brindaban mayor resistencia y flexibilidad a la armadura.

"Cuídate mucho"

Le dijo, visiblemente preocupada, posiblemente por el futuro de la tierra, porque entre ellos ya no había mayor relación que el de huésped y anfitrión. Aunque no estaba tonto, él sabía que lo hospedaba en su propiedad, le facilitaba comida y la cámara de gravedad, porque contaba con su poder para sobrevivir. En cuanto al crío, se había dado a la tarea de observarla en escasas ocasiones, mientras realizaba su patética versión de entrenar al mocoso, el cual no volvió a tener otra explosión de ki, como el de la noche que quiso eliminarlo, tampoco dio una sola señal de ser más que un bobo crío llorón.

Respiró llenando sus pulmones, apenas en ese momento recordó al joven misterioso. Todo había pasado con tal rapidez, que no tuvo tiempo de digerir el hecho de que ese joven, era el mismo crío debilucho que se cagaba en los ridículos atuendos, que la terrícola insistía en ponerle.

-Es él- afirmó con la vista perdida en la tierra estéril que lo rodeaba.

"Además se refirió hacia mí como padre, cuando peleábamos contra los malnacidos de los androides. ¿En qué momento pasó de ser la vergüenza que duerme en esa rara jaula, a un súper saiyajin?"

Una escueta sonrisa adornó su rostro, no lo quería admitir, pero algo extraño invadió su pecho, al recordar la ocasión en que Freezer y su ejército fueron derrotados, sin el mínimo esfuerzo por parte del muchacho.

"Y yo que creí que era un bastardo de Kakaroto. Ahora que lo pienso, tiene más sentido que un descendiente mío pueda lograr esa transformación" Hizo una mueca de desagrado al reconocer el potencial del joven, seguido por un gutural gruñido. "Eso no quita el hecho de que sus colores sean ridículos… además, no posee cola"

Suspiró fastidiado, había tenido un pésimo desempeño con el par de chatarras, contrario a lo que imaginó al derrotar al primer androide gordo. Ese pequeño momento de gloria, se esfumó y quedó reducido a un chiste de mal gusto.

-Hubiera sido perfecto si ese chiquillo no hubiese interferido- gruñó entre dientes. En el momento que hizo el trato con la terrícola, de esperar para ver el potencial del crío, tuvo pequeñas esperanzas, le intrigaba saber qué más podía hacer el mocoso, hasta dónde se podía manifestar su herencia saiyajin, ¿qué tan fuertes eran sus genes a comparación de los terrícolas? Pero, conforme pasaron las semanas, no obtuvo ni un atisbo de herencia saiyajin en el molesto crío. Perdió las esperanzas en él, solo esperaba a que se cumpliera el plazo se los tres meses para darle fin a su más grande error. Sabía que a pesar de que la mujer estuvo de acuerdo con el trato, a la hora de la verdad, no permitiría que le tocara un ridículo pelo lila al mocoso, por lo que, lo más probable era que tendría que sacrificarla a ella también, y de una vez, olvidarse para siempre, de intentar volver a mezclar su sangre. Por eso vio como una buena oportunidad, el instante en que el androide anciano lanzó un ataque contra la mujer y el error; hubiera sido perfecto.

-Tsk… ese mocoso insolente- bajó la vista hacia el valle que se extendía por kilómetros a la redonda.

No quería aceptarlo, la verdadera razón por la que el ataque del doctor Maki Gero le caía como anillo al dedo, era porque en el fondo temía flaquear, acobardarse frente a ella, inclusive, frente al crío, del que no podía negar que había heredado su mirada.

-No- negó con la cabeza, ante la primera semilla de duda, -no puedo dejarlo con vida- se llevó las manos a la cabeza, enredando sus dedos enguantados con su rebelde cabellera.

"Es un súper saiyajin. No sería un mal compañero de entrenamiento, tal vez podría…"

-No. No si puedo intentarlo de nuevo con Bulma, para ver si ahora sí sale con los colores correctos. No quiero conformarme con el primer resultado.

Su mente se encontraba en una lucha interna, no podía aceptar que Trunks no había resultado ser un fracaso. Su terquedad le impedía ser objetivo, antes no tuvo problemas mayores con eliminar a quien fuera, pero desde que descubrió los beneficios de enredarse entre las piernas de la terrícola, le costaba trabajo pensar con la misma frialdad de antaño. Las fisuras en su duro caparazón, cada vez eran más profundas.

Las tripas le gruñeron, ya tenía en ese lugar alrededor de cinco horas, más las energías gastadas en la pelea, por lo que su feroz apetito saiyajin, comenzó a hacer acto de presencia.

Gruñó de nuevo. No tenía cara para plantarse en la corporación, temía ser señalado, comparado con los debiluchos amigos de la mujer. Al menos Kakaroto tenía el pretexto de su enfermedad, ¿pero él?

La comida debía esperar, primero encontraría la manera de incrementar sus poderes, no se presentaría ante ella, abatido.

"Ella"

Suspiró meneando levemente la cabeza hacia los lados, ¿por qué le importaba tanto su opinión? Después del fiasco de hijo que formó en su débil vientre, la opinión de ella sería la que menos debería importarle. Pero ahí estaba, pensando en ella.

Sacudió su cabeza vigorosamente, debía enfocarse en lo primordial; vencer a esas chatarras de mierda.

-Soy el gran príncipe de los saiyajines, el ser más fuerte del universo- repitió su mantra entre dientes, como si en esa frase pudiera recuperar la dignidad que perdió con los puños de la rubia androide.

El pequeño bebé dormía plácidamente, se había portado de maravilla durante la loca ocurrencia de su madre, solo ella se atrevía a ir al campo de batalla con un pequeño infante de meses de nacido.

-Descansa mi amor- le susurró, besándole con ternura la frente.

Trunks movió su pequeña boquita, a pesar de haber terminado con sus dos raciones de leche materna, solía hacer el reflejo natural de mamar, en ratos mientras dormía.

Bulma suspiró agotada, la falta de sueño por la ansiedad y todos los acontecimientos de ese día, consumieron su energía. Quería una siesta, pero no podía darse ese lujo con los androides sueltos por ahí, con Goku enfermo.

Tampoco tenía certeza de que Vegeta los hubiera derrotado, no tenía manera de comunicarse con él, pero conociéndolo, lo más probable era que al terminar resultando vencedor, de entre las primeras cosas que haría, precisamente sería plantarse frente a ella para regodearse de su gran poder, haciendo énfasis en más de una ocasión, que es el príncipe de su raza guerrera.

Rodó los ojos al imaginarlo con su postura petulante.

-Es probable que se encuentre enojado- se dejó caer en el sofá frente a su cama. -¿Cómo se le ocurre decir que le avergüenza Trunks, a prohibirme presentarlo a mis amigos? Idiota.

**FLASHBACK**

-¿Tienes que ser tan vulgar todo el tiempo?- Lo escuchó decir al entrar a casa.

Lo vio recargado en la pared del recibidor, con los brazos cruzados y el ceño sumamente fruncido. Parecía molesto.

-No sé a qué te refieres Vegeta- intentó continuar caminando, ignorarlo, pero el príncipe habló de nuevo.

-Supuestamente, en unos días vienen los dichosos androides y, en vez de trabajar en el traje que prometiste, sales con…- la miró de abajo hacia arriba, fingiendo desagrado, -esos escasos atuendos. Pavoneándote frente al insecto que te estuvo viendo la cara- entrecerró l mirada. -Parece que no tienes memoria o, ¿tal vez ya estas desesperada por tener a un macho sobre ti?

La científica se giró, levantó la mano para tomar impulso, con el propósito de estrellarla contra la mejilla izquierda del guerrero, pero, contrario a la vez pasada, en esta ocasión su mano fue interceptada por la muñeca.

-Parece que se te está haciendo costumbre faltarme al respeto- le dijo con un tono serio y la voz grave, demasiado seductor para la ocasión.

-Suéltame- exigió con voz neutral, no le daría el gusto de alterarse por su culpa, ya tenía suficiente con la gran preocupación de la inminente batalla que se avecinaba.

Vegeta apretó un poco su agarre, acercándola más, estirando su brazo hacia atrás. Bulma jadeo con esa acción, quedando a escasos centímetros de la nariz afilada del saiyajin.

No sabía por qué, pero le había puesto de mal humor sentir el ki de Yamcha en los jardines de la propiedad. Y fue peor, cuando descubrió a través de la ventana, que la madre de su insignificante crío, reía y se exhibía frente al insecto, mostrándole descaradamente sus atributos hinchados por la lactancia, con un vestido sin tirantes, corto, demasiado ceñido para una mujer que no se gana la vida con su cuerpo. Tuvo deseos de volar la ventana, sacarle los ojos a todo aquel que se atreviera a deleitar su vista, con las curvas de la mujer que escogió para aparearse, no coger, aparearse con el fin de concebir. Por muy fracaso que hubiera resultado el crío, eso no quitaba el hecho, de que la mujer estaba en otra categoría que las putas que se tiró en el pasado. No le gustaba eso, el apego era para seres débiles.

-No sabía que las hembras de tu especie, buscaban hombre al poco tiempo de parir- habló con lentitud, disfrutando de la cercanía de la mujer, aunque fuese en una situación muy diferente a la que le hubiese gustado que fuera.

-No digas estupideces Vegeta- agitó su brazo con intenciones de zafarse, pero era como estar atada a un poste, el guerrero no se movía ni un milímetro.

Lo vio hacer un gesto de burla ante sus mediocres intentos para liberarse, parecía divertirle verla vulnerable. No le daría el gusto. Dejó de moverse y levantó una ceja. -Si buscas algún pretexto para tocarme y acercarte a mí… utilizar tu fuerza para ello es muy bajo- entrecerró la mirada y lo vio fruncir más el ceño.

-Si quisiera tocarte, no tendría por qué contenerme- sonrió mostrando los caninos, en una mueca llena de cinismo.

En un movimiento fugaz, la giró y levantó por los glúteos, recargándola contra la pared, acomodándose entre sus piernas, logrando robarle un leve gemido de sorpresa. Acercó su pecho trabajado, hasta dejar aprisionados los montes hinchados, lo cuales soltaron unas pocas gotas de leche materna con la presión ejercida sobre ellos. Vegeta lo olfateó, encontrándolo excitante, se preguntó si la piel de sus botones sabría diferente, o más dulce.

Acercó sus labios a los de ella, casi rozándolos. Bulma contuvo la respiración expectante, deseando por una fracción de segundos, revivir el placer de dejarse envolver por el príncipe. Razón por la que no replicó, en parte porque quería saber hasta dónde llegaba, también porque tenía la corazonada de que podía domarlo. Le gustaba que el hombre tuviera carácter, el saiyajin representaba un reto, a ella le gustaban los retos.

Extendió sus manos varoniles, para así poder tocar más piel de los redondos glúteos femeninos, no entendía porque no se cansaba de su piel. Probablemente por las grandes semejanzas entre sus razas.

-Si yo quisiera, aquí mismo te cogía- susurró con voz grave. Luego la soltó como si le ardieran las manos al tocarla, se alejó un metro de distancia y cruzó los brazos. Levantó una ceja petulante, perdiendo sus ojos momentáneamente en su escote, mientras la científica se agachaba para acomodarse la falda, que se había subido hasta su cintura.

Después de bajarse la falda, levantó la vista hacia el príncipe, con la misma altanería le observó, colocando sus manos en las caderas. -Acabas de demostrar que tengo razón. Buscas cualquier pretexto para tocarme- sonrió triunfante.

Vegeta negó con la cabeza, sin dejar de clavarle la mirada. -Lo único que demostré, es lo fácil que es tomarte- la miró de arriba hacia abajo, con los labios torcidos, fingiendo indiferencia hacia su cuerpo. -¿Para eso te vistes así? ¿Sabías que la sabandija venía y fuiste a pasearte medio desnuda frente a él?- le sonrió con burla, -por cierto… tu cuerpo no es el mismo, engrosaste- contuvo la risa al ver la cara de indignación que se dibujó en los finos rasgos de la mujer.

-Sé que no es el mismo, pero no exageres. Estoy a poco de recuperar mi peso anterior- delineó sus curvas, pasando las manos por sus costados, -me he cuidado mucho y sé que sigo siendo irresistible- presumió.

-Me da igual- le dio la espalda. -Solo dime una cosa, ¿qué le dijiste a la sabandija?

-Nada que te importe- giró sobre sus talones para caminar hacia el laboratorio central. La situación tan cercana con el príncipe minutos atrás, había logrado ponerla ansiosa. -Y no es sabandija… su nombre es Yamcha.

Las espesas cejas del guerrero se arquearon. -Vaya… que rápido olvidas cómo permitía que otra se montara en sus piernas, e intercambiaban fluidos bucales frente a todos los presentes- escupió con sorna, disfrutando de verla girarse para encararlo. Sabía que siempre funcionaba cuando atacaba a su orgullo.

Bulma se acercó con pasos lentos, hasta quedar frente al guerrero. -¿Acaso estas celoso?- sonrió burlona. -Sí, eso… estás celoso de que Yamcha venga a visitarme- afirmó encorvándose hacia adelante, colocando las manos en las caderas de nuevo.

Esa no era la respuesta que esperaba de ella. Se mordió la lengua en silencio, haciendo una mueca de desagrado, fingiendo indiferencia; algo en lo que ya tenía maestría. Luego sonrió con mofa. -No te ilusiones… terrícola. Lo único que me interesa, es la información que ese insecto pueda tener de mis avances- desvió la mirada arrugando su nariz. Aun podía sentir el calor de su piel en las manos, ¿qué tenía esa mujer como para distraerlo? No le encontraba lógica, ya que no compartían compatibilidad genética al cien por ciento. Lo entendería si fuera saiyajin, pero no, ella pertenecía a otra especie, una muy inferior a la suya.

Los alardes de altanería del príncipe parecían reales, pero Bulma no era tonta, dudaba de las palabras del guerrero cuando mostraba indiferencia hacia ella. A pesar de que su relación se resumió simplemente a sexo, no era tan ingenua como para ignorar, que ambos dejaron huella en el otro, al parecer la de él, más profunda en ella, pues aún le dolía su distanciamiento, principalmente hacia Trunks. Se le oprimía el corazón, cada vez que recordaba cómo lo añoró durante su embarazo.

-Yamcha nunca me ha preguntado por ti, al menos por tus avances en el entrenamiento.

-¿Al menos por mi entrenamiento?- Ladeó la cabeza con la boca entreabierta, -eso significa que ha estado viniendo, ¿me equivoco?- entrecerró la mirada. A pesar de mantenerse con su pose fría, era evidente que le incomodaba saber que el beisbolista tenía tiempo frecuentando a la mujer, probablemente, desde que él estuvo en el espacio, aprovechando su ausencia para acercarse.

"No puede ser. Sabe del mocoso"

Apretó la mandíbula, mientras tragaba saliva con dificultad.

-Por supuesto- le respondió con naturalidad. -Mis amigos siempre serán bienvenidos- no tenía por qué hacerlo, pero sintió que tenía la obligación de hacer énfasis, en que su ex pareja, ahora pertenecía a la categoría de amigos. Ver que le afectaba, significaba un atisbo de esperanza.

Con enfado se acercó de nuevo hacia la mujer. -Dime una cosa Bulma- la llamó como raras veces lo hacía, por su nombre. -El insecto ese, o cualquiera de los demás inútiles que tienes por amigos, ¿sabe de la existencia del crío?

-Trunks, sabes de sobra que se llama Trunks- cruzó los brazos sobre su pecho, alzando la barbilla.

-Da igual su nombre terrícola. Lo único que interesa, es qué tanto saben tus… amigos, sobre el mocoso- no quiso darle el gusto a la mujer, de verlo pronunciar ese nombre tan indigno para su descendencia.

La científica se rascó la barbilla, pensando, dándole tiempo a su respuesta. -Creo que Yamcha sabe más que tú, ya que estuvo presente en las primeras dos semanas desde que nació. Haciéndome compañía y ayudándome en lo que necesitaba- sonrió petulante.

-¿Qué?- El ojo derecho le tembló en un tic que duró unos pocos segundos.

-Ha sido de gran compañía…

-¿Kakaroto lo sabe?- la interrumpió.

-No…- arrugó el ceño, a veces le irritaba la obsesión de Vegeta por Goku, era como si no tuviera vida, todo se reducía a su estúpida rivalidad. -¿Se lo quieres decir tú?- inquirió con sarcasmo.

-¿Cómo aseguras que el insecto debilucho ese, no se lo dijo ya?- levantó una ceja, a veces le parecía que la mujer confiaba demasiado en los demás, incluyéndolo a él.

-No se lo ha dicho, porque yo se lo pedí- cerró un ojo, levantando el dedo índice de su mano derecha. -Quiero sorprenderlos a todos cuando estén reunidos- agregó con una mueca de travesura.

La vergüenza se apoderó de cada uno de los músculos del guerrero. De solo imaginar que su error lo sabía ese desagradable terrícola, de la burla que provocaría sobre su persona, en caso de que las demás sabandijas lo supieran. Aun a pesar de que los eliminaría si se atreviesen a mofarse de él, no dejaba de ser una certera puñalada a su orgullo.

-¡Ni se te ocurra presentarte en la batalla! Y menos con el mestizo- exclamó levantando un puño a la altura de su cabeza. -Si piensas pararte en el lugar de la batalla- dijo acercándose a la mujer, tomándola por los brazos, -juro que te encerraré hasta que termine la pelea y me deshaga de todos los insectos. No permitiré que me humilles- siseó la última frase, mostrando los colmillos amenazadoramente.

Los ojos iracundos del príncipe, fueron prueba suficiente, como para creer en su palabra. No era una buena idea expresarle sus verdaderas intenciones para ese día tan esperado, no arruinaría lo que ansiaba como niña que espera su fiesta de cumpleaños. Presumir a su hermoso bebé. Por muy asustada y ansiosa que se encontraba debido al futuro combate, le ilusionaba sorprenderlos a todos y de una vez, enterarse del progreso de sus entrenamientos.

-¿Acaso te volviste loco? Es muy peligroso… lo pienso hacerlo una vez que todo termine. En una gran fiesta- respondió mostrándose indignada. Pero Vegeta no era tonto, al menos aun no se convencía de la veracidad de sus palabras.

Entrecerró los ojos antes de hablar. -Cuando vino Freezer, no dudaste en ir, a pesar de ser sumamente peligroso.

Bulma se relamió los labios, esa no se la esperaba. El hombre podía recordar cualquier cosa si le convenía, no era tan fácil de convencer como el resto de sus amigos. Por eso le atraía demasiado, por su carácter tan indomable, aunque a veces dudaba de sus sentimientos hacia él, de una cosa sí estaba segura; la vida con él, sería divertida.

"Yo soy la gran Bulma Briefs. Le haré creer que tiene la batuta" Sonrió para sus adentros.

-En ese tiempo, no tenía a Trunks y estuviera en el lugar donde estuviera, eso no tendría importancia. Pues si la tierra era destruida, no había lugar seguro donde estar- levantó ambas cejas. -En cambio con los androides, por lo que dijo ese muchacho, se limitan a destruir ciudades y matar personas, pero en años no han destruido el planeta… por lo que estaré esperando a que todo pase, en nuestro bunker que se encuentra bajo tierra, con mis padres. Ni loca arriesgaría a mi bebé- lo dijo de una manera tan sentida, que inclusive ella misma se impresionó de lo convincente que sonó, seguido de una sensación de asco, por decir que no arriesgaría a su bebé, cuando en el fondo, ella estaba consciente de que Vegeta acertaba al decir que era un lugar peligroso. Por un momento se sintió estúpida por utilizar un momento de vida o muerte, para vanagloriarse de crear un hermoso hijo, frente a los demás, tal vez la idea del bunker no era tan mala, principalmente por la seguridad del pequeño.

Pero ella se caracterizaba por ser de espíritu rebelde, por romper las normas. Le dolía hacer una acción tan inmadura siendo madre, pero su naturaleza le impedía sentarse a esperar.

El príncipe relajó un poco su ceño, lo que decía la terrícola tenía sentido, ya no era la misma, al menos le constaba que el mocoso le importaba más de lo necesario. Respiró aliviado, al menos el grupo de sabandijas no sabrían su gran tropiezo, eso le reconfortaba. Una cosa menos de qué preocuparse.

"La solución para mi metida de pata es eliminarlos"

Cerró los ojos unos segundos, no aceptaba que al menos a ella, no podía tocarla para hacerle daño. Tal vez por eso utilizaba el pretexto de que solo con ella podía volver a intentar tener un descendiente, pero en realidad, lo que deseaba era tenerla de nuevo.

Endureció de nuevo sus facciones, amenazadoramente. -Bien, mejor así. Porque si terminas en fuego cruzado, no esperes a que te rescate. Sabes de sobra que no lo haré, menos por el mestizo llorón- la soltó con cierta brusquedad alejándose hacia la salida, caminando a paso lento, mientras hablaba sin retornar la vista. -Por cierto, no he visto progreso en el crío. Y no lo habrá si continuas perdiendo el tiempo con el insecto- se alcanzó a escuchar, antes de verlo salir hacia los jardines principales.

**FIN DEL FLASHBACK**

Una sonrisa burlona se hizo presente en las facciones de la científica.

-Su cara cuando me vio llegar. Aun la tengo grabada, realmente no lo esperaba.

Negó con la cabeza. -No tiene caso pensar en lo demás, ya me lo había advertido.

"No me sorprendería que hubiera sido un alivio para él, si Maki Gero lograba asesinarnos" Pensó con pesar, soltando un suspiro.

Miró de nuevo al bebé, tan sereno, ajeno a toda la violencia que lo rodeaba, al haber estado a punto de morir, unas cuantas horas atrás.

-Debería estar enojada con él- llevó la mano derecha a su sien, comenzaba a dolerle la cabeza. -Pero me lo advirtió-. Un escalofrío la estremeció, al recordar la fría mirada llena de determinación del príncipe, cuando dijo que no la rescataría. En ningún momento dudó de la veracidad de sus palabras.

Se acomodó en forma fetal, al lado del pequeño.

"Tal vez si descanso un poco. Solo para ordenar mis ideas"

Tenía sentimientos encontrados con el guerrero, le dolía en el alma comprobar que la dejaría morir.

-Trunks…

Observó detenidamente al híbrido, cada vez se parecía más a su padre, inclusive en el carácter.

-Serás muy guapo y valiente cuando crezcas- le susurró con una gran sonrisa.

"¿Cómo estará?"

Se abrazó preocupada por la versión adulta de su hijo. Si por ella fuera, andaría en una nave, buscándolo, intentando ayudar. Pero después de lo sucedido en la mañana, le quedaba claro que solo sería un estorbo. Y ya no estaba dispuesta a arriesgarlo.

Cerró los ojos recordándolo; gallardo como un príncipe de cuento, con mirada penetrante, pero no asesina como la del saiyajin de sangre pura, sino cálida.

Suspiró. -Tendrá locas a todas las mujeres que lo conozcan- rio bajito, para no despertarlo.

-¿Cómo es posible que no se me hubiera ocurrido que era él? Al menos después del nacimiento de Trunks- susurró para sí misma. Estaba impresionada de que ella, que se consideraba la persona más inteligente de la tierra, no hubiera relacionado el gran parecido entre su bebé y el muchacho de la máquina del tiempo. -Con razón me dio la impresión de que se parecía mucho a Vegeta… ¿cómo no? Si es nuestro hijo.

Se relamió los labios con ansiedad, quería verlo de nuevo, hablar con él, preguntarle tantas cosas.

Se levantó de un brinco, ya descansaría después, tomaría un par de analgésicos y esperaría pendiente a cualquier información.

El estómago le rugió de nuevo, ya había perdido la cuenta de todas las veces que sus intestinos le suplicaron por comida.

-Tsk…

No encontraba la manera de incrementar sus poderes. En todo el tiempo que llevaba en ese lugar, le dio mil vueltas a todas las maneras que conocía, e inclusive recreó en su mente, diversas situaciones utilizando sus mejores técnicas y, en cada una terminó vencido.

No le veía el caso ir a continuar con el mismo entrenamiento en la cámara de gravedad, no lograría nada en poco tiempo. Debía haber otra forma, ¿pero cuál?

Estaba decidido a no moverse de ahí, hasta encontrar una solución. Así se muriera de hambre.

Pero no contaba con algo.

De pronto, a lo lejos, varias energías conocidas se hicieron sentir.

-¿Freezer…?

Abrió los ojos dudando de sus sentidos, concentrándose.

-¿King Cold, Kakaroto…?

Se giró hacia el lugar de donde provenían las energías, inclusive se talló los ojos, confundido.

-Debe ser la falta de comida y la presión mental- murmuró.

Pestañeó sacudiendo su cabeza. Era imposible que Freezer y su padre aparecieran de la nada, él mismo los vio ser reducidos a cenizas, y no había nadie en la tierra que se atreviera a reunir las esferas del dragón para revivirlos, inclusive fuera del planeta, todos quieres le sirvieron tenían más libertad, y el puñado de servidores fieles, no tenían la capacidad de recolectar las esferas, probablemente ignoraban que en la tierra había otras. En cuanto a las de Namek, era poco probable que encontraran el nuevo planeta, así como derrotar a los namekianos guerreros, al menos no, sin los mejores guerreros fallecidos del emperador.

Respiró hondo convenciéndose de que no era una alucinación.

-¿Qué demonios pasa?- se disparó como bala, directo hacia ese lugar. Debía velo con sus propios ojos.

Toda su vida imaginó a su padre, inclusive soñó con momentos en donde entrenaban juntos, en donde le enseñaba sus técnicas, le hablaba sobre su planeta, su pueblo, sus costumbres, sus padres.

Siempre tuvo curiosidad por ese misterioso hombre que llegó del espacio y lo engendró. Lo poco que sabía de él, lo atesoraba con orgullo.

Levantó la vista, encontrándose con la amplia espalda de su padre. No entendía como le hacía para permanecer en la misma posición por horas, sin agua ni comida. Inclusive le ofreció una botella de agua, la que sacó del refrigerador que guardaba en una cápsula, pero el orgulloso saiyajin la rechazó con palabras hirientes. Aun así, se la dejó al lado, al ver que no tomaba ni una gota, decidió alejarse, suponiendo que su enorme orgullo le impedía aceptar lo que ya había rechazado. Y no se equivocó, al regresar un par de horas después, vio la botella tirada a unos cuantos metros, vacía.

Suspiró tomando asiento en el piso, aliviado de que al menos su padre bebió agua, en ese lugar tan árido que escogió para, al parecer pensar.

No entendía cómo podía ser tan terco, ¿qué tan difícil era sumar fuerzas para vencer? ¿Cómo era posible que prefiriera hacer un berrinche, antes que tomar cartas en el asunto?

Ni siquiera había querido hablar con él. Nada de lo que soñó por años sucedió, no había curiosidad por parte del príncipe sobre su vida o la de su madre, sobre su infancia sin él, sobre sus anhelos, sus experiencias en batalla, nada. Era invisible para él, le dolía y mucho.

Bajó la vista hacia la tierra dura en la que se encontraba. Pensando en la manera de abordarlo, debía haber alguna, su madre lo hizo, ¿por qué no él? Después de todo tenía su sangre.

Sus pensamientos se dividían entre acercarse de nuevo, con el riesgo de recibir una grosera respuesta o alejarse y entrenar con cualquiera de los amigos de su madre. Justo en eso, frente a él apareció el padre de su maestro.

-Señor Goku…- dijo, feliz de verlo de pie y al parecer curado.


Fin del capítulo

Saludos a todos, espero se encuentren bien de salud.

Decidí hacer el capítulo más corto para poder subirlo esta semana, de lo contrario tendría que esperar otra semana.

Ya pasamos a la saga de Cell, espero entendieran la cronología. Me he brincado todo lo que sale en la serie para no hacerlo repetitivo, ya todos conocemos esa parte, por eso me pasé a los momentos que son un misterio para nosotros.

El capítulo que sigue comenzará con la habitación del tiempo, ya tengo desde hace meses una ilustración escogida para ese capítulo. Siempre ha sido un misterio para mí lo que sucedió, lo difícil que ha de haber sido para Trunks aguantar el mal carácter de su padre, y lo peor, su desprecio. Pero siento que Vegeta valoró a su hijo, en gran parte por haber convivido ese año encerrados, pero su dura cabeza no quería aceptarlo.

Me despido por hoy, no olviden dejar su comentario.