CAPÍTULO 20

El nuevo día dio inicio, sin embargo no como la pareja hubiera deseado; Terry había planeado dar un paseo por el lago con su novia, pero tuvo que ir a la empresa para revisar el avance de la investigación e informar a su padre sobre el asunto antes de que éste arribara al país la próxima semana.

Candy se había pasado casi toda la mañana ayudando a la señora Katherine a preparar el almuerzo, ella le contaba historias de Terry cuando era niño y adolecente, cuando el visitaba la villa.

-Esta villa le pertenece al joven Terrence.

-En serio? Creí que era de su familia.

-Su padre se lo regaló cuando cumplió 19 años; cada verano él era el único que visitaba la propiedad, dijo que tal vez esto podría animarlo; ya que estuvo deprimido y había perdido su jovialidad durante mucho tiempo.

Candy no dijo nada, se preguntaba el motivo para que Terry haya estado deprimido.

-Me alegra ver que regresó ese brillo a sus ojos…- la vio con una sonrisa amistosa – y creo saber el motivo. – Candy la miro cuestionándola con la mirada. – usted señorita – afirmó – usted es la razón.

-No creo ser la causa… tal vez es porque al fin Terry cumplió con sus metas, es un gran empresario y tiene a su familia junto a él.

-No dudo que eso también lo llene, pero créame, señorita, que eso siempre lo tuvo; sin embargo cuando lo vi llegar junto a usted lo supe en seguida, por favor nunca dude del amor que el joven tiene hacia usted, no lo lastime… puedo asegurar que usted es su felicidad como él lo es de usted.

-Usted lo quiere mucho, verdad?

-Yo lo vi crecer, es mi niño. – dijo con una sonrisa y Candy recordó a su nana María.

-Quién es tu niño? – Terry ingresó a la cocina.

-Joven Terrence…

-Terry, Katherine. Ya te dije que no tienes que llamarme con formalismos.

-Bueno… sólo le contaba a la señorita algunas historias de cuando eras niño.

-Espero que nada vergonzoso.- posó sus labios en la mejilla de Candy.

-Claro que no, esos me los contó tu madre. – dijo riendo del rostro de asombro que puso Terry.

Comieron junto a la señora Katherine, quien seguía contando historias sobre las travesuras de Terry de niño. Luego del almuerzo la pareja subió a la habitación para descansar un momento antes de salir a su paseo.

-Cómo te fue en la empresa?

-Son varias irregularidades, no sólo en los libros de contabilidad.

-Pero eso los afectará mucho? – dijo con preocupación – es decir, podrían cerrar la empresa?

-Es posible.

-Pero mucha gente se quedará sin trabajo! Debe haber algo que hacer.

-No te preocupes por eso. En caso de que esta empresa cierre, reubicaremos a los empleados en las otras empresas, no los dejaríamos sin empleo.

-De verdad?

-Espero que no sea necesario, estamos haciendo todo para salvar esta empresa, aunque ya se inició una auditoria; ahora, está en manos legales.

-Todo saldrá bien, ya lo verás.

-Ya no hablemos de eso, en este momento sólo quiero mostrarte mi lugar favorito en toda la propiedad.

-Y si es tu lugar favorito, por qué recién me lo muestras?

-Porque siempre se deja lo mejor para el final.

-Bueno, en eso tienes razón; me muero por verlo, seguro nos gustará, verdad Klin? – se dirigió a su amigo, pero éste recorría el lugar olfateándolo.

-Creo que de nuevo nos ignora. – afirmó el castaño con una risita.

-Eso parece, desde que llegamos se la pasa recorriendo el lugar, al parecer le gusta mucho el campo.

-Es que tiene más libertad para correr.

-Sí… cuando estábamos en España vivíamos en un apartamento muy pequeño, y cuando lo sacaba al parque tenía que correr tras él para atraparlo, nunca le gustó estar encerrado. – dijo recordando con tristeza aquella época.

-Pero ahora es diferente, son libres. –dijo tomando su mano viéndola sonreír – me olvidaba decirte que Tony llamó, dijo que nos visitaran el próximo fin de semana.

-En serio? Ya quiero ver a Karen, en tan poco tiempo llegue a quererla.

-En serio, aun con su voz chillona?

-Terry! No seas malo, ella es muy divertida y muy buena amiga, que te parece si organizamos una fiesta de bienvenida para ellos.

-Como gustes amor. Hablando de amigas, dijiste que llamarías a Susana?

-Sí, lo hice. Pronto se casará y me pidió que fuera su dama de honor. – Terry captó un tono triste en su voz.

-Pero…?

-Pero… no quiero ir a América, aún no estoy lista.

-Cuando estés lista yo iré contigo, además ella entenderá si no vas, así que no te preocupes.

-No quiero fallarle… ella siempre estuvo conmigo.

-No te preocupes amor, si es necesario le financiaremos la boda en Europa y traeremos a todos sus invitados para que tú puedas estar con ella.

-Sería muy costoso, sería más fácil que me lleves amarrada con una soga. – dijo sonriendo.

-Tienes razón… y no sabemos si todos sus invitados tienen pasaporte. Deberíamos coordinar eso.

-La llamaré en la noche para proponer tu idea. Es posible que acepte.

-Quien no lo haría? Y más si garantiza tu asistencia. – Candy se puso frente a él y lo beso intensamente, Terry rodeo su cintura y profundizó el beso. – te amo y haría todo por verte feliz.

-Lo sé, y espero que tú sepas cuanto te amo y adoro.

Cuando llegaron al lugar el castaño le mostró una pequeña colina que tenía vista al lago, era realmente hermoso.

-Se parece a la colina en la casa de mi abuela.

-Esa es mejor.

-Por qué? yo creo que ambas son hermosas.

-Porque esa tiene guardado el recuerdo de una pequeña pecosa que correteaba por el lugar; la niña que iniciaba carreras con su amiga y lo mejor de todo que compartió un picnic conmigo bajo ese gran árbol.

-Aún lo recuerdas?

-Cada detalle, recuerdo tus coletas, el cómo hiciste trampa para llegar antes que yo en esa carrera que iniciaste.

-Yo no hice trampa!

-Recuerdo bien cómo Klin hizo que tropezará, sólo para que tú ganaras.

-No es cierto!

-Pero sobre todo recuerdo cuantas pecas tenías en ese entonces. Ese día los conté mientras tú comías pastel.

-Mentiroso!

-Jajajaja tienes razón eran muchas, así que sólo las calculé; pero ahora ya las puedo contar. – dijo tomando su rostro.

-Lo harás ahora?

-Ya lo hice. Las conté mientras dormías la primera vez que estuvimos juntos. – la vio sonreír- y lo hago cada mañana desde entonces. Tienes… 500.

-Ah Terry! No mientas, no son tantas. – lo empujó por su broma.

-Jajajaja, Pecosa, aunque trates de negarlo la prueba está, ahí. – dijo señalando su rostro.

-Ya te dije que no son tantas, a lo mucho deben ser unas 15 pequitas.

-Jajajaja, mañana te llevo al oculista para que te revise la vista. Cómo no puedes ver esas lindas pequitas que se posan en esa naricita respingada. – dijo apretando su nariz de forma cariñosa.

-De verdad te gustan tanto?

-Tanto que cada una tiene nombre. – después del comentario del castaño la rubia soltó una carcajada.

-Terry, eres un exagerado! Primero las besas muchas beses cada mañana, y ahora les pusiste nombre?

-Te burlas de mí, Pecosa? – dijo con indignación fingida.

-Claro que no! – pero su risa la desmentía.

-Mereces un castigo por tu insolencia, Pecosa.

-Nooo! – dijo corriendo mientras reía del juego que compartían. El castaño corrió tras ella amenazándola por burlarse de él. Cuando la atrapó la llevó hacia el gran árbol.

Pasaron unas horas contemplando el lago apoyados en el árbol, Candy sentada entre las piernas de Terry, él la abrazaba y apoyaba el mentón en el hombro de la rubia, klin recostado junto a ellos; el sol estaba a punto de esconderse, los colores matices entre rojo, naranja, azul y tonos leves de violeta se funcionaban con el color del lago, era simplemente maravilloso, podrían estar así durante horas sin emitir ningún sonido, y no sería incomodo; el clima aunque un poco húmedo, como suele ser en primavera, era perfecto es como si la naturaleza los ayudara para que sigan disfrutando de su compañía.

-Terry?

-Dime amor.

-Recuerdas la conversación que tuvimos, sobre mi futuro?

-Sobre lo del modelaje?

-Sí.

-Qué hay con eso?

-Bueno… he estado pensando lo que quiero hacer en el futuro… sí me gusta ser modelo, hasta cierto punto.

-Lo dices por lo del comercial?

-Sí, es decir… no estoy acostumbrada a… a… -le costaba decirlo.

-Ese tipo de comportamiento?

-Sí, no con un extraño.

-Dejarás el modelaje?

-No, no por ahora. – el castaño la miró desconcertado, creyendo que era aquello que la rubia haría – no me mires así, sabes que tengo un contrato, y le di mi palabra a Anthony.

-Eso puede arreglarse, yo me encargo, si es lo que quieres.

-No! sabes que no permitiré que pagues una multa por incumplimiento. Ya lo hicieron cuando pasó lo de David.

-Candy…

-Escucha, ya decidí lo que quiero hacer. – se dio la vuelta para verlo a los ojos. – seguiré como modelo, además no es tan malo, pero también quiero estudiar.

-Quieres estudiar una carrera? – la vio asentir – oh, mi amor eso me parece perfecto! Y qué quieres estudiar?

-Quiero ser maestra… de preescolar.

-Creo que es una carrera perfecta.

-En serio crees eso?

-Claro! Cariño, tú eres perfecta para cualquier carrera que implique ayudar y dar cariño a los demás.

-Gracias, sabes? Mientras esté estudiando tendré que trabajar como modelo para pagar mis estudios y cuando termine…

-Sabes que yo puedo pagar tus estudios, no es necesario…

-Lo sé cariño, pero es algo que yo debo hacer, será mi carrera y yo debo pagarla.

-Candy… - la rubia no lo dejó terminar.

-No discutiré eso, además ya está decidido.

-De acuerdo, y dime por qué decidiste ser maestra? – dijo resignado.

-Lo de estudiar… lo he estado pensando desde hace tiempo. Sabes que mi sueño era ser doctora, pero no creo tener dinero y el tiempo suficiente, tendría que dejar de trabajar y…

-Yo puedo pagarlo.

-Amor ya hablamos de eso.

-Pero si ese es tu sueño, yo quiero cumplírtelo.

-Y te lo agradezco mucho, pero ahora me llama la atención ser maestra. Supe que era algo que puedo hacer y quiero hacerlo.

-Si es algo que quieres hacer sabes que tienes todo mi apoyo.

-Gracias mi amor. – lo beso en los labios.

-Y yo a ti no sólo te amo, también te adoro. – le dio otro beso uno más intenso. – si Klin no estuviera aquí, ahora te tendría en mis brazos y no sólo besaría tus labios… y tu cuello… y…

-Terry… - le besaba en el cuello y esto causaba que la mente de la rubia se nublara, de repente el castaño dejó de hacerlo.

-Qué pasa? – dijo embriagada por lo que estaba sintiendo.

-Ya te dije, Klin. – dijo señalando al can quien seguía recostado durmiendo a lado de la pareja.

-Sí… si, claro.

-Mejor dime desde cuando te decidiste por la docencia.

-El primer día que me llevaste a visitar el pueblo? Ese día pasamos por una pequeña escuela de infantes y vi como la maestra despedía a los niños y el afecto que ellos le tenían, entonces pensé que debería ser una gran maestra para que los niños la quieran tanto, y luego por nuestro lado pasó un niño que le contaba a su mamá todo lo que había aprendido y como la maestra les había enseñado una canción… ya en Francia me llamaba la atención esa carrera, pero ver a esos niños me ayudó a que me decidiera.

-Serías una gran maestra, aunque creo que los niños no querrán dejar la escuela con una maestra tan linda como tú.

-Jajaja, eres un adulador. – entonces sintió una gota de agua en la mejilla.

-Creo que es hora de correr! – Terry se puso de pie y ayudó a Candy a hacerlo.

-Pero no había nubes que anunciaran que iba a llover!

-Pues así es el clima en primavera, ahora corramos que está arreciando.

Corrían por el bosque como queriendo esquivar las gotas que caían del cielo, reían como dos niños traviesos jugando en el lodo, Klin iba tras ellos lleno de lodo al igual que sus dueños.

-Terry, por qué parece que el camino es más largo, ya estoy cansada. – dijo la rubia dejando de correr.

-Ya no falta mucho Pecosa, no quiero que te mojes tanto, podrías enfermar.

-Es que… ya no… puedo. – dijo agitada doblando su cuerpo hacia adelante con sus manos en las rodillas para sostenerse.

–Creí que eras bailarina.

- No estoy acostumbrada a correr… no así.

-Ven. – se agachó – sube te llevo.

-Soy algo pesada. -La rubia subió a la espalda del castaño.

-Eres muy liviana, no pesas casi nada. – dijo sosteniendo los muslos de la rubia y echando a correr hacia la casa.

Entre risas y besos que Candy dejaba en la nuca y el cuello de Terry llegaron a la villa; pero al cruzar la puerta fueron interceptados por la señora Katherine, quien se veía algo nerviosa.

-Señor, tiene visita.

-Quién es, Mary?

-Soy yo mi amor. – una voz femenina se escuchó en el lugar.

-Nadia…

-Necesito hablar contigo.

-Ah sí? Entonces haz una cita con mi secretaria, como veras ya es tarde y no estoy para visitas. – dijo serio y con una mueca de burla.

-Esto te interesa, créeme. – luego posó los ojos en la rubia. – tú debes ser Candy. – dijo al reconocerla, pues siempre escuchó a Terry hablar de su amiga americana.

– Candy ve a cambiarte, no quiero que te enfermes. – Terry no quería que Candy tenga contacto con Nadia. – Katherine, ayudé a mi novia por favor.

-Sí señor. – se acercó a la rubia quien no había dicho nada – vamos señorita, le prepararé el baño. – la llevó rumbo a la habitación que compartía con el castaño.

-Dime de una vez que quieres y lárgate. – dijo después de un corto silencio.

-Por qué nunca me trajiste a este lugar? – dijo mientras caminaba rumbo a la sala.

-Por qué crees? –caminaba tras ella. – no sé que te propones, pero es mejor que lo digas o en este momento te echo a la calle.

-Me dejarías marchar en plena lluvia? – vio una sonrisa arrogante en el rostro del castaño.

-Prueba si soy o no capaz de hacerlo. - Se estaba molestando.

–No serías capaz de hacer algo así, sé que tienes un carácter fuerte, pero… sé muy bien que no maltratarías a tu hijo. – Terry sólo la miró achicando los ojos mientras ella le dedicaba una sonrisa de triunfo.

-Crees que caeré en eso?

-Estoy embarazada Terry, y es tuyo.

Mientras caminaba a la habitación Candy no había dicho ni una sola palabra, sólo pensaba lo hermosa que era Nadia y que era eso tan importante que quería hablar con Terry.

-Señorita, le prepararé el baño y luego algo para que coma.

-Señora Katherine, podría preparar algo para que coma mientras yo tomó una ducha caliente? –le dedicó una sonrisa tímida.

-Claro! Enseguida le preparo una sopa ya verá que así no se resfría. – se dirigió a la puerta algo emocionada por preparar una deliciosa sopa para la adorable rubia.

Candy al verse sola salió presurosa de la habitación, quería saber que era lo que le estaba diciendo Nadia a Terry, no permitiría que lo chantajee otra vez, pero antes de abrir la puerta escuchó la frase que acabó con su felicidad.

-Estoy embarazada Terry, y es tuyo.

Nadia ya se había marchado, dejando al castaño molesto por su visita. Terry sabía que tendría que hablar con Candy sobre eso, pero tenía miedo de la reacción que la rubia podría tener; antes de ir con la rubia decidió tomar un trago para darse valor, mas antes de servirse la copa Katherine entró a la sala.

-Joven… la señorita Candy no se está en su habitación ni en la casa. – estaba preocupada y lo hizo más al ver como el castaño palidecía.

Qué les pareció?

Espero que les haya gustado este capítulo. Como siempre agradezco a todos los lectores que siguen esta historia, gracias por su apoyo. Se cuidan mucho.

Septiembre – 18 – 2020.