Historia alternativa de amor en el universo de One Piece, con nuevos personajes, drama, lenguaje obsceno, escenas sexuales fuertes, tortura y de alto contenido violento. Pero que tras todo esto, sigue siendo de amor, ¿Te atreves a leer el guión de esta historia?
Acto II: Adolescencia (Infierno)
Escena 10: Luffy admitiría que Ler lo logró, solo un poco tarde.
" Monkey D. Garp
Voy a adelantarme a que saques conclusiones, a que enloquezcas al escuchar algún rumor. Sé que con los años me has encasillado como tú pesadilla personal y no te culpo por ello, pero creo que deberías de haber guardado todo ese rencor para otro momento, digamos, uno como este.
Así que no creas que pretendo molestarte de algún modo, pese a todo, has hecho muchas cosas bien aunque la hayas cagado a lo grande de igual forma (tachado) , solo intento advertirte. Dicen por allí que soy un buen tipo, no voy a demostrar lo contrario.
Entonces...Bueno, lo sabrás en algún momento.
Me he aprovechado de tu nieta.
No, no pienses que la engañé, nunca le haría eso.
Me acosté con ella.
Y lo siento, bueno, no lo siento en realidad. Y también sé que en realidad no es tu nieta pero sentía la necesidad de decírtelo. (tachado)
Y... Quería ser yo quien te lo dijera y no fueses a arrepentirte después de increparselo a ella, de hacerle daño y romperle el corazón con palabras que nunca olvidará. Tu otro nieto ya se lo rompió lo suficiente para que crea que nunca sanará.
No la culpes.
No lo culpes.
Ninguno es culpable en realidad.
Vas a escuchar que me sedujo. Vas a escuchar que es una costumbre ya. Y del muchacho...Se que encontraras sorpresas. Pero te aseguro que fui yo quien se aprovechó de ella, que todos nos aprovechamos de ellos y de su debilidad.
Eran muy jóvenes, Garp.
Son muy jóvenes.
Y aún así, ambos tienen en los ojos una mirada que te hace querer llorar, como si tuvieran una vida entera luchando - o más-.
Así que he decido prevenirte para el momento en que tengas que decidirlo y no tengas tiempo para pensar: ¿Vas a golpearlos en la cara o les vas a ayudar?
Ace es un buen muchacho, aunque temperamental. Y Ler...No creo que quieras que se me acerque por un buen tiempo...Pero me acosté con ella igual y no me arrepien- (tachado)
A.n.S"
Leriana permaneció en silencio. Su rostro oculto detrás del cabello suelto y alborato que se había soltado instantáneamente con la fuerza del golpe que había recibido, como si el impacto y la velocidad del mismo hubiesen provocado un choque que rompió la goma que lo sostenía, como la había roto a ella también.
No es que doliera tanto. Había recibido infinidad de golpes producto de entrenamientos y batallas. Participó en guerras, redadas y pruebas extremas, unos cuantos golpes no eran importantes realmente a menos que descubriese después algunos huesos rotos. Aún así, aquel golpe le dolía.
Monkey D. Garp respiraba con agitación, la decepción marcada en su mirada, una mirada únicamente concentrada en Ler. Su mano aún podía verse en el aire, con el puño cerrado por la frustración, las venas temblando por la fuerza con la que lo apretaba, como si estuviera conteniendose de darle otra bofetada, pero sin que superase la que le acaba de dar.
Ler percibió unas gotas de sangre cayendo levemente sobre su uniforme, manchandolo. Podía sentir como el fluido no solo se deslizaba desde su oreja, dentro de la cual percibía un molesto zumbido, si no también en el interior de su boca, con el sabor metálico invadiendole el paladar. Escupió a los zapatos blancos del Vicealmirante.
Alzó la cabeza luego de unos segundos, colocó su cabello detrás de sus orejas y miró directamente al hombre que consideraba su abuelo y mentor mientras aceptaba que merecía aquella reacción y disponía el otro lado de su rostro. Se negó a llorar por la impresión y la rabia que le dio pensar en los zapatos.
El mayor también notó aquella pequeña diferencia.
Ler usaba botas negras, pesadas y brillantes, duras y molestas, una prenda que utilizaban aquellos que hacían trabajo de campo, unas botas que él había insistido que usara para afianzar sus pasos, para agregar una carga que al llegar a cierto nivel con los años le ayudaría a ser más liviana. Y el, el llevaba unos cómodos zapatos blancos, como su posición, que en nada se veía amenazada, que le permitía deslizarse como si nada. Apenas se notaban los pasos que daba.
El le había puesto cargas desde que era niña, convenciendola que un día todo sería más fácil, más liviano. Como sus zapatos. Pero sabían -ahora Ler era más consciente de ello- que las malditas botas eran la carga menos pesada que iba a llevar sobre su cuerpo.
-¡ABUELO!- gritó, nerviosa. Cuando dejó de ver la Isla debido a una repentina niebla, cuando comenzó a escuchar un extraño chapoteo al rededor.
Era demasiado escéptica para creer que alguien saldría caminando por allí, donde solo había agua, pero también era consiente de que en su corta vida había presenciado cosas increíbles y múltiples intentos de asesinato. Aquel podía ser uno de ellos, porque el estremecimiento en su columna vertebral que no se debía al frío nocturno y ni a la leve lluvia sobre su cabeza, le indicaba que algo andaba mal.
Muy mal. Peor que el hecho de haberse alejado del barco en que su abuelo vigilaba su prueba de supervivencia que Luffy y Ace de alguna manera ya habían superado.
La niebla adquirió aún más espesor, limitando hasta unos pocos metros su vista. Se levantó desde donde estaba sentada en el bote y observó a su alrededor, buscando alguna salida que no implicase el que se ahogara, porque su abuelo no solo la había dejado a la deriva, si no que también se había asegurado de quitarle los remos al bote. Y quizá incluso hasta el clima se habia confabulado en su contra.
Desde la niebla la miraron sus propios ojos, pero que realmente no eran suyos, pues ni siquiera ella estaba llena de esa maldad y magia que los otros poseían. Qué solo había visto en otro lugar, en otra persona.
En el cielo, en su padre.
Estuvo a punto de tirarse al agua, sin importar lo que eso implicase, cuando una mano la tomó por el hombro y la regresó a su lugar, sentandola con fuerza en el banquillo.
Cuando sus ojos se cruzaron nuevamente, sintió un dolor tan grande que no pudo contener su llanto. Quiso decir algo más, pero justo como cuando estaba a su lado, las palabras no le nacieron, ningún sonido coherente salió de su boca, se atoraron como dagas en su corazón.
- ¿Porqué lloras, pequeña?- le preguntó con esa voz que ella recordaba a la perfección- ¿Acaso crees que has sufrido lo suficiente?
-Me lo merezco- pronunció la joven finalmente, aún con el sabor amargo de la situación. Los labios le temblaban como si se negase a soltar el llanto, y los ojos, cristalizados, se mantenían fuertes también.
Garp quiso decirle que quería verla llorar. No porque fuese una especie de enfermo como los que ella estaba acostumbrada a tratar -Y que el permitía que tratase- pero, quería saber que aún confiaba en el lo suficiente para mostrarse vulnerable.
Y no lo hizo.
A Garp le pareció que Ler era la viva imagen de los rumores que le habían pintado. Le pareció que era esa leyenda de marines y piratas enojados, fascinados, de aquellos hombres que habían tratado con la fachada que la joven se había empeñado en crear para que no la dañaran. No más.
Entonces supo que la había perdido en algún punto, que no confiaba en el, que él había fallado y había sido incapaz de protegerla. Y tras otras palabras, supo que también lo creía incapaz de proteger a sus hermanos.
- Pero Ace y Luffy no.- dijo firme la chica, está vez decidida a levantar sus manos también- yo he tomado mis propias decisiones. He cometido mis propios errores y siempre supe que me iban a costar. Lo hice igual. Lo hice porque no quiero ser una heroína, como tú- la voz se le ensombreció mientras recordaba las charlas que le daba en la infancia- por eso me merezco todo esto, incluso tu decepción. Pero Ace y tú se encontrarán un día y cuando menos te des cuenta, lo habrás perdido por reaccionar como si el fuese culpable de cosas que no puede cambiar...Tu no quieres eso. Sé que te estás repitiendo que es un criminal y no merece tu compasión, pero esa rabia, esas emociones que saltan en tu corazón no las sentirías por cualquier delincuente, por un pirata al que debes capturar...Están allí porque es tu familia, porque temes que le hagan daño, porque sientes que se te ha ido de las manos y no puedes protegerlo más.- el anciano miró a la pequeña y no tan pequeña Ler acercarse a él y ponerle las manos en las mejillas, como cuando era niña.
Garp cerró los ojos un instante y se vió rodeado de árboles, bajo el manto nocturno, con la risa de sus nietos confundida con la suave brisa que le daba la tranquilidad que tanto anhelaba lejos de su hogar. Entonces volvió a abrirlos y notar la mirada triste de Ler.
"¿Que he hecho?"
-No puedes protegerme más...- la voz femenina vuelta un susurro débil- pero eso no significa que no lo hayas hecho bien, hasta ahora. Ace no puede correr lejos de los errores que no cometió, yo permanezco de pie por los errores que cometí. Y no es tu culpa. Por eso está bien si ahora no soportas verme, si estás enojado con Ace, si te preocupa que vaya a pasar con Luffy...Pero...No vayas a deternerlos. Ace ahora mismo necesita tu apoyo, necesita que lo entiendas y tú tendrás que tomar la decisión de que pesa más. Y Luffy...Yo apuesto por el. Será el rey. Y el mar necesita su rey, no puedes meterlo en una jaula para evitar que siga nuestros pasos.
- Se que te preguntas porque, preguntas porque tenía que ser el, quién fuese elegido para portar el fuego, la llama que mantendría siempre vivo a tu Reino...- haciendo una pausa al deleitarse del desconcierto de la infante, se alejó, moviéndose hacia un lado y permitiéndole ver a Ler un rostro pensativo de su parte- Su rey solía decir que mientras el príncipe viviese, nunca nada los detendría. Qué mientras se mantuviese peleando, su nombre llegaría hasta el fin...Claro, el no tenía ni idea de que pronto llegaría realmente- sentándose frente a ella, le pidió la mano, que la niña, temerosa y sin encontrar otra opción, extendió- incluso robarle a un dios en su propio terreno y salir victorioso...Yo no los odiaba, ninguno lo hacía considerándolos tan valiosos, por eso no quería matarlos, no a ustedes...El problema es que no aceptaron ayudarnos. Ni la primera, ni la segunda, ni ninguna vez. Así entendí que tenía que presionarlos un poco.
- Yo...No comprendo, padre- Ler intentó ser prudente, no provocar al hombre que le había causado más de un trauma para que fuese por sus hermanos.
Porque no entendía acerca de que estaba hablando, no tenía sentido en su cabeza, pero por alguna razón, sabía que se refería a ellos. Lo sentía en su respiración, en el aroma que se asemejaba al olor de la sangre, en el brillo astuto y ambicioso de sus ojos .
- Así que el espejo si te respondió...- se burló el, alzando las cejas y acercándose nuevamente para tomarle del rostro- el otro chico fue el que facilitó las cosas, y creó la conexión entre tú y Ace- la mención del nombre del pecoso le confirmo sus sospechas, incrementando la sensación de incomodidad y desesperación en su estómago, de dolor en el pecho traslandandose a todas sus venas- ... la última voluntad de un reino que casi alcanzó a los dioses, el secreto del fruto que le pertenecía a un dios, y los ojos que lo vieron todo. ¿Qué crees que pasaría si lo tengo todo?
Ella no quiso responder. No porque no supiese, si no, porque sabía exactamente qué era algo demasiado malo. El peor de los escenarios que su mente podría haber imaginado.
- No creas que te digo todo esto porque quiero charlar contigo como padre e hija, si no que quiero negociarlo...- analizando el pánico de la mirada infantil, desvío sus pupilas por todo su cuerpo, quizá disfrutando de la sensación de poder, de sentir el miedo de ella escapándose como su fragancia favorita- te daré la opción de que vivan un poco más. Podría hacerme con su corazón ahora, pero de nada me servirías tus si aún te faltan cosas que ver aquí, lo que significaría que nuevamente te opondras a ayudarme...Pero si dejo a lo tres vivir más tiempo, ¿Harías lo que fuese por mi?
-Estás loca.
El Capitán de los Piratas del Pelirrojo observó con incredulidad a la chica de pie frente a él. Sostenía con un brazo una caja grande llena de papeles, casi tan grande como ella aunque ella fuese mas bien pequeña, pero era sorprendente que pudiese cargarla. Bajo su otro brazo se encontraban muchos mapas enrollados, así como otros papeles y unos cuantos sobres viejos.
El hombre alzó una ceja y repitió:
-Estas loca.
Ella negó con la cabeza, su expresión llena de euforia y nervios: - Tengo todo lo que se necesita aquí.
- No dudo que te falte nada, en serio- dijo el pelirrojo con tacto, temiendo hacer tambalear el frágil estado mental que ella aparentaba- pero no podemos hacer nada al respecto...- la chica parpadeó, confundía- Por Dios, Ler, ¿Que te metiste?
La joven marine soltó todo dejándolo caer en el suelo y se dió la vuelta. Con la vista buscó a lo largo de toda la habitación hasta encontrar su vestido negro. Se fajo la camisa blanca y abotono lentamente cada uno de los botones del vestido, luego, procedió a ponerse las botas.
- Ler, explícame ahora que demonios haces- la mirada de muerte que le dedicó lo hizo retroceder levemente hasta ver la acción que ella se preparaba para ejecutar.
A una velocidad que le había valido parte de su fama, se aproximó a la puerta que ella abría y la cerró con fuerza, quedándose detrás mientras respiraba con fuerza en su nunca.- Te lo repito, explícame qué demonios haces.
Ella suspiró. - Sabes que ayudarme significa ir conmigo. No ayudarme entonces es dejarme ir. No me estás ayudado- dijo mientras lo empujaba y se daba la vuelta- déjame ir.
Pese a ser una chiquilla disfrazada de marine y enfrentarse a un verdadero y reconocido pirata, su respuesta había sido clara y grosera.
Aquella era una especie de rabieta que Shanks no hubiese esperado ver en Ler a sus 17 años. Aunque la noche anterior ella se hubiese transformado en toda una mujer ante el, parecía que algunas cosas no habían cambiado. Seguía siendo una niña, y a el le mantenía intranquilo que cada vez fuesen más evidentes algunos de los rasgos que por su sangre, había heredado.
La última de sus rabietas había sido solo minutos antes de que lo "sedujera".
- Acabas de llegar, ¿Planeas irte así como así?- el no le rogaba quedarse, no era esa clase de hombre que imploraba por el amor de una mujer. No lo necesitaba. Sin embargo, Ler no era una mujer cualquiera y a el le preocupaba que pareciera tan radical en dicho tema.
Sabía también que era una cabezota y que iba a meterse en problemas. Por qué si, de un Dragón como ella solo quedaba esperar lo peor.
- Sabes que no vine aquí por qué quisiera- aclaró sin verlo, clavando su vista a un lado de la pared, indicándole que se sentía incómoda con lo que iba a decir - vine porque pensé que podías ayudarme a encontrar a Ace.
Shanks se corrigió con decepción y tristeza: Algunas cosas si que habían cambiado.
Con la vista arrastrándose por toda la magia que desprendía la joven y hermosa marine que un día había sido una niña desastrosa y sin hogar a la que había salvado, se dió cuenta que el ya no era su prioridad. Se preguntó si al menos robaba alguno de sus pensamientos.
Por los nervios más que evidentes que ella mostraba, se dió cuenta que no.
- Estoy enterado de tus sentimientos por el, créeme. Es más que evidente y a mi no me molesta convivir con ellos, pero- el hombre se detuvo suspirando, llevándose la mano al cabello en un gesto de frustración. Frustración que solo ella podía provocar- no creas que es fácil.
Ella alzó una ceja más que recelosa con las palabras de el.
- ¿El que no es fácil? - parecía resentida, como si estar con el sacara todas las partes de su carácter que nadie más conocía. Shanks siempre tendría la oportunidad de ver el lado de Ler que saltó de los cielos, simplemente porque el se la había llevado un día.
Ler aún guardaba sentimientos por eso.
- Te dije que te amaba.- el pelirrojo la miró de forma sugerente ante la indiferencia de ella, pues se había cruzado de brazos y sonreído con levedad- te lo dije anoche. Hoy me pides que te ayude a ir tras de alguien más. ¿Acaso no tienes sentimientos?
Hace año, Ler habría cruzado todo el mar nadando solo para restregarle en la cara a Luffy que finalmente había logrado que el Capitán le correspondiera. Hace años.
- ¿Los tenías tú cuando me dejaste?- respondió con otra pregunta la chica, sin malas intenciones escondidas, dándose cuenta que aquello había afectado al hombre al notar como su mirada se oscurecía - perdón, no quise...
- Déjalo así, Leriana, nunca fuiste buena interactuando con las personas...- el disfrazó lo que le provocó las palabras de la chica y trató de tranquilizala al notar un verdadero aturdimiento en ella.
- Pero podía hacerlo contigo- afirmó con concedencia, bajando los brazos y suspirando- perdoname, Capitán - Shanks trató de ignorar la sensación que le provocaba el que ella le llamara de esa forma habiendo dejado de ser una niña- siempre pensé que serías tú por quién haría esta clase de cosas.-Yo también, Ler, pensó él- Bueno, las hice, no te puedes imaginar cuántas veces el abuelo me golpeó por eso...- y se echó a reír. Se echó a reír como aquellos días.
Gloriosos días.
Ler era una niña inocente, Shanks era un hombre.
Ella enamorada de él, el confundido por lo que sentía por ella.
Ella esperanzada, el conocedor.
Y ahora ella estaba indudablemente corrompida a pesar de no ser una mujer, el ya podía considerarse demasiado mayor.
Seguía enamorada, pero no de el, y el finalmente había aceptado sus sentimientos por ella.
Ella conocedora, el un poco integrado por si podría...Pero no.
- Aún lo llamas abuelo- señaló curioso.
- Supongo que se siente bien creer que tengo una familia- admitió ella encogiéndose de hombros, yendo a recoger las cosas tiradas en el suelo.
Parecía menos nerviosa.
- Podrias tener la tuya propia- Ler dejó caer inmediatamente lo que había recogido y se volteó. Parecía aún más perturbada - es broma, aún eres una niña.
Ninguno de los dos pudo romper el silencio que se formó ante la incomodidad de dicha afirmación.
- La chica de ciudad, dios, es tan bonita- comenzó ella, tarareando bajito luego de un rato sin hablar, sin mirarse- yo soy un vago, novio del mar, pero es que ella me invita, me invita...
El trató de esconder la sonrisa, pero le fue inevitable seguirla: - a salir a bailar, bailar, bajo sus faldas caras y envuelto en su perfume de niña rica...
- Yo estoy sucio y desgraciado...la vida me ha curtido y acabado.
- Pero de esa niña rica estoy enamorado, como lo están todos en su ciudad, ciudad, como incluso lo está el mar, el mar...
- Y la llenan de regalos! Zapatos rojos como sus labios
- Vestidos blancos como su piel, bolsos nuevos, restaurantes caros
- Y yo pobre mendigo
- Solo puedo ofrecer mi amor indigno de ese ser- finalizó el. - la recuerdas- con sorpresa, se dió cuenta que sentía cierta calidez ante aquel momento que acaban de compartir, mucho más íntimo que cualquiera de la noche anterior.
- Recuerdo todo lo que viví junto a ti- confirmó ella, levemente sonrojada y con una sonrisa de niña. Shanks, afortunadamente, ya estaba acostumbrado a esos cambios y variantes en su humor- es difícil olvidar aquellos días. Ya sabes, Lu, tu y yo...Nunca fui tan feliz.
- Pensé que lo serías.
- Lamento no haberlo hecho, Capitán, pero me la pusieron muy díficil. Muy díficil en verdad...
Y allí iba otra vez. Shanks podía percibir como a la joven el llanto se le atoraba en la garganta, por lo que él se acercó a envolverla con su brazo.
Ella disimulo el llanto y se rió.
- Ya no funciona igual.
- No es por ti, es por mi- dijo el, llamando su atención. Los ojos curiosos de un dragón lo hipnotizaron- cuando llorabas y te abrazaba terminabas durmiendo conmigo porque no podía dejarte sola. Duerme conmigo- pidió.
- No me dejes sola entonces.
" Portgas D. Ace:
Ler te está buscando. Está intentando por todos los medios dar contigo sin importarle lo que lleva a ras.
No tienes idea del riesgo al que se está exponiendo. La recompensa solo parece cambiar una y otra vez al atracar en cada puerto y visitar cada ciudad. Y a ella le da igual, le da igual mientras sigue esperando. Se sienta por allí como una maldita loca a mirar el reloj bajo la lluvia, con el viento, el sol o la bravura del mar. Pienso que ella sabe que no llegarás, pero aún cree que no te estás escondiendo.
Perdóname si rompo todos los esquemas, si desdibujo las ideas que te has hecho de mi, y no tiene nada que ver con Luffy, pero lo haces tú o lo hago yo.
Se lo dices o se lo digo.
Decídete de una vez y deja de hacerla sentir culpable de que no puedas verle la cara.
He prohibido que todos hablen del tema, me aseguro que nadie diga nada, pero es difícil, muy difícil cuando son años los que le has estado viendo la cara.
No dudo que la quieras, pero si lo hicieras como piensas que lo haces, no le habrías hecho eso y hace mucho, sabría la verdad.
Así que decide: O es ella, o dejala de una vez en paz.
A.n.S"
