Ross despertó el jueves temprano por la mañana. Ya no estaba conectado a los monitores que controlaban sus signos vitales ni estaba aún en cuidados intensivos. De esto se percató al mirar a su alrededor, había una ventana junto a la cama por la que la luz se colaba a través de la persiana. La sala estaba en silencio, la televisión apagada, la puerta que de seguro daba al pasillo, cerrada. Ross intentó buscar el timbre para llamar a la enfermera y fue el movimiento de su brazo lo que alertó a Demelza que su esposo ya estaba despierto. Ella se puso de pie y se acercó a la cama. Había estado sentada en esa habitación desde que habían bajado a Ross a la sala común. Estaba tan quieta, inmóvil en un rincón de la habitación que Ross solo se dio cuenta que estaba allí cuando se levantó.

Había sido una larga noche. Demelza había dormido unos pocos minutos nada más, sentada en la fría sala de espera con la cabeza apoyada contra la pared. Dwight se había acercado cada vez que tenía un momento libre, habían hablado durante gran parte de la noche y en otras ocasiones su amigo solo se había quedado allí, sentado junto a ella tomando su mano, la cabeza de Demelza apoyada en su hombro.

Se detuvo junto a la cama y sin decir nada presionó el botón que levantaba el respaldo hasta que Ross quedó medio sentado, luego sirvió un poco de agua en un vaso y lo acercó para que él lo bebiera ayudado por un sorbete. Ross no trató de decir nada. De alguna forma se sentía que estaba en desventaja, pues Demelza había tenido horas para pensar en lo que había sucedido, horas para preparase para ese momento, tiempo para decidir que hacer a continuación, para pensar que decir. No estaba del todo equivocado, pero por supuesto no era tan simple para Demelza. Ella sola no podía decidir acerca del futuro de su familia, ambos tendrían que llegar a un acuerdo, tomar la decisión que cambiaría el curso de sus vidas. Ross ya había dado el primer paso. Había sido claro y contundente, el quería estar con Elizabeth.

"Tienes un corte en el cuero cabelludo, no es profundo, pero aún así debieron hacerte algunos puntos. Ayer tenías un pequeño coágulo causado por el golpe, pero en la tomografía de hoy ya parece disuelto. Estarás bien." Dijo ella. Su voz era fría y distante. Su comportamiento enteramente profesional. Ella no podía ver lo que él pensaba. Su rostro era sombrío y su mirada evasiva. A decir verdad tampoco le interesaba demasiado, solo quería terminar con eso de una vez por todas.

Los rodeó un silencio sepulcral que pareció durar por horas. Ross, con una mezcla de rabia, vergüenza y celos que lo confundían más que el golpe en la cabeza, era incapaz de emitir palabra, no podía ni siquiera mirarla.

"Nos quedaremos en el piso de Caroline." Dijo ella al fin. Dwight por supuesto le había ofrecido su hogar para que ella y los niños se quedaran el tiempo que fuera necesario, aunque también creía que lo mejor sería que ella permaneciera en Nampara. "Debes permanecer al menos un día más en observación, nos iremos antes de que te den el alta." Ella lo miró. El continuaba con la mirada perdida y su mandíbula tensa, los puños apretando las sábanas. Demelza no estaba segura que la hubiera escuchado.

"¿Sientes algún dolor?" El podría haberse reído ante su pregunta, por fortuna no lo hizo. Era tan típico de él. Por supuesto se cerraría y no querría hablar con ella, como había ocurrido en los últimos meses. Su actitud no ayudaba a aplacar la ira que había logrado mantener a raya desde que se había enterado que Ross estaba en el hospital. Lo primero era su salud, por supuesto, pero su profesionalismo tenía un límite. "¿No vas a decir nada?"

Ross la miró entonces.

"¿Quién es él?" dijo. Demelza creyó entenderle mal.

"¿Qué?"

"¿Quién es él? El tipo con quien me engañas…"

"¿Qué es lo que dices?" – jadeó sin comprender – "¡Yo jamás te he engañado!"

"Te vi, Demelza. Dime quién es." Ross estaba luchando por controlar su temperamento. La desconocía, ella era una persona sincera.

"¿Me viste? ¡Yo te vi a ti! ¡En la cama con Elizabeth! El golpe no fue tan fuerte como para que no lo recuerdes." ¿De qué demonios estaba hablando? Por un segundo honestamente pensó que el golpe en la cabeza lo estaba haciendo decir incoherencias. Ross pareció encogerse con la mención de Elizabeth, él no podía pensar bien. Él había ido con Elizabeth cuando descubrió que su esposa lo engañaba. No había sido su culpa.

"Te vi con ese tipo en el café junto a la clínica." Dijo lentamente entre dientes apretados, y el mundo pareció caer sobre Demelza. Y él lo vio en su rostro que pareció distorsionarse ante la revelación. La había descubierto.

Ella tuvo que luchar por contener las lágrimas. "Vi los mensajes, no puedes negarlo. Te vi con tu amante…" Ross continuaba diciendo. Su voz llena de veneno, como si ella fuera la culpable de todo lo que había ocurrido.

"¡El no es mi amante!…"

"¿Ah no? ¿Y desde cuándo te encuentras con hombres extraños a escondidas?"

"Pero ¿Qué es lo que dices? ¿Qué fue lo que viste?" dijo, incapaz de comprender porque su esposo creería que ella lo engañaba. Le parecía estar en un universo paralelo.

"Vi el mensaje adonde quedaban para encontrarse, y luego los vi juntos en la cafetería. ¿Lo niegas?" Demelza no podía creerlo, ¿porqué era ella la que estaba siendo acusada?

"El era Laurent Beaulieu… El era el turista francés que dejó a Jinny embarazada." Dijo sin más, incapaz de nombrar a su hija. El la miró como si hubiera dicho un disparate hasta que lentamente comprendió el sentido de sus palabras. "El no sabía que Jinny había muerto y me contactó porque vendría a Cornwall de nuevo, quería hablar sobre ella." Sus palabras apresuradas, queriendo aclarar lo que al parecer Ross había confundido con una aventura. Él, quien era el que sin duda había roto los votos de su matrimonio.

Ross permaneció callado un momento, su fatigada mente intentando asimilar la nueva información. De alguna forma, esto era peor aún. "¿Le contaste sobre Julia?" preguntó angustiado.

"No. Por supuesto que no." Se apresuró a contestar Demelza.

"¡¿Cómo no me dijiste?! ¿Cómo pudiste ocultarme algo así?" Su pecho subía y bajaba agitado. Ross se había sentado sobre la cama, la furia lo cegaba. No estaba solamente dirigida a ella, pero ella era la que estaba allí para ser el blanco de sus palabras. El no llegaba a comprender, todo daba vueltas.

"Traté de decírtelo, pero tú siempre estabas muy ocupado con Elizabeth…" respondió ella.

"¡Tuviste tiempo suficiente!"

"¿Si? ¿Cuándo? ¿Durante el fin de semana que pasaste con ella? ¿O en la oficina a la que nunca vas? ¿O tal vez te podría haber llamado mientras estabas en la cama con ella?... ¿Cómo te atreves a acusarme de que yo te engaño cuando eres tú quien se ha estado acostando con la esposa de su primo!?"

"Yo no…" vaciló, sorprendido por el veneno en sus palabras.

"¿Tú no? ¿No qué? Tal vez hice mal, tal vez debí decírtelo… pero lo que sucedió con Elizabeth no fue culpa mía. Tú me has estado engañando con ella, te has alejado de nosotros durante meses, lo que sucedió ayer fue lo último que voy a tolerar…"

La cabeza de Ross latía de dolor, aunque no sabía si el dolor provenía de su cabeza. ¿Qué estaba diciendo? ¿Engañarla durante meses? Había sido solo una vez, una vez y porque pensó que ella lo engañaba.

"Yo nunca te engañé…" llegó a decir. Demelza emitió un sonido que pareció ser una risa y lo miró de una forma que Ross jamás había visto en sus ojos. Lo miró con desdén, con odio incluso. "…antes." Añadió.

"Es suficiente."

"Demelza…" y su nombre sonó como una suplica. "…deberías habérmelo dicho." Y así habría evitado que cometiera el mayor error de su vida. Pero Ross nunca había sido bueno con las palabras ni en expresar sus sentimientos cuando ella no lo guiaba, menos aún cuando él mismo no los reconocía. Aún cuando todo su ser le decía a gritos que no la dejara salir se esa habitación, que rogara por su perdón. Él era un hombre orgulloso que aún ante la verdad frente a sus ojos buscó una excusa para justificar sus actos y negar las acusaciones de que había descuidado a su familia.

Demelza todo lo que escuchó fueron pretextos.

Dwight entró en la habitación entonces. Él era el jefe de cirujanos del Hospital General de Cornwall pero aún trabajaba en la guardia un par de veces por semana, le gustaba estar en contacto con pacientes y enseñar a los médicos residentes. Se dio cuenta de inmediato de que estaba interrumpiendo y en la mirada de Demelza vio que nada se había solucionado.

"Ross." – dijo fríamente – "el golpe no dejará ninguna secuela, pero deberás quedarte aquí un día más."

Ross asintió. Su amigo se paró junto a Demelza y llevó la mano a uno de sus hombros, reconfortándola.

"Caroline y yo le ofrecimos a Demelza que se quedara en nuestra casa, pero creo que lo mejor sería que ella y los niños se quedaran en Nampara…"

"Dwight, no…" Demelza intentó detenerlo.

"Deben pensar en Julia y Jeremy."

"¿Ya no quieres vivir conmigo?" preguntó Ross observándola como si Dwight no estuviera allí. Y ella lo miró directo a los ojos. A ese hombre que había sido todo para ella y ahora era un absoluto extraño. Demelza movió la cabeza a un lado y otro.

"No."


NA: Muchas gracias por leer y por su interés en esta pequeña historia. Me alegra que les guste y que sufran leyéndola también jejeje. Gracias también por dejar comentarios, los leo a todos y me motiva a seguir escribiendo.