Nu estaba en huelga, y a Hermione no le extrañaba.
Desde que Viktor había llegado a su casa no había parado de ir y de volver. Hasta una aulladora había llegado, Viktor trató de acuchillarla antes de que se abriera. Fracasó, el imbécil que había usado la magia para crear una se había expuesto, y a ellos, para decirle que él era un irresponsable.
Mandaba narices, pensó Hermione.
El entrenador, el segundo entrenador, el presidente del equipo de Quidditch de Viktor, junto a varias personas más entra las que supo que estaba su madre, le decían que era un completo irresponsable por salir de aquel modo. Que se estaba exponiendo a graves problemas solo por dejarse llevar por su polla.
Hermione tomó la decisión de que cada vez que llegaba correo para Viktor se iba a otra habitación. Las cosas que decían sobre ella no la dejaban indiferente.
Viktor llamó a la puerta de la habitación.
Entró después, Hermione trataba de leer.
—Lo siento. Quizás lo mejor es que me vaya.
Hermione se sintió rara sobre ello, era lo más lógico, pero si él ya estaba allí, ¿qué sentido tenía volver a exponerse?
—Esa decisión la tienes que tomar tú.
—¿No te molesto aquí?
Hermione se sonrojó, porque eso mismo se planteaba ella, ¿por qué no le molestaba que Viktor estuviera en su casa? Eran prácticamente desconocidos, pero desde que había llegado se sentía muy bien.
Pasado el momento inicial, convivir con Viktor era fácil, realmente fácil.
Ocupaba todo el sofá con su cuerpo musculoso por el deporte, pero aún así, se sentía bien.
Preparaba las comidas, ella era un completo desastre que no pasaba de cereales y sandwiches.
Veían películas juntos, comentaban las noticas que aparecían en el Profeta, era dulce, era culto, era guapo, y cuando la miraba el estómago de Hermione comenzaba a saltar. También tenía efectos en otra parte, más baja, de su cuerpo.
Notaba como se humedecía cuando Viktor la abrazaba, cuando tomaba su cintura al querer pasar a su lado en la cocina.
Hermione le preparó la habitación de invitados, pero cada noche pensaba en lo que sería tenerlo en su propia cama. Con ella. ¿Pensaría él lo mismo?
No, no quería que se fuera, pero también le daba miedo decírselo ella.
Le gustaba, no es que antes, en el pasado no le hubiera gustado. ¿A quién en su sano juicio no le gustaría Viktor?
¿Entonces? Él ya le había dejado claro con sus gestos y palabras que ella le gustaba. Pero no hacía nada que la comprometiera.
—No, yo no quiero irme.
Hermione sonrió y asintió.
¿Cuándo iba a atreverse a dar el primer paso?
Dejó su libro, y se levantó. Quizás que Viktor estuviera allí, que se hubiera arriesgado por no dejarla sola en un momento bajo, que aguantara todas aquellas cartas reclamándole. Quizás no necesitara más, quizás era lo que ella siempre había estado queriendo.
Viktor estaba quieto junto al quicio de su puerta, tapándola casi en su totalidad. Mirándola con aquella intensidad de sus ojos oscuros, Hermione se alzó sobre su puntas, y Viktor recorrió lo que quedaba entre ellos hacia abajo.
Hermione le dio el beso que tanto había deseado desde antes que apareciera mojado en su puerta.
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Me estoy poniendo las pilas, esta noche habrá otro capítulo.
Si no has leído Ron (8) vete para atrás, hemos comenzado oficialmente el maratón.
Besito, besitos de Viktor, sí, gracias.
Hasta luego.
Shimi.
