Milo~

La pequeña Hester despertó a Milo con gran alegría al ver que estaba bastante repuesto. Le entregó una taza de té que el caballero no se sintió capaz de rechazar por su entusiasmo pero le hubiera gustado que tuviera un poco más de azúcar, o siquiera algo de azúcar.

Al pasar por su repisa especial vio una bolsita que no reconocía y eso le extrañó bastante. Aún así, decidió que le pondría atención en otro momento, ya que una presencia peculiar se acercaba a su territorio y el desayuno aún tardaría unos minutos más para estar listo.

— Buenos días, Milo —lo saludó Shura desenfadado y Escorpio llevó su mano derecha a su frente.

— ¿Te puedo ayudar en algo? —quiso saber ya que por lo general Capricornio se comunicaba por mensajeros.

— Sí, de hecho sí. Me gustaría que me permitieras tomar el primer alimento contigo.

Entendiendo que eso era un preámbulo, Milo le permitió el paso a su estancia personal.

— ¿Cómo te sientes? —indagó Shura tomando asiento.

— Excelente —respondió mientras las doncellas empezaban a colocar las entradas de frutos de temporada.

El desayuno lo pasaron en silencio, ya que a Shura no le gustaba hacer dos cosas al mismo tiempo; a todo le dedicaba su lugar y su espacio. Al terminar, agradeció por la comida y enseguida le informó a su anfitrión que era probable que tuviera que sustituir a Camus en su próxima salida.

— ¿No se encuentra bien?

— Han surgido algunas complicaciones que me impiden dejar que se ausente del Santuario; y, como tú eres el que más lo conoce y has estado al tanto de sus alumnos, he considerado que vayas a conseguir el reporte que necesito. Es todo.

— Pero… está bien —Milo se encogió al darse cuenta, en la mirada de Shura, que no recibiría más detalles sobre Acuario.

— Cuando regreses podrás verificarlo por ti mismo —dijo poniéndose de pie— Ahora necesito que te prepares para salir, a más tardar después de la hora de la comida.

— Sí —respondió antes de escoltarlo.

En lugar de subir, Milo lo vio bajar las escaleras y luego dirigió su mirada hacia arriba, esperando poder ver una diminuta figura asomarse de la onceava casa, pero sólo logró que un vacío se empezara a formar en su estómago sumado a una sensación de asco.

La presencia de Shaka lo tomó por sorpresa pero no tardó en reconocer que era sólo su imagen frente a él; aún así no supo cómo recibirlo.

— Hola, Milo, ¿cómo te encuentras?

— Hola Shaka —contestó pero evitó la pregunta— ¿qué te trae por aquí?

— Veo que estás de mejor ánimo.

— ¿Mejor?

— ¿Qué día es hoy?

— Sábado.

— ¿Recuerdas lo que hiciste el día de ayer?

— ¿A qué viene todo eso? No tengo tiempo para contestarte.

— ¿Por qué?

Milo dudó en seguir respondiendo sus preguntas pero, si quería averiguar el motivo de la visita, lo más rápido sería contestar; aunque no sabía si Shura quisiera guardar todo el asunto. Antes de que llegara a una conclusión, Shaka cambió de actitud, se disculpó por su intromisión, se despidió y se esfumó. Algo sumamente extraño estaba pasando.

Fue a su recámara y tomó del buró algunos papeles, revisó su agenda, y empezó a anotar su partida para ese día cuando Hester entró para empezar a acomodar la habitación.

— Enseguida salgo —comentó apurado.

— Ah, no se preocupe. Si quiere descanse un poco más —dijo a punto de retirarse.

— Hester.

— ¿Sí?

— ¿Puedes ir a ver si todo está bien en la casa de Acuario?

— Por supuesto.

Le agradeció y la doncella fue a cumplir su petición. Enseguida, Milo sacó su diario para no olvidarlo y pensó en escribir un poco. Se le heló la sangre al ver entradas ya hechas con su letra y otras anotaciones extras. Según sus registros era Lunes. Corrió hacía la cocina a verificarlo y Calandra asintió un poco extrañada. Milo empezó a sentir que le faltaba el aire.

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