Capítulo 20: Una voluntad que se fragmenta y se antepone a otras.


[—¿Dónde estoy? ¿Quién soy? ¿Qué estoy haciendo en este lugar? Son cosas que ya no puedo recordar.]

—¿Que no vas a protegerme? —Rio Amaranto con fuerza—. ¡Pero si acabo de darte la paliza de tu vida hace unos minutos! —Ambos Pokémon se encontraban en un estado bastante agitado de energía al punto la respiración de los dos rivales era profunda y pesada para ese momento. —De hecho, voy a demostrar mi victoria sobre ti protegiéndote de cualquier ataque de ese simio. ¡Quiero que cuando caigas de rodillas contra el suelo sea únicamente por el efecto de los golpes que yo te metí!

[—Poco a poco mi cuerpo se hace más ajeno a lo que pide mi cerebro. Me es difícil moverme a voluntad y ya imposible me resulta siquiera imaginar.]

—No voy a negar que tu habilidad se encuentra por encima de la de cualquier Pokémon que haya enfrentado antes. —Respondió Obstagoon escupiendo un poco de sangre para limpiarse la boca—. Hice bien en seguir el consejo de ese Rampardos mensajero de Vanadio sobre no tomarlos a la ligera. Mi batalla contra ti no obstante no es una que haga en solitario. En cuanto termine de desmembrar a ese mono te demostraré, en compañía de mis amigos, que nuestro sueño no es uno que pueda ser frenado por un simple lobo que lucha en solitario ¡Ahora quédate atrás y observa! —Salió a la ofensiva en un ataque frontal contra Ambipom.

[—Arceus Todopoderoso, si mis plegarias aún pueden llegar a ti, me gustaría confesarme por última vez acerca de este pensamiento recurrente dentro de mi cabeza.]

Llegando a ponerse justo en frente de Ambipom con un sólo salto, Obstagoon abrió ataque lanzando un puño al frente con agilidad. Ataque que Ambipom esquivó retrocediendo en diagonal. Un segundo ataque fue lanzado con su puño contrario pero el mono volvió a esquivarlo sin problemas. A pesar de que nunca fue uno de los Pokémon más agiles dentro del grupo su capacidad de reacción ahora mismo estaba siendo potenciada por los efectos del agua de Mercurio que le dotaban de energía y le rejuvenecían. Apenas vio que Obstagoon recuperó su posición, este dio un salto al aire para esquivar su siguiente movimiento fácil de leer, una torpe patada baja. Aprovechó el mono su ubicación ahora en el aire para apoyarse al suelo sólo con una de sus colas mientras que con la otra jaló la pierna de Obstagoon para sacarlo de balance y dejarlo expuesto a un ataque certero con el cuchillo que traía en mano. De no haber sido por la precaución de Amaranto de mantener lista una piedra cual lanzar en caso de necesitar proteger a Izoold de manera rápida, la batalla hubiera llegado a su fin en ese mismo momento.

—¡Si no vas a pelear en serio yo tampoco voy a perder mi tiempo defendiendo a un Pokémon tan patético! —Le gritó Amaranto desde su lugar viendo a Izoold ponerse en pie una vez se aseguró estar intacto, pero sin dejar de temblar nervioso.

[—Yo he matado a un Pokémon]

—Con lo mucho que me duela admitirlo, el perro tiene razón esta vez. —Se talló los ojos con el pelaje de sus muñecas—. Aún con lo que ha hecho... estoy dudando en atacar a Palmacosta. A pesar de que ha acabado con la vida de Sinoa... no puedo dejar de verla como mi amiga. —Pensó sacudiendo su cabeza—. Palmacosta... hice mal en no darte la atención necesaria tras lo que ocurrió entre Hima y yo...

[—Con mis propias manos acabé con la vida de la mujer más importante para mí.]

—¿Palmacosta? —Resonó la voz de Hima Medicham en su cabeza. —¿De verdad eres tú? —Sintió incluso cómo recibía pequeñas caricias de ella en su cabeza de Aipom tras su reunión luego de llevar años sin saber una de la otra.

[—Nuestro primer encuentro ocurrió dentro de aquél pequeño jardín envuelto en esas paredes de acero perteneciente a la institución que juraban era parte de tu casa.]

Arrancando de su pecho un colgante sujetado al cuello, Izoold arrojó una pequeña placa de metal con una matrícula grabada a los pies de Ambipom. —No tengo idea de qué sea eso. —Cerró los ojos y los dejó así un momento deseando no ver el rostro del Pokémon simio—. Pero Hima lo llevaba consigo desde el día que la conocí. Cuando le pregunté por qué lo miraba tanto sólo me respondió que le pertenecía a una amiga muy importante para ella. Lo único que me dijo después de reunirse contigo es que te lo daría cuando se sintiera lista y me pidió guardarlo hasta completar su promesa. ¡Pues ya jamás podrá cumplirla y ya no significas nada para mí así que no me sirve de nada tenerlo conmigo!

Echando una mirada rápida al objeto entre sus patas para asegurar que no se tratase de ninguna amenaza, Ambipom lo ignoró por completo y se apresuró ahora a ser ella quien inicie el ataque frontal con cuchillo en mano. Una vez que quedó justo frente a Izoold lanzó varios ataques erráticos esperando lesionar el pecho del Pokémon tipo siniestro. Amaranto ayudó a evitar que esto sucediera con otra roca, pero los ataques viciosos del simio eran más rápidos de lo que el lobo podía actuar con su nueva habilidad. Obstagoon se vio obligado a intentar emplear el cañón de su pistola sin balas como herramienta para frenar el cuchillo. Gracias a su pelea con Amaranto minutos antes aprendió que podía recurrir a usar la empuñadura de su arma para asestar un golpe propio contra el oponente y eso era justo lo que planeaba hacer ahora.

[—Mi condición y mis habilidades no eran como las del resto de niños, y esa diferencia me causaba temor en el corazón.]

Una serie de choque de armas sucedió en el momento con el sonido del acero resonando en las cercanías, la batalla se extendió unos segundos mediante unos patrones de ataque repetitivos por parte de ambos lados hasta que una nueva intervención de Amaranto tuvo lugar arrojando piedras de tamaño considerable a los dos Pokémon que participaban en la batalla

—¡¿Qué crees que haces atacando a traición?! —Quería gritar Obstagoon con frustración, no obstante, fue él quien dejó en claro que no existía tal alianza entre ellos. No tuvo más remedio que centrar su atención en las piedras que iban cayendo cerca suyo y que Ambipom recogía del suelo con sus colas para lanzarlas de vuelta a Izoold. —Hice mal en confiar en ese Lycanroc. —Pensó apretando los dientes.

—¡Considera esto un pago de parte de Magenta y Levi por las llaves! —Exclamó Amaranto lanzando la última roca que tenía a su disposición, un pedrusco deforme y mal preparado que cayó cerca de Ambipom. Este no perdió tiempo y se lo lanzó a Obstagoon con fuerza. —¡De ninguna manera iban a dejar que las humillaras de esa manera! —Exclamó desvaneciendo todas las rocas que había generado incluyendo el pedrusco revelando su contenido a punto de alcanzar a Izoold. Una arenisca porosa y vacía cubierta en otra arenisca porosa y vacía cedió su lugar en el aire dejando caer una pistola con una sola bala a las garras de un Obstagoon sorprendido, quien no perdió un segundo en jalar el gatillo en contra de Palmacosta. Pudo apuntar a la cara y acertar si lo hubiera deseado, en cambio prefirió disparar al hombro de la mano con la que sostenía el cuchillo.

Con la fuerza de sus piernas desaparecida a causa del impacto de bala incrustada en su hombro, Ambipom perdió el equilibrio cayendo hacia el frente sobre las rodillas. No terminó de ir al suelo agonizando en dolor cuando Izoold se puso de pie justo frente a ella y la tomó del brazo para elevarla por encima de la tierra un par de centímetros para darle una cachetada en la cara que resonó fuerte dentro de su cabeza y después la dejó caer, azotando sobre la arena una vez que el cuchillo resbaló de su mano debilitada hasta quedar en la tierra lejos de ellos.

—¡Si Arceus te ha dado ese impedimento es porque prefiere que te mantengas en silencio! —La cachetada le hizo recordar todas esas veces que vivió en momentos similares dentro del convento en que creció junto a decenas de niños. Una casa hogar acoplada a la religión de Arceus, encargada de recoger a huérfanos y niños abandonados con el propósito de ganar puntos de Plata al mismo tiempo que conseguían proyectar una buena imagen hacia el exterior, mientras que por el lado de las sombras los vendían como sujetos de laboratorio a cualquiera que pudiera pagar el precio, sin considerar el destino al que les condenaban con ello.

[—Crecí con miedo de integrarme a una conversación, creyendo que mi posición se encontraba por debajo de la de los demás. Pensando que nací incapaz de merecer ser alguien normal.]

—¡Eres una niña fea y maldecida con la lengua de los demonios! —Le gritaban los adultos cada que algo no salía a su favor—. ¡Tú no juegas! ¡No jugamos con niñas que ni siquiera saben hablar! —Le repetían los niños constantemente durante las comidas e incluso la buscaban solo para decirle eso después que dejó de insistir en juntarse con alguien—. ¡¿Que me la lleve?! ¡Tendrían que pagarme ustedes a mí por tomar a semejante ejemplar! —Expresaba aquella gente adinerada luego de escucharla hablar con dificultad, reconociendo casi de inmediato que era el orfanato quien desesperadamente buscaba deshacerse de ella.

[—Pasaba mis días contemplando lo maravilloso que sería desaparecer en el aire con tal de mantener mi boca sellada.]

—¡No podemos deshacernos de ella! ¡Titanio está sobre nosotros! —Vociferaban los dueños en secreto sus lamentos—. ¡Si se entera que la hemos desaparecido y no la encuentra en ningún lugar nos despojará de todos nuestros privilegios dados por la iglesia!

—¿Crees que se fije mucho si conseguimos que sea un suicidio? —Preguntó el Pokémon que le hacía compañía en la habitación continua, a sabiendas que Palmacosta podía escucharlos bastante bien—. Sólo tenemos que hacer que lo haga frente al resto de niños para que estos puedan dar su testimonio.

—¡Pero eso podría traumarlos de por vida! —Respondió la primera voz un poco preocupada.

—¡¿Y a quién le importa lo que les pase?! —Trató de convencerle su compañero—. ¡La gran mayoría de ellos terminaran muertos llenos de quien sabe cuántas enfermedades!

—Lycanroc consiguió entregarme esta pistola en medio de la batalla sin ninguna dificultad. —Observó Izoold el emblema de Vanadio grabado en la culata de la pistola descansando en su mano—. Más que eso... hizo que fuera Palmacosta misma quien la pusiera en mis manos. —Cubrió el emblema con sus garras—. Una era de cambios está próxima a ocurrir en este país. —Arrojó la pistola de vuelta a su dueño.

[—Ella, sin embargo, fue la primera que vio más allá de mis defectos.]

—¡Muchas gracias por dejarme hacerte compañía! —Celebró una pequeña Meditite recién llegada a la casa hogar, tras pasar la mitad de su tarde libre rezando en el pequeño altar improvisado dedicado a Arceus, hecho con piedras y lodo para pedir perdón por su nacimiento y buscar el milagro de sanar su boca, posicionado junto a la diminuta caja de cartón cubierta en hojas de diario que los adultos les daban para dormir y que debían cuidar como el oro pues no tendrían una segunda caja nunca más si esta se dañaba.

—Pudiste disparar a la cara... —Frunció Amaranto el ceño recogiendo el arma del suelo—. El resultado de esta batalla ya se decidió.

[—Al principio dudé de sus intenciones, no obstante, pronto comencé a preocuparme por sus emociones y sentimientos.]

—Eres muy callada y atenta a escuchar lo que digo, algún día me gustaría conocer un poco de ti también. —Expresó Meditite tras varias semanas de repetir la rutina de rezo por el alma de sus padres. Una pareja de Medicham devotos a la iglesia que realizaron múltiples donaciones al instituto tras su matrimonio. Este decidió conservarla y protegerla durante los meses siguientes en lo que arreglaban la papelería para quedarse con la herencia del matrimonio lucha/psíquico.

[—En el transcurso de nuestra corta amistad me enseñó tantas cosas valiosas a través de su carácter.]

—¡Por favor que mi amiga Palmacosta se anime a hablar conmigo! —Rezaba Meditite en voz baja cada que tenía la oportunidad sobre el altar de Aipom ahora que sentía sus padres habían conseguido alcanzar el descanso eterno—. ¡Qué bonita voz tienes! —Expresó con total alegría y sinceridad, ignorando los problemas de lenguaje de su mejor amiga una vez se animó a intentar hablar por primera vez frente a ella luego de semanas de escucharla pedir por lo mismo sin parar—. Si tan sólo los otros niños pudieran escuchar con su alma y no con las orejas... ¡NO! ¡Haremos que incluso ellos puedan escuchar con sus orejas la voz de tu alma! —Salió corriendo de la habitación en busca de diversos objetos.

[—De ella aprendí que ser diferente era lo que daba a cada uno su personalidad. Que podía aceptar a esos seres a quienes yo llamaba extraños.]

—¡Mira mira! —Llamó a Aipom para que viera una serie de figuras hechas manualmente con cartón—. No serán los mejores ejemplos de Unown que pude haber hecho. —Señaló el borde irregular de las letras resultante de cortar el cartón sólo con las manos—. ¡Pero con ellos estoy determinada a enseñarte a leer y escribir al mismo tiempo que practicamos tu habla!

Reincorporándose del suelo como si no hubiera recibido daño alguno, Ambipom plantó la mirada en Obstagoon sin dejar de mostrar aquella perturbadora sonrisa sacando la bala enterrada en la carne con su propia mano. La sangre emanaba en grandes cantidades sobre su cuerpo, pero poco parecía importarle al simio, era como si fuera incapaz de sentir cualquier clase de dolor se lanzó en un ataque frontal iniciando una serie de golpes, izquierda, derecha, izquierda, derecha, izquierda, derecha. Obstagoon fue retrocediendo un paso con cada bloqueo que realizaba. No sería el mejor Pokémon atacando. pero su defensa era perfecta y Ambipom no iba a conseguir romperla de ese modo.

—¡¿Qué mierda haces?! —Exclamó Amaranto desde la distancia con cierta desesperación de ver el pobre rendimiento de Obstagoon.

—Todos los Pokémon que bebieron el agua de Mercurio terminaron por obedecer únicamente a su instinto primario de atacar sin razonar. —Recordó Obstagoon todos los enfrentamientos que tuvo con ellos antes mientras los encerraba en sus casas—. No puede darse cuenta que mi defensa es perfecta. En cuanto sienta la necesidad de volver a dar un trago a su mugrero vendrá mi contrataque y su perdición.

Ni bien formuló su plan pudo sentir algo sujetando su pierna izquierda cuando intentó desplazarla hacia atrás para cambiar el lado de su defensa, la mano de la cola de Ambipom le sujetó la pierna una vez más y le jaló hacia adelante con fuerza, sacándolo de balance hasta quedar bocarriba en el suelo justo debajo de ella. Leyendo la trayectoria de un puño directo a la cara y otro hacia el estómago; Izoold consiguió bloquearlos justo a tiempo, tal como Palmacosta lo había intuido. Habiendo usado sus puños como señuelo, atrapó los brazos de su rival consigo y los sujetó con fuerza para que este no pudiera defenderse de su verdadero ataque. Recogiendo el cuchillo del suelo con la cola libre lo movió ágilmente hacia el cuello de Obstagoon.

El cuchillo se enterró con facilidad en la carne y sangre comenzó a brotar del tejido abierto como si de una fuente desbordada se tratase. No de Obstagoon sino del brazo de Amaranto que corrió para proteger a su compañero de batalla. Su intención era la de cubrirse usando una piedra como escudo, no obstante, el tiempo que le tomaba generar una se había incrementado desde que ahora que solo podía generar bloques de gran tamaño frente a él.

[—Que lo verdaderamente importante no era buscar similitudes o diferencias, sino tratar de comprendernos los unos a los otros.]

—¿Caja? —Leyó Meditite la que Aipom armó con temor tras varias semanas practicando con el alfabeto Unown—. ¿Mi caja? ¿De cuál caja hablas? —Preguntó intrigada con una sonrisa desinteresada—. ¿Hablas de la cama que me dieron los que dirigen este lugar? —Desvió la mirada sujetándose el brazo derecho con la mano izquierda—. Ah esa pues... la he perdido. —Liberó una pequeña sonrisa falsa—. No te fijes mucho en ello. ¡Lo importante aquí es que has armado tu primera palabra! ¡De verdad estás aprendiendo a leer y escribir! ¡Los demás niños tienen que ver de lo que eres capaz! ¡Tienen que ver que, aunque poseemos capacidades diferentes, eres alguien que ama y siente como ellos! ¡En cuanto se enteren apuesto a que dejaran de decir todas esas cosas horribles! —La jaló del brazo con fuerza haciendo que tirara todas las letras ya arrugadas y desgastadas sobre el suelo—. ¡Tienen que aprender que todos los Pokémon son capaces de soñar!

—¡Tu sueño! —Exclamó finalmente Amaranto furioso tras una fuerte exhalación—. ¡Tu sueño, tu ridículo sueño... no es más que un sueño húmedo el cual jamás podrás volver realidad! —Gritó a la cara de Izoold una vez consiguió hacer retroceder a Ambipom un poco con la roca que por fin apareció entre ellos—. Tus compañeros, tus amigos, tus seguidores o como los quieras llamar... ¡No han hecho otra cosa en toda la noche que parlotear sobre la determinación que, según ellos, tú les inspiras! al punto que incluso ese Whirlipede murió sin mostrar una sola gota de duda... ¡creyendo ciegamente en tus ideales y en tu fortaleza! —Se giró tanto para darle la espalda al Pokémon siniestro como para revisar la herida que le habían hecho, no a su hombro, sino a su sobretodo ahora con una manga irreparable—. ¡En cambio mírate a ti ahora mismo, arrastrándote en el suelo como un gusano cualquiera, dudando y llorando con el corazón fragmentado sólo porque una o dos cosas se han salido esta noche de tu control! ¡Voy a terminar esta batalla por ti con la condición de que jamás vuelvas a ensuciar el nombre de tus seguidores!

[—Y entonces, así como la hiciste llegar a mi vida, así fue que la apartaste de mí. Nadie volvió a mencionar su nombre nunca más en ese lugar.]

—Cuídate mucho ¿sí? —Se despidió Hima Meditite con una sonrisa de quien fue su mejor amiga con una simple promesa de pie en el mismo jardín que se vieron por primera vez—. ¡Si sigues practicando estoy segura que conseguirás salir de aquí de inmediato y volveremos a encontrarnos en el exterior! ¡No te rindas! —Se quitó la placa que llevaba en el pecho y, dudando un poco sobre su siguiente acción, la guardó consigo retirándose del lugar a gran velocidad sin voltear atrás.

Una vez que consiguió el orfanato lo que quería de los padres de Meditite, dispusieron a la niña en adopción, la cual rápidamente fue adoptada por un matrimonio adinerado incapaz de tener hijos compuesto por una Togedemaru y una Perrserker con el único fin de formar una familia feliz. No tardó mucho en desmoronarse cuando una situación de infidelidad llevó a otra y antes de que uno pudiera darse cuenta el divorció se había concretado, dejando a la Meditite sin un lugar a cuál llamar hogar. Ninguna de las dos quería volver a verla y al no ser hija legitima de nadie no fue difícil pagar para desaparecerla del registro y de la ciudad, quedando a merced de la desolada naturaleza en campo abierto lejos de la civilización.

[—Se olvidaron de ella como si quisieran olvidarse de mí, Mi vida entonces volvió a ser la de antes, y el sufrimiento recuperó su estatus de rutina.]

—Ahora que los dueños de la casa se han ido de vacaciones y me han dejado a mí a cargo. - Sonrió maliciosamente la Nidorina que había quedado al mando solo por ser la mayor de todos—. ¡Mi primer orden será que nadie pueda volver a hablarle a Palmacosta! ¡El que se le sorprenda haciéndolo se le castigará con la ley del hielo! —Finalmente se vengó a placer de la Pokémon que le robó la oportunidad de convertirse en la mejor amiga de Meditite y que los obligó a convivir por semanas con ella contra su voluntad.

Tras pensar un poco en las palabras de Amaranto, Izoold se levantó con lentitud apoyándose en su mano derecha para colocarse de pie justo al lado del Pokémon tipo roca.

—Guarda tu discurso para alguien a quien sí le interese escucharte. —Expresó mordiéndose el labio—. Juré que iba a ser yo quien acabara con ella, solo me tomó por sorpresa el ver que aún es capaz de pensar en una estrategia y ataques premeditados. Es la primera vez que veo algo así de un Pokémon que ha bebido esa porquería. ¡No volverá a ocurrir! —Hizo sonreír a un Lycanroc ya incrédulo de la habilidad de Obstagoon.

Adelantándose a Amaranto, Izoold volvió a arremeter contra Ambipom lanzando un ataque libre de dudas y completamente decidido con sus garras para aprovechar el impulso que llevaba.

—¡La tierra está temblando! —¡Salgamos de aquí! —¡¿Qué hacemos con los niños?! —¡¿Qué importan los niños?! ¡Ya conseguiremos otros cuando estemos a salvo! —¡No se abre! —¡La puerta esta atorada! —No es natural!

Un extraño fenómeno hizo sacudir la tierra y la institución quedó sepultada sobre sus propios escombros. Tanto niños como adultos perecieron atrapados dentro del gran salón, luchando por abrir una puerta que fue bloqueada desde fuera. Palmacosta fue la única sobreviviente al permanecer alejada del resto. Rezando por un evento que pusiera fin a su vida.

[—Casualidad del destino o una mala broma ese hombre apareció ante mí años después de vagar sin rumbo y repitió una serie de palabras que hasta entonces solo moraban en mi cabeza gracias a ti.]

—Si sigues ese camino lo único que encontrarás es la muerte. —Advirtió Izoold la primera vez que se topó con ella. Un encuentro más que casual a mitad de la nada, en medio de una noche estrellada mientras que él acampaba junto a sus primeros amigos Luin y Ozette. — Ya veo, con que tú también estás en busca de alguien... —Expresó luego de obligarla a sentarse con ellos alrededor del fuego, sorprendiendo a todos los presentes por haber entendido las palabras de Palmacosta en el primer intento. —Los oídos son inútiles para escuchar lo que un Pokémon dice con su corazón. ¡Para escuchar la voz de Palmacosta deberán aprender a escuchar con su alma! —Les llamó la atención a sus compañeros por no ser capaces de escucharla e invitó a Palmacosta a pasar la noche con ellos.

—¡No necesitas pensar en nada, si titubeas morirás! ¡No te dejes engañar por lagrimas falsas! —Cantó Amaranto para apoyar a su compañero de equipo de una forma que ya había resultado efectiva cuando lucho contra él minutos atrás.

—¡Soy duro como el acero, fuera de mi camino! ¡No me contendré hasta hacerlos pagar a todos de una maldita vez! —Respondió Izoold con euforia, siguiendo el verso de la canción—. ¡Trágate ésta! —Aterrizó justo en el lugar en que Palmacosta se encontraba hace tan solo un instante; y con la misma flexión de las rodillas se dio otro impulso para buscarla en su nueva posición. Luchando por alcanzar a Ambipom con sus garras, acuchilló el aire frente a ella una vez tras otra, Por la izquierda, por la derecha, hacia abajo, hacia arriba, el Pokémon mono conseguía siempre ser más ágil que él.

—¡Agáchate! —Advirtió Amaranto las intenciones de Palmacosta. —¡De rodillas! —Gracias a eso Izoold consiguió evitar un giro sorpresa del simio con el que cortó todo el aire en horizontal a la altura de la cintura del Pokémon mapache—. ¡Sé inteligente! —Le pidió mantener sus ojos siempre fijos en la cola con el cuchillo más que en el mismo Pokémon—. ¡Si es por tus amigos, ve hasta el fin de la tierra!

[—No teniendo a dónde ir decidí seguirlo por curiosidad. Y ahí fue que nos volvimos a encontrar.]

—Actualmente el País se encuentra divido en cuatro grandes regiones políticas. —Aclaró Izoold una vez que empacó sus cosas al día siguiente para volver con el resto de sus amigos—. De continuar en esa dirección terminarás llegando al territorio de Bismuto que es básicamente un infierno en tierra para todos los Pokémon que no son del tipo acero. De ninguna manera te estoy impidiendo ir, pero ¿por qué no nos acompañas primero a la laguna de Nessa? Tanto el lugar como sus habitantes pasaron a ser historia recientemente, pero creo que si vamos juntos no tendremos nada que temer. Si quieres adentrarte en el camino a ciudad Molayne será mejor que tengas buenas provisiones. —Ofreció Obstagoon su ayuda teniendo en mente la conversación que tuvo con Hima varias semanas antes sobre su meta de desear reunirse con una Aipom en algún punto del futuro.

Reconociendo la ayuda de Amaranto como una amenaza pensó en una forma de contrarrestar eso rápidamente. Teniendo a Obstagoon de frente y a Lycanroc mirando de lado desde la distancia, Ambipom dejó de tratar de ocultar sus ataques con el cuchillo. En cambio, comenzó a intercambiar la cola con la que lo sujetaba sin dejar de moverlas y enrollarlas sobre su sitio para que al Pokémon lobo se le dificultase reconocer con cuál de las dos colas lanzaría su ataque.

Arrojando una sucesión de amagos contra Obstagoon, Ambipom estaba consiguiendo ponerlo cada vez más nervioso. Un bloqueo incorrecto y su brazo se vería comprometido igual que el hombro de Amaranto. De adivinar erróneamente el combate llegaría a su final en ese momento.

—Palmacosta ha pensado en una contra respuesta demasiado rápido. —Pensó Obstagoon sin poder hacer más que resistir—. No... lo que sea que sea contra lo que estoy peleando ahora mismo definitivamente ya no es ella. —Recordó cómo fueron sus pequeñas pláticas en que se fue abriendo poco a poco con él y con el resto del grupo mostrando un rostro cada vez más feliz de haberlos conocido, una sonrisa muy parecida a la que estaba enseñando a su antiguo líder en ese preciso momento—. ¡Sal de su cuerpo maldita sea!

[—Hima, el tiempo se encargó de hacerte florecer como a ninguna otra mujer.]

—¡No puede ser! —Exclamó una Medicham apenas se dio media vuelta para saludar a Obstagoon cuando se reunió con ellos en la aldea de la laguna que se habían propuesto a reparar. Su asombro por ver a Aipom fue tal que dejó caer la maceta que traía entre las manos. El sonido del barro fragmentándose fue el único efecto sonoro de aquél encuentro luego de años sin verse. Ninguna de las dos podía creer estar una enfrente de la otra. No habían intercambiado palabra aún, pero fueron capaz de reconocerse al instante. Un abrazo como ningún otro sucedió al encuentro e inspirado por esa emoción Obstagoon decidió formar una familia con todos los presentes para rescatar vidas y evitar que momentos así se perdieran en el olvido. Fracción Roja nació esa noche dentro del bar de Gumshoos, con tan solo 7 integrantes en total. Izoold, Ozette, Luin, Hima, Balacruf, Hakonesia y Palmacosta; días más tarde se uniría Triet con gusto tras aprender que el grupo era capaz de escucharle y entenderle, además se encontrarían con un Druddigon ignorante del lenguaje al que llamarían Exire y se propondrían la meta de enseñarle a hablar comunicándose con él a través de la voz del alma.

El tiempo que Hima y Palmacosta pasaron juntas ocurrió tal y como lo habían soñado en su infancia. Una amistad se desarrolló bajo la protección de Izoold. El tenerse la una a la otra era más que suficiente aun cuando no tenían idea de cómo sobrevivirían al día siguiente. Aún con todos los problemas que existían a su alrededor, para ellas era como si estuvieran viviendo en un tiempo de absoluta paz.

¡¿Por qué?! —Se preguntó Obstagoon dejando que su cuerpo realizara movimientos más rígidos, reaccionando a los amagos de Ambipom similar a como lo haría una máquina—. ¡¿Por qué dejaste que las cosas terminaran de esta forma?! —Gritó con un alarido tan fuerte que hizo retroceder a Palmacosta un segundo.

[—Las llamas de la pasión ardían de forma enloquecedora sobre mi cuerpo y sofocaban mis pensamientos.]

—Chicos —Se dirigió Obstagoon a todo su grupo reunido en secreto dentro de la iglesia por primera vez. —Él es Sinoa. —Descansó sus dos manos encima de los hombros del conejo de tierra parado frente a todos—. Gracias a él hemos conseguido la llave de este lugar con ayuda de su red de información, por lo que me complace anunciar que a partir de ahora será uno de los nuestros y trabajaremos en conjunto. —Los oyentes celebraron con dicha la palabra de Obstagoon y recibieron al conejo con gusto, rápidamente se volvió uno más del grupo. La forma eficiente en que su red de información trabajaba para conseguir comida lo volvieron uno de los favoritos más pronto que tarde y se le dio un lugar privilegiado.

—¡Haz lo que creas correcto y entrégate a ello! —Aprovechó Izoold el amedrentamiento de Palmacosta continuar con la canción y salir corriendo para tomarla de ambos brazos—. ¡Acabaré con tu miseria! —Elevó a su oponente por encima de su cabeza grabando su mirada por última vez y la azotó contra el suelo por el lado opuesto al que la tomó.

Sin desperdiciar un solo segundo, Lycanroc pareció tele-transportarse en el aire desde su lugar para terminar con el trabajo de Obstagoon, pues sabía él volvería a dudar de rematarla, apareció entonces justo al lado de Izoold para sellar a Ambipom de la misma manera que actuó contra Whirlipede.

—¡TUMBA ROCAS! —Aulló el perro nocturno al cielo desgarrando su garganta con el fin de bautizar su nuevo movimiento, generando por encima de él una roca tan grande que incluso alcanzaba a cubrir a Ambipom y Obstagoon al mismo tiempo. Izoold, quien ya había sido testigo del poder del lobo para crear sedimento sólido y compactado a partir del aire no pudo evitar quedar perplejo ante tal demostración. Ni siquiera Amaranto podía creer lo que había conseguido crear con su propia habilidad, y una risa genuina fue incapaz de ser contenida en su interior, fugándose al aire en pequeñas dosis a través de sus puntiagudos dientes. No tenía tiempo que perder tratando de controlarse, sólo ordenó retirarse a Obstagoon y de un fuerte impulso se elevó en el aire como si fuera inmune a las leyes de la gravedad para partir el peñasco con su puño cerrado. Una lluvia de Granito sucedió a los eventos de la fragmentación, y rápidamente Ambipom quedó enterrada incapaz de salir por su cuenta.

[—De algún modo estar a tu lado causaba en mí aún más dolor del que había sentido nunca antes, no había nada que pudiera hacer al respecto.]

—¿Cómo has llegado acá tan rápido? —Preguntó Izoold teniendo más curiosidad por la inexplicable velocidad del lobo. Buscó incluso el medio por el que se había desplazado a los alrededores con la mirada sin éxito.

[—Así que me armé de valor y te conté mis sentimientos.]

—¡¿Te acabo de mostrar una habilidad como la que jamás volverás a ver en tu vida y te preocupan más los pequeños detalles?! —Se cruzó Amaranto de brazos girando la cabeza para mantener una actitud de molestia antes de resentir la punzante herida aún abierta sobre su hombro y que solo había vendado de forma rápida con la manga desprendida con violencia de la gabardina.

[—Tu mirada se vio indiferente, tu tono de voz nada cambió en cuanto lo dije, tus gestos y expresiones fueron los mismos que habías usado desde que te conocí.]

—Le has dado un nombre bastante tonto... —Desvió Obstagoon la mirada hacia el suelo, combatiendo contra su espíritu que moría de ganas por enaltecer a su oponente. Maravillado de lo que había contemplado.

[—No era sólo que me hubieras rechazado porque tu corazón estuviera enamorado de alguien más. Era que jamás sentiste algo por mí.]

—Imbécil. —Respondió Amaranto—. Por supuesto que el líder de unos descerebrados no iba a ser menos descerebrado que ellos como para alcanzar a comprender la magnificencia de- —Sus palabras fueron cortadas a causa de un poderoso estruendo muy cerca de ellos. Un gran rugido proveniente del acantilado se hizo presente en toda la meseta rompiendo todos los cristales de las casas dentro de la aldea y sacando de balance a los dos Pokémon encontrados de pie en el exterior.

[—Como una flecha afilada, tus palabras atravesaron mi corazón. Nuestras diferencias sólo habían crecido aún más, sólo te habías vuelto aún más hermosa ante mí.]

—¡¿Qué ha sido eso?! —Preguntaron los dos apenas terminó el estruendo mientras se tallaban los oídos que por poco y nada alcanzaron a cubrirse. No tuvieron tiempo de buscar una explicación cuando la tumba de rocas comenzó a sacudirse desde la base cada vez con más violencia.

[—Tu amor, al igual que el mío, no fue correspondido.]

—P-p-pero s-s-si sólo estamos bromeando un poco. —Le arremedó Diggersby con un tono de burla sin conocer nada sobre la historia y lucha de Palmacosta—. ¡N-n-no t-t-te va-va-vaya por favor! —Le suplicó en modo de juego viendo cómo se retiraba del salón con el resto del grupo riendo en secreto. Ahora que Obstagoon pasaba cada vez menos tiempo con ellos comenzaban a olvidar su meta de escuchar con la voz del alma y más se divertían realizando vandalismo y pequeños hurtos en compañía de Sinoa.

—¿Palmacosta? —Se encontró con Medicham en el exterior cuando esta apenas se preparaba para entrar a dar un comunicado escrito en una carta escrita por su puño y letra—. Lo he pensado un buen tiempo... —Exteriorizó sus planes a su mejor amiga lejos de todos, descansando los codos apoyados sobre una pequeña cerca de madera al lado del camino mientras perdían la vista en la inmensidad del brillante cielo azul cerúleo—. No sé en qué estaba pensando cuando me confesé así al jefe siendo que ya sabía muy bien lo que él sentía por Ozette... —Habló sin mostrar remordimiento alguno por la forma en que ella rechazó a Palmacosta de la misma manera semanas atrás—. Desde que lo hice el grupo se ha sentido cada vez más caótico y el jefe está cada vez más ausente. Seguro que todos se sienten incómodos con mi presencia aquí... lo mejor será que me marche... Dejaré Fracción Roja por el bien del grupo. —Guardó una vez más la placa que tanto deseaba entregar a Palmacosta y sin saber dejó caer la carta al suelo, permitiendo que fuese arrastrada por el viento.

Las rocas de la cima comenzaron a bajar hacia la base en una carrera apresurada al mismo tiempo que una serie de alaridos y masculleos se hacían evidentes a lo largo de la aldea desde dentro de cada una de las casas.

—¿Alguna idea de lo que está ocurriendo? —Preguntó Lycanroc nervioso a un Obstagoon que para nada podía dar respuesta a lo que estaba pasando y se le notaba en su mirada llena de temor.

[—Mi mente se quedó en blanco, pronto volvería a la rutina que dejé atrás en el orfanato]

—¿Ella es la Pokémon con la que piensas pagarnos? —Preguntó la figura de un Pokémon volador a una sombra que tenía acorralada contra la pared de una gran casa en la aldea de Obstagoon. —Las faltas que has cometido en el territorio de nuestra Señora Mercurio son faltas cometidas directamente a su persona; no pasarán sin ser castigadas. ¡Sin importar dónde te ocultes o que tan lejos te muevas te encontraremos! —Pisó fuerte contra la arena para demostrar su dominio en la conversación—. ¡Si el Pokémon no resulta útil para nuestra investigación será el fin del camino para ti! Peor aún ¡Si resulta ser todo mentira lo consideraremos una burla directa a nuestra Señora que deberá ser castigada con la tortura máxima! —Sentenció feliz de informar ser él, el encargado de cumplir dicha amenaza—. Incluso el pendejo de Zafiro podría manejar tu red de prostitutas con el entrenamiento adecuado. No sientas que eres importante en nuestro plan, a ojos de nuestra especie y de nuestra Señora Mercurio eres sólo otro sucio terrestre más, ¡un peón totalmente descartable! —Terminó por ordenar al Diggersby agazapado entre sus pies que le besara las patas si no quería perder la vista en ese momento.

El conejo acató la orden con diligencia, besando y lamiendo la mugre adherida a la parte inferior de las garras en cada uno de los dedos del Toucannon que lo tenía a su absoluta merced, sin desaprovechar cada momento entre respiraciones para suplicar por su vida, pues conocía más bien la tortura que le aguardaba ahora que había sido encontrado.

El Pokémon volador finalmente respondió a su suplica dejando caer una botella llena de agua y sin etiqueta mostrando una sonrisa perversa. Su siguiente misión era hacer que Palmacosta la bebiera, cosa que consiguió con bastante facilidad usándola de excusa como un regalo para hacer las paces entre ellos prometiendo no volver a burlarse de su incapacidad.

[—En la siguiente escena tú huías mientras que yo te perseguía, podía percibir incluso el sabor de tus lágrimas mezcladas con tu aroma en el aíre.]

—¡Increíble! ¡Maravilloso! ¡Esplendido! ¡Fabuloso! —Exclamó el tucán apreciando el desafortunado destino del Pokémon mono desde el cielo—. Con tan solo dar un sorbo de ella ese Pokémon ha alcanzado la evolución. ¡Mercurio sin duda estará feliz de ver el ejemplar que le conseguí! —Partió vuelo en dirección a la costa oeste olvidándose por completo del Diggersby.

Un estridente chillido repercutió desde el fondo de la tumba y esta se desmoronó por completo en un estallido interno que liberó a Ambipom de su aprisionamiento, completamente limpia de cualquier herida o rasguño. Era como si hubiera recuperado su condición inicial o incluso como si hubiera ganado fuerza estando bajo la cama de piedras.

—¡Hi-hi-hi-Hima! —Farfulló el simio observando a la pareja frente a ella, con los ojos completamente blancos. La esencia que buscaba no se encontraba ahí, por lo que abandonó el sitio con ayuda de un gran salto.

[—Tanto fue lo que me hablaste sobre la belleza que había en nuestras diferencias como para que terminases amando al Pokémon que más se parecía a ti. Si no me querías por ser tan diferente entonces debía mostrarte cuan de similar resultaban ser nuestros barrocos cuerpos de mujer.]

—¡Palmacosta! —Gritaba Hima incesante mientras huía a toda velocidad con el deseo de hacer entrar en razón a su mejor amiga—. ¡¿Qué es lo que ha ocurrido?! ¡¿Por qué te comportas así?! ¡¿Quién te ha hecho esto?! ¡¿Por qué...?! —Trató de perderla tomando una vereda maltrecha y accidentada.

—¡¿A dónde se dirige ahora?! —Preguntó Amaranto sin entender nada, pero sin dejar de correr detrás de Izoold.

—¡No lo sé! ¡Ya no sé qué está ocurriendo! —Respondió Izoold desde la delantera—. ¡Pero no podemos dejar que se aleje de nosotros! ¡Prometí que yo mismo me encargaría de darle muerte! —Reconociendo el nombre que pronunció Palmacosta aún con su voz distorsionada, Izoold quería aferrarse a la idea de que fuera posible encontrar a Hima con vida, oculta en el lugar al que Ambipom se dirigía. —¡Voy a llegar al fondo de esto no importando si tengo que descender al infierno mismo!

[—Tropezaste al suelo y caímos juntas sobre el pasto, te abrazaste a mí y comenzaste a acariciarme tiernamente. Con nuestros cuerpos uno encima del otro fue que nos dimos el primer beso.]

—¡Por favor... detente! —Pedía Hima entre sollozos, teniendo las manos y colas de Ambipom toqueteando cada rincón íntimo de su cuerpo, incapaz de liberarse por su cuenta por más que lo había intentado hasta quedar agotada. —Tú no eres... Palmacosta...

Palmacosta llegó a la misma casa de la que había salido y entró de vuelta hasta la habitación donde se encontraban los restos de Hima. Amaranto y Obstagoon le siguieron el paso de cerca, notando en corta su travesía como diferentes casas iban quedando abiertas una a una desde el interior, destruyendo las puertas o paredes necesarias para llegar al exterior. Los Pokémon que hace mucho debieron haber perecido por falta de alimento dentro de sus hogares se encontraban de pie morando las calles una vez más.

—¡¿Qué es esta jodida mierda?! —Rio Amaranto incrédulo del escenario apreciable.

—Cuando el infierno esté lleno los muertos caminarán sobre la tierra. —Citó Obstagoon sereno, siguiendo los pasos de Palmacosta dentro de su casa, sin prestarle importancia alguna a los Pokémon del exterior, o mejor dicho sin querer volver a ver el rostro de sus amigos y conocidos.

—¡¿El diario de Mercurio habla sobre Zombis?! —Se echó a reír el lobo aún más fuerte. —¡Tiene que ser una broma de mal gusto!

[—Tus palabras, aunque crueles, demostraban gran sentimiento y sinceridad por mí. Finalmente pude conocer lo que pensabas de tu mejor amiga. Maldita fuere tu suerte y maldito fuere mi amor que nos envolvió en aquella vorágine de pasión carnal.]

Jugueteando con su cuerpo casi inerte, Palmacosta procedió a explorar cada una de las cavidades de Hima forzando los dedos de su cola en todas ellas, al mismo tiempo que se la comía a besos, al mismo tiempo que se la comía a bocados. Palmacosta moría de sed y su fuente se había agotado, lo único que había para beber ahora eran los fluidos de quien fue su mejor amiga. Manoseando, mordisqueando, lamiendo y besando cada zona de su piel, devorando primero los dedos de la mano izquierda y dejando la derecha para después, devorando los dedos de la mano derecha ahora sobre esa cama extraña en la que había pasado recostada desde hace cuatro días. Llorando y gimiendo su nombre en completa agonía, lamentando su perdida, el Pokémon solo detuvo su acto cuando fue encontrada por la mismísima Skarmory a mitad del camino en desuso, cuando fue encontrada por Obstagoon y Lycanroc encima de su cama.

—Palmacosta... —Hablaron Skarmory y Obstagoon al mismo tiempo—. ¿Qué es lo que has hecho con tu mejor amiga? —Obstagoon fue incapaz de continuar y fue sacado de la habitación gracias a Amaranto, acto seguido corrió a dejar salir todo lo que llevaba en su interior en medio del pasillo. El hedor de la sangre y podredumbre se encargarían de cubrir el vómito del Pokémon siniestro. —Tu amor... el arma más letal de este mundo, no lo has sabido controlar y mira cómo terminó. —Le reprendió Skarmory—. Sin embargo, las cosas aún pueden ser reparadas. Aún hay tiempo para actuar si así lo deseas y te muestras de verdad arrepentida. —Le ofreció un trato a Palmacosta apenas notó que esta lentamente iba recuperando sus sentidos.

[—¿Fue acaso mi corazón retorcido el que enfermó tu cuerpo a bocados de amor? ¿O fue tu cuerpo enfermo el que degeneró a mi corazón retorcido con hambre de amor?]

—Lo único que tienes que hacer es jurarme lealtad y mantener nuestra conversación en secreto. —Condicionó Mercurio vertiendo una botella de agua sobre Hima para revivirla momentáneamente—. Su cuerpo, podemos mantenerlo con vida para siempre con ayuda de mi agua milagrosa. En tanto ninguna de las dos dejen de beber el agua que les brindo completamente gratis las dos vivirán eternamente, inmunes a los efectos de la muerte, inmune a los efectos del tiempo mismo.

Sin decir palabra alguna como respuesta, Palmacosta tomó la botella que Skarmory dejó a sus pies y comenzó a beber de ella con gusto hasta terminarla. Pidió una segunda y sin preguntar a Hima si quería ser parte de aquél horrible destino le hizo beber la botella entera cuando seguía sin energías para oponerse a ello. El pacto se cerró cinco días atrás y la vida de Diggersby fue perdonada con creces por haber encontrado un ejemplar raro capaz de beneficiarse de los efectos del agua al primer consumo. Mercurio regresó entonces feliz a la costa para preparar la próxima salida del Rasavātam en el tiempo correcto. Esa misma noche tenía que decidir quién sería su nuevo capitán.

[—No me estoy confesando porque quiera un poco de tu infinita misericordia. Sino para informarte que este crimen es el lazo que me atará a mí y a ella por siempre a esta tierra ya muerta y abandonada de tus gozos.]

Volviendo a entrar en la habitación Amaranto e Izoold confirmaron que Palmacosta seguía de pie sobre la cama, sin embargo, Hima había desaparecido por completo. Prefirieron pensar de ese modo a lo que ya sabían bien que había ocurrido.

Ambipom por su parte no tenía tiempo para tratar con ellos, los efectos del agua comenzaban a desaparecer y Skarmory había faltado a su palabra desde hace tres noches. No se veía a ninguno de sus sirvientes en la cercanía para abastecer a Palmacosta ahora que sus reservas se habían agotado. Trató de beber las pequeñas gotas remanentes en el interior de cada botella en incluso lamió el suelo cubierto con la sangre aún fresca proveniente del cuerpo de Sinoa a mitad de la habitación, pero era inútil. Su consciencia estaba regresando y retomando el control de su cuerpo. Recordando poco a poco todo lo que había sucedido hasta ahora pasó el cuchillo que llevaba aún en la cola a su mano y admiró su reflejo en su filo. O al menos en lo que se había convertido. Se dio cuenta que era muy tarde para dudar o retroceder por lo que no le quedó más remedio que ponerse de pie para girarse a ver a su líder y competencia en el amor. La primera persona que mostró compasión por ella había sido asesinada por sus propias manos y la segunda se encontraba justo enfrente mostrando unos ojos llorosos de incertidumbre.

—¿Palmacosta? —Volvió Izoold a preguntar por su nombre, viendo como el simio comenzaba a jadear y sudar exacerbada, viendo como poco a poco volvía a ser la Palmacosta que tanto quería y conocía. Trató de acercarse a ella, pero Ambipom lo impidió con un agudo chillido que los amedrentó y paralizó en lo que salía de la habitación de forma precipitada. —¡Se está escapando!

—¡Sería un completo idiota si la dejo fugarse de esa forma una segunda vez! —Apostó Amaranto con confianza en lo que los dos salían al pasillo a ver como Ambipom se encontraba ahora acorralada ante una pared de mármol que bloqueaba el acceso a la salida.

[—¡Amado Arceus que gobiernas sobre todas las cosas, este es un pecado que no permitiré si quiera tú absuelvas!]

Apoyando la empuñadura del cuchillo contra la pared Palmacosta comenzó a dar arremetidas con su cuerpo directo al filo del arma, obligándole a impactar el acero de la navaja una y otra vez contra los tejidos de su cuello hasta separar la cabeza de su cuerpo y que esta callera rodando al suelo, ignorando por completo el dolor que la parte consciente de Palmacosta era capaz de sentir más no capaz de expresar. La naturaleza de los seres vivos es luchar por mantener su salud y estabilidad de manera inconsciente a lo que el cerebro piense. Si el sistema nervioso autónomo no puede actuar en su defensa, lo hará el sistema nervioso simpático; activando y desactivando los neurotransmisores necesarios para prolongar la vida, así como secretando toda clase de hormonas con el objetivo de mitigar el dolor y favorecer la capacidad de reacción a costa de daños colaterales permanentes en el organismo mismo. La nueva consciencia eterna ganó la batalla por su cuerpo y pronto volvería a levantarse una vez más aún si ya no tenía cabeza, obligada a combatir hasta el fin de los tiempos a causa de ese gran rugido que la despertó de la tumba minutos atrás.

El lobo y el mapache no pudieron hacer otra cosa que observar con asombro la manera en la que el Pokémon prisionero, tanto dentro de la casa como de su propio cuerpo se convertía en un manantial de sangre hasta caer al suelo desfallecido.

—¡Ojalá todo fuera una broma de mal gusto! —Respondió Obstagoon finalmente a la conversación que había quedado pendiente de terminar con Lycanroc—. No creo, sin embargo, que los zombis sean su motivo final o ya habría venido a llevárselos hace tiempo...

—¿Listo? —Preguntó Gumshoos ahora sentado a un lado de Lucario.

—La verdad no... —Respondió Cian con sinceridad, dejando ver su duda ante lo que estaba por venir. —Pero si es la única opción... ¡lo haré! —Apretó fuerte el volante posicionado delante de él

—¡Así se habla! —Felicitó Gumshoos a Lucario, orgulloso de haberle confiado las llaves de su auto. —¡Entonces gira la llave para encender el vehículo y pisa el pedal a fondo!

El motor de una camioneta de caja cerrada se puso en marcha y las luces frontales se encendieron. La leyenda de una cadena importante de supermercados llamada OWWO podía leerse al costado sobre la foto de donas y panes hechos a base de bayas que eran su principal atractivo. Un medio de Transporte que Gumshoos usaba en compañía de Obstagoon para ir al pueblo cercano a conseguir mercancía con descuento haciéndose pasar por empleados de la cadena.

—¡Debemos salir de aquí cuanto antes! —Las llantas comenzaron a girar sobre su sitio producto de la aceleración apresurada y milésimas de segundo más tarde se puso en marcha a gran velocidad. No había tiempo que perder dudando por la idea de ser su primera vez conduciendo un auto.