En medio de un pequeño claro, rodeado de árboles y flores, había cinco hileras de sillas. Son muchas teniendo en cuenta que mis amigos más cercanos son más bien pocos, pero se ha unido gente del 12 que volvió al distrito después de la guerra, como Sae la Grasienta y su nieta. También veo niños, la familia de Gale está al completo con sus hermanos pequeños (los que llenan varias sillas). Todo el mundo que conozco y quiero está aquí. Y delante de todo, de pie con mirada seria está él, la persona con la que me voy a casar. Está muy elegante y atractivo, se le ve maduro con esta pose tan erguida que tiene, pero también se le ve joven, porque lo es, porque lo somos. Pero no me importa, porque siento que cada día que vivo es un regalo, ya que sigo considerando que mi esperanza de vida terminaba a los dieciséis, que es cuando me enviaron a los Juegos. No había habido motivo para retrasar esto.
*Recomiendo escuchar "In Our Bedroom After the War" de Stars como soundtrack
Empezamos a andar y traté de olvidar los Juegos para centrarme en Haymitch a mi lado, en Cinna envolviéndome con su vestido, en las prímulas sujetándome el pelo, en mi padre observándome des del bosque, en Rue y en Madge guardando mi corazón a través de la insignia y en Peeta esperando por mí.
Nos pusimos justo en medio de la hilera de sillas y todo el mundo se calló y se giró para vernos. Sentí que muchos ojos se posaban en mí pero ahora mismo a mí solo me interesaban unos ojos, y eran los de mi prometido, de los que no había perdido detalle desde que lo había ubicado en el altar. Cuando Peeta me vio bajó sus hombros a la vez que abría ligeramente la boca, para luego pasar a morderse el labio y fruncir el ceño. ¿Puede ser que estuviera haciendo esfuerzos para no llorar? Cuanto más me acercaba a él, menos dudas me quedaban al respecto. Así era Peeta, mi dulce trozo de pan.
Cuando llegué a su lado Haymitch se despidió de mí con un beso en la frente, fue una agradable sorpresa que no me había esperado y que agradecí profundamente. Y así me quedé sola con Peeta, delante de todo el mundo. No sé qué se puede o no hacer en este momento, pero quería cogerle de la mano y lo hice. Él me la apretó fuertemente y al sentirle a mi lado hizo que se me quitara gran parte del nerviosismo.
- ¿Estás bien? –le susurré. Él sonrió a pesar de que parecía que el cuello de la camisa le estuviera ahogando.
- No podría ser más afortunado –y ya está, tuve que dejar de mirarlo si no quería empezar a llorar. Esta frase en un momento como este era capaz de hacerme perder la compostura.
El alcalde pidió atención y empezó un discurso sobre el matrimonio. Realmente éste debería ser un trámite sencillo, pero todo el mundo se lo había tomado como algo personal y se estaban esforzando al máximo en hacer que esto fuera memorable. Llegó el momento de decir nuestros votos y sabía que tenía que empezar yo, porque como lo hiciera después de Peeta haría que nada de lo que yo dijera fuera remotamente simpático en comparación.
- No se me da bien dar discursos pero voy a intentarlo –y le miré solo a él, porque ahora solo estábamos los dos–. No he tenido una vida fácil, nunca fui una chica normal que fuera libre para enamorarse porque no podía permitírmelo. Nada de todo esto nunca formó parte de mis planes porque no creí poder llegar a vivirlo –dije con una sonrisa nerviosa, no sé hacia dónde quería llegar con todo esto pero ya había empezado así que solo podía continuar–. Pero las circunstancias me empujaron hacia un devastador abismo que hubiera sido insalvable de no ser… por ti. Me ofreciste tu apoyo y tu cariño cuando más lo necesitaba y poco a poco te me fuiste metiendo dentro hasta el punto que ya no puedo sacarte de ahí –y volví a sonreír nerviosamente–. Te quiero y quiero pasar el resto de mi vida contigo –no sé qué más añadir, porque la emoción es tal que no puedo seguir hablando.
Peeta me miró con intensidad, tomándose su tiempo, observándome antes de hablar.
- Creo que no puedo decirte nada que no sepas ya. Me enamoré de ti siendo tan solo un niño y aunque pensaba que no podía quererte más, descubrí que estaba equivocado, porque mi amor por ti seguía creciendo, aún a día de hoy no he llegado al límite –le apreté un poco más fuerte las manos, emocionada. Él sí sabía expresar en palabras sus sentimientos–. Fui un cobarde durante mucho tiempo, nunca me atreví a acercarme a ti hasta que el destino nos juntó, aunque lo hizo de la peor de las maneras… desde ese momento he tratado cada día en hacer lo que fuera mejor para ti, pero a menudo me preguntaba si yo era lo suficientemente bueno para ser quién te ayudase y acompañase. En definitiva, me preguntaba si era lo suficientemente bueno para ti.
- Lo eres –no pude evitar interrumpirle, no podía seguir escuchando cómo se menospreciaba. Él me sonrió y siguió con su discurso.
- Pero lo seguí intentando, por muy doloroso que fuera, porque no era capaz de alejarme de ti, porque eras el motivo por el cual este mundo merecía la pena –hasta que no vi que Peeta se apartaba una lágrima antes de que ésta se materializase en sus ojos, no me di cuenta de que yo ya tenía mis mejillas empapadas–. Porque te quiero y haría lo que fuera para que seas feliz y si tú eres feliz estando a mi lado, entonces déjame hacerte feliz el resto de mi vida.
Me apretó un poco más fuerte las manos, estábamos temblando, los dos estábamos emocionados.
- Katniss Everdeen, ¿quieres a Peeta Mellark como tu legítimo esposo? –me solté un momento para apartarme las lágrimas. Sonreí.
- Sí quiero –dije sin titubear y volví a cogerle las manos con fuerza.
- Peeta Mellark, ¿quieres a Katniss Everdeen como tu legítima esposa?
- Sí quiero –dijo sin dudar y con los ojos brillantes.
- Entonces, yo os declaro marido y mujer. Ya puedes besar a la novia –no nos hicimos de rogar y nos besamos. Se produjo un estallido de aplausos.
- Te quiero –dijo Peeta separándose lo justo.
- Y yo a ti.
- Estás preciosa –no le dejé que dijera nada más porque le volví a besar. Peeta me cogió de la cintura y me levantó. Sonreí encima de sus labios.
Peeta me bajó y cogidos de la mano nos enfrontamos al público que seguía aplaudiendo. Prim corrió a mis brazos.
- Ha sido precioso –me dijo.
- Estoy temblando –le confesé y las dos nos reímos.
De reojo vi que mi madre abrazaba a Peeta y le decía algo en voz baja. Había mucho ruido pero logré oír la parte del final "tu familia estaría orgullosos de ti, lo sé porque nosotras lo estamos". Eso terminó de emocionarme. Cuando se separaron Peeta le agradeció sus palabras asintiendo con la cabeza. Había vuelto a llorar.
- ¿Estás bien? –le pregunté apretándole un poco más fuerte la mano.
- Sí, es solo que… estoy muy contento. He sentido como si mis padres estuvieran aquí de verdad…
- Y lo están. Al igual que mi padre. Hoy están todos con nosotros –Peeta asintió. Seguimos la marcha por el pequeño pasillo pero me detuve al ver a Haymitch.
- ¿Emocionado? –me burlé al ver que tenía los ojos llorosos.
- Oh cállate –y entonces Haymitch nos rodeó a los dos en un fuerte abrazo–. Sed felices, os lo merecéis –de nuevo me invadió una calidez arrulladora. Él era como nuestro padre.
- Gracias Haymitch.
Llegamos con los invitados al jardín detrás de casa de Peeta, que es donde se celebraba el banquete ya que esa era la casa a la que me iba a mudar para vivir juntos. En la Gira de la Victoria asistimos a muchos, pero este era en diferencia mi favorito; no era ostentoso ni muy grande, pero adoraba a todas y cada una de las persona presentes. Nadie criticaba nuestro comportamiento, Peeta y yo éramos libres de decir y hacer lo que quisiéramos y eso incluía ser felices y reír, sí, reír mucho. Todo el mundo estaba muy animado y el buen humor era contagioso. Incluso las bromas hirientes de Johanna me parecían divertidas.
- Le di en toda la cabeza y ¿sabéis cómo sonó? Como un tronco hueco, ¡tenía la maldita cabeza vacía! –decía Johanna rememorando el bonito día que me provocó una contusión cerebral con el rollo del cable de Beete.
- Creo que gracias a eso se le ocurrió la brillante idea de disparar a la cúpula –dijo Finnick metiéndose en la boca uno de los aperitivos.
- Sí que fue brillante, me quedé ciego durante unos segundos –dijo Peeta y todos contuvimos la respiración unos momentos antes de estallar en una sonora carcajada.
Ese era un hecho completamente insólito: tributos hablando sobre su experiencia en la arena y partiéndose de la risa. Nunca nadie se hubiera podido imaginar esta situación. Me sentía muy dichosa.
- Katniss ¿te acuerdas de cuando nos pusimos la pomada para las heridas de la niebla? –asentí repetidas veces con entusiasmo– Menudo susto, ¿eh Peeta? –me reí tanto que hasta tuve que sujetarme el estómago.
- ¿Qué pasó? –preguntó Johanna.
- Nada, estos dos que son unos graciosos –dijo Peeta haciéndose el ofendido pero la verdad es que también se reía–. El color de esa crema sumada a las costras le daba a la piel un aspecto putrefacto, parecían muertos vivientes.
- No, no, cuéntalo bien. Peeta estaba durmiendo y le dimos tal susto que dio un brinco gigantesco hacia atrás, ¡ni siquiera se pudo poner de pie! –dijo Finnick partiéndose de la risa.
- Lo mejor fue la cara que se le quedó –dije sin parar de reír–. Estaba tan indignado y enfadado pobre…
- ¡Mira, mira! ¡Es la misma que pone ahora! –dijo Finnick señalando a Peeta y a su mirada de desdén, lo que solo hizo que nos riéramos más aún.
- Sois malos –sentenció Peeta pero terminó riéndose también porque no pudo mantener más esa mirada de desdén.
Entonces salieron a relucir todo tipo de anécdotas divertidas y para cuando nos sentamos hasta me dolía el estómago de tanto reír.
- No recordaba que el Vasallaje hubiera sido tan divertido –comentó Peeta también tratando de calmarse.
- Ni yo tampoco, solo ellos podrían haber logrado algo así –y miré a mis compañeros tributos con orgullo. En su día estaba dispuesta a acabar con sus vidas, pero ahora estaba dispuesta a darla por ellos.
Las mesas formaban una U, de modo que todos nos veíamos los unos a los otros. Era como estar sentados en una gran mesa. El buen ánimo se mantuvo y todo salió a la perfección. Incluso cuando Haymitch se emborrachó y empezó a contar a los cuatro vientos escenas vergonzosas de nuestra historia, como cuando empujé a Peeta después de su declaración televisada en los primeros Juegos, no me enfadé, estaba demasiado feliz. Lo malo era que todos estaban igual de animados e incitaban a Haymitch para que siguiera hablando.
- Oh por dios y sus llantos. "Haymitch, van a obligarme a casarme con Peeta, ¿qué hago?" –dijo tratando de imitar mi voz, aunque lo único que hizo fue hablar con unos agudos ridículos–. Para luego casarse con él igualmente, ¡manda narices! –dijo dando un nuevo trago a su copa. Finnick aplaudió entusiasmado, a todo el mundo le pareció una historia buenísima.
- Vale, creo que ya nos has puesto suficientemente en ridículo. Siéntate –dije a pesar de que también lo había encontrado divertido. No sé qué me pasaba, pero todo me sentaba bien.
- Yo también tengo algo –intervino Gale– tiene que ver con Katniss huyendo de un oso por el bosque.
- ¡Gale! –me quejé– No hables más de la cuenta o les contaré cómo te caíste al río –entonces Gale levantó las manos, como diciendo que se daba por vencido.
- ¡Pues yo quiero saber esa historia! –dijo Delly que se había sentado a su lado. No lo habían dicho oficialmente pero yo conocía bien a Gale y sí, mis sospechas habían estado en lo cierto: había empezado una relación sentimental con ella.
- ¿Gale siendo patoso? A mí también me interesa escucharla –metió cucharada Peeta.
- Yo nunca he sido patoso, panadero –dejó claro Gale y por sus miradas entendí que habían vuelto a su antiguo juego de molestarse mutuamente.
- ¡Katniss! ¡Dedícanos unas palabras vamos! –dijo Haymitch. Ya estamos otra vez.
- Ya dijimos unas palabras en el 13… ¿no te acuerdas? –dije con una sonrisa forzada.
- Peeta sí lo hizo, tú no –y tanto que se acordaba, pero él quería volver a hacerme pasar vergüenza.
- ¡Sí, eso! ¡Que diga algo! –no me esperaba menos de Johanna, quién no se perdía una oportunidad para sumarse a lo que fuera con tal de chincharme– ¡Que nos agradezca al menos habernos hecho venir al culo del mundo!
- Ya sabéis que os lo gradecemos mucho –intervino Peeta.
- ¡Que lo diga ella!
- Pero si te he llevado las maletas hasta mi casa –me quejé y ella me sonrió con suficiencia, había picado el anzuelo. Suspiré con resignación– Está bien –me levanté.
- Shh Shh silencio –ordenó Haymitch muy concentrado. Volví a suspirar.
- Gracias, Haymitch –dije con sarcasmo.
- Para eso estamos preciosa –y me guiñó el ojo. Me reí, estábamos todos chiflados.
- Muchas gracias a todos por haber venido hoy, sobre todo a aquellos que han venido de tan lejos –Johanna levantó su copa dándome su confirmación. Sonreí, menuda pandilla–. Muchas gracias por haber estado a nuestro lado y por habernos dado vuestro apoyo durante todo este tiempo. Tanto a los que estáis aquí como a los que no habéis podido venir –e inconscientemente me toqué la insignia–. Gracias, no lo habríamos logrado sin vosotros –y me senté. Había sido corto pero es que los discursos no eran lo mío.
- Yo quisiera añadir algo –eso no me lo había esperado. Prim estaba de pie a mi lado, con su fino vestido y su pelo trenzado con flores. Me miró–. Dices que agradeces que hayamos venido, pero precisamente si estamos aquí es gracias a ti y sé de lo que hablo porque me salvaste la vida –empecé a temblar–. Me salvaste cuando papá murió y me salvaste el día de la cosecha. Estoy orgullosa de ti, mi hermana mayor… te quiero mucho –no pude contener las lágrimas y nos abrazamos.
- Te protegeré siempre –le prometí.
- Deja que nosotros te protejamos a ti a partir de ahora –me respondió.
Terminamos de comer y todo el mundo estaba muy, muy animado. Había visto a Haymitch borracho muchas veces y siempre me había parecido que realizaba un espectáculo lamentable y denigrante. Pero hoy era distinto, tenía gracia, tenía buen humor, Finnick y Gale se sumaron a él a ver quién se sabía la canción más extravagante. Prim y Delly se hicieron muy amigas de Annie y conversaban animadamente sobre el océano, el bosque y sus características. Johanna le estaba tomando el pelo a Effie con bromas del Capitolio, y ella le reñía una y otra vez a cerca de su comportamiento en la mesa.
Era la estampa más bonita que recordaba haber visto nunca. O lo había sido hasta que entramos en casa de Peeta (perdón, nuestra casa) encendimos la chimenea y con cierta solemnidad tostamos el pan juntos, acompañados por una canción que mi madre, Hazelle, Delly y Prim nos cantaron.
- Ahora sí estamos casados –me susurró Peeta y pude ver sus pestañas doradas, su sonrisa y su expresión de felicidad a escasos centímetros de mi propio rostro. Me acarició la mejilla.
- Sí, así es –y nos besamos.
La fiesta se alargó hasta bien entrada la noche. Los que vivían en el distrito se fueron los primeros, pero los que se quedaban en la Villa se quedaron un rato más (total, tenían las casas ahí mismo). Al final nos despedimos con la promesa de vernos al día siguiente y Peeta y yo entramos en casa. Estábamos cansados, felices y ligeramente borrachos (al final habíamos acabado bebiendo todos, incluso le había permitido a Prim beberse el final de mi copa) de modo que llegamos al dormitorio haciendo un poco de estropicio por los pasillos.
Nos despertamos pasado el mediodía y acudimos a comer a casa de mi madre, donde nos reunimos todos los invitados que habían venido de diferentes Distritos expresamente para la boda. Gale, Delly y Haymitch también vinieron, pues se habían encariñado de los invitados. Comimos todos juntos (poco, la verdad, aún estábamos llenos del banquete del día anterior) y los acompañamos al tren esa misma tarde, prometiéndonos volver a vernos pronto. Entonces Peeta y yo cogimos una pequeña maleta y dejamos nuestro hogar para irnos de luna de miel. No nos íbamos muy lejos; habíamos adecentado la casita del lago y nos regalamos unas semanas ahí, alejados del mundo y solo nosotros dos.
Nuestra nueva vida juntos no hubiera podido empezar mejor y no podía esperar ver qué nos deparaba el futuro a partir de ahora.
.
.
.
**Comentario autora: Ya solo queda el epílogo con unas pinceladas sobre el futuro del que habla Katniss, pero antes de pasar ahí me gustaría explicaros lo de la canción. Pues bien, yo me encontraba escribiendo precisamente esta parte con música de fondo cuando sonó esta canción de forma completamente aleatoria (nunca antes la había escuchado) y mientras escribía me estaba emocionando por lo que decía la letra: "the war is over", "lift your head and look out the window, stay that way for the rest of the day and watch the time go", "Listen, the birds sing", "Listen, the bells ring", "we are beginning"… me pareció una letra idónea para Sinsajo y también para lo que estaba escribiendo, así que no he podido evitar nombrarla soundtrack oficial para este capítulo, ¡espero que os haya gustado!
PD siento la cursilería y la ñoñería
