Tenemos nueva animación para Shaman King! Que felicidad, espero con toda mi alma que sigan la línea del manga, y si no, espero que mantengan fieles a los personajes.
Y sin más que decir, aquí les traigo un nuevo capítulo de Sueños entre Sombras! Se que me a tomado mucho tiempo actualizar, la mayor razón es por falta de inspiración pues comencé este fic hace años cuando no tenía muchas preocupaciones. Y con el tiempo, Shaman King pasó a un rango menor en mis intereses. Pero le sigo teniendo mucho cariño, y ver este nuevo tráiler me llenó de emoción y energía para seguir y terminarlo pronto.
Haré mi mayor esfuerzo por concluir el fic ya que nos encontramos en la mitad de la historia. Muchas gracias por seguir leyendo y por no perder la esperanza en ella. Significa mucho para mi.
Espero les guste el capitulo.
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"They can take your world. They can take your heart.
Cut you loose from all you know.
But if it's your fate, then every step forward will always be a step closer to home"
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El sol ardía.
Era un calor tan intenso que sofocaba el respirar. No importaba cuantas veces intentaban mantenerse frescos, cada gota de agua que tomaban parecía tierra en sus gargantas. El sudor en sus rostros se evaporaba tan pronto resbalaba en sus pieles secas y las pequeñas ráfagas de aire que los abanicos eléctricos que traían en mano no refrescaban, tan solo mantenían los granos de arena fuera de sus ojos.
Con la bola de fuego sobre ellos y el suelo ardiente bajo sus pies, toda desesperación, depresión y terribles recuerdos que han intentado mantener lejos de sus pensamientos los ahogaban aún más en aquel océano de polvo y tierra, amenazándolos con tragarlos en las calientes arenas del desierto hasta perder sus espíritus y buena fe.
"Acaso esto es el infierno?"
"No, el lugar era más frío de lo que pensaba" Chocolove mencionó con gracia, no afectado en nada al hablar sobre aquel lugar que contuvo su muerte. Y aunque su sonrisa se había mantenido firme desde que despertó, aún y cuando había regresado a la vida con nueva fuerza y resolución, una parte de el partido amargamente de aquel lugar como si de una despedida a su antigua vida se tratase.
Les había tomado más de lo debido empacar para alcanzar su transporte hacia la nueva localización del torneo, y aunque no llevaban mucho equipaje, se demoraron más de dos horas y casi pierden el único vuelo hacia las lejanas tierras del medio oriente. Era como si quisieran ahorrar y gastar tiempo a la vez para evitar lo inevitable.
Pero Yoh jamás regresó.
Y con corazones pesados y espíritus cansados, partieron de Nueva York con muy pocos ánimos. En el aeropuerto se despidieron de las chicas, quienes tomarían el siguiente vuelo de vuelta a Japón, con Jun a cargo de mantenerlas a todas seguras en el viaje de regreso. Se hospedarían en un hotel bajo el nombre de la familia Tao, y aunque la posada Funbari mantenía las puertas abiertas, no tenían el valor para regresar a aquella acogedora casa sin sus dueños presentes.
Y por suerte para todos - y para Lyserg, en especial Lyserg - Marco se separó de ellos pues acompañaría a la doncella Jeanne a un refugio en Europa para recuperar su salud y niveles espirituales que se vieron afectados tras su pelea con Link. Cualquier cosa que fuera aquella sustancia negra corriendo por sus venas logró cortar su vínculo con su querido espíritu Shamash por unas horas, lo cual ocasionó un gran angustia.
Al llegar el momento de abordar, Lyserg no quiere separarse de la doncella ni Ryu y Horohoro querían dejar ir a las chicas solas, pero para seguir compitiendo; para seguir sus sueños, tenían que dejarlas ir y abordar el avión sin mirar atrás.
El vuelo transcurrió en silencio, uno no muy común para su grupo tan bien conocido por ser escandaloso y dramático. Manta, quien normalmente se la pasaría escuchando a un cierto castaño relatar historias de terror que lo asustarían al grado de gritar y llamar la atención de todos alrededor, pasó el vuelo mirando las noticias en su computadora, tratando de encontrar alguna pista o nota involucrando a sus amigos.
Pero no había nada, era como si Yoh y Anna hubiesen sido tragados por una nube de oscuridad y desvanecido sin dejar ni un rastro.
Hubiese sido tan fácil y divertido pensar que los dos se fugaron para casarse en las vegas e irse de viaje alrededor del mundo como su luna de miel. Manta no lo dudaría, y por tan escandaloso que fuera, el en verdad deseaba que esa fuera la razón de su desaparición.
Pero no… muy profundo él sabía que esa no era la razón.
Afortunadamente para todos, al ser un vuelo trasatlántico, pronto llegó la noche y sucumbieron al sueño - o mal sueño - para algunos. Y cuando el cielo se iluminó y se vieron forzados a despertar, nadie tenía ganas de hablar o darse ánimos, tan solo querían llegar a su nuevo lugar de residencia para descansar aún más.
Por supuesto, nada podía ser tan sencillo y tan pronto como llegaron como aterrizaron, un apache les entregó mini abanicos eléctricos y un mapa antes de dejarlos varados a su suerte en el medio del desierto.
Era tal y como su primer viaje hacia el torneo, pero a su vez, tan solitario y diferente.
Caminaron por horas a través de las dunas bajo un abrasador sol, se vieron forzados a caminar por espejismos y resguardar cual poca agua les quedaba.
Si hubieran estado activos mentalmente y en buenos espíritus, hubieran utilizado a Tokagero o Zelel para atravesar el desierto con facilidad, incluso Elisa podría haberlos llevado en un vuelo, pero cuando sus cuerpos estaban cansados y sus mentes exhaustas de tanta preocupación, no había forma de pensar con claridad cuando estaban varados en el medio del desierto.
"N-No siento mis piernas"
"No siento mi alma"
Horohoro era el más afectado de todos, el siendo un shaman con su espíritu de nieve, el calor y falta de naturaleza le estaba perjudicando su salud. Se había retirado la chaqueta tan pronto tocaron suelo, pero unos cuantos metros bajo el sol se la colocó alrededor de su cabeza para protegerlo de los intensos rayos. Su piel no acostumbrada a tanto calor, pronto se enrojeció y era el que más vacilaba a desmayarse.
Fausto lo mantenía activo y caminando, pero necesitaban encontrar refugio antes de que cayera la noche, todos lo necesitaban.
"Estos Apaches están locos con sus ideas" Masculló Ryu, cuyo peinado se estaba deshaciendo por el sudor "A quien se lo ocurrió este maldito lugar?"
"Creo que es el sitio indicado para la última pelea" Lyserg dijo mientras se limpiaba la frente "Después de todo, es un lugar sagrado de dioses"
"Existen muchos lugares así! Porque teníamos que venir a donde hace más calor!" Horohoro exclamó mientras pateaba un bulto de arena.
"Al menos alégrate que tu y Hao no tendrán que participar aquí"
"O que no te toco el volcán" Lyserg suspiro pesadamente. El calor de este desierto le estaba recordando aquella pelea dentro del volcán, el riesgo y peligro de la situación solo lo ponía más nervioso por lo que podría pasar en este lugar.
"No menciones el nombre de este psicópata" Horohoro masculló enojado. Pensar e Hao o Ren hacía que su sangre hirviera en furia.
El maldito shaman chino los había desterrado tan pronto termino de empacar. No dijo ni una palabra, ni siquiera hacia su hermana quien abordó su vuelo con una cara llena de preocupación. Parecía increíble, pero no se toparon en el chico en el aeropuerto ni el avión. Con su maldita suerte, no les sorprendería si se toparon perdidos en el desierto, pero no había ni un vistazo del joven Tao.
Horohoro quería golpearlo.
No podía entender ni empatizar con el chico en estos momentos. Sabía que Ren era un maldito egoísta así que el sentirse traicionado de esta manera no debería de doler tanto. El que el chico se fuera por su cuenta sin pensarlo dos veces era algo muy natural de él y no razón suficiente para molestarse, lo cual lo hacía enojar aún más.
Horohoro no quería aceptar que en parte, el shaman chino tenía razón. Porque si, le preocupaba el no encontrar a Yoh. Y a Anna. No quería irse de Nueva York si ellos aún podrían encontrarse en peligro ahí. Pero también quería seguir compitiendo, él quería luchar por su sueño hasta el final.
Pero no podía evitar el pensar que estaba abandonado a su amigo. Y tal vez por eso estaba enfadado con Ren, porque necesitaba culpar a alguien de sus propios sentimientos.
"Puedo verlo" Manta exclamó, parado sobre los hombros de Fausto quien se había ofrecido a cargarlo en caso que las arenas se lo tragaran. A Manta no le pareció gracioso el hecho que su estatura podría enterrarlo vivo, pero aceptó el gesto generoso del doctor - quien no parecía cocinarse aun y cuando usaba ese abrigo y sombrero - si tan solo para evitar tener que caminar tanto.
Con aquella altura a su ventaja, pudo apreciar enormes formas que comenzaban a asomarse tras una enorme duna de arena y con ello, revelar el lugar de la última locación para pelear por la medalla.
"Egipto"
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Cenizas.
Todo estaba cubierto por un suave polvo gris que volaba en los alrededores y decoraba el lugar en un macabro silencio. No había viento ni ruido, todo había quedado sepultado bajo aquella capa de roca fundida.
Era un cuadro triste y nostálgico para él, pues muchas veces había presenciado tal atroz momento durante todas sus vidas pasadas. El incinerar todo a sus paso y acabar con todos aquellos que intentaban detenerlo. Era algo repetitivo y cansado de vivir una y otra vez, pero no se detendría.
Estaba tan cerca de completar su propósito, tan cerca de tocar el gran espíritu y consumirlo para convertirse en el shaman supremo. Pronto, el se encargaría de destruir a los malditos humanos que contaminaban el mundo, solo trayendo guerras y odio a sus alrededores en actos de racismo, corrupción y fobia hacia aquellos que son diferentes a ellos.
Aquellos humanos no merecen vivir en su nuevo reino. No lo permitiría, es por eso que con cada reencarnación que vivía y presenciaba los actos atroces de la humanidad, más se cimentaba su sueño y propósito de traer paz a su gente, a los shamanes quienes han sido maltratados y torturados por la sociedad.
Y si no podía convencer a más shamanes en apoyar su causa, entonces los acabaría a ellos también.
"Amo Hao, está nevando!"
A su lado, la pequeña niña que lo había estado acompañado durante esta nueva vida, jugaba con la pelusa blanca que seguía cayendo del cielo como si de un día de invierno se tratase.
"Te gusta la nieve, Opacho?"
"Es bonita," Opacho asintió mientras se sacudía las manos para tratar de limpiar las manchas de polvo que quedaban tras tocar las cenizas. "Pero prefiero el calor del Amo Hao"
Era algo tan inocente, pero aquellas palabras hicieron que una media sonrisa apareciera en su rostro. Aquella pequeña le traía tantos recuerdos de su primera vida, tanto buenos como malos, pero más que nada, le hacía recordar la razón por la cual se convirtió en la persona que es en la actualidad.
Pues si no fuera por aquel ser que cuidó de él cuando lo había perdido todo, quien lo rescató de su miseria y ofreció su compañía cuando vagaba por un mundo triste y solitario, no hubiera sobrevivido para renacer en esta actualidad, no habría podido vivir para llenar su corazón de odio y fuerza para alcanzar su sueño.
Y tal vez aquella era la razón por la cual se sentía tan atraído a la rubia. La razón por la cual compartían tantas desgracias y similitudes, pues ambos vivieron lo mismo y salieron victoriosos de la tragedia tras haber perdido a sus protectores, aquellos seres nacidos en las sombras de la oscuridad, quienes juraron protegerlos pero al final, los maldijeron a rondar por el mundo sintiendo la miseria y odio de las personas a su alrededor.
"Regresemos al campamento" Anunció con voz clara. Ya no había nada más que hacer en este lugar desolado, su espíritu de fuego se había alimentado de todo rastro de vida y aumentado de poder gracias a ello. Jamás se había comportado como alguien arrogante, su actitud siempre a sido sincera en sus acciones y palabras, así que podía declarar sin sentirse codicioso que con el nivel de furyoku que poseía, nadie sería capaz de igualarlo.
"Si, Amo Hao" Opacho se dio la vuelta y comenzó a correr hacia la entrada del lugar, donde a unos kilómetros lejos de ellos un grupo de sus fieles seguidores lo habían estado esperando y observando el espectáculo de poder en silencio.
Y aun y con aquella distancia el podía escuchar sus pensamientos, podía sentir la admiración y creencia en él y sus habilidades para llevarlos a un mundo mejor. Si bien, él les había prometido rescatarlos de su dolor y miseria si lo seguían; si juraban su lealtad ante él y sus ideales, él los llevaría a un nuevo mundo donde vivirían sin prejuicios y donde el gobernaría como su dios.
Aquel pensamiento lo hizo detener por un momento, era gracioso, pues es como si todos ellos hubieran vendido sus almas al hacer aquel pacto con el. Lealtad por libertad.
"Me pregunto si esta es la razón de tu sufrimiento..." Hao susurró, viendo como el cielo gris lloraba en silencio y empapaba el suelo con suaves cenizas que cubrían lo que alguna vez fueron cientos de vidas. No había almas ni plantas o tierras asomándose entre la monocromía del lugar, ahora no eran nada más que polvo en el olvido. "No lo crees, Anna?"
Sonrió ante la ironía, pues después de todo, el no se encontraría aquí si no fuera por aquella criatura de tinieblas que emanaba calidez y simpatía. No habría sido maldecido con la habilidad del reishi ni su corazón hubiera sido fracturado por la oscuridad de los humanos si no hubiera formado una conexión con aquel pequeño demonio.
Tal y como lo hizo Anna.
Ambos fueron maltratados por la sociedad y juzgados por un poder el cual ellos no tenían control alguno, un poder especial otorgado por demonios al tocar sus almas; el precio a pagar por crear una amistad con seres que deberían de corromperlos pero en vez los salvaron de sus propias oscuridades.
Era amargo el pensar como los demonios y espíritus tenían más humanidad que los propios humanos.
Pero eso pronto acabaría.
Se convertirá en el Shaman King y crearía un mundo donde ningún humano podría existir para lastimarlos de nuevo.
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"Yoh"
Su nombre escapó de sus labios en un susurró, mirando al castaño a través de aquella ventana que dividía los abismos con ojos temblorosos, mientras que su corazón palpitaba y rogaba en su mente que esto no fuera una alucinación. Que el chico frente a ella fuera real y no un juego mental ocasionado por su propia.
Al no recibir una respuesta, Anna se acercó hacia la barrera, tocando la helada superficie y sintiendo la viscosa barrera que separaba ambos mundos. Sus dedos pronto arañaron la ventana, tratando de llamar la atención del chico al ver que este seguía inmóvil y sin emociones, viéndola como si de un fantasma se tratase.
"Yoh!" Grito su nombre y esta vez comenzó a golpear la barrera con fuerza.
Esto no podría ser una ilusión, estaba segura que el castaño era real pero por más que intentaba el chico no se inmutaba, no podía escucharla, o tal vez lo hacía pero no tenía la fuerza de voluntad para moverse y actuar. Eso solo hizo que su desesperación incrementara.
"Escúchame! Yoh!"
Sus ojos comenzaron a empañarse de lágrimas ante la impotencia y crueldad de la situación. La última vez que lo vio, en este mismo lugar los papeles estaban invertidos. Yoh gritaba y lloraba pero por más que se le partía el corazón, Anna ignoró sus súplicas. Y ahora ella, por más que gritaba y golpeaba la barrera, Yoh no parecía escucharla. Pero a diferencia de aquella vez, algo andaba mal. Algo estaba terriblemente mal, lo había sentido en aquella cueva dentro de la puerta, fue la razón por la cual intentó huir de aquel sitio.
"Estúpido, escúchame!" Lloró con angustia al no ser capaz de que su voz llegará al castaño. Sabía que no la ignoraba a propósito, que no era una broma ni una venganza por haberlo abandonado anteriormente en aquel lugar con lo que probablemente seria un corazón roto. "Yoh, por favor"
Sus lágrimas comenzaron a resbalar por sus mejillas, pero no se movió para limpiarlas. El pensar que estaba llorando dentro de un sueño y aun así no podía salvar a la persona más importante para ella era devastador. Desearía más que esto fuera una maldita pesadilla de la cual podría despertar pronto.
No sabe cuánto tiempo estuvo así; gritando, llamando y golpeando la barrera de los abismos. Había perdido la noción del tiempo en el inframundo y estar en el abismo no era nada diferente. No sabía si despertará pronto o si se quedaría atrapada en aquel lugar hasta que Grimm viniera por ella. Odiaba las dos opciones, pues no quería separarse del castaño, incluso si él no podía escucharla.
No fue hasta que un sollozo salió de sus labios y sus uñas se encajaron en la barrera con desesperación, que sintió la fría sensación de agua rozando la yema de sus dedos. La ventana que dividía ambos abismos se estaba abriendo, y no lo pensó dos veces para forzar su mano a través de ella.
Cuando su mano estuvo rodeada por el agua del lago del abismo blanco, tomó una gran bocanada de aire para contener su respiración y con toda la fuerza que tenía, se impulsó y sumergió a través de la barrera.
Su cuerpo sintió la gélida agua pulsar como pequeñas agujas clavándose en su piel. Pero no le importo, tan pronto como estuvo cerca, se aferró fuertemente de los hombros del castaño quien parecía respirar con normalidad aún y en lo profundo de aquel lago. Al ver que el chico no se movía, la rubia jalo con fuerza para intentar nadar a la superficie, pero era como si el cuerpo inmóvil del castaño se hubiera hecho piedra.
Anna sacudió su cabeza en negación ante la realidad del asunto e intentó sacudir al chico para que reaccionara, pero Yoh tan solo flotaba sin ninguna preocupación, mirando al frente con ojos vacíos que no veían nada más que reflejos y sombras.
Lentamente, Anna movió sus manos para tomar el rostro del chico en ellas y acarició sus mejillas heladas levemente. ¿Cuanto tiempo había estado aquí, esperándola? ¿Cuánto tiempo más tendrán que sufrir en silencio?
"Yoh" Lo llamó en su mente desde su corazón.
Su pecho ardía al contener la respiración por tanto tiempo, estaba llegando al límite y el oxígeno le pedía a gritos que respirara. Pero a Anna no le importaba, sus labios se apretaron para contener un sollozo y envolvió con sus brazos el cuello del castaño con la fuerza que le quedaba.
Cerró los ojos y rogó a los grandes espíritus por piedad. Ellos jamás la habían escuchado, jamás la habían ayudado cuando rogaba por ayuda cuando era una niña, y si pudo invocar a alguien en su juventud fue solo por su duro entrenamiento como una sacerdotisa espiritual. Dudaba mucho que algún espíritu pudiera escuchar sus plegarias en tal abismo de oscuridad, pero sin fuerzas ni energía para escapar de aquel lugar con la persona más importante en su vida, Anna lloraría y rogaría a quien sea para que los salvaran.
Incluso cuando el aire escapó de sus pulmones y su conciencia comenzó a inundarse con una frialdad, ella no soltó a Yoh ni dejó ir la esperanza de que se volverían a encontrar. Mantenía la fe de que Yoh pronto regresaría con ella y juntos los dos vivirán de una vida tranquila, tal y como lo prometieron tantos años atrás.
Una larga vida, en la posada Funbari. Tal vez un viaje por el mundo sin peleas ni riesgos, solo disfrutando de la vida y del amor que compartían... Su conciencia se desvaneció con aquel último pensamiento, no sintió miedo ni temor cuando aceptó la oscuridad.
Pero tan pronto como la luz se fue, un fuerte dolor en el pecho le hizo abrir los ojos y su cuerpo se levantó violentamente para expulsar el agua atrapada en su garganta. Con una tos fuerte y áspera que la sacudían hasta los huesos, con sus ojos llorando y su pecho ardiendo, Anna sollozó desconsoladamente mientras su mente trataba de hacer que sus pulmones respirarán.
Dolía, todo su cuerpo hasta su alma dolían.
Anna no podía asimilar lo que estaba ocurriendo, hace un segundo estaba rodeada por un mar de sombras en el abismos que la habían acurrucado hasta desvanecerse en él y el siguiente, aquí estaba. Despierta y de vuelta en su prisión, en aquel cuarto satinado hecho solo para ella.
Aturdido y abrumado, no se concentró en la mano sobre su espalda que la sostenía con firmeza o la calidez en forma de una larga manta que rodeaba acogedoramente su cuerpo temblante, ella solo podía concentrarse en tratar de respirar nuevamente sin ahogarse.
"Te tengo, esta bien" Grimm susurró suavemente, moviendo uno de sus rubios mechones fuera de su rostro.
El ser se encontraba sentado junto a ella, sosteniéndola en lo que podría ser una burla de un abrazo reconfortante. Y mientras aquella cercanía generaría un enfado en otra ocasión, en ese momento Anna no lo apartó ni rechazó su afecto. Pues lo necesitaba, necesitaba sentir para corroborar su propia existencia, para saber que estaba despierta y lejos de los brazos de las sombras.
Poco a poco, los latidos frenéticos de su corazón comenzaron a calmarse junto a su respiración. Aun podía sentir la sensación de tener algo atorado en sus pulmones pero por más que intentaba sacarlo, lo único que salía de sus labios eran jadeos quebrados y pequeños sollozos.
Una huesuda mano en su espalda la atrajo aún más hacia el ser que la consolaba, moviendo su cuerpo inerte de energía en una posición que liberaba la presión de sus costillas.
"Anna, todo estará bien"
Nada estará bien.
Su cuerpo temblaba en shock y cansancio por el esfuerzo violento que hizo. Lentamente, su mente comenzaba a funcionar con claridad hasta que sus pensamientos resonaron dentro de ella y fue solo entonces cuando pudo distinguir las punzadas en su pecho tras ser agredido continuamente, pudo sentir sus labios arder tras haber sido abusados en un acto desesperado por hacerla respirar.
Comprendió entonces lo que había sucedido y no tuvo la fuerza para detener las lágrimas que seguían cayendo de sus ojos ni alejarse de Grimm, la única fuente de soporte que la mantenía segura en esos momentos. Solo podía temblar y sollozar en los brazos de su enemigo mientras era acechada por un sentimiento de terror al entender lo que había hecho.
Pues cuando dejo de respirar en su sueño, también lo había hecho en el mundo real.
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"¿Te encuentras bien, amigo mío?" Preguntó Ryu a Chocolove, quien se encontraba sentado a lado suyo.
"Es un poco cansado vivir de nuevo" Comento levemente como si de un chiste se tratase, pero Ryu podía escuchar la pesadez en su voz.
El grupo había logrado salir del desierto cuando la luna se alzó alto en el cielo. Por un momento pensaron que no lo lograrían y tendrían que pasar la noche en las frías arenas, pero el olor a comida y sonidos de gente riendo y platicando les aseguraban que la pequeña villa frente a ellos no era otro espejismo.
Tan pronto como entraron al pueblo y se toparon con Kalim, Horohoro lo abrazó en lágrimas, maldiciéndolo por las estúpidas ideas de los Apaches para ponerlos a prueba y pidiendo por comida. El dicho Apache lo apartó con desagrado y les entregó las llaves hacia sus nuevas residencias sin darles más ayuda.
Ahora que ya no estaban perdidos y estaban más cerca de un lugar para descansar, no les molesto del todo el buscar su nueva estadía. No caminaron mucho, pues el pueblo era pequeño pero acogedor, solo tenían que seguir a los demás shamanes cansados de sus viajes hacia la villa donde pequeñas casas hechas de piedra se encontraban construidas como si de unos suburbios se tratasen.
Si bien, no había decoraciones ni plantas, y el interior era lo suficientemente grande para contener 3 camas individuales, una cocineta y un baño. Tras el modo en que partieron y el exhausto viaje, nadie realmente tenía la nervio de maldecir su refugio o pedir algo más extravagante. La cocineta estaba equipada con un refrigerador lleno de fruta y carnes frías, las cuales fueron devoradas tan pronto como abrieron la puerta.
Por suerte, Fausto se ofreció a ir a comprar la cena de uno de los restaurantes. Ya se las arreglaran mañana para conseguir más comida, por ahora, todos solo querían desempacar para poder dormir.
Tal como en las etapas posteriores, las viviendas eran asignadas por equipos, pero en una decisión unánime todos optaron silenciosamente en quedarse en la casa asignada al equipo de Yoh por si alguno de sus integrantes volvía. Era un tanto depresivo, pero aun mantenían la esperanza de que alguien regresaría.
Como solo había tres camas, una se le fue dada a Chocolove, quien a pesar de haber regresado a la vida con más poder y energía, seguía manteniendo un aspecto cansado. Y aunque se rehusó a que sintieran lástima por él, al final accedió tan pronto como se sentó en la cama y sintió lo cómoda que era. No había dormido en una cama desde que murió, así que con ese pensamiento en mente aceptó el trato.
Las otras dos camas fueron rifadas y los ganadores fueron Lyserg y Fausto, por lo que a Manta, Ryu y Horohoro les tocaría dormir en el suelo. Y mientras desempolvaban las cobijas y almohadas, un escarabajo salió volando entre el polvo y causó que gritarán agudamente al verlo. Utilizando sus espíritus, lo sacaron de la casa tras una persecución y cerraron las ventanas y taparon otros lugares por donde podrían salir más animales.
Era el momento perfecto para hacer una broma sobre las momias y muertos vivientes, todos esperaban un chiste por parte del chico, pero cuando nunca vino, dejaron ir el momento y continuaron con la rutina.
Es por lo cual, al esperar a que Fausto regresara con la cena, Ryu se sentó junto a Chocolove mientras esté limpiaba sus lentes. Si bien, no es como si la suciedad le afectará en algo, pero algunos granos de arena se habían quedado pegados y era un poco incomodo sentirlos.
Habían hablado al respecto de ello cuando Chocolove regresó y lograron detener a Golem, pero fue algo breve y era más un relato de su aventura en el infierno, no sobre sus sentimientos. Yoh sería el indicado para estas situaciones, en donde daba ánimos sin necesidad de mostrar lástima o presionar a alguien a hablar sobre un tema delicado.
Tras el primer torneo, Chocolove y Ryu habían decidido viajar juntos por un tiempo, pues ninguno tenía realmente planes concretos para sus futuros. El viajar sin rumbo con otras personas hacía que se conocieran mejor de una forma u otra, por lo que se volvieron más cercanos con el tiempo. Pero no en el modo que se contaban sus secretos y pecados que cometieron en el pasado. Ryu sabía que el chico tuvo una vida complicada pero nunca esperó que dejaría huérfanos a unos niños.
No es como si fuera un asesino o lo hubiera disfrutado, a veces la vida te obligaba a hacer cosas atroces para sobrevivir y tenías que vivir con aquella culpa que te comía por el resto de tu vida. Chocolove había aceptado aquella culpa y su consecuencia y había regresado de la muerte con un espíritu más liviano por ello. Pero aún había cierta sombra en su rostro y una cierta rigidez en sus hombros. Es como si al perder la vista pudiera ver el mundo de diferente manera.
"Solo tienes que ser valiente para vivir un día a la vez, ¿no es cierto?"
"Sin temores y con la frente en alto" Chocolove le sonrió y Ryu no presionó más el tema, optando por hablar sobre el nuevo espíritu del chico.
Por su parte, Lyserg estaba terminando de arreglar su cama mientras hablaba con Manta sobre la cultura egipcia. Japón tenía sus historias y creencias de fantasmas, pero los egipcios lo llevaban más allá de la muerte. Era algo fascinante que sin duda, Fausto disfrutaría estudiar.
"¿Creen que Ren esté aquí?"
"No lo dudo" Horohoro gruñó "El señorito tendrá la casa para sí solo, maldito engreído"
"Sabes que dependes de él para pasar a la siguiente etapa. Es su turno de competir" Lyserg le recordó.
"No dependo de él. Ganará la medalla de cualquier forma, no es como si necesite al equipo" El shaman de la nieve se cruzó de brazos.
Decir aquello en voz alta era un tanto amargo, pero era la verdad. Horohoro no dudaba que Ren ganaría la última medalla, pero al hacerlo lo haría por su cuenta, pues él no iría a apoyarlo y sabía que su presencia no era requerida.
"Han pensado que pasará después?" Manta preguntó, tratando de cambiar el tema.
"¿Después de recolectar las 3 medallas, preguntas?" Lyserg cuestiono.
"Si"
"Me imaginó que harán una semifinal parecida al primer torneo, equipos vs equipos"
"Si, y después pelearnos unos con los otros en la final" El comentario del peli-azul hizo que el humor decayera un poco en la habitación. Y es que era algo que siempre han sabido pero nunca han querido pensar en voz alta.
Por suerte para todos, Fausto llegó en ese momento con bolsas llenas de deliciosa comida. Ya era tarde, así que después de la cena, todos cayeron rendidos tras el viaje exhausto. Afuera solo podía escucharse el sonido del viento y unos cuantos insectos, pero nadie tenía intenciones de despertar. Al menos aquellos quienes estaban durmiendo y roncando profundamente.
Manta se revolvía en la sabana que usaba como cama en el piso, era cálida y sedosa así que no dolía estar acostado en el suelo. Pero aun así, no podía conciliar el sueño. Tal vez se debía al extremo cambio de horario al cruzar el vuelo trasatlántico o porque estaba en el medio oriente, rodeado de shamanes y momias y arena y-
"Se lo que estás pensando. Yoh no volverá esta noche, lo mejor es dormir para recuperar nuestras energías" Horohoro dijo en voz baja para no despertar a los demás.
A quien engañaba, Manto suspiro pesadamente.
"¿Que crees que le paso?"
"Fue secuestrado por los ufos" Fue la respuesta inmediata y seria por parte del shaman de la nieve.
"Creo que eso fue antes del primer torneo" Manta respondió con la misma seriedad.
"Como se atreven a hablar así del amo Yoh" Ryu exclamó desde su orilla en el suelo.
"Tienes que admitir, tiene una habilidad mágica para salir de los apuros" Lyserg añadió, lo cual ganó una risa de burla por parte de Horohoro.
"Pensé que sería un perfecto zombi"
"Fausto! Como te atreves!"
Todos dejaron de pretender y comenzaron a burlarse y discutir sobre la personalidad despreocupada del castaño y todas las rarezas que traía consigo. La noche se convirtió en alba, y aunque sus cuerpos seguían cansados, ellos no descansaron en su charla animada. Pero aunque la habitación estuvo rodeada de un aire amistoso, podía escucharse el eco de risas forzadas y corazones vacíos.
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Tan pronto como perdieron de vista a los chicos, Jun tomo fuertemente a Tamao y Pilika de las manos y comenzó a correr hacia el otro lado del aeropuerto, ignorando sus exclamaciones de sorpresa. No se detuvo hasta que llegaron a una terminal casi desierta donde una aeromoza esperaba pacientemente.
"Madame Jun, la estábamos esperando" La mujer hizo una reverencia tan pronto Jun se detuvo para nivelar su respiración y le dedicó un saludo cordial a la mujer, quien comenzó a guiarlas a través de la compuerta.
"¿Jun?" Cuestiono Pilika confundida, pues su vuelo estaba marcado al otro lado del aeropuerto.
"¿No pensaron que regresaríamos a Japón, o si?" Jun les dedico una sonrisa mientras las hacía caminar hacia el avión privado que las esperaba. Tan pronto como las palabras de la joven Tao fueron captadas en sus mentes, ambas chicas comenzaron a llorar pues no querían partir y dejar a sus amigos solos.
Sería un viaje difícil, Jun les dijo mientras se abrochaban los cinturones para despegar. No solo irían a una tierra lejana al otro lado del mundo, sino que estarían por su cuenta por un tiempo. Los chicos no contaban con su presencia así que no las buscarían si entraban en apuros, y sin Anna y Jeanne para amortiguar el riesgo, sería un viaje peligroso.
Jun les dio la oportunidad de cambiar de opinión cuando les explico el riesgo, pero ninguna bajó del avión, decididas a ir y apoyar sus seres queridos.
El vuelo era largo, había pasado más de 9 horas y aún no había señal de aterrizar. Después de haber comido, Pilika cayó rendida en su asiento con una almohada y cobija.
Jun por su parte estaba sumida en un libro de anatomía y curación.
La habilidad que aquella mujer, Sati, había demostrado para revivir a Chocolove era algo asombroso. Sabía que Jeanne podía realizar aquellos actos milagrosos, y no dudaba que Fausto podría hacerlo también. No comparaba sus habilidades propias con la del doctor shaman, pero una parte de ella no podía dejar de pensar que tal vez con duro entrenamiento, ella también podría practicar el arte de sanación.
Con su experiencia con el Dàoshi, no perdía nada con intentarlo y podría ganar mucho si funcionaba. Tan pronto como se ponga en contacto con Jeanne le preguntará algunas cosas o incluso a Sati, la mujer parecía una persona respetable con buen corazón.
Un suspiro un poco desesperado la hizo voltear a su derecha para ver a Tamao aún despierta y murmurando al leer algo de un viejo libro.
"Deberías dormir, aún nos queda la mitad del vuelo" Le dijo suavemente para no sorprenderla o despertar a Pilika. Aunque al igual que su hermano, dormía pesadamente en su asiento. Tamao si se sobresaltó un poco, más que nada por estar tan concentrada en sus pensamientos.
"No tengo sueño"
"¿Que estas estudiando? Yo creo que podría terminar este libro de anatomía en la próxima hora" Jun dijo con una pequeña risa pero al no recibir una respuesta, cerró su libro y se giró para ver mejor a la chica. "¿Tamao?"
La pelirosa se mordió el labio y apretó su libro con manos temblorosas.
"Son p-plegarias"
"¿Para invocar espíritus?"
"Yo… Ahora yo soy una Itako. Sin la señora Kino y sin la señorita Anna, yo… yo debo hacerlo"
Jun entiendo lo que estaba sucediendo en la mente de la chica y tras unos segundos de silencio, se levantó de su asiento, cubriendo sus hombros con la manta para ir a sentarse a lado de la pelirosa, quien tan solo tembló ante su presencia.
"¿Qué es lo que te preocupa?"
"H-Han pasado semanas, pero no puedo" Tamao sacudió su cabeza "No e podido invocar a ningún espíritu"
"Eso toma tiempo. El que falles y sigas fallando ni significa que no eres buena. Si esto es realmente lo que quieres hacer, entonces no dudes de ti misma" Jun colocó una mano sobre los hombros de Tamao para reconfortarla. Ella sabía lo duro que había estado entrenando estos últimos días, lo había visto e incluso había llevado a la chica a la cama cuando se quedaba dormida en su meditación.
El perder a Yoh y a Anna le había afectado grandemente, tanto a su espíritu como a su confianza.
"P-Pero la señorita A-Anna…" Tamao se llevó una mano a la cara para limpiar las lágrimas que comenzaban a formarse en sus ojos ante la impotencia que sentía "¿Como puedo ser igual de f-fuerte que ella?"
"No puedes compararte con ella" Jun le dijo suavemente y la atrajo a un abrazo.
Sabía lo que era el intentar ser igual que alguien más, alguien fuerte y admirable que inspiraba a los demás. El sentir la frustración e impotencia de ser débil o inútil ante una situación. Tamao más que nadie estaba sufriendo en silencio, no solo había perdido a su mentora, sino se había convertido en la sacerdotisa oficial de la familia Asakura por el simple hecho que Anna se convirtió en shamana.
No se encontraba lista para aquel papel, pues era un gran lugar el que tenía que llenar tras ser la sucesora de la rubia. Y eso era aterrador, Anna era una gran sacerdotisa con poderes innatos, era normal sentirse intimidada al tratar de igualar sus habilidades. Pero ahí era donde Tamao se equivocaba.
"Tú no eres Anna" Jun le dijo con una pequeña sonrisa, aunque la pelirosa no pudo verla pues había escondido su rostro para no mostrar sus ojos llorosos.
Con gentileza, la joven Tao se apartó un poco para tomar las manos de Tamao y hacerla revelar su rostro. La chica cerró sus ojos, avergonzada de mostrar este estado frente a ella, pero Jun tan solo espero con tranquilidad y le limpió algunas lágrimas que escapaban.
"Tú nunca vas a ser Anna porque tú eres Tamao." Le aseguró "Y tu tienes tu propia fuerza y habilidades. No te compares con nadie y se tu misma"
Tamao abrió sus ojos con un leve sollozo y Jun sonrió al ver la determinación brillando en sus ojos llorosos. Era un viaje peligrosos la vida que habían decidido tomar, pero mientras se mantuvieran fuertes en mente y en corazón, podrán encontrar la valentía para seguir luchando.
No lo dudaba, saldrían de esto juntas.
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La habitación estaba helada y vacía.
No esperaba visitas ni mucho menos estaba en los ánimos para entretener a aquellos bufones. Tan pronto como consiguió el vuelo más temprano a Egipto, se largó de Nueva York sin mirar atrás. Sabía que los idiotas sentimentales se tardarían en empacar y tomarían el último vuelo, así que Ren no tuvo ningún problema con encontrarse con ellos.
Hace un tiempo que no viajaba solo, y no es que dependiera de las habilidades de aquellos, pero la paz y silencio que rodeaba su presencia era un tanto desconcertante después de estar acostumbrado a las risas y gritos.
El y Bason no tuvieron dificultades para cruzar el desierto, había logrado adquirir un camello y siguió una caravana que lo llevó hacia la villa donde se hospedarían. Había menos shamanes aquí que en la ciudad, posiblemente no lograron pasar a la siguiente etapa o estaban a su suerte en la s dunas del desierto.
El no se preocupo por los demás ni por su equipo, como lo dijo antes, el no los necesitaba para competir en la última ronda por la medalla. Pero muy probablemente al tener las tres insignias, los Apaches pongan a los equipo clasificados en una ronda de semifinales para pelear los unos con los otros. Y no puedes ser un equipo si solo eres una persona.
Pero no iba a salir a buscar a los bufones.
El mostrar sus sentimientos de preocupación y angustia ante la desaparición de sus amigos y el abandonar a su equipo iba en contra todo lo que conocía en su vida. La doctrina del Tao te sometía a una esclavitud, en donde uno no debía dudar nunca, y si lo hacía, entonces eso lo convertía en alguien débil.
O al menos, eso es lo que su padre hizo con la doctrina. Antes, cuando era pequeño leía sobre el pasado de su familia, sobre cómo el tatuaje que portaba en su espalda representaba 'El camino de la naturaleza'. En la comprensión que el universo está cambiando y ellos, siendo el linaje Tao, debían comprender y convivir en armonía con los cambios.
Él jamás entendió la complejidad de aquellas palabras cuando era pequeño y cuando creció, su cabeza ya estaba manchada con los ideales de su padre forzados a la fuerza, por lo cual rechazaba aquellos ingenuos que intentaban ir en contra de las normas que ya conocía, aquellas personas débiles y ridículas que veían el mundo sufrir y en vez de cambiar, seguían siendo las mismas personas despreocupadas; alguien como Yoh.
Es por eso que odiaba el tatuaje en su espalda y lo que representa. El cargar con algo que no le pertenecía le hacía dudar en sí mismo y sentirse débil, aun más cuando a perdido batallas y salió huyendo de aquel lugar que solo le traía amargos recuerdos. Cobarde, se sentía como un maldito cobarde.
No podía renunciar a su orgullo ni dar vuelta atrás, tenía que seguir adelante incluso si sentía que estaba traicionando algo en su interior, incluso si ese camino lo mataba.
En un rincón de la habitación, Bason observaba a su amo torturarse mentalmente con ideales que no eran suyos. Ya los había confrontado aquella vez en el primer torneo, y el espíritu podía sentir que su amo estaba empezando a forjar su propio camino. Pero este viaje lo había puesto a prueba, le había hecho sentir débil y dudar de si mismo al no poder derrotar a los enemigos, al perder personas cercanas a él y no poder hacer nada más que no voltear atrás.
Su amo Ren era una persona orgullosa por naturaleza, pero muy dentro, la doctrina original del Tao vivía en el. Podía dudar de si mismo y cuestionar su fuerza, pero cuando encontraba la paz en él y entendía el potencial que contenía al luchar por lo que era importante, no habría nadie que pudiera detenerlo.
Bason se aseguraría de eso.
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Tocar los suelos de Europa era algo nostálgico cada vez que lo hacía.
Si bien, este último año se la había pasado viajando con Lyserg por todo el continente, visitando ruinas y lugares sagrados para rezar y pedir por una buena fortuna. Pero en regresar a Francia, a su tierra natal, traía consigo un sentimiento cálido al caminar por la tierra de su hogar.
Aunque le hubiera encantado que fuera en otras circunstancias, no desenterrando un sarcófago para encerrase en el y dejar de ver las maravillas del mundo.
Aquella última pelea la había desconcentrado, ella era una persona humilde que no alardeaba de su fuerza y grandes poderes, pero podía aceptar que no esperaba perder una pelea tan fácilmente. No era humillante, sino alarmante. No lograba entender el porqué fue derrotada o porque casi pierde a su querido Shamash. Era fuerte y confiaba en sus habilidades, así que ¿por que?.
No podía comprenderlo ni encontrar las respuestas mientras merodeaba el mundo. Su cuerpo estaba débil tras recuperarse y estar confinada a una cama no la hacía nada más que pensar en dormir y olvidar todo.
Pero no podía olvidar, es por eso que había tomado la decisión de regresar al sarcófago de hierro. Era la forma en la que vivía, la forma en la que podía encontrar aquellas respuestas que tanto anhelaba. No era vicio masoquista ni un capricho, era más bien una necesidad para su alma. Por tanto tiempo vivió encerrada en aquel aparato de tortura que se había vuelto tan familiar y protector.
Lyserg seguro lloraría si se enterase, él quería que viviera una vida normal y fuera de peligro, pero al final, Jeanne había tomado la decisión.
"Doncella" El hombre con anteojos la llamó cuando la joven se había quedado mirando el Iron Maiden por minutos. No moviéndose para entrar ni retrocediendo para correr, solo admirando en silencio aquel rostro que sustituía sus penas y miserias.
"Gracias por tu compañía, Marco. Pero esto es algo que debo hacer sola" Le dedicó una sonrisa, pues estaba agradecida por el gran apoyo que el hombre le había brindado, incluso si era aquel hombre quien la metió al sarcófago por primera vez tanto tiempo atrás.
"Esperaré en la puerta y haré guardia. Nadie podrá lastimarla, mi doncella" Marco hizo una reverencia y camino hacia la salida del cuarto, donde permanecería de guardia por horas y días hasta que su doncella saliera de su encierro.
Pero ya lo han hecho. Ya la habían lastimado y es por esa razón por la cual regresaría por voluntad propia a su encierro. Para sanar y recuperar sus energías, para salir y proteger a las personas que necesitaban de su fuerza.
Sin vacilar, Jeanne abrió el Iron Maiden y no se perturbó por ver aquellos picos de tortura. Estos jamás la lastimaría, su furyoku se encargaría de ello, y a su vez, incrementaría para llenarla de poder espiritual capaz de salvar almas.
Sintiendo unos pequeños brazos en su cuello cuando dio un paso adelante, Jeanne tomó a su pequeño espíritu guardián y lo abrazo. Le aterraba el hecho que casi lo perdía y no podía permitirse que eso pasara de nuevo.
"Todo estará bien, Shamash" Le aseguro con gentileza al espíritu quien tan solo la abrazo más fuerte antes de desaparecer de la vista, pero no de su conciencia. Jeanne podía sentirlo, aun en sus brazos cuidándola como el guardián protector que era.
No lo dudo y entró al Iron Maiden para después cerrar la puerta y sucumbirse a la oscuridad con grandes esperanzas en su corazón. Pronto encontraría el valor para salir de su prisión y caminar por el mundo con un alma libre.
Pero por ahora, haría lo que fuera necesario para sobrevivir y proteger a aquellos que lo necesiten. Rezaría a los dioses por su gracia y piedad en la futura batalla y pediría al gran espíritu su sabiduría y bondad para que la guiaran en su camino de la vida.
No permitirá que las sombras consuman más corazones inocentes.
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Era temprano, el sol aún no salía del oriente en el cielo pero algunas personas ya estaban comenzando a despertar.
La mañana en Egipto era todo un espectáculo, el cielo comenzaba a iluminarse poco a poco, pintando las arenas del desierto en tonos claros y revelando las grandes pirámides en la distancia. El símbolo de poder y gloria de aquella cultura que se encontraba sepultada por el tiempo.
Aquellas personas que seguían dormidas gozaban del fresco aire y sueños placenteros, incluso para seres como ellos, el dormir y descansar era una gran dicha.
Pamela hubiera seguido disfrutándolo, si no fuera porque la puerta de su casa se abrió de golpe seguido de gritos que la hicieron levantarse y apuntar su arma ante la persona que había entrado como un torbellino histérico.
Link estaba en el mismo estado, habiendo brincado de la cama como un gato asustado y gritando en sorpresa. Era algo cómico de ver, y gran material para burlarse de él, pero por ahora solo podía concentrarse en Alice. La chica estaba al borde de las lágrimas, gritando y acusándolos de disparates que la mente medio adormilada de Pamela apenas podía captar.
No fue hasta que Draco tomó a Alice de los hombros y la sentó en la cama con una manta que la peliblanca se calmó un poco.
"¿Podrías tocar primero?" Fue lo que le dijo Pamela con molestia cuando la habitación se había tranquilizado.
"Está arruinado" Fue lo que seguía repitiendo la chica.
"¿De qué hablas?"
"¡El plan! ¡Anna está con Grimm, lo a estado todo este tiempo!"
Ante aquella revelación, todos se sorprendieron y miraron a la chica con confusión. Pues esa debería de ser parte de su misión, en llevar a la rubia al inframundo ante los deseos de su amo con su alma rota y llena de desespero. Después de que fallaron en su primer intento y la chica desapareció, no pensaron que la rubia se encontraría con Grimm tan fácilmente.
"¿Qué?"
"¿Porque no nos lo dijo?" Cuestionó Link confundido.
Habían pasado días y su amo no los había contactado ni ordenado que buscaran a la rubia. Ellos lo habían hecho de todas formas, pero no encontraron rastros de la chica en cualquier lugar, lo cual era alarmante. Su plan no funcionaria sin la rubia, y ahora que ella se encontraba con Grimm complicaba todo.
"Hemos arruinado todo" Siguió llorando Alice "Perdimos a los Asakura y perdimos a Anna"
"Esto no es mi culpa, yo seguí el maldito plan" Pamela le gruño molesta, indignada en que la culparan por algo que ya estaba planeado.
"¿Como lo supiste?" Preguntó Draco con tranquilidad.
"Bon a actuado por su cuenta. El fue a buscarla y la encontró en el inframundo. No se como entro ahí pero Grimm la encontró. Oz lo confirmó, el está muriendo por esta causa, y todo este tiempo-
La voz de Alice se quebró al decir aquello y la habitación fue rodeada por una presión tensa y amarga. Todos los sacrificios que han hecho y los planes que hicieron ya no servían de nada, habían perdido su única esperanza de salir de esta oscuridad.
"Si Anna está con Grimm y el pondrá su plan en marcha, entonces…" Link mencionó en voz baja "¿Qué pasará con nosotros?"
Ninguno dijo nada, pues todos sabían exactamente lo que pasaría. Dejarían de existir, así de simple.
Pamela comenzó a maldecir a Bon por actuar por su cuenta ya que era el causante de todo este problema mientras que Draco le ofrecía un pañuelo a Alice, quien lo aceptó entre lagrimas. Estaba asustada y aterrada, podía verse claramente en su rostro pero era algo que todos podían sentir por sí mismos.
Si, su plan estaba arruinado.
Por ahora, no podían hacer nada más que esperar y tranquilizarse para tratar de buscar otra solución con el poco tiempo que les quedaba.
Tras toda la discusión, una silenciosa figura se encontraba en un rincón de la habitación, escuchando sin ser capaz de reaccionar o moverse. Podía escuchar y sentir la temperatura de la habitación, podía sentir las ráfagas de aire y los granos de arena golpear su cuerpo, pero por más que lo intentaba, no podía moverlo. Su mente estaba presente, pero su corazón se encontraba hundido en un mar de sombras.
Había sucumbido a un sueño profundo, atado a la oscuridad por elección propia para buscar la luz que le habían quitado. Pero era agonizante, el estar tan cerca pero tan lejos de aquella luz. Podía sentir una calidez rodeándolo en aquella frialdad como si de un abrazo se tratase y el dolor cuando está desapareció.
Podía escuchar sus gritos y plegarias y promesas pero por más que rogaba a su cuerpo que se moviera, Yoh solo podía mirar tras la ventana y llorar en silencio.
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Oscuridad, no había nada más que oscuridad pura en aquel lugar.
No había puertas o ventanas que alumbraran los rincones, no había luz para dar vida a las sombras o iluminar las tinieblas, solo había oscuridad y silencio. No tenía noción del tiempo, solo podía saber que era de noche cuando soñaba con memorias que lo acechaban constantemente como una burla de lo que alguna vez tuvo.
Pero mantenía la esperanza de que pronto lo recuperaría. Era la única razón por la cual seguía con vida, con esa esperanza guiándolo y manteniéndolo a flote en aquellas sombras en las que vivía. Por años se había aferrado a esa pequeña conexión que le quedaba, ese cálido camino de luz que protegía con tanto afecto. Había momentos en donde esa conexión era débil y translúcida, otras veces era constante y visible.
Pero recientemente podía sentir la energía y fuerza en esa conexión crecer, podía sentir como esa luz se acercaba cada vez más y sabía que ella estaba aquí, tan cerca pero lejos de él, era doloroso el no poder alcanzarla. Cuando dormía soñaba con ella, y cuando despertaba planeaba cómo rescatarla. Estaba tan cerca de lograrlo cuando sucedió.
Aquello que tanto había estado anhelando y protegiendo desapareció como si una estrella hubiera explotado en lo más profundo del cielo. Aquel sentimiento de miedo y desesperación hizo que despertara de su sueño forzado. Sus alas temblaron y se revolvieron al intentar romper las cadenas que lo mantenían atado. Pero lo único que ocasionó fue que algunas plumas negras cayeran al suelo.
Y tan pronto como esa estrella de luz desapareció, volvió a brillar poco a poco hasta que pudo sentirla palpitar con vida.
Era agonizante, el estar tan cerca de perderla cuando él se encontraba atrapado en esta prisión de sombras, limitándose a visitarla cuando ella soñaba y verla a través de ojos que no le pertenecían y no ser capaz de poseerla.
Pero eso pronto acabaría, estaba tan cerca de alcanzarla y tan pronto como pueda, rescataría a Anna y la sacaría de la terrible oscuridad tal y como se lo prometió muchos años atrás.
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Et nocte perpetua
In desperatione
Auroram videre potest
Mane tempus expergiscendi.
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To be continued…
Mi querido mundo, en estos tiempos difíciles de cuarentena lo mejor es tomar medidas de precaución para evitar cualquier riesgo o contagio. Quédense en casa si no tienen razones importantes por las cuales salir, e visto mucho en redes a gente que sigue yendo a bares, fiestas y al cine. Tengan conciencia; si no les importan contagiarse, al menos háganlo por las personas más cercanas a ustedes. Permanezcan fuertes y unidos (a distancia~).
Nota: Compartiré este fic en AO3 bajo la cuenta galaxy_in_your_eyes con el nombre: Somnia inter Umbras.
Las actualizaciones serán las mismas para ambas plataformas.
Así que… Grimm quiere a Anna, Alice y su grupo quieren a Anna, el demonio de plumas negras también quiere a Anna, todos quieren a Anna! ¿Pero cuál es la razón? Estamos tan cerca de descubrirlo~
