Les leo al final: ¡Iniciemos!
Capítulo 17: sincronizando la melodía del día a día
–Así que Kaori ha vuelto – dijo Watari mientras sentía cómo las palabras se asentaban en su corazón como un bálsamo reconfortante.
–Ha vuelto– respondió sencillamente Kousei.
Había sido un día de locos, pensó el futbolista mientras conducía su coche rumbo a la casa de su mejor amigo pianista. Ambos acababan de dejar en la estación del tren a la violinista que había sido su ex –novia tiempo atrás y el interés amoroso no consumado de su copiloto. La noticia tan abrumadora de su regreso había hecho que se quedaran en silencio procesando todo lo acontecido al atardecer, antes de que este los envolviera de nueva cuenta de la mano del gran choque de información recibido esa tarde, el cual había sacudido más su cerebro que aquella ocasión cuando, por error, en un partido internacional "El Chicharito" Hernández había metido un centro directo en su cabeza y no dentro de la portería.
"Kaori está de regreso" era el único pensamiento coherente que procesaba su cerebro, aparte de sus funciones vitales y el reflejo para conducir prácticamente en modo automático. El futbolista prendió el estéreo del coche en un intento de regresar su mente al momento actual; la radio trajo a la vida la voz de una artista virtual trayéndolos a ambos de vuelta a la realidad.
–Muy bien Kousei, creo que es tiempo de ponernos al corriente, ¿no lo crees? –Le dijo a su copiloto mientras pisaba el acelerador –Hace falta una nueva "pijamada" en tu casa, como en los viejos tiempos.
Kousei sonrió. "Pijamada" era el eufemismo con el que Watari nombraba a sus reuniones para beber a partir del momento en que tuvieron permiso oficial para tomar bebidas alcohólicas. Estas especies de Nomikai privado, habían iniciado desde la preparatoria, cuando decidieron probar una noche, la amplia colección de bebidas embriagantes que el padre de Kousei siempre traía de sus viajes al extranjero.
Si bien era casi un tabú que un menor de edad probara una sola gota de Sake en Japón, también era cierto de la mercadotecnia y la misma sociedad nipona había despertado la curiosidad de ambos jóvenes por el licor. Si en aquellos días de antaño, cuando aún eran estudiantes de preparatoria, hubieran sido atrapados en infraganti, consumiendo alcohol o tan siquiera olisqueando las botellas de sake, seguramente sus brillantes carreras habrían terminado antes de siquiera despegar, por lo que esas reuniones y lo que hacían en ellas (que no era más que comer algo pedido a domicilio, hablar de la escuela, las conquistas de chicas de Watari, y ver series mientras bebían el alcohol de su padre) se mantuvieron en el más oscuro de los secretos. Ni siquiera su mejor amiga, la propia Tsubaki, nunca sospechó de lo que iban aquellas "pijamadas" o reuniones de chicos como ella solía llamarlas mientras evadía sus miradas.
–No veo ningún problema. –Comentó Kousei a Watari. –Solamente que no hay nada para comer y solo me queda una botella vieja de whisky... También se acabó el jabón… y no hay platos limpios, aunque hay unos con una capa de polvo… – El chico de gafas de marco grueso se encogió de hombros sin convicción, estaba en confianza con quien consideraba su hermano– La casa ha estado prácticamente abandonada este año. (N. De A. Como este fanfic, cof, cof) –Agregó Kousei sin mucha esperanza.
–De eso nos encargamos en el camino… –Le replicó Watari contento de que ahora ambos fueran mayores de edad y pudieran comprar el licor y demás cosas en una de esas convenientes tiendas abiertas las 24 horas. –Entonces, qué tal las pollitas de Europa, ¿alguna pudo superar a nuestra Kaori?
Kousei negó con la cabeza. Su mejor amigo seguía teniendo esa personalidad audaz y llamativa que lo había caracterizado desde la secundaria.
–Acelera amigo, la noche es joven y hay mucho que hablar.
–¿Cómo en los viejos tiempos?
–Como en los viejos tiempos.
…
Ambos jóvenes soltaron una carcajada con lágrimas de los ojos: el alcohol hacía más fácil la risa sobre las desventuras que habían pasado cada uno de los jóvenes. Kousei en su estancia en el extranjero; Watari en la concentración del sub–22.
–¡Nooooo! –Dijo el joven Watari cayendo de la risa ante la anécdota de su amigo.
–¡Siiiii! –Afirmó el pianista quien se retorcía de la risa, aferrándose a su vaso de sake en mano.
–¡Nooooo! –La risa dominaba al chico de ojos castaños. –No te creo, ¿tu? ¿Metiendo la pata de tal forma?
–¡Siiiii! –Continuó Kousei, quien cambio su voz, de un grito a un susurro. –shiii.– Complementó mientras bebía a fondo el contenido prácticamente lleno de su vaso. –Tuve suerte de no vomitar en su vestido, lo peor de todo, ¡es que era la hija de mi empleador! Pobre Chloe–san, por ello me comprometí a hacer un dueto con ella, más por vergüenza, que por gusto; es una chica linda, te encantaría si la vieras, est trés a bonbon, a francaise beauty, pero tiene sus arranques de diva que ni que fuera la última partitura de Chopin… Duré 2 semanas sin poder verla a la cara. Lección aprendida: cuidado con lo que bebas en las bodas francesas, no, no, corrijo; ¡en toda Europa!, ellos cargan más alcohol en la sangre que agua.
–Así que por eso desarrollaste tan buena resistencia, ahora que bebes vino en lugar de agua– Rio Watari. –Oh tu vaso está vacío Monsieur, toma, toma amigo, deja que lo rellene por ti que te me deshidratas.
–No creo que deba beber más– Confesó Kousei con sinceridad que corroboraban sus mejillas de color rosado por el alcohol.
–Nada de eso, el Dr. Watari, sabe que es lo que necesitas, y es más de esta belleza, – Dijo mientras acariciaba de manera sensual su segunda botella de sake.
¡Si lo dice mi doctor! –Dijo con una sonrisa amplia el pianista. –pero mi doc también debe de beber a fondo, fondo!
Watari bebió de un trago el refrescante contenido de su copa ante la petición de su ebrio amigo y rellenó el vaso de Kousei con un temblor fino que demostraba su grado de alcoholización descarado, cuando, de repente un recuerdo intruso hizo que se le bajara de golpe todo lo que había tomado: había recordado el motivo por el que debía de estar enojado con su mejor amigo.
–¡Oh por dios! – Watari, se puso completamente pálido, ante el recuerdo del verdadero motivo de su visita.
–¿Qué pasó? – Kousei se preocupó por su acompañante. –qué es lo que pasa, ¿te sientes mal? ¿mañana tienes entrenamiento? ¿Dejaste prendida la estufa?
–¿La estufa? Ni siquiera sé cocinar Kousei, ¡No, algo peor! –Dijo su amigo, quien le tomó de los hombros y empezó a zangolotear adelante y atrás, con un terror en su mirada que no había visto desde sus días de escuela. –Acabo de recordar porque estaba enojado contigo.
–¿Enojado? ¿Enojado conmigo? – En su voz había un dejo de tristeza etílica. – ¿Por qué? ¿Hice algo mal? – Kousei limpió sus gafas en un intento poco exitoso de aclarar sus ideas. Probó dando un largo trago a su vaso; también poco efectivo. El chico de gafas de marco grueso miró con extrañeza a su camarada al lado, ¿qué era lo que sucedía?
De los labios de Ryota Watari solo salió una palabra que le heló hasta la médula y retorno a su adormilada conciencia de regreso al terreno de juego.
–Tsubaki.
Ambos se miraron con terror, recordando lo que habían olvidado, uno en los últimos dos días y otro toda la tarde, resumido en una sola palabra.
Tsubaki.
Kousei, como había arruinado nuevamente la vida de quien consideraba su mejor amiga, al dejarla plantada… nuevamente.
Watari, al recordar cómo debía haber regañado a su mejor amigo por la traición que había cometido hacia ella la noche pasada al dejarla abandonada después del concierto y como en lugar ello decidió ponerse a beber y ser feliz.
Un silencio incomodo les envolvió.
Ambos se sintieron de lo peor.
–¡Demonios!, soy un idiota– Dijo el pianista mientras se quitaba sus lentes y hacia su cabella hacia atrás con desesperación, – ¡¿Cómo pude ser tan idiota?!
–Creo que la hemos regado. –corroboró su interlocutor.
–Estoy de acuerdo contigo Watari.
–Ash kousei, se suponía que te iba a reclamar esta tarde por dejarla sola por haberla abandonado y lo olvidé todo…
–¿Tú lo olvidaste? ¡Watari! ¡Yo olvidé todo! ¡Se suponía que iríamos a cenar después de la competición! Y yo, me quedé en shock, acepté la invitación de los otros jueces, y…. Lo olvide por completo, Watari soy un gran idiota. –Terminó con exasperación.
–Si lo sé, lo eres, –complementó el futbolista. –, y yo también y ahora no te puedo reclamar porque fui igual de estúpido que tú y no puedo hacer nada para corregirlo y cuando la encontré llorando nunca me dijo que sabía que Kaori estaba viva y que por eso te atontaste peor que si te hubieran dado toloache, maldición!
–¿estaba llorando? oh no, ¡la hice llorar! otra vez...–Kousei peinó con sus dedos su cabello hacia atrás con desesperación. definitivamente era de lo peor.
–¿Lágrimas de felicidad? ¿De impresión? –Watari tomó con ambas manos su cabeza arrepintiéndose de las palabras que había dicho y que habían hecho aún más miserable a su amigo. Si bien ese era su punto en primera instancia, ahora él estaba en su misma situación. Y definitivamente no era de amigos echarse tierra en esas situaciones. –¡Aarghh Kuso!
Ambos se acostaron hacia atrás en la mesa y se quedaron en silencio mirando al techo intentando descifrar el enigma de su futuro en las próximas 4 horas.
–¿Qué vamos a hacer? – formuló la pregunta en el aire el pianista rompiendo el incómodo silencio.
–No lo sé…
–Aunque sabes, ella pudo llamarme después del concierto, sabes. –Escupió directo de sus pensamientos el cerebro atolondrado de Kousei que solo recibió de respuesta una mirada gélida y mortal de Watari. – O quizás no…
–Estamos muertos. –comentó el futbolista con un suspiro mientras pasaba ambas manos entre su cabello castaño.
–Así es.
Un silencio incómodo inundó la habitación, hasta que Watari volvió a hablar.
–Siempre creí que tú asistirás a mi funeral.
–¿En serio?
–Sí, siempre creí que me verías con tu cara de ñoño musical y me dejarías flores, mientras tus ojos empañaban tus gafas, tocabas una melodía triste y yo yacía supercool en mi ataúd, mientras las otras pollitas lloraban por mi….
–No digas estupideces Watari.
–Necesitamos hacer algo para solucionar las cosas. –dijo el castaño golpeando ambas palmas en el piso y tomando asiento de nueva cuenta, mientras vaciaba de un trago lo que quedaba en su vaso en busca de tomar algo de valor por lo que tenían por delante. – ... debemos hacerlo.
–Sino, si estaremos muertos en verdad.
– Definitivamente.
–Pero, ¿qué puede ser?
Ambos se quedaron reflexionando, ¿cómo podrían evadir la furia de su mejor amiga? De repente, una idea alocada vino a la mente del futbolista. no había lugar para la cordura en situaciones extremas, como las que habían experimentado en las últimas 48 horas.
–¡Pues una reunión! Nada de volver a segmentar al grupo– dijo Watari de golpe. –Debemos reunirnos todos, tenemos que festejar su recuperación como se debe, como amigos, yo creo que Tsubaki lo entenderá.
–¿Tú crees? – El tono de Kousei ciertamente estaba lleno de dudas ante el plan de su amigo… ¿Realmente Tsubaki lo tomaría bien?
–Tiempos desesperados requieren medidas desesperadas.
–¡Watari!
–Seguro que lo hará, – dijo el futbolista mientras posaba su mano en el hombro de su amigo. – Está decidido, reuniremos a la pandilla: todo será calculado, no le daremos tiempo de pensar a Tsubaki.
–¿Y qué hay de estos dos días? creo que ya pudo pensar mucho por su cuenta, y seguro piensa que soy la peor persona del mundo.
–Para nada, el recital casi no cuenta, porque fue la noche y se durmió. Se durmió Kousei, ¡y no pensó en nada más!–continuo Watari acallando a su interlocutor con la mirada que intentaba argumentar.– Hoy piensa que te regañe, que te eche pleito, digo, que te hice recapacitar, si, te di el discurso, te leí la cartilla, y mañana te disculparas, y !haremos la mejor reunión de todos los tiempos!–enfatizó poniéndose de pie de golpe, levantando su copa.– Es como cuando en el mundial de Rusia cuando Japón iba ganand Bélgica, en un parpadeo quedamos en empate y en último minuto antes de que nos fuéramos al tiempo extra, nos metieron un golazo que nos dejó fuera. ¡fue glorioso! –El resplandor de la luz incandescente iluminaba la mirada del futbolista en su discurso.
–pero ¿perdimos? ¡no veo cómo eso nos va ayudar! no entiendo...
–! lo que quiero decir es que Tsubaki no sabrá ni que paso! no le daremos tiempo de reaccionar, ¡en último minuto meteremos la reunión y salvaremos nuestra amistad! como los héroes del deporte!
–¿no pudiste encontrar una analogía en la que nosotros seamos del bando de los que ganamos?
–No con este grado de alcohol en mis venas. - Afirmó rotundamente el chico de cabellos castaños.
Kousei miro a su amigo desde su posición en el suelo, veía un brillo en sus ojos por el que casi podía observar la maquinación de sus ideas.
–¿En serio crees que funcione? –Kousei temía echar a perder su amistad con su mejor amiga a quien consideraba prácticamente familia.
–Tiene que funcionar, sino tendremos que preguntar si hay descuento por funerales dobles, porque seremos hombres muertos, ¿tienes lápiz y papel en algún lugar? Necesitamos planear nuestra jugada del día de mañana.
Kousei se levantó de la mesa y buscó una libreta y un bolígrafo en la oficina de su padre. Al venir de regreso a la mesa, echó un vistazo por la ventana hacia la casa vecina.
Tsubaki era su mejor amiga, pese a lo tórrida de su relación. Sin ella y su familia, él no hubiera sobrevivido hasta el día de hoy. Debía de solucionar las cosas con ella. Él sabía cuáles eran los sentimientos de Tsubaki Sawabe hacia él, más allá que a un hermano… sentimientos que él simplemente nunca podría corresponder.
Miro hacia el brillante cielo nocturno, y le pidió en silencio a las estrellas que ella encontrara pronto la felicidad.
Ella merece ser feliz, feliz con alguien que la ame como ella merece.
…..
Desde su ventana, mientras veía como caía la noche, y esta sacaba a relucir las estrellas, Tsubaki Sawabe meditaba sobre lo que había ocurrido en su vida en los últimos dos días; desde que había conocido a Kaori, desde que había entrado a su vida Kousei, desde… desde la última vez en la que había sido realmente feliz.
Deja de torturarte.
La joven castaña tomó un sorbo de su taza de té y recordó la imagen de su joven vecino saliendo corriendo esa mañana de su casa, apresurado, con el cabello aun con gotas de agua, sin voltear a ver la casa vecina a su salida. Ella estaba en la ventana, lavando los platos al ver su partida. Se preguntaba a dónde iría con tanta prisa. Aunque era más que probable que fuera a verla a ella…
Deja de torturarte, Tsubaki.
A su mente volvieron las palabras de su amigo Watari diciendo: "No sé qué hizo ese idiota, pero le voy a hacer pagar por ello". Aparentemente lo había hecho pagar de manera monetaria, por la cantidad de bolsas que sacaron del auto de Ryota cuando regresaron en la noche a casa. Aunque no parecía que hubieran tenido una gran discusión, ya que ambos platicaban de manera amena. Quizás él también ya se había dado cuenta del regreso de Kaori y ellos…
¡Déjalo ya!
Su mente iba en círculos, por más que intentara pensar en algo más, sus pensamientos volvían al inicio. Simplemente no lo podía dejar. Su propia mente estaba sofocándola. necesitaba terminar con eso.
Después de asegurarse de que ambos jóvenes estuvieran dentro del domicilio del pianista, Tsubaki dejó su sitio en el alféizar de la ventana, tomó su cartera junto con su teléfono y sus llaves; se colocó sus zapatillas deportivas y salió a tomar aire antes de que sus pensamientos volvieran a jugarle una mala pasada.
Por supuesto no estaba muy orgullosa de evitar la confrontación, pero no podía hacerlo así, no en estos momentos que estaba tan intranquila. El correr siempre le hacía aclarar sus ideas. Mientras el viento acariciaba su rostro esa cálida noche, mientras sentía el esfuerzo de sus músculos tras dar otra zancada en aquel trayecto tan conocido por sus piernas rumbo a la unidad deportiva de su distrito; el olor del distrito comercial en la calle vecina por el que no solía transitar por el rodeo que hacia su destino final; el sonido de las conversaciones a medias que llegaba a sus oídos mientras avanzaba, le daba tranquilidad a su mente obnubilada.
Al correr y reflexionar acerca de lo sucedido le otorgaba un estado de paz interior; el poder observar con tranquilidad sus problemas, como cuando se va en coche admirando el paisaje; podría ser hermoso, o aterrador, pero dentro de la seguridad de percibirlo desde un sitio donde este no le podría causar daño.
Llegó a la unidad deportiva e inició su reproductor de música mientras dejaba que su mente se dejara llevar con el impulso de su propio cuerpo, su respiración agitada y la sensación de la cinética dominando su ser.
Ella seguía corriendo, pero, al igual que en aquella unidad deportiva, ella seguía corriendo en círculos en su vida y una y otra vez volvía a su punto de partida: Arima Kousei. El primer chico que la había hecho sonreír, el primer chico que la había hecho sentir útil, apreciada, capaz, importante, bella. El primer chico que la había hecho sentir amada. Y también el primero en romper su corazón. No obstante, aunque las estaciones pasaran y ellos crecieran, sus sentimientos siempre volvían al punto de partida. Lo amaba.
Soy solo yo…no tiene nada que perder.
Todo sería más fácil si él la dejara ir. Si él fuera grosero con ella, si no la hiciera sentir especial, si no la incluyera como una parte importante de su vida, quizás si él fuera distante… pero no, Kousei jamás sería así. Kousei era despistado, bastante despistado. La noche anterior lo había puesto en evidencia total. Pero el joven de ojos azules también era caballeroso, gentil, generoso, amable, y se preocupaba por sus amigos. Siempre se preocupaba por ella, a su manera. Siempre procuraba llamarle, aunque seguido se disculpara por despertarla demasiado temprano, o interrumpirla a media comida. Siempre tenía buenas atenciones hacia ella, siendo prácticamente familia desde la muerte de la madre del pianista. Siempre era bueno con ella…
Creí que era especial, especial ...
Claro, él nunca entendería nada de lo que ella sentía, estaba segura que ni siquiera se había dado cuenta del daño que le había ocasionado; aquel eclipse total que ocasionó Kaori sobre su estrella que apenas comenzaba a brillar ante los ojos del pianista había pasado por alto ante el joven que solo tenía ojos para el lucero que era esa violinista.
Déjalo ir…
Había intentado que él tuviera interés en ella, había intentado forzarlo, más nunca lo logró. Si bien en los ojos azules de Kousei siempre había cariño inmenso hacia ella, nunca destilaban el amor pasional que ella tanto anhelaba.
Sabía que mi corazón estaba condenado desde el inicio.
Si tan solo fuera grosero con ella, si tan solo le dejara de hablar, o no volviera, no obstante, compartían momentos memorables; alegrías, risas y sinsabores, siempre juntos, como líneas paralelas destinadas a estar juntas, pero jamás cruzarse en el camino de la otra.
Maldita sea K…
–¡No! – Cortó Tsubaki deteniéndose en seco, sin aliento.
Acaso iba a maldecir a Kousei, ¿Por no amarla? ¿A Kaori por ser una buena amiga que había actuado como lo haría una chica de su edad a punto de morir? ¿A quién iba a maldecir? ¿A quién su corazón tenía que arrojar esta frustración interna? ¿A un par de chicos a quien el destino había arruinado más que a ella?
¡No! ¡nadie tiene la culpa!
Limpió su sudor con la manga y reanudo la marcha. El culpar a los otros por sus sentimientos era parte de su círculo vicioso. Kousei, Watari y Kaori siempre buscaban correr tras sus metas, aunque tuviesen miedo, aunque no supieran que hubiera más allá, avanzaban, mientras ella se perpetuaba en ese loop enfermizo.
Es tiempo de dejarlo ir.
Era tiempo que Kousei la dejara ir. Era tiempo de que Tsubaki lo dejara ir.
Las estaciones habían pasado sobre ambos: ya no eran aquellos niños quienes en aquel verano habían conocido el amor por primera vez. El tiempo había hecho mella sobre ambos en el proceso que conlleva a la adultez: cicatrices amargas y también gratos recuerdos se agolpaban en sus memorias y consolidaban los adultos jóvenes que eran hoy en día. Tsubaki ya no era aquella niña que había sido engañada por el destino que le había hecho creer que el verdadero amor era el primero; ni Kousei era aquel chico que creía que la vida terminaba ante la muerte del primer amor.
Era tiempo de dejar ir a aquel primer amor al que se había aferrado por seguridad y miedo; abandonar aquella sensación de protección que ofrecía el rechazo conocido de su amor por Arima Kousei. El tiempo se había detenido en su corazón y ya era hora de que volviera a avanzar. Paso a paso, como el minutero rompiendo poco a poco las horas y los días, era tiempo de dejarlo ir.
Aun podía escuchar los ecos de aquellos días, todos aquellos recuerdos insignificantes pero valiosos que atesoraba en su corazón; venían a su mente aquellas imágenes de ambos sonriendo, gritando, llorando, berreando… Aquella tarde juntos la vez que él la llevaba de regreso a casa con el tobillo lastimado, el olor de su cabello a sala de música, aquellas estrellas brillantes; el momento en el que estuvo más cerca de él que nunca.
Era tiempo de dejarlo ir.
Era tiempo de avanzar hacia adelante; de hacer su movimiento, cambiar la página llena de recuerdos por una prístina promisoria de un futuro incierto. Tiempo atrás había prometido a Arima Kousei ayudarlo a encontrar su camino al éxito, para no tener ningún arrepentimiento; había prometido estar a su lado por siempre... Era tiempo de romper esa promesa.
Kousei tenía el derecho de amar a quien su corazón dictara.
y ella...
Tsubaki tenía derecho a tener otras opciones más allá de amar aquellos ojos azules tras esas gafas de margo grueso. Tsubaki tenía derecho a sentir más que dolor al voltear a ver aquella silueta alta en la ventana vecina, a sentir más que miseria al pensar en sus sentimientos no correspondidos…
Quizás ya era algo tarde... pero ella tenía derecho a ser feliz. incluso más que aquellos que jugaron con su corazón tiempo atrás un mes de abril y no esperaría a que alguien tomara la iniciativa en el camino que conducía a su propia felicidad. No más.
Te reto a hacer algo por ello.
Tsubaki miró la luna que iluminaba en lo alto, sonrió para si, sus pulmones reclamando oxígeno para su corazón palpitante hambriento de amor propio y un nuevo comienzo. Seguramente ya eran cerca de las 11 de la noche. Era tiempo de volver.
Decídete, Tsubaki, ¿qué vas a hacer?
Volvió su vista a la calle que conducía al camino de siempre rumbo a su hogar, y pensó nuevamente en esa ruta, como seguía corriendo en círculos…
No podía esperar que alguien más rompiera esas cadenas en forma de rutina por ella.
Estoy esperando, ¡Hazlo!
Y con la vista el alto salió del circuito y tomó la ruta más larga por el distrito comercial de regreso.
Es hora de dejarlo ir
Por algo debía de iniciar.
Déjalo ir...
Era tiempo de dejar la rutina atrás.
Continuará...
Hola chicos, aquí su Autora The Candy Girl! Saludándolos.
Gracias por sus comentarios en este regreso, se agradecen bastante, y también que sigan leyendo este fanfiction aun después de todo este tiempo, tanto si son antiguos lectores, gracias por su constancia, como si son nuevos, ¡me alegra que hayan leído hasta este punto!
¡Se los agradezco, sus reviews de todo corazón!
Acerca de mis días, agradezco su preocupación, ¡y les pido, les ruego, les imploro, que se cuiden muchísimo en estos tiempos de covid-19! Chicos, esto no es un juego, no es una mentira inventada por los imperios capitalistas. Es una enfermedad real que está costando vidas asi que cuídense mucho, sigan las instrucciones de las instancias de salud en su comunidad y usen de manera correcta el cubre bocas, cubriendo nariz y boca. Realmente es decepcionante ver a la población no seguir las normas y no hacer las medidas preventivas. Realmente no quieren estar dentro de un hospital en estos tiempos. Es una enfermedad que, si bien a muchos nos puede pasar como si nada, para otros puede ser la muerte. Si nos cuidamos todos saldremos antes.
Ahora pasemos rápidamente a los easter eggs
Nomikai como lo explica de manera breve en la narración es como se le llama a las reuniones para beber en Japón significa literalmente «reunión para beber», y se refiere a las veladas que hacen los japoneses para relajarse y pasarlo bien. Estas veladas tienen lugar generalmente en Izakaya, un tipo de bar-restaurante.
La referencia futbolística es cierta es del mundial de 2018, recuerdo que si me tocó ver ese partido… no soy súper fan del futbol, pero me gustan los mundiales.
Chloe, se menciona en medio de la ebriedad, pertenece al universo de Miraculous Ladybug, y se mencionó en capítulos anteriores
Espero les haya gustado la primera parte de Kousei tanto como me gusto escribirla.
Para la parte del capítulo de Tsubaki, como sabrán, no es mi personaje favorito, pero creo que merece ser feliz. Para escribir su parte me base en una canción que recientemente acabo de escuchar en una guardia (práctica clínica complementaria medica dentro de una especialidad médica) y me brindo la inspiración, se llama Circles de Post Malone, y no sé si el año pasado hubiera escrito algo asi sin esa canción, pero me gustó mucho como quedo, esta especie de conversación interna de Tsubaki… un tiempo de reflexión, hay quienes lo hacen simplemente meditando, otros limpiando, otros escribiendo o cocinando y pues ella corriendo. Creo que Tsubaki es un personaje que al final sigue corriendo en círculos, volviendo a Kousei y nos perdemos parte de su crecimiento emocional (disculpen si me equivoco, no he leído el manga y ese es el aspecto que me da la serie después de que Kaori se va) los demás crecen después de Kaori, pero ella vuelve al inicio, a Kousei y si no lo captaron en la lectura anterior, es tiempo que lo deje ir.
¿Qué pasara? ¿Tsubaki y Kaori realmente se reunirán? La pandilla… ¿Quién es realmente la pandilla si no solo ellos 4? Y por cierto… ¿Qué paso con el concierto, si ganamos y qué? ¿Cuándo reclamamos el premio? ¿El premio incluye una vuelta en el avión presidencial, o al menos un cachito de su rifa?
Descubramos más sobre ello en nuestro siguiente capítulo de su fanfic favorito de Your lie in april/ Shigatsu wa Kimi no uso: ¡Atrapada en ámbar!
Les envía un saludo a la sana distancia, su autora que debe de dejar de darle vueltas a esta nota final
The Candy Girl!
