Tomó el emparedado que le preparó su abuelo y mordió sin mucha hambre el pan junto al quesillo fresco que se esparció de forma inmediato en su boca, hizo una mueca, él no era muy fan del quesillo pero no tenía otra alternativa que comérselo o su abuelo le llamaría la atención. Nikolai era alguien muy tranquilo pero cuando se trataba de dar de comer bien a su nieto o alguien, las cosas se ponían muy serias, el mayor deseaba ver que todos a su alrededor comieran muy bien.
Dio otro mordisco a su desayuno para luego tomar un poco de té así pasando levemente el extraño sabor que quedaba en su boca, Nikolai frente de él lo imitaba mostrándose sereno, sin embargo Yuri sabía que su abuelo le quería decir algo pues estaba mirándolo mucho viéndose muy pensativo.
—Yuratchka —lo llamó Nikolai segundos después, el nombrado levantó su mirada jade para poner atención—. ¿Ha estado todo bien últimamente? —preguntó lo que menos quería responder Yuri, aun así se esforzó por no poner una mueca en su semblante.
—Sí, ¿Por qué? —dijo Yuri seriamente a la vez que volvía a morder su pan.
Nikolai lo quedó viendo por unos instantes sin decir nada, Yuri en eso se sintió un poco mal por estarle mintiendo a su abuelo, pero en esta ocasión prefería eso a que contarle todo lo que había pasado.
—Lo digo porque te vez decaído y tienes tu frente arrugada todo el tiempo, además no has ido al club en varios días —le recordó Nikolai dejando de lado su pan.
Yuri al contrario de él volvió a morder su sándwich tratando de ganar tiempo y así encontrar buenas palabras que mantuvieran por el momento tranquilo a su familiar. No quería contarle nada de lo ocurrido y no era por desconfianza, la verdad era que le tenía demasiada confianza a su abuelo, sin embargo no estaba preparado para decirle que había tratado de forma horrible a una persona que no se lo merecía por su propios miedos.
—Ya te dije abuelo… el amigo de Beka ha estado ocupado estos días, por eso no he ido al club —respondió Yuri dejándose ver tranquilo, sin embargo por dentro notaba una gran presión en su pecho, no le gustaba mentirle a su amado abuelo.
—Sí, eso lo comprendo, pero ¿Por qué andas de tan mal humor? Apenas llegas de clases y te encierras en tu cuarto, además te ves muy pensativo —Nikolai estiró una de sus manos para tocar la diestra de Yuri, el cual se aguantó las lágrimas que quisieron salir en ese segundo—. Sabes que si pasa algo me lo puedes decir, ¿Verdad? Cualquier cosa.
Conmovido por esas palabras asintió lentamente cerrando sus ojos para luchar contra sus lágrimas. Sentir el apoyo de su abuelo siempre significaba una gran calma para él y se lo agradecía inmensamente.
—Lo sé, abuelo… pero de verdad no es nada, no te preocupes, es por las pruebas y todas las tareas que debo hacer —aseguró regalándole un sonrisa fingida al mayor, el cual solamente asintió con otra pequeña sonrisa y así ambos continuaron desayunando.
Cuando acabaron Yuri tomó sus cosas y se despidió de Nikolai y de Puma Tiger Scorpion que le maulló adormilado para después irse a dormir a su camita. Salió de casa abrigado con su chaleco rojo junto a su bufanda y para acortar el trayecto había puesto su música empezando la lista con: M.I.A de Avenged Sevenfold. En el momento en que se subió al tren Yuri se arrinconó en un lugar quedado bien sin que lo apretaran tanto. En ese instante la conversación con su abuelo volvió a su mente dejando una desazón en su pecho. Ya eran tres días que no iba al club como a la vez tres días desde que no le contestaba a las llamadas a Leo ni a las de Otabek.
Tenía presente que hacer eso no era lo mejor, que podría estar preocupando a Otabek como a Leo, sin embargo, a pesar de tener aquel pensar era incapaz de enfrentar a ambos, por eso había ignorado todas las llamadas y mensajes que le habían llegado durante esos tres largos y tortuosos días para él.
Suspiró cuando el tren se detuvo en una estación, miró su móvil para cambiar la canción a Demons de Imagine Dragons y así comenzar a tararear con voz muda tratando de alejar su sentir. Cuando el tren volvió a moverse Yuri soltó unos resoplidos pues sus intentos de pensar en otra cosa que no fueran sus malditos problemas habían sido en vanos, la imagen de Otabek y el rostro de Leo junto a su novio le asediaban la mente por completo provocándole algo de ansiedad.
¿Qué le había dicho a Leo cuando salió corriendo del club? Le dijo "asqueroso" con un tono de voz tan tosco y despreciativo que ahora sentía que su lengua junto a sus labios ardían por lo soltado en un momento de pánico. Yuri se odiaba inmensamente por ese hecho que literalmente paso las noches sin poder dormir por culpa del arrepentimiento que estaba instalado en su pecho con todas las maletas y no se iba con nada. No se creía que le había dicho eso a Leo, de hecho no quería creerlo, pues después de todo sabia a ciencia cierta que Leo salió lastimado por sus palabras al igual que su novio, Guang. ¿Quién no se iba a sentir herido después de escuchar algo así?
Todo se había ido a la mismísima mierda por su gran estupidez y por no saber controlar sus ataques de pánico impidiendo así soltar palabras pesadas o actuar como un verdadero idiota.
Cambió nuevamente la canción a: Symphony of Destruction de Megadeth y guardó su móvil en el bolsillo. Cerró los ojos y de forma inmediata se le dibujó el rostro de Otabek en la mente. Frunció sus labios y entrecejo sintiéndose contrariado y muy mal. También había ignorado las llamadas y mensajes de Otabek y eso había sido un gran dolor y reto para su persona. Sabía que su amigo estaba preocupado por la insistencia que ha tenido en ubicarlo, pero Yuri no era capaz de atender una llamada de él por todo lo revuelto que tenía en la mente. Estaba aterrado de hablarle y decirle todo lo que le aquejaba o explotar en ese momento y echarle la culpa de todo lo que sentía y sucedía. Seguía muy confundido respecto a lo que sentía por él; muchas veces su cabeza lo traicionaba diciéndole que lo que profesaba por Otabek era más que amistad pero él rápidamente se regañaba y se odiaba por ese sentir, negaba completamente todas esas ocurrencias quedándose así en un limbo de emociones sin saber cómo salir.
No quería aceptar que su corazón latía muy rápido con solo pensarlo.
Tampoco quería aceptar que sufría inmensamente al ignorarlo y al estar lejos de él.
Yuri no quería aceptar lo que su pecho le gritaba a cada segundo, ese sentimiento cálido al recordar a su amigo. No deseaba aceptarlo y no lo haría nunca. Ya se había convencido a eso.
Cuando su recorrido en el metro se acabó, Yuri se dispuso a bajar del vagón empujando a las personas que no lo veían por ser tan pequeño como delgado, y después de una batalla de largos segundos pudo por fin liberarse de la presión del transporte y respirar libremente. Se acomodó sus cosas como cabello, el cual lo tenía amarrado a una firme coleta, y caminó hasta las escaleras preparándose para otro largo y aburrido día donde era incapaz de poner atención a las clases por tantas cosas que tenía en la mente.
Después de unos siete minutos de caminata, llegó a su establecimiento educacional e ignorando a todo el santo mundo que se juntaba en los pasillos para hablar antes de que comenzarán las clases, Yuri se fue a sentar su puesto del frente subiéndole el volumen a la canción que ahora se encargaba de acompañar a sus oídos impidiéndole escuchar las estupideces de sus compañeros: The Sound Of Silence de Disturbed.
Apoyando su cabeza en la mesa y teniendo sus manos en los bolsillos de su pantalón Yuri observó una de las ventanas a su izquierda, como estaba alejado de ella solamente podía visualizar el cielo nublado cargado con nubes negras, sonrió sintiéndose un poco iluso al recordar que cuando era niño creía que las nubes eran esponjosas y se podían comer como el algodón de azúcar, su abuelo cada vez que lo escuchaba se reía revolviéndole el cabello de manera animada y cariñosa. Cerró los ojos al tener en su cabeza tan cálidos y lindos momentos relajándolo, que deseó con fuerzas volver a ese tiempo donde solo se preocupaba de jugar con sus juguetes y comer rico todos los días, sin embargo aquel recuerdo fue interrumpido de forma brusca al sentir su móvil vibrar en su pantalón.
Un poco asustado por tan repentina interrupción de sus recuerdos, se irguió en el asiento y con el corazón a mil sacó su teléfono para ver el mensaje que le había llegado.
Apretó sus labios en una línea pálida al leer el nombre de su remitente. No pudo evitar sentir algo de emoción mezclado con un poco de miedo en su pecho. Encontraba increíble como Otabek provocaba eso en él con solo pequeñas acciones.
Se remojó los labios de forma nerviosa y agarrando valor de algún lugar en su cuerpo abrió el mensaje sintiendo como su estúpido corazón golpeaba fuertemente su caja torácica. No sabía que iba a leer en aquel mensaje, pero estaba presintiendo que vería palabras de enojo por parte de Otabek ya que después de todo lo había estado ignorando por días. Cualquiera estaría enojado y no lo culparía si ese llegaba a ser el caso. Él mismo estaría enojado si Otabek lo hubiese ignorado como él lo estaba haciendo con el kazajo.
«Sé que puedes estar en clases o quizás no, pero Yura, háblame ¿sí? Realmente no entiendo que es lo que ha pasado. Leo también está preocupado por ti. Llámame cuando puedas»
Las pocas pero a la vez largas palabras de Otabek dejaron una sensación extraña en Yuri. Otabek a pesar de los días y de la evasión que ha sufrido por parte de Yuri, nunca lo había tratado con enojo, siempre sus mensajes contenían preocupación y cierta desesperación por saber algo de él.
Yuri al acabar de leer por tercera vez el mensaje apretó su móvil entre sus manos y bloqueó la pantalla insultándose por dentro al no ser capaz de responderle como era debido. Volvió a dejar el móvil en su pantalón para luego hundir su rostro entre sus brazos deseando así desaparecer. Se sentía como la mierda por todo lo que hacía, pero no tenía el valor para mover los rieles de la situación. Estaba completamente atrapado en el propio dolor que él mismo creó que no sabía cómo salir de ahí ni a quien pedirle ayuda ya que realmente no confiaba en nadie más que en su abuelo y en Otabek, pero ellos dos eran los que menos debían saber su confuso sentir.
Después de mucho tiempo volvía a sentirse verdaderamente solo en la vida y ese sentir tan frío y desgarrador no le agradó para nada, a pesar de que antes estaba acostumbrado a ello, ahora el sentir la soledad era como tener cuchillas filosas en sus corazón.
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Al terminar las clases de ese día, Yuri guardó lentamente sus cosas pensando en que hacer. Había estado debatiéndose todo el día en si ir o no al club de boxeo para hablar con Leo, sin embargo ahora esa idea le parecía muy descabellada como imposible… Realmente no se encontraba capaz de enfrentar a Leo después de haberlo dañado de esa manera. Con solo imaginar estar frente a él para dar las disculpas debidas temblaba de miedo por el rechazo que quizás Leo le daría.
No quería admitirlo en voz alta, pero estaba aterrado de que Leo, el cual de apoco estaba considerando como un amigo más, lo rechazara y cortara así todo lo formado con él a causa de su gran idiotez.
Terminó de guardar sus pertenencias para luego levantarse con pesadez, el estar de mal humor ocasionaba que todos sus movimientos los distinguiera cargados provocándole grandes deseos de tirarse en su cama eternamente. Iba a alejarse de su puesto cuando repentinamente Yuuri llegó a su lado portando una sonrisa nerviosa. Sin querer hablar con nadie solamente lo quedó viendo por unos segundos para luego girarse dispuesto a caminar, sin embargo el suave agarré de Yuri en uno de sus hombros detuvieron sus futuros pasos.
—¿Qué quieres? ¡Suéltame! —soltó con la frente arrugada por la interrupción. De verdad no deseaba entablar conversación con nadie, ni siquiera con Yuuri el cual no tenía la culpa de nada.
—Eh… lo siento —Yuuri lo soltó mostrándose más nervioso a la vez que ponía un gesto pensativo, como debatiéndose algo inmensamente grande.
—¿Qué quieres? —repitió Yuri, manteniendo sus manos en los bolsillos y teniendo una parada algo encorvada.
—Esto… Yuri —Katsuki sin decir más levantó su mano izquierda que hasta ahora la había mantenido abajo, y le mostró su móvil para a continuación pasárselo sin explicarle nada más.
—¿Qué quieres que haga con tu estúpido celular? —inquirió ya sintiéndose hastiado de la actitud de su compañero.
Katsuki apretó un poco los labios para luego suspirar y así encontrar palabras.
—Otabek está en la línea, desea hablar contigo… me pidió que te pasará el teléfono para que charlaran —confesó Katsuki sonriéndole de forma nerviosa y en eso Yuri sintió como un balde de agua fría le caía por la espalda.
Miró el móvil de Yuuri, en la pantalla encendida estaba el nombre de Otabek y al percatarse de que Otabek había estado escuchado absolutamente todo tras la línea su cuerpo se tensó. Levantó la vista con terror hacia Yuuri, el cual le devolvía la mirada expectante a sus movimientos. Le dieron ganas de aventarle el móvil por la cabeza por haberle jugado tan oscura trampa, sin embargo ningún musculo de su cuerpo se movió.
Su corazón latía tan rápidamente en su pecho que de verdad creía que le terminaría rompiendo las costillas y se iría por su cuenta abandonándolo.
—¿Yuri? —la voz de Katsuki lo sacó de sus pensamientos y con eso volvió a ver el móvil. Otabek seguía esperándolo en la línea para hablar.
Quiso por unos segundos terminar con todo lo que sentía en ese momento, sin embargo, solo alzó el brazo mirando a su contrario para devolverle su móvil sin cortar la llamada.
—Espera, Otabek te esta…
Katsuki no pudo terminar ya que Yuri lo obligó a tomar su móvil y una vez lejos de ese aparató se dio la vuelta por completo para salir de ahí huyendo como todo un cobarde, no obstante, poco pudo avanzar ya que cuando llegó a la puerta el profesor Nikiforov abrió esta del otro lado y avanzó adentro del salón provocando que Yuri terminara chocando contra él, así deteniendo su olímpica huida.
—¡Wow! Señor Plisetsky, no sabía que me quería tanto para un abrazo —Viktor alzó sus brazos para terminar rodeando el cuerpo de Yuri, el cual se sentía un poco perdido por lo sucedido, pero al darse cuenta de quien se trataba se erizó de inmediato y comenzó a moverse muy enrabiado.
—¡Suéltame! ¡Hijo de…! ¡AHHH! —rugió desesperado entre los brazos de su maestro que sonreía como un niño. Hiciera la fuerza que hiciera no lograba liberarse de las garras del mal—. ¡DEJAME!
—Otabek… sí, Yuri aún está aquí —escuchó detrás a Yuri hablar con Otabek y eso lo alteró más, debía irse ahora o lo harían hablar a la fuerza con el kazajo y él todavía no estaba preparado mentalmente para eso—. Sí, te lo pasaré.
"Mierda, mierda, mierda, ¡puta mierda!"
Sin encontrar otra salida elevó su pie derecho y sin compasión alguna le dio un fuerte pisotón a su profesor, el cual al sentir el dolor en su pie soltó de inmediato a Yuri dejando salir un quejido y en eso Plisetsky aprovechó para empujarlo un poco y salir como alma que lleva el diablo sin detenerse a nada ni a pensar futuras consecuencias.
—¡Yuri!
Escuchó a su compañero llamándolo a la distancia para que se detuviera, sin embargo eso no hizo más que apresurara su paso. Se maldecía por todo lo que estaba haciendo, estaba actuando como un inmaduro pero no podía evitarlo. Era un gran cobarde si se trataba de cosas como los sentimientos y Otabek era su mayor problema al provocarle tantas cosas sin su permiso.
Quería escapar de eso a toda costa.
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Llegó a su casa sudando de pies a cabeza por todo lo que había corrido y por el calor en el metro. Con su cabello suelto y desordenado entró a la casa dejando sus cosas desparramadas en la entrada para luego ir por un vaso con agua. Se sentía muy aliviado de haber llegado a casa pero de la misma forma estaba avergonzado por haber actuado como un chiquillo inmaduro al salir de clases. Quería agarrase la cabeza para azotarla contra una pared por lo idiota que estaba siendo con todo, no se creía lo malditamente tonto que estaba siendo, pero no podía evitarlo. Cuando el pánico se apoderaba de su cuerpo, él hacía uso de todas sus fuerzas para escapar de la situación incómoda.
Entró a la cocina con Potya detrás de sus pasos. Tomó entre sus manos temblorosas un vaso para llenarlo de agua y así empinarse el líquido sin pararse a respirar hasta acabarlo. Una vez ya más relajado y fresco dejó el vaso en la encimera para luego ver a su abuelo en la sala parado moviéndose de un lado para otro mientras atendía el teléfono de la casa. No quiso molestarlo en su conversación por lo que tomó a Puma Tiger Scorpion en brazos dándole un beso en la cabeza y se encaminó hasta las escalaras para ir a descansar del tenso día vivido; sin embargo sus planes nuevamente se vieron afectados cuando Nikolai cruzó la sala llegando junto a él pidiéndole que lo esperará mientras seguía al teléfono.
—Yuratchka —le habló su abuelo de forma seria, cosa que le dio mala espina a Yuri, su familiar casi nunca le hablaba con ese tono de voz.
—¿Sí? —inquirió acercando a Potya más a su cuerpo, el cual ronroneaba por caricias.
—Otabek quiere hablar contigo —dijo el mayor ofreciéndole el teléfono a Yuri.
¿Qué era esto? ¿Acaso un complot contra él?
Confundido como choqueado miró sin creer las palabras a su abuelo, hasta que vio el teléfono enfrente de él esperando a ser tomado. ¿Cómo había conseguido Otabek el número de la casa? Yuri según recordaba nunca se lo dio. Quizás de verdad era un mago.
—Eh… —Yuri quiso decir algo que aplazara aquella conversación. Inventar que estaba ocupado con tarea o algo parecido, sin embargo no le pareció buena idea al apreciar la mirada seria de su abuelo. Era mejor no huir más o iba a tener una conversación con su familiar, ya que Nikolai encontraría muy raro que Yuri se negara a hablar con Otabek.
—Yuratchka, por favor —Nikolai movió un poco el teléfono inalámbrico y Yuri sin más salida asintió bajando a Potya para tomar el aparato sintiéndose demasiado nervioso.
Bajo la atenta mirada del mayor Yuri se llevó lentamente el teléfono hasta su oído derecho y permaneció así sin decir nada por unos segundos. No sabía cómo comenzar o que excusa dar para que Otabek no se enojara con él, sin embargo poco pudo pensar ya que fue Otabek quien rompió el silencio entre ellos hablando con su grave voz.
—Yura, ¿Estás ahí? —preguntó el kazajo, creando en Yuri temblores por todo su cuerpo y una fuerte agitación en su corazón.
—Sí… —respondió con un nudo en la garganta que hizo que su voz se escuchara apretada. Tragó con dificultad sin dejar de ver a su abuelo frente a él.
—Qué alivio… al fin puedo escucharte —dijo Otabek, sonando más ligero aunque la preocupación seguía palpable en su voz.
Yuri sintió que su respiración se cortaba al oírlo tan cerca, juraba que si cerraba los ojos iba a tenerlo a su lado, pero al percatarse de su pensar se tensó por completo y sus mejillas se incendiaron. Ya había comenzado a pensar cosas demás y era justamente por eso que no quería hablar con Otabek.
—¿Qué ha pasado? ¿Por qué no me has contestado en todos estos días?
—Eh… Yo —Yuri desvió la mirada de su abuelo, no quería decir nada frente a él ya que ni él mismo sabía que decir. No quería que su amado familiar se preocupara por sus problemas.
—¿Tu abuelo aún esta ahí? —preguntó Otabek sorprendiendo a Yuri, ¿Cómo sabía eso?
—Sí —respondió afirmando su voz pero sin llegar a sonar pesado.
—Bien, te llamaré a tu celular, pero contéstame esta vez, ¿Está bien? —anunció el kazajo dándole un poco de aire a Yuri, ya que no sabía cómo seguir la conversación en ese instante.
—Lo haré —prometió ya viendo que no podría aplazar más las cosas.
Otabek cortó la llamada y en eso Yuri le devolvió el teléfono a su abuelo.
—¿Todo bien? —investigó su perspicaz pariente. Yuri mordiéndose el labio inferior asintió.
—Beka me dijo que me llamará al celular —Yuri indicó las escaleras de forma tímida dándole a entender al mayor que debía ir por ahí—. Yo…
—Entiendo, conversaciones de amigos, ve, no lo hagas esperar. Después baja a comer algo —Nikolai le revolvió el cabello para luego irse con una sonrisa al salón de la casa.
Yuri aun conteniendo el aire en sus pulmones se giró para subir los peldaños lentamente como si con esa lentitud iba a lograr retrasar la conversación con el kazajo. Una vez arriba dejó salir el aire para llevarse las manos a sus hebras doradas tratando de controlarse. Hace mucho que no estaba tan nervioso. ¿Cómo le iba a explicar todo a Otabek? Sabía que no podía hacerse más el tonto con esto y por eso se sentía arrinconado. Debía hablar de su sentir si quería dejar de poseer tanta desazón en su pecho.
Entró a su habitación y cerró la puerta. Ansioso como atemorizado caminó de un lado para otro en la habitación hasta que su móvil vibró entre sus manos. Preparándose mentalmente de forma rápida vio la pantalla para encontrase con un mensaje de pocas palabras que lograron ponerlo más nervioso.
«Hablemos por video-llamada»
Sintiendo que no debía hacer esperar a Otabek fue de inmediato por su laptop y terminó sentándose sobre su cama para hacer conexión con su amigo. Sus manos temblaban y su respiración la encontraba pesada, sin embargo no se movió de ahí a pesar de lo nervioso que estaba, ya que sabía que Otabek no descansaría hasta hablar con él, y siendo sinceros Yuri también deseaba poder hablar con él aún con todo el lio de su cabeza.
Se puso los audífonos y llamó a Otabek con el corazón retumbante en su cuerpo.
Después de unos tonos de llamada que parecían infinitos para Yuri, Otabek tomó la señal desde un lugar más iluminado que la última vez, por lo que su semblante serio de pocos amigos se marcó más en la pantalla haciendo estremecer a Yuri.
"Se encuentra enojado" pensó corriéndose un mechón de cabello del rostro a la vez que miraba a su amigo con ojitos de culpabilidad.
—Beka… —susurró al ver que Otabek solo lo miraba y no decía nada para quebrantar el silencio.
Otabek ante su llamado permaneció estático hasta que suspiró relajando su semblante serio. Yuri al ver eso escondió sus manos bajo sus mangas sintiendo un poco de ligereza en su cuerpo, sin embargo cuando escuchó la voz de su contrario volvió a tensarse instantáneamente.
—Yura, al fin puedo hablar contigo —dijo Otabek, sin despegar los ojos de la pantalla. Yuri notó como esos ojos castaños lograban traspasarlo como si estuvieran en persona—. ¿Qué ha pasado?, ¿Por qué me has ignorado todos estos días?
La preguntas de Otabek partieron un poco su corazón, la forma en que las pronunció le dio entender a Yuri que Otabek de verdad había estado preocupado por él; se escuchaba triste como dolido y oírlo de esa forma lo hacían sentir muy mal.
—Uh… —Yuri bajó la mirada para tomar aire. Quería decir muchas cosas, explicarle todo sin tapujo alguno, sin embargo la inseguridad y el miedo seguían en él que no fue capaz de modular nada.
Había lastimado a Leo, se había comportado como un idiota con Otabek e hizo preocupar a su abuelo con su actitud tan extraña. Todo eso carcomía fuertemente su interior que las palabras morían en su garganta.
—Yura… ¿Qué pasa? —preguntó Otabek arqueando sus cejas en señal de angustia. Yuri levantó la mirada posando sus ojos azules en su amigo.
—Lo siento… —dijo con la voz agrietada a la vez que empuñaba sus manos—. Perdón por haberte ignorado todo este tiempo… yo, yo solo estaba asustado… —murmuró esto último de manera bajita.
Su contrario lo apreció en silencio, un mutismo que cargaba la habitación haciendo más pesado el sentir de Yuri. A este último le estaba incomodando con demasía tener que estar hablando de esa forma, tan cerca como a la vez tan distante, ya que no podía hacer más que míralo a través de esa maldita pantalla sin saber muy bien que pensaba Otabek. No podía verle sus manos, los movimientos de sus pies, no sabía que había a su alrededor… solo podía ver de sus hombros para arriba quitándole intimidad a todo. Cerró los ojos ordenando sus futuras palabras, pero todo le estaba costando tanto que creyó estar a punto de dar un difícil examen.
"Calmarte… debes calmarte, Plisetsky", se repetía mentalmente sin lograr resultados.
—¿Asustado? ¿Por qué? —inquirió Otabek, acomodándose en la silla. Al parecer estaba en su habitación de hotel.
—Bueno… —vaciló nuevamente, enmudeciendo al instante.
Otabek suspiró cerrando los ojos para luego hablar con su voz grave aunque notablemente más blanda, cosa que hizo afirmar un poco a Yuri.
—Yura, Leo me ha dicho que por su culpa tú no has ido más a entrenar y tampoco le contesta el celular. Está preocupado por ti ya que lo ignoras como lo has hecho conmigo. No sé qué ocurrió exactamente para que te alejaras de todos tan abruptamente y quiero saber tus razones. Quiero saber si estás bien o no. ¿Qué fue exactamente lo que ocurrió?
Yuri se notó más presionado por las palabras tan directas de Otabek, el kazajo sin dudas siempre iba sin rodeos que normalmente eso lo desestabilizaba, pero esta vez no queriendo prorrogar el asunto, se apresuró en hablar.
—¿Leo no te dijo nada? —preguntó extrañado, pues pensaba que Leo ya le había contado todo a Otabek.
—No me explicó todo realmente… sonaba un poco culpable. Dijo que por su culpa tú te habías espantado y por su error te alejaste. ¿Qué fue lo que pasó? ¿Qué hizo Leo, Yura?
Con saber eso ya era demasiado. Leo se estaba arrojando la culpa cuando no debería hacerlo, el único faltante en toda la historia era Yuri y por culpa de su poca inteligencia para tratar con otros estaba provocando que Leo se creyera el malo de la película cuando él no hizo nada.
—Huh… Leo no tuvo la culpa de nada —miró a su amigo tras los mechones de cabello que volvían a caer en su rostro—. Fui yo el que dijo algo horrible lastimándolos a ellos.
—¿A ellos? —repitió el kazajo notablemente sorprendido.
—Sí… a él y a su… a su novio.
—Yura… ¿Qué le dijiste? —Otabek pareció decepcionado, cosa que hizo dolerle su corazón.
—Les dije algo muy pesado… —se acomodó mejor en la cama moviendo un poco su computador, pero rápidamente lo volvió a acomodar—. Dije… "asqueroso" o algo así fue —confesó no teniendo muy claro ese recuerdo por lo nervioso que se encontraba.
Miró tímidamente a Otabek el cual se llevó una mano a su cuello para mover la cabeza y así aflojarse. Sus cejas estaban fruncidas y portaba un gesto de desconcierto dibujado en su rostro. Yuri pensando que se había enojado prosiguió para explicarle todo.
—Ese día al salir del club los vi besarse… huh, no lo pensé ya que estaba algo impactado por eso y… solo, solo lo dije y me fui dejando a Leo atrás junto a su novio, no debí haber dicho eso pero… no pude evitarlo —reveló, cubriéndose su rostro por la culpa que lo carcomía.
—Y desde ahí no le has hablado más, ¿Verdad?
Asintió bajando la mirada apenado por su actuar. Miró a Otabek fugazmente preparándose para lo que fuera a decirle ya que se veía de verdad enojado. Sin embargo Otabek persistió callado unos segundos regalándole algo de aire a Yuri, el cual sentía que se ahogaba.
—Yura… Me habías dicho que no te parecía mal que Leo fuera gay y…
—¡Sí, y sigo pesando así! No me molesta que él sea así… —bajó su voz en las últimas palabras.
—¿Entonces cuál es exactamente el problema? Si no te molesta aquello, no debiste decir eso… —Otabek pareció dudar unos segundos—. Yura, ¿Hay algo más o no? ¿Algo que te esté molestando para llegar a actuar así? ¿Algo que hizo que también dejaras de hablarme?
Se mordió el labio asustado. No quería llegar a esa parte de la conversación, no quería confesarle que era por su estúpido sentir y confusiones que se había alejado de todo. No deseaba admitirle que estaba confundido por él, no ambicionaba arruinar lo que habían forjado, su linda amistad. Definitivamente no quería que eso se echara a perder.
—Sí, hay un motivo —confesó apretando su mandíbula al terminar.
—¿Cuál?
—No… A ti no puedo decirte eso —dijo sonrojado, desviando la mirada a sus manos sobre sus piernas.
—¿Por qué? Quiero ayudarte.
—Lo sé… pero, no a ti, no… no puedo —recalcó con apocamiento sintiendo su corazón golpearle fuertemente el pecho.
No quería que Otabek siguiera con sus preguntas o definitivamente se iba a quebrar, no podía contra él, además odiaba mentirle, le dolía, le estaba doliendo ver su expresión confundida.
—Está bien, lo respeto… Sé que aún no me tienes la confianza suficiente, pero debes saber que no tienes que enfrentar todo tú solo, apóyate en alguien; sea lo que sea.
—¡¿Qué?! ¡No es eso! Sí te tengo confianza… eres en quien más confío, pe-pero… Beka lo siento, no puedo, no puedo decirte esto —acalló tenido la garganta apretada, sentía que su corazón se había pasado a su cabeza y que el aire le pesaba por los nervios. Ver a Otabek entristecido por negarse a contar su motivo lo lastimaba.
—Está bien, Yura.
—¿No estás enojado, verdad? —preguntó angustiado.
Otabek negó con la cabeza para sonreír suavemente.
—No, Yura, no podría enojarme contigo.
Ante esas palabras tan suaves, parecidas a una suave y liviana pluma, Yuri pudo sonreír un poco después de días. Ahora se daba cuenta de cuanta falta le había hecho Otabek, escucharlo siempre era tranquilizador para su ser. Estaba tan arrepentido de haberlo ignorado días por culpa de sus miedos.
—Lo siento por haberte evadido… por hacerte preocupar, debes pensar que soy un idiota inmaduro…
—No te preocupes, ya estás aquí —dijo Otabek, enrojeciendo de forma inmediata a Yuri—, pero debes prometerme no desaparecer nuevamente. Estuve realmente preocupado por ti.
—Ya… —desvió la mirada a otro lado demasiado avergonzado. Quería meterse bajo las mantas por todo lo que le provocaba Otabek—. No lo haré más… —dijo con un puchero, inflando sus mejillas.
—Eso me parece muy bien.
Sonrieron unos segundos algo cómplices por su conversación, hasta que Otabek volvió a tocar un tema que tenía desequilibrado a Yuri.
—Yura... Debes hacerlo —señaló Otabek, volviendo a poner su semblante serio.
Al saber a qué se refería su amigo permaneció mudo tratando de contener la frustración junto a la tristeza que se albergaban fuertemente en su pecho, estas sensaciones las sentía como si fueran espinas filudas... Espinas muy dolorosas que lo lastimaban más con el pasar de los segundos.
—Yuri —lo llamó por su nombre ganándose por completo la atención del nombrado—. Debes pedirles disculpas a Leo, él no se merece ese trato tuyo.
—Sí, lo sé… pero es tan difícil pedir disculpas cuando te has equivocado tan feo.
—Es verdad, sin embargo… Enfrenta tus problemas, Yura. No sirve de nada aplazarlos o ignorarlos, debes hacerte cargo de tus cosas y de lo que ocasionas.
Suspiró más relajado al escucharlo, Otabek sonaba tan adulto… bueno, después de todo él era un adulto mientras que él, aunque no le gustara que se lo dijeran seguía siendo un niño inmaduro que no era capaz de arreglar las mierdas que se manda. Cerró sus ojos asintiendo. Debía comenzar a cambiar o terminaría por perder todo lo que tenía… y sinceramente él ya no quería perder a nadie más en la vida.
—¿Crees que Leo me perdone?
—Ve y averígualo —Otabek le guiñó un ojo a la vez que le regalaba una sonrisa tierna que marcaba su hoyuelo.
Yuri entendiendo que Otabek no le diría más respecto a eso solo se echó un poco para atrás dibujando una sonrisa sutil en sus labios.
—Sí quieres te doy su dirección para que lo vayas a visitar mañana —Otabek tomó móvil con su mano derecha para vagar un poco en él. Yuri viendo atentamente por la cámara del computador de Otabek se percató de que su amigo estaba escribiendo algo en su celular.
No alcanzó a preguntar qué cosa escribía ya que a los segundos le llegó un mensaje de Otabek donde le indicaba la dirección de Leo de la Iglesia junto al número de su piso.
—Ve a disculparte lo antes posible, y si puedes contarle a él lo que te aqueja hazlo, te sentirás mejor si hablas tus problemas con alguien de confianza.
—Está bien… lo iré a ver —aseguró Yuri remojándose sus labios secos.
—Ahora debo dejarte, trabajo en una hora… No te desaparezcas de nuevo o te iré a buscar hasta tu casa —dijo Otabek con una pequeña sonrisa, sin embargo sus palabras sonaban a una amenaza silenciosa, pues no había atisbo de broma a pesar de que Yuri lo buscó por unos segundos.
—Que te vaya bien —dijo un poco entristecido por tener que cortar tan pronto la llamada—. Davai.
—Davai, Yura —Otabek le obsequió una última sonrisa para luego cortar la llamada.
En eso Yuri bajó la pantalla de su computadora portátil y se levantó se la cama empequeñecido. Otabek le había quitado en una conversación muchas inseguridades y dudas y a la vez le había otorgado otras, pues su sentir para él no había cambiado nada y eso lo dejaba más confundido, sin embargo ya no quería pensar más en ello por el momento.
Salió de la habitación y bajó las escaleras para encontrase con su abuelo viendo la televisión sentado en el sofá junto a un durmiente Potya. Yuri sintiéndose muy solitario y vulnerable caminó hasta el sofá para terminar sentado al lado de Nikolai el cual lo miró de inmediato.
—Yuratchka, ¿Ya hablaste con Otabek? —habló el mayor centrándose por completo en su nieto.
—Sí… —Yuri tomó a Potya en sus brazos y así quedó sentado al lado de su pariente por completo—. Abuelito… ¿Me puedes abrazar? —preguntó como cuando tenía 6 años y sentía miedo.
Nikolai le sonrió de manera enternecida para elevar su brazo izquierdo invitándolo a acercarse.
—Cada vez que quieras, pequeño Pirozhki —Yuri se apoyó su cabeza en el hombro de su abuelo dejando que este lo mimara como solo él sabía hacerlo—. Este viejo ya extrañaba un abrazo de su amado nieto.
Yuri sonrió acercando más a Potya a su cuerpo y así los dos se quedaron viendo la televisión que sintonizaba una película de época, la cual aburrió de inmediato a Yuri pero no se quejó al estar tan bien acurrucado con su abuelo, que a los minutos cerró los ojos sintiéndose por fin en una grandeza de paz.
Justo como se lo había prometido a Otabek, Yuri fue temprano por la mañana del día siguiente al piso de Leo para dar las disculpas necesarias.
Más nervioso que cuando estuvo a punto de actuar en una obra de teatro en la primaria, Yuri tocó el timbre del departamento de Leo. Sus manos temblaban junto a su corazón, sin embargo mantuvo su postura erguida como un robot y no escapó de ahí. A los segundos escuchó una voz conocida desde adentro que decía "Ya voy" y eso lo puso más ansioso. Debía hacer las cosas bien para poder terminar con todo lo más rápido posible.
Después de un largo minuto la puerta se abrió dejando ver a Leo de la Iglesia con su cabello desordenado y con una expresión de absoluta sorpresa en el rostro. Estaba vestido con un pantalón de pijama junto a una bata roja. Yuri pensó que quizás había ido demasiado temprano a verlo.
—Yuri —pronunció el moreno, absolutamente boquiabierto.
—Hola… huh —Yuri cambio su peso a uno de sus pies y comenzó a mover sus labios sin saber cómo comenzar.
—Que sorpresa… no te esperaba por aquí —dijo Leo abriendo más la puerta—, pero pasa, por favor. Te serviré un té.
Yuri quiso negarse a entrar, sin embargo no lo hizo ya que definitivamente estarían más cómodos adentro conversando que en el pasillo del edificio. Entró con un poco de timidez y se quitó su abrigo cubierto de nieve para que Leo lo colgara en el perchero de la puerta.
—Ven, pasa —Leo se le adelantó y Yuri lo siguió hasta el living del lugar.
Apreció que no se trataba de un departamento tan grande, era cómodo para una o dos personas, pero sin embargo se notaba un aura de felicidad y comodidad en el sitio. Había varios cuadros de paisajes y arte abstracto que Yuri no logró comprender a pesar de cuanto los mirara, también existían fotografías de Leo acompañado de Guang donde se mostraban muy felices en varios lugares.
Tomó asiento en un sofá individual de color verde y quedó viendo a Leo frente a él, el cual parecía todavía asombrado por su visita, al parecer Otabek no le había avisado nada a Leo.
—¿Quieres un té? Debes tener frío —preguntó Leo caminando a la derecha donde podría estar la cocina.
—N-No, estoy bien así —dijo Yuri parando los pasos de Leo. La verdad tenía frío, pero no deseaba alargar más su inesperada visita. No quería incomodar más al moreno.
—Bien… Hace días que no sé nada de ti. Estaba preocupado —Leo se sentó frente a él en el otro sofá por lo que quedaron a escasos metros de distancia.
—Sí… —no supo que más decir por lo que se regañó. Debía disculparse ya, sin embargo le era demasiado difícil.
—Sobre lo que paso… lo que viste —Leo pareció incomodo ya que se llevó una mano a su mejilla para rascársela y desviaba los ojos otro lado con las cejas arqueadas—. Lo siento por eso, te incomodamos mucho… no debí haber besa… —no logró terminar a que Yuri se apresuró interrumpiéndolo.
—¡No es tu culpa! No te disculpes, maldición —soltó levantándose al no aguantar más la culpa.
—Pero, Yuri, yo…
—No digas más, demonios… soy yo el que te pide disculpas por lo que te grité… —se sonrojó al instante por la incomodidad y la vergüenza, aun así prosiguió—. Lo que te dije no lo pensé… no lo pienso, ya te dije que no soy esa clase de personas que discrimina a otros por sus gustos —habló tan rápido que el aire se le fue de sus pulmones.
Leo se levantó para quedar frente a él, al parecer quería decir algo pero Yuri volvió a cortarlo.
—De verdad lo siento, yo no te encuentro… asqueroso, ni nada de eso, solo dije eso… dije aquello ya que había entrado en pánico —empuñó sus manos bajando la mirada.
—Yuri…
—Discúlpame, no quería lastímate a ti ni a tu novio… estaba tan aterrado en ese instante que mi boca habló sola —sintió la presión en su pecho y como quemaba su garganta, ya no podía seguir aguantando todo solo.
—Yuri, no es necesario que te disculpes, nosotros… — Nuevamente Leo no acabó por la voz de Yuri.
—Creo que me está gustando Otabek —confesó Yuri teniendo sus ojos humedecidos—. Fue por eso que te dije eso de forma tan desagradable, ya que me lo estaba diciendo a mí mismo.
—Yuri —Leo lo tomó de los hombros al ver que el ruso temblaba de pies a cabeza.
—Creo que me está gustando él… y no sé qué hacer con esto ya que no está bien.
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¡Hola, mininos!
Al fin un nuevo cap, espero les haya gustado.
Debo decir algo antes de irme, o mejor dicho recordarles un punto.
Esta historia, como ya lo dije antes, ira lenta, sin prisas en nada ya que deseo pulir a cada personaje de aquí, por lo que todos sus hechos irán acorde a ello. Sé que no a muchos les gusta esto ya que están acostumbrados a historias más rápidas, donde los personajes se conocen y se enamoran de inmediato, y lo entiendo, entiendo que se pueden aburrir aquí o perder el interés ya que las cosas avanzan como tortugas, pero debo decirles que yo estoy feliz como va la historia, donde de apoco las cosas cambian y por eso no apresurare nada (aunque desde ahora las cosas avanzaran sí o sí) Dejaré que toda la magia del enamoramiento, las amistades, las dudas etc, pasen a su tiempo, por eso les recuerdo este punto, ya que sé que no a todos les gusta el avance del fic.
Un besito a todos y como siempre gracias por su compañía.
Bye!
