¡Hola de nuevo!

Estuve ocupada con algunas cosas de mi tesis de la universidad, pero ahora que la he enviado a mi profesor corrector he tenido tiempo para seguir escribiendo/editando los capítulos posteriores a este :)

Kikyo ha vuelto a aparecer en el momento mas inoportuno que pudo haber encontrado :(, imagino que han estado esperando por la actualización con ansias así que aquí está uwu.

Muchas gracias por sus nuevos reviews a InuKag22, Honna-chan, Aida Koizumi y alegriamedrano, una nueva lectora :3, me hace muy feliz leerlas impactadas, felices, ansiosas jsdnfsj créanme que cuando vuelvo a releer lo que he escrito me pasa lo mismo.

También muchas gracias a los nuevos seguidores de estos últimos días!


'

Capítulo 21 .- Ley de Murphy, parte II

(perspectiva de Kagome)

Tardé más de lo que esperaba en encontrar a Sango, la mezcla de aromas en el lugar no ayudaba a mi olfato a encontrar el suyo en específico. Cuando al fin llegué a su lado ella seguía tomando shots con Miroku en la barra.

– Hola, de que me perdí. – exclamé mientras me sentaba junto a ellos.

– Miroku me ha apostado doce shots a que tu e Inuyasha estaban cogiendo en el baño, yo le digo que probablemente tuviste problemas con tu vestido ¿no?

– ¿Tengo razón? – preguntó Miroku.

– Sango… bebe esos doce shots – Las risas y aplausos de Miroku no se hicieron esperar mientras Sango me miraba sorprendida.

– ¡Kag, tenías que mentir para salvarme! – me miró con angustia fingida.

– Lo siento, no soy buena mintiendo - respondí abrazándola, ella se rió y luego tomó los shots con rapidez. Uno a uno los vasitos fueron quedando vacíos sobre la mesa – ¡LISTO!, ahora si Miroku, creo que yo si podría tener problemas con mi vestido – exclamó coqueta.

Nos reímos a coro. De un momento a otro, cuando me giré a mirar a Miroku esperando una respuesta libidinosa a la insinuación de su novia, ya no tenía la cara sonriente de hace un rato, se veía tenso y expectante mirando en una dirección que no pude descifrar.

– ¿Pasa algo? – pregunté con genuina preocupación, su cara parecía haber visto un fantasma. No obtuve respuesta.

– MIROKU – gritó Sango mientras le daba un golpecito en el hombro – Dios, o estás muy ebrio o que mierda.

– ¿Ah?, si …Puede que el alcohol me subiera un poco a la cabeza. – Nos miró y sonrió – Necesito ir al baño a mojarme un poco.

– ¿Quieres que te acompañe mi amor? – Preguntó una Sango coqueta.

– No cariño, prefiero esperar a llegar a la casa. – la besó en los labios y se movió a una velocidad demasiado exagerada como para sólo necesitar refrescarse… quizás realmente se sentía mal.

– ¿Seguimos tomando nosotras? No necesitamos hombres para pasarlo bien Kag. – extendió un shot hacia mí.

– Seguimos. – Sonreí y golpeamos los pequeños vasitos con delicadeza. No pude distraerme lo suficiente, tenía un mal presentimiento que no pude dejar pasar.


'

(Perspectiva de Inuyasha)

– ¿Qué mierda estás haciendo aquí? – Pregunté furioso. Pude sentir mi cuerpo temblar y mi sangre hervir en desesperación. Los gruñidos en mi garganta no se hicieron esperar.

– Pensé que habría olvidado a estas alturas tus hermosos ojos dorados, pero incluso en este pasillo oscuro los veo relucir y evoca recuerdos en mi. – exclamó.

– Te hice una pregunta, limítate a contestarla.

– He vuelto, quería verte, esa es la única razón. – exclamó, restándole importancia.

– ¿Cómo lograste entrar?

– No es tan difícil controlar las mentes de unos guardias humanos a cargo de las listas de invitados. – se acercó peligrosamente a mí y tocó mi brazo – Después de todo soy una youkai ¿recuerdas?

El toque de su mano me quemó y mi cuerpo reaccionó alejándose de golpe.

– El que estés aquí es un peligro inminente de que arruines la velada, vete, ahora. - ordené; si Kagome la veía aquí habría graves problemas.

– Pero Inu, ¿acaso no estas feliz de verme después de todo este tiempo?

– No realmente, te recuerdo que tú te fuiste y desapareciste de la faz de la tierra. Te busqué y te amé aún sin tenerte durante un año completo. Ahora ya no te quiero aquí, estoy bien con mi vida tal y como está.

– Si eso he podido notar, una tal Kagome se ha robado tu atención por lo que pude escuchar en tu discurso. – eso me impresionó, no había notado su olor hasta ahora – Es gracioso sabes, estuve a pocos metros de ti y no pudiste darte cuenta de mi presencia, pensé que habías olvidado mi aroma, pero te he notado tenso hace un rato así que no es ese el caso, supongo que había demasiada gente con perfume a tu alrededor como para que tus sentidos me encontraran o estabas demasiado distraído con tu novia alrededor.

– Kikyo… Necesito que te vayas ahora, no quiero hacerte daño y ambos sabemos que si de fuerza se trata yo gano. Eres demasiado nueva en comparación a mí. – Ninguna célula de mi cuerpo quería realmente dañarla, pero intentaba sonar convincente para alejarla de mi lo antes posible.

– Por supuesto que recuerdo tu fuerza cariño, me volvía loca en ese entonces. – susurró y se acercó a mi apoyando sus manos sobre mi pecho – Es lindo volver a escuchar los latidos de tu corazón bajo mis manos, puede que esa nueva chica tenga tu atención, pero nunca tendrá esto. – hizo alusión a mi corazón mientras daba pequeños golpecitos sobre mi pecho y me sonreía. – Incluso he podido notar que tus latidos han cambiado conmigo cerca.

– Tú… no tienes idea de lo que estás hablando… – de pronto su toque ya no me molestó… Sentir su aroma tan cerca trajo todos los recuerdos de nuestra relación a mi mente, o al menos los buenos.

– ¿Por qué no dejas esa falsa molestia Inu?, podemos conversar de todo lo que quieras, te daré todas las explicaciones que necesites, pero necesitas venir conmigo. – exclamó cerca de mis labios y su aliento me chocó. Sentí la curiosidad y el anhelo de respuestas en mi cuerpo. Podía obtener las respuestas de por qué se había ido sin dejar rastro, por qué me había utilizado, por qué había dejado de quererme mi querida Kikyo. Me sentí bajo un hechizo y ya no quise salir de ahí.

Justo cuando sus labios estaban por posarse en los míos un grito ronco me sacó del ensueño.

– ¡INUYASHA! – Miroku apareció de la nada gritando enojado, pocas veces lo había oído así. – ¿Se puede saber que mierda estás haciendo? ¿y qué hace Kikyo aquí?

– Hola Miroku, sigues tan inoportuno como te recuerdo. – exclamó Kikyo aún con sus manos en mi pecho – Pero de todas formas siempre es un agrado verte. – sonrió.

– Ojalá pudiera decir lo mismo. – respondió él y luego me miró para hablar – Kagome te está esperando con Sango y tienes suerte de que su olfato no conozca el aroma de tu ex, pero te juro que si no te alejas de esta arpía yo mismo la traeré aquí.

– Wow, puedo sentir tu cariño – exclamó Kikyo – Inuyasha, sabes que necesitas respuestas y yo puedo dártelas, no nos tomará más de un rato salir de aquí y luego puedes volver a tu apartamento feliz con Kagome y tu amiguito Miroku.

– Necesito respuestas Miroku. – exclamé con mi semblante serio. Sabía que Kagome estaba esperando, pero necesitaba cerrar un ciclo. Mi mente intentaba convencerse de que ella lo entendería.

– No necesitas respuestas amigo, esta mujer te dejó hace tres años, desapareció de tu vida sin dar ninguna explicación, ¿de verdad la dejarás dártelas ahora?, ¿no crees que es demasiado tarde? Toma la decisión correcta y ven a casa con Sango, Kagome y yo.

– Tengo que cerrar un ciclo y esta es la única manera. – exclamé seguro y Miroku posó una de sus manos en su frente, hastiado.

– Agh, jodido imbécil, puedes escucharte por un segundo y darte cuenta de las estupideces que estás diciendo. He intentado detenerte en cada uno de tus errores y sigues sin escucharme.

– Inuyasha es un adulto… de 800 años – interrumpió Kikyo – Creo que puede tomar sus propias decisiones.

– Eso mismo creía yo. – respondió Miroku sarcástico y volvió a mirarme – Ven conmigo o te juro que traeré a Kagome aquí, no me importa una mierda Inuyasha, te lo advierto.

– ¿Eres mi amigo o de Kagome? – pregunté, ya aburrido de sus amenazas.

– ¿Ahora? De ambos en realidad, tú mismo te has encargado de que yo y mi novia generemos lazos con ella, independiente de eso jamás voy a cubrirte en una decisión que te llevará a hundirte en la miseria de nuevo, eso es lo que hace un mejor amigo… así que, tú decides.

– Me quedo.

– Bien, voy por Kagome ahora. – Miroku se giró sólo para observar al final del pasillo una silueta femenina caminar en dirección a nosotros.

– No necesitas ir por mi si ya estoy aquí. – exclamó Kagome y pude notar su paso femenino pero seguro acercarse cada vez más – De todas formas, agradezco tus intenciones de avisarme, debo decir que eres bastante malo ocultando tu preocupación, pude notar que algo andaba mal desde que saliste disparado en dirección al baño. Curioso es que justo fuera el baño donde había dejado a Inuyasha, quien sigue aquí y con una acompañante, por cierto. – sonrió sarcástica.

Sólo en ese instante noté que las cálidas manos de Kikyo seguían en mi pecho y me alejé.

– Kagome, espera, estás sacando todo de contexto. – las palabras se me enredaron en la lengua intentando explicar.

– Hmm, creo que no he sacado nada de contexto amor. – me miró y se giró hacia Kikyo – Y viendo ahora de cerca la silueta, cabello y cara de esta mujer puedo asegurar que eres Kikyo – sonrió y un escalofrío me recorrió la espalda. Aun en toda la oscuridad pude notar que sus ojos ya no eran chocolates, si no un tono más anaranjado. – Inuyasha ha dicho en una oportunidad que somos bastante similares… ahora veo a lo que se refiere.

– ¿Inuyasha ha hablado de mí? – preguntó Kikyo con curiosidad – Eso me ha tomado por sorpresa. – Esa simple frase confirmó su nombre a Kagome.

– Quiero que te alejes de Inuyasha… ahora. – una voz más grave de lo habitual para la chica que amaba recitó las palabras con odio. Kagome estaba perdiendo los estribos.

– Gatita, tu problema no es con ella, es conmigo. – Intenté calmarla en vano. Kagome no me escuchó.

– Kag… intenta controlar tu enojo, eres nueva con esos sentimientos exacerbados, piensa en… - La frase de Miroku fue interrumpida.

– ¡CÁLLATE!, tú mismo ibas a traerme aquí en primer lugar, ¿es que acaso no pensaste en eso antes? y Tú... ya me escuchaste– Kagome ni siquiera me miró a mí, sólo tenía ojos inyectados en rabia para Kikyo.

– Él podría haberse movido hace minutos. – exclamó Kikyo restándole importancia. – Además, yo lo tuve antes que tú, no puedes exigirme nada.

Luego de eso todo fue un borrón, pude distinguir los ojos de Kagome pasar de anaranjado a rojo brillante y supe que atacaría, me moví en reacción para agarrar su brazo, pero me esquivó con facilidad mientras se abalanzaba y tomaba a Kikyo por el pelo tirándola hacia atrás. Mi ex no lo había visto venir y realmente creí que gatita le había demostrado su superioridad hasta que Kikyo giró en el agarre y estiró sus manos envolviéndolas alrededor del cuello de Kagome. Las garras perforaron su piel y yo no supe reaccionar a tiempo.

– Vaya, sí que me has tomado por sorpresa, no pensé que te atreverías, te ves más mojigata de lo que eres en realidad, te felicito. – Kikyo sonrió y no soltó su agarre.

Pude distinguir en su dedo anular derecho un anillo con una pequeña punta afilada y en un movimiento rápido hizo un corte sobre el cuello de Kag, quien gritó por el dolor. Asumí que era de plata y mi cuerpo se preparó para atacar a Kikyo.

– Si te mueves puedo rasgar esta garganta muy fácil Inuyasha, ambos sabemos que un corte profundo en yugular no alcanza a cerrar a tiempo incluso con su sangre demoníaca, dudo que tu rapidez sea suficiente. La advertencia va para ti también Miroku… miren, incluso puedo girar su cuello… – hizo un movimiento para demostrar su punto y Kagome emitió un grito ahogado. Pude notar sus ojos perder el rojo que había hace un rato.

– ¡BASTA NO! No le hagas nada… por favor Kikyo, puedo ir contigo y puedes hacer conmigo lo que te plazca, sólo no le hagas daño.

– ¿Vienes conmigo entonces? – preguntó Kikyo sin girarse.

– N-no… – Kagome utilizó su último aliento para decir ese monosílabo y yo no pude hacer nada más que mirarla con desesperación mientras intentaba que leyera las palabras en mis ojos. Lo siento pensé.

– Le he preguntado a él, no a ti. – exclamó Kikyo mientras aumentaba la presión en la garganta de Kagome.

– Si si si, iré contigo, pero suéltala ahora. – mi voz sonaba desesperada y un poco quebrada. No sabía si era por la rabia o el pánico de perder a Kagome.

Kikyo la soltó y pude notar como lentamente las marcas rojas de su cuello desaparecían y las heridas de las garras de Kikyo cerraban. Sin embargo, como me temía, el corte hecho con el anillo permaneció abierto. Alcancé a tomarla antes de que cayera al suelo y en un movimiento rápido mordí mi muñeca y la hice beber mi sangre intentando acelerar el cierre de la herida. Cuando volví a mirar su cuello el corte seguía ahí, pero al menos ya no sangraba… tanto.

Vi a Miroku de soslayo acercarse a Kikyo.

– No lo hagas, no sacamos nada. – musité y él paró en su movimiento – Lo siento tanto gatita, no deberías estar involucrada en esto, prometo que iré y volveré a por ti, puedes esperarme en el apartamento, juro que estaré contigo en unas horas. – La besé en su frente mientras tomaba su rostro entre mis manos.

– ¿Te das cuenta de lo que me estás pidiendo? – Kagome me miró incrédula mientras pequeñas lagrimas se acumulaban en sus ojos – Ven conmigo, ella no puede hacerme daño si estás conmigo.

– Estoy seguro de que si no voy con ella seguirá atormentándonos y necesito cerrar ciclos gatita, necesito que confíes en mí.

– Confío en ti, no confío en ella.

– Chica lista – exclamó Kikyo, yo la ignoré.

– Espera por mi... por favor – Supliqué mientras intentaba mantener mi voz serena.

Kagome me miró y pude notar cuando su mirada cálida y cercana cambió a una fría y distante, idéntica a la de Kikyo. Me estremecí por ello. Sacó mis manos de su rostro con delicadeza, se puso de pie con esfuerzo y caminó para salir del pasillo. Los tacones resonaron en mis oídos.

– Estaré antes del amanecer en el apartamento – exclamé – Lo juro. – Se giró para mirarme y sólo pude distinguir desprecio.

– Inuyasha... Si esperas que de verdad me lleve a mí misma a esperar sentada en tu habitación sin dormir a que aparezcas por la puerta luego de irte con ella, con la mujer que te traicionó… creo que no me has conocido lo suficiente. No te molestes en volver, no estaré ahí. – siguió caminando. Miroku la vio alejarse y me miró de vuelta.

– Estas cometiendo el peor de los errores Inuyasha, espero puedas darte cuenta de ello a tiempo. – y salió por el pasillo tras Kag.

Tuve el impulso de seguirla y Kikyo me detuvo con su mano en mi pecho.

– Ew, que dramáticos… entonces, ¿nos vamos?


'

(Perspectiva de Kagome)

Sentí la rabia acumularse dentro de mi mientras las lágrimas me nublaban la vista. Caminé a paso rápido para alejarme lo antes posible mientras ponía mi mano derecha sobre mi cuello, la herida dolía como si me hubieran echado ácido sobre ella. Un brazo me agarró en mi escape.

– Kagome, espera.

– Suéltame – exclamé mientras peleaba contra el agarre de Miroku. Mis pequeños golpes contra un youkai de 650 años no tenían efecto por más demoníacos que fueran, sólo me agarró en un abrazo y yo colapsé en llanto en su pecho. Pude sentir una de sus manos acariciarme el cabello, intentando calmarme mientras mis sollozos no cesaban.

– Kag… sé que estás molesta y lo comprendo completamente, motivos te sobran, pero vuelve a casa con Sango y yo, estás herida y así de alterada no puedo dejarte ir sola… Inuyasha estará siendo un idiota, pero estoy seguro de que me colgará si algo te pasa. Y yo tampoco quiero que te pase nada, eres mi amiga después de todo.

– No puedo volver allí, independiente de que lo ame, ¿te das cuenta de lo que acaba de pasar? ¿Crees que Inuyasha lo tomaría tan bien si fuera yo quien se fuera con Hojo, luego de que intentaran matarlo? ¿te irías con la persona que intenta matar a la persona que amas?

– Lo dudo… Pero de seguro tendrá una gran explicación cuando vuelva, Inuyasha tiene razón, Kikyo es peligrosa cuando quiere algo y no lo obtiene. Al menos permíteme a mí y a Sango llevarte al lugar que estimes conveniente.

– Correrás a decirle donde estoy apenas me distraiga un poco. – exclamé. Era obvio, Miroku podía ser mi amigo, pero la amistad eterna con Inuyasha siempre sería más fuerte.

– Yo puedo llevarte – exclamó Sesshomaru apareciendo de imprevisto tras nosotros – Rin y yo nos hemos hastiado del lugar, así que nos vamos, podemos llevarte. – me miró entre los brazos de Miroku y el parecido con su hermano provocó una puntada en mi corazón.

Me liberé del abrazo y me giré hacia Sesshomaru.

– ¿Me llevarás a donde yo te pida? – asintió - ¿No le dirás a Inuyasha donde estoy?

– Tienes mi palabra. Sé que puede no ser muy valiosa para ti, pero en general los Taisho no rompemos promesas. Excepto por mi hermano al parecer.

Mis labios se curvaron en una sonrisa triste… que irónica era la vida como para poner frente a mí al hermano del chico que acababa de romperme el corazón para ayudarme. Asentí, miré a Miroku por última vez y caminé junto a Sesshomaru en dirección a la salida. Pasamos por el pasillo de los baños, forcé mi mirada para ver si Inuyasha seguía ahí, pero no había rastro de su presencia.


'

Al llegar al auto Rin estaba esperando de pie a un lado, cubierta por el abrigo negro de su esposo. Cuando me vió a lo lejos me miró extrañada, al notar de cerca mis marcas de llanto en el rostro no preguntó nada y me abrió la puerta trasera del auto sonriéndome. No evocó palabra, pero pude sentir su apoyo.

Sesshomaru subió al puesto del volante y sin mirarme me preguntó hacia donde nos dirigíamos.

– No lo sé. – exclamé mientras escondía mi rostro entre mis manos, Dios… parezco una tonta, pensé.

Sesshomaru arrancó el auto serio y a mitad de camino volvió a hablar.

– Esto es lo que haremos… vendrás a nuestra casa con nosotros, puedes limpiar tu herida, tomar un té y comer algo. Rin puede buscar algo de ropa cómoda para ti, no creo que puedas moverte con facilidad en ese vestido… Luego de eso eres libre de hacer lo que quieras, incluso puedes quedarte con nosotros, aunque no te lo recomiendo, probablemente será el primer lugar que Miroku indicará a mi hermano para buscarte. – asentí y el me vio por el espejo retrovisor.

– Muchas gracias. – musité mirando a mis piernas, me sentía completamente avergonzada. Sesshomaru no respondió. Me sorprendió que ambos hermanos fueran tan distintos en personalidad.


'

Al llegar a destino pude notar que no era una casa simple, si no una mansión. Se detuvo justo frente a la entrada para dejarnos bajar a mí y a Rin y él siguió en el auto para guardarlo en lo que supuse era el estacionamiento. Rin me tomó de la mano y me guió dentro de la casa, lo primero que hizo fue llevarme a la habitación que ella y Sesshomaru compartían y vi su pequeño cuerpo adentrarse en un closet que era como una habitación pequeña dentro de la principal. Salió con una camiseta blanca ajustada, unos jeans y un sweater cerrado y los puso sobre la cama.

– Creo que somos de la misma talla, así que debería quedarte bien. – exclamó. Esa fue la primera vez que escuché su voz y era tan dulce como su rostro – Puedes probarte todo en el baño que está tras esa puerta de ahí.

– Muchas gracias Rin, por todo.

– No hay de qué, si no nos apoyamos entre mujeres todo está perdido. – me sonrió – Ten, estas zapatillas son cómodas también.

Tomé las prendas de ropa y entré al baño dejando la puerta entreabierta. Me miré en el espejo que abarcaba casi una pared completa y me dí cuenta de lo desastrosa que lucía. Noté también que el collar que Inuyasha me había regalado ya no estaba, de seguro se había cortado con el fuerte agarre de Kikyo. Al menos la pulsera seguía en mi muñeca.

Al mirar mi marca youkai noté que ya no era violeta, si no rojiza. Al tocarla sentí como si las terminaciones nerviosas estuvieran expuestas y mil pinchazos dolorosos me recorrieron el cuerpo. Grité en agonía y perdí el equilibrio por el repentino mareo que el dolor provocó en mi. Rin abrió la puerta con rápida reacción y me vio abrazando mis propias piernas a mi cuerpo en un rincón.

– Mi marca, duele mucho cuando la toco, ¿Por qué? Haz que el dolor se vaya, por favor. – exclamé mirándola con mi voz quebrada. Se agachó con preocupación a mi lado y miró con detenimiento el lugar, cuando intentó tocarla el sólo roce de sus dedos trajeron de vuelta nuevos pinchazos. Se sentían como puñaladas. Sin embargo, aguanté el grito y las lágrimas corrieron por mis mejillas.

– cámbiate de ropa y traeré a Sesshomaru aquí para que la vea ¿sí?, puede que él tenga más respuestas que yo. – exclamó y yo asentí.

Me vestí lo más rápido que pude con la ropa de Rin y caminé de vuelta al cuarto para sentarme en la orilla de la cama. Unos minutos después ella volvió con Sesshomaru de su lado. Ella se sentó junto a mi, él permaneció de pie.

– Rin me ha pedido que revise tu marca, ¿puedo?

Tomé mi cabello y lo moví hacia el lado contrario, dejando al descubierto la zona. Ahí estaba mi nívea piel, interrumpida por una marca que había cambiado de color y parecía estar abierta.

– Supongo que tu marca era violeta antes de esta noche. – exclamó sin tocarla.

– Si, me ha llamado la atención porque ahora se ve rojiza y duele como si mis músculos estuvieran al descubierto.

– La marca seguirá doliendo, mientras Inuyasha siga traicionando su lazo.

– No entiendo. – De todas formas sonaba a malas noticias.

– Esa marca simboliza tu unión con él en cuerpo y alma, es un lazo irrompible, que está conformado por confianza, fidelidad y amor. Inuyasha se ha ido con Kikyo, lo he visto salir del salón de eventos con una mujer idéntica a ti, asumo que esa debe ser la causa de tu angustia.

– ¿sabes de Kikyo?

– Lo mismo que saben mis padres, pero dudo que Inuyasha se fuera con cualquier tipa dejándote abandonada ahí sola, en el medio de su propio evento… tenía que ser alguien lo suficientemente importante como para convencerlo de ir.

– Ya veo… – musité triste, al parecer Kikyo era más importante que yo – ¿No hay forma de parar el dolor de mi marca?

– No, se supone que el lazo es eterno, la misma marca intenta volver a juntarlos por medio del dolor. Incluso si te diera analgésicos necesitaríamos una dosis altísima y no la tengo. Al menos consuélate en el hecho de que a él debe estar doliéndole de la misma forma e incluso más, porque él ha sido el traidor.

– ¿Eso debería consolarme?

– Si lo odiaras si… supongo que a pesar de todo sigues amándolo y esa es buena señal. – evocó una mueca y casi pude notar una sonrisa, luego su semblante serio apareció otra vez – Entiendo que estés molesta, el sentido de pertenencia youkai es algo feroz y brutal. Si bien no tengo una relación muy cercana con mi hermano, creo poder confiar en el hecho de que realmente te ama y ha ido con Kikyo porque cree que esa era la mejor opción. De seguro tendrá una explicación prudente, aunque tú estás en libre decisión de escucharlo o no.

– Gracias a ambos, por su hospitalidad – asentí y sonreí; Rin volvió a hablar.

– Eres por esa marca parte de nuestra familia Kagome, independiente de como salgan las cosas. ¿Te quedarás aquí por esta noche?, es tarde y la verdad no sé que tan buena idea sea que te movilices a esta hora. – exclamó preocupada.

– No quiero ser una molestia más grande de lo que he sido hasta ahora.

– Serás más molestia si te vas y algo te pasa. – exclamó Sesshomaru. Su voz imponente casi me hizo sentir como una niña regañada y seguí mi impulso de asentir.

Fui llevada a un cuarto de invitados luego de tomar un té, no quise comer nada, no tenía hambre. Tomé mi celular y mandé un mensaje a Kouga, que de seguro seguía en mi casa, avisándole que no llegaría. Me recosté en la cama y me cubrí con las mantas. Miré el reloj en la pared, eran casi las 4 de la mañana. Cuando me acomodé para dormir mi marca volvió a hacerme sufrir sin siquiera tocarla y esta vez el dolor fue tan insoportable que mi garganta no emitió sonido, luego de unos segundos perdí el conocimiento.


'

(Perspectiva de Inuyasha)

Kikyo me arrastró a un cuarto de hotel que asumí estaba alquilando. Antes de salir del salón un reflejo brillante apareció en el piso, casi imperceptible cuando algo de luz entró en el pasillo. Noté que era el collar de Kagome y lo guardé en mi bolsillo, ya tendría tiempo para devolvérselo… si es que seguía hablándome después de hoy.

Sirvió dos copas de vino y se sentó a mi lado en la cama de la habitación. Me entregó la copa y yo bebí un sorbo. No pude evitar llevar mi vista a su mano y el anillo relució en ella.

– ¿Cómo es que puedes llevar ese anillo sin quemarte la piel o siquiera sentirte incómoda? – Miró su mano y la movió admirando la joya.

– Lo he comprado a un orfebre que lo hizo con mis indicaciones. Sólo la punta afilada es de plata y permanece escondida hasta que yo la saco al rozar con mis dedos – Hizo una demostración y la punta cortante que tanto daño había causado a Kag volvió a aparecer – El resto del anillo es de oro blanco.

– Entiendo… ¿puedes quitártelo?, no me siento cómodo con él cerca.

– Hmm no lo creo, de todas maneras, no es mi intención dañarte o matarte querido. Sólo es para protección personal. – exclamó mientras volvía a esconder el pequeño gancho. – Entonces Inuyasha, cuéntame como conociste a esta simpática chica llamada Kagome.

– ¿Qué te hace pensar que hablaré de ella frente a ti? – suspiré perdiendo la paciencia – Estoy aquí, vine contigo, dame las respuestas que necesito, cerramos nuestra historia como corresponde y ambos vivimos nuestra vida como lo hemos hecho hasta ahora, sin molestarnos el uno al otro ¿te parece?

– ¿Mi presencia es una molestia para ti? – preguntó triste – Y yo que tenía tantas ganas de verte.

– Seguro, y debido a eso mi relación ahora pende de un hilo cuando en verdad teníamos la eternidad para disfrutar el uno del otro.

– Nosotros también la teníamos.

– Tu abandonaste esa oportunidad cuando huiste sin dejar rastro. – exclamé sin mirarla mientras bebía otro sorbo.

– Tienes que comprenderme… tuve miedo, de un momento a otro me sentí demasiado comprometida.

– Tu carta decía algo que me hizo sentir que tenías planeado huir incluso antes de mi propuesta de matrimonio.

– Mentí, tenía que inventar algo que te hiciera odiarme para que no me buscaras.

– Y sin embargo lo hice, durante un jodido año, no hubo un día en que dejara de pensar en ti Kikyo. ¿No era mejor decirme las cosas de frente?

– Probablemente, pero no podía verte la cara mientras te rompía las ilusiones… lo siento tanto.

– ¿Para qué has vuelto?

– Para verte obviamente, pero no esperaba encontrar a una chica ocupando mi espacio, eso me ha pillado desprevenida y me ha enojado, eso ha llevado a todo el… inconveniente que tuvimos en ese pasillo, no era mi intención chantajearte, pero viste como ella tiró de mi cabello, tenía que defenderme.

– No te creo nada.

– Y sin embargo estás aquí, porque has creído que su vida estaba en peligro y con mucha razón. Huí hace tres años porque no me sentía preparada para ese paso contigo, es verdad que quería ser youkai, fantaseé mucho tiempo con la inmortalidad mientras estábamos juntos, pero nunca fue un plan que me convirtieras y luego huir. Fue la propuesta de matrimonio, eso me hizo entrar en pánico.

– Entonces por qué no me rechazaste, podríamos haber vivido juntos como youkais sin casarnos, eras libre de elegir.

– Me habrías odiado de todas formas… sólo tuve miedo de enfrentarte, no tengo otra excusa. Pero quiero que sepas que no hubo momento en que no pensara en ti durante este tiempo lejos, he extrañado tu compañía… debí haber vuelto antes, pero necesitaba juntar fortaleza y valentía… Siento haberte hecho esperar Inu, espero puedas perdonarme. – exclamó mientras intentaba acurrucarse en mi pecho. Recordé cada una de las mañanas despertando a su lado, con la calidez de su cuerpo acurrucado al mío y acaricié su cabello por la nostalgia.

– Entiendo, y te perdono, sólo de ese modo ambos podemos seguir con nuestras vidas. – musité.

– ¿Seguir?, Inu, yo he vuelto para quedarme contigo, ¿es que acaso no lo ves? Yo te necesito. – susurró y volvió a acercarse a mis labios. Estuve a punto de besarle sumido en la añoranza del pasado. Cuando pude sentir el tibio roce de sus labios mi marca youkai quemó en mi cuello y grité de dolor.

– ¿Qué ha sido eso? – Mierda, si Kikyo veía la marca era caos asegurado.

– Nada – mentí. Kikyo me miró y en un movimiento rápido desabrocho los primeros botones de mi camisa y buscó en mi cuello. La vi estremecerse cuando notó la marca que había en él.

– Tu… estás marcado. – hundió sus dedos en mi marca y sentí mil cuchillos afilados atravesar cada centímetro de mi cuerpo, gemí en agonía – ¿Por esa chica?, sabes, esto cambia mis planes.

– A que te refieres – De pronto su voz comenzó a sonar extraña para mis oídos y me costó enfocarla, refregué mis ojos por instinto.

– ¿Has escuchado alguna vez de la plata líquida? – comenzó – Es algo muy difícil de obtener, sólo pude encontrarla en un rincón olvidado de transilvania, una ciudad bastante pintoresca y llena de leyendas sobre criaturas sobrenaturales como hombres lobo y esas cosas. – Su voz comenzó a sonar lejana para mí mientras acariciaba mi pecho – Puede que tu copa de vino tuviera exorbitantes cantidades de droga mezclada con un poco de eso, me encargué de buscar un opioide que fuera imperceptible para tus papilas, pero lo suficientemente fuerte para doparte a ti y a todos tus sentidos, después de todo la ventaja es que tú no puedes morir por sobredosis. – me sonrió mientras acariciaba mi mejilla – Incluso así de drogado te ves mas encantador.

Intenté alejarme, pero mis músculos no me respondieron, comencé a entrar en pánico cuando mi vista se nubló. Cerré mis ojos por un instante y ya no pude volver a abrirlos.


'

Cuando desperté, la imagen borrosa de una silueta femenina me llamó la atención. El pelo azabache y el color de la piel se me hicieron conocidos.

– Ka… go… me – musité, sintiendo como cada sílaba significaba un esfuerzo para mí.

– ¿Sí? – la voz femenina me respondió.

– Estás aquí… conmigo – mis palabras sonaron rasposas en mi lengua – Estás a salvo.

– Gracias a ti…

– ¿Qué hora es? - pregunté sin mucho sentido, ¿cómo había llegado aquí? bajo mi espalda sentía la suavidad de sábanas y un colchón.

– Cerca de las cuatro de la mañana.

Kagome se acercó a mi y mordió el lóbulo de mi oreja, me estremecí. La sujeté con las fuerzas que pude encontrar, e intenté besarla, me hormigueaba todo el cuerpo.


'

Y aquí hemos terminado por hoy. Lo siento tantoooo, sé que deben estar odiándome a mi y a Inuyasha por ser un tontito y actuar sin pensar, como siempre :(, pero no todo podía ser perfecto en la historia, no habría tenido gracia alguna. Mi pregunta para este cap es ¿Qué habrían hecho en el lugar de Kag? ¿y en el lugar de Inu?

¡Prometo actualizar pronto. un abrazo virtual a todas/todos!

Frani.