Capítulo 20 – Into Dust
El pálido color de las luces de las farolas de la carretera jugueteaba entre las formas de Nick y Judy con un hipnotizante vaivén de sombras. Llevaban un buen rato sin toparse con ningún otro coche, lo cual era lógico teniendo en cuenta que estaban en las afueras de la ciudad y era de madrugada.
Lo único que se podía escuchar era el suave ronroneo del motor y el crujir de las ruedas pasando a través del desgastado asfalto del desierto.
El paisaje nocturno y desolado mantenía a Nick perdido en sus pensamientos, sin posibilidad de relajarse del todo. No había pasado ni media hora desde el encontronazo con Pangea y seguía sin asimilarlo.
Ese silencio aparentemente tranquilo pero incómodo le reconcomía. Seguía muy nervioso. Si hubiera podido, hubiera gritado hasta que le hubieran reventado los pulmones o hasta que hubiera colapsado. No podía dejar de mirar de tanto en tanto el retrovisor lateral para comprobar que nadie les perseguía.
¿Cómo hemos podido llegar a esto? Una simple búsqueda de un chico desaparecido y hemos terminado así. Todo por esa maldita ciudad perdida de cuento de hadas. Tanta violencia, tantas muertes… No tengo ni idea de qué podemos hacer ahora. Joder.
Inspiró hondo, frustrado y abatido. Miró por el retrovisor central y pudo ver como Claire y Adam se habían apoyado el uno en el otro. Tal vez sin ser conscientes de ello, pensó. Vio como el panda tenía entre sus piernas la mochila que contenía el misterioso orbe de color cobrizo.
Ese maldito orbe de las narices, ¿por qué rayos lo querrán tanto esos fanáticos?
Los dos permanecían en silencio, aunque tenían los ojos entreabiertos y la mirada ausente. En otras circunstancias a lo mejor le hubiera podido parecer una imagen bonita, pero sabía que la expresión de sus rostros ocultaba un profundo dolor y pesar. Ambos habían perdido a sus respectivos padres y Nick se culpaba de ello en silencio.
Maldita sea… Primero Cornelius y ahora Maxwell. Y ese tiro de Grayson hacia el encapuchado… Uf. Espero que esté vivo, aunque no tengo del todo claro que esté de nuestra parte... Pero si nos confió el orbe… No sé. Esto es una pesadilla. Una auténtica pesadilla.
Se fijó en Gabriel, el cual se había sentado dando la espalda a la puerta de entrada lateral izquierda de la furgoneta, con los brazos cruzados y su capucha colocada sobre la cabeza. Permanecía inmóvil y en silencio.
Y yo que le prometí que no habría riesgos y ahora está metido en todo este follón con nosotros.
Nick descansó los ojos unos instantes y luego posó su preocupada mirada en la línea discontinua del centro de la carretera. No podía dejar de darle vueltas a todo sin parar: La Ciudad del Corazón Roto, Pangea, Deva, el orbe, el "Eco", Grayson… Estaba perdido. Y aunque no quería admitirlo, también asustado.
- Si sigues dándole tantas vueltas al coco se te acabará friendo el cerebro. –La suave voz de Judy rompió con delicadeza el agobiante silencio.
Nick la miró fijamente y vio como su ex compañera no perdía detalle de la carretera, pero eso no le impidió girar la cabeza ligeramente y dedicarle una sonrisa suave, aunque algo forzada.
El zorro se llevó ambas manos hasta la cara y se la frotó con algo de aspereza. –Está claro que me sigues conociendo, sí. Es que no puedo dejar de darle vueltas a todo, Judy. No sé cómo hemos acabado así. No sé por qué nos ha tenido que pasar esto. Realmente no lo sé.
- Te entiendo, Nick. Créeme que yo tampoco lo sé. –Resopló. –Quién me iba a decir que tras nuestra "charla" en tu oficina acabaría días después rescatándote y curándote una herida de bala. –Apretó ligeramente sus labios. –Que acabaría de nuevo contigo en la carretera. –Le volvió a mirar. –Con el peligro detrás nuestro una vez más.
Aquello hizo esbozar una minúscula sonrisa a Nick. –Sí, tienes razón. Tal y como nos pasaba antaño.
El silencio cayó de nuevo sobre ellos como un pesado manto de desesperanza.
Pero creo que nunca antes habíamos pasado por algo como esto, zanahorias…
Nick agitó suavemente su cabeza y endureció su gesto. –Pero mira, nos teníamos el uno al otro y eso es lo que nos llevaba al éxito. –Dudó un poco. –O bueno, casi siempre. Pero ahora eso da igual. Hemos logrado salir de situaciones muy surrealistas. –Carraspeó. –A lo mejor no tan surrealistas como ésta, cierto, pero una vez más estamos juntos en esto. –Dudó. –Aunque yo ya no sea poli.
Judy asintió ligeramente y le miró una vez más. Sus ojos violetas parecían querer recuperar poco a poco el brillo de la determinación. –La carretera, tú y yo. Juntos en esto. –Observó unos instantes el retrovisor central. –Bueno, tú, yo y otros tres socios.
El zorro asintió, aunque ninguno de esos socios dijo nada. La parte trasera de la furgoneta seguía totalmente en silencio. Nick lo comprendía perfectamente. Giró su cuerpo levemente en dirección hacía Judy y apoyó su brazo derecho en el marco la ventanilla. –Bueno, y ahora que estamos un poco más calmados. Dime. ¿Qué tienes en mente? ¿Dónde vamos?
Judy relajó ligeramente las manos en el volante y sus pulgares lo tamborilearon con delicadeza. –Vamos a ir a casa de Clawhauser, que ahora vive en una pequeña pedanía del distrito forestal. ¿Te acuerdas de él, no?
Nick asintió. –Claro que me acuerdo de él. Me sorprende que se haya mudado a las afueras, con lo que le gustaba la ciudad.
Clawhauser… Cuánto tiempo sin pensar en él. Era un buen tipo. Algo… efusivo, pero un buen tipo.
- Ya, sí. A mí también me sorprendió, pero es que verás… –Judy ladeó ligeramente la cabeza, mostrando un claro gesto de chismorreo. –Conoció a un chico hace un par de años, empezaron a salir y al cabo de unos meses decidieron mudarse juntos a un lugar más apacible y apartado. –La coneja esbozó una ligera sonrisa. –Ahora trabaja en la oficina de policía del distrito forestal, que es un sitio mucho más tranquilo y relajado.
Así que sí que era gay. Bueno, la cierto es que era un secreto a voces.
Nick chistó con suavidad mirando de nuevo hacia la carretera. –Bueno, bueno, tampoco es que se matara mucho a trabajar en la oficina central de la ZPD, ¿eh?
La coneja arrugó ligeramente la nariz, pero sin poder evitar sonreír. –No seas malo, Nick. –Dijo en un tono ligeramente lastimero.
- No soy malo, pero vaya. Me acuerdo perfectamente del día que vino la nueva alcaldesa para la inauguración de la instalación de energía solar y el tío se había quedado roque después de comer en la sala de descanso. –No pudo evitar zarandear ligeramente la cabeza mientras sonreía y recordaba todo aquello. –Y va y sale tropezando de la sala, apurado, abriendo de golpe la puerta, con todos mirándole, con el uniforme hecho un cuadro y encima sin darse cuenta de que tenía un trozo enorme de donut pegado en la cabeza.
Judy no pudo evitar soltar una ligera carcajada. –Casi puedo ver de nuevo la cara de la ex alcaldesa Swinton en el hall, observándole y mirando atentamente el trozo de donut sin dar crédito. –Se dibujó una amplia sonrisa en sus labios. –Y los ojos de Bogo clavados en el pobre Clawhauser, con la cara totalmente desencajada.
- Uf, es verdad, sí. Por el Altísimo, menuda bronca le echó luego. –Sonrió. –La verdad es que el guepardo ofreció una imagen muy profesional de la policía ante la flamante nueva alcaldesa, ¿eh? –Añadió Nick con sorna.
Ambos rieron juntos recordando la anécdota, olvidando por un instante todo lo que les había sucedido y añorando el buen recuerdo de su pasado en común como si fuera lo más valioso del mundo. El corazón de Nick se encogió al escuchar de nuevo las carcajadas de su ex compañera. Le había costado mucho enterrar y olvidar sus sentimientos por ella, pero ese sonido en concreto le golpeó con dureza el corazón.
- Qué tiempos, qué tiempos… –La voz de Nick se quedó suspendida en el aire, nostálgica. Cerró durante unos instantes los ojos y tragó saliva. –Bueno, pues me parece un buen plan, vamos allí y así no pisamos la ciudad. Aunque a estas horas no sé si…
El zorro giró la mirada y dejó de hablar. Se fijó en como la cara de Judy se empezaba a descomponer por momentos. Había pasado de la sonrisa a la angustia rápidamente. Nick se preocupó. –Oye, zanahorias, ¿estás bien? Tienes mala cara.
Mierda, me ha salido el "zanahorias" otra vez.
Judy le miró con ligero gesto de apuro. Asintió con algo de dificultad. –Sí, sí… Es solo que… –Puso el intermitente sin avisarle y detuvo la furgoneta en el lado derecho del arcén. –Tengo ganas… de vomitar.
La furgoneta paró sin mayor problema y Judy puso el freno de mano. Bajó corriendo de ella sin siquiera apagar el motor. Nick se giró hacia atrás y vio que Adam y Claire le miraban con atención. Gabriel seguía inmóvil en su misma posición. –Esperaos aquí chicos, voy a ver que todo esté bien. –Ambos asintieron.
- Claire, por favor, alcánzame una botella de agua de esa neverita de ahí atrás. –La leona asintió y le ofreció una al zorro. Estaba fresca.
Nick abrió la puerta de la furgoneta y bajó de un pequeño salto. Notó enseguida como el frío polar de la tundra le erizó el pelaje. Estaban cerca de la zona nevada.
Judy se había colocado tras una roca enorme que había a un par de metros del arcén y el zorro pudo escuchar con claridad como la coneja vomitaba con fuerza. Se acercó despacio y la vio agarrada a la piedra mientras inclinaba su cuerpo hacia adelante y seguía vomitando.
Pobre. Ya le noté alguna que otra cosa extraña desde que salimos del piso franco. Pensaba que tal vez era por la situación, pero ahora espero que no sea que esté enferma o algo así y no me lo haya dicho.
La coneja dejó de vomitar tras un par de minutos y resopló con algo de alivio. Se reincorporó y clavó su mirada violácea en el manto de estrellas. Nick se acercó y le acarició con suavidad la espalda, ofreciéndole la botella de agua. –¿Mejor, Judy?
Ella le miró, agradecida, e intentó ofrecerle su mejor sonrisa, aunque no lo consiguió. Cogió la botella y se enjuagó primero la boca, escupió y luego dio un par de sorbos de agua con calma. Cerró los ojos y suspiró. –Algo mejor ahora, sí. Gracias, Nick.
Se reclinó contra la roca mientras mantenía agarrada la botella de agua entre sus manos. Nick se colocó a su lado.
- Oye, a lo mejor es meterme donde no me llaman, pero, ¿va todo bien? No te había dicho nada, pero me he fijado que desde que salimos del piso franco tú…
- Estoy embarazada, Nick. –Judy le cortó la frase, sin mirarle.
El zorro no supo cómo reaccionar ante aquella noticia. En medio del desierto, en medio de la nada, en medio de una vorágine de violencia y peligro, la chica que había sido el amor de su vida acababa de decirle que estaba embarazada.
- Oh… –La mirada de Nick se movió de un lado hacia otro, delatando como su cerebro rebuscaba qué decir. –Oh Judy, eso… Eso es… genial.
Nick trató de sonreír y mostrarse contento como pudo. El silencio del desierto se colocó entre ambos, tajante. El tiempo pareció detenerse en aquel preciso instante.
- Sí, sí... Lo es. –Dijo ella intentando parecer alegre, moviendo ligeramente su pierna izquierda sobre el terreno arenoso, aunque su rostro no reflejaba el entusiasmo de su voz. –Lo es.
El zorro tragó saliva y se rascó ligeramente la cabeza. –Y bueno, me imagino que Max… Él…
- Sí, él es el padre, sí. –Añadió Judy. Miró lentamente hacia el cielo, suspirando. –Perdona por no haberte dicho nada, pero es que no sabía cómo… –Miró al zorro, y su mirada bastó para que no hiciera falta añadir nada más.
- No te preocupes, de verdad. –Nick se mostró algo desubicado y nervioso. –Si entre nosotros nunca… Bueno, que nunca llegó a haber nada. Nada romántico. O sea, quiero decir… –Se le atragantaron las palabras. –Bueno, creo que entiendes lo que quiero decir.
Judy alzó ligeramente la comisura de sus labios. Perdió su mirada en la distancia. –Sí, te entiendo. –Exhaló. –Perfectamente.
Ahora comprendo por qué defendía tanto a Max cuando yo dudé de él, claro. Si ella y él van a ser padres…
- Bueno, siento haberte dicho que Max me daba mala espina. –Titubeó. –Pero…
La coneja le miró atentamente, alzando ligeramente su ceja izquierda. –¿Pero…?
- Sé que le quieres. Te conozco, igual que tú me conoces a mí y sé que le quieres. –Suspiró. –Y me imagino que si vais a ser padres, es que la cosa va muy en serio. Pero Judy, yo sigo sin fiarme de él. –La mirada de Judy se clavó en sus pupilas verdes. La frustración invadió su rostro.
- Le conozco de hace tiempo Nick. –Judy se acarició ligeramente el vientre. –Vamos a ser padres, ¿cómo quieres que dude de él?
La indignación se mostraba sin pudor en la voz de Judy.
Ya me lo imagino, Judy. Pero es que no tiene nada que ver…
- Sé que no te gusta que te haya dicho esto, pero es lo que pienso. –Se cruzó de brazos. –Piénsalo, ¿cómo nos pudieron encontrar en la vieja casa de Cornelius? ¿No te parece raro? Él era el único que sabía que íbamos allí. –La miró fijamente. –No te hablo ya como amigo, si no como detective.
La coneja no pudo mirarle a los ojos y se centró en un punto indeterminado del suelo.
- Bueno, ya oíste a Adam, dijo que vigilaban y que controlaban todo, ¿no? Pues ahí tienes tu respuesta. No tiene por qué haber sido Max. Además, que él no podría…
Se notaba que Judy estaba claramente molesta con aquello. Aunque también lo estaba Nick porque sabía que ella no estaba siendo objetiva.
- Ya, pero también has podido ver como la tal Deva ha dejado caer que no era su único contacto en la policía. No sé Judy… –El zorro miró hacia el polvoriento suelo, frustrado. –No sé realmente ya de quién nos podemos fiar. Sabes que esto no es nada personal.
- Pues si no es nada personal te pido que confíes en mí. Es muy importante para mí. –Los ojos de Judy se tornaron ligeramente vidriosos, aunque se los frotó con rapidez con el dorso de su mano para ocultarlo.
Judy…
El zorro se cruzó de brazos y se rascó la barbilla, pensativo. –Bueno, está bien. –Miró a su ex compañera. –De acuerdo. Vamos a descartar a Max como un cómplice de Pangea. Confiaré en tu juicio. Centrémonos en lo que dijo Adam entonces, controlan todo. –Se sacó el móvil del bolsillo. –Si controlan todo, está claro que lo más probable es que sea por culpa de estos, que todos llevamos uno encima hoy en día.
Judy se reincorporó de la piedra donde estaba apoyada y ladeó ligeramente su cabeza. –Pues es lo que más sentido tiene, Cornelius se había deshecho de su móvil y Adam también, así que puede que nos localizaran por eso. –Ella sacó también el suyo del bolsillo, lo miró. –¿Y qué hacemos? ¿Nos deshacemos de ellos también?
El zorro asintió. –Creo que es lo único que podemos hacer si queremos desaparecer del mapa del todo, tal como hicieron el profesor y Adam. Necesitamos algo de calma para ver que vamos a hacer, porque algo tendremos que hacer para pararles los pies a esos lunáticos. –Miró instintivamente hacia la carretera, con decisión. –Lo malo de los móviles es que eso significa que ahora mismo, aquí, estamos en peligro. Lo mejor será deshacernos de ellos antes de llegar a casa de Clawhauser, no es plan de ponerle en peligro a él y a su chico, ya hemos tenido suficientes bajas. –Nick dudó un instante. –Por cierto, el novio de Clawhauser, ¿es de confianza, le conoces?
Judy asintió. –Sí, totalmente. Se lo presenté yo de hecho. –Se rascó la nariz. –Le conozco desde que era pequeña, creo que alguna vez te hablé de él, se llama Gideon.
El zorro se puso las manos en las caderas, pensativo. –Creo que me hablaste de él en alguna ocasión, si, ¿no era ese que te hizo la vida imposible de pequeña en tu pueblo?
–Sí, la verdad. Era un capullo integral, un liante y un completo gilipollas. –Nick se quedó sorprendido ante aquellas palabras. Ella sonrió. –Pero cambió, cambió por completo. Si hasta se ha convertido en un buen amigo de mi familia, vaya. Es de confianza.
- Fenomenal entonces. –Dio una ligera palmada. –Pues vayamos a hablar con éstos, que seguramente querrán saber por qué estamos tardando y lo estarán pasando fatal. –El rostro de Nick se ensombreció un poco al reubicarse de nuevo en la situación en la que estaban.
- Normal, tú y yo estamos acostumbrados al peligro, pero ellos… –La coneja se mostró preocupada. –Tenemos que protegerles, Nick. Estos tipos de Pangea van en serio. Ya viste lo que le hicieron al padre de Adam.
Él asintió. –Tranquila, no permitiremos que les pase nada. Cuando estemos en un lugar seguro ya hablaremos con ellos largo y tendido y veremos que hacemos. –Sonrió con amabilidad. Comenzó a caminar en dirección hacia la furgoneta, pero se detuvo súbitamente y se giró. –Oh, y por cierto, me alegro mucho por ti, de corazón. Vas a ser una madre estupenda, Hopps. –Le puso la mano en el hombro. –Estupenda no, la mejor.
La coneja se ruborizó ligeramente. –Gracias, Nick.
Te mereces ser feliz, Judy. No sé si conmigo lo hubieras sido, pero espero que con Max si lo seas.
El zorro abrió con delicadeza la puerta lateral de la furgoneta, dejando a la vista a Adam, Claire y Gabriel, que notaron enseguida el gélido ambiente de la cercana tundra.
- Bueno chicos, Judy ya está mejor. –Miró a su ex compañera con amabilidad. –Y además, tenemos un plan. –El zorro miró al panda. –Adam, nos dijiste que Pangea lo controla todo, ¿verdad?
El chico asintió a duras penas sin decir ni una sola palabra. Se notaba que su rostro seguía desencajado por todo lo que le había tocado vivir.
- Bien, pues vamos a deshacernos de los móviles, igual que hicisteis tú y Cornelius, porque sospechamos que es así como dieron con nosotros. Es lo más lógico, porque estuviste mucho tiempo a solas y todo se estropeó cuando aparecimos nosotros. –El zorro le tocó ligeramente el brazo. –Lo siento mucho, Adam, de verdad.
Los ojos del panda se mostraron nerviosos. Asintió a duras penas. –Tranquilo, Nick. Si yo sabía que tarde o temprano… –Enmudeció.
Claire le acarició suavemente la rodilla. –A mí me parece buena idea, Nick. Yo confío en ti. –Las palabras de la leona reconfortaron el corazón de Nick y calmaron ligeramente el de Adam. Sacó el teléfono de su mochila sin pensárselo dos veces y se lo dio.
- Gracias, Claire. –Nick sostuvo en sus manos el suyo propio, el de Judy y el de ella. Movió ligeramente su cabeza en dirección al lobo. –Gabriel, ¿y el tuyo?
El lobo no contestó de primeras, aunque se agitó ligeramente desde su sitio. Estaba algo inquieto. –¿Por qué tengo que darte mi móvil, vejestorio? Estáis locos si creéis que es así como nos encontraron. Os habéis pasado de rosca con las pelis de espías. Yo paso de dártelo.
Será… Bueno, no voy a meterle mucha caña porque estoy seguro de que está muy tocado después de todo lo que ha pasado. Lo cierto es que le he visto muchas veces usarlo a menudo. Esta juventud y la adicción al móvil…
- A ver, muchacho. Te tengo por un chico inteligente, así que sé que sabes bien que tenemos razón. –Nick endulzó ligeramente su voz. –Si Pangea controla todo, tendrán controlados nuestros teléfonos, fijo.
El chico mantenía agarrado con fuerza el teléfono en su mano. No parecía muy por la labor de dárselo.
- Que no, tío. Bastante mierda es todo ya como para perder yo el móvil. Pasando. –El tono de voz de Gabriel cada vez sonaba más rígido. –No sabes lo importante que es para mí.
¿Por qué se ha puesto así?
Algo se tensó en la mente de Nick. Tragó saliva.
- ¿No estarás ocultándonos nada, no? –El tono del zorro se tornó inquisitivo.
El lobo se quitó la capucha y le miró fijamente. –Yo no oculto nada, nada, ¿me oyes? Nada. –Los ojos de Gabriel irradiaban ira. Y por su mirada, Nick sabía que mentía.
Se ha puesto muy a la defensiva. "Ethan", que esa es otra. Ya hablaré con él del nombre que le dijo Grayson.
- Oye, escucha, tranquilo. Dámelo, por favor. –Suspiró. –Si conservas el teléfono podrías estar poniéndonos en peligro a todos.
El chico comenzó a hiperventilar ligeramente. –Joder tío, es que yo… –Parecía estar a punto de perder el control. –Es que la he cagado, ¿vale? La he cagado.
Judy miró a Nick con perplejidad. –¿Cómo que la has cagado, Gabriel? ¿Por qué? –Dijo ella con suavidad.
El lobo le acercó el teléfono a Nick, sin mirarle. El zorro lo miró y vio como en pantalla tenía varias notificaciones de una popular aplicación de fotografía. Instintivamente Nick abrió la notificación más reciente y apareció en pantalla un selfie del chico, sacando la lengua, cerca de las escaleras del mirador donde habían dejado la furgoneta hacía un par de horas. Lo leyó para sí mismo.
"Estoy living gente, ke ahora estamos aki en medio del desierto, Sunset Hill! buscando a un tio desaparecido/ hashtag, detective. Una fantasia!"
No me lo puedo creer… Y encima tenía activada la ubicación.
Nick se lo mostró a Judy. Ella lo leyó detenidamente y le miró sorprendida. Navegó por la aplicación y vio como había subido varias fotos además de esa. En la carretera, cerca de la fábrica, en el piso franco…
- Escucha, Gabriel. La verdad es que sé que estáis pasando por un mal momento. Todos. –Dijo el zorro mirando a los tres, intentando mantener la calma. –¿Pero crees que subir fotitos con mensajes así y dejando todo un rastro de por dónde íbamos es normal? ¡Es que seguramente se lo hemos puesto en bandeja a estos tipos! Si encima controlan todo, es que les habrá venido de maravilla. No se habrán tenido que calentar la cabeza, no. ¡Y todo a escondidas! –El zorro se mostró muy frustrado, no quería elevar mucho la voz, pero es que sencillamente no entendía aquel comportamiento. Sabía que en otras circunstancias todo eso hubiera dado igual, un chico usando sus redes sociales como cualquier otro, pero ahora…
Sabiendo todo lo que había pasado con Cornelius, sabiendo como estábamos de metidos de mierda hasta el cuello, ¿y se dedicaba a subir fotitos a sus seguidores? ¿Con mensajes así? Es que no me lo puedo creer. Frívolo es poco.
- ¡Es que tú no lo entiendes, joder! –El enfado brotó desde el fondo de los pulmones de Gabriel. –Mis amigos de internet son la única familia que tengo. –La frase del lobo caló hondo en el zorro. Los ojos del adolescente se humedecieron.
- Pero es que aunque sean tu familia, sabías nuestra situación. –Le replicó Nick. –No estábamos en una película donde puedes poner pausa e irte al baño o aprovechar para charlar con tus amigos. Estábamos en peligro real, ¡y tú mismo lo viste en la fábrica! ¿En qué estabas pensando subiendo cosas así como si esto no fuera real? ¿Cómo si fuera una serie de televisión?
- Que sí, que vale, que lo sé, soy un puto inútil. No valgo para nada. ¿Contento? –Dijo en un tono casi robótico. –Y ahora te puedes meter el puto teléfono por el culo si quieres. –A pesar de que el lobo quería sonar fuerte y pasota, su voz se empezó a resquebrajar.
Gabriel…
- Mi padre… –Empezó a decir Adam en un tono casi inaudible. Tenía su mano en el estómago, el tremendo golpe de Grayson aún le dolía. –Han matado a mi padre, me han encontrado en el escondite de Cornelius. ¿¡Y me estás diciendo que todo puede haber sido porque tú has subido unos selfies de mierda para tus amiguitos!? –El cambio de actitud del panda dejó perplejo a todos y cada uno de ellos, incluido Gabriel. Claire le cogió con firmeza por uno de sus hombros. El rostro de la leona estaba muy ensombrecido.
- Pues sí, ¿qué pasa, zampabollos? Tengo muchos colegas y seguidores que les encantan mis publicaciones. ¿Algún problema? –Gabriel se empezó a envalentonar hacia Adam con rostro desafiante.
- Por favor, no. Parad chicos. –Fue lo único que pudo llegar a decir Claire. Su mirada empezaba a irradiar pánico.
- Eh, eh, ¡eh! Vamos, parad, ¡parad! Esto es lo último que necesitamos, chicos. –Intervino Judy no dejando que el lobo se acercara más de la cuenta. Nick observaba la situación con asombro. –¿Creéis que ahora es el momento de ver de quién es culpa el qué? No. Es hora de que tracemos un plan, de permanecer unidos. –Se relajó ligeramente. –Que no se os olvide que ni escondites, ni selfies, ni nada. –Miró primero a Adam y después a Gabriel. –Aquí los culpables de todo son Pangea, no lo olvidéis. Y me aseguraré personalmente que paguen por todo ello, os lo prometo.
La coneja miró a su ex compañero y éste pareció leerle perfectamente el pensamiento.
- Escucha Gabriel, sé que estás asustado. Sé que me lo vas a negar, pero me da igual. –Se acercó hasta él y le puso su mano sobre el muslo. –Has cometido un error, sí. Pero eso no significa que no valgas para nada, nunca dejes que ese tipo de comentarios te hundan, porque no son verdad. Todo lo que te ha dicho antes Grayson no es verdad.
El lobo miró a Nick durante unos instantes y luego miró hacia el suelo sin un punto fijo.
- Eres muy joven, y cuándo somos jóvenes cometemos errores sin darnos cuenta. Crecer es darse cuenta de que los errores se cometen igual con 15 años que con 25 o 35. Pero no nos podemos poner ahora así. –El zorro fijó su vista en Adam, le acarició el hombro derecho.
- Mira Adam, sé que estás muy muy jodido. Lo sé. Y tienes motivos más que suficientes para ello. Pero en esto vamos a tener que estar los cinco juntos y a una, porque ya habéis visto cómo se las gastan los de Pangea. Esto no ha terminado. –Miró hacia la coneja. –Judy es policía, está del lado de la ley, y ellos no. Tenemos que permanecer unidos y buscar una solución a esto. No ya solo por nosotros. –Suspiró con suavidad. –Si no también por Cornelius, y por Maxwell.
Claire no pudo evitar que le brotaran las lágrimas de nuevo mientras Adam se aferraba a la bolsa del orbe con un claro rostro de dolor. Gabriel se cruzó de piernas sobre el asiento y se reclinó ligeramente hacia adelante.
- Yo… Lo siento Adam. Perdóname. –Dijo el lobo con un hilillo de voz muy fino, algo muy inusual en él. El panda no contestó.
- Estamos todos muy nerviosos y cansados. Es normal. –El zorro resopló ligeramente y miró el reloj del salpicadero de la furgoneta. –En nada van a ser las 4 de la mañana, necesitamos un descanso. –Miró a su ex compañera. –Vamos a ir a casa de un amigo de Judy, así que por eso tenemos que deshacernos de los teléfonos, para que no nos encuentren allí.
- Escucha, Gabriel. Es lo mejor. –Dijo Judy con voz tranquilizadora en dirección hacia el lobo. –Más vale prevenir. Si es necesario, cuando todo esto termine, Nick te comprará un nuevo teléfono último modelo, ¿a que sí?
El zorro la miró con cara de asombro y sorpresa. –¿Eh? –Fue lo único que alcanzó a decir.
Gabriel dibujó en sus labios una pequeña sonrisa. –Bueno, eso no suena tan mal.
- Tendrá morro el muchacho. –Ambos rieron ligeramente y Judy se sintió aliviada ante aquello.
- Bueno, venga, dame los teléfonos, Nick. –La coneja alargó la mano y cogió de las manos del zorro los cuatro terminales, con algo de dificultad puesto que sus manos eran bastante más pequeñas que las del zorro. –Me voy a asegurar de que no puedan ser rastreados. –De un ligero salto, cogió una de las pistolas del estante superior de la parte trasera de la furgoneta. –Esperad aquí. –Dijo con decisión.
Salió de la furgoneta acompañada por Nick. Se acercaron hasta el otro extremo de la roca donde ella había vomitado minutos antes, dejó los teléfonos en el suelo, apilados, y apuntó hacia ellos con su pistola. –Espero que no nos equivoquemos y esto nos ayude realmente a desaparecer. –Disparó sin dudar y un sonoro estruendo resonó por el vacío desértico. Los terminales quedaron hechos añicos en un instante.
- Buen tiro. –Nick asintió en dirección a su compañera como en señal de aprobación.
No nos hemos despedido de nadie ni de nada. Espero que estemos haciendo lo correcto y que la confianza de Judy en Max no sea en vano.
- Vamos, Judy, que hace ya bastante frío por aquí. –Dijo frotándose ligeramente los brazos. –Volvamos a la furgoneta.
- De acuerdo. –Dijo ella guardándose la pistola en la cartuchera trasera. –Atravesaremos la parte interior de la tundra en unos veinte minutos y calculo que en unos cuarenta habremos llegado a Rockwood, que es la zona donde viven. Espero que estén en casa.
- A estas horas seguro que van a estar, otra cosa es que les haga gracia que alguien les despierte a las tantas de la madrugada. –Dijo con un ligero tono ácido el zorro. La coneja le sonrió de vuelta.
Por un momento le volvió a parecer a Nick que todo era como antes. Estaba de vuelta con su compañera y juntos podrían con todo. Quería agarrarse fuerte a ese sentimiento de poder con todo, que no se le escapara, pero en cuanto la furgoneta arrancó la realidad volvió a envolver el corazón del zorro.
Tenemos que salir de este lío cueste lo que cueste. Juntos podremos. O eso espero…
