Pov. Shikamaru
Varias noches he pasado en vela, pensando en qué hubiera sucedido si hubiese tomado otra decisión.
Las ojeras me delataban, la vista estaba completamente deteriorada.
No quise seguir mirando las grabaciones por miedo de volver a caer.
No quería molestarla con mis asuntos. Tenía que asumir que ella es una mujer comprometida y yo estoy tras su pareja.
No he tenido noticias de Sai y tampoco me responde las llamadas ni los mensajes. Eso me tiene bastante inquieto y preocupado.
Quería irme, respirar nuevos aires...
Pero también anhelaba mis cigarrillos. De hecho, los tenía pero no encontraba mi encendedor.
No era uno cualquiera que se podría conseguir en cualquier kiosco. Éste era especial.
Estaba forrado en cuero marrón claro, con mis iniciales bordadas al frente y un símbolo de unos cuernos de cervatillo al reverso.
Ese fue el regalo de mi preciado mentor dentro de la inspección. El que me enseñó lo mejor de todo.
Asuma Sarutobi fue el oficial más destacado del área de infiltración.
Pese a ser el mejor de su generación, tuvo la mala suerte de ser emboscado al perseguir a otro jefe narco. Es por eso que acabé obsesionándome con el caso Uchiha, a tal punto de verme enredado sentimentalmente.
Quería fumar...
Cerré mis ojos, dormitaba en el sofá. Ni siquiera sentía ánimos de recostarme en mi cama.
Al parecer pude darle un descanso a mi cuerpo. Al menos dos horas de desconexión.
Miré a mi alrededor y un flash llegó a mis recuerdos.
¡Está allá!
No quisiera dejarlo porque es significativo para mí pero también quiero evitar verla. Aunque esté perfectamente consciente de que me miento a mí mismo.
Me levanté con desgano y me dirigí hacia su departamento.
Mi dedo índice estuvo a punto de presionar sobre el timbre...
—¿Quién sos?—una potente voz masculina, me devolvió las ganas de existir.
Giré mi cabeza hacia él y allí lo vi.
Estaba de traje negro y una corbata azul. En su mano izquierda portaba un maletín azul oscuro.
—Disculpe, quería consultarle si no podría prestarme un taladro percutor—fue lo primero que se me ocurrió.
No se encontraba solo. A su lado, estaba un hombre de aspecto misterioso. Llevaba puesto una capucha y poco se podía ver su rostro.
—Si, tengo. Adelante, esperá en la sala que iré por él—abrió la puerta—. Zetsu, gracias por acompañarme. Luego te llamaré.
—Nos vemos—se retiró lentamente.
Al oír su inminente llegada, Temari se acercó a recibirlo.
Aparentemente salió de bañarse y estaba tomando alguna infusión.
—¡Mi amor! Volvis... —el estruendoso impacto de la taza contra el suelo, fue la prueba de que no esperaba verme allí.
—Ay mi princesa... no me digas que te sorprendí—se acercó a ella y la besó.
—No es eso... es que—estaba abrazada a él y sin que se diera cuenta, no quitaba su vista de encima.
—¿Se te resbaló?
—Si. Lo siento.
—Si quieren, puedo ayudarles a juntar los fragmentos de porcelana—acoté.
Obito no confiaba en mí. Mi acto de humanidad fue demasiado llamativo para él.
Podía percibir el ambiente de recelo invadiendo esa sala.
—Esperá allí que buscaré lo que necesitás y te podrás ir—respondió.
Traté de mirarla de reojo, para comprobar el comportamiento de la rubia.
Mientras juntaba los trozos más grandes dentro de una caja con algunos diarios, se retiró hacia un habitáculo donde guardaban los productos de limpieza. Al volver, traía consigo la escoba y la pala.
Con la excusa de barrer y no dejar ningún fragmento, fue acercándose lentamente hacia donde me encontraba.
—¿Qué rayos estás haciendo aquí?-musitó.
—Olvidé mi encendedor en tu casa, vine a pedírtelo y me topé de casualidad con él.
—Eso no me interesa... es decir, ¿Cómo hiciste para entrar?
—Inventé que necesitaba un taladro percutor y bueno, él dijo que esperara aquí.
Me miró con desconfianza. Más allá de su pregunta, estaba nerviosa y sudaba frío. Yo me sentía igual...
—Aquí lo encontré—Salió de la habitación con la herramienta.
—¡Oh qué bien!—fingía felicidad.
—Veo que ya conociste a mi mujer—la tomó de la cintura y le sonrió.
—Em, no tanto. Un gusto señora—reverencié.
—Igualmente querido—no respondió a mi saludo como imaginaba.
—Oye, ¿Dónde vivís?—fue hasta la cocina y buscó dos latas de cerveza. Una me la ofreció.
—No, gracias. Em, mi departamento es el que está aquí enfrente.
—Me caes bien. Perdón por no presentarme, soy Tobi—estrechó su mano.
—Shikamaru—respondí a su saludo, apretando con firmeza.
—Creo que nos llevaremos muy bien—hizo demasiado hinchapié en el "muy". Ya veo de dónde adquirió Temari su sarcasmo.
—Em... Ob... digo, TOBI—tragó saliva—. Tengo asuntos pendientes con vos.
—Oh claro, lo siento. Luego te la devuelvo—una buena oportunidad para irme.
—Por supuesto. Soy un buen vecino, sólo vení y pedí prestado lo que sea-sonrió.
—¡Qué amable!
—Jeje, gracias. Te presto cualquier cosa menos a mi mujer—estalló en risa.
Ella lo miró, estaba rabiosa y amenazó con pegarle en su entrepierna con la escoba.
—Jaja, eso no lo pediría prestado. Tengo mis propios métodos.. —caminé lentamente hacia la salida.
Obito me acompañó hasta la puerta y nos despedimos.
Cuando estaba por ingresar a mi departamento, exclamó:
—Shikamaru...
Giré mi cabeza y puse atención a lo que diría.
—Creo que podríamos volver a vernos y conocernos. ¿Qué opinás?—estaba parado contra el marco, con los brazos cruzados.
—Puede ser... —ironicé.
Esbozó una sonrisa maliciosa y volvió a su hogar.
Pov. Temari
No veía el momento en que el moreno se retirara de mi casa.
El sudor caía con facilidad por mi frente y las pulsaciones cardíacas aumentaban a medida que cruzaban más palabras con Obito.
—Mi vida... ¿Habías visto a ese tipo antes?—Inquirió mientras escribía en su celular.
—Pues... lo crucé algunas veces en el ascensor pero no hablamos. Ya me conocés—con mi actitud trataba de ocultar mis nervios.
—Hum... vos también me conocés y si quise hacerme "amigo" de él es porque hay algo que me inspira desconfianza.
—¡Ay, si bien dijiste que no lo conocés!—reí.
—Por eso mismo. Presiento que oculta algo y mi percepción no falla—guardó su teléfono y se acercó a mí.
Lo miré, desconcertada por la forma que me observaba.
—¿Tenés idea de dónde salió esto?—su tono inquisidor se transformó en uno imperativo con tintes déspotas.
De su bolsillo sacó un extraño encendedor. Lo tomó con sus dedos índice y pulgar. Jugaba con él, dándole vueltas una y otra vez.
—¿Qué se supone que es eso?—respondí tratando de evadirlo.
—Pues..—rascó su mentón—. Un hermoso y delicado encendedor. Da la casualidad de que estaba en el suelo de nuestra habitación—fijó su mirada en la mía—. Casualmente al lado de nuestra cama—enarcó una ceja.
—Siendo sincera, jamás usaría de ese tipo. Vos sabés que tengo el mío y ya.
Tan pronto como acabé mi frase, recordé sus palabras:
Olvidé mi encendedor en tu casa, vine a pedírtelo y me topé de casualidad con él...
—Bien, ya que desconoces el origen de esta porquería, la tendré conmigo y averiguaré quién anduvo husmeando por aquí.
Lo miré. Aparentemente no sospecha de mí. Él cree que alguien se metió en nuestra casa.
Eso es bueno...
Por otro lado, no me conviene que sepa de quién es o estaré en problemas.
Caía la noche. Era bastante estrellada y la Luna estaba enorme, iluminando las solitarias calles de Konoha.
Obito estaba profundamente dormido. Su viaje fue más extenso de lo esperado y eso lo dejó extenuado a tal punto que ningún tipo de estímulo lo alertaría.
Hice el intento de despertarlo pero fue inútil.
Con sumo cuidado, me levanté e indagué los bolsillos de su pantalón.
Por suerte pude encontrar el méndigo encendedor.
Miré la hora. Eran las 3 y media de la mañana.
Demasiado tarde pero no habría otra oportunidad si no la aprovechaba...
Así como estaba, en camisón y bata, sin calzado, caminé sigilosamente hacia la salida. Abrí la puerta y la dejé entornada.
Me acerqué a su departamento y toqué timbre.
Cerré mis ojos e imploraba que me atendiera rápido antes de que Obito se diera cuenta.
Al cabo de dos minutos de una larga agonía, Shikamaru apenas asomó la cabeza.
Tenía su cabello suelto y alborotado. Sus ojos estaban hinchados y no paraba de fregárselos.
—¿Quién mierda viene a molestar a esta hora?—exclamó sin alzar la mirada.
—Soy Temari. Supongo que debe ser esto lo que buscabas—se lo mostré.
Abrió sus ojos, emocionado y respondió:
—Si, te lo agradezco mucho. Es muy valioso para mí—lo tomó y lo sujetó fuerte.
—Lo supuse. Bueno, debo irme—di media vuelta.
—Temari... esperá.
Detuve mi camino.
—Ya cumplí, Shikamaru.
—Sé que te pasa lo mismo. No te sigas mintiendo más...aceptá la realidad.
Cerré mis ojos, conteniendo mis lágrimas. Le di la espalda y respondí:
—La realidad es que jugué con fuego y me quemé. No soy masoquista. Date cuenta.
—Se te fue de las manos, lo estás reconociendo—insistía.
—Pensá lo que quieras. Seguiré mi vida como lo hice hasta el momento. No me atormentes más...
—Temari, lamento informarte que estoy enamorándome de vos y Me tortura asumirlo porque cada vez te alejás más de mí.
Un nudo en mi garganta impedía expresar mis sinceros sentimientos. Mi maldito orgullo y la moral fiel que había corrompido, me apuñalaban cada vez que cruzaba al moreno.
—Adiós Shikamaru... —respondí con mi voz entrecortada.
—Agradezco que me lo hayas devuelto pero aún tenemos un asunto pendiente. ¡No lo olvides!
Sentía pesar, angustia e impotencia. ¿Cómo es posible que alguien más dijera que estoy enamorada de otro que no sea Obito?
Entré a mi departamento con un mix de satisfacción y tristeza. Con nostalgia de aquel día en que lo eché de mi casa y también de mi vida.
Él estaba dispuesto a abrirme su corazón a pesar de mi estado civil. Sin embargo, yo soy una simple cobarde que no quiere asumir una responsabilidad ante un sentimiento ajeno al Uchiha. No quiero ver la realidad.
Al cerrar la puerta, noto algo extraño.
—Vaya, sí que tenías que hablar cosas con el vecino—Él estaba en el sofá, comiendo un manzana, sentado cómodamente bajo la luz de uno de los veladores.
Mi cuerpo sintió la caída intempestiva de una mentira.
La electricidad y el temblor de mis piernas eran indescriptibles.
Su mirada de delincuente infame, mostró su verdadera faceta.
—Yo... yo puedo explicarte.
