La venda en los ojos
Era entrada la tarde cuando sonó el timbre del hogar de los Yagami. Taichi se levantó a abrir. Estaba él solo, por supuesto. Su padre, una vez más, en viaje de negocios. Su madre se había ido con una amiga a un spa. No volvería hasta el día siguiente. Y su hermanita andaba también fuera de casa. Perfecto para su plan. Abrió la puerta y allí estaba. La preciosa Mimi, vestida con un pantalón vaquero muy corto y una camiseta de tirantes de color blanco.
—Hola, Taichi —saludó—. Perdona la tardanza.
—No te preocupes. Entra —invitó él.
Nada más cerrarse la puerta se abalanzaron mutuamente el uno a por el otro. Sus bocas se enfrentaron, sus lenguas acudieron al encuentro mientras sus manos se aseguraban de que no se iban a separar. Aquel impetuoso saludo acabó con la chica sujeta de las nalgas por las manos de Taichi.
—Creo que no deberíamos esperar tanto tiempo para vernos… —comentó Mimi.
—Yo opino igual —dijo Taichi—. ¿Qué tal la comida con Hikari?
—Muy bien. Pero ya la he dejado en casa de Takeru antes de venir a verte. ¿Te parece educado tocar así a una señorita? —bromeó la chica, pues el castaño le estaba acariciando los glúteos con todo descaro—. ¿Acaso has escuchado lo que te he dicho?
—Sí, que has dejado a no se quién en no se donde…
—Tonto.
Taichi se sorprendió cuando, en ese momento, Mimi se enganchó a sus hombros y tiró de él hacia su dormitorio. Normalmente jugaban a los preliminares en el sofá. Aunque pensándolo bien, la última vez habían tenido que lavar las fundas de los cojines para limpiar todo resto de su "pecado", así que no era mala idea quedarse directamente en la habitación.
—¡Au! —gritó al verse tirado contra su propio colchón—. ¿Estás juguetona? —preguntó tendido bocarriba.
—No lo sabes tú bien… —respondió ella—. ¿Sabes lo que es esto? —preguntó sacándose un trozo de tela negra de un bolsillo.
Taichi no conocía aquella faceta de su amiga. Pero sonrió. Qué afortunado era. Por supuesto, una venda para los ojos.
—¿Quieres que te vende? —inquirió.
—No, querido. Quiero vendarte yo —dijo ella—. ¿Confías en mi?
—Sí… sí, claro —dijo él, sorprendido.
Mimi se sentó a horcajadas encima de él y le levantó la camiseta. Sin llegar a quitársela, solo para acariciarle el torso. Taichi se tuvo que recordar que iban a jugar un rato, pues su cuerpo le pedía saltar sobre ella, quitarle la ropa y hacer el amor durante horas. Pero estaría bien aquello, unos juegos picantes podían detonar en mucha pasión y placer. Sonrió cuando la chica le empezó a besuquear por todo el torso y finalmente, se vio con la camiseta levantada.
—¿Qué haces? —preguntó, aunque no se le escuchaba muy bien. Mimi le había puesto los pechos sobre la cara, y no tenía dudas de que lo hacía adrede.
—No te muevas… déjame a mi —susurró ella—. Mucho mejor.
En ese momento el castaño se dio cuenta de que le había atado las manos con su propia camiseta. Y qué habilidad tenía, se las había enganchado también a la cama. Por un momento sintió una pizca de celos. ¿Acaso Mimi lo había hecho con alguien más? Vale que entre ellos no habían hablado nada de formalizar su relación. Eran encuentros esporádicos. Pero aún así…
—Casi estás para hacerte una foto —bromeó Mimi—. Pero tranquilo, que no voy a ser tan cruel.
En ese momento llamaron al timbre. Taichi fue a decir algo pero Mimi salió rápidamente por la puerta, y regresó unos segundos después.
—Algún bromista —comentó mientras se quitaba la camiseta—. No había nadie cuando me he asomado.
—Sí, hay algún capullo estos días que… madre mía —a Taichi se le perdió el resto de la frase en el aire, puesto que la imagen de Mimi en sujetador era muy buena—. Oye… he cambiado de idea, quiero to… tocarte… —tembló. La chica no era muy sutil y se estaba quitando los pantalones, agachándose y mostrándole su culo cubierto por aquellas braguitas negras que sabía lo mucho que le gustaban.
—Lo harás, querido, pero dentro de un rato. De momento, aquí mando yo, ¿vale? Te prometo que no te vas a arrepentir.
El castaño asintió. No podía hacer otra cosa mientras Mimi volvía a subir a horcajadas sobre él. Se echó hacia adelante y Taichi no pudo evitar fijarse en su escote.
—Eres un descarado —bromeó Mimi y le dio un beso en la boca—. Así que me toca taparte los ojos.
—Si insistes…
Taichi sintió la tela posándose sobre sus ojos, y notó las manos de Mimi en su nuca, cerrando el nudo. Sin apretar pero asegurándose de que la prenda no podía caer.
—¿Seguro que no ves nada? —preguntó Mimi.
—Seguro…
—Sigue mi voz… ¿no me ves?
—No —protestó él, pues había notado que el peso de Mimi desaparecía. Seguro que ahora se estaba quitando el sujetador y las bragas y él no podía verlo. No era justo.
—Creo que tu pantalón te estorba… ¿verdad? —preguntó Mimi.
—Sí… por favor, Mimi, no seas mala… —pidió el chico.
Sintió que Mimi volvía a la carga. Sus manos le abrieron suavemente la cremallera del pantalón y lo deslizó hacia abajo. Sintió su mano posándose sobre su pene, acariciándolo por encima de la tela del bóxer, y con cuidado tiró de la prenda para liberarlo. Nada mal. Suspiró con gusto cuando empezó a masajearle toda la zona, con mucho cuidado para no hacerle daño.
Las sensaciones aumentaban mucho cuando no podía ver, aunque le encantaba imaginarse la situación. Sintió su erecto pene atrapado por la mano que empezaba a masturbarlo suavemente. Le tocaría resignarse, no sabía hasta cuándo duraría la situación. Gimió de pronto. Sentía la calidez de unos labios probando el sabor de su erección. Demonios, aquello era demasiado… No lo aguantaba más.
—Mimi…
—¿Mmmm?
—Por favor… quiero verte…
—¿Seguro?
—Seguro… deja que te vea…
Pero la chica continuó lamiendo su miembro. Taichi suspiró, resignado. Pero de pronto, unas manos tiraron suavemente de la venda hacia arriba. Vio el rostro de Mimi, mirándole muy seria, sujetándole con cariño la cabeza.
—No te alteres, querido —susurró y le dio un suave beso antes de permitirle ver qué estaba ocurriendo en realidad.
El castaño tuvo que parpadear varias veces. Aquella visión no podía ser cierta. Mientras Mimi se limitaba a acariciarle la cabeza, situada entre sus piernas, con su pene en la boca, estaba…
—¡Hik…! —intentó gritar pero Mimi le tapó la boca. Pero no fue suficiente. Empezó a retorcer todo su cuerpo. La joven Yagami se apartó en el acto, sentada sobre sus rodillas, y con una mirada de decepción.
—Te dije que esto no era buena idea… —dijo la chica a Mimi.
—¿Idea? ¿De qué está hablando? —preguntó Taichi mientras seguía retorciéndose—. ¡Mimi! ¿Qué está pasando?
—Te lo diré cuando te relajes. Hikari, por favor. Sobre sus piernas —indicó la mayor. Hikari hizo lo que le indicaba, apoyando sus piernas sobre las de su hermano, evitando así su pataleo.
—¿Qué está pasando? —gruñó Taichi—. ¡Esto es una locura!
—Taichi, ya. Quieto. Calma. Y te lo explico. Y ni pienses que vas a poder desatarte —dijo Mimi.
—Quiero una explicación ya. ¡Ya!
Taichi no era consciente de que no se veía en la mejor situación. Atado completamente desnudo en la cama, con Mimi e Hikari en sujetador y bragas sentadas en el borde del colchón. Ambas estaban muy serias. Se miraron entre ellas, pero la joven apartó la vista. No se veía capaz de hablar. Mimi suspiró, dispuesta a explicarlo.
—¿Nunca te has dado cuenta de lo que tu hermanita siente por ti? —preguntó. Taichi no lo entendía—. Siempre te ha querido, pero llegó el día en que no te veía solo como un hermano…
—Joder, no… eso no puede ser —dijo Taichi.
—Lo es. Le costó mucho poder confiarme ese secreto…
—¿Y por qué te lo confió?
—Porque me fío más de ella que de Sora para este asunto —dijo la joven Yagami—. Ella puede ser demasiado recta. Pero confiaba en que Mimi fuera más comprensiva, y así fue.
—Espera… ¿esto te lo ha contado hoy? ¿Por eso has planeado todo esto? —preguntó Taichi.
—No. Me lo contó hace seis meses. Estaba resignada a no poder contártelo nunca, pero hace unos días planeamos esto… Hoy solo habíamos quedado para comer para completar el plan —desveló Mimi.
—Hikari… dime que todo esto es una broma que se os ha ido de las manos —pidió Taichi.
Pero esta no podía resistirse más. Se echó encima de Taichi y tras murmurar un "Lo siento" besó sus labios. El castaño no se lo podía creer. Su joven hermanita, a la que siempre había visto como alguien tan inocente, estaba tendida sobre él, dándole un beso lento. Era pasional. No lo entendía. ¿Por qué lo hacía? ¿Y por qué su lengua iba a buscar la de Hikari y se frotaban entre sí mutuamente?
—Te dije que podríamos convencerlo —susurró Mimi a Hikari, pero lo bastante alto para que Taichi lo oyera.
—Pero esto está mal… —dijo.
—Bueno, creo que no —replicó Mimi—. Estamos aquí los tres solos. Yo no voy a contar nada. Ella tiene muchas ganas de hacer el amor contigo —comentó mientras le acariciaba los cabellos a su amiga—. Todo depende de ti.
—Pero ¿por qué habéis montado el numerito de atarme y que se hiciera pasar por ti?
—Porque pensé que sería mi única oportunidad contigo…
Había hablado Hikari. Miró fijamente a su hermano a los ojos. Este seguía sin dar crédito a toda la historia. Y aún así sus ojos parecían sinceros. Había que acabar con aquello ya.
—Mimi, suéltame. Por favor —pidió.
Con resignación, la chica miró a Hikari. Ella asintió. Era el trato: si Taichi quería terminar con el momento lo harían. Mimi estaba sorprendida. Había pensado que tal vez jugando sería más sencillo convencerle, pero al parecer se había equivocado. Con cuidado desató a Taichi, y este empezó a mover los brazos que tenía liberados.
—Mucho mejor así —comentó—. Por dónde íbamos…
Y en ese momento besó a Hikari. Suavemente, sin prisas. Por lo menos ahora podía rodearla con los brazos. No se le escapó que a su hermanita se le escapaba una lágrima. Le sonrió. A Mimi la situación le causaba ternura. Pero vio la mano de Taichi llamándola y tuvo que unirse a ellos. A Hikari no pareció importarle dejar que se besaran. Al fin y al cabo tenía todo el torso de Taichi para probar su sabor.
—Me alegro de que no estés enfadado. Pensaba que…
—Lo sé. Solo quería estar en igualdad de condiciones… Si mi hermanita quiero que…
El resto de la frase se perdió en el aire. Mimi no tuvo que mirar para saber lo que ocurría. Hikari había retomado lo que estaba haciendo antes de destapar los ojos de Taichi. Como habían acordado, la castaña no bajó a ayudarla. Sabía que era perfectamente capaz de controlar sola la situación, por lo que volvió a besarse con Taichi mientras este disfrutaba del sexo oral que le daba Hikari.
Mimi gimió contra la boca de Taichi. El muy travieso le había pasado un brazo por la espalda, y su mano se había colado entre sus piernas y pasando por debajo de sus braguitas podía masturbarla despacio mientras disfrutaban del momento. Era un amante genial. Pero loe mejor sería quitarse la ropa interior. Dejó que el sujetador volara por el aire y sus braguitas cayeron al suelo para permitir al chico más movilidad. Dejó que lamiera sus pechos.
Hikari les lanzaba miradas furtivas de envidia. Le encantaría tener así a su hermano, pero le volvía loca. Quería probar todo con él. Y se sentía afortunada por tener una amiga como Mimi que le echara una mano con ello. Había soñado tantas veces con aquella situación… Bueno, en realidad, en sus fantasías su hermano entraba furtivamente en su habitación para tomarla. Pero su amiga tenía razón. Eso nunca ocurriría sin darle un empujón a la situación. Ahora por lo menos podía dar rienda suelta a sus fantasías… y la primera pasaba por conseguir que su hermano eyaculase por ella. Su pene era perfecto. Bueno, él entero lo era. De pronto, notó que el cuerpo de Taichi se tensaba. Sonrió, lo estaba logrando. Se entretuvo jugueteando con la punta de su miembro con la lengua hasta que lo consiguió. Taichi se corría, gracias a ella. Percibió el sabor de su semilla. Era extraño… Pero no importaba. Lo había conseguido.
—¿Te… te ha gustado? —preguntó Hikari. Al fin y al cabo el cuerpo podía responder bien pero haberlo hecho mal.
—Ven —llamó Taichi.
Hikari gateó a por él y se encontró con un tierno beso por parte de Taichi. Como había acordado con Mimi, ella fue la siguiente en bajar por el cuerpo de Taichi. El joven le había hecho culminar con su dedo juguetón y ahora le tocaba hacer lo mismo por él. "Eres un pervertido, Yagami", pensó la chica al fijarse en que la erección de su amigo parecía más dura y grande que antes. Pero bueno, mejor se lo pasaría ella. Envolvió su erección con la boca y empezó a lamerla con mimo.
Desde su posición podía ver a Taichi quitándole la ropa interior a Hikari. Sonrió. La joven merecía aquel momento. Vio que el castaño le acariciaba las nalgas suavemente, y adivinó que le estaría lamiendo los pechos. Los gemidos de Hikari lo confirmaron. Sabía muy bien que a Taichi le volvían loco los pezones.
—Mmmmm… eres malo… hermanito… —gimió ella, con sus pechos apresados por la boca de Taichi.
—Pues puedo ser aún peor —le aseguró mientras tiraba de sus nalgas—. Sube, pequeña… Voy a demostrarle lo malo que puedo ser.
Sin ofrecer resistencia, la joven empezó a gatear por el cuerpo de Taichi hasta que su sexo quedó alineado con la boca de Taichi. No… seguro que no lo hacía. Pero de pronto una sensación poderosa de calor invadió su cuerpo. Su hermanito le estaba lamiendo su intimidad. Su cuerpo se agitó. Era maravilloso. Ella no era virgen, pero ninguno de sus amantes le había dado un momento como aquel. Se apoyó sobre sus piernas, con cuidado en todo momento de no aplastar a su querido hermano. Le acarició los cabellos mientras disfrutaba de aquel momento, y gimió su nombre sin contenerse. Se sentía libre por poder hacerlo.
Mimi había aumentado el ritmo de la felación. Al principio pensaba en recrearse con la situación, pero se había excitado, y quería terminar aquello para sentir al chico dentro de ella. Sintió una pizca de envidia por Hikari, ya que conocía la técnica de Taichi para el sexo oral y le gustaba mucho, pero no se quejaba por su juego de dedos. Se ocupó de mantenerse caliente con su propia mano mientras llevaba a Taichi al clímax.
Sintió el disparo del chico en su boca. No le podía culpar por no haberle avisado, al fin y al cabo tenía la boca invadida por la hermanita. La cual en ese momento gimió en un tono muy agudo. O mucho se equivocaba o había culminado también. Trepó por el cuerpo de Taichi y en ese momento Hikari retrocedió, topándose sus cuerpos desnudos sobre el torso también descubierto de Taichi.
—¿Qué tal ha estado? —preguntó Mimi.
—Muy bien… mmmmm qué haces…
—¿No te gusta? —Mimi le besuqueaba el cuello y le llevó las manos a los pechos—. Seguro que a Taichi le gusta lo que ve…
Claro que al castaño le gustaba, pero a Hikari le preocupaba que a ella misma le excitaba también. Pero era el momento de ponerse serios. Taichi llevaba mucho rato tendido en la cama y necesitaba acción. Se abalanzó a por ellas, y haciendo gala de su fuerza, le dio la vuelta a la situación. Y a los cuerpos. De pronto, ambas estaban tendidas en la cama y Taichi estaba en cuatro encima de ellas, evaluando la situación.
—¿Deberíamos llegar hasta el final? —preguntó a su hermanita y le acarició con cariño su sexo.
—N-No… —gimió esta—. Mimi… no ha acabado esta vez… se lo merece…
—¿Estás segura? No me importa esperar —dijo ella. En realidad su cuerpo le exigía a gritos un orgasmo, pero estaba allí para ayudar a los hermanos, no para interferir.
—Tranquila… prefiero mirar al principio —aseguró Hikari, y se movió a la espalda de Taichi—. Hazla gozar —le susurró al oído.
Taichi tiró suavemente del cuerpo de Mimi, situándose entre sus piernas. Su pene apuntaba directo al sexo de la chica. Se sonrieron mutuamente cuando la punta de su erección se apoyaba en el punto exacto. Su señal para continuar. Un suave empujón, una pequeña pausa, un segundo empujón y estaban completamente unidos, bajo la atenta mirada de Hikari. Mimi se echó las manos a la nuca, solía dejar el primer asalto en manos del chico, que tenía un ritmo que la enloquecía.
Apenas fueron unos segundos lentos, pero sus cuerpos se conocían muy bien y pronto adquirió un ritmo mucho más rápido. Hikari se sorprendió. No se lo hubiera esperado de su hermanito pero lo deseaba, lo deseaba mucho. De hecho, pegada a su espalda como estaba, su cuerpo se movía al mismo ritmo y se excitaba solo de pensarlo. No se le escapó el detalle de que a Mimi le rebotaban los senos, y se preguntó si a Taichi no le tentaban.
No tardó mucho en saber que así era. Se tomó un descanso. Mimi suspiró y en ese momento Taichi bajó a atacar su boca, invadiéndola con su lengua desatado por la pasión. Prosiguió su viaje más abajo para llegar a sus senos, succionándolos suavemente. "Y no detiene sus caderas", pensó Hikari sorprendida por las capacidades de su hermano. Tenía mucha envidia hacia Mimi. Cuántas veces lo habrían disfrutado así mientras ella no había podido ni acercarse. Pero esa tarde lo iba a pasar muy bien. Estaba segura de ello.
De pronto el cuerpo de Taichi recuperó la velocidad. Se preguntó si iba a tomarse otro descanso pero no lo parecía. Mimi gimoteaba disfrutando de aquellos vaivenes que le daba el chico. Tenía una expresión de disfrute extremo. Se masajeó los pechos disfrutando de aquel momento. El castaño aceleró más sus acometidas, y de pronto empezó a bajar el ritmo, poco a poco, sin separarse de su amiga. Hikari supo lo que había ocurrido. Había culminado. Su amiga sonreía, satisfecha.
En ese momento se dio cuenta: lo habían hecho sin preservativo. "Mimi toma la píldora", se recordó. Pero no estaba segura de si su hermano aceptaría tomar el mismo riesgo con ella. De momento le bastaba con ver a Taichi deslizandose fuera del cuerpo de la chica. "Es insaciable", pensó al darse cuenta de que su miembro continuaba erguido después de aquella actividad. Y en ese momento se vio sobre el colchón. Taichi se situaba en posición. Su respiración se agitó. Estaba nerviosa. Una cosa era fantasear con la situación y otra era estar a punto de hacerlo de verdad.
—¿Estás bien? —preguntó Taichi—. Estás temblando…
—Un poco nerviosa… nunca pensé que esto…
—Tranquila, pequeña —dijo Mimi. Se había levantado y se puso tras ella—. Deja que te ayude.
Se sentó detrás de Hikari y dejó que ella apoyara ella espalda sobre su cuerpo. Era tan suave… Y en ese momento, Mimi le separó las piernas, facilitándole el acceso a Taichi. Este se situó. Era verdad. Iba a hacerlo. Sin protección. Y en ese momento Mimi tiró suavemente de su barbilla hacia arriba, besándola y evadiendo su mente por un instante del momento en que el pene de Taichi se deslizaba en su interior. Hikari abrió mucho los ojos. Incluso durante el sexo oral no le había parecido tan grande. Pero ahora que le tenía dentro se lo parecía. Y era maravilloso.
—¿Qué tal estás? —preguntó Taichi en un susurro.
—Es… genial… hermanito… —respondió ella—. Me encanta…
Con una sonrisa, Taichi le dio otro beso antes de empezar a acometerla. Fue muy despacio al principio. Mimi acariciaba distraídamente el cuerpo de Hikari, mirando con ternura como aquellos dos hermanos se unían una y otra y otra vez. Su cuerpo reaccionaba muy bien al deslizamiento del chico en su interior. Pero pasaban los minutos y el mismo ritmo continuaba. Y eso la desconcertó.
—Taichi…
—Dime…
—¿Por qué vas tan despacio?
—¿Eh? Pues…
—¡No soy un bebé! —protestó la chica.
—Ssshhh… no te alteres —le indicó Mimi—. Taichi tenía que conocer tu cuerpo. Pero ahora seguro que puede dar lo mejor de si. ¿Verdad? —preguntó, mirando al castaño.
Este asintió. No contaba con hacerlo tan rudo con Hikari. Pero en aquel momento sobre el colchón no podía pensar en ella como su hermana. Era una mujer, muy atractiva además, y que estaba dispuesta a hacerlo con él hasta el final. De modo que su pene se deslizó con suavidad unas pocas veces más y aumentó el ritmo al que a él le gustaba llevar: rápido, sin detenerse, jadeando por el cansancio y disfrutando de los gemidos de su amante. Mimi observaba con atención mientras jugaba con las tetas de Hikari distraídamente, lo cual excitaba aún más a la pequeña. Tanto era así que tuvo su orgasmo en el momento en que Taichi se tomaba su pausa de rigor.
—Taichi… —gimió.
—Sé que has acabado —dijo él, con su pene aún introducido—. Pero yo aún no… ¿quieres disfrutar del segundo asalto?
—Claro que quiero —respondió ella y volvieron a besarse y dejó que el chico jugara y lamiera sus pechos. Su sexo estaba muy mojado y el pene de Taichi se deslizaba con mucha facilidad. Sintió las manos de Mimi acariciándole los cabellos. Era genial aquella situación. Y cuando Taichi se incorporó supo lo que iba a ocurrir.
Volvió a sentir aquel rápido bombeo en su interior. Taichi se movía fuera de control, deleitándose por el sexo de su hermanita. Sin darse cuenta, el cuerpo de Hikari empezó a moverse al unísono, respondiendo con naturalidad a los movimientos del cuerpo del chico, que se acercaba cada vez más a su clímax. Ojalá pudiera culminar al mismo tiempo que él, lo deseaba mucho. Mimi volvió a reclamar la boca de Hikari, y entre lo dulce de los labios de su amiga y el sentir a Taichi eyaculando en su interior, su cuerpo dinamitó un gran estallido de placer. Lo había conseguido.
—Eres el mejor… —susurró, disfrutando de los últimos momentos del pene de Taichi en su sexo.
—Me alegro de que te guste… Creo que podemos hacer esto más veces —comentó—. Bueno, si a Mimi también le parece bien.
—Podéis hacer lo que os de la gana en vuestra casa. Pero no os olvidéis de que también tenéis una amiga a quien llamar —les recordó.
—Nunca podría dejarte de lado, Mimi. Muchas gracias por lo de hoy —dijo Hikari y se lanzó a por los labios de su amiga para besarlos—. Mmm… Taichi… es de mala educación interrumpir… —protestó la joven. Se había puesto en cuatro para besar a su amiga y su hermano había aprovechado para lamer su sexo.
—No haber bajado la guardia —bromeó.
En ese momento sonó un teléfono. Era el de Hikari. Miró quién llamaba. "Mamá". Descolgó.
—¡Hola, mamá! Dime. Sí… Vale… Vale… De acuerdo. Pues nosotros bien, sí. Viendo una peli. Tendremos cuidado, sí. Hasta mañana, un beso —y colgó—. Era mamá. Pasa la noche fuera también.
La tarde dio paso a la noche para el trío. Apenas sabían que tenían todo el tiempo del mundo, Mimi había enterrado la cabeza entre las piernas de Hikari y degustado por primera vez el sabor de su sexo. Ella se había dedicado al pene de Taichi, y este le daba sexo oral a Mimi, pues se lo debía de la vez anterior. Luego, puesto que el castaño estaba bastante agotado y su pene exigía un pequeño descanso, se limitó a mirar como Hikari y Mimi probaban a tener sexo entre ellas, lentamente al principio pero al final ambas consiguieron un buen orgasmo gracias a la otra.
Después de una ducha conjunta en la que Taichi había aprovechado para tocar y manosear el cuerpo de las dos chicas y ellas le habían devuelto el favor se habían ido al sofá, sin nada de ropa, a cenar con el aire acondicionado puesto y disfrutando más de su compañía.
—¿Quién quiere postre? —preguntó Taichi mientras volvía de la nevera con un bote de sirope de chocolate. Mimi e Hikari se miraron entre si. Aquel día iba a ser inolvidable.
¡Muy buenas, gente! Sí, hace bastante desde la última actualización, pero así han venido las cosas. En parte también por una semana terríble anímicamente para escribir y otra demasiado ocupada. Pero no está mal. Empecé este one-shot esta mañana y me ha salido de 4k palabras, así que ole por mi. Cuando quiero, puedo (mi problema es no querer con más frecuencia pero es que soy vago por naturaleza).
Este fic llevaba un tiempo en el "To Do", pero ha sido ahora cuando me ha venido la inspiración para escribirlo. Espero que os haya gustado.
MAZINGER-TAIORA: Por eso no quería desvelar el sentido de la frase, hubiera roto el spoiler ;) Sobre Kari, sí creo que hubiera quedado con los dos para algo más pasional. Por resignación a no poder tener algo formal con Taichi más que por otra razón. Y bueno, el sofá puede ser incómodo, pero tengo una lista muy larga de escenas lemmon en cama y conviene cambiar a veces :P Y no es la última aparición de las madres. No puedo contar más :P
DIGI-FANTASMA-TAIKARI: Bueno, creo que fue una alegría ver las continuaciones después de la avería del PC :) Me alegro de que te gustaran. Y lo que me queiras comentar por via privada, tengo los mensajes abiertos así que sin problema.
honter11: Sí, las hijas salieron a las madres :P Y obviamente necesitarían a alguien para compartir esos momentos. Y no quiero acabar esa historia muy rápido, por eso lo alterno con otros one-shots que me pide la gente.
Guest: No puedo desvelar cómo acabará (poder puedo, pero... ¿qué gracia tendría? :P) La siguiente parte no voy a contarlo tampoco. Pero sí, Taichi pensando en lo que ella estaría es gracioso. Por eso lo incluí. Y el episodio 37 que me mencionas se titula (según leo) "Mi pequeño hermano, ¡¿por qué?! La pesadilla del General enemigo Yuu". Buf. Para escribir sobre eso me tengo que poner al fía con el anime, que hace años lo tengo pendiente.
Con esto me despido hasta el próximo capítulo. No dejéis de pasar por mis otros canales, digoooo fanfic para más historias morbosas. Lemmon rules!
