Un fragmento corto de las historias perdidas; parte 3: Una heroína

Jadeaba pesadamente, el largo cabello se le pegaba en la frente y en su cuello debido al sur que perlaba su blanca piel. Su fino vestido color ocre estaba hecho jirones, embarrado de lodo y yerba verde, su tía no estaba mucho mejor; el alto y elaborado peinado ahora sólo era un desorden de cabello demasiado negro, los mechones sueltos caían salvajes sobre su rostro. Sin embargo, sus ojos grises ardían con un fuego de pura rabia e indignación y quizá algo más oscuro. Sus ojos prometían venganza.

Kenny se mantenía al frente de ellos, tratando de protegerlos con las últimas fuerzas que agotaban su cuerpo. El cuerpo inconsciente en los brazos de Mikasa no se movía, no parpadeaba, ni siquiera daba la más mínima contracción de que estuviera vivo. Las lágrimas caían furiosas de sus ojos al pensar que tal vez, nunca más volvería a hablar con él, que tal vez nunca más despertaría después de esto. Sobre todas las cosas, ella lloraba también por lo que esa noche había perdido.

—Entréguenlo.

Exclamó Zeke, la punta de su dedo indice señalaba con insistencia al cuerpo dormido y magullado al que Mikasa se aferraba como una de las pocas cosas que todavía conservaba. En la densa oscuridad de esa noche, de ese bosque, los ojos azules del médium se veían casi diabólicos y despiadados. El tinte amenazante y crudo que había en ellos le provocaban arcadas llenas de miedo a la viajera. Kenny gruñó, una cosa casi animal; Mikasa sabía que él no aguantaría mucho más. Su poder estaba siendo drenado poco a poco debido a la hechizo que Carla Jaeger había puesto sobre él.

Esa noche se perdieron muchas cosas en la frialdad de ese oscuro bosque, muchas de ellas podían ser recuperadas con el tiempo y paciencia. Había otras que nunca volverían y otras tantas que jamás regresarían de la misma forma y quizá, esas últimas eran las que más le dolían a Mikasa. Kushel estiró el brazo con su puño aferrándose a aquel medallón.

—Deja que mi familia y yo nos vayamos— Su puño se abrió, revelando casi tentadoramente el objeto.— Y te daré el medallón, junto a tu ancestral encerrada en él.

Los ojos de Zeke parpadearon hacia el medallón, hacia la costosa ofrenda de paz expuesta, el zafiro de un brillante color escarlata ni siquiera era tan valioso como el alma que en él se mantenía presa. Sin embargo, una sonrisa burlona se formó en los labios de Zeke Jaeger.

—El diamante y la ancestral no me importan— Ladeó el cuello y frunció su ceño.— He puesto mis términos, entrega al traidor o todo el peso del Oráculo y la Orden caerá sobre tu asquerosa familia tarde o temprano.

Zeke volvió a dar un intimidante paso hacia adelante, Pieck, como su fiel sombra protectora lo siguió muy de cerca. Sus ojos negros se estrechaban y las puntas de sus dedos crujían con todo el poder de su don, una amenaza silenciosa que iba dirigida principalmente a la viajera más joven de la familia Ackerman. Mikasa también había estado tratando de almacenar y concentrar en las palmas de sus manos todo el poder que poco a poco iba recuperando; quizá se debió a un golpe de suerte o a que el destino todavía no había sido cumplido, pero en ese momento algo sucedió.

Algo que distrajo a Zeke y a su guardiana lo suficiente y atrapó toda su atención en favor de seguir lidiando con la familia Ackerman. Fue la oportunidad perfecta para que Mikasa se estirara, alcanzara la muñeca de Kenny y el brazo de Kushel para transportarlos lejos de allí con sus últimas fuerzas. Lo último que los ojos negros de Mikasa Ackerman alcanzaron a ver fue el humo y las llamas rojas que venían del otro lado del bosque.

Que venían de Erdia.


Su portal los expulsó en el claro de algún bosque desconocido, el cuerpo al que Mikasa se había aferrado durante tanto tiempo se zafó de sus brazos durante el turbulento viaje. Ella no tuvo la fuerza de levantarse, de ir por él y acunarlo nuevamente entre sus brazos, sus ojos negros parpadearon con cansancio cuando vislumbró un rayo de luna que iluminaba su rostro. Luego, la viajera se desmayó.


Antes de llegar a Spring Hollow, ellos estuvieron vagando en diferentes pueblos por meses. Kushel encantando y estafando a hombres ricos y viudos, al final todos ellos terminaban por ahogarse y extinguirse entre las afiladas garras de una mujer que había perdido algo realmente importante. Pero cuando la gente comenzaba a darse cuenta de que había algo extraño en la familia, cuando empezaban a preguntarse por el cuerpo durmiente que nunca se levantaba, terminaban huyendo a la siguiente villa.

Sin embargo, aún cargaban a cuestas con un cuerpo inconsciente que Mikasa y Kushel se negaban a dejar atrás. Tenían una pequeña esperanza de que abriera de nuevos los ojos, eventualmente. Así que comenzaron a guardar el dinero que iban robando como vulgares delincuentes y una vez que se obtuvo lo suficiente, decidieron establecerse en un lugar pequeño, lejano y que estuviera lejos de la influencia del Oráculo.

Fue así como llegaron a Spring Hollow, una pequeña villa colorida en vías de crecimiento. Fueron recibidos por el señor Church y el señor Blair, los fundadores de Spring Hollow y de inmediato se les dio un lugar para establecerse: una bella y espaciosa, aunque sombría mansión que había sido de las primeras construcciones inconclusas de la villa. Les llevó semanas enteras reparar los agujeros, pintar la fachada y acondicionarla a lo que estaban acostumbrados antes de abandonar Erdia.

Una habitación al final del segundo piso se reservó para él. Durante el día, mantenían la habitación ventilada, ventanas y cortinas abiertas para que el aire fresco entrara, cada tercer día Kushel se encargaba de limpiar su cuerpo y cambiarlo de ropa. Y cada par de semanas, Mikasa era la encargada de cambiar la ropa de cama. Hacía mucho tiempo que Kenny había perdido toda esperanza de que su hijo despertara, de vez en cuando asomaba la nariz por aquella silenciosa habitación y miraba al cuerpo con ojos vacíos.

No era así el caso con Mikasa y Kushel, quienes diariamente se sentaban en la mecedora a lado de su cama y le hablaban sobre trivialidades. A veces leyendo en voz alta libros para él, siempre haciendo especial énfasis en que un día despertaría y se pondría bien. Algunas otras veces, sólo permanecían en silencio, mirando la alegre vista del paisaje que se podía divisar desde esa parte de la casa. Mikasa nunca había perdido la esperanza de que su hermano despertara, hasta que la esperanza se agotó y no pudo soportarlo más.


Dos años después, Annie llegó a Spring Hollow.

Mikasa la había visto un par de veces en Erdia, más nunca llegaron a hablar. A Mikasa siempre le pareció que la chica era sombría, más allá de lo que se decía de los videntes y su don maldito. Estaba segura de que Annie nunca le prestó atención esas dos veces que se habían encontrado en el centro del pueblo. Ella siempre caminaba con la cabeza baja, sin realmente prestar real atención a su alrededor, era como si todo el mundo real la asustara o peor aún, la aburriera como para no querer alzar la mirada y ver de qué se trataba la vida real.

No obstante y por extraño que parezca, a Mikasa siempre le pareció fascinante, de la manera en que deseaba acercarse y hablar con ella. Nunca lo hizo porque su familia no era bien vista entre la sociedad completa de Erdia, las otras tribus no veían con buenos ojos sus genes y mucho menos a ella y su hermano. Ningún miembro de las otras siete tribus quería involucrarse con ellos de ninguna forma. Era tanto el repudio que la Orden y el Oráculo sentían por ellos, que ni a su hermano ni a ella se les permitió estudiar en Véremir.

Todo lo que sabían sobre las demás tribus, Erdia y su pasado, e incluso sobre sus propios poderes era debido a que Kushel y su abuela les hablaban y enseñaban tanto como podían. Para su hermano, no obstante, era un poco diferente, porque él había nacido con dos genes, algo que tradicionalmente se le conocía como "híbrido". Había nacido con el gen de los guardianes debido a su madre, y con el gen de los memorials debido a Kenny.

Así que tanto Kenny, Kushel y su abuela enfocaban toda su atención en el potencial de su hermano mayor. Gran parte de su vida tuvo que aprender por su propia cuenta a manejar el otro y único gen que se le había concedido: el de los viajeros. Nunca le había importado, ella adoraba a su hermano más allá de la razón y estaba completamente de acuerdo en que él fuera el centro del universo en su familia.

Quizá, fue por eso que nunca tuvo el valor de acercarse a hablar con Annie. Pensó que la vidente podría juzgarla por su sangre sucia y su familia deshonrosa. Y cuando la vio por primera vez en Spring Hollow, había tenido ese mismo impulso de acercarse a la otra chica y conversar, pero nunca podía reunir el coraje suficiente y luego, Kushel empezó a sospechar sobre la chica y su familia.

—La mandó la Orden— Exclamó en una fría noche de otoño, cuando los reunió en el despacho de la casa.— No tengo duda, ella viene a matar a Liviu.

Kenny apretaba el puente de su nariz con sus dedos, parecía exasperado con la noción de que Kushel jamás aceptaría que su hijo ya no despertaría. No después de dos años de silencio y ausencia. Mikasa también estaba agotada, levantarse cada mañana sabiendo que su hermano jamás despertaría la demolía con la fuerza de las olas del mar al chocar. Pero Kushel se seguía aferrando a esa solitaria esperanza con ambas manos y Kenny ya parecía haber llegado a su limite cuando de repente dijo:

—¡El niño no va a despertar!— Luego su mirada se enfocó en el rostro cansado de Mikasa y agregó:— Es hora de que ambas se hagan a la idea. Si la vidente quiere entrar a la manor Ackerman, déjenla.

—Ni siquiera te atrevas a volver a repetirlo— Siseó Kushel y Mikasa reconoció la misma rabia en sus ojos que la de aquella fatídica noche.— ¡Es tu hijo!

—¿Deseas que siga postrado toda su vida?

Mikasa simplemente se quedó en silencio, escuchando como ellos se gritaban por algo de lo que ya no tenían control alguno. Solía preguntarse con frecuencia si las cosas hubieran sido distintas si desde el principio ella se hubiera negado a ayudar a que su hermano escapara con la posesión más valiosa de la Orden y el Oráculo. Cuando los videntes comenzaron a decir que ese niño sería una maldición, no pensó que fuera sólo una maldición para su familia disfuncional.


La próxima vez que se encontró con Annie en el pueblo, ella por fin tuvo el valor de hablarle. Quizá porque estaba consciente de lo que la presencia de la vidente significaba para ellos, o tal vez porque pensó que si le hablaba a Annie y ella la miraba con ojos asqueados, no le importaría en lo absoluto. Así que se acercó a Annie cuando la vio de pie frente a la funeraria, como si viera cosas que sólo estaban destinadas a los médiums.

—Así que el Oráculo te envió a matarnos— Dijo con rudeza una vez que estuvo a lado de ella.— Nunca creí que los videntes cayeran tan bajo.

Annie apenas parpadeó, no parecía ni un poco afectada por las duras palabras de Mikasa y eso desconcertó a la viajera, que esperaba al menos causar una reacción en ese rostro estoico.

—¿Lo hizo?— Cuestionó entonces la mujer rubia.— ¿Por qué? Nuestra tribu es la más débil de todas. No podría matar a ninguno de ustedes aunque quisiera, sólo soy una mujer débil comparada contigo.

—No me extraña que te digan tramposa— Mikasa bufó con falsa diversión.— Estoy segura de que te dieron un papel especial, por eso estás aquí.

Hubo una pausa corta, entonces, los aburridos ojos azules de Annie por fin le devolvieron la mirada. Mikasa sintió que repentinamente, se ahogaba en el azul tan pálido de esos ojos que ya han visto demasiadas cosas. No se iba a atrever a decir que había sido amor a primera vista, pero ciertamente había algo ahí. Era como si hubiera sido destinado a suceder y sabía que sólo por eso, más tarde podría ser amor si era lo suficientemente descuidada.

—Me enviaron a vigilar a tu familia— Annie encogió los hombros y ladeó el cuello, exhibiendo la delicada columna pálida ante los ansiosos ojos de Mikasa.— Como castigo por haber tratado de matar a Eren Jaeger, su gallina de los huevos de oro.

Annie en realidad sonrió con un ápice de diversión ante la ironía de sus propias palabras. Desde luego que no era difícil entender por qué, Mikasa sabía que Eren Jaeger era de cierta forma, especial. Había nacido con un gen recesivo muy importante para los ancestrales, su propósito era el de dar esos preciados huevos de oro a los ancestrales. Era la razón principal por la que Zeke Jaeger no quería que su hermano menor se involucrara con la familia Ackerman. La razón por la que a su hermano se le había prohibido acercarse a su propio médium.

Imagina cuán indigno sería que el chico no cumpliera con su propósito al haber nacido ligado a un Ackerman que tenía la sangre sucia como a todos en Erdia les gustaba referirse, y peor aún, que debido a esa sangre sucia naciera con una malformación genética en una de sus piernas. Parecía ser la mancha de suciedad en alguien que había estado destinado para destacar, lo quisiera o no.

—Así que en tanto Corvus no despierte, yo no haré nada para alertar al Oráculo.

Ante el nombre despectivo, Mikasa arrugó la nariz con desagrado y dijo:

—Su nombre es Liviu, no Corvus.

Annie se enfrentó a la mirada llena de fiereza de Mikasa, sus ojos eran negros pero también había un ligero tinte del azul más oscuro, como bengalas que se desangraban en la negrura de esos ojos. Annie se sintió atraída hacia los ojos, no por el color tan extraño, sino por la forma en como ellos parecían mirar.

—Mis disculpas— Ofreció después de un rato de silencio y se corrigió a sí misma diciendo:— En tanto Liviu no despierte, yo no haré nada para alertar al Oráculo.

—¿Por qué me ayudas?— Preguntó Mikasa antes de que Annie diera media vuelta y se fuera.

La vidente pareció considerar su respuesta por varios segundos, luego:

—Porque te vi venir en un sueño.

Fue toda la respuesta que dio la rubia antes de dar un asentimiento educado en su dirección y alejarse con la misma expresión de aburrimiento. Mikasa parpadeó, entonces, después de todo, que ellas se encontraran sí estaba destinado a suceder y Annie lo supo antes que ella. Suspiró temblorosamente, no había esperado una casi declaración de intención tan pronto.


—¿Por qué el Oráculo no permitió que tu hermano reclamara sus derechos como guardián de Eren?

Annie preguntó una soleada tarde de verano. Habían pasado un año entero orbitando la una con la otra, viéndose en secreto para que Kushel no se enterara que Mikasa comenzaba a fraternizar con la que consideraba como el enemigo. Tenían una amistad profunda, apasionada y posesiva que no tardaría mucho en mutar en otra cosa. Ambas eran conscientes de ello, pero seguían alargando lo inevitable por todo lo que implicaría que tuvieran una relación romántica.

Había pasado otro año sin que Liviu despertara del coma inducido por Zeke Jaeger y para éste punto ya era dolorosamente obvio que no despertaría, incluso para Kushel Ackerman. Mikasa le había contado un par de cosas a Annie sobre su hermano, pero la vidente no tenía todavía toda la historia. A ella le aterraba tanto que si le contaba acerca de ese sucio secreto de la familia Ackerman, Annie ya no quisiera tener nada que ver con ella.

Pero suponía que tampoco podía vivir ocultándole ésta parte importante de su vida, Mikasa odiaba los secretos y las mentiras. No quería mentirle, ni ocultarle cosas a Annie. Además, también quería quitar esa imagen de maldad que tenía sobre su hermano, la imagen que la Orden y el Oráculo se encargaron de reforzar. Quería fervientemente que entendiera que Liviu sólo había sido victima de las circunstancias. Entonces aspiró aire antes de llenarse de valor y hablar sobre aquello que la avergonzaba.

—Es porque somos hijos de Kenny Ackerman— Soltó por fin y cuando notó la confusión en el rostro de Annie, agregó en un murmuro:— Y de Kushel Ackerman.

Entonces y ante la impactante confesión, toda la claridad pareció golpear a Annie como un tren de carga. Estaba impávida y más pálida de lo habitual, porque claro que eso no era normal, ni bien visto entre las demás tribus y en general, en toda Celthia. Y Mikasa ni siquiera dejó que Annie dijera nada, desvió el rostro a un punto muerto de las verdes colinas y comenzó a explicarse, como si fuera su deber enmendar las atrocidades de su familia.

—Es algo normal en nuestra familia, en nuestra tirbu. Se cree que de esa forma la sangre es más pura— Flexionó las piernas y de inmediato las abrazó con sus paliduchos brazos contra su pecho.— Es por eso que mi hermano nació con una malformación y yo sin un gen recesivo que heredar, el linaje de mi tribu o cualquier otra, se acaba conmigo.

Se encorvó más, haciéndose más pequeña con el pensamiento de que en cualquier momento, Annie se pondría de pie y se marcharía, completamente asqueada. Mikasa no la culparía en lo absoluto. Pero entonces, eso no ocurrió. Annie estaba en silencio, pero su cerebro iba a mil por hora, tratando de darle sentido a lo que Mikasa acababa de confesarle, no que fuera algo fácil de digerir, después de todo. Y claro que hacía sentido por qué Zeke, Grisha, el Oráculo, la Orden e incluso Carla se habían negado a que Liviu se acercara a Eren Jaeger.

Al menos, ahora podía entender el porqué Liviu había intentado raptar a su propio guardián. Y mientras pensaba en ello, algo se le ocurrió y su mirada azul regresó al rostro de Mikasa, deformado por la mortificación, y sacudió un poco su cabeza rubia.

—Pero tú eres una viajera, tu hermano guardián y Kenny un memorial— Señaló lo obvio, para después preguntar:— ¿Cómo es eso posible?

—Liviu nació con dos genes al mismo tiempo, es lo que llaman híbrido. Como la famosa Madame Escarlata o Zeke Jaeger— Explicó la viajera.— Kushel y Kenny son medios hermanos, en realidad. Kenny nació bajo la tribu de los memorials, la tribu de Nihal. Kushel nació bajo la tribu de Izmir por parte de su abuela paterna, por eso yo también soy una viajera. Liviu heredó el gen recesivo de los guardianes por parte del abuelo paterno de Kushel y además, nació con el gen de los memorials.

—Demasiados genes.— Exclamó Annie, estaba un poco mareada por el golpe repentino de demasiada información.

Mikasa soltó una carcajada nerviosa.

—La familia Ackerman pertenece a una tribu en decadencia— Arrugó la nariz y se encogió de hombros.— La familia comenzó a mezclarse con otras tribus luego de que demasiados incestos provocaran que los miembros nacieran enfermos o murieran durante el parto. Pensaron que después de una generación, con Kenny y Kushel, comenzarían a nacer memorials puros y fuertes.

—Fue por mi culpa— Dijo de repente Annie, ganándose la total atención de Mikasa.— Si yo no... si no hubiera revelado la identidad del guardián de Eren Jaeger, nada de esto habría pasado.

La viajera de inmediato negó ante la conclusión un tanto apresurada de Annie.

—No es culpa de nadie, Zeke lo iba a saber tarde o temprano— Aseguro entonces, con tanta calma que desconcertó a Annie.— El Oráculo controla toda la vida de Erdia y sus siete tribus. Y Eren ya sólo es indispensable y honorable por sangre, no hubieran permitido que mi hermano se acercara al niño, bajo ninguna circunstancia.

—Zeke los amenazó ¿verdad?

—Nos dio a elegir el camino de menor resistencia. Nos daría dinero y una mansión en Deralia si aceptábamos alejarnos de Erdia, Liviu podría ver a su médium en algunas ocasiones al año, aunque no se le permitiría hablar con él o acercarse demasiado— Explicó Mikasa con amargura.— Mi hermano se negó y luego Zeke realmente amenazó, diciendo que era de esa forma o de lo contrario mandaría a Eren al Continente, sin posibilidad de que Liviu lo volviera a ver.

Annie asintió y murmuró, más reflexiva que cualquier otra cosa:

—Fue por eso que intentó huir con Eren.

—Supongo que no podría culpar del todo a Zeke— La viajera suspiró, encogiendo los hombros.— Es obligación del Oráculo velar por las siete tribus. Tal vez pensó que lo correcto sería sacrificar un vínculo en virtud de que Eren pudiera heredar su gen recesivo a los ancestrales.

—Claro, porque si Eren se vinculara con su guardián, sería físicamente incapaz de estar con nadie más— Dijo Annie.— Creyó que haciendo un mal menor, evitaría un mal mayor.

Mikasa movió la cabeza en un gesto de acuerdo a lo que Annie acababa de afirmar, luego, otra vez permanecieron en silencio. De pronto, Annie comprendió muchas cosas, sobre el Oráculo, Eren Jaeger y desde luego, la familia Ackerman. Ambos bandos tenían motivos validos para interponer sus intereses y Eren sólo había tenido que estar en medio de ese fuego cruzado. Un poco tarde comprendió el sueño que antes había tenido, sobre Liviu y Eren en medio de llamas, mientras que Erdia se hacía cenizas, y que tanto miedo le había causado.

El sueño sí, había sido una advertencia, pero no de algo que iba a pasar, sino de algo que se tenía que evitar. La única obligación de los videntes era ver el futuro desastroso y tratar de cambiar su rumbo para que afectara al menor numero de personas posibles, advertir y aconsejar a la Orden. Annie realmente había fallado porque no supo interpretarlo. Si tan sólo hubiera comprendido desde el inicio habría buscado una solución que mantuviera a ambas partes satisfechas.

Sabía que pensar en lo que hubiera pasado de haber prestado atención, no tenía ningún sentido porque el daño ya estaba hecho y seguiría dejando secuelas a menos que encontrara la manera de detener ese domino que seguía cayendo, dando paso a la causa y efecto. Su nuevo trabajo ahora era mantener a la familia Ackerman a salvo del Oráculo y al mismo tiempo, mantener a Eren Jaeger alejado de ellos.

Ya que el vínculo entre Eren y Liviu jamás se llegó a completar y consumar, éste seguiría latente, llamando a su médium a pesar de la inconsciencia del guardián. Si Liviu y Eren llegaran a encontrarse de nuevo, no había manera en el infierno de que el Oráculo se quedara quieto, vendrían por la familia Ackerman y eso desataría una guerra ya que Eren tampoco se quedaría de brazos cruzados. Annie podía verlo claramente ahora. Quizá había sido demasiado evidente, porque segundos después y con la voz rota, Mikasa dijo:

—Ya no quiero perder a nadie más.

Annie se tragó el nudo que amenazaba con obstruir su garganta.

—Tu hermano debe morir de verdad— Exclamó con voz pequeña la vidente.— Para cortar el vínculo que lo une a Eren Jaeger aún en su estado de inconsciencia y evitar el mal mayor.


Había sido un día especialmente lluvioso y frío, el viento azotaba contra las viejas ventanas de la ahora, mansión Ackerman. La habitación de Liviu estaba totalmente en penumbras y un aura de zozobra se expandía por toda la mansión. Kushel estaba cada día más distante, cansada y ojerosa, porque era una madre que estaba perdiendo a su hijo y ya sabes, no era justo que una madre pasara por ese tipo de infierno. Nunca lo sería. Mikasa, al igual que Kenny, ya había perdido esperanza alguna de que Liviu despertara y una parte de ella seguía pensando que era mejor así.

—Liviu ya no va a despertar, ¿verdad?

—No.

Kushel respondió, su voz vacía de cualquier sentimiento que antes hubiera estado allí. Se veía demacrada más allá de toda regla y al igual que el cuerpo que dormía profundamente sin posibilidad de retorno alguno, ella ya estaba muerta por dentro. Esa fue la última vez que Mikasa la vio derramar lágrimas de dolor, fue la última vez que Kushel se permitió ser humana. En medio de tanto dolor, Kushel murmuró tan bajito como pudo:

—No, al menos no despertara con éste cuerpo.

Mikasa debió saberlo mejor.


Kushel se encerró con su hijo por ocho días. Ocho días en los que no comió, ni salió para nada; nadie nunca supo qué sucedió exactamente en ese tiempo de ausencia, de silencio, de dolor inmenso. Todo lo que Mikasa y Kenny supieron cuando Kushel salió de la habitación fue que había matado a su propio hijo. Liberándolo de la prisión que su cuerpo significa para su atormentada alma. Pero ese día, Kushel había perdido gran parte de sí misma. Se volvió más sombría, fría, distante e innecesariamente cruel con la gente que la rodeaba.

Mikasa no volvió a ver a Liviu, Kushel ordenó que su ataúd se cerrara y no se abriera bajo ninguna circunstancia, ella también le prohibió a Mikasa que se asomara a ver el cuerpo muerto de su hermano. No hubo posibilidad de beso de despedida en la frente de Liviu, ninguna posibilidad de despedida ni últimas palabras. Su hermano finalmente se había ido y eso era todo.

Es decir, hasta que Kushel lo trajo de vuelta.


Repentinamente, Kushel se comprometió con sir Carther Blair, uno de los fundadores de Spring Hollow en el otoño de ese mismo año. A Mikasa la tomó tan de sorpresa que ni siquiera la dejó sufrir su luto adecuadamente; pero Kushel se había distanciado tanto de ella y Kenny que ya jamás sabía en lo que estaba pensando la mujer. Kenny, desde luego, pensó que era debido al dinero y las acciones de sus sembradíos lo que interesaban a su hermana, veía esta boda con buenos ojos porque significaría que la familia Ackerman volvería a ser tan acaudalada como cuando vivían en Erdia.

Pero Mikasa, siempre astuta, siempre inteligente, sospechaba que debía haber mucho más.


Luego de la consumación del matrimonio, la familia Ackerman abandonó su mansión para vivir todos juntos en la manor Blair. Pero no eran una verdadera familia, ya no más. Kushel apenas y miraba a su esposo y se pasaba las tardes enteras encerrada en la biblioteca de la mansión, tramando, buscando algo que la ayudara a calmar el permanente dolor que apenas la dejaba respirar.

La salud de sir Carther Blair comenzó a decaer, parecía que Kushel Ackerman lo afectaba un poco más por cada día que pasaba y eso no parecía importarle al hombre. Estaba obsesionado con ella de una forma enferma, y Mikasa lo sabía por todas las pinturas que había de ella en la mansión Blair. La forma casi ciega en la que decía que sí a todo lo que Kushel pedía.

Y luego de meses, Kushel anunció que estaba esperando un hijo de sir Blair. Mikasa volvió a tener esperanza, a sonreír de nuevo ante la idea de un hermano y pensó que eso sacaría de su trance a Kushel, que volvería a ser la mujer que un día había sido. Pero la llegada de este niño no cambió muchas cosas, Kushel no estaba emocionada por la nueva vida que se creaba en su interior, a Mikasa le daba la impresión de que estaba ansiosa ante la idea de ésta nueva vida. Y Mikasa podía distinguir la diferencia entre una y otra.

Su nuevo hermano nació el veinticinco de diciembre de mil setecientos siete en una inusual y fría noche de invierno. Mikasa fue la primera en llevar en sus brazos al pequeño niño, sonrojado y lleno de vida, se había prometido a sí misma que ésta vez cuidaría bien de éste niño, que daría su vida por él porque ya no estaba dispuesta a perder a un hermano de nuevo, no podría soportarlo otra vez.

—Se llamará John Blair— Anunció el señor Carther, una vez que tuvo a su hijo entre sus brazos.— Como mi abuelo.

—No— De inmediato objetó Kushel con brusquedad.— El niño llevara por nombre Levi Ackerman.

Ante el tono brusco y demandante de la mujer, sir Blair frunció el ceño y enfrentó a su esposa. Mikasa sabía de antemano que desde que Liviu había muerto, tratar de razonar con Kushel Ackerman no era para nada sabio ni mucho menos inteligente.

—Yo, como padre del niño y proveedor de la familia tengo dere-

—Haz lo que ella dice.

Exclamó Kenny con seriedad, interrumpiendo por completo el discurso demasiado conservador del señor Carther. Mikasa había podido sentir el don de su padre mucho antes de que se usara, Liviu causaba la misma sensación antes de usar su don en ella. Un escalofrío que le recorría la columna vertebral y la inconfundible sensación de vacío en el estómago una vez que el usuario lo ejecutaba. Kushel ni parpadeó ante lo que estaba sucediendo, pero sus ojos grises fueron directamente hacia el rostro de Kenny y por primera vez en mucho tiempo, sonrió.

No era una sonrisa amable, ni mucho menos bonita. Era una sonrisa que prometía mucha maldad.

—Que sea así— Respondió obedientemente sir Blair después de un rato.— Levi Ackerman, será.

Mikasa, desde luego, no obvió el detalle de que su nuevo hermanito llevaba un nombre parecido al del hermano que perdió.


Dos meses antes de que Levi cumpliera su primer año de vida, en octubre treinta de mil setecientos ocho, Liviu volvió.

Había muchas cosas que podían ser recuperadas con el tiempo y paciencia. Había otras que nunca volverían y otras tantas que jamás regresarían de la misma forma y quizá, esas últimas eran las que más le dolían a Mikasa Ackerman. La noción de saber que aunque Liviu volviera, jamás lo haría de la misma manera. Las almas eran pequeñas cositas llenas de luz demasiado frágiles, que sentían demasiado al ser puramente luz y emociones en lugar de carne y hueso. Los sentimientos negativos solían tener el efecto no deseado en ellas, las contaminaba y transformaba en oscuridad y enojo, sufrimiento. En cadenas que con el paso del tiempo, eran más difíciles de romper.

Las almas eran tan fáciles de corromper y Kushel Ackerman había hecho un extraordinario trabajo en contaminar el alma de alguien que alguna vez, no había sido otra cosa que luz. Todo el enojo que sentía por el amor que le fue arrebatado, toda esa venganza que la consumía, había sido transferida con la misma fuerza al alma de su hijo que se había mantenido oculta celosamente en un viejo baúl de roble en la habitación que solía pertenecer a Liviu.

Esa noche de octubre, Kushel había tomado a Levi con la finalidad de llevarlo a la abandonada mansión Ackerman y abrir el baúl para liberar al alma dentro de él y permitir que se aferrara a la única cosa con vida en la habitación: Levi. Sin embargo, resultó en que el alma contaminada de Liviu sólo quería destruir y quemar y vengarse. Spring Hollow entonces ardió en llamas.

La gente del pueblo creyó que se trataba de un demonio, aquel ser hecho de rabia ardiente que se quejaba y dolía, dejando una marca de destrucción a su paso. Nadie podía apagar las llamas, nadie podía hacer nada para detener un dolor que parecía no tener sanación; los extraordinarios poderes que una vez juró usar para proteger a su médium y a la gente, ahora eran utilizados para todo lo contrario.

A Mikasa le desgarraba en demasía pelear contra su propio hermano, su sangre, y se sorprendió tanto de que él se estuviera conteniendo con ella a pesar de todo el enojo que llevaba dentro. Pronto se llegó a la resolución de que encerrar a Liviu dentro de un baúl ya no sería suficiente, necesitaba un catalizador mucho más fuerte que pudiera contener a su alma. Fue cuando Mikasa decidió liberar al alma de la ancestral que Kenny había sellado dentro de un medallón escarlata.

El espíritu azul de la bella mujer que emergió del medallón con una expresión triste, accedió a ayudarlos ante las suplicas desesperadas de Mikasa y los lamentos de un pueblo que se consumía en llamas. Tras una larga lucha entre ella, Mikasa, Annie e incluso Kenny, la ancestral logró contener al alma de Liviu Ackerman a cambio de un alto precio. Una parte de sí misma se quedó sellada, atada a la casa y al viejo baúl de madera de roble, mientras que el alma de Liviu logró ser sellada dentro de un niño. El nombre de ese niño era Levi Ackerman.

Mucha gente inocente había muerto en esa fatídica noche, incluyendo a sir Blair. Kenny tuvo que usar su don en la gente que quedó, alterando sus recuerdos y haciéndoles creer que había sido su fundador el que había impuesto tremendo castigo y maldición en su gente. Fue así que Levi creció, entre brumas confusas, recuerdos alterados y una total soledad impuesta por su propia madre. Kushel nunca soportó ver a Levi y siempre notar el parecido que tenía con Liviu, y sabiendo que Levi jamás sería ese hijo que perdió.

Con el correr de los años y ante la inestabilidad que atormentaba a Levi por tener a otra mente ajena atada a su propio cuerpo y que deseaba escapar, se tomó una decisión que afectaría a todas las personas que solían vivir en Spring Hollow. Annie y Mikasa tuvieron que trabajar juntas, combinar sus poderes para crear bucles temporales cada tanto de tiempo. Una medida desesperada para evitar que lo que había sucedido en esa noche de octubre se volviera a repetir.

Mikasa entonces tuvo que ver a su medio hermano crecer, tuvo que sostener la nueva apariencia que se vio obligada a tomar. Ella lo llamaba primo en lugar de hermano, ella jamás pudo convivir con él en su infancia. Ella tuvo que ver como Kenny alteraba sus recuerdos cada vez que un nuevo bucle de tiempo era iniciado. Ella tuvo que soportar el dolor de la indiferencia y rechazo de su propia sangre.

Mikasa fue la heroína anónima de la que Levi nunca supo.


¡Hola a todas! Espero que se encuentren muy bien y que su cuarentena no este siendo tan pesada. Yo paso por aquí para dejar la continuación de éste fanfic, ahora que tengo el tiempo estoy aprovechando al máximo para escribir las actualizaciones de éste fanfic que ya esta a tres capítulos de llegar a su conclusión final. Así que espero que el nuevo capitulo haya sido de su agrado y que más misterios hayan sido aclarados en ésta parte de las historias perdidas de los personajes secundarios más importantes en la trama (Eren, Annie y Mikasa). Por otra parte, si aún quedaron espacios en blanco en cuanto al pasado de la familia Ackerman, no se preocupen que para el siguiente capitulo podremos ver un poco más sobre el pasado de ésta familia y más específicamente, del pasado de Levi. De cualquier forma, si alguien tiene duda con todo esto de los genes, las tribus y demás, al final de la historia puedo añadir todas las notas que hice del fanfic para construir todo este nuevo universo, además de pequeñas biografías de los personajes centrales. Pensé en eso mientras escribía éste capitulo, así que ¿qué opinan? ¿Les gusta la idea? Si es así, háganmelo saber, por favor. Bueno, si llegaste hasta aquí, quiero agradecerte por haberme leído, eso siempre me mantiene motivada a seguir adelante con éste proyecto. Sin nada más que agregar, nos estamos leyendo para la próxima.

¡Saluditos!

P.d: Sí, criaturitas, Levi es la reencarnación de Liviu, así que no considero a éste último como personaje occ, sólo para aclarar.

Love you 3000, Dragón. 🐉🌹