Los días pasaba más rápido de lo que Naruto quería, pero había hecho una apuesta y estaba decidido a aprender el Rasengan y reclamar el collar del Shodai Hokage.
Hanako era la que más iba a verlo, dejándole comida y simplemente viendo cómo se encontraba en general.
La pelirroja era hermosa, Naruto lo sabía pero mientras más pasaba con ella la veía como una hermana mayor.
Hanako no llevaba hitae-ate, pero podía adivinar que era de Konoha por la manera en la que hablaba de la aldea.
Jiraiya había hablado con él alguna vez sobre ella, cuando estaban solos y le había dicho que no se encariñara mucho de ella pues Hanako no era de las personas que se quedaban quietas en un lugar, según Jiraiya, la pelirroja era una viajera y no sé detendría por nada en un solo lugar durante mucho tiempo.
Así que el rubio se había mentalizado para tener que ver partir a Hanako, aunque aquello no quería decir que le fuera a doler menos, en especial cuando ya estaba tan acostumbrado a las sonrisas que le regalaba y a sus tratos.
Percy caminaba con la apariencia de Hanako, regresaba de ir a ver a Naruto y ahora tenía sueño por lo que se dormiría unas buenas 10 horas y después ya vería que hacer.
Cuando llegó a su cuarto, dió un salto en su lugar al ver la silueta de alguien más en su habitación.
La cosa era que, los dioses no tenían chakra, o no lo usaban por lo que ella no podía sentirlos aún siendo de tipo sensor y eran aquellas habilidades de las que más se fiaba, era por eso que siempre lograban sorprenderla apareciendo así en su habitación.
—Hola, papá —dijo Percy mientras cerraba la puerta con seguro detrás de ella para después caminar hasta la ventana y cerrar las cortinas, una vez todo eso estuvo hecho, deshizo el Henge no Jutsu—. ¿Qué pasa?
—Hola, Percy —saludó su padre con una sonrisa paternal—. Me he enterado de tus problemas con tus poderes —Percy estaba a punto de preguntar cómo lo sabía pero entonces recordó que había un canal en la HefestoTV únicamente sobre ella, el cuál solo tomaba descanso cuando ella dormía o iba al baño, entre otras cosas. Al ver que no iba a decir nada, su padre continúo hablando—. Este mundo es virgen a nuestros poderes, Percy. Eres la primera semidiosa pisando este suelo, esta tierra y eres la primera en utilizar tus habilidades como mi hija en este lugar, ni siquiera yo cuando vengo a verte me meto con mi dominio pues podría causar incluso un tsunami sin querer. Aunque eso no es todo, tienes 24 años, has entrenado la mitad de tu vida y tus poderes han crecido dentro de ese tiempo, ahora que estás en un cuerpo de 12 años, pasas por el proceso de la pubertad otra vez, tu temperamento es peor que la de una persona de esa edad pues eres una hija mía y me disculpo por eso, aunque en realidad no tanto. El nivel de tus poderes es superior a la capacidad de tu cuerpo y es por eso que se sale de control, no serían cosas tan grandes si no estuviéramos en este lugar. Tal vez te has dado cuenta de que incluso es mucho más fácil controlar el agua y demás líquidos estando aquí.
Percy se quedó con la boca abierta, fue bastante información en un corto lapso de tiempo aunque en realidad muy bien explicada, ¿quién diría que su padre podía hablar tan bien?
—¿Y qué me sugieres para controlarlo mejor? —le preguntó Percy a su padre, tomando asiento a su lado en la única cama de la habitación.
El rostro de su padre se quedó en blanco, Percy sabía que era demasiado bueno para ser verdad.
—Bueno, supongo que podrás controlarlo mejor mientras más entrenes y mientras más crezcas —fue todo el consejo que le dió su padre—. Este lugar abre un mundo de posibilidades, Percy. Recordarás el contrato de invocación que tienes, ¿no? —le preguntó su padre y ella asintió—. Es por lo mismo, esas criaturas reconocen que aquí tienes más autoridad que en nuestro mundo, tu poder es más grande y es por eso que se inclinan ante ti y obedecen tus órdenes con facilidad.
A Percy casi le da un infarto cuando vió que era lo que podía invocar pues había pensando que se había librado de eso al llegar a ese mundo pero para su suerte, los monstruos eran más bien dóciles en este lugar, la escuchaban y cumplían sus órdenes.
—Gracias por resolverme algunas dudas —le dijo ella a su padre con una sonrisa.
Poseidón asintió y se puso de pie.
—Será mejor que descanses, mañana será un día algo interesante —fue lo último que dijo su padre antes de desaparecer en brisa marina.
Ahí estaba Percy, o más bien Hanako, siguiendo el rastro de Tsunade, Orochimaru y Kabuto. Para bien o para mal, ella era más rápida que Naruto, Shizune y Jiraiya por lo que los dejó atrás con facilidad.
Los dos adultos estaban en malas condiciones y Jiraiya no dejó que Naruto siguiera el paso de Percy pues prefería mantenerlo a su lado.
Ella tenía una sola cosa en mente: acabar con el trabajo del Sandaime y matar a Orochimaru.
No fue difícil seguir el rastro, había un camino de destrucción que la guiaba con facilidad. Eso y también podía sentir sus chakras no muy lejos.
Percy estaba por lo menos feliz de que Tsunade no hubiera aceptado el trato de Orochimaru, ahora solo tenía que llegar y ayudarla.
Cuando por fin llegó, se encontró a Tsunade en el suelo y a Kabuto frente a ella con chakra reunido en sus manos en un jutsu que ella no pudo reconocer. Estiró su mano hasta tomar el mango de Samehada y se preparó para aquello, tenía cuentas pendientes con el ninja de cabello gris.
—No puedo dejar que muera aún, así que no tocaré su cuello —escuchó que dijo Kabuto—, pero ya no puede...
Antes de que Percy saltara, Tsunade ya estaba de pie y había atacado a Kabuto con un golpe en la nuca, mandandolo de cara al suelo donde se arrastró unos metros.
La rubia cayó al suelo, respirando con dificultad y esa fue la oportunidad de Percy, empuñó a Samehada y saltó.
Kabuto la vió y si no hubiera estado en la situación que estaba, probablemente hubiera podido esquivar el golpe. Percy únicamente vió como el de lentes se removía sin algún sentido, Samehada impactó en su pecho con un gran golpe que le sacó el aire y entonces desgarró la ropa y la carne en el pecho, al igual que su chakra.
—¡Hanako! —le llamó Tsunade al ver su cabello rojo, no era difícil reconocer a la chica.
Percy la miró de reojo y la mirada que Tsunade había descrito como inocente ya no lo era más mientras dejaba de mirarla a ella y se centraba en Orochimaru, quién miraba su espada casi con terror, Samehada estaba libre de los vendajes de la parte superior por lo que la piel de tiburón era visible.
—Esa es... —dijo Orochimaru, mirando a la chica y a la espada.
Percy recargó la espada en su hombro y sonrió, unos metros de ella, Kabuto seguía pensando como hacer funcionar su cuerpo.
—Samehada —completó ella por él—. Recién adquirida, ¿te gusta? Aunque tengo otra con la que pienso acabar contigo.
Percy corrió hacia Orochimaru, quién al no tener una de sus piernas disponibles y tampoco sus dos brazos la tenía difícil. La chica era bastante rápida y no estaba seguro de poder esquivar del todo su ataque pero antes de que impactará, alguien había aparecido delante de él, protegiéndolo. La pelirroja frunció el ceño la ver a Kabuto y reunió más chakra en sus brazos para que el golpe fuese más fuerte, lanzándolos a los dos hacia atrás.
Kabuto se puso de pie y Percy no pudo evitar notar que las heridas que tenía en su pecho parecían estar sanándose. El de cabello gris corrió hacia ella con un kunai en su mano y una sonrisa, parecía que había recuperado el control sobre su cuerpo.
Pero entonces, Tsunade la empujó lejos de su camino, únicamente para encontrarse con la vista del pecho herido de Kabuto. Todo ese tiempo el cuerpo de la pelirroja había estado tapándole la vista de su cuerpo por lo que no había visto que lo había herido así, no había visto la sangre hasta ahora.
La sonrisa de Kabuto de hizo más grande mientras alzaba el kunai sobre la rubia pero antes de poder bajarlo, una bomba de humo explotó entre ellos, haciendo que el de cabello gris detuviera sus movimientos.
Por fin habían llegado los demás.
—Cuánto tiempo, Jiraiya —saludó Orochimaru, poniéndose de pie, o más bien arrastrándose hasta ponerse de pie.
—Tu mirada sigue siendo igual de amenazante —fue la respuesta de Jiraiya.
Percy se puso de pie, suspirando en cuánto vió a Naruto ver a Kabuto, era cierto, él aún no sabía sobre él y se suponía que Percy Jackson tampoco.
—¿Kabuto-san? —preguntó el rubio al verlo allí.
—Naruto-kun —saludó el de cabello gris.
—Conque se conocen —dijo Jiraiya, mirando con más atención a Kabuto.
—Hizo el examen chūnin conmigo —explicó el rubio—. ¿Qué hace aquí?
—¿Permiso para matar? —preguntó Percy a Jiraiya mientras se ponía en guardia, no había tiempo para explicarle a Naruto quién era en realidad Kabuto.
Jiraiya hizo un sonido de confirmación con su boca y Percy no esperó más para lanzarse hacia él.
Kabuto había recuperado la velocidad que Percy recordaba de su último enfrentamiento por lo que ahora estaban parejos. El de cabello gris no pudo evitar notar que conocía el estilo de pelea de la chica que habían llamado Hanako y fue por eso que pudo responder mejor, aunque la pelirroja contaba con Samehada, que también le servía de escudo para sus ataques directos. Atrás de ella, Jiraiya le explicaba a Naruto quién era Kabuto.
Percy atacó a los pies con Samehada, un ataque que Kabuto pudo esquivar saltando, únicamente para encontrarse con el puño de Percy esperándolo mientras se recargaba en su espada y llegaba a su altura, logrando lanzarlo hacia atrás.
Todo aquello y nada más había conseguido darle un golpe, tal vez Kabuto era mejor de lo que Percy había pensando en un principio.
—Es un subordinado de Orochimaru —le dijo Jiraiya a Naruto.
—Así es —dijo Kabuto, poniéndose en pie otra vez—. Era una espía de Otogakure.
—Pero, ¿qué dices? —preguntó Naruto y a Percy se le encogió el corazón, probablemente era la primera vez que la traición le pegaba al rubio—. Tiene que ser mentira, durante el exámen chūnin nos ayudaste.
—Porque también quería recopilar datos sobre ustedes —le confesó Kabuto, Percy se había parado a un lado de Jiraiya otra vez, mirando al ninja con el ceño fruncido—. Tras reunir información sobre ti, comprendí algo. No tienes talento como shinobi, no eres como Sasuke-kun —la expresión en el rostro de Naruto cambió a una de enojo—. Pongas la cara que pongas, eres un genin que no debería estar aquí. Esperaba algo del monstruo que hay en tu interior, pero con los Legendarios Sannin delante, tú no eres suficiente. Ahora mismo eres como un insecto diminuto y si te entrometes, te mataré.
Naruto frunció más el ceño y avanzó hasta Kabuto.
—¡Detente, Naruto! —le gritó Jiraiya pero el mayor aún no estaba del todo bien.
Naruto hizo cuatro Kage Bunshin y rodearon a Kabuto pero él se deshizo rápidamente de ellos, Percy intervino antes de que Kabuto le diera el último golpe al Naruto original, tomando su muñeca y presionando con fuerza.
Jiraiya nunca había visto así a Percy y debía admitir que daba miedo.
El reconocible sonido de un hueso rompiéndose seguido de un quejido se hizo presente mientras Percy se alejaba de Kabuto de un salto, tomando a Naruto en el proceso y volviendo con los demás.
Kabuto se acomodó su mano de vuelta en su lugar y sacó dos píldoras de una de sus bolsas.
—Una píldora de plasma y una píldora de soldado —dijo Shizune detrás de ellos.
Y tenía sentido, Kabuto había perdido bastante sangre y Percy le había quitado bastante chakra con su Samehada.
—Ese chico es un ninja médico, como yo —les informó Shizune.
Entonces, Orochimaru se quitó su venda del brazo izquierdo.
—¿Por fin va a pelear el jefe? —preguntó Jiraiya, viendo los movimientos del enemigo—. Shizune, puedes encargarse del de lentes. Yo me encargo de Orochimaru. Hanako, puedes hacer lo que mejor convenga. Pero antes de eso, preferiría que me tratase Tsunade.
—Probablemente el efecto de la droga dure un tiempo más, yo no puedo hacer nada —le informó Shizune.
—¿En serio? —dijo Jiraiya—. Qué remedio.
—Yo puedo intentarlo —le dijo Percy mientras buscaba en su bolsa por un dracma.
Jiraiya negó con la cabeza.
—Guarda eso para después —le dijo el mayor—. Tsunade, usa tu ninjutsu médico para recuperarte.
—¿Yo qué hago? —preguntó Naruto, ansioso.
—Tú quédate con el puerquito y protege a Tsunade —le dijo Jiraiya.
—¡Yo también puedo pelear! —se quejó el rubio.
—¡No! Ya oíste al cuatro ojos, hay demasiada diferencia. Él es uno de los Sannin, como yo, es quien mató al Sandaime. Soy el único que puede hacerle frente. Además, el de los lentes es tan fuerte como Kakashi.
Percy despeinó a Naruto.
—Tsunade necesita a alguien que esté a su lado, después podrás pelear —le dijo ella antes de que el rubio pudiera seguir hablando, Naruto hizo un puchero y asintió.
—Ya va siendo hora de empezar —dijo Jiraiya con una sonrisa para después morder su dedo al mismo tiempo que Kabuto tomaba de su sangre y levantaba una de las mangas de Orochimaru, revelando un tatuaje.
—Kuchiyose no Jutsu! —dijeron ambos después de hacer los sellos necesarios pero la diferencia fue enorme.
Dos serpientes gigantes aparecieron frente a ellos, al igual que una pequeña rana anaranjada.
—Hola —les saludó el sapito.
Percy suspiró.
—¿Qué demonios? ¿Por qué apareciste tú? —soltó Jiraiya.
—Veo que tú estupidez aún no se ha curado, Jiraiya —dijo Orochimaru, al ver la situación en la que estaban—. Por muy poco talento que tengas, esto es demasiado. Tsunade debió hacerte algo.
—Su técnica requiere sacrificios, debió hacer algunos preparativos usando una droga que controlará su fuerza —razonó Kabuto.
—¿Pensaba usar a Jiraiya como sacrificio? Supongo que es propio de Tsunade —dijo Orochimaru, mirándolos desde arriba—. Siempre fuiste lamentable.
Naruto se mordió un dedo y comenzó a hacer sellos con sus manos.
—Kuchiyose no Jutsu! —dijo el rubio, pegando la palma de su mano al suelo.
Una rana amarilla del mismo tamaño que Gamakichi apareció ante ellos.
—¿Por qué? —soltó Naruto, frustrado—. ¡¿Por qué?!
—Hola —dijo el sapito amarillo.
—¿Por qué viniste tú, Gamatatsu? —preguntó el sapito naranja.
—Hola, Gamakichi-nīchan —saludó Gamatatsu—. ¡Es la primera vez que me invocan! ¿Crees que podré hacerlo bien?
—Tonto, pide algo de comer y escóndete —le dijo Gamakichi a su hermano.
Estamos perdidos, pensó Percy mientras mordía su dedo y también comenzaba a hacer sellos con sus manos, esperando que saliera bien y no como a sus acompañantes.
—Kuchiyose no Jutsu! —dijo ella, mientras ponía la palma de su mano en el suelo y una nube de humo aparecía.
El olor a pino y jengibre llegó a sus fosas nasales mientras se alzaba en la cabeza de la criatura que había invocado, si había funcionado.
Cuando Naruto vió los ojos de la criatura que había Hanako había invocado, recordó a Percy pues eran del mismo tono.
El drakon meonio siseó al ver a las serpientes, quienes eran apenas un par de metros más pequeñas que el, desplegó su collar amenazadoramente.
—Ataca —fue la única orden de Percy y el drakon no necesitó más mientras comenzaba a moverse, abrió su boca y expulsó veneno por esta hacia ellos.
La serpiente en la que estabas Orochimaru logró desviarse mientras que la de Kabuto tomo el veneno casi de lleno y fue pura suerte que al de cabello gris no le alcanzara pues había saltado hasta donde Tsunade y Shizune estaban.
La serpiente donde iba Orochimaru impactó contra el suelo, mandando todo a volar.
Orochimaru fue directamente a Jiraiya quién hizo un par de sellos con sus manos.
—Doton: Yomi Numa —fue lo que dijo, formando un pantano bajo las serpientes (una de ellas ya estaba fuera de combate) y... también debajo del drakon de Percy, haciendo qué perdiera el balance.
—¡Jiraiya! —se quejó Percy y el de cabellos blancos levantó las manos en un gesto de inocencia.
Percy saltó a una de las serpientes y despidió al drakon pues de ese pantano ya no iba a salir ni el.
Que poco le había durado la diversión.
La pelirroja saltó de la serpiente a suelo firme, buscando a Kabuto con la mirada y encontrándolo junto a Tsunade y Shizune.
—Es una lástima, cómo ninja médico la admiraba —escuchó que dijo Kabuto.
—¡Detente! ¡No te acerques! —gritó Tsunade llena de desesperación.
—Reaccione, Tsunade-san. Así solo mancilla el nombre de los Sannin.
Percy apretó sus manos en puños en cuánto vió a Laburo comenzar a pegarle y a patear a la rubia.
Corrió hacia ellos y alejó al de cabello gris de Tsunade de una patada.
Percy ni siquiera empuñó a Samehada o a Anaklusmos, se lanzó con sus puños, en parte cegada por la furia de ver a Kabuto actuar así. Ese chico no había sido de su agrado desde nunca, ahora mucho menos.
Kabuto la tenía difícil, Hanako ya le había dado varios golpes y si estuviera empuñando un arma probablemente ya estaría gravemente herido. Tomó distancia de ella utilizando el último golpe al estómago como su oportunidad y comenzó a utilizar su bisturí de chakra.
Fue hasta entonces que Percy recordó que había usado eso mismo en su combate en los exámenes chūnin y ahora mismo ella no tenía tiempo para crear un charco de agua y utilizar el mismo truco que aquella vez. Ahora tenía que estar más pendiente de que no la tocará o terminaría mal.
De un golpe, logró romper los lentes de Kabuto mientras que la mano del peligris pasaba a milímetros de su pecho.
Percy se distrajo al ver un destello de cabello rubio acercándose a ellos, al igual que pudo sentir su chakra.
Kabuto sonrió mientras que con su mano izquierda tomaba la mano derecha de la pelirroja y la apartaba pues era la que le servía de escudo hacía sus órganos vitales, al mismo tiempo haciendo qué su músculo se atrofiara por el bisturí de chakra. Con su mano derecha atacó el cuello de la chica, haciendo qué perdiera el equilibrio y cayera hacia atrás mientras se tomaba el cuello con su mano izquierda, la que aún le funcionaba.
—Morirás —escuchó que decía Kabuto—, tu garganta comenzará a cerrarse hasta que no llegue nada de aire a tus pulmones.
Percy trataba de jalar aire pero era imposible, no había suficiente oxígeno llegando a sus pulmones. Se arrastró en el suelo mientras puntos negros comenzaban a nublar su visión.
No podía morir, no quería morir.
¡Piensa, piensa! , le reclamaba su mente. ¿Agua? No puedo hacer un jutsu de Suiton ahora. ¿Néctar? ¿Ambrosía? No estoy segura de que funcione si no puede pasar por mi garganta.
A pesar de la situación en la que estaba, parte de su concentración también estaba en seguir manteniendo un flujo constante de chakra hacia su Henge no Jutsu pero sentía como aquello iba terminando.
Sintió su cuerpo volverse más pequeño, y parte del campo de visión que aún tenía pudo ver como su cabello pelirrojo cambiaba a negro, así como también vió a Naruto enfrentándose a Kabuto.
Gracias a los dioses el rubio estaba mirando en dirección contraria a dónde ella estaba, aunque ni siquiera sabía porque se preocupaba porque Naruto descubriera su secreto si estaba a punto de morir.
Con manos temblorosas buscó dentro de una de sus bolsas y por fin su mano se cerró alrededor de una moneda.
Se mordió el interior de su mejilla, sintiendo rápidamente el sabor de la sangre en su boca y acercó el dracma hacia su boca, dónde empujó la sangre hacia afuera, manchando así la moneda y se concentró en lo que quería.
Su mano comenzó a perder fuerza, soltando así el dracma mientras aún intentaba jalar aire, intentando sobrevivir.
¿Así acaba mi misión? Se preguntó ella, mirando a Kabuto recibir el Rasengan de Naruto, por fin lo había logrado. ¿De verdad un tipo como él pudo derrotarme tan fácilmente? pensó ella mientras cerraba los ojos poco a poco. ¿A mí, que pude sobrevivir al Tártaro?
Entonces, sintió la conciencia de alguien más invadirla y darle fuerzas. Llevó su mano a su garganta y comenzó a sentir como se abría poco a poco, dejando pasar el aire.
Cuando estuvo del todo bien, dió una gran bocanada de aire, disfrutando de la sensación.
Miró el dracma a un lado de su rostro, en una de sus caras estaba el inconfundible rostro del dios Apolo, probablemente habían visto la situación en la que estaba y habían decidido ayudarle.
Podía estar mejor, pero aún se sentía terriblemente mal, estaba mareada y se sentía débil. Evitar morir era mucho trabajo.
Respiró hondo una vez más e intentó ponerse de pie. Las cosas estaban muy mal ahí.
Naruto estaba inconsciente, Jiraiya estaba en un agujero en el suelo y Tsunade había sido atravesada por una espada en el pecho, simplemente increíble.
Se arrastró hasta Jiraiya, quién al ver su forma abrió la boca en una "o" perfecta.
—Te ves como tú —le dijo mientras Percy ponía sus manos encima de él y comenzaba a curarlo, ya que había pedido el poder de Apolo prestado, lo usaría ahora que podía.
—¿En serio? —preguntó ella sarcásticamente para después alejarse de su lado y voltear hacia donde Tsunade y Orochimaru estaban, esa era su próxima parada.
Tsunade había sido herida de gravedad pero Percy sentía su chakra, aún más fuerte que antes.
Comenzó a correr torpemente hacia ella y hacia Naruto pero entonces vió a Orochimaru voltear hacia Naruto con aquella espada saliendo de su boca.
Percy detuvo la espada con sus manos, cortandolas en el proceso.
—¿Percy? —escuchó que murmuró Kabuto desde su lugar en el suelo.
Percy sonrió, estaba débil, estaba sudando frío y sentía que en cualquier momento se desmayaría.
—Sorpresa —murmuró ella.
Tsunade miraba la escena desde un lado, con la boca abierta. ¿Esa era Hanako? ¿Una niña?
Percy soltó la espada y empujó a Orochimaru lejos de Naruto, la serpiente estaba igual de sorprendido los demás.
—Pero tengo una mejor —dijo la azabache mientras hacía sellos con sus manos—. Henge!
Donde había estado una niña, ahora había un hombre, un hombre que Orochimaru recordaba bien y él cuál maldecia al igual que a Hiruzen Sarutobi.
—¡Tú! —siseó Orochimaru—. ¡Tú eres una de las razones por las que estoy así!
Pero Percy ya no tenía fuerza, había gastado mucho su chakra, cayó de rodillas mientras el jutsu de transformación se deshacía, Orochimaru fue a atacarla otra vez con su espada pero lo último que vió Percy antes de caer inconsciente fue a Tsunade ponerse en el camino de la espada.
