Los personajes son de Masashi Kishimoto y la historia es de Martina Bennet, NADA de lo que hay aquí es, algo que NO me pertenece

CAPÍTULO 20
El Bentley giraba en dirección a Cadogan Place, por Victoria Street. La ciudad se encontraba en su movimiento habitual de día de semana, y las personas iban y venían, al igual que los autos. «Me gusta más la tranquilidad de Gillemot Hall», pensó Sakura, mirando por la ventanilla. Se dirigían a algún restaurante del que ella había preferido no preguntar. Giró para mirar a Sasuke, y lo encontró aferrado fuertemente al volante, con los nudillos casi blancos por la presión ejercida, y el rostro contrariado por la rabia.

Sakura lo prefería así. Le resultaba más sencillo manejarlo cuando estaba furioso, que cuando se culpaba por sus errores, y la tristeza lo invadía. Lo había conocido como un hombre prepotente, controlador y cascarrabias, por lo que solo era cuestión de evitar que regresara al estado de los días pasados. Decidió entonces abordar cuanto antes, un tema que la tenía nerviosa desde que salieron del edificio.

―Dacre…

―Ahora no, Sakura … ―La miró por un momento, con los ojos casi echando chispas, y volteó de nuevo hacia el frente―. Ahora no. Sakura se mordió el labio y se concentró en el entorno exterior. Al salir del edificio de UchihaWorld, Sasuke miró a Dacre de una forma muy significativa, haciendo que este apretara la mandíbula, y su rostro palideciera. Su deber era avisarle de todos los movimientos de su esposa al salir de la propiedad, pero por complacerla, no lo había hecho, y eso podía costarle el empleo.

A Sakura no le convenía, no solo porque el hombre le agradaba, después de haberlo detestado, sino que era consciente de que tenía cierta debilidad por ella. No creía que le gustara, pero sí la apreciaba, y por eso le permitía ciertas cosas que ningún otro haría. Si él era despedido, estaría perdida en cuanto a salirse con la suya. Decidió que lo mejor sería quedarse en silencio, y comenzó a trazar círculos de forma inconsciente sobre la tela que cubría su abdomen.

Luego de unos minutos, llegaron al restaurante The Rib Room, situado en la planta baja del hotel Jumeirah Carlton Tower, un lugar que destilaba refinamiento inglés sin perder la comodidad, con sus sillas de madera y cuero, manteles blancos, y paredes revestidas en madera. Christopher pidió un sitio apartado, y fueron ubicados en una de las mesas más alejadas, en un privado con paredes de aspecto marmoleado, y cuadros con representaciones de animales y bocetos del antiguo Londres.

Se sentaron uno frente al otro, con la mesa entre ellos, separándolos, como muchas cosas en ese momento. La Comitiva Real se instaló en una mesa cercana, porque Sasuke insistió en que la enfermera, Becca, estuviese al alcance de Sakura. Un joven mesero, vestido impecablemente, se les acercó al instante; saludó a Sasuke formalmente, nombrando su apellido ―indicando a Sakura que no era la primera vez que visitaba el lugar―, y luego a ella de la misma forma. Sabía que era su esposa. Antes de que pudiera continuar, Sasuke lo interrumpió.

―No hemos almorzado, George. Explícaselo a Rudge. Queremos el pollo ahumado en salsa de mantequilla, zanahoria y apio nabo, y de tomar solo agua para los dos.

―Enseguida, señor Uchiha. Señora ―dijo el joven, y se retiró al instante. Sakura no pudo evitar sonreír. Sasuke era un hombre autoritario, y su pedido sonaba de maravilla. Después de todo ella, lo único que deseaba era tenerlo de vuelta, y esa era su empresa del día.

―¿Por qué pediste para ti también? ―preguntó Sakura, mirándolo extrañada, y al ver que él no le respondía, y se sonrojaba un poco, adivinó la respuesta―: No has almorzado ―acusó―. ¿Por qué tú sí…?

―Porque yo no llevo a nuestro hijo dentro de mí.

―Mmm… Buen punto ―dijo Sakura, frunciendo los labios en una mueca, que a él le hizo apartar la vista con rapidez, para no inclinarse sobre la mesa y besarla―. ¿Quién es Rudge?

―Es el Chef. La hora del almuerzo ya pasó. Sakura se limitó a asentir. Luego de eso el silencio reinó. Sasuke mantenía el ceño fruncido, y miraba a todos lados menos a la mujer que tenía frente a él. Ella sabía lo que estaba haciendo. Su mal genio era su escudo, una forma de evitar que ella le dirigiera la palabra; sin embargo, esa no era su intensión.

―Naomi durmió conmigo anoche… ―Sasuke levantó la vista, y la miró al instante, frunciendo aún más el ceño―. No abrazadas, claro, solo me hizo compañía. Emma está ocupada preparando todo para los días más fríos. Se está llevando muy bien con Kendal, incluso este fin de semana lo pasará con él, aunque Marcus no está muy contento con la noticia.

Y yo te amo. Sasuke inhaló profundamente, y sus ojos brillaron por un par de segundos. Abrió la boca para decir algo, cuando Sakura continuó: ―Me gusta cómo suena. «Yo te amo»… «Te amo»… «Te amo, Sasuke» ―dijo, ensayando cada opción, mientras se golpeaba delicadamente la barbilla con un dedo, saboreando las palabras

―. Me gusta más la última. «Te amo, Sasuke». ¿A ti te gusta?, o ¿prefieres alguna de las otras dos? Lo miró y le sonrió inocentemente. Quería sacarlo de sus casillas, y conseguir desesperarlo tanto, que comenzara a actuar impulsivamente, de esa manera dejaría de pensar en el pasado, y se concentraría solo en el presente.

―Preferiría la verdad ―respondió Sasuke luego de varios segundos de silencio y confusión. Su mirada se oscureció y se tornó triste, melancólica, y no era eso lo que Sakura deseaba. Ese camino se había convertido en un fracaso total, aunque al menos tenía una última cosa que agregar. ―Te la acabo de decir. El mesero llegó con la comida, y las copas de agua para los dos, acomodó el servicio y se retiró.

―¿Por qué pediste agua para ti también? ―Porque si tomo una sola gota de alcohol, terminaré cometiendo una locura ―gruñó Sasuke, mirándola amenazadoramente. Sakura sintió cómo su cuerpo se calentaba, y en su bajo vientre un leve estremecimiento ―que sabía a ciencia cierta no era influencia del bebé―, la hizo ahogar un gemido. Si bien las palabras de su esposo podían ser interpretadas de muchas maneras, ella reconoció en su mirada, el deseo y la angustia de tenerla en frente, y no permitirse tocarla, para tortura de ambos.

―Si esa locura incluye mi cuerpo desnudo, yo no tengo ningún problema en participar ―dijo, tratando de mostrarse lo más indiferente posible. Sasuke jadeó, y el tenedor que tenía en la mano golpeó el plato, produciendo un fuerte sonido. Quedó mirándola con la boca abierta, sin poder creer lo que acababa de escuchar, y al ver a Sakura encogerse de hombros y brindarle una suave sonrisa, tragó pesadamente, tomó la copa de agua con mano temblorosa, y se la bebió completa, para enseguida devolverla a su sitio.

―Cierra la boca, Sakura. Y come.

―Pero si cierro la boca…

―¡Solo cállate y come! ―exclamó Sakura, en un tono más alto del que pretendía usar, agradeciendo que se encontraran apartados de las demás mesas. Sakura dio un respingo, y bajó la cabeza para continuar comiendo, disimulando una sonrisa de triunfo. El rumbo estaba retomado. Durante el resto de la cena permanecieron en silencio, solo que para ella no pasaba desapercibido que él la miraba constantemente, de la forma en que lo hacía antes de que se casaran, antes de que le anunciara sus planes de boda. Parecía una fiera acechando a su presa, presta a atacar a la más leve insinuación, y eso la llenaba de esperanza.

Al terminar, Sasuke pagó la cuenta, y tomando a Sakura del codo, la ayudó a levantarse, sin perder contacto con su piel. Al salir, un estremecimiento la recorrió. La temperatura había bajado varios grados al hacerse más de noche. Al llegar a Londres había notado el fuerte frío, no obstante, su mente se encontraba tan centrada en su encuentro con Sasuke, que no fue mucho lo que le afectó.

―¡Maldición,Sakura! Cómo se te ocurre salir sin abrigo en esta época. Sasuke se quitó su saco de vestir, para colocárselo a ella en los hombros. Sakura no respondió, agradecida por el calor que le otorgaba la prenda masculina, y embebida en el olor al hombre que amaba, que desprendía la misma.

Sasuke le colocó una mano en la espalda, y la guio hacia el coche en el que llegó a Londres, el Aston Martin ―o como ella lo había llamado alguna vez, el auto negro demasiado costoso― aparcado detrás del Bentley. Beth, al percatarse de ese hecho, comprendió sus intenciones de enviarla de vuelta, y no a su apartamento como ella esperaba. Se detuvo a medio camino, haciendo que Sasuke frunciera el ceño.

―No ―dijo Sakura, contundente.

―Por favor, mujer. Sube al auto. Está haciendo mucho frío ―pidió, exasperado.

―Subiré a tu auto para ir contigo a tu apartamento. No pienso regresar a Gillemot Hall sin ti. Sasuke se pasó la mano por la cabeza, y haló de su cabello, al tiempo que emitía un gruñido.

―Sube. Al. Auto. Ahora ―ordenó con voz baja, amenazante. Recalcando cada palabra entre dientes. Sakura rodó los ojos, demostrándole que no le temía. Miró entonces para los dos lados de la calle, tratando de ubicarse, basándose en las construcciones a su alrededor. Cuando creyó haberlo hecho, giró a su derecha y comenzó a caminar, decidida.

―Hey… Espera. ¡Sakura, detente! ―dijo Sasuke, alcanzándola y colocándose frente a ella―. ¿Qué pretendes? Sakura lo miró con el ceño fruncido. Era ella la que comenzaba a enfurecerse.

―Lo que pretendo, Sasuke Uchiha, es caminar hasta tu apartamento, ya que no me quieres llevar, y si no me dejas entrar, te juro que pasaré la noche en la puerta del edificio, así me muera de frío. Sasuke la observó fijamente, penetrándola con la mirada. Tratando de hacerla flaquear, pero no lo consiguió. Ella se mantuvo firme, sin apartar la vista ni un momento. Sasuke estiró entonces el brazo para tocarla, justo antes de que las palabras de ella lo detuvieran.

―Si me llegas a poner una mano encima, gritaré tan fuerte, que hasta la Reina saldrá a la calle a ver qué sucede ―aseguró tan decidida, que lo único que pudo hacer él fue mirarla con la boca abierta, sorprendido por su determinación. Inhaló profundamente, se apartó un poco de ella, y esbozando una sonrisa falsa, realizó una venia, señalándole el camino de vuelta a los coches.

―Usted es la que ordena, reina mía. Sakura irguió la cabeza, en cierta parte ofendida por la ironía usada por su esposo. Giró y comenzó a caminar hacia el auto de Sasuke. Él se adelantó y le abrió la puerta del acompañante del Bentley. Ella subió, manteniendo una expresión seria, con los dientes apretados. Sus sentimientos no pasaron desapercibidos para él. Antes de cerrar la puerta, Sasuke se agachó y la miró.

―Lo que dije es cierto ―susurró.

―¿Lo de que soy yo la que ordena? ―preguntó con un deje de amargura en su voz.

―Lo de que eres mi reina. ―Sakura giró la cabeza y lo miró a los ojos, sorprendida por sus palabras―. Eres mi mundo, Sakura, y como el humano que soy, te estoy destruyendo. Sakura negó con la cabeza.

―Eres mi Green Peace ―afirmó con una suave sonrisa en el rostro, y levantó la mano para
acariciarle la mejilla, justo cuando Sasuke se apartó, por lo que a ella solo le quedó bajar el brazo de nuevo. Cerró la puerta, cuidando de no hacerle daño, y se subió al asiento del conductor.

―Tenías que girar a tu izquierda. El apartamento de Sasuke estaba tal como Sakura lo recordaba, y eso le extrañó. Esperaba encontrar los muebles cubiertos por telas blancas, y las paredes despejadas de obras de arte; en cambio, el lugar parecía como si nunca hubiese dejado de estar habitado. Al menos la zona de la sala y comedor, que era la que se alcanzaba a ver desde donde se encontraba, al salir del ascensor.

―Buenas noches, señor… La chica se detuvo apenas los vio a todos, y la sonrisa coqueta que tenía en su rostro, desapareció al instante. Era la misma que conoció cuando Sasuke la llevó dormida, luego de que se embriagara con Eva.

La chica pelirroja a la cual no le conocía el nombre, y que la había mirado con desprecio y desdén; sin embargo, eso no era lo que más le molestaba, ni el hecho de que ella había ocupado el apartamento en el último tiempo, para mantenerlo limpio y adecuado para cualquier emergencia. Lo que la tenía apretando fuertemente los dientes, era que Sasuke había pasado la noche ahí, solo con esa mujer, y era un hombre vulnerable por el estado en el que se encontraba.

―Buenas noches, Vicky ―saludó Sasuke. Vicky desvió la mirada, amarga y despreciativa, de Sakura, y le regaló una brillante sonrisa a Sasuke.

―Desea comer…

―A mi marido lo atiendo yo ―interrumpió Sakura, ocupando de nuevo su lugar―. Muéstrales a Dacre, Becca y Lissa sus habitaciones, revisa si hay ropa que puedan usar para dormir, y ocúpate de que cenen. ―Se acercó a Sasuke y le acarició el brazo, rogando porque este no se apartara, y al ver que no lo hizo, sino que además le brindó una tímida sonrisa de satisfacción, continuó―: Nosotros no te necesitamos. La mujer la miró con ojos llameantes de furia, y la mandíbula tensa; para posteriormente, buscar por un segundo a Sasuke, como esperando algún tipo de comentario de él en su defensa. Su rabia se intensificó, al percatarse de que este contemplaba a Beth, embelesado.

―¿Todo claro? ―preguntó Sakura, clavándole los ojos fijamente y arqueando una ceja, ganándose una risita de Sasuke, que trató de disimular con una fingida tos. La joven enrojeció, al darse cuenta de que el hombre apoyaba a su esposa en todo lo dicho.

―Sí, señora. Sígan… ―Uchiha. Vichy aspiró aire hasta casi ahogarse.

―Sí, señora Stone. ―Desvió la vista hacia la Comitiva Real―. Síganme, por favor. Los tres la siguieron con expresiones divertidas por la escena, y desaparecieron por el pasillo que daba a la zona de empleados. Sasuke se colocó delante de ella, y le acarició suavemente la mejilla.

―Me gustan sus garras, señora Uchiha ―dijo con coquetería cohibida.

―Solo las saco por usted, esposo mío ―afirmó Sakura con una sonrisa, estirándose para besarlo, pero él giró un poco la cabeza, por lo que ella tuvo que conformarse con dárselo en la mejilla.

―Vamos para que te pongas cómoda. Le quitó el saco de los hombros, y le colocó una mano en la espalda para guiarla. Al entrar en la habitación, a Sakura le llegaron recuerdos de cuando despertó pensando que era la de Kendal, en la casa Lancaster. Esa mañana, sintió miedo al pensar que Sasuke pudo haberla tocado mientras dormía; en cambio, en este momento, sus planes eran que él hiciera precisamente eso, solo que con ella despierta y muy dispuesta. Él se dirigió a su vestidor, abrió la puerta y le señaló el interior.

―No tengo ropa de mujer…

―Me alegra oír eso.

―No hay nadie más ―aseguró Sasuke, mirándola fijamente.

―Desde que me conociste, pero seguramente antes… ―Se detuvo al sentir una punzada de celos, al pensar en las mujeres que pasaron por la vida de él; sin embargo, un lado curioso y masoquista deseaba saber

―. Sasuke… ―Dio unos pasos hasta la cama, y colocó su bolso en ella―, ¿hubo alguien importante? Me refiero, más que las demás. Los ojos de Sasuke se tornaron melancólicos por un segundo, hasta que una expresión de ira, que no duró mucho, nubló su rostro. Sakura contuvo la respiración. Esa era la respuesta que no quería saber, aunque su reacción también le indicaba que lo que haya sido, era un mal recuerdo.

―Eres mi vida, Sakura. Mi luz al final del túnel. Nunca ha habido nadie que se asemeje a ti. Nunca ―exclamó con más fuerza de la que necesitaba dicha declaración. Respiró profundamente, cerrando los ojos, y luego de un par de segundos, los abrió de nuevo, mostrándose un poco más calmado―. Tengo ropa aquí por si en algún momento debía quedarme en la ciudad. Toma lo que necesites. Estaré en el estudio. Tengo trabajo que hacer.

A Sakura no le quedó de otra que quedarse ahí, mirando cómo él salía de la habitación, sombrío y amargado. Algo había sucedido en el pasado de Sasuke, y una mujer tenía que ver en ese asunto, mas estaba segura de que él no le diría. Tenía que saberlo, estaba decidida, solo que pensaría en eso en otro momento, siguiendo el consejo de Scarlett O'Hara. Su teléfono celular timbró, cuando terminaba de colocarse una camisa blanca, que le cubría lo suficiente. Al revisar la pantalla vio que era Naruto quien la llamaba. La conversación fue corta, porque el chico estaba por entrar a clases, y aun así, fue suficiente para que le reclamara por no haber llegado hasta su oficina a saludarlo; o avisarle que iba, para él subir y poder verla.

―Desde que te casaste con ese… con él, casi no te veo y me haces falta.

―Tú también me haces falta, lo que pasa es que hoy estaba de afán. ―Dudó un momento en si decirle, o no, una pequeña parte de lo sucedido―. Discutí con Sasuke, y quise venir a reconciliarme con él.

―¿Qué te hizo? ―preguntó bruscamente. Sakura suspiró. ―No me ha hecho nada. Solo son cosas de pareja. Él estaba un poco resentido, así que quise venir. Ahora estamos en su apartamento de la ciudad. Pasaremos la noche aquí.

―Más le vale que no te haga daño. Puedes ser su esposa, pero nunca dejarás de ser mi princesa, y siempre tendré derechos sobre ti. Sakura se alegró al escuchar a Daniel en su papel de hermano sobreprotector, y esbozó una amplia sonrisa

. ―Sí, papá Naruto. Siempre será así. La plática duró unos segundos más y se despidieron, no sin que Sakura le deseara antes, éxitos en sus afanes académicos. Daban las diecinueve horas, cuando Sakura decidió salir de la habitación, e ir a preguntarle a Sasuke si deseaba comer algo. Aunque ella aún no tenía hambre

―pues el almuerzo tardío fue suficiente, para incluso, servirle de cena―, si él deseaba algo, se lo prepararía sin problemas. Luego ya se encargaría de hablarle y meterlo en la cama, o al revés. El orden no le importaba mucho. Al abrir la puerta de la habitación, dudó si salir vestida así, o colocarse de nuevo su ropa interior.

Debajo de la camisa de Sasuke, la totalidad de su piel desnuda ardía de expectación, y no deseaba encontrarse con Dacre en semejantes condiciones. Lo pensó por un momento, llegando a la conclusión de que ir sin ropa interior, podría ser beneficioso para sus planes. Solo tenía que tener cuidado. Se encaminó por el pasillo hacia el área social. No conocía el apartamento, solo la cocina y el espacio en el que se encontraba, así que la ubicación del estudio de Sasuke era desconocida para ella. Al llegar al salón comedor, miró hacia la sala, el pasillo por donde se habían dirigido los demás, y la zona de la cocina. Giró hacia la derecha y atisbó entonces un amplio pasillo oscuro, casi oculto en una curva, y se dirigió hacia allí. Encontró una puerta que abrió con cuidado. Era el estudio, con un escritorio a un costado, una sala de recibo en el centro, con sillones en cuero negro, y las paredes laterales forradas de libros y enciclopedias. La estancia se hallaba vacía y en penumbras.

«¿Se habrá ido? ¿Me abandonó de nuevo?», se preguntó, colocando una mano en su pecho, donde le comenzaba a doler. En ese momento, un sonido llamó su atención. Era un sonido apagado que creyó identificar. Parecían ser las notas disonantes de un piano. Salió del estudio, cerró la puerta con cuidado, y continuó caminando por el corredor oscuro, al final, divisó una puerta de doble ala.

De ahí llegaba el sonido. «¿Hay un niño en el apartamento?», pensó al darse cuenta de que, quien estuviera frente al teclado del piano, no entonaba melodía alguna, sino que jugaba con las diferentes notas, una tecla a la vez, al parecer en orden, como si se tratase de un niño aburrido. Sin poder aguantar más la curiosidad, abrió la puerta con cuidado.

El lugar era espacioso, y se encontraba levemente iluminado. Las paredes estaban adornadas por obras de arte que no reconoció, en las que se mostraban escenas de barcos en altamar, cazas de animales y batallas épicas. Parecían más del estilo de Gillemot Hall, que de un piso de lujo en el centro de Londres. El resto de la decoración era casi del mismo estilo: uno austero y antiguo, con escasos muebles de aspecto fuerte y rústico, repartidos alrededor del salón, dejando el centro libre, para lo que Sakura imaginó, podía ser un baile de alguna celebración íntima. Al fondo de la habitación, se encontraba un gran piano de cola negro, y sentado junto a él estaba Sasuke, sin corbata, y con la camisa desabotonada en los puños y en el pecho, hasta la cintura.

Su brazo izquierdo se hallaba apoyado sobre el piano, y sobre este su cabeza, mientras que con la otra mano, tocaba una a una las teclas con un solo dedo ―las blancas solamente―, y al llegar al final, se regresaba por las negras. No se había percatado aún de su presencia, por lo que ella aprovechó para observarlo. Parecía abatido, derrotado.

De ese hombre que ella había conocido, y al que tanto había odiado, solo quedaban los despojos que dejaron sus errores. Ella deseaba reparar sus heridas, hacerle entender que aunque recordara el hecho, no lo hacía con rencor; y que él también debía hacer igual, perdonarse a sí mismo, y permitirse recibir el amor que ella tanto deseaba darle. Cerró la puerta tras de sí, y comenzó a caminar hacia él. Sasuke se detuvo en seguida, levantó la cabeza, y al mirarla, el deseo se reflejó en su rostro. La recorrió con la vista de arriba abajo, deteniéndose por un segundo en sus pechos y en su entrepierna, a centímetros del borde de la camisa. Luego sacudió la cabeza, y bajó la vista de nuevo a las teclas.

―No sabía que tuvieras un piano ―susurró Sakura, deteniéndose unos pasos antes de llegar a él―. ¿Sabes…? Sasuke gesticuló negativamente una vez más, antes de que ella terminara de formular la pregunta.

―Tu querido tío Alex lo interpreta muy bien, así que mi madre deseó despertar en mí esa vena artística. Recibí clases desde niño, con los mejores profesores que el dinero podía pagar, y cuando cumplí los catorce años, desistió por fin de la idea. Nunca me interesó, y por eso desperdicié el talento de mis tutores. Cuando me mudé aquí, a los veintidós, el Viejo me lo envió con una nota que decía: «Para que cada vez que lo veas, recuerdes lo inútil que eres; y cada vez que alguien lo interprete para ti, te des cuenta de la belleza que eres incapaz de crear. Alex Uchiha, gran intérprete». ―Rio amargamente, y apretó un par de teclas más, antes de levantar la cabeza, y mirarla a los ojos con tristeza―. Ahora me arrepiento. Si supiera tocar el piano, te compondría una canción de súplica y amor. Serías mi musa, Sakura.

Compondría deliciosas melodías solo para ti. Sakura contuvo el aire por unos segundos. Eran las palabras más hermosas que había escuchado hacia ella, y venían del único hombre del que deseaba oírlas. No podía perder más tiempo. Lo necesitaba y lo deseaba, y sobre todo lo amaba, con lo que le bastaba. Llevó las manos a los botones de la camisa que llevaba puesta, y comenzó a desabotonarlos con rapidez

. Cuando llegó a la cintura, movió los hombros para que la prenda se deslizara por su cuerpo, que cayó finalmente al suelo, dejándola completamente desnuda ante él. Los ojos de Sasuke parecieron querer salirse de sus cuencas. Su mirada se oscureció, e inconscientemente se pasó la lengua por los resecos labios.

―Sakura… ―Su voz sonó ronca por el deseo, pero haciendo uso de todo su autocontrol, se inclinó para tratar de tomar la prenda, arremolinada a los pies de ella, y colocársela de nuevo. Al intuir sus intenciones, Sakura sacó un pie de ella, y con el otro la pateó lejos para que él no la alcanzara. Enseguida enarcó una ceja, retándolo a que se ideara otra forma de escapar. Sasuke, con un gruñido que tenía un atisbo de lujuria y frustración, se puso de pie y se sacó la camisa de sus pantalones, la terminó de desabotonar, se la quitó, y comenzó a inclinarse hacia su esposa para cubrirla.

Sakura, con la desesperación ya corriendo por su cuerpo, se la arrancó de las manos, furiosa, la estrujó, y la lanzó donde se encontraba la otra. Antes de que pudiera hacer otra cosa para detenerla, se lanzó sobre él, le rodeó el cuello con los brazos, y atacó su boca con un beso apasionado. Fue tal la intensidad de su pasión, que Sasuke cayó sentado de nuevo sobre el banco del piano, lo que Sakura aprovechó para sentarse a horcajadas sobre él, quedando con las piernas colgando a cada lado de sus caderas.

Aunque Sasuke colocó las manos en la cintura femenina para apartarla, la fuerza que ejerció fue tan poca, que Sakura supo que su determinación comenzaba a fallar. Deseando entonces tener más contacto con él, se impulsó con los brazos, y pegó sus caderas a las de él, apretando su sexo contra la erección, que pulsaba despiadadamente por escapar de los pantalones.

Los dos jadearon, y eso le permitió a ella invadirle la boca con la lengua, en una danza frenética. Lo deseaba, lo necesitaba tanto, que solo quería saborear cada rincón de su cuerpo, y que él hiciera lo mismo con el de ella. Enterró los dedos en su cabello y le haló hacia sí, logrando en respuesta un gruñido fiero de su parte, y que comenzara por fin a corresponderle el beso. Las manos de Sasuke perdieron el control, empezando a recorrerle la espalda, y a apretarla más contra su cuerpo.

―Sakura ―jadeó, abandonando por un momento sus labios, y mirándola a los ojos turbados por el deseo―, si te vuelvo a besar, no voy a poder detenerme, así que… Sakura lo interrumpió con un beso profundo y lleno de necesidad.

―Si te atreves a detenerte ―le advirtió Sakura, mirándolo también a sus ojos―, seré yo la que pierda el control y te haga el amor, te guste… No la dejó terminar, al besarla con la misma intensidad que ella le manifestaba. Colocándole las manos en las nalgas, se puso de pie, con ella rodeándole el cuerpo con brazos y piernas. Caminó torpemente hacia la puerta, y se detuvo antes de abrirla.

―Dacre… ―Logró decir entre besos―. Nena…

―¡Qué! ―exclamó exasperada, depositándole un sinfín de besos en el cuello.

―Pueden vernos ―explicó Sasuke entre jadeos―. Dacre puede estar. Te verá desnuda.

―Entonces hagámoslo aquí, en la alfombra. Sasuke gruñó y le mordió el hombro con suavidad. Abrió la puerta con una mano, y caminó por el pasillo a trompicones. Cuando llegó a la curva que revelaba el área social, la colocó en el suelo y la recostó contra la pared; sin contar con que las intenciones de ella eran no separarse ni un segundo de él, por lo que continuó acariciándolo y besándole el pecho.

―Déjame revisar. Tengo que mirar que no haya nadie… Tengo que… ¡Sakura ! ―gritó para detenerla, ocasionando que ella lo mirara con coquetería, se mordiera el labio inferior, y alargara la mano, para apretarle el gran bulto en su pantalón. Sasuke dio un respingo, y gruñó al sentir el latigazo de placer que le recorrió el cuerpo. La miró con los ojos oscurecidos por la lujuria y el deseo, y se abalanzó sobre ella, quien lo recibió con los brazos abiertos. El beso era embriagador, se saboreaban el uno al otro como dos adolescentes ansiosos, mientras que sus manos recorrían los cuerpos con ávido interés.

Sasuke movió sus caderas hacia delante, embistiendo las de ella, haciéndola gemir con fuerza, y obligándola a aferrarse más a él, lo que le dificultó el volver a separarse. ―Dame un segundo, nena. Antes de que ella pudiera reaccionar de nuevo, se apartó y asomó la cabeza por la curva, revisando que todo estuviese despejado, al percatarse de ello, se giró y tomó a Sakura en brazos, haciéndola gritar por la sorpresa.

―¡Silencio! ―ordenó entre risas―. Te llevaré cargada, porque no quiero que corras y te caigas. Sakura asintió con una tonta sonrisa en el rostro, y comenzó a reír cuando él se apresuró a ingresar al corredor que daba a su habitación. Sakura abrió la puerta, y una vez dentro, él la cerró con una patada, caminó hasta la cama y la sentó cuidadosamente en ella, quedándose de pie. Sakura lo observó y se maravilló de su belleza.

Sasuke era un hombre muy guapo, hermoso, con los músculos bien marcados, y un rostro que arrancaba más de un suspiro. Ese hombre era suyo, su esposo; y sin importar quién o quiénes estuvieron en su pasado, era el destino que los dos se unieran, y así permanecieran. Se habían esperado el uno al otro mucho tiempo sin saberlo, y por fin había llegado el momento de que los dos se reconocieran, se perdonaran, y comenzaran con una nueva vida, juntos.

Levantó una mano, la posó sobre el fuerte abdomen de su esposo, y comenzó a acariciarle el torso, sintiendo cada protuberancia de sus músculos, excitándose, y excitándolo a él en el proceso. Sasuke la miraba fijamente, su respiración era pesada, y su pecho subía y bajaba agitadamente, bajo la suave y sensual caricia. Sakura también lo miraba. Quería observar todas sus reacciones, ver cómo lo turbaba, y al mismo tiempo, demostrarle que no había miedo en ella, sino deseo y placer. Por un momento su mano tocó la pretina del pantalón, y su brazo rozó la erección bajo la cremallera. Sasuke jadeó, y ella sintió que su boca se resecaba. Lo había leído en libros, y el tema había sido ampliamente discutido en algunos de los cumpleaños de Sussana ―cuando sus amigas retozaban en las célebres e íntimas pijamadas―, solo que nunca lo había practicado; incluso Sasuke fue el primer hombre que ella vio desnudo, y el deseo de poder saborear todo su cuerpo, surgió de nuevo, alentándola a hacer algo de lo que nunca se creyó capaz, pero que en ese instante deseaba con todas sus fuerzas.

Sin dejar de mirarlo, llevó las manos al cinturón y lo desabrochó torpemente, aumentando así su sonrojo. Esperaba que su inexperiencia no hiciera que Sasuke se arrepintiera, y terminara por rechazarla; no obstante, sus ojos parecían revelar una turbación que nada tenía que ver con desistir. Abrió el botón del pantalón y bajó la cremallera, lentamente, para que no se atorara. Sin poder evitarlo, deslizó la vista sobre todo aquel sendero, y se lamió los labios, al tiempo que emitía un suave gemido, al divisar el abultado bóxer color negro.

Colocó las manos en la cintura del pantalón, y comenzó a bajarlo, hasta que yació en el suelo, alrededor de los pies. Volvió a mirarlo a los ojos, y olvidándose de sus inseguridades, de su falta de experiencia, sacó la lengua y recorrió el paquete que se encontraba frente a ella. Sasuke se estremeció, y cerró los ojos por unos segundos, para volver a abrirlos cuando ella
emprendió el descenso de la prenda. El bóxer cayó al suelo, liberando al endurecido miembro.

Sakura se sentía fuerte, arriesgada, y sobre todo, excitada, por lo que no dudó en tomar en su mano el pene de su marido, y saborearle la punta con la lengua. Un fuerte gruñido salió de la garganta de él, quien se apartó rápidamente, dejando a Beth desconcertada. Él se inclinó para tomarle el rostro entre las manos.

―No tienes que hacer esto, Sakura.

―¿No te gusta? Él negó enfáticamente con la cabeza, y le dio un beso corto pero significativo.

―Me encanta siempre que seas tú ―aseguró―. Solo no quiero que sientas que debes hacerlo. Sakura sonrió aliviada al escuchar sus palabras, y extendió el brazo para tomar de nuevo el miembro de Sasuke, haciéndolo cerrar los ojos, mientras ella subía y bajaba la mano por toda su extensión. Eso era todo lo que él necesitaba para dejarse hacer. Se irguió de nuevo, y se preparó para recibir la dulce caricia de la boca de su mujer, que no demoró en llegar. Todo su cuerpo se tensó, embargado por un intenso placer.

Sakura lamía y chupaba la punta, siguiendo más sus instintos que lo leído en las novelas románticas y eróticas, que habían pasado por sus manos. Deseaba más, mucho más. Inclinó la cabeza y sacó la lengua, para enseguida, pasarla por toda la dura extensión, desde la base hasta la punta, donde la rodeó con los labios, y lo metió lo más que pudo en la boca. Una arcada la hizo retirarse e intentarlo de nuevo, esta vez no tan profundo.

Sabía que con la práctica lograría llegar más lejos aún, y estaba más que dispuesta a convertirse en una aplicada estudiante. No había imaginado que podía sentir placer al dárselo a él, y eso era justo lo que estaba experimentando. Se encontraba húmeda y preparada para recibirlo, y con cada lamida que daba, y cada gemido que recibía de él, una oleada de lujuria y delicioso goce la recorría. Mientras tanto, Sasuke disfrutaba de las atenciones de su esposa. Por momentos miraba hacia abajo, y observaba cómo su miembro entraba y salía de la boca de ella, encendiéndolo al máximo. Otras mujeres con mucha más experiencia le habían hecho lo mismo, pero verla a ella, a la mujer que amaba, haciéndolo, y sobre todo, sentirlo a plenitud, era una sensación totalmente nueva, que lo enloquecía y lo llevaba casi hasta el límite. Decidió entonces que era momento de frenarla, porque si no lo hacía, terminaría corriéndose en su boca, y ella aún no estaba preparada para esa experiencia.

―Para, nena. Me estás matando. Te necesito ahora ―reclamó Sasuke con voz ronca, mientras se retiraba.

―Pero… Sin dejarla terminar, la tomó por los brazos y la acostó en la cama, colocándose sobre ella. Sus cuerpos se tocaron por completo, y ella sintió ese peso tan anhelado que no le hacía daño, sino que la reconfortaba. Sus manos se convirtieron en espías de los cuerpos amados, y los labios reclamaban cada centímetro de piel que tenían a su alcance. Era imposible reconocer cuál de los dos era el más necesitado, y Sasuke lo demostraba, posicionándose entre las piernas de Sakura, al tiempo que ella las abría para recibirlo.

Sasuke movió las caderas, y comenzó su cadenciosa entrada. Sakura arqueó la espalda y cerró los ojos, emitiendo un fuerte gemido, al tiempo que su cuerpo se estremecía por el íntimo y anhelado contacto. En ese instante, ella experimentó placer, a diferencia de Sasuke. Imágenes recientemente recordadas, invadieron su mente y frenaron su cuerpo. Sakura, la mujer que tanto amaba, se retorcía bajo él, no de placer, sino de angustia y dolor.

Ella no deseaba lo mismo que él, lo aborrecía, le suplicaba que se detuviera, y para desgracia de los dos, él no lo hizo. Siguió con su determinación de hacerla suya, cegándose a la verdad, y solo viendo lo que su mente y su corazón, deseaban que fuese realidad. Recordó las lágrimas corriendo por las sonrosadas mejillas, y el sonido del llanto agónico. Rememoró todo en su cabeza, e instintivamente su cuerpo se tensó.

―No… no, no, no. Dios, no ―murmuró Sasuke, sacudiendo la cabeza y apartándose al instante. Sakura abrió los ojos, confundida, y vio el terror en los de su esposo, el espanto que corrompía su hermoso rostro, lo que hizo que su corazón se resquebrajara. Se apresuró entonces a detenerlo, antes de que se bajara de la cama, y le tomó el rostro entre las manos.

―Sasuke, mírame ―rogó, tratando de no llorar, porque sabía que eso sería contraproducente―. Mírame, mi amor. Él seguía sacudiendo la cabeza, tratando de alejarse, obligándola a tomarlo por los hombros y estremecerlo.

―¡Sasuke! Por favor, reacciona, mírame. Yo te amo, mírame ―dijo, sin lograr que él volviera de sus oscuros y desgarradores recuerdos. Y justo ahí, una epifanía se instaló en su mente. Sasuke era el hombre cuyo cuerpo tenía en frente, sin embargo, su alma respondía a otro nombre, hecho que ya había comprobado otras veces. Esa misma alma estaba siendo atormentada en ese momento, y solo una palabra podría hacerlo reaccionar. Nada perdía con intentarlo, y era la única opción que tenía. Decidió tomar lo que podía, por el hombre que amaba.

―Kopján, mírame ―dijo con determinación. Como si un interruptor se hubiese apagado, Sasuke se detuvo al instante, y la miró por fin a los ojos, con miles de emociones reflejándose en ellos.

―Kopján, mi amor. Soy yo, tu mujer. Los ojos de Sasuke cambiaron de azul a gris, y se iluminaron con el reconocimiento de su igual. Sus labios temblaron en una muda oración, y su mano se levantó y le acarició suavemente la mejilla. Sakura sonrió con amor, y él le devolvió el gesto de la misma forma.

―Erzsébet. Mi amada Erzsébet.