Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de S. Meyer y la autora es iambeagle, yo sólo traduzco.
Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of S. Meyer and the author is iambeagle, I just translate.
Thank you iambeagle for trusting me with your story!
Capítulo 24
Duermo en cama de Edward por tres días luego de que se va.
Las primeras dos noches huele a él, pero luego el aroma desaparece y mi corazón vuelve a doler. Tal vez es patético. Deprimente. Dormir en su cama no me hace sentir mejor, pero quiero sentirme cerca de él, incluso si sólo es por un poco más de tiempo.
Pienso de nuevo en la conversación que tuvimos la mañana que se fue una y otra vez. Mis lágrimas se amargan cuando me doy cuenta que me pudo haber mentido una segunda vez. Dijo que nunca dudó de nosotros, pero eso no era cierto, ¿o sí? Si no hubiera dudado de nosotros, entonces me habría dicho lo que pasó con Kate; hubiera confiado lo suficiente en nosotros para saber que lo superaríamos, pero no lo hizo.
Tal vez no era de nosotros de quién dudaba. Tal vez sólo era yo.
Algo que encuentro que me hace sentir un poco mejor es escribirle emails sin la intención de enviarlos.
Comienzan enojados. Es irracional, pero estoy enojada porque se fue. Sabía que iba a pasar – tuve meses para prepararme – pero el que se haya ido de verdad me duele. Lo acuso de mentir, lo acuso de dudar de nosotros. Le pregunto, ¿cómo demonios se supone que no debo sentirme escéptica cuando él difícilmente pudo hacerlo? Sólo porque él sea mejor que yo para esconder su aprehensión no significa que él tenga razón o que esté saludable o completo. Al menos yo no fui la jodida que se fue. Al menos yo no fui quién lo lastimó.
Pero sí lo lastimé, ¿no? Dios, lo lastimé. Nos lastimé a los dos - ¿y para qué?
No es hasta mi tercer email que comienzo a sentir remordimiento.
Le digo que lo siento jodidamente mucho. Que debí comenzar este viaje de superar mi trauma hace años porque tal vez así habría sabido cómo estar en una relación saludable y pudimos haber evitado esta separación. Le escribo que él es la primera persona que me permití amar. Tal vez es porque él tiene cierta manera de ser conmigo, tal vez es porque es paciente. Nadie más se quedó lo suficiente para romper mis paredes, haciéndome sentir ultimadamente que no valía la pena. Pero él sí se quedó y nunca he dejado entrar a nadie más de esa forma, jamás. Ni siquiera Charlie, ni Renee, ni ningún otro amigo – y él debería saberlo. Le digo que es el mejor amigo y amante, y qué sé lo extraña que es esa combinación. Si alguna vez lo recupero, se lo diré todos los días. Porque se merece eso – se merece todo.
XXX
Al final del tercer día, Emmett finalmente entra a ver cómo estoy.
—Bien. Suficiente de esta mierda —dice severamente, parándose en la puerta de la habitación de Edward—. La próxima semana se mudará el chico nuevo y dudo que quiera vivir contigo aquí apestando el lugar.
Si no estuviera tan ofendida, apreciaría su franqueza.
—No huelo mal —replico. Pero tal vez sí. Me he bañado, pero no me he lavado el cabello y puede que siga usando la camiseta que Edward usó en Año Nuevo – la que usé para dormir. Miro alrededor de la habitación, notando los platos sucios y cuencos empalmados unos sobre otros en el piso, junto con las tazas de té a medio consumir. Una botella de vino. Bolsas de Pirate's Boy. Nunca podría ser una de esas personas que deja de comer cuando están molestas. Lo contrario, como más. Pero me estoy distrayendo y Em tiene razón, incluso si no lo ha dicho directamente – está un poco deprimente aquí.
Truena los dedos.
—¿Bella?
—¿Qué?
—Anímate, dulzura.
—Vete, Emmett. —Encuentro un pañuelo usado en la cama y me sueno la nariz.
—Asqueroso.
Lo hago bola, se lo aviento y fallo.
—En serio. No estoy de humor.
Suspira y cruza la habitación para sentarse al pie de la cama.
—Me importa una mierda si no estás de humor. Necesitas componerte.
—Lo sé, eso es lo que estoy haciendo. Estoy intentando.
—No, no lo haces. —Me dedica una mirada intencional, una que me hace saber que no me cree para nada.
—Sí, lo intento —discuto—. Esta soy yo intentándolo. —Empujo mi teléfono hacia su cara, mostrándole todos los borradores sin enviar que le he escrito a Edward—. Estoy lidiando con mis mierdas. ¿Ves? Admitir que la cagué es el primer paso. O lo que sea.
Sus ojos escanean el teléfono, tal vez lee frases y pedazos de lo que he escrito.
—Seguro, bien. Es fácil decir lo siento. Pero, ¿por qué te estás disculpando? ¿Por qué lo terminaste?
—Porque… porque no confié en él.
—¿Por qué no?
Me muerdo el labio.
—¿Porque me mintió?
—Quiero la razón real. La mentira fue sólo una excusa y lo sabes.
—Es que… —me tapo la cara con la almohada de Edward.
Em me la quita, lanzándola al piso.
—¿Quieres saber lo que pienso?
—En realidad no.
—Sabías que él se iba a ir —dice de todas formas—. Pero eso no significaba que te estuviera dejando a ti, rara.
—Dios, gracias.
—¿Qué? Eres una idiota, pero de todas formas te amamos. En cierta forma, probablemente pensaste que, si tú lo dejabas primero, entonces no se sentiría como si estuvieras siendo abandonada. ¿Tengo razón o tengo razón?
—Tú… —Tienes razón. Carajo. Es verdad. Por Renee, siempre me he sentido como la segunda opción, siempre sentí que cualquier persona a la que quisiera me dejaría eventualmente. A pesar de que las cosas estuvieron tan jodidamente bien con Edward durante esos primeros meses, el que él aceptara el trabajo en LA me desequilibró. Eso no significa que si él se hubiera quedado en Seattle todo habría sido perfecto. Aun así, las cosas pudieron haberse desviado entre nosotros. A pesar de eso, su mudanza fue una prueba y carajo, la fallé.
—Dilo, Bella. En voz alta —me anima Emmett—. ¿Tengo qué…?
Me cuesta mucho, pero lo digo:
—Tienes razón.
Su sonrisa es triunfante.
—Muy bien. Ahora que ya aclaramos eso, puedes comenzar a intentar reparar la mierda que rompiste.
—Espera —digo—. ¿Dónde estabas con esa perspectiva hace meses?
—No sé. Tengo mis propias mierdas que arreglar. También creí que lo descubrirías. Pero no puedes seguir estancada en lo malo —dice, sacándose un pedazo de papel del bolsillo—. Ahora, para la segunda parte.
—¿Qué es eso? —pregunto, inclinándome para ver por mí misma. Él se aleja, levantando un brazo al aire para quedar fuera de mi alcance.
—Tomé notas para no olvidar lo que necesito discutir contigo.
Casi me río.
—¿Quién eres y qué has hecho con Emmett?
—No cambies el tema —dice, un poco divertido—. Pretende que Edward no te mintió ni nada de eso. ¿Y si se hubiera mudado a LA, ustedes dos siguieran juntos y nada malo hubiera pasado? ¿Y si todo con él resultara… bien? —dice, alzando las cejas ominosamente—. ¿Entonces qué?
—No sé.
—Intenta darme una respuesta de verdad.
Lo pienso; de verdad lo pienso. Nos imagino bien los primeros meses, pero luego imagino que él está trabajando tarde… se le olvida llamarme. Cancelando planes de fin de semana en Seattle porque tiene que terminar un gran proyecto. Eventualmente él está muy ocupado y yo muy resentida, termino con él después de una fea pelea en lugar de darle voz a la razón por la que estoy herida.
—Bien. Si siguiéramos juntos y él se hubiera mudado, probablemente yo habría hecho algo para joderlo. El caos es a lo que estoy acostumbrada. —Lo fulmino con la mirada—. ¿Ya estás contento?
—Cierto. Bien. Pero ahora que reconoces eso, ¿puedes intentar no joderlo en el futuro?
—Seguro, pero ni siquiera sé si Edward querrá estar conmigo de nuevo. Finalmente lo alejé demasiado y ahora ya se fue. Y… si no me quiere esperar, pues ¿puedo culparlo?
Emmett se ríe.
—Edward no irá a ninguna parte.
—Alerta de spoiler: se mudó a LA. Se fue a otra parte.
—Sabes a lo que me refiero. Si aparecieras en su puerta mañana, estaría eufórico.
—Lo dudo. Intenté regresar con él la mañana en que se fue y lo rechazó.
—Ni siquiera tú eres tan estúpida —dice—. Eso apesta a manipulación y lo sabes.
—Estaba triste, Emmett.
—O desesperada.
Me contengo de tirarle dedo.
—Bien, digamos que regresamos. ¿Cómo sabré que eventualmente no lo joderé de nuevo? ¿Cómo sabré que él no me mentira?
—No lo sabes. Nadie lo sabe —responde con facilidad—. Nadie tiene todas las respuestas. Sólo tienes que ir por ello. Sí, él te mintió. Y sí, fue algo de mierda. Pero… a mí me suena a que sólo lo hizo porque te ama.
Gimo en voz alta.
—Pero odio eso. Odio que me digan que alguien hizo algo que me lastimó por amor. No es justo.
—La vida no es justa.
—¿No es algo cliché?
—Sí, pero es verdad.
—¿Así que el que mi mamá me dejara fue en beneficio mío? ¿Me lastimó porque me ama mucho y se supone que sólo debo aceptarlo?
—Amiga.
—¿Qué?
—Edward y tu mamá son personas completamente diferentes. —Lo dice con tanta simpleza que me siento estúpida por no darme cuenta yo misma—. No puedes comparar lo que pasó con ella con lo que pasó con él. Ése es tu primer problema. No estoy diciendo que tu mamá no te ame, pero… tampoco puedo defender cómo te ha tratado. Pero sí puedo defender a Edward.
—Por supuesto que lo estás defendiendo, es tu amigo.
—Tú fuiste mi amiga primero —me recuerda—. Y sé todo sobre las mierdas que tu mamá hizo. ¿Le has contado eso a él?
Me arranco la piel alrededor del pulgar.
—Un poco.
—Tal vez si te abrieras más respecto a todo eso, él te entendería un poco mejor.
Aprecio tanto a Emmett en este momento. Y es raro, después de tantas conversaciones de corazón a corazón con diferentes personas sobre este mismo problema, ninguno de sus consejos toco una fibra conmigo de la forma en que lo hacen los consejos de Emmett. Estoy agradecida por esta nueva perspectiva, reconozco que pude haber rechazado a Edward antes de que él pudiera rechazarme a mí. En definitiva, voy a explorar más de esto con Emily esta semana.
Por mucho impacto que tengan las palabras de Emmett, eso no significa que no pueda burlarme.
—¿De dónde sacaste toda esta perspectiva? ¿Estás drogado?
Tiene que tomarse un segundo para pensarlo.
—No. De hecho, no he fumado desde hace tiempo. No he querido hacerlo.
Estas son nuevas para mí.
—¿Qué?
Se encoge de hombros.
—No sé. Estar con Rose se siente bien. No digo que no fume de vez en cuando, pero tengo otras prioridades. No más despertar y hornear. No más viajes luego cama.
—¿No más Amanecer Sativa? —pregunto, boquiabierta. No se engañen – en realidad sucedía a medio día.
—Nah.
—Dios mío —murmuro, dejando caer la cabeza en mis manos.
—¿Qué?
Levanto la cabeza y lo miro.
—¿Qué carajos es esto? ¿Emmett McCarty tiene su vida arreglada y yo no?
Su cara se ilumina.
—Santa mierda. Tienes razón.
Ante esta revelación, la risa sale de mí. Em se ríe conmigo, hace mucho bullicio y es ligeramente infecciosa su risa, lo cual hace que el momento siga hasta que tengo lágrimas en los ojos. Cuando eventualmente nuestra risa muere, me siento un poquito más ligera.
—¿Crees que Edward me odia por completo? —pregunto, en voz baja.
—Nah. No te habría dejado esto si te odiara. —Emmett saca un sobre doblado de su bolsillo trasero.
—¿Qué es eso?
—Parte tres.
Golpe su pecho, sorprendida.
—¡Emmett! ¿Por qué no me lo diste hace días?
Me lo ofrece, pero no lo suelta cuando tiro de él.
—Porque me dieron instrucciones estrictas para decirte que no lo abras hasta que estés lista.
—¿Qué?
—En serio. Voy a necesitar que lo jures, rara. No lo abras hasta que estés lista.
—¿Lista para qué?
—No pregunté. Eso fue lo que me dijo.
Gimo, mi curiosidad completamente picada. Pero me muestro de acuerdo y agarro el sobre. Miro la letra de Edward, mis dedos trazan sobre mi nombre escrito en la parte de enfrente.
—¿Entonces? —me cuestiona—. ¿Qué vas a hacer?
—¿Aparte de no abrir esto en este jodido momento?
—Sí.
Mi mente correo a cien millas por minuto. Pienso en Edward, que ya está en LA, viviendo su vida, siguiendo adelante. Me deprime, pero sé que es lo mejor. Justo aquí y ahora, me digo que no lo contactaré hasta que esté segura. No le mandaré mensajes, ni le llamaré, ni lo acosaré en redes sociales hasta que me sienta sana y completa. Porque lo último que quiero hacer es buscarlo prematuramente y joder todo de nuevo. Lo último que quiero es perder cualquier oportunidad que tenga de recuperarlo. Me niego a permitirme perder completamente lo mejor, el mejor amigo, el mejor amor de mi vida. Pero si eso ya sucedió, también necesito aceptarlo.
—Voy a arreglar mis mierdas —digo con cuidado—. De verdad me voy a componer. No más excusas. Y espero, eventualmente… recuperar a Edward.
Em golpea gentilmente mi hombro con su puño.
—Eso, chica. ¿Puedes bañarme primero? Carajo, apesta aquí.
Capítulo cortito, más de transición que de otra cosa. Y me encanta esta charla entre Emmett y Bella, a pesar de que en esta historia tienen años de ser amigos, no se exploró mucho esa parte de su relación. ¿Qué contendrá ese sobre que le dejó Edward a Bella?
Nos leemos el miércoles con la siguiente actualización, ¡no olviden dejarme sus comentarios! 😊
