El premio Potter va para JK Rowling, y el premio del Aritmago va para White Squirrel.
Capítulo 22
Hermione tomó el autobús noctámbulo a Grimmauld Place la mañana siguiente. Era Nochebuena, así que no podía quedarse hasta tarde, pero necesitaba ver a sus amigos lo más pronto posible. Mirando a su alrededor una vez, dos veces para asegurarse de que nadie sospechoso la estuviera mirando, como Moody le había advertido, caminó a la entrada y tocó la puerta, esperando que no fuera lo suficiente fuerte para despertar al retrato. Moody prefería que las personas despertaran al retrato de la madre de Sirius para que todos en la Orden supieran que alguien había llegado, pero él era el único.
La Sra. Weasley abrió la puerta, luciendo cansada y con los ojos irritados–. Oh, Hermione –dijo, abrazándola con fuerza–. No te esperábamos hoy. Muchas gracias por venir. –Caminaron de puntas al pasar el retrato y bajaron a la cocina. La Sra. Weasley no estaba cocinando por el momento, pero había dejado una taza de café en la mesa–. ¿Gustas algo? –preguntó.
–No gracias, Sra. Weasley. Acabo de comer. Sólo quería verlos a todos antes de Navidad. Escuché lo que pasó. ¿Cómo está el Sr. Weasley?
La Sra. Weasley frunció el ceño–. Está haciéndose el valiente –dijo ella–. Los sanadores dicen que no está en peligro inmediato, pero están teniendo problemas parando el sangrado… eh, ¿qué escuchaste exactamente?
–El profesor Dumbledore me dijo que estaba en una tarea para la Orden, y que fue atacado por una serpiente que Voldemort envió tras él.
La Sra. Weasley se estremeció–. ¿Eso dijo? –Lucía algo sorprendida–. Pues, sí, eso es lo que pasó. El veneno no causó mucho daño, dicen, pero piensan que la herida podría estar maldita. Esperan que podrá regresar a casa para Año Nuevo.
–Yo también lo espero. Y quería también hablar con Harry antes de que terminara el semestre. ¿Dónde está?
–Harry probablemente está en su cuarto. Espero que puedas hablar con él. Ha estado de mal humor todo este tiempo.
–Suena como Harry –gruñó Hermione–. Haré lo que pueda. –Comenzó a subir las escaleras al cuarto de Harry y Ron, pero fue asaltada en el salón del primer piso por cierto par de gemelos pelirrojos.
–¡Hermione! –George salió a encontrarla y la tomó por en medio. Lucía tan cansado como su madre hasta los ojos, pero sus ojos brillaron cuando la vio, y la besó profundamente. Hermione escuchó a alguien toser, y levantaron la mirada. La tos fue seguida de una risita, y vio a Ginny sonriéndoles. Ron también estaba ahí, pero él solo rodó sus ojos. Hermione se sonrojó y se alejó con gentileza de George.
–No pensamos que vendrías por un tiempo –dijo él–. No tuve la oportunidad de despedirme. Todo pasó tan rápido.
-Está bien, George. Hicieron lo que tenían que hacer. Lamento que no puedo estar aquí más para ti, pero no puedo salir mucho tampoco. ¿Qué pasó exactamente? Sé que Harry tuvo una visión de su padre siendo atacado por la serpiente de Voldemort…
George se estremeció, mucho más de lo normal–. Fue malo –dijo–. Ron se despertó, escuchó a Harry gritando. Supongo que Neville fue por McGonagall. Lo primero que nosotros supimos fue McGonagall despertándonos, diciendo que papá había sido lastimado, y que necesitábamos irnos ahora. Ni quisiera sabíamos lo que había pasado. Dumbledore hizo un traslador para enviarnos rápido aquí. Harry dijo que teníamos que irnos antes de que Umbridge se enterara. Probablemente podría habernos parado hasta que el tren llegara, y está buscando cualquier cosa contra Dumbledore.
–No que importó –gruñó Fred–. Sirius y Remus no nos dejaron ir porque hubiera dejado en descubierto lo que papá estaba haciendo o algo así.
–Finalmente pudimos verlo en la tarde al día siguiente –explicó Ginny–. Regresaremos mañana.
–¿Cómo está?
–Oh, tú conoces a papá. Está de muy buen humor –dijo George–. Dice que se siente bien, excepto que no le pueden quitar los vendajes aún.
–Aunque Moody y Tonks estaban encima de él –habló Ron–. Supongo que querían saber sobre lo que estaba cuidando.
–¿Así que definitivamente estaba cuidando algo, entonces? –dijo Hermione.
–Sí, se le escapó eso. Y en la visión de Harry, dijo que papá estaba justo afuera del Departamento de Misterios. Debe de ser esa arma de la que habían hablado antes. La que Quien-Tú-Sabes quiere. Oye, ¿descubriste algo sobre eso?
Ella negó con la cabeza–. No, investigué armas mágicas lo más que pude, pero los registros históricos son cuestionables. La lista de artefactos que están bien documentados y tienen poderes útiles y podrían estar en el Departamento de Misterios es muy corta. Mis mejores ideas son el guardapelo de Salazar Slytherin o una de las reliquias de la muerte.
–¿Las reliquias de la Muerte? –dijo Ron–. ¿De La fábula de los tres hermanos? ¿Sabes que son historias, infantiles, verdad, Hermione?
–Es lo que pensé, pero Luna piensa que son reales… y sé que eso quizás no significa mucho por sí solo, pero hay suficientes referencias históricas a la varita de saúco para hacerme creer que puede que haya algo ahí. Emeric el Malvado, Egbert el Ilustre, Godelot, Hereward, Barnabas Deverill, y Loxias tuvieron una varita similar a la descripción.
Todos los Weasley lucieron sorprendidos–. No lo sabía –dijo Ginny.
–Vaya –dijo Ron–, si hay una varita invencible, Quien-Tú-Sabes definitivamente la querrá.
–Lo sé, pero sólo es una idea. Y tendríamos que explicar cómo el Departamento de Misterios la consiguió. Podría ser el guardapelo de Slytherin o algo más en mi lista, o podría ser algo que inventaron ahí. ¿Quién sabe si Voldemort sabe algo que nosotros no?
–Pero es un buen comienzo –dijo George–. Es bueno saber a lo que podríamos enfrentarnos.
–Aunque no estoy seguro de cómo podríamos derrotar a una varita invencible –dijo Fred.
–Robarla parece ser la manera normal en las historias –respondió Hermione–, pero tienes razón. Sería un problema difícil. Pero bueno, ¿dónde está Harry? ¿Cómo está?
Ginny se puso seria–: No lo sé. Ha estado extraño desde que pasó.
–¿Extraño cómo?
–No sé. Distante. Quiere estar solo. Es como si se culpara por lo que pasó. Conozco esa mirada en él. Pero no lo entiendo. Quiero decir, salvó la vida de papá.
Usando las visiones que se supone está bloqueando, pensó Hermione. Tenía el presentimiento de saber porque Harry no estaba contento. Y claro, los Weasley no lo comprenderían. Ellos no habían estado enseñándole como ella–. Iré a hablar con él –dijo ella–. ¿Está en su cuarto?
–Sí, debería. Espero que puedas hablar con él mejor que nosotros.
Ella asintió y procedió a subir las escaleras al cuarto de Harry. Golpeó la puerta, y al no escuchar respuesta, la abrió para ver a Harry en su cama, mirando al techo.
–Hola Harry –dijo.
Harry levantó la mirada sorprendido–. ¿Hermione? ¿Qué estás haciendo aquí?
–Quería ver a mis amigos.
–Oh… Lo siento. Supongo que no tuve la oportunidad de verte...
–Está bien. Sé lo que pasó… básicamente, por lo menos.
–Oh. Cierto. –Guardó silencio por un minuto.
–¿Quieres hablar de eso? –preguntó ella.
–No realmente.
Bueno, eso era obvio. Aun así, no se rindió. Se sentó en la cama de Ron y contó a Harry todo lo que se había perdido después de que se fue de Hogwarts. Describió en breve sus conversaciones con Neville y el profesor Dumbledore y cómo pensó que había convencido a Lavender finalmente. Harry se sorprendió cuando le contó que Greengrass y Davis quizás estarían interesadas en el ED.
–¿Por qué querrían hacer eso? –preguntó.
–Aparentemente, Davis ha estado preocupada de que reprobará su TIMO todo el año. Y pensé que ya que Georgina la ha estado pasando bien, deberíamos estar buscando otros Slytherin.
–Pero no es lo mismo –objetó Harry–. Están en nuestro año. Las personas quizás no lo acepten. En verdad podrían usar los hechizos que les enseñemos en nuestra contra.
–Sí, podrían, en teoría, pero no están colgando de Malfoy como Parkinson y Bulstrode, y si no queremos que lo hagan, ¿no sería mejor darles una alternativa?
–Supongo. Lo intentaré si me lo piden, pero no hago promesas. ¿Y vas a darme el contrato, entonces?
–Mm, ese es un buen punto. –Sería más seguro no hacerlo. Hermione ya había considerado que tendría que escabullirse dentro de la escuela para las reuniones del ED. Podría lograrlo fácilmente, pero no tenía idea de cuánto tiempo le tomaría ir y venir a casa, y eso era solo si sus padres la dejaban–. Tendré que pensarlo –dijo–. Te lo daré, o encontraré una manera de hacértelo llegar para que puedas inscribir a miembros nuevos.
–De acuerdo.
–Y pensé en una nueva idea para una broma para darle a los gemelos –dijo en un impulso.
–¿Sí? ¿Cuál?
–Necesitan encontrar una manera de embromar a Malfoy para que baile alrededor de una vara de mayo en Beltane.
–¿Beltane?
–El festival pagano del día de mayo. Luna dice que los Malfoy dicen que son paganos druidas. Yo digo que hagamos que lo pruebe.
Harry imaginó la idea y de inmediato se rio, aunque no tanto como Luna y Neville. Por lo menos lucía más relajado, aunque aún no ofreció más información.
–Bueno, Feliz Navidad, Harry –dijo ella–. Intenta no ignorar mucho a tu novia. Ginny merece tu debida atención, además de que sabes cómo es cuando se enoja. –Se levantó.
–Hermione. –Harry la detuvo.
–¿Sí, Harry?
–No quería decirle… no quería decir a nadie excepto a Ron y Dumbledore. Cuando tuve la visión del Sr. Weasley… yo era la serpiente.
¿Qué? Hermione se sentó de nuevo–. ¿Tú eras la serpiente? –dijo ella.
–Quiero decir, supongo que no era literalmente la serpiente. Ron dijo que estuve en mi cama todo el tiempo. Pero lo vi a través de los ojos de la serpiente.
–Eso es… extraño. ¿Pudiste verlo desde el suelo?
–Sí. Vi mi reflejo en la pared, y era la serpiente. Y… –Se sentó sobre la cama y llevó sus rodillas a su pecho–. Podía sentirme deslizándome sobre mi estómago –dijo tembloroso–. Pude saborear el aroma del Sr. Weasley en el aire. Pude… pude sentirme hundiendo mis colmillos...
–¡Harry! –Hermione se apresuró a su lado y lo sacudió–. ¡Harry, basta! Tú no hiciste nada de eso. Fue Voldemort. No tenía idea… Lamento tanto que tuviste que pasar por eso. No puedo imaginar lo terrible que fue.
Él sacudió su cabeza de manera violenta y después se relajó–. Lo siento –murmuró–. He estado intentando no pensar sobre eso.
–No te culpo. Probablemente es mejor si intentas olvidarlo. ¿Así que Voldemort es un animago, entonces?
–No, no lo creo. Dumbledore dijo que debió estar poseyendo a la serpiente.
–¿Y viste lo que la serpiente estaba viendo?
–Supongo. Dumbledore no lo explicó realmente. Ni siquiera sabía que podía hacer eso ahora que tiene un cuerpo de nuevo.
–Pues, por lo menos sabes a lo que te estás enfrentando. Y si puedes mejorar tu Oclumancia, no tendrás que pasar por eso de nuevo.
–Eso no es de lo que estoy preocupado –dijo él.
–¿Qué quieres decir?
–Quiero decir… ¿y si estoy haciendo lo incorrecto, al aprender Oclumancia?
–Harry, ¿cómo puedes decir eso…?
–¡Porque el Sr. Weasley hubiera muerto si no lo hubiera visto pasar! –gritó él–. Fue suerte que no hubiera sido mejor en Oclumancia o nunca lo hubiera sabido.
Y eso era lo que Hermione temía–. Harry, sólo porque resultó bien esta vez… –comenzó ella.
–No sólo esta vez, Hermione. Puedo descubrir lo que Voldemort trama. La última vez que pasó, vi como intentaba entrar en el Departamento de Misterios, y ahora sabemos que era cierto. ¿Y si me perdí de algo importante? ¿Y si alguien más pudiera ser salvado con mis visiones?
–Harry, mírame –dijo ella con seriedad. Él lo hizo, y ella usó su Oclumancia y lo miró a propósito a los ojos por primera vez en semanas–. ¿No recuerdas de lo que hablamos antes? Oclumancia es sobre más que bloquear esas visiones. Tengo secretos que necesito guardar, y también Dumbledore. Necesitamos confiar en que Voldemort no puede leer nuestras mentes a través de él. Espero que la meditación que te he estado enseñando es lo suficiente buena para mí también. Dijiste que parecía funcionar contra Snape, y esa es una buena señal. Pero tú necesitas ser bueno en Oclumancia para estar seguros.
–De acuerdo, la usaré a tu alrededor, entonces. Pero aún puedo usar las visiones. –Ella suspiró con fuerza.
–Harry, no es tan sencillo. ¿Cómo sabes que Voldemort no puede leer tu mente y descubrir tus secretos durante una visión? –Harry frunció el ceño incómodo–. O… ¿o, si comienza a enviarte visiones falsas? ¿Y si pudiera intentar engañarte de ese modo?
–¿Puede hacer eso?
–No lo sé –mintió ella–, pero Dumbledore parece estar preocupado por lo poderoso que es. No me sorprendería que fuera posible. Tuvimos suerte esta vez, sí, pero no creo que podamos confiar en tener la misma suerte la próxima vez. Podría resultar mal y terminar con alguien muerto en lugar de salvarlo.
Harry lució muy preocupado con eso–. ¿Qué hago, entonces?
–Continúa aprendiendo Oclumancia. Quizás es un riesgo, pero te estás arriesgando más dejando que Voldemort entre en tu mente.
Harry inclinó la cabeza y gruñó–. De acuerdo, de acuerdo, continuaré con la Oclumancia. Aunque sería agradable si pudiera tener un mejor maestro que Snape.
–Sí, pero es todo lo que tenemos. Dijiste que estabas mejorando, así que por lo menos no es lo suficiente malo para arruinarlo por completo.
–Supongo… sólo desearía saber lo que está poniendo en el pensador. Podría probar si está de nuestro lado o no.
–Pero el profesor Dumbledore confía en él –dijo Hermione, confundida por la incongruencia.
–Sí, Dumbledore confía en él –gruñó él–. Más que en mí, aparentemente.
–Harry, él… Mira, sé que Dumbledore no es infalible créeme, pero no es porque no confíe en ti. Sólo necesita que entrenes lo suficiente para que estés listo para enfrentar la Legilimancia de Voldemort. Además, no sabemos si los recuerdos que Snape está ocultando son sobre Voldemort. Quizás son recuerdos vergonzosos de la infancia, y no quiere arruinar su reputación.
–¿Recuerdos vergonzosos de la infancia? –dijo escéptico.
–Porque no. No pudo haber nacido como un cretino misántropo.
–No me sorprendería.
–Pues, puedes preguntar a Sirius y Remus. Creo que estuvieron en el mismo año.
–Sí, creo que sí. Eh, más vale. Eh… y gracias, Hermione.
–No hay problema, Harry. El inculcarte un poco de sensatez parece ser un trabajo de tiempo completo.
–¡Oye!
Bajaron las escaleras para reunirse con los Weasley, pero Hermione pronto fue descubierta por Remus y llevada a un lado–. Oh, Hermione, bien. Ahí estás –le dijo–. Horace Slughorn está abajo en el comedor. Dijo que quería hablar contigo.
–¿Ya está aquí? –No había pensado que querría pasar mucho tiempo alrededor de la Orden–. De acuerdo, entonces. –Continuó bajando al comedor y vio a dos personas sentadas a la mesa: un Sirius algo exasperado y un hombre mucho mayor que estaba comiendo de una caja navideña con fruta confitada. Dio un golpe al marco de la puerta–. Disculpen. ¿Profesor Slughorn…? –Ambos hombres levantaron la mirada–. Soy Hermione Granger.
El hombre mayor levantó la mirada con una sonrisa y extendió sus brazos–. ¡Jo-jo! Por supuesto que sí, señorita Granger –dijo con una voz profunda y jovial–. La reconozco del Profeta este verano. Horace Slughorn. Encantada de conocerla. –Estrechó su mano con mucho más entusiasmo de lo que su edad sugeriría.
Horace Slughorn era bajo y muy gordo, tanto que Hermione tuvo que preguntarse cuál era la contingencia si su tutor moría de un ataque al corazón a mitad del semestre. Y no era joven tampoco; parecía tener unos setenta años bajo estándares muggle, lo cual lo ponía cerca de los noventa como mago. Probablemente era el mago más victoriano que Hermione hubiera conocido, y eso era algo. Usaba un traje de tres piezas de terciopelo con un reloj de bolsillo de cadena Albert doble, y su rostro mostraba un enorme bigote de morsa y patillas reales. A pesar de estar en la fuga, obviamente era un hombre acostumbrado a los lujos.
–Encantada de conocerlo también, profesor –respondió ella–. Gracias por aceptarme como estudiante.
–Bueno, ¿cómo podía resistirme a una joven tan brillante? He leído todos sus ensayos, señorita Granger. Un poco sobre mi cabeza, los últimos, pero inspirados. Sin mencionar que es amiga de Harry Potter. Sé que está bajo sospecha ahora, pero será probado correcto pronto. –Tembló un poco en lo último–. Seré honesto. No creí querer tener nada que ver con la Orden del Fénix de Dumbledore. Estoy seguro de que son muy admirables y valientes y todo eso, pero no me apetece la tasa de mortalidad. Pero sabe, el Sr. Black aquí, tiene un lugar muy agradable, y bajo Fidelio, así que pensé que quizás no era una mala idea.
Eso era básicamente lo que el profesor Dumbledore le había dicho. El profesor Slughorn no parecía ser una persona muy complicada, pero si era tan buen maestro como su reputación sugería, no iba a objetarlo.
–...sólo llegué aquí esta mañana. Pensé que estaría solo en Navidad antes de recibir la oferta, así que todo funcionó para todos, ¿no es así?
–Eh, sí, supongo que sí, profesor.
–Bien, vamos. Tome asiento y hablemos. Querrá comenzar sus estudios pronto, estoy pensando.
Hermione no había pensado hacerlo antes de que las vacaciones terminaran, así que no estaba realmente preparada–. Erm, muy pronto, pero creo que mis padres querrán ser parte de esta conversación, señor.
–Oh, cierto, cierto. Bueno, ya que tengo un lugar seguro dónde quedarme, puedo mantener mi vida social un poco –dijo–. ¿Hay una hora cuando podrían reunirse con nosotros?
Hermione lo pensó por un minuto, y pensó en una posibilidad que esperaba funcionaría para todos. Y sería interesante ver cómo reaccionaría el profesor Slughorn–. Tendré que hablar con mis padres, pero creo que podríamos invitarlo a cenar esta semana.
Slughorn lució sorprendido por la oferta, pero lo consideró–. ¿A cenar? Que interesante. Esa sería una experiencia nueva, ¿no? Pero me preocupa el transporte. No he estado ahí para aparecerme, soy terrible con una escoba a mi edad, y no puedo confiar en que personas no hablen en el autobús noctámbulo.
–¿Quizás un taxi muggle? –ofreció Hermione inocentemente.
Sus ojos se abrieron temerosos de la sola idea. Hermione mentalmente lo colocó en la categoría de muchos magos decentes a los que conocía: aquellos que no tenían nada contra los muggles, pero no tenían nada de experiencia práctica con ellos y no les interesaba–. Realmente no es tan difícil, profesor –dijo ella–. Si toma el tren de Kings Cross a Crawley, entonces toma un taxi, debería solo costarle el equivalente a un galeón. Hablaré con mis padres para ver si podemos encargarnos de los arreglos.
–Ah, bueno, eso es diferente. Eso es muy amable de su parte, señorita Granger. Me encantaría acompañarla si puede resolverlo. Sólo… descuéntelo de mi paga, creo. Es lo más fácil.
–Por supuesto, profesor.
–Me alegra haberla encontrado aquí hoy. Mejor conocernos en buenos términos. Es terrible lo que le han hecho en la prensa, intentando desacreditarla para que no reciba los premios Gamp y Wenlock. ¡Comprendo lo suficiente de sus ensayos para saber quién realmente hizo el trabajo difícil! Sabe, conozco a unas cuantas personas en los comités de esos premios. Creo que les escribiré y pondré una buena palabra de su parte. Con mi recomendación, estoy segura de que se resolverá.
Hermione se sonrojó. No estaba segura de si eso funcionase realmente, pero era algo tarde de todos modos–. Eso es muy amable de su parte, profesor, pero la cosa es, ya he escrito para retirar mi nombre de la competencia.
Slughorn la miró horrorizado, como si nadie le hubiera sugerido algo tan escandaloso antes–. ¿Por qué hizo eso, señorita Granger? –exclamó.
–Porque pensé que si esos comités escuchaban la propaganda del Ministerio y aceptaban sus deseos, no era probable que ninguna carta de recomendación los convencería de lo contrario. No si las acciones de Umbridge en Hogwarts eran indicación alguna. Lamento no pensar en usted, pero si soy honesta, preferiría que usted no terminara en su lado malo tampoco.
–Dolores Umbridge –gruñó él–. Nunca me agradó. Y yo nunca le agradé tampoco después de que elegí a Septima Vector como prefecto en lugar de a ella. Nunca pensé que conseguiría tanto poder. Pero no debió hacer eso. Aún creo que hubiera sido posible disuadirlos con la presión correcta.
Hermione negó con la cabeza–. ¿Le ha mencionado Harry su experiencia en quidditch, profesor? Oh, apuesto a que ni siquiera recuperó su escoba, teniendo que irse temprano. Pero bueno, si Umbridge no quería que recibiera los premios, se hubiera asegurado de eso. Quizás hubiera pasado una ley que dice que no se pueden aceptar premios profesionales a menos que fuera mayor de edad o algo así. Y de cualquier modo, no necesito de un premio para probar mi habilidad. Puedo hacer mi propio nombre una vez termine todo esto.
–Ah, confianza –dijo él con una sonrisa sabia–. Ese es un muy buen rasgo que tener. ¿Y sabe qué? Creo que llegará a cumplirlo. Siempre he tenido buen ojo, usted sabe, para los estudiantes más prometedores… y siempre he estado feliz de darles un empujoncito en la dirección correcta. Dirk Creswell, por ejemplo. Puse una buena palabra a su favor, y ahora es jefe de la Oficina de Enlace con Duendes.
–Erm, eso es muy bueno –dijo Hermione sin entusiasmo. No estaba completamente segura de porque estaba presumiendo Slughorn, excepto quizás para sugerir que podría darle el mismo servicio a ella, el cual ella no necesitaba en particular. Fuera lo que fuera, su personalidad más grande que la vida ciertamente iba en contra del estereotipo de "Slytherin sutil". Se preguntaba si eso significaba algo.
–Y también está Barnabus Cuffe, editor del Diario el Profeta; Ambrosius Flume, dueño de Honeydukes; y Gwenog Jones, capitana de las Holyhead Harpies...
–Espere, ¿conoce al dueño de Honeydukes? –interrumpió Hermione.
–Sí.
Ella lo pensó por un momento–. ¿Sabe cómo se siente sobre el Ministerio… y a qué hora cierra su tienda?
Sirius debió haberse escapado en algún momento de la conversación ya que Hermione lo encontró conversando con Remus y Harry en la cocina–. Probablemente algo es sobre la guerra –escuchó decir a Sirius, aparentemente discutiendo los recuerdos de Snape–. Es un espía, después de todo. Pero sí, podrían ser recuerdos vergonzosos también.
–¿Cómo qué?
–Pues, sabes que tu padre y yo no fuimos muy amables con él cuando estuvimos en Hogwarts. Hubo una vez en la que lo incitamos a meterse a la casa de los gritos.
–¿Qué? –exclamó Hermione–. ¿Cómo pudieron hacer eso?
Todos la miraron–. Sí, sí, yo era todo un idiota –dijo Sirius–. Ya me regañaron por eso Dumbledore y McGonagall y Madame Pomfrey, y James y Remus, así que no necesito escucharlo de nuevo.
–Esa fue la vez cuando casi lo aventé por una ventana –dijo Remus–. Creo haberlo mencionado antes.
–Sí. El punto es, James salvó a Quejicus esa noche, y no creo que lo haya superado.
Hermione miró a Harry, quien parecía incómodo. La Sra. Weasley también estaba ahí, pero ella aparentemente había escuchado la historia antes o estaba muy molesta por lo de su esposo porque solo lanzó a Sirius una mirada de desdén–. Supongo que eso es algo que no querría que viera –admitió Harry–. ¿Fue sólo esa vez, o hubo más?
–Veamos… estuvo la vez cuando lo desnudamos en público.
–¿Hicieron qué?
–Para ser justos, Snape acababa de llamar a tu madre una sangre sucia. James estaba muy molesto por eso.
–¿En verdad?
–Así es –confirmó Remus–. Fue la última vez que Snape y Lily hablaron en público. Habían sido buenos amigos al comienzo, pero Snape se metió demasiado con los Slytherin, y eso fue demasiado para Lily.
–¿Divisiones entre las casas de nuevo? –dijo Harry.
–Eso supongo. Era difícil ser un Slytherin en esos días y no estar en la órbita de los mortífagos. Podíamos verlo incluso a la distancia.
–Pero aun así, ¿desnudarlo? –dijo Harry horrorizado.
–Bueno, James era algo idiota cuando tenía quince –dijo Sirius.
–¡Yo tengo quince! –protestó él.
–Y estamos felices de que heredaras algo de la sensatez de tu madre. ¿Pero puedes decir con honestidad que no harías lo mismo al chico Malfoy si tuvieras la oportunidad?
–¡No querría ver eso! –protestó Harry.
Hermione asintió en silencio. La idea de ver a Snape o a Malfoy desnudos la hizo querer vomitar un poco.
–Mira, Harry –dijo Remus–, el punto es que Snape y tu papá no se aguantaron durante todo el tiempo que estuvieron juntos en la escuela. Ambos se lanzaron maleficios por mucho tiempo después de que James dejó de ser un tonto arrogante en general. El sentimiento era mutuo también, y no me sorprendería que Snape quisiera mantener sus recuerdos de lo peor ocultos.
Harry no respondió, pero lucía incómodo. Hermione podía simpatizar. Tenía que ser difícil aprender que su padre había sido un "tonto arrogante" e incluso, si se era algo honesta, un bravucón, considerando todo lo que él había pasado por culpa de uno.
–Sólo recuerda, cachorro –dijo Sirius–, puede que Quejicus sea un idiota grasiento, pero Dumbledore confía en él, y no le gustará que estés metiendo tu nariz en donde no. Y también recuerda, si alguna vez tienes la oportunidad de mirar dentro de ese pensador, que puede que haya un recuerdo de un Snape desnudo dentro.
Harry se estremeció, y Hermione pudo adivinar que había decidido no jugar a esa ruleta rusa.
Hermione se sintió un poco mal de no poder ver al Sr. Weasley en Navidad con los demás, pero por lo menos finalmente pudo pasar un día agradable con sus padres. En otros años, quizás hubieran ido a esquiar o algo, incluso cuando eso no era realmente lo suyo, pero con sus planes constantemente cambiantes sobre mudarse o no, no habían podido programar nada.
Fue en bicicleta a la estación de tren el día después de Navidad y compró un boleto para que el profesor Slughorn fuera a verlos y lo envió a través de Dobby (que Hermione tuviera un elfo a su servicio aparentemente lo había sorprendido bastante) junto con el dinero para un taxi. Había debatido simplemente recogerlo en la estación, pero Hermione pensó que el tomar un taxi sería una buena experiencia de aprendizaje para él.
Fue también el día después de Navidad que su mamá notó las cicatrices en su mano. Hermione no había puesto el esfuerzo en cubrirlas, lo cual hubiera sido más sospechoso, pero había esperado que sus padres no lo notaran por un tiempo. Las líneas blancas y delgadas en la parte de atrás de su mano no eran muy prominentes, pero aparentemente eran legibles al otro lado de la mesa de la cocina si dejaba su mano quieta.
–Hermione… ¿qué le pasó a tu mano? –dijo mamá.
Hermione sólo se encogió en respuesta.
–¿Algo malo, Emma? –dijo papá.
–Hay cicatrices en su mano, Dan. Estoy segura de que no estaban ahí antes.
–Esperaba que no las notaran –murmuró Hermione.
–Cariño, ambos fuimos a las escuela dental. Reconocemos cicatrices cuando las vemos. Déjame ver, por favor. –Hermione rápidamente decidió no resistirse mientras su mamá tomaba su mano y la volteaba para leer las palabras. Emma soltó un grito ahogado cuando las vio–. ¿No debo decir mentiras? –exclamó–. Hermione, ¿te hiciste esto a ti misma?
–Yo… ¡no tuve elección! –dijo rápidamente, dándose cuenta de lo que debía preocuparle, aunque la verdad no era mejor.
Sus papás la miraron confundidos–. ¿Qué quieres decir, no tuviste elección…? –comenzó su mamá, pero entonces sus ojos se abrieron ampliamente–. ¿Quieres decir tus detenciones? ¿Te hicieron eso… hicieron hacer eso...?
Hermione retiró su mano rápidamente, pero no pudo hablar. Las lágrimas comenzaron a llenar sus ojos. No había querido someter a sus padres a esto.
–¿Hermione…? –dijo papá horrorizado–. Tus cartas decían que esa mujer Umbridge estaba usan castigos corpórales. Hizo que te cortes con un cuchillo...
–No fue un cuchillo –dijo ella.
–¿Eh?
Explicó con renuencia sobre la pluma negra que Umbridge había inventado, como cortaba su mano y la sanaba, siendo cada vez menos efectiva con cada repetición. Sus padres estaban llorando cuando terminó de contarles.
–¿Por qué aceptaste eso? –lloró mamá–. ¿Cómo pudiste dejar que te hiciera eso? ¿Y por qué no nos dijo Dobby?
–No hubiera hecho nada de bien que Dobby les dijera. No tuve elección –murmuró Hermione entre lágrimas.
–¡Claro que sí! ¡Podrías haberte rehusado! –gritó mamá.
–Podrías haber apelado –dijo papá.
–No había nadie con quien apelar –protestó Hermione–. Pasaron un decreto otorgando a Umbridge autoridad suprema sobre castigos.
–Entonces deberías haber contactado a la policía… a los aurores, ¿correcto?
–Fudge no hubiera dejado que hiciera nada. Y las reglas son tan anticuadas y llenas de huecos. No podrían haberla detenido.
–¡Entonces rehúsate! –repitió mamá.
–Podría haberme expulsado.
–Hermione, no puedo creer que estoy diciendo esto, pero la escuela no vale eso...
–¡Los amenazó a ustedes! –gritó Hermione. Sus padres retrocedieron sorprendidos y en silencio. Su voz se quebró. No había querido decir eso. Pero se quitó unas lágrimas ante de poder continuar–. Me hubiera rehusado. En serio, lo hubiera hecho. Pero Umbridge dijo que si era expulsada sin un tutor, sería considerada truhan, y si era considerada una truhan, podrían haberlos acusado a ustedes por contribuir a la delincuencia de un menor… podrían haberlos enviado a Azkaban… –Elevó su puño–. Aguantaré esto y más para asegurarme de que nunca entren en contacto con un dementor –dijo con fiereza.
–Hermione… –dijo papá.
–No, papá. No intentes discutir conmigo sobre esto. No sabes como son. Extraen toda la felicidad de ti con solo estar cerca. Se siente como si nada fuera a estar bien nunca, y los muggles no pueden verlos. Esos demonios son una tortura peor de cualquier cosa que Dolores Umbridge podría soñar, y nunca dejaré… –su voz se rompió de nuevo.
Mamá se puso de pie y la envolvió en un fuerte abrazo, y papá colocó una mano en cada uno de sus hombros con gentileza–. Oh, Hermione –lloró mamá–. Se supone que nosotros te debemos de proteger a ti de cosas como esta. Tú no tendrías que estar intentando protegernos.
–Y Harry no tendría que haber luchado contra Voldemort tres veces antes de su quinceavo cumpleaños, pero no pudieron protegerlo de eso tampoco –respondió ella con tristeza–. Mamá, papá, sé que quieren protegerme, pero ya han hecho la cosa más importante que pueden hacer: organizar una educación alterna para mí. Gracias a ustedes, nunca tendré que usar esa pluma de nuevo.
–Nunca debió haber pasado –susurró mamá.
–No, pero el Ministerio es más poderoso que nosotros. Ya terminó. No puede tocarme más.
Mamá medio asintió y miró la mano de Hermione de nuevo–. Dijiste que tuviste detención por una semana. ¿Cuántas líneas fue esto?
Hermione miró al suelo incómoda.
–No me digas que fueron tantas que perdiste la cuenta –dijo mamá.
Ella levantó la mirada. Mamá sabía que eso le pegaría–. Mamá, sabes que nunca pierdo la cuenta. Nunca –dijo, y titubeó–...Fueron cuatro mil ciento noventa y tres. –
Sus padres soltaron un grito de horror de nuevo–. ¿Cuatro...cuatro mil? –bramó papá–. ¿Pero cómo? Eso debió tomar...
–Veinticuatro horas y media dispersadas en cinco días.
–¡Es una locura!
–¡Es tortura!
–¡Eso no es disciplina!
–¿Cómo hiciste tus tareas?
–Reduciendo cuando dormía… bastante –respondió ella–. Miren, ahora saben lo mala que realmente es Umbridge. Y ni siquiera es lo peor de ella. Harry debió escribir cinco o seis mil líneas en todo el tiempo que lo tuvo, además de prohibirle quidditch de por vida.
Papá comenzó a calmarse, un poco, pero aún le lanzó una mirada seria–: Hermione, ¿estás segura de querer quedarte en Gran Bretaña? Las cosas que el Ministerio de Magia está haciendo… ese tipo de cosas normalmente solo pasan en lugares como repúblicas bananeras o en la antigua Unión Soviética. No estoy seguro de que sea seguro aquí.
–Papá, Voldemort ha regresado. Ya sabemos que no es seguro. Pero el profesor Dumbledore dice que estamos lo suficiente a salvo, y no hay mucho que puedan hacer aquí afuera donde tienen que seguir leyes reales. No voy a abandonar a mis amigos si puedo evitarlo.
Él suspiró–. Supongo que es nuestra culpa por criar a una hija tan voluntariosa y brillante –dijo él con una pequeña sonrisa–. Pero mantendremos una mirada más cercana en las cosas mientras estés aquí con nosotros.
–Sé que lo harán. Gracias, papá.
El profesor Slughorn acompañó a cenar a los Granger el jueves. Naturalmente, se asombró cuando Dobby abrió la puerta con su pequeño uniforme de mayordomo, así como por su uso de los electrodomésticos muggle. Aparentemente había estado escondido en el mundo muggle, pero Hermione podía adivinar que nunca había convivido con muggles en su propia casa. Aun así, fue muy amable y estaba entusiasmado por conocer a los padres de una estudiante tan prominente.
Hablaron por un tiempo, conversando sobre como Hermione había desarrollado su increíble habilidad para los números, los logros de Slughorn como maestro de pociones, todas las cosas que había visto en Hogwarts, las carreras de Dan y Emma como dentistas, y más. Por alguna razón, Slughorn había estado bajo la impresión de que la odontología era una profesión peligrosa, pero le aseguraron de que a pesar de la leyenda urbana sobre la alta tasa de suicidios, el peligro más grande eran mordidas de niños asustados.
Cuando estaban terminando el postre, regresaron al tema de la tutoría de Hermione–. Gracias de nuevo por aceptar enseñar a Hermione –le dijo Emma–. Hemos estado muy preocupados por ella, especialmente después de que nos dijo todo lo que esa mujer Umbridge estaba haciendo en Hogwarts. Estamos felices de que salió de ahí.
–Bueno, pensé que mis días de maestro habían terminado, pero por una joven como Hermione, puedo hacer la excepción –dijo–. Ja, justo cuando estaba fuera, me traen dentro –murmuró para sí mismo, causando que los Granger se rieran, para su confusión–. Pero bueno, asumo que quiere prepararse para sus TIMOS, señorita Granger. Eso serán las clases base, ¿además de qué electivas estaba tomando?
–Runas Antiguas y Criaturas Mágicas –respondió ella–. He continuado mi maestría en Aritmancia con Septima, y me he anotado para Estudios Muggles, pero esa lo estoy estudiando por mi cuenta.
–De acuerdo… vaya, ha sido un tiempo desde que enseñé nueve clases al mismo tiempo. Claro, estoy seguro de que aprende rápido, pero estoy limitado en mi movimiento al momento, y no podría dedicar tanto tiempo a clases como antes.
Hermione miró a sus padres, esperando que no les importara, e hizo unas cuantas sugerencias–: Puedo estudiar Historia por mi cuenta, profesor. El profesor Binns aún enseña en Hogwarts, y nunca ha sido de más ayuda que solo leer el libro. Y probablemente Astronomía también, en su mayoría. Tenemos un mejor telescopio que los que usamos en las escuela y muchos libros muggle cubren el mismo material. ¿Quizás podría revisar mi trabajo?
–Sí, sí, eso podría funcionar –dijo él en acuerdo–. Eso ahorrará tiempo. Especialmente para Astronomía. No quiero tener que viajar de noche. Los problemas serán Herbología y Criaturas Mágicas. Sólo podré cubrir la teoría. No podré tener muchas lecciones prácticas bajo estas condiciones.
–Hermione, ¿estás de acuerdo con eso? –preguntó Dan.
–No lo sé… no planeaba en tomar el EXTASIS de Criaturas Mágicas, pero Herbología es necesaria para muchas carreras.
–No tantas que también necesiten Aritmancia –le recordó Slughorn–. Y si eso es importante para usted, estoy segura de que podrá retomar los elementos prácticos más tarde.
–Pues, eso es cierto. No he estado siguiendo el plan educacional estándar para comenzar. Supongo que puedo vivir con eso.
–¿Estás segura de que puedes mantener tus calificaciones de ese modo? –preguntó Emma.
–Quizás no pueda sacar Sobresalientes en esas clases, pero seguro las pasaré.
–De acuerdo, si eso crees. Lo estaremos esperando, sabes.
–Bien –dijo Slughorn–. Ahora, para lugares y horas. Normalmente, sólo visitaría y enseñaría en la casa del estudiante por unas cuantas horas al día, pero no puedo hacer eso en una casa muggle. Así que tendríamos que planear por un lugar y hora para las lecciones en una zona mágica. El problema con eso es, me gustaría mantener la cabeza abajo, creo haber mencionado. El ser visto en público con frecuencia, especialmente con un patrón definido… pues, preferiría no ser tan conspicuo.
–No queremos que se reúnan en callejones ocultos –dijo Dan.
–Oh, no, no –dijo Slughorn. Lucía horrorizado ante la idea, probablemente por la mala calidad de tales facilidades–. Tengo lugares a los que podríamos ir: el callejón Diagon, un par de tiendas, el teatro, quizás, aunque pociones sería difícil. Pero no, estaba pensando en el… el… oh, Fidelio –murmuró–. Nuestros cuarteles se me hacen cada vez más cómodos, verán. Me dije a mi mismo que no quería involucrarme, pero hay bastante qué decir de tener un lugar seguro por un tiempo. Y pensé que sería mucho más fácil si pudiéramos tener las lecciones ahí.
–Eso sería mucho ir y venir para un lugar bajo un Fidelio –notó Hermione–. ¿No sería un problema?
–Varias personas ya van y vienen. Arthur aún trabaja, o lo hará, cuando se recupere.
–Pero también está el problema de que Hermione viaje a Londres todos los días –dijo Emma.
–Es cierto –dijo Hermione en acuerdo–. Ya sea que tome el autobús noctámbulo o el tren, será muy caro ir todos los días.
–Mmm… –consideró Slughorn–. ¿Tal vez podría quedarse ahí durante la semana y venir a casa los fines de semana?
Dan y Emma se miraron y de inmediato supieron lo que el otro estaba pensando–. No estoy seguro de que nos sentimos muy cómodos contigo pasando tanto tiempo en un lugar que no podemos ver ni saber nada al respecto, Hermione –dijo Dan.
Hermione pensó que también causaría interferencia con sus planes de escabullirse a Hogwarts para el ED, especialmente con la Sra. Weasley alrededor. Incluso sus reuniones semanales con Septima y Dumbledore serían más complicadas de ese modo–. Sí, esperaba poder pasar más tiempo en casa esta primavera, profesor –dijo ella en acuerdo.
–Pues, supongo que podríamos hacerlo en menos días –dijo Slughorn–, pero aún tendríamos el mismo problema.
Hermione rápidamente hizo el cálculo–. Creo tener una idea –dijo–. ¿Y si hacemos días más largos y sólo nos reunimos dos días a la semana?
–¿Solo dos? –dijo Dan sorprendido–. ¿Tendrás tiempo para tantas clases de ese modo?
–Puede funcionar. La mayoría de las clases en Hogwarts normalmente solo se reúnen tres horas a la semana. –Eso siempre le había parecido muy poco a Hermione. Las clases muggle se reunían cuatro o cinco horas por semana, pero claro, los estudiantes muggle tomaban menos clases–. Y no necesitamos reunirnos para todas. Son siete clases, pero solo la mitad del tiempo para Herbología y Criaturas Mágicas ya que solo estamos haciendo teoría. Agregamos el almuerzo, y esos son dos días de diez horas, pero ya que puedo trabajar a mi propio ritmo, probablemente podré hacerlo más rápido. Transformaciones, Encantamientos, y Defensa son sobre qué tan rápido se pueden aprender los hechizos, así que no me sorprendería si sólo necesitara ocho o nueve horas por dos días. De ese modo, profesor, no estaría bajo tanta presión para encontrar lugares donde reunirnos, o quizás incluso podríamos hacerlo en… eh, los cuarteles.
Slughorn elevó las cejas. Sabía que Hermione era una prodigio para la Aritmancia, y su lógica tenía sentido, pero no había pensado que pudiera simplificar tanto las cosas–. Sí...sí… excelente idea, señorita Granger. Eso podría funcionar muy bien, si está dispuesta.
–¿Estás dispuesta, Hermione? –preguntó Emm–. Suena a que aún será mucho trabajo, y días ocupados esos dos. Queremos asegurarnos de que no trabajes de más.
–No más que en la escuela, mamá. O no mucho más. Aún hay que tomar en consideración el tiempo de viaje. Sólo estamos cambiando el horario un poco.
–Bueno, entonces, si piensa que es tiempo suficiente de enseñanza, profesor, podemos estar de acuerdo con eso.
–Con una joven como Hermione, estoy segura de que estará bien –dijo Slughorn–. Ahora, necesitaré un poco de tiempo para prepararme así que digamos… miércoles y jueves en la primera semana del semestre para nuestra primera sesión. Hazla una visita de alojamiento, si está bien. Decidiremos después de eso sí sería mejor dividir los días.
–De acuerdo, profesor, suena como un buen plan –dijo Dan.
El sábado fue la presentación de los premios Gamp y Wenlock. Hermione y sus padres asistieron para ver, incluso cuando Hermione ya no estaba siendo considerada. Fue anunciado de último minuto que ambos premios serían otorgados en una ceremonia conjunta a la brillante prodigio de transformaciones, Rebecca Gamp, y su mentor en aritmancia, Septima Vector. Umbridge no había encontrado una manera de excusar a Septima, o quizás no lo había considerado importante después de que Hermione se había retirado. A pesar de eso, Hermione había hablado con Septima y le pidió que no mencionara su nombre en conexión con el proyecto. A Umbridge no le agradaba Septima, y Hermione no quería poner en peligro el lugar de Septima en Hogwarts. Ella aceptó con renuencia.
Ya que era una ceremonia de premiación internacional, fue realizada en el Teatro Diagonal, uno de los pocos lugares en Gran Bretaña que podía acomodar a tantos magos. Habían ido de todo el mundo. Había unos cuantos descendientes de Siegfried Eigen de Alemania, magos estadounidenses, rusos, chinos, y japoneses y más. Por suerte, Umbridge no estaba en la audiencia… probablemente no le importaba. Eso estaba bien para Hermione. No quería que sus padres estuvieran en el mismo lugar si podía evitarlo.
La ceremonia fue poco eventual y muy interesante. Los presidentes de los comités de Anales en Aritmancia y Transformación Hoy hablaron sobre la historia de los premios y sus publicaciones y lo importante que este descubrimiento era y el sorprendente trabajo que se había necesitado para este. Varios aritmagos y maestros de transformaciones prominentes de alrededor del mundo hablaron también. Mencionaron el nombre de Hermione, pero ninguno la mencionó por su contribución más allá de enfatizar en breve la importancia de su trabajo en aritmancia. Sospechaba que habían sido informados de la situación política antes de ir. Notó que el aritmago estadounidense que habló parecía saber lo suficiente y podría ayudarla con su prueba para la antimateria.
Finalmente, Septima y Rebecca fueron llamadas a recibir sus premios, y Hermione sonrió y aplaudió con el resto de la audiencia. Notó, sin embargo, que sus padres no sonrieron y solo aplaudieron sin entusiasmo.
Tanto Septima como Rebecca fueron invitadas a dar discursos, pero Septima mantuvo el suyo breve, probablemente porque sentía que no podría contenerse de hablar de más sobre Hermione–. Gracias, gracias, Madame Sisenna, Sr. Tinworth. Y gracias a los comités –dijo, aunque sus gracias sonaron algo forzadas–. Obviamente, es un gran honor recibir estos premios. He enseñado a muchos estudiantes en mis días en Hogwarts, pero honestamente nunca pensé llegar a este nivel como maestra. Ahora, podría aburrirlos con un largo discurso, pero la verdad es, este trabajo nunca hubiera ocurrido sin las brillantes contribuciones de mis estudiantes. Ellas son quienes hicieron la mayor parte del trabajo, y estoy feliz de haberlas tenido en mi aula. Así que, es mejor que de mi lugar a Rebecca, ya que este es realmente su momento.
Bajó del escenario y lanzó una mirada poco contenta a Hermione. Hermione no se perdió el significado en las palabras de Septima, pero aún sonrió y aplaudió de nuevo cuando Rebecca tomó el podio, incluso cuando la chica mayor la miró directamente. Estaba en paz por la situación. Rebecca lució algo abrumada cuando miró a la audiencia–. Gracias, Madame Sisenna –comenzó temblando un poco–. Y gracias, Sr. Tinworth… y a los comités. En verdad es un honor estar aquí ante ustedes hoy. Como pueden adivinar por mi apellido, crecí escuchando sobre los grandes logros de mi familia en la investigación mágica, especialmente en transformación, remontándose a siglos. Ha sido mi sueño seguir sus pasos y poder dar mi contribución a la suma del conocimiento mágico. Ciertamente nunca esperé hacerlo tan temprano en mi carrera, así que esto es… en verdad asombroso.
–Cuando fui planteada por primera vez con el problema de la sexta excepción a la ley de Gamp… –se detuvo por un momento y miró a Hermione. Por supuesto, Hermione fue quien se lo había planteado, y la mayoría de la audiencia podía adivinarlo ahora, pero no lo dijo–. Claro que salté a la oportunidad. Estuve un poco escéptica al principio. Radiactividad era un concepto esotérico, y el plan completo para el proyecto involucraba bastante geomancia y… y aritmancia avanzada con la que no estaba familiarizada. –Se detuvo y miró a Hermione de nuevo, pero Hermione mantuvo una expresión agradable en su rostro (aunque sus padres no)–. Tuve que ponerme al corriente con mucho. Tuvimos que diseñar nuevos tipos de experimentos en transformación para obtener la información que necesitábamos para crear la prueba. La aritmancia… estaba estirando la vanguardia de técnicas de álgebra lineal para completarla… y… y la verdad es...
Rebecca miró a Hermione de nuevo, luciendo obviamente incómoda. Guardó silencio por más tiempo esta vez, suficiente que alguien tosió en la audiencia para llamar su atención. De repente, la expresión de Rebecca se endureció y habló rápidamente–, ¡La verdad es que Hermione Granger se merece estos premios mucho más que yo!
Exclamaciones de sorpresa llenaron el teatro. La quijada de Hermione cayó. ¿Era la misma Rebecca Gamp a la que conocía?
–¡Todo fue su idea! –dijo Rebecca–. Sabía lo suficiente sobre radiactividad al comienzo para diseñar el plan completo, y fue la única que sabía la suficiente aritmancia para escribir la prueba. Yo ni siquiera lo hubiera pensado sin ella.
Alguien en la audiencia con un acento francés gritó–, ¡Premien a Granger! –y el grito fue repetido. Los representantes de las dos publicaciones comenzaron a ponerse inquietos.
–Oh, no se lo van a dar –dijo Rebecca con fuerza–. La razón por la que Hermione fue rechazada de este premio es completamente política. Solo porque una burócrata en el Ministerio tiene algo contra ella y decidió comenzar una campaña de difamación en los periódicos, se rindieron como una varita de juguete.
Madame Sisenna y el Sr. Tinworth dieron un salto y se apresuraron a alejarla del podio–. No me importa lo que hizo –gritó Rebecca mientras era alejada–, ¡Hermione es la mejor aritmaga que he conocido, y cada uno de sus ensayos es su propio trabajo!
Hubiera sido una gran exageración decir que la ceremonia cayó en caos después de eso, pero sí se cayó a pedazos. Personal de las publicaciones escoltaron a Rebecca fuera del edificio para prevenir que dijera más, y un minuto después, uno de ellos se acercó a Hermione también–, Señorita Granger, pensamos que sería mejor si se retirara ahora.
–Espere un minuto –protestó su papá–. Ni siquiera hizo nada.
–Está bien, papá –lo interrumpió Hermione–. Dudo que haya una recepción a este punto.
Si Rebecca era algo, era terca, y Hermione sabía que continuaría luchando ahora que había puesto su mente en eso, y Septima seguiría su paso sin dudarlo, así que salió del teatro con su cabeza en alto. En el camino, escuchó una fuerte discusión entre el Sr. Tinworth de Anales en Aritmancia, el mago francés que había hablado antes, y una bruja de la familia Eigen. Por lo que pudo escuchar, eran patrocinadores de la publicación y estaban amenazando con retirar su apoyo e incluso hacer que todo fuera reubicado al continente. Ella sonrió mientras pasaba. Quizás la política no ganaba contra todo.
Cerca de la salida, vio al mago norteamericano que había notado antes y le dejó su información de contacto–. Tengo una idea en la que creo podría ayudarme –dijo ella–. Me gustaría escribirle si no le molesta. –El mago le agradeció sinceramente, y ella procedió a la salida, donde se sorprendió un poco de ver a Rebecca parada al otro lado de la calle. Caminó a ella.
–Hermione –dijo la chica mayor.
–Rebecca –respondió ella–. No tuviste que hacer eso.
–Sí tuve. Integridad académica, Hermione. Puedo admitir que puedo ser algo egoísta a veces, pero no puedo permitir esto. Además, absolutamente no te mereciste lo que Umbridge te hizo en los periódicos… y lamento hacerlo peor para ti. Toma.
Hermione bajó la mirada y vio que Rebecca le estaba entregando la medalla Wenlock y placa–. Quieres decir… –dijo ella.
–Haz que graben tu nombre. Tú fuiste quien hizo la mayoría de la aritmancia. Te lo mereces… yo me quedaré con el Gamp. Tendrías que enfrentarme en un duelo si quieres ese, pero de este modo, por lo menos podemos compartir los premios como se debe.
–Vaya… gracias, Rebecca –dijo Hermione. Tal vez todo este embrollo no había terminado tan mal después de todo.
