Disclaimer: los personajes de Twilight le pertenecen a Stephenie Meyer. La autora de esta historia es LyricalKris, yo solo traduzco con su permiso.
Capítulo veintiuno
Diciembre pasó. El tiempo, la agonía, fue lenta. A pesar que Jasper y Emmett deseaban que jamás tuvieran que dejar ir a su hija, también había algo estresante al respecto. Se encontraban en el limbo, esperando el horrible final.
Aun así, el tiempo pasó demasiado rápido. Vivían por los pocos momentos que conseguían tener con su hija. Ella pasaba cada vez más tiempo con sus padres. Cada vez les pertenecía menos a ellos. Había una cuenta regresiva que había comenzado al minuto que Jasper había impreso los resultados de las pruebas genéticas que Katie había hecho en su clase y encontró una coincidencia imposible. Desde ese minuto, las noches de Jasper y Emmett como papis de Katie estaban contadas. No podían detener el avance del reloj. No podían mantener a su bebé a salvo con ellos.
La noche antes a las vísperas de Año Nuevo era la última noche.
Diciembre había sido mitad feliz y mitad horrible para Katie. Ella estaba indecisa. Estaba feliz en ambas casas. Ella estaba preocupada por Emmett y Jasper, y aun así hubiera estado triste por su mami y papi si, por algún milagro, ellos habían podido quedarse con ella. Había días en que se sentía miserable por la traición que era incapaz de articular ante tan corta edad.
Su última noche, Katie estuvo callada y pegajosa. No se apartó de su lado. Comió el desayuno en el regazo de Jasper, el almuerzo en el sofá en medio de los dos, y la cena sobre el regazo de Emmett. Jugaron juntos. Ella sonreía, pero su expresión jamás se llenaba de alegría. Fue un día sombrío y, aunque lo intentaba, Jasper no podía mejorarlo. Él sabía que Katie notaba su tristeza, pero no había nada que se pudiera hacer. Jasper y Emmett estaban muriendo por dentro.
La hora de irse a la cama llegó y pasó. Jasper sabía que deberían intentar mantener las cosas normales para ella, pero a la mierda con eso. A las tres de la tarde del día siguiente, Katie ya no viviría allí.
Era claro para Jasper que Katie no estaba mirando la película que habían puesto. Ella miraba al frente, mordiéndose un labio en preocupación. Él apagó la televisión y la llevó a su regazo, acercándose hasta estar pegado al costado de Emmett.
—Puedes hablar con nosotros, amor —dijo Jasper, apartando el cabello de sus ojos.
—Lo sé —respondió ella, su voz suave. Ni triste ni enojada. Simplemente suave.
—¿Cómo te sientes? —preguntó Emmett.
—No lo sé. —Ella no los miraba, sino que seguía mirando al frente.
—¿Qué piensas? —intentó Jasper.
Katie se mantuvo en silencio por un momento. Su labio inferior se sobresalió.
—Creo… —Frunció el ceño y jugó con el borde de su pijama—. Creo que no es justo que alguien me haya robado de mami y mi papi cuando era una bebé, pero tampoco es justo que ustedes ya no tengan más bebés.
Emmett inhaló fuertemente. Dolía escuchar esas palabras. Jasper besó la parte superior de su cabeza.
—Se supone que las cosas deben ser justas —dijo quejosamente.
—Lo sé, cariño —expresó Jasper, su voz temblorosa mientras la aferraba con más fuerza—. Eso te enseñan en la escuela, ¿no? Que las cosas deben ser justas.
Katie asintió.
—Siempre debes intentar ser justa —dijo Emmett, rozando sus dedos sobre su mejilla—. Pero a veces, pequeña, eso no es posible.
Ella se acomodó contra Jasper.
—No lo entiendo —susurró.
Jasper abrazó a su bebé y miró a su marido, viendo todas las cosas sentía reflejado en sus ojos marrones y conflictivos. Estaba enojado ante lo injusto de todo. Enojado, devastado, resentido—todos los venenos del rango emocional. Jasper cerró los ojos fuertemente, porque Katie ya estaba dolida. Ella no necesitaba sentir su tormento.
Inclinó su cabeza contra la mejilla de Emmett, los tres acurrucándose lo más cerca posible.
—¿Sabes que todo en el mundo tuvo que ser descubierto? —preguntó, suavizando su voz lo más que podía—. Hubo un tiempo donde nadie en la Tierra sabía cómo funcionaba las cosas.
Katie frunció su nariz e inclinó su cabeza para mirarlo.
—Quieres decir, ¿así como los científicos descubren las cosas?
—Sí. Los científicos y otras personas. Hubo un tiempo cuando nadie entendía cómo funcionaba las cosas, y nadie sabía cómo explicar las cosas que habían pasado. Por ejemplo, por qué muchas personas morían de jóvenes o por qué algunas personas nacían enfermas. Cosas así. Entonces, antes de conocer el propósito de las cosas, ellos creaban historias. Historias fáciles de entender a veces.
—Y las historias terminan con finales felices —dijo Katie. Todas las historias que le habían contado terminaban con un final feliz.
Katie se removió en su regazo, acomodándose para escuchar, su cabeza sobre su hombro. Ella tomó la gran mano de Emmett en sus dos pequeñas y comenzó a jugar con sus dedos como lo había hecho demasiadas veces antes.
—Había una princesa —comenzó Jasper.
—Tienes que decir "Había una vez" —interrumpió Katie.
Emmett soltó una risita y Jasper sonrió.
—Por supuesto. Lo siento. Había una vez una hermosa princesa llamada Bella.
Katie jadeó.
—Esa es mi mami.
—Shh, amor. Te estás adelantando. Primero, solo había una princesa Bella. Ahora, la vida de la princesa debía ser hermosa, pero la vida de la princesa Bella no fue así. Había gente mala que hizo su vida triste y difícil.
—Oh, no.
—Entonces, un día, la princesa Bella conoció a un príncipe llamado Edward. Tuvieron aventuras juntos. Ella lo hacía reír, y él la hacía feliz. Se enamoraron.
Por encima de la cabeza de Katie, Emmett hizo una mueca. Era algo con lo que no concordaba. Él no podía entender lo que Edward y Bella habían sido para el otro, lo que debían ser ahora, y cómo todo esto había pasado. Él era un policía y, naturalmente, sospechaba de todo. Parte de él, a pesar de ver lo desesperadamente que Bella quería a su hija de vuelta, aun pensaba que ella había abandonado a su bebé en un basurero.
Pero Katie no necesitaba escuchar algo de eso. Lo que necesitaba ahora mismo era escucha la versión simple de su historia.
Jasper continuó.
—Lo que Edward y Bella no sabían era que había un monstruo tras la princesa Bella. Se le acercó cuando estaba sola, y ella tuvo que correr lejos de su reino para alejarse del monstruo.
Katie giró su cabeza para esconder sus ojos contra el cuello de Jasper en un leve susto.
—La cosa era que la princesa iba a tener un bebé. Ella corrió para protegerse y a su niño. Se hallaba lejos de casa, sola, y con personas malas detrás de ella. Ella tuvo a su bebé, una hermosa princesa, pero antes que pudiera asegurarse que su preciada niña estuviera a salvo, las personas malas llegaron.
—Oh, no —gruñó Katie, aferrando la mano de Emmett.
Jasper acarició su espalda.
—Hubo una gran pelea. La princesa Bella terminó lastimada y la persona mala robó su bebé.
—Oh, no. Oh, no —repetía Katie.
—Está bien, amor. Verás, la persona mala colocó en el suelo a la princesa bebé y la dejó sola, algo muy irresponsable de hacer. Pero esta persona mala no hizo lo correcto.
—¿Qué pasó? ¿Qué le pasó a la princesa bebé?
—Bueno, da la casualidad que un humilde campesino y su apuesto marido estaban caminando por el bosque ese día.
Emmett resopló ante esto, una sonrisa pequeña en sus labios.
—Ellos encontraron al bebé —dijo Jasper—. Ahora, esta pareja no tenía hijos y tenía mucho amor para dar. Ellos buscaron, y cuando no encontraron a la madre o el padre del bebé, se la llevaron a casa con ellos. La llamaron Katie y la hicieron suya. —Tragó el nudo que se había formado en su garganta—. Ellos pensaban que eran los campesinos más afortunados del mundo.
Eso seguía siendo verdad. Ellos eran demasiados afortunados. Con solo un pequeño giro, su historia hubiera terminado completamente diferente. Si Bella y Katie se hubieran mantenido unidas, seguramente hubieran muerto juntas. O la bebé Katie, su cuerpo demasiado pequeño y más débil que el de su madre, hubiera muerto mientras que Bella a penas hubiera sobrevivido. Si la mujer que había robado a la bebé de Bella no hubiera tenido una sobredosis, Katie hubiera sido criada en la calle con una madre impredecible. Muchas cosas podrían haberle pasado a un bebé indefenso después que Sasha sufriera esa sobredosis.
Ellos habían sido afortunados, incluso aunque no se sintiera así en ese momento.
—Durante seis años, la pareja cuidó de Katie y la amaron. Hicieron todo lo posible, y la pequeña princesa creció de una bebé a una niña brillante y hermosa. Y fueron felices.
Jasper cerró los ojos y tomó aire profundo. Esta parte de la historia era la más difícil.
—Pero la cosa es que, durante esos seis años, mientras dos campesinos eran felices con el pequeño tesoro que habían encontrado, la princesa Bella y el príncipe Edward estuvieron completamente tristes. No pudieron ver la primera sonrisa de su bebé o escuchar su primera palabra. No pudieron verla crecer y aprender. Durante seis años, ellos estuvieron asustados porque pensaban que las personas malas le habían quitado su princesa.
Esto era lo que intentaba convencerse una y otra vez cuando lamentaba lo injusto que era que no pudiera criar a su bebé. Nada de esto era justo. No era justo que Bella haya sufrido tremendamente mientras que Jasper y Emmett felizmente habían criado a su hija perdida.
—Es muy triste —dijo Katie, su tono apenado.
—Lo es. Estuvieron tristes hasta que un día, contra todo pronóstico, encontraron a su princesa perdida.
Emmett inhaló temblorosamente, y Jasper lo miró mientras terminaba la historia.
—La princesa Bella y el príncipe Edward le dieron la bienvenida a su hija en su casa. Ellos estaban felices. Finalmente podrían ver a su hija crecer y aprender. Podrían vivir felices para siempre con su hermosa princesa Katie.
—Pero esa no es toda la historia —dijo Katie.
—¿No?
—¿Qué hay de los campesinos?
Fue Emmett quien respondió. Tomó a Katie en sus brazos, la besó y la abrazó.
—La princesa y el príncipe fueron buenos e invitaron a los campesinos a vivir en su reino —dijo Emmett con solo una pizca de sarcasmo—. Los campesinos estarán cerca, cariño. Todos en el reino ama a la pequeña princesa perdida.
—Mmm. —Katie no pareció satisfecha con esa respuesta—. ¿Sabes qué pienso?
—¿Qué piensas? —preguntó Jasper.
Ella torció sus labios.
—Creo que los campesinos deberían encontrar otro bebé. Un bebé de ellos, así no están tristes. —Giró su cabeza, escondiendo su rostro contra el pecho de Emmett—. Pero no ceo que deban olvidarse de la princesa Katie.
—Oh, cariño. —Jasper envolvió en sus brazos a ella y Emmett—. Eso no va a pasar. ¿Quién podría olvidarse de alguien tan dulce y especial como la princesa Katie?
Su voz se quebró, e inclinó su cabeza contra Emmett. Él no iba a llorar. No todavía. Ya había llorado mucho y a menudo en los últimos meses. Lágrimas de angustia, frustración, e impotencia. Pero esto era algo totalmente diferente. Esto era la destrucción total y no podía darse el lujo de sentirlo todavía. No todavía.
Encontró la mano de Emmett y la apretó tan fuerte como podía, tratando de mantener los pies en la tierra. No, esta vez, una vez que comenzara a llorar, no pensaba que iba a poder parar. Su vida, esta vida, estaba por acabar, y no terminaría bien. No, esto iba a doler. Esto iba a arrancarle sus tripas solo para devolvérselas echas pedazos y sangrando. No solo eso, pero no habría alivio como en la muerte. Su cuerpo sobreviviría, incluso cuando su corazón no.
Así que no. No podía llorar todavía.
Katie se quedó dormida después de eso. Peleó para no hacerlo, pero no pudo evitar sucumbir. Emmett y Jasper se sentaron en silencio. Después de un momento, Emmett bufó.
—No puedo decidir si es mejor o peor saber con anticipación lo que va a ser el peor día de tu vida —murmuró.
Jasper no tenía nada que decir a eso. No había nada que no se haya dicho. Ellos se enfurecieron, lloraron, rogaron, y rezaron. Esto no era lo que querían para su hija. ¿Cómo no podían evitar notar lo que le faltaba a Edward y Bella? Ellos eran permisivos en cosas que Emmett y Jasper eran estrictos y viceversa. Ellos habían celebrado Navidad a la medianoche de las vísperas de Navidad en vez de la mañana de Navidad. Ellos no eran personas malas, ni tampoco serán malos padres, pero ellos no eran los padres que Emmett y Jasper creían que su hija merecía.
Por supuesto, de la misma forma, Edward y Bella también estaban seguros que ellos eran mejores padres para Katie de lo que Jasper y Emmett podrían ser. Después de todo, era un "vivieron felices por siempre". Un final feliz era a lo que llamaban cuando los niños secuestrados eran encontrados y devuelto a sus padres.
En la práctica, la vida nunca era así de simple.
Eventualmente, Jasper y Emmett se pusieron de pie, llevando a Katie con ellos a la cama. Durmieron intermitentemente, cada uno despertándose varias veces para encontrar al otro observando a su hija dormida.
Cuando Katie se despertó, pusieron las caras de valientes que habían estado usando por meses ya. Emmett cepilló su cabello, y Jasper les hizo el desayuno. Armaron un rompecabezas en la sala.
En la hora del almuerzo, todos subieron al coche. Jasper y Emmett tuvieron que fingir que no se sentía como si estuvieran conduciendo hacia sus muertes. La casa de Edward y Bella estaba llena hasta el techo. Era vísperas de Año Nuevo. Charlie y su familia estaban allí, así como los Cullen. Jasper y Emmett vieron cómo Katie naturalmente se insertaba en su nueva familia. Ella los amaba y era amada por ellos. Sonreía feliz, y era la mejor y la peor cosa que Jasper había visto.
Cuando ella se distrajo, ocupada mientras corría con Tyler y Angela, aunque cada paso que daba se sentía como una apuñalada, Jasper y Emmett se alejaron. Era imposible y horrible. Era un muy mal momento, cada angustia, cada dolor, cada momento horrible que ellos habían sentido se juntó en un gran sentimiento aniquilador. Sobre todo, Jasper estaba desconcertado. No podía comprender cómo seguía respirando cuando sus pulmones estaban llenos de un ardor con sus hombros encorvados bajo el peso de una agonía que no podía nombrar.
De alguna forma, se subieron al coche. De alguna forma, condujeron lejos de su hija. De alguna forma, lograron conducir hasta su entrada y entrar a su casa.
Esta estaba silenciosa. Había demasiado silencio, libre de la felicidad y la luz que Katie había traído con ella cuando la trajeron por primera vez a su casa.
Ninguno de ellos parecía ser capaz de moverse más allá del vestidor. Esa era toda la fuerza que les quedaba. Se dejaron caer al suelo juntos, y cuando fue claro que sus cuerpos seguirían respirando incluso cuando sus corazones se habían detenido, se aferraron el uno al otro y comenzaron a llorar.
La vida, tal como la conocían, había acabado.
~0~
No muy lejos, Edward, de pie al lado de Bella, observaba por la ventana mientras su hija jugaba. Ella corría por el patio trasero, sus mejillas rojas por el frío, jugando con su tía y tíos mientras sus abuelos los miraban. Mikey la tomó en brazos, haciéndola girar mientras que ella gritaba de emoción.
Edward se giró hacia Bella y sonrió, viendo la felicidad reflejada en sus ojos. Su hija estaba en casa para siempre y ella era feliz. Oh, seguramente habría lágrimas y luchas en el futuro, pero ella estaba con ellos. Edward se inclinó y besó la comisura de los labios de Bella, simplemente agradecido en ese momento que ella le haya dado este hermoso regalo—su maravillosa hija. Tomó su mano y le dio un tirón, listo para unirse al resto de su familia. Una nueva vida estaba por comenzar.
Y ya nos acercamos al final :)
¡Gracias por leer!
