Tiempo Actual en Storybrooke.
(Narissa)
—¡Maldita sea!— grito mirando a través de la pecera donde están Flotsam y Jetsam.
La visión a través del agua me muestra lo que más temía que pasara, Mal y Henry tienen ese maldito Cristal de la Memoria, no puedo creerlo, y lo peor es que tienen uno de los especiales.
—Ahora ¿Qué te pasa?— pregunta Úrsula cargando consigo un balde de restos de mariscos como alimento para sus asquerosas anguilas.
—Paso lo que temíamos que ocurriría. Tienen un maldito Cristal de la Memoria.
—¿Las hienas no los devoraron?— pregunta sorprendida mientras vierte los desechos en la pecera.
—Scar los salvó, al parecer en el Bosque Encantado no es un ser sediento de venganza y además aún tiene el poder del Rugido.
—¿No mató a la Guardia del León?
—Ni siquiera existe en ese lugar. Si ese cristal llega a usarse en la ciudad nuestra única ventaja se perderá y nuestra Maldición Oscura se romperá.
—Tenemos la ventaja de que tú tienes el collar de la bruja y yo esto— me muestra la caracola que tiene en el cuello.
—La voz de la sirena— digo volteando los ojos —¿Eso de que nos servirá?
—La voz de una sirena tiene varios usos, se puede usar para maravillar a los simples mortales, o para hipnotizarlos y controlar sus mentes.
—Pues si quieres usar eso, será mejor que des tu golpe de gracia, necesitaremos todo el tiempo que podamos reunir para poder lograr nuestro plan.
—¿Quieres que ataque ya?— me pregunta incrédula.
—Sí, eso dije, ve al centro de la ciudad, en la punta de la torre del reloj, ahí desata tu hechizo, yo por mientras me ocuparé de que la visita del hijo de la Salvadora y la hija de Maléfica al Bosque Encantado se prolongue un poco más.
Me inclino para tomar un jarrón de vidrio donde hay un montón de nubes moradas moviéndose sin control alguno, están deseosas de escapar, de causar su destrucción por todos lados y muy pronto lo harás, esos pequeños terminarán atrapados en un bucle de tiempo viviendo una vida falsa, que la disfrutan.
—No estarás pensando utilizar eso— dice la Bruja del Mar, viendo como sujeto el frasco lleno de magia oscura—. Dijimos que lo utilizaríamos en caso de emergencias.
—Esta es una emergencia— digo caminando a un lado de la habitación—. Si esos mocosos regresan con ese cristal todo terminará.
—Frollo lo resolverá.
—Frollo todavía está tirado en la cama, cuando despierte iremos a juntar leña, es mejor actuar ya, ve a lanzar ese hechizo, necesitamos a todos en trance si ese cristal llega a la ciudad.
—Espero que estés segura de lo que estás haciendo— dice y sale de la casa.
Lo estoy.
—¡Especiasus, Formosus, Preclaro!— unos rayos verdes salen disparados de mi mano, impactan con la pared y un enorme círculo de color blanco con los bordes verdes aparece en la pared.
Un portal. Vaya que el collar de Zelena me vuelve poderosa.
Tomó el frasco y lo dirijo al portal.
—Sal mi pequeña maldición, sal, —abro el frasco y la nube morada se dirige al portal— has desastre en ese mundo e impide que esos dos chiquillos regresen a Storybrooke.
Cuando ha entrado toda, el portal se cierra. Frollo finalmente sale de la habitación.
—Hasta que te dignas en salir, necesitamos leña— digo tomando el hacha y dándosela.
—¿Quieres que vaya por leña?
—Iremos los dos, y no usas tu magia, no hay que llamar la atención.
(Jay)
Tal vez decir que nos ordenaron que nos quedáramos en la mansión de la alcaldesa fue demasiado, solo dijeron que nos teníamos que quedar, jamás lo ordenaron, ¿o tal vez sí?, Carlos y yo estamos siguiendo a las hermanas y al hombre mayor que caminan en dirección a la cabaña tenebrosa que está a las afueras del pueblo.
—¿Se quieren dejar de esconder? Sabemos que nos siguen— dice el Sr. Gold mirándonos.
Carlos y yo salimos del escondite.
—Les dijimos que se quedarán— dice Regina.
—Dijeron, no lo ordenaron— les digo con una sonrisa.
—¿Qué son estúpidos? Narissa los matara si tiene la oportunidad, esto no les incumbe— nos dice la pelirroja.
—Nuestro amigo está adentro por lo cual nos incumbe también a nosotros.
Se quedan en silencio.
—No hagan nada de ruido, es mejor que no sepan que nos acercamos— dice el Sr. Gold.
La casa se ve desierta, no hay ruido proveniente de la cabaña, lo cual resulta extraño.
—No hay nadie— dice Regina mirando el lugar.
—Es nuestra oportunidad de entrar— Gold camina hacia la entrada.
Abre la puerta y entramos, el lugar se ve muy rústico y cómodo, por dentro no es nada en comparación a como se ve desde afuera, se ve cuidad, tiene unas cortinas blancas que se mueven suavemente con el ciento, una sala diminuta y una cocina bien equipada, cualquiera pensaría que este es un lugar común y no un hogar de un villano, o tal vez así lo veo ya que estaba acostumbrado a la forma de vida andrajosa de los villanos en la Isla de los Perdidos.
—Oigan— nos llama Zelena—. Esta puerta tiene un sortilegio de entrada.
—Será difícil romperlo— dice Regina.
Me acerco a la puerta y empiezo a patearla fuerte, logró hacer que las bisagras se rompan y la tiro al piso.
—Listo— digo, bajando las escaleras de un oscuro sótano.
Vaya que este lugar está en mal estado, huele muy fuerte a humedad, como el Castillo de De Vill, aunque a diferencia de la antigua de casa de Carlos, esta no parecía la casa de un viejo habitante de Londres que solo tenía dinero para comprar muebles viejos, el lugar era oscuro y el único mueble que había era una mesa vieja que se encontraba en el rincón que se hallaba vacía.
—Vaya que Narissa ha caído bajo— dice el Sr. Gold mirando alrededor.
—Trataba de pasar inadvertida— dice Regina—. Quería evitar que se supiera que estaba aquí, sin duda alguna lleva más tiempo liberada de esa caja de lo que pensábamos.
—¿Cómo habrá entrado a tu cripta con el Sello de Sangre protegiéndola?— pregunto Zelena.
El Sr. Gold camino a la vieja mesa y tomó un frasco que tenía un color rojo en su interior. Ko revolvió un poco y el líquido rojo se torno morado.
—Esta es tu sangre, Regina— dice Gold mirando a la Reina Malvada de Storybrooke.
—¿De dónde la saco?— pregunto Regina confundida.
—No lo sé, pero esto debió haber sido suficiente para poder engañar al sello, con esto pudo haber entrado a tu cripta y hurto el collar y el Hechizo de Esparcimiento.
Captó movimiento en uno de los rincones del lugar, puedo notar que hay alguien en el suelo con las manos levantadas debido a unas cadenas de metal que hacen un ligero tintineo cuando las mueven, me introduzco más en la oscuridad y lo veo.
—¡Ben!— digo fuerte para que me escuchen los demás, quienes corren a ver lo que sucede.
Carlos y yo nos arrodillamos frente a él y tratamos de despertarlo.
Viste su habitual camisa negra de manga larga, un pantalón de mezclilla roto y sucio y un gorro del mismo color de la camisa que cubre su cabello color miel, está completamente sucio y tiene unas ojeras grandes debajo de sus ojos, sus manos se encuentran levantadas debido a que sus muñecas están atrapadas por un grilletes conectados a unas cadenas que están pegadas a la pared.
—Ben, despierta— dice Carlos, el chico se mueve un poco y lentamente abre los ojos.
—¿Estás bien, Ben?— le pregunto confundido.
—¿Quién es Ben?— pregunta confundido con una voz que es casi un susurro, de repente abre los ojos de golpe y se muestra nervioso— ¿Dónde está? ¿Se fue?— nos dice de forma nerviosa.
—¿Quién?— pregunta Regina.
—¡El anciano! ¡Las brujas!
—¿Las brujas? ¿no es solo Narissa?— pregunta Zelena.
—Cálmate, chico— dice Gold acercándose— ¿Eres Arthur? ¿no?
—¿Cómo sabe mi nombre?— pregunta Ben notoriamente confundido.
—¿Sabes quien soy?— sigue preguntando el hombre.
—Es... El Sr. Gold, el dueño de la tienda de antigüedades— dice Ben.
—Al que le robaste hace unos días.
—Yo no le robé nada— dice Arthur a la defensiva—. Menos hace unos días, he estado atrapado aquí desde hace dos semanas.
—¡¿Dos semanas?! — repite Carlos con asombro.
—¿No sabes quienes somos?— pregunto mirándolo.
Él niega con la cabeza.
—Él no estaba con nosotros, Carlos.
—Pero, entonces ¿Quién era el que estaba con nosotros?— pregunta mi amigo mirando al chico.
El Sr. Gold parece darse cuenta de algo.
—Dijiste algo de un anciano, ¿recuerdas su nombre?
—F-frollo— dijo Arthur con miedo.
—El Padre Frollo debe de haberse hecho pasar por este chico.
—Gold, tenemos que salir de aquí— dice Regina.
—Las cadenas son muy gruesas— digo mirándolas—. Será difícil romper...
Gold mueve las manos y las cadenas se desintegran, sin embargo, Ben se deja caer, está demasiado débil, Carlos y yo lo tomamos de un brazo cada uno y lo ayudamos a levantarse, lo ayudamos a avanzar y subir las escaleras de poco a poco. Llegamos a la sala y escuchamos que alguien se acerca.
—Se tienen que ir pronto— dice el Sr. Gold mirándonos—. Los veo en la mansión, tengo que ajustar unas cuentas pendientes.
—Gold, no...— empieza Regina pero no lo deja terminar, ya que vuelve a mover la mano y somos envueltos en un torbellino de color rojo, desapareciendo de la cabaña.
Tiempo Actual en el Bosque Encantado.
(Mal)
Scar no es malo. Scar no es malo.
Sigo sin poder creer lo que acabo de ver, sin duda alguna las historias aquí resultan ser más extrañas de lo que son en Auradon, no puedo creer que Scar aún tenga el poder del Rugido, se supone que lo perdió mucho antes de que naciera Simba, o eso dice Rafiki, el viejo babuino sabio que bautizo a Simba y Kiara.
—¿Sigues sorprendida con lo de Scar?—me pregunta Henry mientras entramos a la casa.
—Perdona, es que toda mi vida vi a ese león como uno de los villanos más grandes que habitó la Isla de los Perdidos, y es raro viéndolo en contra de las hienas y más ver que no envidia el poder de Mufasa.
—Si algo he aprendido viviendo en Storybrooke es que las historias se pueden contar de muchas maneras— me dice el niño mientras entramos a la cabaña.
—¿Tienes la Habichuela Mágica?— le pregunto a Henry.
Él asiente y saca de sus bolsillos un diminuto frijol de cristal con brillos dentro de él.
Sin embargo algo nos distrae, una fuerte ráfaga de viento azota el vidrio de la ventana lo que hace que se abra de forma violenta, Henry se asoma por ella y ve directo hacia la Sabana.
—Oh, no— susurra para sí mismo.
Camino hacia la ventana, una masa de nubes oscuras avanzan a nuestra dirección, todos los animales de la Sabana corren con apuro y desaparecen bajo toda esa magia.
—Una Maldición Oscura— dice Henry— ¿Pero quién la convoco?
La maldición avanza de forma rápida.
—Tenemos que irnos ya— me dice el chico tomando la habichuela—. Storybrooke, Maine.
Deja caer el frijol y el portal se abre en el suelo, veo como las nubes están por entrar por la ventana, salto dentro del portal y Henry me sigue.
