Capitulo veintidós: Hilos
.
"El mundo no es sino una gran telaraña, y basta con tocar un hilo para que los demás vibren."
― George R. R. Martin
.
Arribaron en Francia y lo primero que pensó Sakura fue en la torre Eiffel que podía ver desde el aeropuerto y en cómo la última vez que estuvo en París tuvo que utilizar la puerta de la torre bajo las órdenes de Aaron.
-¿Sucede algo? -preguntó Tania, otra niña de Gia y su compañera en aquella misión. Había sido la encargada de recibirlos en el aeropuerto.
Se quitó las gafas de su cabeza y se la colocó, cubriendo sus ojos con lentillas oscuras, mientras se daba la vuelta y negaba. Ella no estaba haciendo terapia de grupo, ella estaba allí para completar una misión que la acercaría más a Pía.
-Seguro tienen hambre, hice una lasaña para ustedes. -informó con voz cantarina- ¡Está para moriste, se los juro!
Ella quiso rodar los ojos en dirección de Shaoran, mover sus labios imitando la voz chillona de la bruja blanca y demás burlas, ya que ella era muy dulce para su gusto. Pero no, Tania lo mantenía ocupado y distraído. Sus manos, como garras, sujetando su brazo mientras le hablaba sobre Francia y el turismo y la comida y sobre bla-bla-bla. Sonrisas de ojos cerrados y dientes brillantes, labios con brillo labial y un vestido veraniego demasiado fino la primavera Europea. Claro, si su compañero era famoso entre las féminas, con sus ojos brillantes y su ceño fruncido, con su caballerosidad y sus leves sonrisas; no la culpaba, ella había caído con aquella sonrisa desde que tenía once años.
Marco los estaba esperando en la mesa, la comida servida para ellos.
Luego de convivir con Daisy en Nueva Orleans, ni ella ni Shaoran habían trabajado en conjunto con alguno de los hijos de Gia, tampoco era lo habitual. Todos eran agrupados en celdas de dos hombres y muy pocas veces se les pedía que actuaran en solitario, Kelian era de los predilectos en ello. Tampoco era habitual el cambiar de pareja, era algo casi de por vida. Claro que, como en lo anterior, se hacían excepciones. Esta misión, en la cual dos equipos debían unirse, sería una gran apuesta de Gia. No tenía los detalles, pero podía ver la ambición. Luego de la alianza con el Instituto, las misiones de espionaje se reactivaron y la información aumentó exponencialmente en ambos bandos. Claro que Gia mantenía pequeños tesoros para sí misma, tal vez este sería uno de esos.
-¿Hace cuánto están en Francia? -comenzó ella con la conversación de negocios, estaba harta de Tania chillando cosas sin sentidos durante el almuerzo entero- ¿Por qué vinieron aquí en primer lugar?
-Este es nuestro noveno día. -respondió Marco, quien no había hablado desde que llegaron- La misión era buscar un infiltrado de Mirko en el gobierno, todo apuntaba al secretario principal hasta que descubrimos que las órdenes eran verídicamente del primer ministro. -tomó una servilleta y se limpió las comisuras con cuidado- Gia dijo que tendríamos apoyo. -la observó de reojo y ella sonrió.
-Y todos sabemos lo que eso significa. -terminó por él.
Tania se incorporó de su asiento y se perdió en el pasillo, llegó luego con un paquete en sus manos, se lo extendió a ella.
-Kelian estuvo aquí más temprano, uno de sus mensajes, y dejó el sobre. -explicó Tania- Dijo que lo abriéramos cuando ustedes llegaran.
Y tuvo la amabilidad de retener la información por una hora, qué amable. Pero ella no quería su amabilidad, necesitaba su eficiencia. Con el ceño fruncido, se apresuró a romper el sello y tomar la hoja con las instrucciones.
-"Debajo de la ciudad se encuentran oculto un gran sistema de pasadizos, todos custodiados por hombres de confianza del gobierno. Pía desea hacerse con ellos de forma silenciosa, necesito que hagan ruido." -leyó ella en voz alta al resto de la mesa- "La hija del primer ministro festejará su decimoséptimo cumpleaños, quiero que la secuestren y que todo el mundo se entere de ello, enviaremos nuestras exigencias y él deberá mostrarse en público para cumplirlas." -hizo una pausa, leyó para sí misma las siguientes oraciones antes de compartirlas con el resto- "Lo asesinarán frente a las cámaras, volaremos parte de los pasadizos en medio del caos."
Sí, Gia se estaba volviendo codiciosa.
-Suena a un grupo terrorista. -masculló su compañero, tenso.
-Es un plan arriesgado. -aceptó Marco- Necesitaremos muchos materiales, planeamiento cuidadoso.
Ella comenzó a sacar más papeles del paquete: la carta con las negociaciones del secuestro, las ubicaciones que deberían hacer volar, lo que tendrían que enviar a los medios de comunicación. Le sudaron las manos, la adrenalina se le disparó con anticipación, el estómago se le anudó fuertemente y su corazón latió con fuerza.
Bada-bum, bada-bum, bada-bum.
Era una misión del tipo terrorista, muy distinta a todas sus misiones de espionaje y asesinato silenciosos. Era una misión ruidosa, era una de esas en donde tendrían que salir corriendo con prisas de la escena del crimen, donde tendrían pérdidas civiles inevitables, en medio del fuego cruzado.
Pero no, no por eso casi le salivaba la boca, como un perro frente a un hueso jugoso y con carne aún.
No.
Si Gia necesitaba tanto ruido, tanta sacudida en el avispero, enfurecer a la abeja reina… ¿por qué Pía quería esos pasadizos? Era la verdadera joya, el verdadero tesoro escondido.
-El cumpleaños es en dos días. -comentó Tania- Una cabaña en el bosque, una fiesta con alcohol y una temática de animales. -se llevó una dedo a la boca, pensativa- Máscaras, disfraces y todo eso. Hay un lago, también, y prepararon linternas para decorarlo.
-Suena al escenario perfecto. -sonrió- La haremos nuestra presa en una persecución en el bosque, entonces.
Los dedos le picaron con emoción, sentía el sello en su pecho arder.
Debía ser grande, Pía y Gia estarían peleando por algo grande y, si ambas lo querían tanto, Sakura lo quería aún más
…
Gia había abandonado el Zoológico, la novedad. Se habían acercado al árbol que utilizaba como hogar para dialogar, para solicitar, para pedir permiso… La santa madre no había dejado ni un solo cabello atrás. El rastro de su aroma era viejo, algo así como una semana o semana y media. Tal vez más. Se había marchado de manera tal que nadie se había percatado de su falta, del susurro de su despedida, de su abandono. Los polluelos que solían acompañar al ente con su trinar permanecían en el gran árbol, parecían esperarla con ansias y amor; pero la verdad era que Camille no pensaba que ella regresara.
-Gia va y viene, como la marea. –dijo Casta, la perra- Los últimos veintitantos años ha estado aquí, pero su fama de nómada no es en vano.
La bruja frunció el ceño.
-La hace más sospechosa. -gruñó, dándole un último vistazo al viejo alojamiento del espíritu- No me gusta esto, es muy conveniente su desaparición.
-Una manada de gatos monteses salvajes no es fácil de ocultar. -señaló el cuervo desde una de las ramas- Tal vez Gia se fue porque ya no pudo controlarlos más aquí… -expuso su teoría- Claro, eso si ella los tiene.
-¿Por qué los tendría ella? -inquirió, curiosa, Casta, dirigiéndose hacia la salida- Oí de Matt que ella tiene niños brujos, que tiene varios, una manada.
Todo el mundo abandonó el gran árbol, ella los siguió con ojos furiosos. A Regino no le gustarían las nuevas noticias.
-Hace muchos años, Gia y Aaron cruzaron caminos. -mencionó Nev, el jefe de los halcones, en su descenso- Silenciosa, pero su enemistad proviene desde tiempos ancestrales.
Aquello llamó su interés, algo así había oído antes.
-¿Sabe más acerca de ello, jefe Nev? -inquirió suave, cortes.
Ella había aprendido a tratar con los jefes se los clanes, los había visto algunas decenas de veces a todos en el último año, claro. Cada uno de ellos con sus formas, cada uno reaccionando distinto a ella. Como Casta, la matriarca de los canes era fácil de tratar, transparente y sin complicaciones, amigable pero sin acercarse demasiado. El gran tigre de bengala, por el contrario, era rudo y hosco, para con todos, no solo con ella. Poe era de los callados, en su rincón, escuchando a todos pero sin participar. Nev siempre la trató con respeto, incluso antes de sus encuentros con su hijo. El halcón la veía, la observaba a los ojos y ella sentía que él en serio la veía a ella. Era de los calmados, pero reaccionaba sin dudarlo cuando alguien comenzaba con las agresiones hacia ella, imponía respeto. Ella, a cambio, le brindaba el mismo respeto y, por su parte, hasta algo de cariño. Regino había tenido su respeto alguna vez, pero él solo se encargó de perderlo y ganarse, a cambio, su lado malo.
El halcón la observó con aquellos ojos amarillos brillantes y espeluznantes, los ojos de un depredador, y ella se removió algo inquieta bajo ellos.
-Aunque se pasee bajo aquella forma infantil, Gia ha caminado por este mundo más años que cualquiera de nosotros. –dijo él y los otros jefes se voltearon a verlo- No tanto como Aaron, pero definitivamente más que nosotros, los líderes de los clanes del Zoológico, y que Paz, quien fundó su Instituto para niños especiales.
-¿Y ella y él se conocen? –inquirió.
-¿Conoce usted el origen de su especie, joven Pratt? –inquirió el búho, a ella no le gustó oír el apellido de su madre, pero asintió- Ocho hijas dio a luz la santa madre, todas brujas, todas únicas y poderosas.
-Aaron inició a varias de ellas en las artes oscuras, y ellas se los trasmitieron a su progenie por igual. –volvió a tomar la palabra el halcón- El Infierno aceptó ello, su poder incrementó y su trabajo creció exponencialmente con cada nueva generación. Todos felices, todos… en paz. –entrecerró los ojos- No soy de repetir habladurías, no hago caso a los murmullos con fines maliciosos. –aclaró él- Sin embargo, uno de ellos se oyó muy… acertado. No pareció, en aquel entonces, una habladuría más.
-¿Tú también lo oíste, Nev? –inquirió Poe, sorprendido- Estoy impresionado.
-¿Oír qué cosa? –fue el turno del oso polar, el más callado de todos, de preguntar.
-Fue hace cientos de años, poco después de que las brujas negras se establecieran por completo. –contextuó- Ante el silencio de Gia, muchos adjudicaron a que, parte de su progenie, más específicamente ésta rama practicante de la magia negra, era también progenie de Aaron. –hizo silencio por unos segundos, segundos en los que la bruja frenó su paso- Y que, por esta razón, Gia no se opuso a que Aaron los iniciara en ello; ya que serían sus descendientes también.
-¿Hijas? –repitió ella, todos los demás se habían detenido también- ¿Hijas de Gia y Aaron? –quiso cerciorarse.
-Tendría sentido. –aportó Casta- El que él los criara, serían sus cachorros también.
-No. –negó ella, abnegada en creerlo- Aaron no dejó hijos, no tiene descendencia.
No, porque si así fuera, no tendría que dejarla a Sakura como heredera, ¿verdad? Pero ella no podía divulgar esa información, porque no era su secreto por contar. Pero, no tendría sentido. ¿Por qué molestarse con Sakura si podía recurrir a sus verdaderos hijos?
-Si tuviera hijos, los dejaría a cargo a ellos y no a Pía. –dijo, en cambio- Todos ponen su gestión en tela de juicio, Sean y otros señores demonios obedecen a Pía por poco. Nadie está contento con su designio, pero estoy segura que no tendrían problema con sangre de Aaron.
Nev volvió a hablar, los instó a todos a retomar la ida.
-Hoy en día esa teoría pierde sentido, es verdad. –asintió el halcón- Sin embargo, debe aceptar, joven bruja, que resolvería otras incógnitas.
-Gia comenzó a enfadarse con él varios años después, cuando el gobierno de los señores demonios se hizo más fuerte. –habló Klaus, el oso exiliado- Cuando brujas y brujos, sin importar su rama, si negra o blanca, comenzaron a ser doblegados para trabajar.
La pelirroja se volvió hacia el gran oso, su paso lento y tranquilo, su cuerpo aún con cicatrices de guerra en su rostro y cuello. Nev caminaba al lado de ella y Casta un paso por detrás, Poe iba saltando de rama en rama; eran un grupo peculiar.
-Fue cuando Paz y ella se hicieron amigos. –informó Nev y ella volvió a mirarlo con asombro- Paz siempre mantuvo el vuelo bajo, pero podías notarlo si mirabas con atención. –le confesó en un tono más bajo- Si sabías dónde observar, si conocías los mejores lugares para esconderte.
Llegaron al lugar de reunión poco después de ello, todos estaban esperando con ansias.
-¡¿QUÉ!?
Y no hace faltar agregar que fue Regino el más enfadado al respecto, quien era también el que más había estado en busca de los dichosos gatos.
Kamuy no se veía por ningún lado, aquello llamó su atención…
-¿Qué deberíamos hacer ahora? –inquirió la matriarca de los gatos salvajes, desde la comodidad del suelo mientras lamía su pelaje a rallas.
Pero tenía otras cosas de las cuales encargarse. Dio un paso al frente y todos dejaron de hablar acaloradamente entre sí, de murmurar sus sospechas o señalar con sus dedos acusadores a culpables improbables.
-Claramente los gatos no se encuentran en el Zoológico, ya sea porque se los haya llevado Gia o no. –habló fuerte y claro, todas las bestias tenían sus grandes ojos sobre ella- Necesitamos encontrar a esos gatos, es nuestra máxima prioridad. –les hizo saber- Mientras más desarmada la armería de Aaron, más a salvo estará el Zoológico.
-¡No necesitamos que nadie nos salve! –exclamó el tigre de bengala- ¡Esto es estúpido, supera mis limites!
Ella llevó una mano hacia su cadera, lo observó y lo dejó continuar con su berrinche.
-El Zoológico jamás tuvo miedo, jamás necesitó ser custodiado. –siguió con su diatriba- ¿No lo entienden? ¡Fueron ellos los que siempre nos necesitaron, no al revés! –su ojos oscuros la observaron, su cuerpo entero dirigido hacia ella- ¿Qué van a pedir a cambio? ¡Porque todos sabemos que algo van a exigir luego de esta farsa!
-..¿Terminaste? –se rió ella- ¿O tienes algo más que agregar? –arqueó sus cejas, desafiante.
El enorme tigre se abalanzó hacia ella, pero Camille jamás bajaba sus defensas, ni siquiera mientras dormía. Llevó sus palmas frente a su rostro y, con los pulgares y ambos índices, formó un triángulo.
-Carserem. –dijo ella y el tigre quedó paralizado en medio de su salto, su cuerpo cayó al suelo, todos retrocedieron dos pasos hacia atrás- No soy fanática de encarcelar bestias, pero has colmado mi paciencia, Gang.
-¡BRUJA! –bramó, su cuerpo aún paralizado- ¡LIBÉRAME!
-Eres el único que conflictúa conmigo, el único que tiene problemas con que el Infierno patrocine al Zoo. –ladeó la cabeza, afiló su mirada- Yo no busco nada, yo no planeo contraer un deuda con ustedes por esto. Recibo órdenes, sí, pero también veo este lugar como mi hogar. –observó al resto, encontró cada mirada- Es nuestro hogar, y aquí no sólo viven tigres enormes con una boca más grande que sus colmillos. Aquí hay cachorros, polluelos, hay hembras preñadas y recién parturientas, viejos cansados y jóvenes que aún no conocen la sangre derramada en una carnicería muy distinta a la caza por supervivencia. Yo los veo, los veo todos los días y todas las noches, ellos no tienen por qué ir a la guerra por culpa de un idiota con aires de grandeza.
Separó sus manos, estiró unos hilos invisibles y el tigre se elevó dos metros sobre el suelo.
-Yo, Camille de Featt, hija de Collette Pratt y sobrina de Suzan Pratt, bruja practicante de las artes oscuras, presento formalmente mis intenciones de permanecer en el plano de las bestias como mi hogar. –declaró en voz alta.
Se acercó hacia el cuerpo de Gang, acercó su mano buena hacia su colmillo sobresaliente y rasgó su palma, derramó sangre sobre la tierra.
-Daré de mi sangre para nutrir esta tierra, para que se mantenga en pie. –dijo, solemne- Buscaré su seguridad, veré por la paz por encima de la guerra. –cayó de rodillas, agachó la cabeza.
Con el corazón en la mano, una bruja con el corazón en la mano era lo que todos estaban viendo en ese momento.
-Sé una igual para las bestias, bruja. –dijo Nev, ella lo observó desde el suelo- Y vive tu vida con este propósito.
Ella sonrió, Nev le estaba dando el visto bueno de los halcones.
-Los perros no tenemos problemas con una bruja en los prados. –soltó Casta con naturalidad nata.
-Las ssssserpientesssss tampoco. –se unió Saki, enroscada alrededor de una rama, su cabeza colgando hacia abajo.
-El Oeste te recibe con las alas abiertas. –aleteó Poe, apenas alzando la cabeza para verla.
-En los pantanos los intrusos son alimentos. –aclaró el gran cocodrilo- Sin embargo, no tenemos problemas contigo en el Zoológico, bruja.
Los hermanos del Norte, Rah y Klaus, se observaron momentáneamente antes de asentir en dirección a la bruja. Pese a su delicada situación, los osos polares mantenían su derecho de estar o no de acuerdo con ella en su hogar. Después de todo, ella era una forastera, con o sin las órdenes de abajo.
-Nev y Poe confían en ti, bruja. –mencionó Ro-gah, el gran águila de las montañas- Las águilas somos desconfiadas, pero conocemos tu valía y tu fuerza, seríamos tontos al despreciar a una bruja con tus cualidades aquí. –casi gruñó en dirección al tigre- No nos oponemos.
Los osos grizzlies, los zorros rojos, los gatos de montaña, los lobos del Norte, los leones y guepardos, los búhos y gavilanes; ella observó a Regino, era el único sin haber emitido palabra alguna.
-No te hablo como la bruja que llegó al desierto, bañada en sangre y al borde de la muerte. –dijo ella en su dirección- No una aliada, eso significaría que tengo un propósito propio y, la verdad sea dicha, he dedicado mi vida entera a la nada, a nadie. Pero veo que esto vale la pena, que tal vez… -respiró profundamente- Tal vez encontré un propósito en mi vida más que perseguir el poder y sobrevivir, y que encontré un lugar al cual pertenecer. –dio un paso en su dirección, una sonrisa socarrona- Te hablo como una camarada, te hablo en igualdad de poder, Regino. Te hablo del futuro, de enlazar fuerzas y prevalecer. –su sonrisa se extendió- Darwin lo describió como la evolución de las especies, el siguiente paso, la mejora. –le enseñó su mano, ahora sin una herida cruzando su palma y lo vio sorprenderse- Te hablo de seguir siendo los más aptos, los que sobreviven. Los que están arriba en la cadena alimenticia, la cadena de mando.
Fue una jugada sucia, pero lo tuvo. Ella lo tuvo entonces.
-…el Sur, los lobos el Desierto, aceptamos que te unas a nosotros como una bestia más, Camille de Featt. –dijo al fin.
Y ella lo sintió, sintió que para esto su madre y su padre la había concebido y entregado al Infierno, para este momento… Que, tal vez, todo en su vida: su nacimiento, la crianza de su madre, el desamor, su escape, su tiempo en Nueva Orleans, su pasaje en Tomoeda, su tiempo con Luciana… Todo, todo fue una enseñanza para poder asumir aquel papel. Para sentarse en el trono junto al Zoológico y tirar de los hilos para llevarlos al mañana.
Movió su muñeca, el movimiento predilecto de Luciana, y Gang volvió al suelo.
-Primero lo primero, entonces. –dijo ella, en pie- Voy a encontrar a los gatos, aceptan volver con el Zoológico o aceptan su muerte a manos de su antigua manada. Las bestias le pertenecen al Zoológico, y sólo al Zoológico.
…
Estaban recorriendo las calles de Benha, continuando su búsqueda, ahora en Egipto. Hacía frío, estaba atardeciendo y, con la ida del sol deslumbrante, el calor también decía adiós y debías tomar un abrigo para sobrevivir. Estaba extrañamente demasiado frío, todos se quejaban de ello y ella no podía estar más agradecida por el abrigo que le otorgaron por mestizos del cuartel de Marruecos.
-Nos están siguiendo. –dijo ella con calma, pero ambos ya se habían percatado de ello- Ve detrás, Amads. –ordenó- Nos arrinconará en cuanto te vayas, vamos a interrogarlo.
Con sus órdenes recibidas, su caballero se desvió del camino. Eriol y ella giraron en el siguiente pasaje y sintió a su seguidor apresurar el paso. No reconoció la especie, pero algo le decía que un demonio menor. No se había encontrado con ningún esbirro antes, nunca se le permitía tomar misiones fuera de Arabia pese a estar capacitada.
-Esta zona sigue siendo de Kaios. –le murmuró a Eriol- Si viene por ustedes dos, tendremos que matarlo.
-Entendido. –asintió él.
Tomoyo dejó caer su bolso, se detuvieron para recoger las pertenencias que se desparramaron en el suelo cuando lo sintió apresurar el último tramo. Ninguno se volteó a verlo, ella sintió a Amads en la azotea. Cuando se volvieron a levantar el suelo, se dieron la vuelta, y vieron a Amads tener a un hombre sometido en el suelo. Él tomó su mano, un anillo con un rubí en él.
-Un anillo de sangre. –informó su caballero- Es un esbirro, Tomoyo, un demonio con falsa forma humana.
Ella se acercó al sujeto en cuestión, él la estaba observando y ella le enseñó durante unos segundos sus ojos amatistas brillantes. Lo observó sorprenderse con terror, ella ladeó la cabeza.
-Hola. –dijo- ¿Por qué nos sigues?
El sujeto no habló, Amads presionó con más fuerza su rodilla entre sus omoplatos.
-¡Responde! –gruñó su caballero.
-¿Sabes a quiénes estuviste siguiendo? –volvió a preguntar ella- ¿Te dieron órdenes específicas de seguirnos a nosotros? –ante su silencio, se acuclilló para estar más a su altura- Escucha, si no respondes, Amads comenzará a enojarse. –para dar veracidad a su afirmación, el árabe tiró de los brazos de su presa hacia atrás, con fuerza- No vamos a matarte, así que imagina que ustedes dos se harán buenos amigos.
Su caballero rió en voz alta, ella volvió a incorporarse y le hizo una seña para que lo pusiera de pie.
-Última oportunidad. –advirtió ella, las chispas crujieron alrededor de Eriol mientras éste tomaba el lugar de Tomoyo junto al demonio- Tú decides.
-Tsk. –sus dientes crujían, sus ojos iban de un lado al otro y ella podía observar el pulso de su cuello acelerarse- Y-yo… yo sólo seguía sospechosos. –dijo, al fin- N-no sabía que era usted, señorita… ¡No lo sabía!
Ella lo observó con el semblante en blanco, no queriendo regalarle nada. Él decía la verdad, podía verlo con sus ojos brillantes.
-¿Tienes indicaciones con respecto a mí? –fue su nueva pregunta- Responde con la verdad, sabes que sé si mientes.
-L-La señora dijo que no abriéramos fuego contra usted. –respondió- No sabía que estaba aquí en Egipto.
-¿Por señora te refieres a Ana o a Pía? –fue Eriol quien preguntó, las chispas reflejándose en sus lentes.
-Fu-e Pía, nadie daña al Puen Tum, esas fueron las órdenes. –habló- No voy a dañarla, señorita, no desobedezco órdenes. –le informó- No soy su enemigo.
Amads la estaba observando, expectante. Ella sabía que era la verdad, ella sabía que, seguramente, la orden de Pía era la orden de Aaron. Porque él aún la quería, él aún la utilizaría en un futuro no muy lejano. Porque él siempre querría el trono, querría el poder y la gloria y la querría a ella.
Pero ella también estaba luchando por un lugar en la cima, por más poder, para poder ayudar a más personas.
-Si no vas a herirme, entonces responderás mis preguntas. –le informó ella y los cuatro desaparecieron de allí.
Los muebles estaban cubiertos con sábanas blancas para cuidarlos del polvo, ella no había estado allí en un buen tiempo. Ella había decidido dejar de esconderse, y ella se había escondido allí por demasiados meses. Ella recordaba sus últimos días allí, Amads herido en el Valle y el funeral de Ángel; empacó sus cosas y se marchó al Instituto para no tener que esconderse nunca más allí. Luego de marcharse del Instituto e ir a Arabia, jamás volvió a aquel plano de margaritas y un riachuelo hermoso. No.
No tenía un sótano, pero sí varias habitaciones vacías y a una de ellas fue que los guio. Eriol tomó una silla y Amads arrojó allí a su rehén. No necesitaron amarrarlo, él reconoció el lugar y sabía que jamás podría escapar de allí sin el permiso de ella. Un movimiento de sus manos y las cortinas se cerraron, un pestañeo de sus ojos y las luces se fueron.
-Tienes que observarme. –indicó ella, sus ojos brillantes como faros en la noche- Sólo… tienes que observarme fijamente a los ojos.
Sintió la caricia de unos dedos en su mano, una respiración en su espalda. Nunca antes habían intercambiado lugares, pero ahora ella tomó el control de su cuerpo.
Un susurro en su mente: 'Déjamelo a mí'.
…
Ajustó la bufanda alrededor de su cuello, el receptor en su oído crujió.
-Equipo Alpha en posición. -sonó la voz de Anika.
Estaban en Oslo, era poco después del mediodía y ella odiaba el maldito frío, sea de donde sea.
-Beta en posición. -fue Samid.
Observó a la izquierda, Anaïs, Leopoldo e Iza estaban a la espera de sus órdenes. Se suponía que Plata entraría una vez que Oro despejara la entrada, entrarían los ocho escuadrones al recinto y erradicarían a la docena de Siervos inactivos. La reunión comenzaría en diez minutos, Pía aún no había llegado y ella se estaba desesperando un poco.
-Épsilon en su lugar. -fue el turno de su ex compañero y ella sintió que su cuerpo ardía un poco, la rabia aún allí.
Observó arriba por la calle, aún sin rastros de algún convoy en el que la reina arribara. Todos estaban armados hasta los dientes, todos cargaban algo de explosivos y todos tenían miedo, en mayor o menor medida, pero ninguno estaba exento.
-Plata listo, aquí Tango. -informó Irina y ella podía sentir la tensión en su voz, casi podía imaginar la expresión en su rostro.
-Bravo. -fue Miqueas quien le siguió, las letras apresurándose a al salir disparadas de su boca.
-Charlie. -siguió Gregorio, breve.
-India. -ella no fue menos recatada que sus compañeros.
-Echo. -Jeremías fue el último- Vehículo a la vista.
Ella volvió a observar por encima de su libro, su tapadera. En efecto, tres autos se acercaban hacia allí.
La reunión se llevaría a cabo en la sala de juntas en un edificio perteneciente a una empresa legal de Aaron, algo sobre maquinaria de salud, respiradores y demás. No conocían el por qué del lugar, no habían tenido tiempo para hacerse preguntas acerca de nada.
Dos hombres en cada auto, Pía iba en el del medio. Ella observó anillos de sangre, pero también alcanzó a encontrarse con algunos alijos dentro de los sacos de sus trajes.
-Tenemos seis teques. -fue Miqueas el que habló, la vista perfecta desde el techo del edificio frente a la reunión, por encima de ella.
Los teques, demonios nobles pero con demasiadas ansias por sangre humana. No eran simples esbirros, no eran los demonios regulares que ocupaban a los Siervos y no, no eran aliados de Aaron. Estos demonios reinaban en el Pantano de la Cruz, expulsados del Infierno por pecar de golosos, no dejaban carne para avivar las llamas.
-Mercenarios. -fue la apuesta de Samid y ella tuvo que estar de acuerdo con él.
-Después de convertirse en el blanco de todos, no me extraña que contrate guardias. -escupió Anika- Cambio de planes. -dijo- Plata se viene a abrir camino con Oro.
Se dio la vuelta y observó a sus chicos, ellos la seguían observando a ella en aquella locura de misión.
-No. -fue la voz de Johnson y ella quiso ir hasta allí y golpearlo en el rostro- Plata es el refuerzo, el plan no cambia.
Llevó una mano a su oído, ya estaba cabreada.
-A que no nos sigues el paso, asesino. -desafió ella- ¿No me fías tu espalda?
-¡Yo estoy a cargo de la operación! -rugió la rusa, pero ella siguió esperando la respuesta.
-Sangre por sangre. -sonó la voz de Jeremías- Es tu turno, Johnson.
Pía estaba en el ascensor, tenían una imagen térmica de ella. Dos teques con ella subiendo, dos en la azotea y dos quedaban en la entrada principal. Se quitó la bufanda, la arrojó al suelo y sus chicos se levantaron del suelo.
-No hay tiempo. -informó Irina- Entramos ahora.
Se volvió hacia el edificio, una daga en cada mano e India se dirigió hacia el objetivo. Si no detenían la transacción, Europa caería definitivamente y ellos volverían a estar en cero, Asia no resistiría más y África jamás había sido recuperada definitivamente, de todos modos. Deberían apostar todas sus fichas a Latinoamérica y América del Norte, pero habían derramado ya mucha sangre para retroceder ahora.
…
Cuando Kamuy regresó al Zoológico, se alegró de que nadie haya notado su ausencia, sobre todo porque había sido una mierda todo su plan. No había sido sincero con Camille, había necesitado adornar un poco su relato con mentiras para cerciorarse de que ella iría al árbol de Gia como cabecilla.
"-Si no encontramos a los gatos dentro de las próximas veinticuatro horas. -comenzó a explicarle él, a través de su enlace- Planea traer a Luciana como perro de caza. -gruñó en su mente, dejándola de una sola pieza en medio de la reunión- Molestar un poco a Gia o traer a Luciana y a Joel a hacer nuestro trabajo, tú eliges"
Nunca estuvo en los planes de su padre arrastrar a Luciana, la verdad es que ya nadie quería tener nada que ver con Luciana. No, aunque una vez, cuando él todavía era caballero, el Zoológico los recibía con un gran festín. Los caballeros casi siempre provenían de la tierra fértil del Bestiario, las bestias eran fieras y fieles, las dos f necesarias. En aquellos tiempos, su padre le otorgó una pequeña manada de lobos jóvenes, ya entrados en la edad para salir al exterior. Los lobos que Joel asesinó, los que dieron su último respiro contra Aaron. Luciana amaba a los animales, era nata con ellos. Los cachorros se abalanzaban sobre ella cada que iban al Desierto. Su padre la agasajaba, también la presumía luego de su partida. Que el Pilar del Infierno escogiera a un lobo del Sur como caballero -aunque en realidad lo habían cogido los ancianos del Consejo y obligado- era lo mejor, era como una demostración de fuerza: los lobos del Sur al alza.
Su rubia no era tonta, ella era lo contrario. Sin embargo, jamás se negó a volver al Zoo, jamás le reclamó a Regino o a él. Todo lo contrario, se comportaba como la más perfecta Pilar, la más fuerte y la más fiera también. Como lo hacía Camille, aunque la pelirroja no podía controlar su temperamento frente a su padre.
No tuvo otra opción que hacerse con aquel temperamento suyo, ella no lo habría dejado irse de otra forma. Porque… él había pensado en dejarla atrás, sí. Él se habría quedado con Luciana, que era donde él pertenecía. Porque él la amaba y estaba harto de tener que fingir frente a todos, a fingir que le daba igual no volver a verla y que la odiaba y despreciaba. Le quemaba el pecho, le quemaba la carne por un toque de su piel. Su herida, aquella desgarradora herida en su espalda, palpitaba desde que ella lo dejó bañado el alcohol en el cementerio de Nueva Orleans.
Cuánto dolía, dolía tanto que ya no podía ocultarlo. Se lo habían advertido antes de entregarlo a Luciana, antes de siquiera conocerla. Fue Rigel quien se apiadó de él, dijo estar revelándole el mejor consejo que jamás recibiría:
'Una vez caballero, no permitas jamás, bajo ninguna circunstancia, que tu reina te abandone. Porque, de ser así… la pena te comerá lentamente, segundo a segundo, comerá tu carne desde dentro y sólo quedará una carcasa vacía. Morirás bajo la peor de las muertes, la muerte en vida'
Maldito viejo, lo recordaba todas las noches desde que Luciana lo dejó.
Bajó hacia la cuenca subterránea, si la bruja lo iba a regañar al menos quería que sea en privado y conservar algo de dignidad, la poca dignidad que le quedaba luego de haberse arrastrado por Luciana y ser rechazado. Sorpresa.
-Pequeño necio.
Se detuvo en medio del umbral, no era la hembra que él esperaba que lo regañe.
-Madre. -frunció el ceño.
-Apestas a tristeza y vergüenza. -lo acusó, ella estaba sobre sus dos piernas. Cubriendo su desnudez con seda esmeralda, su largo cabello cayendo sobre sus hombros- ¿A dónde has ido?
-Madre yo… -cabizbajo, qué vergüenza de hijo- Estuve donde Luciana, fui a buscarla. -confesó- Lo siento.
Ella caminó hacia él, sus orejas se apelmazaron sobre su cabeza y su cuerpo se hizo una bola en el suelo frente a ella.
-¿Qué sientes? -escarbó ella- ¿El engaño o el que ella te rechazase? ¿O ambas?
-…madre, perdóname. -pidió- Es mi naturaleza, volver a ella es mi naturaleza. -se explicó- Como el girasol que busca estar frente al sol, que necesita de él para sobrevivir.
Ella se puso de cuclillas, su mano sobre su hocico húmedo.
-¿Tu naturaleza o tu tonto corazón enamorado, Kamuy? -lo reprendió, casi como si lo atrapara ocultándole algo- Primero con Ruelle, luego con Luciana y, ahora… -giró su cabeza hacia el acuífero- Con Camille. -negó, rendida- La bruja es la única que no huye y eres tú el que la piensa abandonar, no te entiendo.
-¿Madre? -inquirió, confundido por el cambio de tema.
-Todos los clanes la han reconocido como una bestia del Zoológico, este será su hogar y nadie se negó. -explicó la loba rubia- ¿Qué va a decir cuando despierte y descubra que tú has intentado abandonarla mientras ella intenta fortalecer al Zoológico?
-¿Des…pertar?
Aún más confundido, se puso de pie y se acercó al acuífero, observó dentro de las profundidades del agua helada del subsuelo y, grata sorpresa, Camille estaba allí.
-¿Q-qué significa esto?
Sus manos entrelazadas sobre su pecho, sus ojos cerrados y una especie de barrera púrpura cubría su cuerpo, el cual no flotaba y se quedaba hundido casi en el fondo del acuífero. Su cabello escarlata flotaba y era sacudido por la corriente, no había ninguna sonrisa en su rostro.
-Gia se fue, su rastro es demasiado viejo para detectar si tiene tres, cuatro o cinco semanas. -casi gruñó ella- Camille se sometió a sí misma a un sueño profundo para poder canalizar una gran cantidad de energía, la cual necesita para un hechizo de rastreo.
-¡Sueño profundo! -hizo eco, enojado- ¡Sangre, sal y un maldito mapa es lo que necesita, lo ha hecho antes! ¡Lo hizo decenas de veces, maldita sea! -volvió sobre sus dos pies y se volvió furioso hacia su madre.
-Sangre, ¿qué sangre? -inquirió, calmada- Esos gatos fueron exiliados, renunciaron al Zoo y ya no los ata ningún vínculo. ¿Cómo quieres rastrearlos? -entrecerró los ojos.
-¡Entonces usamos un puto sacrificio, no un hechizo de Disney! ¿Ahora es la Bella Durmiente o qué? -bramó, acercándose de nuevo a la orilla- Fue mi padre. -acusó, seguro- Mi padre tuvo que-
-¿Acaso aquel Pilar te arrancó los tímpanos, Kamuy? -lo interrumpió, brazos cruzados debajo de su pecho- ¿No escuchaste lo que dije? El Zoológico es su hogar y nosotros su familia, niño. -escupió- Esa bruja es casi o más necia que tú. Quiso hablar contigo antes… -se dio la vuelta, le dio la espalda- Grata sorpresa nos llevamos todos, entonces.
Sumergió su mano en el agua, estaba igual de helada que siempre. La quitó de allí y, en cambio, la llevó hacia sus cabellos y tiró con fuerza.
-…maldita sea.
…
El Aviario estaba de nuevo en el cielo, a salvo pero con la mitad de sus habitantes. Hancock no había contactado con ella luego de que Collette finalizara el hechizo, aunque ella todavía esperaba que el líder de la gran parvada se diera cuenta de su deuda y mostrara algo de gratitud. Mejor en el cielo que en Brasil, donde Sean y su loba estaban volviendo a los señores de América en su contra, Spirit le había ido con la información dos meses atrás. Ana mantenía África en orden y los cinco nuevos Siervos estaban poniendo a flote lo que se podía de Asia. Europa había recobrado un treinta por ciento de su capacidad productiva, esperaba que en la puja de hoy esos números mejoraran antes de que América se sumara a la lista de problemas.
El doctor se había lucido con los nuevos Siervos, valía cada centavo de cada millón que depositaba en su cuenta bancaria. Eso sí, la producción era algo lenta debido a su complejidad. Estaba sacando tantas células madres y tanta médula como podía de los híbridos de probeta como podían sin dejarlos lisiados, no debían dañar al ejército de reserva tampoco. Las órdenes de Aaron habían sido específicas: fortalecer las reservas. Tanto económicas como de mano de obra, su venganza sería altamente destructiva y costosa, la necesitaba para preparar todo. Su cuerpo al fin había colapsado, su carne devorada por sí mismo. El proceso para su salida había comenzado entonces, tomaría varios meses más para que su alma pudiera salir.
Y allí, allí entraba en juego la fase b de su plan.
El ascensor se detuvo, las puertas se abrieron y los teques habían bajado antes que ella, otra gran inversión, está vez por su parte. Alemania seguía tan redituable como siempre, su tierra le devolvía sus inversiones multiplicadas. Observó el reloj de su muñeca mientras sus guardias se aseguraban de que todo estuviera en orden, ahora los enemigos le llovían de montones.
-Limpio. -informaron y ella tomó asiento.
Era hora. Las luces fueron apagadas y ella se acomodó en su asiento, la espalda recta y el mentón arriba, doce señores demonios aparecieron en la mesa.
-Hermanos, sean bienvenidos. -saludó- Sean todos bienvenidos a esta nueva oportunidad para el mañana, para el futuro, la evolución.
Estaba Spirit, la primera tanda había sido exclusiva para Europa y Asia, además del trato jugoso y exclusivo de Ana con el petróleo, era de esperarse que América buscase ahora una tajada de la torta. Horace tenía problemas con las brujas en Nueva Orleans, la tercera ciudad con más brujas del mundo y la segunda con más brujas practicantes de la magia negra, Estados Unidos aún tenía buenos números y lo que ofreciera a cambio sería algo fiable. Estaba Mirko, que era codicioso y quería siempre más que el resto, estaba allí para asegurarse de recoger su recompensa luego de su movida en Francia. No se sorprendió de ver a Ana allí, había probado lo bueno y ahora quería repetir; le daría un descuento, había pagado con creces el primero en su desesperación. Kiu tenía miedo, aunque China recibió su Siervo, quería provisionarse de uno o dos extras, y tenía con qué. Welch allí, la sorprendió. Yona, ella estaba segura que sólo asistía para mantenerse al tanto de la situación del resto. Halam, el señor de la India era otro señor satisfecho.
-En estos tiempos es cuando más nos necesitamos los unos a los otros, estar juntos. -observó hacia el final de la mesa, ella no le había extendido una invitación- Todos nosotros.
Sean sonrió, era la sonrisa del diablo y ella no se la compraba para nada.
-Por un módico precio, claro que sí. -acotó él y ella no lo negó- Claro.
Sacó de su bolso las doce fichas, los detalles de los nuevos Siervos aclaradas en ellas.
-Piel de tiburón. -dijo ella- Un Siervo con la piel de tiburón, tan dura que ni la loba del desierto podrá llegar a él. -sus labios tironearon a un lado, él apretó el reposabrazos- ¿Qué dices, Ana? Perfecto para los mestizos de África, ¿verdad? -propuso- O tal vez lo quieras llevar a vigilar las fronteras, Spirit… He oído que rondan los depredadores, podrías hacerte con algunos de los nuevos Siervos.
Ana jugó con el gusano de goma entre sus dientes mientras observaba de Sean a ella y, de reojo, a Spirit. Kiu tamborileaba con nerviosismo y Yona jugaba con un cubo Rubik.
-¿Te gusta el oro? -inquirió la rubia- Porque es lo que tengo para ofrecerte por él. -le dio un mordisco a su golosina y se inclinó hacía adelante, su escote demasiado a la vista- ¿Qué más tienes ahí? Me llevo dos, para que se hagan compañía.
Le arrojó la carpeta del Siervo con genes de tiburón a ella, la señora la tomó en el aire y observó a Sean por sobre su hombro.
-¿Todavía prefieres a tu loba? ¿O vas a volver a actuar como uno de nosotros, Sean? -inquirió con acusación- Espabila un poco. -finalizó la rubia, retomando su asiento.
Levantó otro archivo, los ojos de Kiu estaban sobre ella y el ceño fruncido de Sean cada vez más profuso.
-¿Alguien necesita piernas veloces? Porque tengo una Sierva con genes de guepardo mejorado aquí, ahora, y puede ser llevada por quién tenga el precio correcto.
-Tengo un conteiner con armas T.E. esperando para salir a Alemania. -fue la oferta de Horace- Ni en el mercado negro vas a encontrarlas, te lo aseguro.
-Ni te lo creas, Horace. -fue Halam el que habló- Porque robarle la tecnología a Estados Unidos y replicarla fue un paseo en yate. -se jactó- Además del conteiner, agrego dos serpientes.
-¿Cómo dices? -chilló Kiu.
Aquello la tomó por sorpresa.
-Tía dejó algunos huevecillos olvidados en su paso por la India, para que juegues con ellas en tu laboratorio a cambio de dos de los Siervos. -ofreció- Te las envuelvo en celofán y les pongo moño y todo. -sonrió- ¿No es ese un precio más que acertado?
Ana se carcajeó y Mirko negó en silencio, divertido.
-¡Basta de tanto chiste! -se quejó Sean- ¡¿No se dan cuenta que ella sólo se está burlando de nosotros?! -bufó- ¡Una maldita subasta, nada más! -la señaló- ¡Nos quieres rebajar para levantarte sobre nuestras cabezas, maldita farsante! ¡¿Te divierte?!
-Intrusos en la puerta principal. -sonó el auricular en su oído.
-No, no me divierto. -se levantó de su asiento- No voy a divertirme hasta que te inclines frente a mí y lamas mis zapatos y beses mis pies, Sean. -le confesó- ¿No era, acaso, lo que hacías con nuestro señor Aaron? -inquirió sin humor- Vamos, que así me haces cosquillas y me rio un poco.
-Movimiento en la azotea. -habló el segundo grupo- Tenemos intrusos queriendo entrar.
-¡Perra! -gruñó el señor del Sur- ¡Nos dejas al ridículo, manchas el legado de Aaron y nos haces ver como débiles ante la plebe!
-La plebe es esa loba que arrastras detrás de tu trasero. -lo señaló- ¡Dejándole el trabajo sucio y poniéndola a cargo, eres la escoria de los señores demonios! -expresó desde lo más profundo de su ser- Las bestias o son de circo o son del Zoológico, o las cazas, Sean. -gruñó- No te las follas y las pones a tu par, maldito idiota. -negó.
-No. -se burló él- Te las compramos a ti, claro, a cambio de nuestra dignidad… -observó al resto de la mesa- No saben cómo se ríen todos de nosotros, peleando por esclavos a precios elevados y sobrevalorados a una perra de turno. -escupió el suelo- Nos merecemos la caída y la golpiza.
Ella chasqueó los dedos, la proyección del señor del Sur se desvaneció y ella llevó una mano hacia el interlocutor.
-¿Pueden controlar el incidente? -quiso saber.
-Tenemos… esto cubierto. -informaron y ella se volvió al resto.
-¿Alguien más tiene problemas morales para acabar con la plaga que nos ataca o seguimos con los negocios? -gruñó, al borde de su silla.
Welch le hizo una seña, ella entre cerró los ojos en su dirección, dispuesta a atacarlo si le daba con su mierda también.
-Dame una de esas carpetas, vamos. -le dijo el señor de España y Portugal- Yo pago en efectivo, luego tú ves qué compras con él.
Sonrió, les arrojó las carpetas a los lobos para que se pelearan por ellas.
-La carga está asegurada, Pía. -le aseguró su Siervo- Nadie ha llegado a la bóveda.
-Que así siga. -rugió en un susurro, dándole la espalda a sus colegas- Sigue en contacto ante cualquier problema.
Hace unos siete años atrás, unos atracadores intentaron hacerse con la recaudación de la empresa, que en aquel entonces servía como depósito de una banda de narcotraficantes. La fachada hizo lo suyo todo lo que pudo, pero sus enemigos desayunaban y cenaban rabia, le tomaron sus años pero dieron con el escondite del botín. Estallaron de tal forma la caja de seguridad, que más bien era una gran bóveda para que cupiera todo el dineral, que Aaron tuvo que traer una nueva. Era la mejor, un socio ruso se la había ofrecido como un regalo para cerrar algunos tratos, una igual a la que él mismo se había comprado para su dinero. 'La compré de oferta en un dos por uno', incluso había bromeado. Tecnología de punta.
No la abría ni Dios en persona mismo.
Y era allí donde tenía las doce cápsulas con los Siervos en reposo, el doctor los había terminado a penas una semana atrás y ella avisado de la subasta dos días antes. Necesitaba aumentar la recaudación, y lo necesitaba ya mismo.
…
Observó la sonrisa en su rostro, con intención de verse inocente pero con las esquinas torcidas inevitablemente. Sus ojos fijos en su presa, con una de sus manos acunando su rostro y acariciando su mejilla con el pulgar.
-¿Alguna vez haz visto un ángel? -murmuró, aunque sólo estuviesen ellos cuatro allí- ¿No? ¿Nunca?
El esbirro negó tres veces.
-Pues mis ojos son muy parecidos a los de uno, ¿sabías?
Un tono dulzón, una sonrisa.
-Los demonios no pueden ver el alma, no está en su naturaleza. -explicó ella- Pueden oler… la pureza, un olor similar al de la virginidad. Oler el miedo y el deseo, como los animales. -siguió hablando ella- Yo también puedo ver la mentira, discernirla de la verdad. -silencio, otro pestañeo- ¿Tú vas a mentirme? -preguntó, juguetona- ¿O vas a decirme la verdad?
Se levantó de su asiento, su mano ahora en el hombro de él y ella a sus espaldas, sus labios junto a su oído, aún en susurros.
-…también tengo otros trucos, ¿quieres verlos? -quiso saber- Todavía no tuve la oportunidad de… ya sabes, encantar una presa.
Los ojos de Tomoyo los observaron a él y a Amads por algunos segundos, supo por la respiración temblorosa del árabe que él también se dio cuenta del cambio. Como… como en un estado mental distinto, como cazando una presa.
La observó mover los labios, sus manos viajando desde los hombros de su presa, serpenteando, hacia sus sienes. Sus labios rozando su cuello, su pómulo y dejar un beso de mariposa en su sien izquierda. No reconoció las palabras que cantaba por lo bajo, pero sí pudo ver el efecto que causaban en el esbirro. Sus ojos aletargados, hombros caídos y cabeza tambaleante.
-Dime dónde está Ana. -pidió, volviendo sus labios a su oído- Di la verdad y está sensación no se acabara nunca… -una sonrisa boba en los labios de su presa- Miente, y el paraíso se acabará.
Las rodillas de Amads temblaban, su pulgar siendo mordisqueado entre labios que no paraban de moverse y murmurar palabras mudas. Le dio un jalón en el codo, él lo observó al instante y Eriol señaló a Tomoyo.
-¿Qué hace? ¿Qué sucede? -murmuró.
Pero el caballero no soltó palabra.
-Fran…cia. -escucharon los dos- Ana… Ana se fue a Francia.
El cuerpo cayó como peso muerto al suelo, Tomoyo le había dado un ligero empujón y ahora su presa temblaba y se retorcía con dolor en el suelo. Ambos se volvieron hacia ella, quien mordía sus labios de alegría mientras sus ojos brillaban.
-Qué suerte que todavía hablo francés con fluidez, amores míos. -sonrió socarronamente- Espero que Melek no nos eche de menos, porque nos vamos a Francia.
Amads farfulló algunas maldiciones por lo bajo, pero asintió y fue a recoger el esbirro del suelo para sacarlo de allí. Él, en cambio, fue hacia Tomoyo.
-¿Tomy? -ella lo observó, la al rosa disonante aún allí- ¿Todo bien?
Lo tomó por el cuello, ella aún era algunos centímetros más baja que él, y le plantó un beso de sopetón. Nada de titubeos y sin juegos previos, lo besó por sorpresa. Él la tomó por los hombros y la separó, sorprendido por tal acción, Tomoyo jamás lo había besado así antes. Él observó a Amads, el árabe los estaba observando con los ojos abiertos de par en par, igual de sorprendido.
Ambos se volvieron hacia ella cuando su risa trinó en el silencio reinante se la habitación.
-¡Tomoyo! -exclamó Amads en tono de reprimenda- ¡Tomoyo, vuelve ya!
Abracadabra, cuando volvió a abrir los ojos ella parecía la de siempre otra vez. Se llevó una mano sobre sus labios, observó a Amads y luego a él, luego al esbirro.
-Yo…yo… -balbuceó.
-¡Joder con el rollo de esa… mierda! -escupió el moreno mientras volvía a arrastrar el cuerpo de su presa, espetando maldiciones sin cesar.
-Eriol, yo… lo siento. -dijo, avergonzada y confundida- Perdóname, por favor.
La tomó por las mejillas y observó sus ojos, habían dejado de brillar y sus pupilas se veían normales. Acarició su cuello, ritmo constante. Nada parecía ir mal.
-¿Qué te sucedió? -quiso saber- ¿Qué fue lo que te sucedió hace unos instantes? Parecías… otra.
-¿…otra? ¿Cómo? -ella lo estudió.
-Como… -buscó las palabras precisas- Algo hipnótica, ¿qué le hiciste a ese demonio? -se acomodó sus gafas- Ni siquiera le diste una bofetada y él te dijo dónde está Ana, sólo… le cantaste al oído.
-Hipnótica. -pareció saborear la palabra en su paladar- ¿Recuerdas al principio de todo? Cuando las almas de los seres sobrenaturales que no cruzaban la puerta me buscaban, yo podía sentir el dolor de sus heridas mortales. -él asintió, imposible olvidar aquél verano- Antes de hacerlos cruzar, les quito el dolor. -dijo ella- No es un estado de paz como tal, sólo… relajación, felicidad. Como cuando somos bebés, inconscientes de todo a excepción de los estímulos que recibimos en el vientre.
-El budismo lo llama nirvana. -comentó Amads desde el umbral- El estado de liberación, libre de sufrimiento, alcanzado por el ser humano al finalizar su búsqueda espiritual al verse libre de ataduras. El Nirvana se puede traducir como la cesación o la extinción del sufrimiento. -citó, memorioso- Suena como la mejor droga, el viaje final. -sonrió con sorna- No sabía que habías dominado la… "mítica técnica". -hizo comillas a aire y se cruzó de brazos, su hombro contra el umbral.
Tomoyo frunció el ceño, incómoda.
-Sí, bueno… -carraspeó- Sólo cuando tiendo puentes, jamás la utilicé para… otras cosas.
-No creo que podamos usar la palabra tortura, exactamente. -picó el caballero.
-Necesitamos irnos a Francia. -cambió de tema ella.
-Espera. -la detuvo en su huida- ¡Espera un segundo, todavía no entiendo cómo es que actuaste tan extraño de un momento a otro! -se quejó- Fue como en Nueva Orleans con Camille, como si alguien más hubiera tomado tu cuerpo. -le recordó- Pero parece que ahora sí sabes qué fue. -acusó.
-Wow, wow, wow. -intervino el moreno, acercándose a ambos, de cara a Tomoyo- ¡Dijiste que ella apareció luego del Valle! -acusó entre dientes- ¡Tampoco dijiste nada sobre ella tomándote como muñeca, dulce! -bufó- Mentiste.
-¡No! -ella negó de inmediato.
-¿Cómo que ella? -fue el turno de él- ¿Quién es ella?
La observó llevarse ambas manos a la cabeza, dar vueltas de ida y vuelta en línea recta.
-…claro. -se detuvo y los observó, una sonrisa triste tirando de sus labios- Supongo que siempre estuve rota y delirante, no me sorprende que se haya manifestado en aquel entonces.
Dio un paso adelante, cansado.
-¿Quién, Tomoyo? ¿De qué estás hablando? ¿Qué me están ocultando ahora? -observó a Amads, él le devolvió la mirada sin vergüenza ni arrepentimiento por tal acción.
…
Las partes más rebuscadas del plan ya estaban cubiertas detalladamente en las instrucciones de Kelian. Ellos tuvieron que obtener la información para escabullirse en la fiesta y secuestrar a la niña, esconderla no sería difícil y contactar con los medios lo hacía cualquier loco. La parte difícil venía al dejar los explosivos en los puntos indicados, escabullirse entre el caos y limpiar los túneles.
-¿Y quién va a tomar los lugares en los túneles para impedir que los retomen?
Marco la observó, luego observó a los alrededores y otra vez a ella.
-¿Me preguntas a mí? -inquirió y ella rodó los ojos.
-Han estado nueve días aquí recolectando información, debes haber visto más niños de Gia o gente que trabaje con ella. -le hizo ver- No esperas que me trague el cuento de que en serio volamos los túneles y salimos huyendo en barco de aquí, ¿o sí?
Él le restó importancia con un movimiento de hombros, ella dejó caer su cabeza de entre sus manos sobre la mesa.
-La madre sólo tiene a sus hijos. -dijo él, sacando un cigarrillo y acercándose a la ventana con el mechero en mano- Jamás antes trabajamos con más nadie que no tenga su marca, sólo sus niños, como nos llama.
Se volvió a observarlo, él ya estaba dando una calada. Tania había ido por sus disfraces y Shaoran con Kero a investigar los puntos de explosión, a las diez Sakura recibiría los paquetes explosivos y, por la madrugada, a repartirlos cada cual a su sitio.
-Entiendo que ustedes están aquí como apoyo por la complejidad de la misión. -volvió a hablar él- Pero nos acoplamos al plan, lo seguimos al pie de la letra y no hacemos preguntas. -sopló el humo- Gia dice que explotamos toda Francia y salimos como si nada, y yo vuelo la puta torre Eiffel y me largo tomándome una Coca-Cola como si nada. -la señaló con el tabaco- En dos días una nueva misión y nos olvidamos de todo esto, ¿no has tenido más misiones ya? -otra calada- Porque yo no he cumplido los diecinueve y ya estuve en nueve países y catorce ciudades.
Sakura comenzó a guardar todo en la carpeta otra vez, lo tenía todo memorizado y sólo esperaba a ejecutarlo.
-Yo cumplo dieciocho el otro año y estuve en los cinco continentes. -comentó, algo achispada con la soltura de aquel mago que parecía tan parco- Veintitrés países, y ciudades ni te cuento.
Él levantó ambas manos, el cigarrillo colgando de sus labios.
-¿Y has removido en alguna misión más de lo debido?
Ella negó, había dejado todo atrás, aunque jamás olvidaba las lecciones que aprendió en cada aventura.
-Ahí lo tienes. -finalizó. Apagó el cigarrillo casi terminado y arrojó la colilla por la ventana, la puerta se abrió medio minuto más tarde y Marco volvió a su postura silenciosa en cuanto Tania hizo su entrada.
La bruja no se tragaba a ese equipo, aparentaban más de lo que en realidad eran.
-Conseguí todos los talles. -suspiró mientras dejaba las bolsas en la mesa ahora despejada- ¡Pero no había ninguna de las opciones que pidieron, lo siento! -hizo un puchero.
Ya se esperaba algo así, nada más comenzó a buscar entre las bolsas para ver qué le tocaba. Coneja blanca o corderito marrón, genial.
-¿Es eso tabaco lo que huelo? -se quejó la bruja blanca, sus ojos acusadores sobre su compañero.
Para los chicos había una pantera negra, supuso que era para Marco, ya que era un poco más alto que Shaoran. El otro traje era un zorro rojizo, con cola y orejas a juego.
-Simplemente genial. -se llevó dos dedos sobre el puente de la nariz.
-¿Con cuál te quedas, Saku? -preguntó Tania mientras le sacaba el envoltorio a una paleta rosada- Somos la misma talla, eran los dos últimos.
Observó a la niña, quiso estrangularla.
-Tenemos un problema. -informó Shaoran mientras entraba, una gorra negra entre sus manos- Una de las entradas que quiere abrir Gia en los túneles está muy cerca de una escuela. -apoyó ambas manos sobre la mesa y la observó directamente a ella- Con jardín, primario e instinto superior, maldita sea. -gruñó- Y mañana es miércoles, no hay posibilidades de que esté vacío.
Ella tomó el mapa y lo extendió en la mesa, Marco se acercó y Shaoran señaló la cruz roja correspondiente.
-También tenemos una entrada a un lado de unos departamentos de pisos, son seis pisos y están todos ocupados. -agregó, señalando ambos puntos.
Tania observó por encima del hombro del chino, demasiado cerca para el agrado de Sakura.
-Si explotamos las bombas allí, será señalado como un acto terrorista. -señaló la castaña- Van a cerrar aeropuertos en menos de dos horas, tampoco podremos subirnos a un autobús sin que nos demoren de más. -se mordió el pulgar, ambos serían las vías de escape de ambos equipos.
-¡Olvídate del escape! -exclamó él- ¡Esas son muchas víctimas en la primera línea, Sakura!
Tania se apartó, Marco sacó otro cigarrillo de su cajetilla y Sakura observó sus manos para no ver a Shaoran a los ojos. Fue Marco quien la sacó de la ardua tarea.
-¿Y qué con eso? -dio su primera calada- Mueren personas todos los días.
Otro golpe contra la mesa, Sakura retrocedió dos pasos, Tania avanzó los mismos pasos. Sus manos sobre uno de los brazos del mago, una sonrisa conciliadora en su rostro y ese maldito vestido todavía en ella.
-¿Nunca… has matado antes? -inquirió con cuidado y Sakura le hizo una seña a Marco para que le dé un cigarrillo, la cajetilla hizo un vuelo en arco y aterrizó entre sus manos, ella lo encendió con la punta de sus dedos- Esta es mi primera misión de este estilo, pero todos hemos asesinado antes. Directa o indirectamente.
Shaoran la observó como si le hubiesen salido dos cuernos y una cola, con miedo. Miedo de la dulce Tania, que apestaba a jazmines.
-Pondremos explosivos en catorce puntos distintos, las pérdidas son ineludibles. -tomó Marco la palabra- Incluso si fuéramos siete en esta misión, tenemos otras tareas que llevar a cabo en el momento en que serán activados.
Tania asintió repetidamente, como niña buena.
-Además, también tendremos que asesinar a los guardias del primer ministro. -le recordó la joven.
-Eso es distinto. -intervino Sakura- Serán todos demonios, esbirros. -soltó el humo sucio fuera- No tenemos problema en asesinar demonios. -señaló entre ella y Shaoran- Mi compañero y yo no tenemos problema alguno en matar demonios.
-¿No asesinas humanos? -casi que se burló la bruja más joven- Pensé que seguías órdenes sin problemas, Saku.
Dio otra calada, tenía unos instintos terriblemente fuertes de lanzarse como una gata furiosa y arrastrar sus uñas por toda su carita sonriente.
-Hasta las brujas negras que nos acostamos con el diablo tenemos escrúpulos, inocente alma de Dios. -se burló, sopló el humo en sus narices mientras tomaba el otro brazo de Shaoran y tiraba de él hacia su habitación designada- Pero no espero que comprendas cosas tan complejas como ello, quédate con el traje de coneja. De todas formas, no llenarías el busto del de cordero. -y finalizó imitando a la perfección su sonrisa sacarina.
Dio un portazo y se volvió hacia Shaoran, el cigarrillo cayendo al suelo y siendo aplastado por su talón. Lo tomó por el rostro, fijó su mirada con la suya.
-Shaoran, ya hablamos de esto. -murmuró mientras la carta Silencio se pegaba sobre la puerta sin hacer ruido- En el avión, llegando aquí. ¿Recuerdas?
Él intentó apartarse, ella lo acorraló contra una de las paredes .
-Te dije que esta misión sería distinta. -le recordó- Tenemos órdenes.
-No soy un asesino. -le recordó él sus palabras- ¡Podemos ajustar los tiempos para evitarlo! ¡Siempre se puede, siempre podemos evitar muertes innecesarias! -insistió.
Aporreó la pared junto a su rostro y retrocedió, dándole la espalda.
-...te dije que seguir órdenes de Gia no sería muy distinto a- cerró la boca y se calló, caminó hacia la ventana y observó el atardecer- La parte que no dicen las instrucciones de Kelian es que Mirko va a aparecer, Shaoran, cuando empiecen las explosiones. -se llevó un pulgar entre los dientes- Por más que quiera ayudarte a salvar vidas inocentes… -lo observó detrás de su hombro- Mi prioridad, y el trabajo de los dos, es estar listos para luchar, sobrevivir y lograr huir con las menores heridas posibles. -afiló la mirada, no tenía lentillas y sus ojos permanecían esmeraldas- ¿Recuerdas cuál de los dos sana más rápido que el otro?
Observó sus puños cerrarse, las uñas presionando contra sus palmas blancas.
-…Sakura.
La bruja cerró los ojos, no había escuchado su voz durante, al menos, un año ya. Shaoran abrió los ojos grandemente, sorprendido de oírlo hablar también.
-Puedo… ayudarte con esto. -ofreció él- Quiero ayudar.
Antes de que pudiese pronunciar palabra, un teléfono sonó y Sakura lo atendió sin dudarlo.
-Aquí Sakura. -respondió ella.
-Mi pequeña brujita, habla mamá. -dijo Gia y Sakura tomó asiento sobre la cama- ¿Has sido buena con tus hermanos allí?
-El rollo de la gran familia me da escalofríos. -le hizo saber- Así que ve al grano, mami.
-¿Sabes por qué los envié a Francia? -preguntó con seriedad- ¿Tienes alguna idea, un asomo de por qué?
Observó a Shaoran, él la estaba observando con curiosidad y leve preocupación.
-Porque Tania y Marco son un equipo de mierda. -escupió- Porque amas verme sufrir, porque quieres que muera de una-
-Graciosa. -la cortó, para nada divertida- No, porque eres carne de cañón. -confesó- Tania y Marco descubrieron que Mirko tiene comprado todo el sistema gubernamental, incluidas las fuerzas de seguridad y parte de los empresarios más poderosos del país. En pocas palabras, -se rió- De allí no sale ni Dios si él da la orden.
Cambió el teléfono de posición, de un oído al otro, algo cabreada.
-Yo no soy Dios, pero salgo de aquí porque lo digo yo. -gruñó- Y por esa mierda nos trajiste aquí, desgraciada. ¿Qué carajos vas a meter en esos túneles después de que volemos las entradas? -quiso saber- Mirko va a venir por mí porque me van a reconocer y sigo siendo la más buscada de todo el mundo, pero la policía y la mitad de los esbirros que no tenga de apoyo estarán en esos túneles. ¡El escudo de Tania será mejor que el mío, pero la sangre siempre corre por las calles cuando un señor demonio quiere! -observó la carta Silencio en la puerta- ¿Crees que Marco estará a salvo por la armadura con la que nos vestiste a todos?
-¿Y Shaoran? ¿Él estará a salvo? -tomó la palabra- No tiene un escudo y lleva la misma armadura que Marco, ¿quién lo mantendrá vivo en la batalla que tendrá lugar mañana en Francia?
Silencio.
-No puedes luchar por tu supervivencia y protegerlo al mismo tiempo, aunque ya los advertí a Marco y Tania que no esperen una mano de tu parte, quédate tranquila allí. -mencionó- Dijiste que querías jugar, que querías estar en el equipo ganador y ese es el mío, y lo sabes. Lo sabes de primera mano.
Mierda, las cosas se complicarían tanto a partir de ahora.
-Dime una cosa, al menos. -pidió a cambio- ¿Es esto una guerra declarada hacia los señores demonios y Pía, o sólo otro de tus planes de mierda en los que termino en medio sin poder evitarlo? -puso el teléfono en altavoz y su compañero se acercó junto a ella- Ahora Mirko, ¿mañana Welch? ¿La otra semana Italia? ¿Ucrania?
La oyó suspirar contra el teléfono, el silencio que siguió no le dio buena espina.
-No me agrada derramar sangre innecesaria, mucho menos la de mis niños. -comenzó por decir- Hoy es Francia, es Mirko, y es ese maldito túnel; no le des vueltas al asunto, procura que Shaoran y tú salgan vivos de esta misión si es que aún te interesa estar de mi lado cuando llegue a Pía.
No pudo evitar preguntarlo, se estaba balanceando frente a ella como la manzana del árbol del paraíso. La tentación tan grande.
-¿Qué hay en esos túneles, Gia? -inquirió- ¿Por qué tanto afán?
Pero, como de costumbre, el espíritu prefirió ignorarla y sólo el tono de fin de comunicación escuchó sus preguntas. Le había colgado el teléfono, había ignorado su pregunta y aquello sólo la hizo desear más aquella respuesta.
…
