Disclaimer: Los personajes de la Saga Crepúsculo son creación de la Sra. S. Meyer y la historia es adaptación de una novela contemporánea, cuya autora y biografía se publicarán al final. Es la continuación de MI QUERIDO PRESIDENTE. La producción de este fics es una mera actividad recreativa, sin fines de lucro. - Advertencia: Lenguaje adulto.
Noticias del FBI
Isabella
—Sr. Presidente, el jefe del FBI, el Sr. Cox, quiere verlo lo antes posible. Lo encontraron.
La mirada de Ed cae sobre Jasper Hale como un hacha, exigiendo más.
—Tiene una presentación para ti —añade Jasper.
Una mezcla de temor, miedo, tristeza y el nudo de esperanza crece dentro de mí, cuando me doy cuenta de lo que esto significa.
—Oh Dios mío —digo. Jasper está hablando del asesino del Presidente Cullen.
Los ojos de Ed cambian; se llenan de un brillo feroz.
—Vamos. —De pie, marcha por el pasillo con Jasper y otros tres hombres, quienes le están poniendo al tanto de lo que está pasando.
Se detiene a mitad de camino hacia las escaleras, y luego recorta la distancia hasta mí. Me mira, leyendo en mis ojos lo importante que es para mí. Para todo el país. Lo que significará que la justicia resplandezca.
—Ven conmigo —dice.
Exhalo y asiento con entusiasmo, dando un paso a su lado mientras nos dirigimos a la Sala de Crisis.
Todo el mundo mira a medida que entramos. Ed ha pasado de mirar fijamente a la Habitación, a mirarme de una manera completamente intensa. Se detiene solo cuando todo el mundo empieza a saludarlo. Los saluda y me dice que me siente.
Bajan las luces, y luego se apagan.
La pared que tenemos frente a nosotros brilla, y aparece una imagen de un hombre con barba y cabello rubio claro.
—Su nombre es James Witherdale —dice Cox.
Ed aprieta la mandíbula.
—Continúa.
El dolor en mi corazón se convierte en un enfermo y fiero roedor, mientras escucho con atención. Ed se levanta y obtiene un café, y luego mira a la imagen, con el ceño fruncido duramente.
—Tiene cincuenta y tres años. Se busca por cargos de violación y abuso de drogas. Creció en el sistema.
El músculo en la parte posterior de la mandíbula de Ed se flexiona sin descanso mientras me envía una mirada que me dice que tenemos que solucionar ese sistema.
—Visto por última vez en Georgia.
Las imágenes comienzan a parpadear en la pared, revelando al hombre con diferentes peinados y colores de cabello. Vemos, en silencio. A veces los verdes ojos de Ed se encuentran con los míos, y se ven nítidos y metálicos, tan fríos como me siento.
—Sufre de paranoia y delirios. Al parecer, tenía algunos problemas con el Presidente Cullen. En principio le envió cartas elogiándolo por el buen trabajo que estaba haciendo. Afirmó ser capaz de ver el futuro… su asesinato. Las cartas se detuvieron durante años. Encontramos una carta no enviada detallando exactamente cómo moriría.
Tres disparos. Solo pudo conseguir dos antes de que el Servicio Secreto interviniera. Ha estado huyendo desde entonces.
Cox lo mira mientras Ed bebe su taza de café. Está en control, pero bajo la fachada, puedo sentir la confusión en torno a él. Le da una sombría y densa mirada a Cox, una mirada que podría causar que un hombre inferior corriera y se cubriera.
—¿Cómo podemos estar seguros de que es él? —Pregunta. Su voz fría.
—La segunda carta no enviada. Una confesión escrita, más como un regocijo documentado. Firmado.
El tormento que parpadea durante una fracción de segundo en los ojos de Ed apuñala mi pecho.
Este es el asesino de su padre. El hombre que se llevó la vida de Anthony Cullen y que ha estado libre todos estos años. Me enojo de solo pensarlo. Tan enojada como sé que Ed está, en el fondo. Su voz no muestra evidencia del tormento, o la ira sin embargo, incluso con ese rayo letal en sus ojos. Su rostro es una máscara de piedra cuando se encuentra mirando directamente a Cox.
—Sabes qué hacer.
Me lleva fuera de la Sala de Crisis con una mano pegada a la parte baja de la espalda, y cuando por fin estamos en su dormitorio, envuelvo mis brazos alrededor de él en un impulso, sintiendo que me empuja hacia él ferozmente.
—¿Crees que lo atrapen? —Le susurro.
—Mejor que lo hagan —sisea, mirándome con los ojos abiertos completamente, su rostro lleno de dolor. Agarro su rostro cuando él agarra el mío, besándonos como si nuestras vidas dependieran de ello, su beso sabe a dolor y esperanza, tristeza y realización.
Una hora después de que Ed fue informado, todos los agentes de las fuerzas del orden en el país han sido informados del caso y todo el mundo tiene una cara, una foto y el nombre del sospechoso. Se ganó el primer lugar en la lista de los más buscados del país y es considerado extremadamente volátil y peligroso.
Ed se reúne con su madre, y hablan más de una hora. Hizo que el FBI recuperara la bufanda del archivo de evidencias, y se la da a ella. Llora por mucho tiempo después.
Son las dos de la mañana para el momento en que nos vamos a la cama, Ed y ya está dormido, y Jake, a pesar de que le gusta dormir en la puerta de Ed y para protegerlo, parece darse cuenta de que algo pasa. Se mete a nuestra habitación, mientras estamos quitándonos la ropa y salta sobre la cama con nosotros, ladrando para llamar la atención de Edward.
Levanto el cobertor y se desliza en mi lado, acaricio las orejas de Jake mientras él se acuesta, cuando Ed se acerca. Deja caer, su musculoso cuerpo desnudo, en su lado de la cama y acaricia con la mano, el hocico de Jake, luego, mueve su mano para cubrir la mía. Levanto mi mirada hacia él, me mira, y siento la mirada en todos lados. Me dice todas las cosas que no está diciendo.
—Lo siento —exhalo, desenrosca mi otra mano para revelar que estoy llevando el botón de su padre. No he podido dejar de sostenerlo durante todo el día.
—Lo siento también —dice en tono áspero. Eso es todo lo que dice.
Deslizo mis manos alrededor de su cuello, presionando un beso en su garganta a medida que lo abrazo, Jake se acomoda con un largo suspiro entre nuestras piernas.
Cinco horas después, Ed se despierta con la noticia de que Witherdale fue capturado.
La cara del criminal está en la primera página de todos los periódicos del país.
América se regocija. Pero sabemos que esto abre la herida, la memoria fresca y dolorosa para Ed y su madre. Me dirijo con él y el pequeño Edy para el cementerio, tres docenas de rosas blancas en nuestras manos que fijamos en la tumba del presidente Anthony Cullen.
—Descansa en paz, papá —dice Ed, dejando sus rosas después que dejo las mías.
Golpea con los nudillos la lápida, y una lágrima se desliza por el rabillo del ojo.
El pequeño Edy sube, estableciendo su derecho en medio nuestro.
—Decansa en paz, abelo.
Golpea con sus nudillos como lo hizo su padre, y estoy medio sonriendo, medio sollozando.
Ed sonríe por la acción de Edy. Los ojos llenos de amor por su hijo mientras despeina su cabello, lo levanta, y nos dirigimos de nuevo a la caravana. Ed se ve tranquilo, en paz. La única que no puede contener las lágrimas por mi marido soy yo.
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Inconmensurable
Isabella
Está caída, las primarias para los principales partidos han comenzado con mucha pompa, y lo he visto en televisión curiosa acerca de cuál de los contendientes finales entre las múltiples opciones, ganará la nominación esta vez. Sé que el abuelo de Edward vino a tener una charla con él acerca de él presentándose como un demócrata o republicano esta vez.
—Respetuosamente decliné —dijo a la prensa cuando los rumores de la reunión comenzaron a circular.
Me pregunto cuando anunciará su intención de postularse para la reelección.
—¿Por qué todos quieren ser papá?
—¿Hmm?
Miro al pequeño Edy, el niño de dos años más adorable que puedas conocer, con una cabeza de pelo rubio cobrizo, una sonrisa llena de dientes y una actitud de Daniel el travieso.
—Todos quieren ser presidentes.
Frunce el ceño amenazadoramente.
—Sí, porque el presidente llega a hacer las llamadas importantes —le digo mientras caminamos hacia afuera, a los jardines.
—Quiero que mi papá sea presidente —afirma simplemente.
—Sí, es el presidente.
—No quiero irme de casa. —Su voz se quiebra, y le acaricio la parte superior de su cabeza. ¿Ha oído hablar a alguien?
—El hogar es donde estamos todos juntos, no importa dónde sea —le aseguro.
Pero las palabras de mi hijo me persiguen todo el día. Pienso en lo que sería empezar de nuevo. Una parte de mí se sentiría aliviada por poder tener un poco más de privacidad, pero una parte de mí, no está lista para salir de esto todavía, y estoy segura de que mi esposo está demasiado motivado, demasiado dedicado y demasiado apasionado por su trabajo para estar listo para dejarlo.
Además, esta casa ha sido nuestra casa durante tres años.
Conozco muy bien al jefe de la casa, he organizado fiestas de cumpleaños para él y fui al bautizo de su hijo. Sé que maneja a más de cien empleados, cuida de Ed y de mis horarios, maneja todo eficientemente, y es el jefe del personal y se encarga de todas las operaciones diarias. Se asegura de que nuestras vidas funcionen sin problemas, y así lo hacen.
También estoy encariñada con el chef, que es como la Jessa con la que crecí, amando hacernos nuestros pasteles y cenas favoritas cuando tenemos ocasiones especiales. Es quien sabe, de alguna manera, cuando Ed ha tenido un día difícil y hace un plato particularmente sabroso para traer una sonrisa a su cara. Y me mima en todos los almuerzos de mi hijo.
Me encanta Laurent y todo su estrés sobre las noticias y sobre la implacable prensa.
Incluso el Servicio Secreto. Todo lo ve, todo lo sabe, con los labios apretados, nunca compartiendo información, siempre no sólo protegiéndonos físicamente, sino asegurando que nuestras vidas privadas son tan privadas como posiblemente puedan ser.
Cada habitación en la que estoy tiene un significado. Tiene una historia. Tiene una presencia.
La presidencia no es sólo una agenda política, o mantenernos firmes contra los opositores. Se trata de mantenernos juntos, orgullosos y seguros. Cuidadosos y motivados. No se trata solamente de proteger nuestros derechos y libertades, sino de dar ejemplo e inspiración, eso es lo que hizo a Estados Unidos lo que es hoy. No puedo imaginar a nadie haciendo un mejor trabajo que mi Ed Cullen.
Esa noche, después de cenar en el viejo comedor familiar, el pequeño Edy le pregunta a su padre por qué está dejando que todos esos hombres se presenten a la presidencia.
—Porque es su derecho. Es uno de los derechos más sagrados de nuestro país. Nuestra libertad —explica mientras nos retiramos a la habitación oval amarilla.
El pequeño Edy frunce el ceño con confusión mientras escucha, después declara simplemente—: Quiero que seas presidente.
Ed se ríe, arrastrando una mano sobre su cara cuando nuestro pequeño y se va corriendo a jugar con sus juguetes y Jake va detrás de él.
—Lo voy a acostar —me dice su niñera, Anna, mientras corre tras él.
Ed me mira entonces, sirviéndose un trago después de la cena y trayéndome uno también.
—He estado pensando en ello. Por años, parece. —Me mira mientras toma asiento frente al mío—. He estado obsesivamente contando.
Mira su copa y luego a mí.
—Cuántos días he podido estar aquí para ti, cuántos días no lo he hecho. Es una llamada difícil —admite, con una sonrisa torcida y triste—. El día en que nació nuestro hijo ...
—No había manera de que te hubiera dejado estar conmigo —lo interrumpo rápidamente.
Parece divertido, pero se abstiene de sonreír.
—No es la única vez. En tu veinticinco cumpleaños...
—El aeropuerto estaba cerrado debido a una ventisca. ¿Cómo se suponía que ibas a aterrizar? Todo eso no estaba bajo tu control —le aseguro.
Él exhala, luego me mira con curiosidad, calculadoramente, riendo suavemente.
—Isabella, escúchame.
—Estoy escuchando y no tienes razón.
—Nena —dice, con más severidad ahora—. Tenemos que discutir de cómo te sientes acerca de la presentación de mi candidatura. Y necesito que seas honesta conmigo, honesta de maneras en que mi madre nunca fue con mi padre.
Él está completamente sombrío ahora, mirándome entre sus fruncidas cejas.
Me dolió el pecho un poco porque incluso tuviera que preguntarlo. Nunca he querido que se sintiera preocupado por nuestro abandono. La verdad es que siempre va más allá.
—¿Estabas pensando en no presentarte?
—No voy a presentarme si es un problema para mi familia. Sabes que me encanta estar aquí, Isabella. Estoy impulsado a hacer lo que hago. —Me da una sonrisa que pone mi pulso loco—. Pero los amo más que a nada.
Estoy tan enamorada de este hombre que a veces duele sólo por eso.
Sé que Ed nunca ha querido perderse algunas cosas importantes que desafortunadamente a veces tenía que perderse. Sé que se ha esforzado más de lo que cualquier hombre podría para hacer que nuestro hijo se sienta amado, apoyado y protegido.
—Ambos hemos recorrido un largo camino —digo mientras ambos nos sentamos, mirándonos durante un rato—, y me doy cuenta en este momento de lo mucho que ambos hemos luchado lentamente en nuestras guerras para que esto funcione. Nunca pensé que podría vivir esta vida, llegar a estas alturas contigo, y sin embargo aquí estoy. No estoy nada mal. —Le sonrío, y se ríe suavemente con sus ojos brillantes—. Y tú... tú tienes que saber que has demostrado ser más que capaz de ser un presidente y el mejor marido y padre que podríamos pedir —agrego, sin molestarme en ocultar la admiración en mi voz.
—No quiero que sientas que te estoy poniendo a ti y a Edy en segundo lugar — dice, escrutando mi cara de cerca, como si buscara la respuesta—. Si por alguna razón se te ha pasado por la cabeza, quiero que sepas que te elegiré, a ambos y acabaré con esto ahora mismo.
—¡No! ¡No puedes! —Protesto.
Me desplazo hacia adelante, frunciendo el ceño hacia él mientras dejo mi vaso a un lado, reflejando su posición.
Inhalo apasionadamente, luego exhalo y frunzo el ceño.
—Aunque soy sólo una ciudadana entre millones, he tenido el honor de conocer de primera mano lo que aportas a la mesa. Integridad. Honestidad.
Trato de no emocionarme, pero de repente, poner en contexto todo lo que ha hecho durante casi cuatro años lo hace difícil.
—Sé en mi corazón que ningún otro candidato ofrecerá esto, tú traes esto... O no como tú. Eres nuestro. De todos. Te tengo para siempre, pero como ciudadana te tendría como presidente por sólo cuatro años más. Haz que cuenten. Mi corazón es tuyo y mi voto es tuyo. No me niegues todo lo que tienes que dar, o cuatro años más de tener esto...
Honor... De estar a tu lado mientras estás haciendo lo que debes hacer. —Y añadí—: Por favor.
Él sonríe cuando termino sin aliento después de mis súplicas.
Poco a poco deja su vaso a un lado y se pone de pie. Comienza a caminar alrededor de la mesa, luego me pone sobre mis pies mientras aprieta su mandíbula, me agarra por la parte posterior de la cabeza y me besa. Largamente y con lengua.
—Gracias. Te quiero. Ya lo sabes. —Suelta feroz, su frente contra la mía, con los ojos sosteniendo los míos deliciosamente cautivos.
—Sí —digo, los dedos de los pies se curvan de la forma en que lo hacen cada vez que me mira así—. Pero todavía no estoy segura de cuánto. Inconmensurablemente, has dicho. ¿Qué significa eso?
Sus ojos rastrean cada centímetro de mi rostro. —Significa que no hay sistema métrico, ninguna medida, no hay principio ni fin.
Estoy completamente sin aliento, y él sonríe, notando que estoy jadeando, y me besa de nuevo, larga y lentamente.
—Eso es mucho —dice con voz ronca contra mi boca, acariciando mi trasero.
Nos dirigimos al dormitorio Lincoln, donde él marca un número a través de las líneas seguras de la Casa Blanca.
—Carlisle —dice y me mira con una sonrisa, hace clic en el botón para poner la llamada en el altavoz—. Te necesito a ti y a Crowley.
—Te dije el estado de mi corazón para fastidiarte. Que no iba a morir pronto porque estaba jodidamente esperando esta llamada.
Puedo oír la sonrisa en la voz de Carlisle, y Ed y yo sonreímos.
—Está hecho entonces —le digo a Ed cuando cuelga. Me siento mareada—. No hay manera de que nadie tenga una oportunidad.
Él se encoge de hombros y se prepara para la cama, desabrochando su camisa. — Nunca se sabe. Hombres mejores han fallado.
—Sí, pero los grandes países están encabezados por las mejores personas, y no hay muchos como tú —expreso mientras arranco mis pendientes de diamantes.
Cuando me deslizo desnuda bajo las sábanas con él, casi jadeo ante el calor de su carne al tocar la mía.
—¿Estás lista para ponerte en marcha, esposa? —Pregunta, inclinándose sobre mí, mirándome mientras coloca mi pelo detrás de mi oreja.
—Tal vez. —Sonrío, luego decido burlarme de él con mi lema favorito de su última campaña. Nacido para esto—. Por lo tanto, tal vez haya nacido para ello.
—No, cariño —me asegura rápidamente—. Tú naciste para mí.
Y su boca se traga cualquier protesta que podría haber pronunciado. La cual, de hecho, no habría sido ninguna.
Edward
Estoy en racha, y ni siquiera son las diez de la mañana.
Después de mi rueda de prensa diaria, escucho lo que todos están haciendo alrededor del mundo y tras unas cuantas llamadas, me encuentro en la sala de prensa.
Estoy sintiéndolo. El orgullo, la anticipación, y la adrenalina ya corriendo por mis venas, mi intención, el deseo y determinación de mantener mi asiento y continuar sirviendo y alimentando cada palabra.
—Debo admitir —digo mirando a todos en la sala de prensa—, que ser presidente es un trabajo duro. Noches sin dormir, decisiones difíciles, incluso mirar sus caras todos los días —comento, burlándome de la prensa un poco más por su total obsesión conmigo y con mi esposa—. Gente, no es un trabajo para tomarse a la ligera. —Silbo, sacudiendo mi cabeza mientras ríen—. He sabido eso desde que mi padre asumió el cargo. Hizo mella en nuestra familia. He tratado de dejar que hiciera el menor daño posible a la mía. Porque, como ven…
Hago una pausa, mirando a los periodistas a los ojos.
—Si no construyo un mañana mejor para esta familia que tanto amo, para este país que tanto amo, ¿entonces quién lo hará? Si no garantizo y lucho por su seguridad, sus derechos, ¿quién lo hará? Si niego a mis ciudadanos cada uno de mis esfuerzos, se lo niego a mi familia también. Yo no quiero fallarles a ninguno de ustedes. Este trabajo duro me ha enseñado cómo ser más fuerte, cómo ser más inteligente, y cómo ser un diplomático, pero nunca se hace más fácil. Por otra parte, no me gustaría fácil. ¿Dónde estaría la diversión en eso?
Esto se encontró con más risas.
—Gracias por estos cuatro años. Por creer en mí. Si me lo permiten, y la ciudadanía lo desea, hagamos que sean ocho. Estoy anunciando formalmente mi intención… —Mis ojos se reúnen con Isabella, y quiero besar tanto la sonrisa que lleva en este momento— , a la reelección, y seguir siendo honrado como el Presidente de los Estados Unidos de América.
Ellos no lo pudieron dejar y van por una vuelta más. Llenos de amor y patriotismo.
Gracias por acompañar la adaptación, hermanitas. Gracias por los rev y vamos por el final.
Saludos de La Querida hermana.
