La voz de mi corazón
Capítulo 20
Por Lu de Andrew
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"Juntos"
OoOoOoO
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Candy solo veía a Elroy acercarse hacia ella, muy en el fondo esperaba contar con su apoyo. Pero también supo en su corazón, que con su apoyo o sin él, su decisión no cambiaría. Llegó hasta ella y le tomó de la mano con firmeza.
-Haz lo que creas que es más conveniente para tu bienestar y el de tu matrimonio, Candice. Ustedes, Archivald, William y tú, siempre serán lo primero para mí. – Le dijo viéndola a los ojos. Caminando hacia la puerta, solo se escuchó decirle a Alice: - Ven a despedirte cuando regreses a Londres.
-¡Elroy! – le gritó indignada Alice. Pensaba que Elroy pondría a esa chiquilla tonta en su lugar. Lo cierto era que nunca le cayó bien, la veía muy poca cosa para ser la esposa de alguien tan importante como William. Comprendiendo que su prima no haría nada por detener a Candy. Recuperando su pose altiva, se enfrentó a Candy. – Muy bien, niña –dijo despectivamente – dime lo que quieras.
Candy sintió que se le crispaban los nervios al escuchar el apodo. Pero no le iba a demostrar cuanto lo odiaba. Mostró una serenidad que ni ella sentía.
-Bien. Pues, en realidad creo que ya te dije lo que quiero. No hay nada oculto en ello. Te he aguantado todo este tiempo porque pensé que era lo más sensato, y porque definitivamente no me encontraba con el ánimo para lidiar contigo al verme sometida a todo tipo de vilipendios de tu parte.
-No te voy a suplicar que me permitas la entrada a esta casa, aunque eso solo puede provenir de parte de William o de Elroy, que en realidad son los que llevan el apellido.
-Ah, ¿quieres hablar de apellidos? Muy bien. Te recuerdo que soy Candice Andrew, un apellido que llevo desde mi más tierna infancia. Todo lo contrario a ti que, a pesar de que puedes rastrear a tus antepasados hasta los orígenes de la creación, en ninguna línea aparece tu parentesco con mi familia.
-¿Cómo te atreves?
-Es la verdad. Si te acogimos en esta casa, fue por el cariño que tía Elroy siente por ti, porque absolutamente nadie cree que seas parte de la familia.
-Mi difunto esposo… - iba a continuar Alice sintiéndose muy ofendida.
-Ya nada importa. La verdad no peca, pero incomoda, Alice. Y en realidad, me viene guango lo que quieras decir. Te pido por favor que salgas de mi casa y no regreses.
-Muy bien, me iré, pero eso no significa que tenga que salir del país. ¿Quién te crees? ¿La policía?
-No, tienes razón. Puedes hacer con vida lo que te venga en gana siempre y cuando sea lejos de mi casa y mi familia.
-¡Habrase visto! ¡Correrme a mí, Alice MacDonald! Es inconcebible. Muy bien, Candice Andrew, se hará como tú digas, no tengo necesidad de seguirte escuchando. No volverás a vernos ni a mí, ni a mi hija.
-Oh, pero Millicent puede venir cuando ella deseé, después de todo es una buena amiga.
La cara de Alice se puso tan roja que Candy pensó que iba a reventar como un tomate hervido. Se echó a reír solo de imaginarse la escena. Alice, pensando que se reía de ella, salió de prisa y hasta pudo oír el sonido de la puerta azotándose. Suspirando, se dejó caer sobre el sofá más cercano, de pronto le vino un cansancio extremo. Era de esperarse pues tenía mucho que no trepaba árboles.
-Espero que la señora de la casa se esté poniendo presentable – escuchó decir a Ethan que, evidentemente ya había entrado a la casa. O tal vez nunca se fue, y escuchó todo. De él podía esperar cualquier cosa. – Le puedes informar, pequeño mozo, que todavía sigo aquí.
Candy sintió enrojecer. Bueno, era claro que su indumentaria no era apropiada para la señora de la casa.
-Sabes muy bien que soy yo, Ethan. No te hagas el gracioso.
-Perdóname, Candy, es que debo decir que te ves completamente diferente. – El joven sonrió con insolencia. Candy pudo ver porqué lo encontraban las mujeres atractivo parado ahí, recargado en el quicio de la puerta con actitud indolente y las manos metidas en las bolsas del pantalón. Sí, era muy atractivo, aunque no más de lo atractivo, guapo, seductor, y todos los sinónimos habidos y por haber con los que pudiera calificar a Albert.
-Candy necesitamos…
Albert entró a la sala en ese mismo instante. Al oírlo, Candy dio un respingo y se puso de pie, como si hubiera entrado la hermana Grey. Lo cierto era que Albert se había dado prisa por despedir a los hombres inoportunos que le habían ido a ver, por eso entró con demasiado ímpetu a la habitación, solo que no recordaba la presencia de Ethan en la casa y supo que sus planes de arreglar todo con Candy, se tenían que posponer.
-Ethan, discúlpame, no sabía que esos hombres vendrían – dijo Albert dirigiéndose al invitado.
-No te preocupes, William, es evidente que necesitaban hablar contigo.
-Sí, dijeron que era urgente, pero, no lo era en realidad. Al menos nada tan urgente que no pueda esperar al lunes. ¿Pasamos a mi despacho? Ahí tengo los papeles que necesitas revisar.
-Claro que sí. Nos vemos pronto Candy – dijo Ethan a modo de despedida. Candy seguía de pie como una estatua viendo el intercambio entre su esposo e Ethan.
-¿No te quedas a cenar? No te preocupes, en seguida subiré a cambiarme y ya no pareceré mozo.
-No gracias. Esta noche tengo un…compromiso. No puedo dejar esperando a la dama.
-Tienes razón. – Candy recordó lo que le dijo Annie respecto a él y Hillary. Sintió una punzada de enojo. No sabía la razón por la que Hillary se había alejado de él, pero no dejó de sentirse indignada en su nombre –. Albert, si te desocupas y estoy en una llamada telefónica me temo decirte que no me esperes a cenar.
Esa aseveración dejó mudo y sorprendido a Albert.
-¿No? – Fue todo lo que dijo, tan desconcertado que estaba.
-No. Lo siento. Es que estaré hablando con Hillary, estaremos hablando de los preparativos de su fiesta de compromiso. ¡Está tan cerca su boda! – Dijo como si nada. Y tan feliz que parecía que la que se casaría sería ella. – Si me disculpan caballeros…
Salió de la sala decididamente sin dejar de notar el cambio de expresión en la cara de Ethan.
En realidad, a Ethan se le borró la sonrisa del rostro tan solo escuchar el nombre de Hillary. Dos meses atrás, después de la pelea que tuvieron, él regresó temprano a casa. No había llegado más lejos que unos simples besos y caricias ardientes con Francine Rogers. No pudieron hacer nada más debido a que él se hallaba pensando demasiado en Hillary. Cuando regresó a su casa, el mayordomo le dijo que ella había regresado, según informes de la cocinera, pero que solo duró unos cuantos minutos en la biblioteca y había salido sin mirar atrás. Él se dio cuenta que ella había visto la nota, supo que estaría más molesta con él, pero qué se le podía hacer. Solo le quedaría esperar a que le bajara el coraje. Solo que los días se convirtieron en semanas, solo hizo un intento por hablarle, pero ella, inmediatamente después de verlo, le cerró la puerta en su cara.
Su temperamento no se hizo esperar y decidió en ese instante que no le rogaría su compañía. Si ella decidía dejarlo sin darle una explicación, era su problema. A él le sobraban mujeres. Fue así como se vio envuelto en una vida llena de decadencia, donde no faltaba "vino, mujeres y canto", en realidad, era la primera vez que visitaba una casa decente y estaba sobrio por más de doce horas.
Albert lo guió hasta su despacho y empezó a tratar el asunto que los ocupaba, ajeno a los pensamientos tormentosos de su visitante. Y tratando de no pensar demasiado en Candy, firmaron los papeles necesarios para hacerse socios en varios negocios por demás lucrativos. Una vez que terminaron, Albert esperaba con ansias que se fuera, deseaba subir corriendo y por fin, hablar con ella. Por eso le sorprendió la pregunta de Ethan.
-¿Todavía está en pie la invitación a cenar? – debió haber hecho una mueca por la afirmación que le siguió –. Oh, comprendo, me estoy imponiendo, ¿verdad?
-¿Qué? No, solo me sorprendió un poco. Tenías mucha prisa por reunirte con cierta dama, si no entendí mal – decía Albert mientras servía Whisky y llamaba al mayordomo.
-Ordene el señor.
-Walter, informe a las señoras que el señor Campbell siempre sí se queda a cenar.
-Sí, señor.
-Y, ¿van a ir a la boda? – Nuevamente, la pregunta descolocó a Albert. Ethan estaba actuando más raro de lo normal.
-¿Boda? ¿Qué boda?
-La de Hillary.
-¡Oh! Esa boda – Albert caminó hasta el sillón donde Ethan permanecía sentado, tratando de hacer tiempo. No sabía nada más de esa boda de lo que sabía Ethan, pero por lo que vio, y conociendo a su esposa, ella sabía algo y lo que dijo fue para solo fue para plantar la duda. Y lo consiguió, dada la insistencia de su acompañante –. En realidad, temo decirte que no sé gran cosa, ya ves que la que está al tanto de todo es Candy. ¿Quieres avisar a tu cita que llegarás tarde?
-No.
-¿No?
-No.
-Estabas tan impaciente. No te sientas en la obligación de quedarte, yo mismo puedo disculparte con Candy.
-No, muchas gracias. Me apetece comer acompañado de buena compañía.
-¿Sabes con quién se va a casar?
-¿Quién? ¿Hillary? – Afortunadamente la llegada de Candy le salvó de contestar algo que no sabía.
-Pues, sí. – contestó el joven.
-Podemos seguir la conversación en el comedor, ¿qué les parece? La cena ya está lista.
Candy tomó el brazo de su esposo y le dedicó una hermosa sonrisa. Él se la devolvió y salieron del lugar. Con toda la calma del mundo se reunieron con Elroy en el comedor y dispusieron los alimentos. Candy y Elroy platicaban de cosas sin trascendencia, Albert las escuchaba con deleite. La mujer que estaba a su lado, era la antigua Candy y eso le agradaba en gran manera. Pero Ethan, se sentía que iba a reventar. Quería sonsacar información a Candy acerca de la boda de Hillary, pero no sabía cómo hacerlo sin ser tan evidente.
-¿Hillary se va a casar? – Vaya, por fin habían sacado el tema, pensó Ethan cuando Elroy reaccionó a lo que Candy platicaba.
-Sí. Precisamente hoy fue a la modista, o mejor dicho a la tienda de Annie para adquirir el vestido para su fiesta de compromiso.
-¿Y con quien se casa? – preguntó Ethan.
-Con su antiguo prometido.
-¡Con ese hombre! –exclamó Elroy sabedora del porqué la chica no se había casado con él en el pasado.
-Créame tía, yo pensé lo mismo, pero al parecer ella tuvo problemas con el odioso prestamista a quien le debía dinero, y Víctor, creo que es su nombre; fue el único que le ayudó. En los próximos días me pondré en contacto con ella para ver en qué le podemos ayudar. ¿Qué opina usted, tía?
-Me parece muy bien. Ella ha resultado ser una excelente muchacha y podemos…
A partir de ahí, la plática, al menos para Ethan, decayó tanto que se despidió abruptamente y abandonó la mansión Andrew dejando a todos boquiabiertos. Una vez que terminaron la cena, pasaron al salón, Elroy monopolizó la plática con Candy. Quería que le platicara todo lo relacionado con lo sucedido con Alice. Albert dándose por vencido, y muy cansado después de no dormir la noche anterior, se sentía exhausto así que decidió irse a dormir.
-Pues me duele que ella haya reaccionado así, pero no la voy a poner por encima de mi familia. Creo que, si me lo permites, dormiré esta noche aquí. No tengo ánimos de lidiar con ella - dijo Elroy después de lo que le dijera Candy.
-Y se le ve muy cansada. Por mí no hay problema, tía. Sabe muy bien que esta sigue siendo su casa.
-Gracias. Ahora vayamos a dormir, hija, tienes razón estoy cansada – subieron juntas hacia sus habitaciones. Una vez en la recamara de Elroy, Candy despidió a su doncella y le ayudó a desvestirse y meterla en la cama.
-Tía, ¿cómo fue su visita al médico?
-Ese doctor me tiene harta, me tiene a base de ensaladas, tu vigilabas mi alimentación, pero no eras tan estricta. Lo cierto es, hija, que…extraño a mi doctora.
Lo dijo con tal emoción y cariño en su voz, que Candy sintió enormes ganas de llorar. Abrazó a Elroy y ella le devolvió el abrazo.
-Tiene razón. He abandonado a mis pacientes durante demasiado tiempo. Le prometo que en los próximos días me pondré al corriente y ya no tendrá que soportar las ensaladas.
-Bien.
-Bueno, tía, la dejo. Que descanse – arropó con tierno cariño a la tía y se dispuso a irse.
-Candy – la llamó.
-Sí tía.
-A Elisa se le hace muy difícil que un doctor la revise. Me refiero específicamente a un hombre, yo sé, ese doctor amigo tuyo es bueno, pero, la última vez que hablé con ella, me dijo que se sentía un poco incómoda con él, y no por algo que hiciera diferente a ti. Imagínate hasta me dijo que extrañaba ya tus visitas.
Eso hizo sonreír a Candy. Pero algo en su interior aún se revolvía ante la perspectiva de ver a Elisa y su embarazo avanzado. Aunque ya había empezado a hacer planes para regresar a la práctica, no tenía intenciones de ir al hogar de Pony, solo para eludir a Elisa. Pero ante la mirada suplicante de Elroy ella no supo cómo negarle lo que estaba pidiendo.
-Voy a hablar con Albert para ver cuándo podemos ir juntos al hogar de Pony, tía. No se preocupe, será pronto.
Una vez que se despidió de ella, Candy salió a su habitación. Elroy se sentía complacida, al parecer, la Candy espontánea y desparpajada de siempre, había regresado. Y, por lo que dijo, ella esperaba que también se arreglaran las cosas con Albert. Y sonrió satisfecha, a pesar de la dolorosa pérdida del bebé, ya era hora de que llenaran la casa de niños traviesos que terminarían sacándola de quicio. Recordó a Anthony, Stear y Archie, cuando eran pequeños, esos chiquillos también le sacaron algunas canas con sus travesuras. Pero sospechaba que los hijos de William y Candy le sacarían canas verdes.
Candy fue a la habitación que ocupaba ella sola. Se vistió y se puso la lencería que Annie le había aconsejado que comprara, "para volver loco a Albert" le había dicho. La moda parisina no solo era atrevida, sino que mostraba la valentía, y fuerza de la mujer; sin dejar de lado la feminidad. Era una confección artesanal e individualizada que hacía que Candy se sintiera segura de sí misma.
Todo estaba tranquilo en la casa, así que ella se arriesgó a salir como estaba vestida, si alguien la veía así le daría un ataque al corazón. Llevaba ropa interior de seda y un salto de cama que no le cubría mucho, así que se apresuró y entró a la habitación en un instante.
-¡Candy! – la llamó Albert que a pesar de estar cansado no podía dormir. Estaba leyendo un libro de zoología. Cerró el libro y se puso de pie, acercándose a ella –. ¿Qué pasa? ¿Estás bien?
Ella negó con la cabeza, sus nervios la habían dejado sin habla. Albert la vio muy pálida, y tal fue su preocupación que ni tomó en cuenta la vestimenta de su esposa. La tomó en brazos y la colocó con sumo cuidado en la cama.
-¿Qué tienes? Por Dios, Candy me estás asustando – Ella vio la evidente preocupación de su esposo y sintió que las lágrimas caer de sus ojos.
-Fue mi culpa que perdiéramos al bebé – comenzó a llorar y se refugió en el amplio pecho de Albert. Él la acogió entre sus brazos y la sentó en su regazo, mientras le acariciaba el pelo y trataba de consolarla.
-No lo fue Candy.
-Sí lo fue, ese día en vez de ir a la clínica, debería haberme cuidado más. Me sentía un poco extraña y no le di importancia. Si yo me hubiera cuidado, no habríamos perdido al bebé. Y no conforme, me convertí en una loca, tratando de ser alguien que no soy. Porque quería ser la mujer que te mereces. Cuando me negué a regresar a dormir aquí no fue porque no quisiera estar cerca de ti, sino porque me da terror no poder concebir –. Él dejó que se desahogara sintiendo que su corazón sufría por su amada.
-Quiero que me escuches bien, Candy – dijo cuando la vio más tranquila –. Tú no tienes la culpa de nada. Escuchaste al doctor que te atendió y estoy seguro que también lo sabes puesto que eres doctora. Lamentablemente, eso nos sucedió, pero, sabes bien que un aborto espontaneo es el tipo más común de pérdida del embarazo porque el feto no se desarrolla normalmente. Tu no hiciste nada para que pasara algo.
-Pero…
-Dime, por favor, ¿a cuántas mujeres en la misma situación les has explicado lo mismo cuando las has atendido? Contéstame.
-A muchas.
-Y, ¿se los has dicho solo para tranquilizarlas y ocultarles su culpabilidad?
-¡Por supuesto que no! Yo nunca haría algo así.
-Entonces, ¿porque no crees que no tuviste la culpa de nada?
-Es que me siento tan triste…
-También nos dijeron que era normal que dolor físico y emocional, creo que ya pasaste el físico. Pero no has superado la tristeza y la aflicción. Y no lo harás si no lo hacemos juntos, si no te apoyas en mi cada que te sientas triste, que ya no soportes más y tengas que llorar. Yo lloraré contigo si es necesario, porque a mí también me dolió la pérdida del bebé. Pero también me dolió verte en esa cama, inconsciente, demacrada, sin ver el brillo de esos ojos esmeraldas que me dan calma cada vez que los miro. Sentía que me moría solo de pensar que podría perderte. Y estos dos últimos meses fueron un suplicio, estabas conmigo, pero no lo estabas. Yo no quiero a una mujer digna de mi rango, quiero una mujer que me complemente y que sepa cómo trepar un árbol para compartir un atardecer con ella. O cómo lazar con destreza una cuerda, o ayudar a alguien a quien apenas conoce y hasta vivir con él para no dejarlo solo mientras recupera la memoria. ¿Conoces a alguien así? – Ella asintió y sin ninguna delicadeza se sorbió la nariz. Albert sintió infinita ternura al verla así. La amaba más que a nada.
-Soy yo – dijo quedamente.
- Y no te cambiaría por todo el oro del mundo – la sostuvo unos instantes así, antes de que sintiera los labios de Candy en la comisura de los labios.
-Te amo. Perdóname, por favor.
-No hay nada que perdonar. Solo prométeme que no te alejarás otra vez de mí. Te prometo que siempre estaré para ti, aunque yo esté en el trabajo, dejaré todo y… - Ella le cubrió la boca con la mano.
-Albert ahora ya me siento mejor. ¿Cómo no lo haría si tengo al mejor hombre del mundo por esposo? Tu eres lo que siempre soñé, solo con saber cuánto me amas sé que no puedo pedirle más a la vida. Y cuando te necesite, te prometo que te lo diré.
-Eso espero. ¡Ah! Y otra cosa, deja de pensar en que no podrás darme hijos. Quiero que te quede bien claro esto, en dado caso que no podamos concebir un hijo, será problema de los dos, no nos vamos a poner a pensar en quién puede estar fallando. Y, en el extraño caso que eso suceda, creo que conocemos un buen lugar para poder adoptar cuántos hijos deseemos, ¿no es así?
-Sí, tienes razón – Pero ella ya no pensaba en eso –. Y Albert…
-¿Sí?
-Ahora te necesito…
-Corazón, aquí me tienes. ¿Necesitas tomar algo? Dímelo – Candy se abstuvo de entornar los ojos. ¿Acaso no comprendía lo que quería?
-Albert, mírame – le tomó el rostro con ambas manos –. ¿Ya viste lo que traigo puesto?
Albert recorrió el cuerpo de su mujer con la vista y por fin comprendió lo que deseaba su esposa: a él. Su postura y semblante cambió inmediatamente, porque él también la deseaba. El ambiente se tornó eléctrico, su mirada y sonrisa se tornaron seductoras. ¡Cuánto había extrañado Candy esa faceta de él!
Ella le acarició con un dedo el labio inferior. Él lo mordió ligeramente y se acercó a su boca. Le dio un beso lento, saboreándola con extrema delicadeza y lentitud. Fue besándola desde la boca, hasta el cuello donde le latía su pulso. Olía a rosas y a mujer. Fue apartando el salto de cama para poder acariciar su cuerpo cubierto con seda que, en nada se comparaba con la suavidad de su piel. Ella comenzó a desabrocharle la camisa que fue a parar al suelo, le besó el pecho, el cuello, antes de besarlo en la boca.
Sin más preámbulos Albert la dejó en la cama y se unió a ella. Sus corazones latían al unísono y la inminente unión de eterno amor y sus cuerpos no se hizo esperar…
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-Tía Elroy me pidió que fuera a ver a Elisa. Al parecer no se siente cómoda cuando la atiende el doctor Martin – Ella descansaba sobre el pecho de Albert, escuchando el latido tranquilizante de su corazón. Él acariciaba con pereza la espalda de ella, sonriendo con satisfacción.
-¿Y lo quieres hacer?
-Creo que sí. No pude negarme a ello. Creo que entre más pronto lo haga, mejor. Así lo superaré más rápido, ¿no crees? – Después de su entrega, habían estado hablando con más tranquilidad de todo lo que había sucedido, ella le había contado su reticencia por volver a ver a Elisa.
-Creo que debes hacerlo cuando te sientas preparada, sin dejarte influenciar.
-Es que solo lo podré hacer si voy contigo. Y estuve pensando que todavía tienes un par de días libres. Si salimos de madrugada hacia el hogar de Pony podremos llegar a tiempo para el desayuno y disfrutar de unos días de la naturaleza.
-Me parece bien.
Candy volvió el rostro para ver que su esposo estaba más dormido que despierto. Pobrecito, le había dicho que la pasada noche no concilió el sueño. Era normal que se durmiera así. Se acurrucó contra él y por fin, después de dos horribles meses, pudo dormir con tranquilidad entre los fuertes brazos del hombre al que amaba. Sabía que en ese lugar, nada le pasaría.
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CONTINUARÁ...
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Qué tal? Bien, fueron 303 reviews y se los agradezco mucho. Aquí está el capítulo prometido. Quiero que sepan que no escribo solo para recibir RW y que no condiciono las actualizaciones a la cantidad de comentarios que espero tener. Creo que lo que más le alegra y motiva a uno es que te dejen un comentario que salga de ustedes y no porque si no lo hacen no hay historia.
En esta ocasión sí lo hice, obviamente, y solo fue para alentarme a mi y forzarme a escribir. En realidad, creo que nunca lo había hecho, ¿O sí? jajajajajajajaja, ya no me acuerdo el punto es que no crean que no aprecio sus comentarios, o el tiempo que me han esperado. Creo yo que, al decirles que si llegábamos a 300 subía un cap no fue ofensivo o desconsiderado.
Por eso siempre les doy las gracias por TODO su apoyo. Y, como dije, haré todo lo posible por seguir actualizando lo más pronto posible. Hay quien sí sabe la situación por la que he estado pasando desde la muerte de mi mamá. No solo me toca reponerme de ella, sino que saben muy bien que me he visto muy enferma, tanto que hasta he pasado por el quirófano, y otras tantas cosas. No crean que es fácil sentarse y escribir a lo loco. A mi me gusta transmitir sentimientos y emociones no solo darles algo para leer y así no tengan queja. Y, creo que ustedes en alguna ocasión también han tenido dificultades que ni siquiera sienten deseo de levantarse de la cama en todo el día, menos aún, cumplir con sus obligaciones y sentarse frente a un ordenador y escribir algo que no sienten. Créanme, eso de: se me fue la inspiración, es muy cierto.
En fin, ya les dejé mi testamento, una disculpa. Solo que también les pido un poco de su comprensión. Yo las estimo y valoro, a cada una de ustedes, las que dejan RW y a mi queridas calladitas.
Espero disfruten este capítulo. Empezaré, primero Dios, Lo que queda de mí, así que aguanten con este un poquito.
Las quiero y un abrazo del tamaño de Texas...
