"Señora Ishigami". Era la primera mujer descendiente en la aldea desde que esta se fundó en tener un apellido. Por supuesto que no la llamaban así, ella seguía siendo sólo "Kohaku", excepto para su esposo, que encontró muy divertido provocarla con esa forma de llamarla. No era como "leona", el apodo al cual ya se había acostumbrado, aunque por mucho tiempo lo había odiado, sino que este resonaba de una forma especial. Los primeros días de recién casados, aunque en realidad no cambiara en nada su relación salvo por el hecho de que eran reconocidos por todos como una pareja y no tenían que disimular más, Senku se entretuvo mucho bromeando con ella. Lo más curioso es que casi nunca la llamaba por el nombre, salvo cuando le decía algo con mucha seriedad, como para remarcar que era algo mucho más importante. El apodo de "leona" lo usaba casi todo el tiempo, como siempre, pero llamarla por su nuevo apellido era sinónimo de coqueteo.

Kohaku no terminaba de entender por qué sucedía eso, pero bastaba que él pronuncie esas dos palabras con una sonrisa y un tono de voz más suave para que ya estén con las manos encima uno del otro. No se iba a quejar, eso les daba momentos muy excitantes, pero ya se había convertido un código secreto entre ellos. Y lo más divertido era cuando lo usaban en público, ya que no podían hacer nada, pero sus miradas lo decían todo, al menos entre ellos. Tampoco entendía por qué se había generado esa dinámica tan fogosa entre ellos, parecida a cuando empezaron a ser novios, pero no iba a quejarse, había pocas cosas más disfrutables en su vida que hacer el amor con Senku.

Los aldeanos no tenían ninguna costumbre particular luego de una boda, seguían sus vidas como siempre, a excepción que la pareja casada comenzaba a convivir, y se les hacía algunas ofrendas de comida o regalos artesanales. Pero los del mundo moderno insistían en que Senku y Kohaku se fueran a una "luna de miel", generando un poco de confusión hasta que tuvieron que explicar el término un día que estaban todos reunidos con Kokuyo y algunos aldeanos.

- ¿Luna de miel? ¿Eso es otra de las sabrosas comidas de ustedes? ¿Se dedican un día a comer miel? –preguntó Kokuyo confuso.

- No, no tiene nada que ver con comida. –Aclaró Gen, suspirando.

- ¿Y entonces por qué la llaman así? ¿Es algo dulce?

- No…bueno, depende cómo se vea –se oyó a Ryusui toser, que más bien era para disimular una risa, y Senku trató de ocultar él mismo una sonrisa.

- Vamos chico, dilo de una vez, nos están confundiendo.

- Como decirlo… los esposos se toman unos días a solas, van de vacaciones, es decir, se van de viaje a algún lado.

- ¿De viaje? ¿A hacer qué? –le parecía sospechoso que más de uno mire al piso sonriendo.

- Mmmm…–decir "copular como conejos" no era algo que Kokuyo querría escuchar– a disfrutar tiempo a solas y descansar, lo cual no vendría mal por el ajetreo que tuvieron los últimos días. Senku-chan y Kohaku-chan trabajan siempre muy duro, se merecen un regalo como ese.

- Entiendo. Bueno, me parece bien. Puedo encargarme de la aldea en su ausencia, si están de acuerdo. Ya sé lo que piensa Senku al respecto, pero no me molestaría si vuelven con la noticia de un nieto en camino.

- ¡Papá! –Kohaku le gritó escandalizada, mientras se sonrojaba totalmente.

- No pasará, diez billones por ciento seguro –murmuró Senku irritado.

- ¿Qué te sucede, Kohaku? Son una pareja casada, y ya son adultos, no hay de qué avergonzarse. Al contrario, nada me pondría más orgulloso y feliz que tener en mis brazos un hijo tuyo y del líder de la aldea. Esa suele ser la idea de la noche de bodas, ¿cierto? Espero que Senku haya hecho bien su trabajo.

- ¿Mi… "trabajo"? –dijo horrorizado.

- Una vez que empiecen a consumar su matrimonio, será inevitable que quedes embarazada, Kohaku, es así la vida, la naturaleza.

- En realidad no, gracias a la ciencia tenemos una forma de que eso no suceda, o que se reduzca significativamente la posibilidad al menos.

- ¿Cómo dices? Sé que hay una forma de evitarlo, aunque eso no complacería a los dioses, pero no es algo que se haga con ciencia.

- Entonces es hora que les presente a los condones. De hecho, lo venía pensando hace un tiempo, pero si lo hacía antes podía peligrar mi vida, en tus manos. Esperen un momento.

- Senku-chan… ¿de verdad crees que es un buen momento ahora para eso?

- No veo el problema, no hay mucho más que hablar de lo otro, será decisión de Kohaku y mía en todo caso, dónde y cuándo lo haremos.

Senku se dio media vuelta y se fue, volviendo unos minutos más tarde con un paquetito en las manos. Les indicó que se acerquen en especial los hombres, y sin una pizca de vergüenza comenzó a explicarles lo que era el condón en detalle, dando indicaciones de cómo usarlo. Los hombres miraban tan sorprendidos como atentos, mientras que algunas de las mujeres presentes estaban rojas como tomates, pero igualmente escuchaban curiosas.

- Ya veo, es un invento interesante. Pero no encuentro el motivo por el que lo usarían, aquí cuando alguien se casa, es para formar una familia, no para evitarla.

- Lo sé, pero de esta forma también pueden tener la elección de si quieren tener hijos o no, y cuándo hacerlo, en el caso de que hubiere circunstancias complicadas por las cuales no fuese aconsejables concebir a un niño en ese momento, y sin privar por eso las actividades íntimas de la pareja…como es nuestro caso.

Ante esa última frase, Kohaku se escandalizó aún más, pero no llegó a protestar porque tanto su padre como su esposo la miraron con idéntica cara de "no hagas una escena ridícula de esto".

- En el caso de que haya interesados en usarlos, me piden a mí o a ellos dos –señaló a Gen y Ryusui– aunque no tenemos muchos y su conservación no es prolongada, por lo que tendrán que ayudar a hacerlos y eventualmente a buscar más material. En fin, si no hay nada más que hablar, me voy.

Como nadie parecía tener nada más que agregar, Senku hizo lo que dijo y se fue. Aunque en ningún momento participó para decir que estaba de acuerdo con la idea de la luna de miel, ciertamente la agradecía en el fondo. Recordó esos pocos días que pasó con Kohaku en el lugar donde recolectaban el látex, y había sido la mejor semana de sus vidas. Ahora que su relación y su amor se había profundizado más, sabía que sería aún mejor. ¿Pero dónde ir? No era como si fuese recomendable ir muy lejos, y a él no se le daban bien las caminatas largas y extenuantes, además que no tenía idea de manejar ya que siempre le confió eso a Gen o a Ryusui. Lo bueno era que estaban en primavera, a principios del mes de abril, así que el clima podía ser favorable y dar lugar a paisajes bastante pintorescos. De hecho, pensó en una imagen que le encantaría mostrarle a Kohaku, pero tenía que consultar en el mapa para ver dónde podría localizarse eso que estaba pensando, así que fue al laboratorio a buscarlo. Y no estaría de más pedirle ayuda a Chrome, él conocía la zona mejor que nadie, y lo había acompañado en su viaje con el globo aerostático, seguro ese fanático de la exploración recordaba cada milímetro de lo que habían descubierto. Iba a buscarlo a su choza, cuando vio que todavía un grupo de sus amigos seguía reunido y hablando, así que se acercó a ellos. Ukyo inmediatamente dio vuelta la cabeza cuando escuchó sus pasos, y fue un poco sospechoso que todos bajaran la voz al instante, pero decidió ignorarlo.

- Chrome, ven conmigo un momento. Necesito tu ayuda con algo.

- ¿Vamos a hacer algún nuevo invento científico?

- No, sólo necesito de tu experiencia con… –más de uno lo miró de reojo, así que se guardó la información– algo que se te da bien.

Fueron al laboratorio a agarrar el mapa, y ahí Senku le contó su plan. Chrome se quedó pensativo, con una mano bajo su barbilla y los ojos entrecerrando, evidentemente esforzándose por hacer memoria por ubicar lo que el científico le describía. Finalmente sonrió y apoyó su dedo en una parte del mapa. Afortunadamente no quedaba muy lejos de donde estaban, quizás en un par de horas caminando llegarían bien, y la geografía del lugar era prometedora. Pero iba a mantenerlo en secreto para Kohaku, y le pidió al castaño que no le dijera nada.

Claro, Chrome no le dijo nada a su amiga, pero Senku no había sido específico en que no podía decirle nada a los demás. Antes de que el científico lo llamase, estaba planeando con los demás la idea de hacer alguna sorpresa para el viaje, ya que Ryusui estaba indignado de que pasen su luna de miel en bolsas de dormir. No podían darse muchos lujos en el mundo de piedra, pero con un poco de organización, tenían una idea para darles mayor comodidad a los recién casados. La información de la ubicación elegida les vino al pelo, aunque lo disimularon completamente. Durante los próximos días, se turnaron para escaparse de a pares, dejando rastros en el camino que sólo ellos podían identificar, e incluso le habían comentado la idea a Kokuyo, quien aceptó colaborar, para que le pida a Senku que ese viaje lo posponga para la próxima semana, si no le era molestia. El científico tampoco era tonto, se había dado cuenta del patrón de ciertas ausencias sospechosas e infundadas, pero sabía que por más que preguntara, nadie le iba a querer decir, así que los dejó hacer.

Una semana después, Senku y Kohaku estaban en su choza, y ya habían prepararon un pequeño bolsón con alimentos, además de una bolsa de dormir grande como para dos personas, que Yuzuriha misma les había regalado sin que pidan nada, y se dispusieron para partir.

- Senku, ¿a dónde vamos a ir?

- Es una sorpresa, leona. No te preocupes, tengo algo en mente, y estoy seguro que te va a gustar.

- Confío en ti. Lo único que me preocupa es si de pronto se pone malo el tiempo y nos agarra una tormenta en el medio, eso sería un poco problemático.

- No haré comentarios al respecto, mi suerte es inversamente proporcional a mis predicciones. Pero Ryusui dijo, con su "intuición de marinero", de que no siente un aumento de humedad en el aire, ni un cambio de viento, por lo que tenemos buenas probabilidades de que eso no pase.

- Me pareció oír mi nombre en el aire –el capitán apareció junto a ellos, con una sonrisa tan amplia como preocupante–, y vine a ofrecerles mi ayuda.

- No veo en qué la necesitaríamos, tenemos todo listo. Y esto es un viaje de dos, no de tres.

- Tengo otra idea al respecto, y ya vas a ver cómo la agradecerás, síganme.

Senku ya iba a negarse, pero Kohaku se adelantó y lo arrastró de la mano, siguiendo a Ryusui. Caminaron unos metros, hasta que el marinero se detuvo justo al lado del coche, señalándoles con la mano que se suban.

- No, diez billones por ciento seguro. Ya planeé el lugar al que vamos a ir, no me interesa un cambio de rumbo.

- ¿Y quién dijo que iba a haberlo? –Le guiñó un ojo

- Ya veo…así que Chrome abrió su boca. Bueno, era de esperarse, ya me parecía que estaban tramando algo desde que propusieron la luna de miel.

- ¿Qué tiene de malo? Es nuestro regalo de bodas. Ya verán, quedarán encantados, ¡vamos, suban!

Afortunadamente, el viaje de varias horas se redujo a una sola, y de pronto en el medio del camino Ryusui frenó y les hizo bajar del coche junto a él. Pidiéndoles que lo siguieran, hicieron un corto trayecto a pie, subiendo por una pequeña montaña arbolada hasta toparse una tela blanca enorme, atada entre dos altos árboles, casi como si fuera un telón de un escenario, que bloqueaba el camino. Mientras disfrutaba las caras de curiosidad y sorpresa de los dos, desenredó una larga cuerda que estaba atada a uno de los árboles, para tirar así del nudo que la sostenía tirante. Al caer, se develó ante ellos algo que los hizo quedar boquiabiertos: En la cima de la montaña se veía una pequeña pero preciosa choza de madera y paja, adornada con colgantes de flores silvestres. Pero si cabía aún más sorpresa en ellos, eso lo hizo la mágica vista que tenían delante. La choza tenía su entrada apuntando a un larguísimo río que descendía de otra montaña cercana, pero eso no era todo, sino que en la dirección opuesta, uno o dos kilómetros más lejos, se veía un "mar" rosado. O eso parecía, hasta que se escuchó a Kohaku ahogar un jadeo de emoción, claramente su aguda vista se había percatado del detalle.

- Senku...¡Son…son flores, son árboles! Oh dioses, es hermoso, jamás había visto algo así antes..

- Ah, ya veo –sonrió finalmente, aliviado de que al final sus amigos habían hecho eso todo acorde a su plan– Sí, son árboles de cerezo, leona. Esa era una de mis sorpresas, aunque a decir verdad se me había ocurrido que acampáramos justo debajo de ellos. Pero nada mal, Ryusui, diez billones de puntos para ti y los demás, la vista es absurdamente buena, y tenemos resguardo para la noche mejor que una fogata y una bolsa de dormir.

- Sabíamos que les gustaría –chasqueó los dedos, junto a una de sus radiantes sonrisas de pura confianza– Y seamos sinceros, esto es mucho más cómodo y romántico para disfrutar de una buena luna de miel, ¿a que sí?

- Es hermoso, agradéceles a todos de nuestra parte Ryusui, seguro les tomó mucho trabajo hacerlo, son muy buenos amigos.

- Yo quiero sólo lo mejor, para mí y para los demás. Y eso incluye hacer siempre sonreír a una bella mujer. Los dejo entonces, disfruten su estadía, ahora es responsabilidad de ustedes hacer de esto unos días inolvidables.

Los saludó con la mano mientras se giraba y se iba, dejándolos solos contemplando el paisaje unos minutos más. Luego entraron a la pequeña choza, y se encontraron con que tenía hasta un colchón dentro. Y en un rincón, incluso había unas baterías conectadas a un par de lamparitas.

- ¿Cómo y en qué momento trajeron todo esto sin que los viéramos? –preguntó Kohaku incrédula.

- Realmente pensaron en todo, qué considerados. Nada mal, nada mal.

- ¿Vamos, Senku?

- ¿A dónde, leona? Acabamos de llegar y ya te quieres ir. Sabes que tenemos cuatro días por delante todavía, ¿no?

- Es que no aguanto esperar para ver esos árboles.

- Qué ansiosa, señora Ishigami –colocó sus manos en la fina cintura de ella, acercándolos– Si hubiera sabido que unas flores te iban a interesar más que tu esposo, me hubiera replanteado traerte aquí para nuestra luna de miel.

- Y ahora el ansioso es usted, señor Ishigami –ella lo provocó de vuelta, acariciándole el cuello con un solo dedo– También tenemos cuatro días por delante para eso, o no alcanzarán los condones, y eso sería un problema.

- ¿Qué te piensas que estuve haciendo estos últimos días? No se acabarán, créeme –Atrajo sus caderas contra las de él, disfrutando del juego que estaban empezando.

- Mejor entonces, pero ahora no –se escurrió de sus manos, recibiendo una mirada llena de reproche de Senku por haberle cortado el juego– Estamos en un lugar nuevo y demasiado hermoso, quiero recorrerlo primero.

- Y yo quería recorrerte a ti –le sonrió con picardía, pero Kohaku rodó los ojos y no dio intenciones de cambiar de opinión, así que desistió– Pero parece que otro tipo de naturaleza llamó tu interés, leona. Vamos entonces.

Aunque estaba desilusionado porque sus intentos de seducción fracasaron miserablemente, otra parte de él se consoló de que en verdad le había gustado el lugar que habían elegido. Vació el bolso, sólo para llevar un poco de agua y alimento por si se quedaban un largo rato allí, y salieron. Algo al costado de la choza llamó la atención de Senku, y se acercó para mirar lo que era, encontrándose con una tabla grande pero liviana de madera con forma de deslizador. "Estos chicos piensan en todo, diez billones de puntos para ellos", pensó, y la tomó. Kohaku lo miró con intriga cuando lo vio sentarse en el piso sobre la tabla, palmeando detrás de él para que ella se siente ahí.

- ¿Qué estás haciendo?

- ¿No es evidente? Vamos a ganar tiempo y bajar con esto.

- Eso puede terminar muy mal, Senku, el camino puede tener piedras o cosas en el medio.

- No perdemos nada con intentarlo, y confío en que, si salgo volando, tú me agarrarás, ¿verdad? Puedes echar una mirada con tu vista ridículamente fina para elegir el sendero más cómodo.

- ¡Ja! Por supuesto. Y pensar que hicimos algo como esto cuando recién nos conocimos, aunque era más sofisticado.

- De aquí es más fácil tirarse rodando si algo sale mal. Todavía me duele al recordar el golpazo que me di. En fin, empújame y súbete cuando estemos en movimiento, pero no te entusiasmes con tu fuerza o de verdad vamos a estrellarnos.

Por suerte les salió bien el descenso, incluso más divertido de lo que esperaban, ya que la excelente visión de Kohaku les aseguró un camino bastante liso y limpio, lo cual aumentó mucho más la velocidad, y ambos sonreían como niños ante la adrenalina. Y a medida que el terreno se nivelaba, y con apoyar los pies fuera de la tabla, lograron frenar de a poco y sin accidentes. Dejaron la tabla apoyada al pie de un gran árbol que sería fácil de recordar, y todavía tenían que caminar al menos un kilómetro más. A medida que se acercaban, Kohaku abría más y más los ojos, ya que podía ver cómo empezaban a aparecer en el camino algunos de esos preciosos árboles de flores rosadas, tan delicadas, hasta que el cielo prácticamente desapareció encima de ellos, y sólo podían ver miles y miles de esas bellísimas flores que los rodeaban. Kohaku iba por delante, pero de pronto se frenó, y Senku detrás de ella. Se imaginó que iba a estar sorprendida, pero no esperaba ver que empezara a temblar ligeramente. Se adelantó hasta ponerse a la par de ella, y ahí fue cuando vio que unas lágrimas silenciosas recorrían su cara. Ella lo miró con una sonrisa tensa, y se lanzó a abrazarlo con mucha fuerza, haciendo que caiga el bolso que colgaba de su hombro.

- Senku…esto es lo más hermoso que vi en mi vida, no entiendo por qué estoy llorando, pero no puedo evitarlo.

- Tranquila, te entiendo leona. ¿Nunca los habías visto entonces?

- No, y no puedo creer lo que me perdía. Me encantaría traer un día aquí a mi familia, y a todos. ¿Podemos hacerlo?

- Claro, podemos hacer una versión mejorada del gorila a vapor. Pero tendría que ser pronto, ésta es la época en que las flores empiezan a caer. Antes de la petrificación, este árbol era muy simbólico para Japón, "Sakura" es su nombre. Ya que las flores son tan delicadas y no duran mucho tiempo, tienen su significado en el carácter efímero de la vida, su fragilidad, y antiguamente también era valorada por los samuráis como una representación de su propia vida sacrificada.

- Oh, es un poco triste.

- Puede ser, pero creo que es más reflexivo que triste. De hecho… por estas fechas había una celebración en todo el país, llamada "Hanami", y se reunía gente de todos lados a los lugares donde florecían estos árboles, especialmente se hacían reuniones familiares o de amigos, como quieres hacer tú. Lo hacían por el fascinante paisaje, claro, pero también a modo de reflexión, sobre la belleza, el renacimiento…y sobre disfrutar el presente y no postergar las cosas que son importantes para uno, porque no sabemos lo que pasará a continuación, y no querríamos vivir con lamentos de no haber hecho algo –Le tomó la mano y entrelazó los dedos con los de ella– Así como hicimos nosotros.

- Senku…

- ¿Ves? Ya me puse reflexivo, es casi absurdo lo rápido que lo logran. Kohaku…–suavizó su voz, su mirada, aunque no podía evitarlo al ver a su hermosa leona rodeada además de tanta belleza, le presionaba el corazón, pero de una forma agradable. La rodeó con su brazo libre– Ya sé, todos…y eso te incluye, pensaron que fue muy rápido e inesperado esto de casarnos, y más viniendo de mí. Pero la verdad es que no tenía ninguna duda de que quería esto para mi vida, y me tranquiliza saber que sientes lo mismo. Podrán pasar muchas cosas de aquí en adelante, y quizás más de una sea difícil y peligrosa, pero me siento más fuerte al saber que estoy contigo, que tengo a alguien a quien quiero proteger, y por quien quiero vivir. No voy a decir que daría la vida por ti, o que moriría por ti, pero por el simple hecho de que no pienso rendirme ni morir, haré lo que está a mi alcance y más para que podamos vivir toda nuestra vida juntos, ese es el tipo de fuerza que me das. Y además sé que te pondrías ridículamente triste si algo malo me pasara, y lo último que quiero en la vida es hacerte llorar, no pienso volverlo a hacer, nunca más.

- Creo que es posible que me muera yo antes que tú, pero de ternura –se adelantó para besarlo amorosamente en los labios, y lo abrazó, acariciando su espalda– Cuando pienso que ya no puedes llenarme más de felicidad y de amor, siempre encuentras la forma de hacerlo un poco más. Y a veces siento que soy yo la que no puede devolverte lo mismo…pero sabes que me siento exactamente igual a ti, aunque no encuentre esas palabras tan bonitas como tú. Aunque sí creo que eres más sabio…según entendí, eres un muy inteligente viejo de 3.720 años, en el cuerpo de un apuesto joven. Sabes…no es el lugar, pero en este momento quisiera demostrarle cuánto te amo, desde una expresión más física, señor Ishigami.

- Oooh, diez billones de puntos para ti por la iniciativa, qué excitante ¿Quién dijo que no es el lugar? Ni que fuera un templo religioso.

- No lo digo de esa forma pervertida que imaginas. Sólo…

- Lo sé, estaba bromeando. Bueno, tal vez no, pero de todas formas estoy bien con lo que quieras hacer. Y para que veas que estaba preparado, mira lo que traje. –La soltó para inclinarse sobre el bolso, y sacó una manta, que extendió sobre el suelo– Mi idea era pasar el día acá, y quedarnos a comer, así que pensé que sería más cómodo si traía esto.

- Siempre preparado, se te está pegando el estilo competente de Françoise.

Senku se sentó sobre la manta, cruzando sus piernas, y le hizo el gesto a Kohaku para que se siente en el hueco de su regazo, lo cual hizo con gusto. Ella se acomodó de costado, y no perdió un segundo para colgarse del cuello de su esposo y besarlo. Aunque claro que no iban a durar mucho así, porque en un momento ella tiró de él con más pasión y se terminaron inclinando tanto que fueron a parar directamente contra la manta, aunque eso no los detuvo ni un segundo. Pero unos minutos después, cuando inevitablemente estaba levantando temperatura entre ellos a pesar de la simple intención dulce y romántica, corrió una ventisca. No los hubiera interrumpido, pero Kohaku sintió que algo suave rozaba su piel y le dio cosquillas, y tuvo que interrumpir el beso. Pero lo que vio la hizo soltar tal jadeo de sorpresa que sobresaltó a Senku: Cientos de pétalos volaban por el aire, caían de los árboles, y aterrizaban lentamente sobre ellos y en la tierra. Ahora sí se encontraban envueltos en ese mar rosa claro, provocando otra oleada de emoción en la rubia.

- Y eso, leona, es la imagen más soñada para cualquiera que ve estos árboles. Así de delicados son, que una vez florecidos, en su máxima expresión de belleza…se separan del árbol y mueren. Pero dejando de lado la explicación tétrica, es una vista fascinante, si tienes la suerte que corra un viento como el de recién –Le sacó sólo uno del pelo, y sonrió– Te los quitaría de encima, pero en este momento estás demasiado hermosa como para eso, me hizo acordar a la corona de flores que traías puesta en nuestra boda. Así que déjame disfrutar un poco de la vista.

- Otra vez siendo imposiblemente dulce, ahora entiendo por qué se llama "luna de miel", lo estás representando perfectamente. Tú también los tienes por todo el pelo, y tampoco te los sacaría.

- ¿Y te imaginas cuánto mejor nos veríamos si nos revolcáramos entre ellos? –sí, tenía una gran facilidad para pasar del plan romántico al sexual, pero no podía evitarlo.

A pesar de la broma, Kohaku estaba tan encantada con todo que no pudo encontrar más objeciones esta vez, y de verdad sería hermoso e inolvidable para ambos compartir su amor plenamente en un lugar como ese, y así lo hicieron.

Los próximos tres días los pasaron relajadamente, demasiado quizás para lo que estaban acostumbrados, ya que por primera vez en varios años no tenían trabajos que hacer. Aunque siempre disfrutaron las tareas científicas, era verdad que también terminaban agotados, pero a pesar de eso ambos extrañaban un poco el estar ocupados. La tarde del último día, ya no sabían qué más hacer, de todo lo que habían recorrido, además de las interminables sesiones de amor que habían disfrutado juntos. A pesar de todos esos buenos momentos, ambos tenían una cara de nostalgia muy evidente, y cada vez se quedaban más tiempo mirando el horizonte, pensativos. Mientras miraban el bello atardecer, que combinaba mágicamente los colores del lado del río, así como por el otro con los árboles de cerezo, Kohaku le puso voz a esos pensamientos.

- Disfruté mucho este viaje, de verdad, pero no puedo evitar alegrarme por volver. Extraño entrenar, ver a mi familia, ayudar en tus locos y agotadores proyectos… ¿extrañas mucho la ciencia, no es así, Senku?

- Diez billones por ciento seguro, leona. Confieso que no pude apartar mi mente ni un día de eso, y parece que tú tampoco. Vamos a volver tan insoportables que nos querrán mandar de viaje nuevamente.

Se quedaron contemplando el paisaje un poco más, Senku recostando su cabeza en el regazo de Kohaku. Sería su última oportunidad, al menos hasta que decidieran volver, tal vez con el resto de la familia y los demás tal como había sugerido ella, así que querían grabar esa preciosa imagen en sus mentes. Cuando se hizo de noche, se levantaron para meterse en la choza, ya que allá arriba comenzaba a refrescar bastante para ese momento, y no habían traído abrigo, más allá de cubrirse con las mantas. Pero apenas la rubia entró en la choza, sintió un aire cálido contra su cuello. No, no era aire realmente, era el aliento de Senku contra su cuello. Sin embargo, fue sólo su aliento, ya que no había ninguna otra parte de él que estuviera en contacto con ella, y por varios segundos no sintió nada más que eso…lo cual igualmente la había atrapado inesperadamente. Pronto esa respiración que le provocaba cosquillas se transformó finalmente en suaves besos, pero eran el único punto de contacto entre ambos. Inconscientemente ella se echó para atrás, necesitando sentir más de él. Pero le dio la sensación que Senku se alejaba, porque nunca se encontró con su cuerpo. ¿Así que quería jugar con ella, la última noche?

No dijo nada, y le siguió el juego, quería ver lo que tenía en mente, ya que nunca había hecho algo como eso antes. Pronto esos ligerísimos besos que recorrían su cuello desde atrás se fueron haciendo más intensos, robándole más de un suspiro, pero lo que realmente la estaba volviendo loca era no poder sentir otra cosa que esos besos, era como si ese mínimo contacto potenciara las sensaciones que le generaban. Pero de pronto paró, volviendo sólo a esa respiración cálida y provocadora, y cuando ella iba no pudo controlar más su ansiedad y se iba a dar vuelta, jadeó al sentir el roce de la entrepierna de Senku contra el trasero de ella. Pensó que se ya había dejado de jugar con ella y finalmente iba a ir en serio, pero nuevamente lo único que sintió fue ese contacto, sólo ahí. ¿Qué demonios pretendía? No era como si ella pudiera controlarse mucho, eso ya era claramente un avance sexual. Pero quizás él estaba buscando eso, que ella le ruegue por más. Bueno, dos podían jugar ese juego, y ella no iba a ceder tan fácil. Justo cuando ella se dispuso a aguantarse las provocaciones para que sea él quien se canse de jugar, él le levantó la parte baja del vestido hasta subírselo a la cintura, dejándola parcialmente desnuda, y muy sorprendida.

- ¿Q-Qué haces?

- Estaba pensando que nos venimos tomando todo el tiempo del mundo últimamente, y en este momento más bien estaba pensando en algo más rápido y concreto, ¿no te parece?

Pero tampoco la dejó contestar, porque con cierta brusquedad le giró la cabeza con una mano para besarla profundamente, mientras ahora sí pegaba todo su cuerpo a ella, una actitud diametralmente opuesta a la que había tenido segundos antes. Por supuesto que eso la calentó al instante, y más porque la otra mano de él comenzaba a concentrarse en los puntos más sensibles de su cuerpo, y la acariciaba y estimulaba de una forma que a esa altura ya denotaba que lo conocía a la perfección. El estar de pie era otra situación novedosa y muy excitante para ambos, y a pesar de las innumerables veces que habían estado juntos, siempre terminaban recostados de una forma u otra, pero parecía que esta vez Senku no pretendía que se apoyen en ninguna otra superficie esta vez, ni siquiera contra la pared.

Kohaku no sabía qué le había pasado por la cabeza a Senku para que de pronto se vuelva así de urgido, ya que ni siquiera se estaba tomando la molestia de desvestirse completamente, ni él ni a ella. Eso era la necesidad salvaje en estado puro, nada de dulces caricias ni besos amorosos, y sin embargo la estaban excitando más allá de lo que creía posible, en apenas unos segundos. El único momento de respiro que él le dio, fue cuando la soltó un minuto, seguramente para buscar un condón y acomodarse su ropa para que no interfiera, en el cual ella no se atrevió ni a dar un paso o darse vuelta. Cuando el científico volvió, se le volvió a pegar completamente a su espalda, abrazándola por delante justo debajo de sus pechos para retenerla contra él, y no perdió un segundo para comenzar a frotar sus sexos, haciéndolos gemir a los dos. Kohaku se estremeció de placer cuando, sin aviso previo, entró en ella, y si bien él tuvo la consideración de moverse lentamente al principio para no incomodarla, apenas la sintió la relajarse aumentó el ritmo sin piedad.

Eso no era hacer el amor, eso era, como él lo había llamado una vez hace mucho tiempo, sexo, y una forma bastante intensa y salvaje, pero le estaba encantando. A pesar de que lo que más disfrutaba en sus momentos de intimidad con él era esa dedicación y el recorrer mutuamente sus cuerpos con cariño, esto era completamente distinto y aun así no pasaba por su mente la idea de pedirle que baje de intensidad, más bien lo contrario, quería pedirle mucho más, y demasiado rápido e inesperadamente estaba comenzando a sentir en su interior esa particular sensación de que parecía tener dentro un volcán a punto de hacer erupción. Clavó sus uñas en los brazos de él tanto que le dejó unas marcas, pero a ninguno le importaba en ese momento, lo único que ambos buscaban era la pronta liberación que sus cuerpos rogaban.

Pero tan concentrados estaban en eso que ninguno se percató cuando, en el momento de mayor intensidad y clímax para ambos, el primitivo condón no resistió y se rajó con un finísimo CRACK que ningún oído humano podría llegar a oír en esas condiciones.

Buenaaas! Ay ay ay….que la ciencia primitiva no resiste tanta pasión, señoras y señores. Pasa con los más sofisticados de la modernidad, ¿no iba a pasar con unos artesanales? Jajaja

Bueno, espero que lo hayan disfrutado! Estos días estoy tapada de trabajo y estudio, así que aprovecho para decirles que lamentablemente esta semana no creo alcanzar a escribir la actualización de "Juntos"…me voy a guardar el tiempo para el AU "No es ciencia, es amor", que parece que es el segundo favorito últimamente. Gracias por sus hermoooooosos comentarios del capítulo anterior, me llevó un tiempo de investigación y creatividad personal, pero siento que valió la pena! Hasta el próximo capítulo! Amo sus reviews y comentarios, quiero más jajajaja xD