Una semana había pasado desde que el Dragón Negro, emprendió su viaje hacía la isla de Valtandhers. Estaban, literalmente, en el medio de la nada. Todo había sido tranquilo y sin complicaciones. El ambiente entre los integrantes de la tripulación, era igual que siempre, pero al menos, no había discusiones y malos tratos como antes.
-¡Gia!-
Pudo oírse por todo el navío, el gritó de un furioso cazador. Mientras su hermana, corría por la cubierta como alma desamparada a punto de ser asesinada.
-¿¡Qué fue lo que le hiciste esta vez!?-
Preguntó su amiga, cuando ella se escondió detrás, en búsqueda de refugio en el camarote de la vidente.
-Silencio... Están cazandome- miró alrededor buscando un sitio donde esconderse -¡Aja! ¡El baúl!- lo abrió con fuerza -¡Gracias al cielo esta vacío!- susurró para si misma y se metió dentro -Yo no estoy aquí-
Hizo la seña de silencio a las tres jóvenes presentes en el lugar y cerró la tapa.
-Esta muerta-
Acotó desinteresada, leyendo un libro sobre la cama, la hechicera de la luna.
-No creo que sea tan grave como para que se esconda allí- dijo la dueña de la habitación y pensó un momento acariciando al pequeño dragón en sus pierna -Si, esta pérdida...no haría eso sino fuera grave-
Un golpe se sintió tras la puerta y la alquimista, se acercó a abrir.
-¿Si?-
Preguntó haciéndose la tonta y aguantando las ganas de reír delante de ese hombre, que se encontraba furico, al estar cubierto de pintura de los pies a la cabeza.
-¿¡Dónde esta!?- exigió.
-¿Quién?-
Cuestionó entrecerrando los ojos con el mismo tono anterior.
-No te hagas la tonta conmigo, Eyra- la apuntó con su dedo -Te amo, pero me fastidia como el infierno, que mi hermana y tu, sean cómplices en esto-
Se señaló completo y ella se mordió el labio para no reír.
-¿Me amas?-
Cuestionó fingiendo ilusión, para hacerle perder el tiempo y que siguiera su búsqueda en otro sitio.
-Si y mucho- respondió sonriendo y con la guardia baja, hasta que se dió cuenta de su juego -Eyra, eso no importa ahora ¿Dónde esta Gia?- una risa sofocada salió del baúl que había en la habitación -Ahí estás - ingresó al camarote, velozmente -¡Aja!- gritó al destaparlo y encontrar a su hermana dentro, rezando a quien sea, para que salvará su vida -¡Ahora verás!-
Tiró de ella y la cargó sobre su hombro, como si fuera una pluma.
-¡No! ¡Björn! ¡No!-
Gritó presa del pánico, cuando él la saco del camarote con la alquimista y las demás detrás.
-¡Pídeme perdón!- exigió divertido.
-¡Nunca! ¡Te lo merecías, por lo que le hiciste a Amador!- exclamó igual que él.
-¡Él empezó! ¡Me mordió en la nariz mientras dormía!- reclamó con el ceño fruncido -¡Y no conforme con eso... Me quemó la mejilla!-
-¡No tienes vergüenza!- reclamó indignada -¡Golpear a un bebé por querer salir al baño!-
-¡Es tu maldito familiar animal! ¡No sé que rayos hacía durmiendo conmigo!- se acercó a la borda -¿Unas últimas palabras?-
Mencionó sarcástico. Ella, imaginando la intensión de su hermano, no le quedó otra, que pedir perdón hasta la humillación.
-¡No, por favor! ¡Hermanito! ¡Perdóname! ¡Por favor!-
Rogaba con toda su alma, mientras el resto de la tripulación, los miraban divertidos. Exceptuando, tres personas, que observaban preocupados la escena. Sobre todo, el vigía del barco, que era un hechicero de mirada azul.
-¡Muy tarde!-
La arrojó por la borda sin ningún tipo de reparo o consideración, mientras ella gritaba en la caía.
-¡Ivette!-
Gritó histérica su prima, apuntó de tirarse tras ella, pero Dante, la detuvo.
-¡Idiota!- él empujó con violencia, sosteniendo a su novia de la cintura -¡No sabe nadar!-
Él quedó en shock ante las palabras de su amigo, su hermana, sí sabía nadar. Cuando reaccionó de lo que había hecho, intentó tirarse, pero el hechicero que estaba en la cofa, se arrojó desde allí directo al agua.
-¡Ivette!- gritó al salir del agua, mirando alrededor -¡Ahora si! ¡Juro que te mataré, cazador!- lo apuntó furioso -¡Ivette!- volvió a sumergirse -¡Chicos! ¡No esta aquí!-
Estaba como loco, ella no se encontraba en el agua. Una estridente risa, se sintió en la proa del barco, voltearon hacía allí y quedaron estáticos. Parado en ese mismo lugar, había un sujeto encapuchado, riendo como maniático con la cazadora desmayada en sus brazos. Ella se encontraba empapada, ya que agua escurria de su cabello.
El hermano de ella, despertó su espada acercándose a él y el hechicero, se transportó hasta la cubierta, más furioso que antes. Ambos estaban dispuestos a matarlo si no la soltaba.
-¡No me interesa saber quién eres tu! ¡Pero quiero a mi hermana!-
Exclamó acercándose, lentamente, al sujeto.
-¡Devuelvela!- advirtió con sus manos saliendo chispas -¡Maldito nigromante!-
-También es un placer volver a verte, Seth- ironizó y miró a la chica inconsciente en sus brazos -Siempre me pareció tan hermosa- mordió sus labios con lascivia -Nunca imaginé, que ella sería parte de la destrucción de mi amo-
-¡Callate!- exclamó el cazador dando un paso más -¡Te mataré si le haces algo-
El nigromante rió sarcástico.
-No me hagas reír- respondió en el mismo tono -Tan sólo, quiero llevarla con mi amo y que la haga mi esclava-
El hechicero, temblaba de rabia. Ese maldito, iba a lastimarla y no podía hacer nada, sin ponerla en peligro. No sabía que hacer, era la segunda vez que ella estaba en una situación así. Dió un paso, al igual que el cazador, pero el grito de su amiga, lo desconcentro. Detrás de ella, se encontraba la Drag Mata, sometiéndola, con una espada en su garganta.
-¡Sueltame! ¡Bruja desgraciada!-
Exclamó hiperventilando y suplicando con la mirada a los dos hombres de su vida, que no hicieran nada, ya que tenían sus manos en alto. La mujer, mientras tanto, sonría con sorna y malicia, mirandolos.
-Vaya, Dante... Siempre tan apuesto y caballeroso como siempre- mencionó burlona. Ella tenía una gran cicatriz en el rostro, producto de una antigua quemadura -No es la primera vez que me apuntas con tu mano-
-Silencio- mencionó el vidente, calmado, para no caer en pánico -Te voy a dar tres segundos para que sueltes a mi hermana- advirtió -A menos que quieras salir volando por el aire-
-Inténtalo, vidente- tiró del cabello de ella -Y la cabeza de tu hermanita, rodará por la borda-
Apretó más la espada en la garganta de la chica, que chilló de impresión, despertando a la cazadora en los brazos del nigromante.
-¿Qué es lo que quieren? ¿Y cómo llegaron aquí?-
Cuestionó el alquimista, igual de tranquilo que el hombre junto a él.
-Eso a ti no, te importa. Pero llegamos aquí, al igual que ustedes- respondió con desprecio -Y en cuanto a lo que queremos, creo que lo sabes- miró al pequeño dragón en el hombro del cazador -Pero que hermoso dragoncito, ya tendré el placer de matarlo- mencionó diabólica.
El resto de los tripulantes, estaban aturdidos, en especial, las hijas del sol y de la luna. Eran conscientes de que no podían usar magia o alquimia, sin que destruyeran el barco.
-Muy bien, hermana...- habló el nigromante a la drag mata -Llegó el momento de irnos- mencionó una palabras en un idioma extraño.
-Eso es lo que tu crees... Idiota-
La joven en sus brazos, abrió los ojos, activando el dispositivo de su muñeca y le clavó una flecha en uno de sus ojos, que la soltó a causa del dolor.
Cuando su cuerpo llego al suelo, apuntó hacía la Drag Mata, clavando otra en una de sus manos. Su prima aprovecho la oportunidad y la atacó con la daga escondia en su muñeca, cortándole el rostro.
-¡Aren! ¡Ahora!-
Ordenó. Él alejó a su rival con telequinesis y ella volteó hacía el nigromante, dispuesta a acabar con él. Por otro lado, la cazadora, corrió hacía su hermano y le arrebatándo la espada, para dirigirse hacía la Drag Mata.
-La necesito, hermano-
Gritó siguiendo su camino.
-¡Maldita!- exclamó con dolor el joven herido.
Apuntó con su mano libre hacía el pequeño dragón que estaba en su hombro. Era consciente que, destruyendo a esa criatura, acabaría con ella.
-Flujo eterno e infinito, fuente de todo corazón, llama azul que nunca se apaga...- conjuró la vidente con sus ojos cerrados -Poder que duerme dentro de mi alma, acude desde el infinito y has justicia- pronunció en transe -La Tilt-
Apuntó hacía él, que fue envuelto en un haz de luz azul, cortando su cuerpo como miles cuchillas que salían del suelo.
-¡Adán!-
Grito la Drag Mata al recomponerse del ataque e intentando acercarse a su hermano.
-¿¡A dónde crees que vas!?- la empujó al chocar espadas -¡Aún me debes lo que le hiciste a Levi!-
-¡Maldito lobo! ¡Tendría que haberlo rematado!- miró hacía el cielo donde volaba el pequeño dragón -¡Pero ese es mejor!-
Extrajo una daga de su cinturón y la lanzo hacía él.
-¡Amador! ¡Vuela!-
Ordenó en voz alta y la criatura obedeció. Cuando se perdió de vista, truenos y rayos aparecieron en el cielo, junto con un fuerte rugido, deteniendo toda lucha en el navío.
-¡Maldición! ¡Vámonos de aquí, Adán! ¡Ahora!-
Exclamó con pánico, empujando a su rival con fuerzas que no sabía que tenía, para correr hacía su hermano que pronunció un hechizo extraño, desapareciendo ambos del lugar.
-¡Maldita sea! ¡Otra vez se escaparon!-
Exclamó al mundo el hechicero, pero nadie lo había escuchado, estaban ocupados mirando el firmamento. Él hizo lo mismo que todos y lo que vió, lo dejó petrificado. En dirección al navío, volaba un enorme dragón de color rojo.
-¡Amador!- gritó feliz su ama, saludándolo -¡Mi pequeño al fin creció!-
Limpió, falsamente, una lágrima de su mejilla que nunca escapó.
-Es hermoso- su prima se acercó al animal cuando aterrizó en la popa -Yo también te quiero- lo abrazó cuando él la lamió.
-¿En serio? ¿Tu también?- acotó su ama, afligida, cuando sus ojos cambiaron -Eyra, él también está enamorado de ti- comentó a ella que sonreía feliz.
-¿¡Alguien puede explicarme que paso aquí!?-
Reclamó el cazador al resto de la tripulación, que miraban anonadados a esas dos muchachas, que actuaban, como si no hubiera pasado nada después de esa crisis.
-No tengo ni la menor idea-
Respondió el vidente, traumatizado, al ver que su hermana, aparte de ser una hechicera negra, podía usar la magia astral. Ella era mejor que él, en todos los aspectos.
-Bienvenidos a mi mundo-
Los palmeo el alquimista de fuego en la espalda, al pasar entre ambos. Un golpe seco llegó a la nuca del cazador, después de eso.
- Está vez te salvas de la paliza, cazador- advirtió el hechicero apuntándolo y pasando de largo -¡Dante! ¡Por todos los Dioses! ¡Deja de discutir con ese dragón!-
Reclamó a su amigo que discutía con ese reptil escamoso, sin siquiera tenerle miedo.
-Chicos...- la alquimista se acercó a ellos con el resto de la tripulación. Estaban sockeados mirando a sus hermanas -Lamento decir esto y sé que lastimara sus enormes egos... Pero creo que...- volteó hacía los cuatro -Tenemos que ser entrenados por ellos-
Los señaló sonriendo, ya que los mencionados, estaban sobre el lomo de esa roja criatura.
-¿Qué?- Preguntó su novio volviendo a la realidad -Acaso, ¿Te volviste loca, gaviota?- ella lo miró ofendida.
-Tienes que aceptarlo, Björn- mencionó la hechicera y palmeo el rostro del vidente, que aún no quería regresar -Ellos son mejores que nosotros y saben actuar ante situaciones como la que vivimos hace un momento-
-Eso es cierto...- contestó él, aturdido -Mi hermana puede usar magia astral- miró a todos -Según mi madre, ese hechizo que uso, es muy poderoso- volteó a ver a su hermana que reía del alquimista, que estaba siendo aplastado por el dragón -Ella nunca pudo usarlo, porque era una hechicera negra, pero Deni si puede- cubrió sus ojos por la vergüenza -Es mejor que yo-
-Ves, Björn- fomentó obvia,
su novia. Mientras el alquimista, era sujetado por su amigo, ya que quería golpear al dragón -Son poco ortodoxos, pero son muy buenos en lo que hacen- habló de nuevo -En cambio, miranos a nosotros- señaló al resto de la tripulación -Aún seguimos temblando por lo que paso y eso es un indicio de algo-
-Eyra tiene razón, somos patéticos-
La tripulación asintió dándole la razón a esa hermosa hechicera.
-Ni modo... Voy a tener que tragarme mi orgullo- se balanceó nervioso -¡Gia! ¡Hermanita!- ella volteó a verlo -Tenemos que hablar con ustedes-
Los jóvenes asintieron y se acercaron a ellos. Sus caras estaban desconcertadas, pero aún así, estaban dispuestos a hablar, siempre y cuando, no fueran regañados.
-¡No entiendo! ¿¡Qué es lo gracioso en todo esto!?-
Preguntó el vidente, molestó y exaltado por la risa de esos cuatro que hablaban con ellos.
-Lo siento, hermanito- limpió sus lágrimas de risa -Pero lo que acaban de decir, es absurdo-
-¡Les dije que se reirían de nosotros!-
Reclamó el alfa al resto, como un niño, cruzando sus brazos y volteando hacía otro lado.
-Que nos estemos riendo, no significa que no vayamos a ayudarlos- señaló a su hermano triunfal -Ustedes, en nuestra época, fueron quienes nos entrenaron y se lo debemos-
-¿De verdad?- cuestionó la alquimista ilusionada y ella, asintió -Gracias- la abrazó eufórica.
-Bien- suspiró cansada y se tambaleó un poco por un repentino mareo que sintió -¡Maldita sea mi suerte! ¡Otra vez me siento mal!- el vidente se acerco a ella -¡Alejate, Aren!- lo detuvo levantando una mano -Tu me hiciste esto, te quiero lejos, cada vez que me sienta mal- su mejor amiga la ayudó a sentarse.
-Pero yo...- se removió incómodo por la mirada fulminante que ella le mando -Esta bien...- suspiró -¿Cómo nos organizáremos?-
-Pues, yo creo que, cada uno de nosotros tendría que entrenar con aquellas personas que comparten habilidades- formuló el hechicero de ojos claros -¿Tu que dices, Dante?-
-Por mi esta bien, tu entrenarías con Ivette y yo con Eyra- señalo a las nombradas -Que ironía- negó con la cabeza, divagando -Björn y Gia juntos, Aren y Deni, igual- miro al resto de la tripulación -Y en cuento a ustedes, chicos- señaló a los dos piratas y ladrones restantes -Las chicas, podrán entrenarlos muy bien en combate- señalo a las guerreras que asintieron.
-¡Perfecto!- palmeó y frotó sus manos con entusiasmo -Tenemos una semana para eso-
Despertó a su espada para enfrentarse a la chica frente a él.
-¡Muy bien!- hizó lo mismo que su hermano -¡Que empiece el juego!-
Sonrió con malicia y sus tres amigos también.
