Finalmente, el prometido día de actualización semanal ha llegado, ¿qué sería apropiado para ambientar la ocasión? ¿Algo de Tiziano Ferro, AVICCI, o quizás Maroon 5? No lo sé, ustedes coloquen su canción favorita y bailen como si nadie los estuviera viendo, y eso incluye a sus familias; total, igual les miran raro cuando los oyen reírse mientras leen.
Y hablando de reír como maniaco sin ninguna razón aparente, no saben cómo adoro ver esos picos de estado de lecturas en los días de actualización hahaha en serio, es como si mi trafico tuviera sus propios Himalaya elevándose hasta en serio. En serio chicos, gracias por brindarme su apoyo leyendo y comentando mi trabajo, son mi combustible (100% ecológico, por supuesto) y me impulsan con todo a seguir escribiendo.
Lo cual me recuerda que ya nos estamos acercando al final de esta historia (buhhh buuuh) Pero no se preocupen, prometo que van a disfrutar cada capítulo restante; pero por ahora…
Estoy seguro que varias veces durante el transcurso de esta historia todos se han preguntado qué fue lo que ocurrió con Annabeth, bueno mis hermosos pimpollos ese será un misterio que finalmente será revelado en este no tan pequeño capítulo de Flash Back. Obviamente será un capitulo muy gris, pero espero que les guste.
Capítulo 32:
"Opacidad"
Normalmente, en la infancia y la juventud, la vida era percibida como si fuera un soleado día de verano. Con el sol en todo lo alto de un cielo azul, haciendo brillar todo con su luz pintando la tierra de vivos colores…
Los días buenos en la gran ciudad distaban mucho de lo que las personas imaginaban a causa de las películas y la televisión. Un buen dia en la ciudad era sencillamente uno con sol y cielo despejado, por lo demás las aceras seguían atestadas de gente con prisa y mal educada, el tráfico era una afrenta contra la paciencia y los horarios, las calles seguían apestando a smoke y el ruido era simplemente una cacofonía sin ton ni son en ella, eso sin siquiera considerar el subterraneo. Y aun así Percy adoraba su ciudad. Como buen newyorkino siempre estaba preparado para defender la ciudad de la que estaba orgulloso de cualquiera que llegara a quejarse del tráfico o de cualquier otro mínimo aspecto de la vida en la ciudad.
Eso quería decir que durante las últimas dos semanas Percy y Jason habían peleado mucho.
Al rubio no le gustaba ser quisquilloso, en serio. Pero una cosa era no hacerle ascos a nada y otra muy diferente era salir a la calle para almorzar con hot dogs durante siete días seguidos ¡era demasiado! De verdad, si no se cuidaba Percy iba a terminar siendo una pelota a sus treinta años. Aunque, ahora que lo pensaba, seguramente el plan del ojiverde era arrastrarle con él a su destino placa arterial y colesterol alto.
Pero primero, muchos se preguntarían por qué estaba Jason en nueva York.
Bueno ya que ambos finalmente habían logrado recuperarse de su año académico perdido por culpa de Gea y sus gigantes, lo que fueron largas noches de escuela nocturna y lecciones de recuperación, por no mencionar a esa vieja maestra de algebra que Percy aun juraba era alguna clase de bruja. Pero con su título de preparatoria listo y colgado en la pared era momento del siguiente paso: la universidad. Si, ambos hijos de los dioses mayores se encontraban preparándose para sus exámenes de admisión que empezarían en un par de semanas más.
-¿Dónde pusiste la guía de estudio?-
-Al lado del refrigerador-
Ya que era algo en lo que debía concentrarse Percy decidió pasar el verano en el departamento con su madre y Paul, de paso invitando a Jason a ir con él. Desde su llegada ambos habían monopolizado el comedor de la casa para estudiar; toda la madera estaba cubierta con libros, guías, cuadernos y notas. Así que mientras Sally y Paul salían a trabajar ellos se quedaban en casa para estudiar tranquilos. Aunque ocasionalmente se tomaban un descanso para salir a conocer la ciudad, lo cual siempre acababa con una pelea entre ellos.
-Jmp-Jason desvió brevemente su atención de las páginas que estaba leyendo y le dedico una mirada a Percy sentado frente a él. A simple vista parecía muy concentrado en su guía, pero mirando de cerca se podía apreciar que sus ojos no se movían sobre las palabras y más aún la boba sonrisa que en ese momento adornaba sus labios. Él sabía el motivo de esa expresión y por eso no le podía culpar.
Pero como siguiera distrayéndose, ella iba a enojarse mucho.
Por su parte Percy no podía evitarlo ¡Estaba feliz!
Eran casi las once de la mañana, lo que significaba que en unas cuantas horas más el vuelo de Annabeth aterrizaría y en una hora más estaría allí con él. Bueno, con ellos. Pero siempre podía mandar a Jason a volar y pasar un buen tiempo de calidad con su amada novia. Después de todo ella también había estado recuperándose y estudiando para sus exámenes junto a su padre, aunque él consideraba que la rubia no necesitaba esforzarse tanto:
-Estarían locos si rechazan un cerebro como el tuyo-Había dicho. Logrando sacarle un gran sonrojo a su novia, quien intento disimular dándole una palmada en el hombro.
Luego de eso la chica había usado el favor de su padre, un académico veterano, para enviarle un sinfín de guías y libros, tesis, notas, todo el material que para ella iba a necesitar para lograr entrar a la universidad. Y sí, todo ese estudio estaba siendo un infierno, pero la recompensa lo valía completamente. Sin duda alguna su vida junto a Annabeth en Nueva Roma seria brillante, tanto que Disney querría usarlos para hacer una de sus películas infantiles. Películas que el vería junto a sus hijos.
Sí, porque en cuanto se graduarán se casarían y tendrían un par de hermosos niños. Primero una pequeña, Sally siempre estaba hablando sobre la ilusión que le hacía tener una nieta. Se montarían un maratón con todas las cursis películas de princesas, comenzando con Rapuncel y el Libro de la Selva; porque en contra de la creencia popular, la Sirenita no era su película Disney favorita. Eso seria los sábados, ¡porque los domingos serian para él y su campeón!
Ir al parque a jugar béisbol, enseñarle a andar en bicicleta, ir a algún juego de la NBA, atiborrarse de helado, ir a la playa y enseñarle a montar a Black Jack; y claro que no podrían faltar los maratones de todas las películas de superhéroes, excepto Linterna Verde. Y no, no porque fuera mala sino porque sabía con qué ojos veía Annabeth a Ryan Reinolds.
Y luego, en unos años, ir a las competencias de su pequeño, espantarle pretendientes a su princesa y-
-Oye-Que no le pusiera un ojo morado a Jason por romper sus fantasías de esa manera realmente merecía un aplauso-Ponte a estudiar, sabes que Annabeth querrá asegurarse que no estás perdiendo el tiempo.
-Jeje…-Una pequeña risa traviesa atravesó los labios de Percy. El rubio tenía razón, si quería que todas sus fantasías se hicieran realidad primero tenía que pasar el examen de la universidad. O peor, el examen de practica que su novia seguramente ya les tenía preparado a ambos.
Ni su padre podría salvarlo de la ira de su novia si no conseguía alcanzar al menos un siete.
-O-
… pero la tierra, al igual que la vida, nunca deja de moverse. Cada brillante día de sol veía su final con la tenue llegada del ocaso.
Por su puesto que el autobús seria atacado. ¿Cuándo un mestizo podría tener un viaje tranquilo? Mejor hubieran pagado la tarifa extra de la carrosa de las hermanas grises. Que eran unas dracmas más con respecto a poder dormir todo el camino. Como fuera, no tenía caso seguir quejándose. Ya lo haría cuando regresara al campamento.
-¡Por aquí!-Jason era quien encabezaba su pequeña comitiva con el mapa en las manos.
Faltaba una semana para que terminara el verano y algunos días más para que los exámenes de admisión dieran inicio. Como no querían sobre esforzarse, y luego de todas las suplicas de Percy, decidieron tomarse un pequeño descanso antes de presentar sus exámenes. Así es, tres mestizos decidieron tomarse unos días libres de paz y tranquilidad. Al parecer, eso era algo que las moiras no podían permitir.
Sin embargo, su trabajo no sonaba tan difícil. Quirón se había comunicado con ellos para pedirles ayudar con la extracción de un posible mestizo, en un instituto que quedaba a las afueras de Manhattan. Y ya que eran tres veteranos tenían bastante confianza en que todo iría bien para ellos. Especialmente al ver que su destino era una secundaria a mitad de lo que parecía ser alguna clase de evento familiar.
El sátiro del campamento les ubico fácilmente y les guío hasta la niña que, sospechaba, podría ser una mestiza. El problema era que la pequeña, de cabello rubio en trenzas y ojos cafés, no se separaba ni un instante de su familia. Su padre, con el cabello y ojos del mismo color, la mujer joven con el cabello teñido debía ser su madrastra y además había un par de pequeños, gemelos, rondando muy cerca que compartían rasgos con ambos adultos. Si, definitivamente la niña era producto de una relación previa. Y para su buena fortuna no había señal de ningún monstruo cerca.
-No lo sé, está muy tranquilo…-Se había dicho Percy cuando se separaron para revisar.
Él tenía razón. Nunca imaginaron que podría tratarse de una trampa.
En el instante en que entro en el gimnasio las puertas dobles de la entrada fueron cerradas y dio inicio la emboscada. No se trataba únicamente de uno o dos monstruos cazando. Más de la mitad de quienes estaban adentro clavaron sus feroces ojos en él mientras la niebla se rebelaba. Las mujeres se convirtieron en dracaenaes, los hombres en Lestrigones y los pocos mortales reales miraban atónitos o intentaban escapar despavoridos:
-"Annabeth"-Si eso era adentro nada le aseguraba que afuera estuvieran mejor. Necesitaba ir con sus compañeros, pero solo escapar del gimnasio le tomo tiempo. Cuando al fin fue capaz de reducir a los caníbales que flanqueaban las puertas logro escapar al exterior-¡…!-No llevaba ni tres segundos y tuvo que arrojarse al suelo antes que un grifo arrancara su cabeza.
El exterior de la secundaria era un verdadero caos. El techo del edificio estaba plagado de figuras emplumadas que escalaban o volaban intentando alcanzar al rubio que en lo alto les enfrentaba armado con su lanza dorada; Jason le hizo una señal para decir que estaba bien por lo que el pelinegro se apresuró en buscar a su novia.
-¡Quédense detrás de mí!-Armada con su espada de hueso de Drakon, la hija de Atenea luchaba manteniendo a raya a los monstruos que la rodeaban mientras protegía a la pequeña mestiza junto a su familia. Percy amaba ver aquella expresión guerrera en su novia; pero no tenía tiempo para apreciar cuan bella era. Si seguía luchando sola acabaría por ser abrumada por lo que él se apresuró a correr hacia ella.
-R-rápido…-Por suerte Annabeth había logrado proteger a los mortales por el tiempo suficiente como para llegaran a su auto. En ese momento el padre se encontraba subiendo a sus hijos y a su esposa para escapar:
-¡Cierren las ventanas!-Una mandoble de su la espada de Annabeth disolvió a la mujer serpiente que intentaba alcanzarlos-!En cuanto sube los guiare al campamento! ¡Estarán a salvo!
Lo que ocurrió después fue el desencadenante para la tragedia.
En el instante en que Annabeth se giró para subir al asiento del copiloto de la camioneta un grifo descendió en picada sobre ella y clavo sus garras en el brazo con el que sujetaba su arma; la rubio se aferraba a la mano del padre de familia pero instado por los gritos de su esposa aquel hombre no dudo en soltar su agarre y cerrar la puerta.
A los ojos de Percy todo ocurrió en cámara lenta: a pesar de la distancia pudo ver en todo momento el rostro del ser que más amaba mientras era elevado decenas de metros en el aire para luego ser arrojado contra el grupo de monstruos que esperaban ansiosos por la sangre de semidiós:
-No…-Era como si de repente volviera a cargar el peso del cielo clavándose en su espalda. Sus pies se sentían de plomo y sintió como si miles de agujas se clavaran en su ser mientras veía a la hija de Atenea ser atajada en el aire por las fauces de una decena de monstruos. Los telkines podrían parecer ridículos con sus cabezas de perro y sus aletas de foca, pero sus colmillos y su hambre eran los propios de cualquier criatura salvaje. Y al probar, aunque fuera una gota de sangre mestiza se desataba en ellos un frenesí depredador tal que nada ni nadie podría escapar de ellos-N-no… ¡NOOOOO!-
-Dioses de Roma…-
Atónitos e incapaces ambos héroes sintieron la mayor angustia que un guerrero podría experimentar. La de ver morir a un compañero sin poder hacer nada.
-O-
Solo el dolor posee la capacidad innata de arrebatar todo el color a la vida. Ese cruel poder que tornaba todo a una simple escala de grises…
Los noticieros de los días siguientes no paraban de volar en torno a un único evento. Llevaban especialistas, hubo entrevistas, hubo rememoraciones y hubo informes, pero nadie pudo explicar el pequeño sismo que sacudió los cimientos de toda la isla de Manhattan. Fueron apenas unos doce o diez segundos durante los cuales la tierra se sacudió. El epicentro se ubicó cerca de la ciudad de la ciudad de Nueva York, muchas estructuras tuvieron daños leves a moderados dependiendo de qué tan viejas fueran.
En ese momento, cerca del estrecho de Long Island en el Campamento Mestizo Quirón se encontraba sentado en su silla de ruedas falsa en el en la sala de la casa grande. Su expresión era austera mientras escuchaba la radio a su lado. La voz del locutor informaba acerca del avance en los trabajos de limpieza y remoción de escombros de la escuela secundaria Smith, así como del estado de los pocos sobrevivientes a la catástrofe. Su corazón se afligía al pensar las implicaciones, así como en las circunstancias actuales.
No importaba cuantos siglos o eras pudieran pasar, el dolor de perder a uno de sus protegidos era siempre sobrecogedor. Annabeth, ella había sido de sus favoritos. Fuerte, astuta, inquebrantable. Pocos héroes había conocido que merecieran una vida feliz más que ella. Y, aun así, sin importar el honor o el valor ni la virtud en sus acciones había sufrido un final tan atroz. Solo recordar el estado de su cuerpo le hacia estremecer.
-Estaba aferrado a ella, ni siquiera me reconocía-
Jason, como soldado romano, les brindo a todos un reporte completo durante la reunión de jefes de la mañana. Aunque hizo grandes esfuerzos no logro contener sus lagrimar ni el flaqueo en su voz al relatar los eventos que condujeron al final prematuro de la hija de Atenea.
-Oh, Percy…-Aun recordaba el estado en que su alumno había regresado. Cubierto por la sangre de su amada tenía un aire ido, resultaba difícil saber si su estado era producto del estallido de sus poderes o si su consciencia ausente solo intentaba minimizar su dolor.
Desde su llegada no había querido salir de su habitación. Era apenas consciente de haber tomado una ducha, pero esta vez el agua no tuvo aquella sensación reconfortante de siempre. Seguía sintiéndose débil, su respiración aun no parecía conseguir un ritmo constante, ni siquiera podía decir si todo el dolor en sus hombros era real o solo producto de su imaginación. En ese estado no se molestó en vestirse.
¡Era su maldita cabaña!
Solo salió del baño y se arrojó sobre la litera más cercana. Con su mentón apoyado sobre la almohada su mirada estaba perdida mirando a la cabecera de la cama y a la pared. Paso varios minutos en esa postura antes de girar el cuerpo y quedar viendo hacia la ventana. Debía ir a ver a Will luego, algo estaba muy mal con sus ojos. Ah no, era solo el cielo nublado.
Una amarga risa acompaño sus lágrimas mientras reparaba en lo estúpido que había sido su pensamiento. Era imposible de repente todo se viera como una vieja película a blanco y negro. El mundo no podía tornarse a escala de grises solo por sí.
¿Verdad?
-O-
Sin importar que tan intenso fuera el dolor. Al igual que la noche siempre llegaba el amanecer. Pero a veces, la luz del sol naciente se teñía de un color escarlata que, si bien podía parecer hermoso, solo se podía comprar con el rojo de la sangre.
La primera noche tras el funeral de Annabeth fue el comienzo.
No quería que los demás lo escucharan despertar a mitad de la noche a mitad de un grito desgarrador. No era porque no quisiera preocuparles, eso no le importaba. Simplemente no quería que los demás fueran testigos de su dolor. Sabía que también sufrían. Pero aun así ellos no tenían ese derecho.
Un sueño tranquilo era imposible. Era por eso que cada noche, cuando el reloj marcaba las doce salía de su cabaña usando únicamente su pantalón y portando su espada; pasaba las largas horas de la madrugada cazando en la oscuridad. Aunque no era como si cazara de verdad. En realidad, solo caminaba entre los arboles esperando a cualquier criatura que quisiera atacarlo. Era la única forma en que podía acabar lo suficientemente exhausto como para gozar de unas cuantas horas de sueño. Esperando a que el dolor escapara de él en las heridas abiertas provocadas por las garras y los colmillos.
Pero el dolor jamás mermo.
Sin embargo, hubo una ocasión en la que realmente pudo dar una única bocanada de alivio.
Fue durante el tercer o el cuarto día luego del funeral. Como era habitual pasaba las horas antes de la media noche escuchando la radio a bajo volumen, y fue en la reposición del noticiero que lo escucho: Nos complace informar que la madre de la familia sobreviviente ha logrado regresar a su hogar. Muy amablemente no dedico unas palabras. Sus heridas del choque durante el terremoto fueron leves y expreso no poder esperar a descansar en casa en compañía de sus dos hijos y su amada hijastra…
-¿Ella…?-
Sí, todo había sido su culpa.
¡La mocosa resulto ser una simple mortal! ¡Todo fue para nada! Si no hubieran ido a esa estúpida escuela ahora él tendría a Annabeth a su lado. Si ese estúpido sátiro hubiera hecho bien su trabajo:
-Angus…-Siseo el nombre del buscador mientras se levantaba.
Aquella fue la primera noche que Percy salió a cazar en verdad. El estúpido sátiro no tenía derecho a vivir. Ni siquiera aguanto un minuto cuando Percy secciono su pierna de cabra. Acabo convertido en una pequeña planta de anís. Eso no era justo:
-¡Ella no tuvo una muerte rápida!-Bramo en la oscuridad mientras aplastaba la planta con su pie. No bastaba-¡TÚ NO MERECES UNA!-Una y otra vez la piso, la aplasto, clavo su espada contra los restos y la arrancó con sus manos arrojando la tierra sobre su cabeza.
Eso no bastaba.
Lo que si basto fueron las seis dracmas para viaje en la carroza de las hermanas grises.
La casa estaba ubicada en los suburbios. Era bonita, grande, con un jardín lleno de juguetes e una casa del árbol. Percy ni siquiera reparo en que, tiempo atrás, ese era justo el estilo que una vez le enseño en una fotografía alegando que justo así diseñaría su propio hogar.
-¿Si, en que puedo…? Oh, ¡PATRICK!-
-"Valla que suerte, es ella"-Ese fue su pensamiento un segundo antes de lanzar un estoque al frente. Pero el filo de bronce celestial paso impune a través del vientre de la mujer-Ah, claro…-Dijo como si nada arrojando su espada a un lado. Pero antes de lograr atrapar a la mujer está ya había corriendo adentro llamando a su esposo a gritos.
Ah bueno, era mejor si no tenía que perseguirlo a él también. Después de todo:
-¡Suéltala! ¡Suéltala!-Su mujer fue quien lo había dicho. Y él fue quien lo hizo.
¿Quién era ese muchacho? ¿Cómo los había encontrado? ¡Y no fue mi culpa!
No había orden alguno en aquellos enunciados mientras era apuntado por un arma. Uno, dos, fue el tercer disparo el que acertó en su hombro derecho, pero ni así Percy se frenó en su ataque. Un grito gutural nacido desde lo más profundo de su pecho mientras sus manos apretaban el cuello de ese sujeto:
-Por… favor…-Había gemido mientras su garganta cedía ante la presión-Mis hi´os… Po´ favo´r… No…
No fue capaz de acabar antes que la vida escapara de él y su mano inerte, que había estado sujetando el brazo de su atacante callera el suelo. Por supuesto el mensaje era claro, suplicaba por la vida de su familia:
-Casi los olvido-Murmuro mientras se ponía de pie y, al igual que un animal salvaje, olfateo el aire a su alrededor.
Mientras cruzaba la sala de estar, por sobre la mesa de centro que habían roto durante la pela, por el recibidor hacia las escaleras, durante todo ese camino la vista de Percy estaba nublada por el color del líquido que corría fuera de la herida en su hombro. Miro sus manos: intactas y sin el más leve atisbo de temblor en ellas.
Los niños y su hermana se habían ocultado en el baño de la planta superior. Percy llego a ellos y de una patada con su pie desnudo derribo la puerta. Los gemelos y la pequeña temblaban, en un extremo de la bañera intentando mantener el mayor espacio entre ellos. Percy no se movió de su lugar en el marco de la puerta. Ni siquiera tuvo que pensarlo directamente. Las llaves, las tuberías todo exploto dejando salir el agua a borbotones. Agua que se movía al igual que un ser vivo, por entre el piso, a través de sus pijamas hasta llegar a los oídos, narices y bocas de los infantes. Sus ojos suplicantes, compungidos de dolor mientras sus cuerpos se llenaban de agua. Sus lágrimas solo sirvieron para alimentar el odio y la indignación en el interior del mestizo. No paro. No se detuvo cuando sus manos dejaron de patalear, no se detuvo cuando sus ojos se salieron de las orbitas, no se detuvo hasta que sus vientres estallaron liberando el líquido que les había arrebatado la vida teñido en rojo.
No hubo gritos.
Hasta que llego a la recamara principal y abrió el closet. La mujer echa un ovillo en sus profundidades estaba ahogada en lágrimas y angustia, tenía un teléfono en sus manos temblorosas y miraba suplicante a esa cosa frente a ella. Podría parecer un muchacho. Podría caminar y respirar como una persona. Pero eso era un monstruo.
El primer puñetazo le rompió la nariz e inundo su boca con el sabor metálico de su propia sangre. El segundo cegó su ojo. El tercero la hizo vomitar su cena. En su interior sabía que la policía no llegaría a tiempo. Que toda su familia estaba muerta. Solo podía suplicar por caer inconsciente y dejar de sentir aquel dolor. Pero el alivio nunca llego para ella. Fue consciente de cada golpe, cada grito, cada punzada de dolor hasta que finalmente no fue más que una masa de carne hinchada y de apenas forma humana. Su último aliento en este mundo fue cargado de dolor.
Pero para Percy, al salir de aquella casa por la puerta trasera con sus manos y pies manchados de sangre fue la primera y única bocanada de alivio que pudo tener en mucho tiempo. La había vengado. Los culpables de su muerte habían pagado. Ella podría descansar en paz.
Ella estaría tan decepcionada.
-…-Como una marioneta a la que le han cortado los hilos, de esa forma Percy Jackson cayó sobre sus rodillas en el césped húmedo. Las cuerdas de la ira se habían esfumado dejando paso solo a más dolor y remordimiento. Ella no querría ser vengada. Ella no regresaría. Los pensamientos solo dolían. Limpiar sus lágrimas era inútil solo conseguía manchar su rostro con sangre-¡GYAAAHHHHHH!-Aúllo mientras se sujetaba la cabeza, apretándose el cabello y clavando sus dedos en su cráneo. Solo quería su mente se detuviera: La impotencia. El dolor. Los recuerdos.
Cuando levanto la vista, sus ojos aun ahogados en lágrimas se abrieron a mas no poder al observar el más hermoso amanecer.
Un amanecer rojo, como sangre.
-O-
El brutal asesinato de toda una familia en los suburbios fuera de Manhattan solo fue una noticia más en los noticiarios locales. No había pistas sobre el perpetrador, pero al encontrar evidencia de deudas la policía rápidamente achaco el suceso a un ajuste de cuentas por parte de la mafia.
Percy se había movido a través del rio y por la costa para regresar al campamento, al salir a la arena de la playa no había rastro alguno de sangre en su cuerpo. Ni moratones en sus manos mucho menos un disparo en su hombro. Pero al salir del agua Percy no pudo evitar mirar de regreso sobre su hombro hacia la playa. Hacia el mar.
-Chst…-Chisto enojado y regreso la vista al frente apresurando su paso. Mientras lo hacia decidió internamente nunca volver a meter un pie en el océano. Al principio solo eran él y su madre. Sally siempre estuvo allí para él. La simple mortal. Y una vez más volverían a ser solo ella y él.
Nunca nadie en el campamento supo de salida aquella noche. Nunca nadie lo sabría.
A partir de ese día sobrellevar el duelo se tornó ligeramente más llevadero. Frank había tenido razón, no puedes superarlo. Solo aprendes a cargar con ello, en el caso de su amigo fue uniéndose a la legión. En su caso fue cargando con un horrible crimen y la vida de cinco personas en su espalda.
Percy nunca lo noto, pero a partir de ese momento fue como si tuviera perdido el brillo que todos llamaban importancia. Ya todo le daba igual, no se emocionaba ni se enojaba como antes. No se molestaba porque su desayuno fuera simple, incluso la comida había perdido su encanto. Era como si todos sus sentidos percibieran el mundo de una forma más tenue, más sutil. Como si al perder la vida de una pequeña semidiosa de repente el mundo hubiera perdido un poco de su totalidad tornándose levemente traslucido. Una leve, opacidad.
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Jacob aun no lograba conciliar el sueño. Por las noches una suave y muy refrescante brisa recorría todo el valle de Nueva Roma. Una que difícilmente podría tener lugar durante el día con aquel sol abrazador. La razón por la que el Quileute podía sentir aquel viento helado era porque había salido para mirar al cielo desde el balcón sentado desde la hamaca donde había dormido con el hijo de Poseidón esa misma tarde.
-Percy…-Su nombre escapo de sus labios sin que apenas fuera consiente de haberlo pronunciado.
Desde un principio sabía que ese muchacho errante y rebelde arrastraba una cruel historia tras sus pasos. ¿Pero eso? Jamás en su vida había visto unos ojos como aquellos mientras narraban la historia de su perdida y de su crimen. Eran los ojos de un pez muerto, los ojos de un auténtico muerto en vida.
Luego de contarle todo Percy le dedico una amarga sonrisa y un suave beso en la frente antes de hablar:
-Por favor…-Fue todo lo que dijo antes de dar media vuelta y marcharse. Dejando a un muy aturdido Jacob observando su espalda al marchare.
¿Debería haberle seguido?
Continuara…
No sé ustedes chicos, pero, aunque yo escribí esto no importa cuántas veces lo lea siempre me resulta muy intenso. Creo resume muy bien el viaje emocional de Percy durante sus últimos momentos con Annabeth, así como la intensidad de intentar sobrellevar su perdida los primeros días; sin duda fue un viaje muy intenso, que definitivamente no ha terminado.
Y es que ¿Cómo tomara Jacob la historia de Percy? ¿Sus acciones serán motivo para alejarse? ¿Cómo se siente Percy luego de confesar sus crímenes? ¿Qué ocurrirá además con el príncipe? ¿acaso alguien más está enterado? ¿Poseidón tal vez? ¿A dónde conducirán estos inesperados eventos?
En fin, ¡me muero por ver sus reviews y todos sus buenos deseos mis amores! Llevando la cuenta este capítulo era el que le correspondía al mes de mayo, eso nos deja cuatro capítulos más para ponernos al día XD
¡No lo olviden, preciosos pimpollos, los reviews son parte importante de la alimentación de un autor!
