CAPITULO 20
-Lo siento… no pudimos hacer nada para…
-No… No puede haber muerto! Usted está mintiendo!
-Debe tranquilizarse – le decía el médico. – estaba muy enferma, hicimos lo posible para salvarle la vida.
-No lo entiendo… cómo es posible que ya no esté con conmigo… me dejó sola… – la noticia de que su madre había muerto la dejó destrozada, hace meses había perdido a su padre por la misma razón, la influenza se los había llevado.
Unos meses atrás el señor Britter se había contagiado de influenza, la mayoría de las personas había pensado que el virus estaba controlado al ver que los casos bajaban cada vez más, sin embargo la realidad era otra, si bien ya no era tan drástico los contagios como al principio, estos seguían ocurriendo. Después de la muerte de su esposo, la señora Britter tuvo que encargarse de los negocios, los cuales iban de mal en peor, ella al haber sido educada para dirigir una casa y no una compañía sólo pudo ver como ésta iba en declive hasta perderlo todo. Ahora ella también se había contagiado y muerto dejando sola a su hija.
-Cómo pudieron dejarme sola! Yo no quiero ser huérfana otra vez! – decía con enojo al verse sola en el mundo, qué haría ahora? Sus padres no le habían enseñado a trabajar, sólo sabía organizar una casa. Sin una dote no podría casarse con nadie de respeto en la sociedad.
La vida de Annie Britter había cambiado rápidamente, la sociedad era cruel con quien no tenía dinero ni propiedades, así que la muchacha no pudo conseguir un buen partido para desposarse. Si quería sobrevivir tenía que trabajar, así que hizo uso de lo enseñado por su madre para conseguir trabajo de institutriz de una familia adinerada.
Terry quedó petrificado al ver la cara del Médico, acaso le daría una mala noticia? No… la vida no podía ser tan injusta con él.
Cuarenta minutos atrás
-Ahhh! – Candy sintió un dolor punzante.
-Qué sucede doctor? – preguntó la anciana con preocupación.
-Al parecer hay otro bebé.- dijo preocupado pues Candy estaba muy cansada para pasar otra vez por lo mismo. – Candy, debe ser fuerte. Su bebé la necesita ahora.
-Está… bien… – su rostro reflejaba dolor y respiraba con dificultad.
Candy creyó que no podría lograrlo. Estaba tan agotada que podía sentir sus propios latidos, sabía que eso no era bueno, había visto a muchas mujeres perder la vida al complicarse el parto, incluso algunos donde madre e hijo lo hacían, pero ella se había propuesto traer a la vida a su bebé aunque tenga que dar la suya a cambio. Minutos después un llanto se dejó escuchar en la habitación. Al fin su bebé había llegado al mundo.
-No se duerma Candy, debe conocer a su bebé – dijo el médico al ver que Candy estaba por caer en la inconsciencia, algo que era muy peligroso si lo hacía.
-Candy, Candy! - El médico se preocupó al ver a Candy desvanecerse, actuó inmediatamente para hacerla reaccionar.
-Doctor, Candy está…? - dijo Eleonor con lágrimas en los ojos temiendo lo peor, mientras la tía abuela limpiaba al bebé se dio la vuelta preocupada por su sobrina.
-No, está empezando a reaccionar - cuando al fin estaba despierta pudo respirar aliviado.
-Mi bebé… - susurró la rubia, la tía abuela se acercó y le entregó a su bebé, estaba tan feliz pues creyó que no lo conocería.
-Quiero ver a Terry, por favor… y a mi otro bebé. – dijo bajito mientras veía a su bebé.
-Ahora lo llamamos. Pero antes debes cambiarte para recibirlos.
-De acuerdo, me… podrían ayudar… por favor.
-Claro cariño.
El médico tuvo miedo que se presente una complicación y cuando Candy se desvaneció se preocupó de perder a la madre, por suerte logró hacerla reaccionar, pero le había costado. Éste había sido un parto extraño, cómo no se habían dado cuenta que eran gemelos?
-Señor Granchester, su esposa quiere verlo. – lo detuvo antes que entre a la habitación – lleve a su hijo quiere verlos a ambos.
Eleonor y la tía abuela salían con una sonrisa en sus rostros, mientras daban paso a que el castaño ingresara.
-Gracias doctor, si no hubiera sido por usted, no sé qué hubiera pasado. – agradeció la tía abuela.
-Fue complicado, pero la señora Granchester fue muy fuerte al traer a la vida a otro bebé estando tan cansada. – comentó el médico.
-Qué! – dijeron al unísono los dos varones, acaso eso significaba que nació otro bebé?
-Pecosa…? - Dijo Terry al verla con otro bebé en brazos, éste era un poco más pequeño que el primero.
- Cariño, ven a conocer a tu otro hijo. –le enseñaba al bebé.
-Cómo… cómo estás mi amor? - Preguntó mientras se acercaba, la vio muy pálida y agotada.
-Estoy bien, sólo un poco cansada. Creo es comprensible, no lo crees? – dijo mirando a su segundo hijo.
-Si, Pecosa que pasó? Cuando llamaron a mamá y tardaron tanto… yo creí que te estaba perdiendo…Candy…
-No pasó nada mi amor, es sólo que me quedé dormida por el cansancio. – le quitó importancia para no preocuparlo.
-Candy, en verdad eres muy fuerte mi amor, mira que traer a dos bebés - esta vez bajó la vista hacia su bebé; era un niño rubio, seguro se parecería a su pecosa, pensaba el castaño.
Se acomodó junto a ella cada uno tenía en brazos a un bebé. Estaban tan felices. Su familia no sólo creció con un integrante más, sino con dos, eran tan pequeños y lindos.
-Pecosa no lo escuche llorar, por qué?... no lo entiendo.
-Si lloró cariño, pero no tan fuerte como el primero. No lo oíste?
-No… - luego pensó que seguro fue cuando estaba alterado por no saber que estaba pasando con su esposa. – mi amor, gracias por este regalo tan grande. Te amo tanto!
-Gracias a ti cariño, soy muy feliz Terry, me diste una familia.
-No amor, tú cumpliste mi sueño de tener mi propia familia, no sabes cuánto soñé con formar una contigo. – le dio un beso en la frente –sabes Pecosa… me di cuenta que tú siempre tratas de complacer a todos.
-Por qué dices eso?
-Pues antes de que entres en parto tu tía y mi padre estaban a punto de una discusión para definir el cargo de nuestro hijo, y ahora tú les diste a cada uno un heredero.
-No lo planee. – dijo soltando una risita.
-Cariño, cómo los llamaremos?... nunca decidimos nada.
-Pues… yo había pensado en Andrew como tu abuelo, él te quería mucho, verdad?
-Sí, yo también lo apreciaba. Y a este pequeñín – dijo acariciando la cabeza del bebé rubio – que te parece ponerle Anthony, sé cuánto lo querías.
-Oh Terry, muchas gracias. – la rubia lloraba porque sabía que Terry era celoso y con esto demostraba cuán grande era el amor que le tenía.
-No llores mi amor – le dio un besito en la frente –ya está decidido entonces. Creo que debemos presentarlos a la familia.
-Sí, puedes llamarlos?
-Felicidades hijo! sí que Candy es fuerte, tener dos bebés, es para admirar.
-Felicidades Terry! Doble partida, eh?- felicitaba el rubio.
-Gracias, Candy quiere verlos. Queremos que conozcan a nuestros hijos.
Cuando todos estaban en la habitación Terry tomó la palabra.
-Quiero presentar oficialmente a los nuevos integrantes de la familia Granchester- Andley. Les presento a Andrew Richard Granchester Andley. – mostró a su primogénito quien era idéntico a su padre.
-Gracias por ponerle también mi nombre – dijo El duque emocionado porque le habían puesto el nombre de su padre, quien aunque lo había separado de Eleonor había demostrado un gran amor por su hijo. Y el que le pongan su nombre era una clara señal de que Terry lo había perdonado completamente.
-Ahora les presento a Anthony William Granchester Andley – presento a su segundo hijo, quien era rubio como su madre pero tenía los ojos de su padre.
-Oh por Dios! – Exclamó la tía abuela, quien ya se había encariñado con el bebé, pues desde que lo vio, sintió que tenía a su adorado sobrino con ella - Candy… Terruce… muchas gracias!
-Terry, pequeña gracias por darle el nombre de mi sobrino y de mi padre – dijo Albert.
-También lo hicimos por ti, tú siempre estuviste conmigo y apoyaste en todas mis decisiones.
La familia se había quedado durante un tiempo más con la pareja pues ninguno quería separarse de los bebés cada uno tenía su preferido, esto hablando de la tía abuela y el duque.
Cuando llamaron a Archie para comunicarle lo sucedido, éste no tardo en ir a visitarla llevando con él a Karen, quien pronto formaría parte de la familia.
-Gatita felicidades! Pero… cómo pasó? yo creí que aún faltaba para que nazcan.
-Bueno, simplemente decidieron nacer. – dijo con una sonrisa.
-Candy son hermosos, felicidades! – exclamó la castaña, sosteniendo a uno de los bebés en sus brazos.
-Gracias y felicidades a ustedes también. Cuándo nacerá?
-En cuatro meses. Estoy un poco asustada. –dijo la castaña.
-Cómo tomó la noticia la tía abuela? – cuestionó la rubia.
-No muy bien al principio, pero Albert intervino.
Cuando la tía abuela se enteró que Karen pertenecía a una buena familia se le pasó el coraje, además de enterarse que estaba embarazada le había hecho feliz, otra vez su casa estaría llena de niños.
-Archie, Karen me alegra que hayan llegado. – dijo el castaño entrando a la habitación.
-Hola Terry, felicidades! – dijo la castaña dándole un abrazo.
-Terry, muchas felicidades. – lo felicitó Archie.
-Gracias, Albert ya me contó la gran noticia. Felicidades a ustedes también.
Después del nacimiento de los gemelos los días pasaron con rapidez, los bebés estaban cada día más grandes e inquietos, pero seguían siendo la adoración de sus abuelos. La joven pareja había comprado una casa en Nueva York esto porque Eleonor y la tía abuela quienes iban a visitarlos casi a diario y no querían que hicieran mucho camino hasta la casa de campo.
Cuatro meses después, el bebé de Archie y Karen había llegado al mundo; un hermoso varoncito, a quien llamaron Alistear Allan Cornwell Klais en honor al hermano y padre del castaño y el padre de la castaña, la tía estaba feliz había decidido quedarse en Nueva York para disfrutar de sus nietos.
-Terry… qué haces? – dijo sorprendida al ver a su esposo entrar a la ducha con ella.
-Es obvio! Aprovechar el tiempo con mi esposa antes que los niños despierten y reclamen su atención.
-Cariño… aún falta para que… despierten. – decía entrecortadamente, pues cuando Terry la acariciaba de esa manera no pensaba con claridad.
-Eso es bueno… así tendremos más tiempo para nosotros. –dijo posando un beso en la espalda de su mujer.
Esa mañana Terry había sido en especial cariñoso con la rubia, y ella no se quedaba atrás le gustaba complacer a su marido en todo. Terry empezó a pasar el jabón por el cuerpo de su pecosa, a ella le encantaba cuando hacía eso, simplemente se desconectaba del mundo para entregarse a la pasión de su marido, de repente sintió que Terry la alzaba y se unía a ella; empezó con movimientos lentos torturando de esa manera a la rubia, quien exigía más; poco a poco fue intensificando los movimientos cada vez más hasta que Candy gritó su nombre; poco después él la alcanzó , su voz había llenado el cuarto, apoyo su cabeza en el hombro de su mujer, a la rubia le temblaba todo el cuerpo, estaba segura que sus piernas no podrían sostenerla, por suerte los fuertes brazos de su marido la seguían sosteniendo. Después de unas cuantas caricias más comenzaron su día.
Los niños ya tenían dos años y estaban más inquietos, correteaban por la casa y en el enorme jardín.
-A qué hora llegarás?
-No lo sé amor, ya estamos en los últimos ensayos y hay actores que aún cometen errores.
-Ya verás que todo saldrá bien.
-Candy… he decidido dejar la actuación.
-Qué! Terry no tienes que hacerlo… es lo que más amas, no puedes dejarlo.
-No lo es, lo que más amo son ustedes tres, además no volveré a perderme nada del crecimiento de mis hijos.
Flashback
Un año atrás Terry estaba de gira con la obra de "El Mercader de Venecia", ya estaban cinco meses y era todo un éxito. Él era cada vez más aclamado por la audiencia. Faltaba un mes para que la gira terminara, cada vez que llegaba a una ciudad llamaba a su esposa para saber de su familia, hasta que un día escuchó algo que no le gustó nada.
-Terry?
-Hola cariño, ya estamos en Denver, mañana iremos a ver el teatro y por la noche será la presentación.
-Oh qué bien, amor! Sé que te irá bien, no debes preocuparte. Leí las críticas y todas hablan de tu excelente representación, felicidades mi amor!
-Gracias Pecosa, sabes que la única opinión que me importa es la tuya.
-Pues sabes que siempre admiré tu trabajo, eres un excelente actor.
-Gracias amor. Pecosa pon a los niños al teléfono, quiero oírlos.
-Está bien, Anthony está conmigo, espera… ven cariño es papá – le hablaba bajito a su bebé, mientras Terry escuchaba del otro lado del teléfono - vamos dile hola papá.
-Papápapá…
-Hola campeón soy papá!
-Papáber – Terry se quedó mudo, su bebé lo estaba confundiendo con Albert!?
-No mi amor es papá Terry. – corrigió la rubia.
-Papá Bert! – gritó el niño.
-Candy… cuándo aprendió a decir papá… Albert estaba en casa?
-Sí, fue él quien le escucho decir papá. – dijo preocupada porque imaginaba como se sentía su esposo. – Terry…?
-No te preocupes Pecosa regresaré pronto a casa. Dále un beso a Andrew y a Anthony de mi parte.
-Terry… cariño. – pero el castaño había colgado. No podía creer que se estaba perdiendo la mejor etapa de sus hijos.
Ese día Terry habló con Robert informándole que regresaría a su casa, el director no lo tomó bien pero el actor no daría marcha atrás, aunque esto le costara su trabajo. Siempre había otras opciones, pero no se perdería del crecimiento de sus hijos. Después de una discusión Terry había logrado que le diera permiso de volver a Nueva York.
-Terry! Qué haces aquí? creí que la gira terminaría dentro de un mes.
-Y no te equivocaste, yo regresé antes, para corregir el error de mi hijo.
-Qué? Lo hiciste sólo porque Anthony le dice papá a Albert?
-Y te parece poco? – dijo indignado - Pecosa su padre soy yo, y no permitiré que nadie se quede con el crédito de haber creado a ese pequeño bribón.
-Terry no le digas así, además ya verás que se acostumbrará a ti.
Y no se había equivocado, cuando los niños lo vieron Andrew fue el primero en extender los brazos a su padre y pedir su atención; el menor tardó un poco, pero después no quiso separarse de él, incluso ignoró a la rubia, quien se sintió ofendida por eso.
Fin de flashback
-Ya hable con Robert, sabe que está será mi última presentación.
-Terry me siento mal, es mi culpa, si yo hubiera corregido a Anthony o hubiera…
-No te culpes Pecosa – le puso un dedo sobre los labios de la rubia. – yo tomé la decisión porque no quiero dejarlos tanto tiempo solos, además quiero ser partícipe de todas las cosa que aprendan los niños.
-Y… qué harás cuando dejes la actuación?
-Pues… escribir. – dijo con simpleza- qué te parece un escritor como marido? Además de duque.-acotó con simpleza.
-Qué...! Duque?
-Hablaré con mi padre, creo que él y Eleonor merecen estar juntos sin que mi padre tenga que viajar cada mes.
-Terry, sabes que te apoyaré en todo. Lo que estás haciendo por tus padres me parece maravilloso.
-Entonces estás de acuerdo con ser la próxima Duquesa?
-Sabes que el único título que me importa es el de tu esposa.
-Me parece bien Duquesa pecosa.
-Ya basta! – dijo riendo al sentir que su esposo acariciaba su oreja con la nariz.
Terry se había despedido de las tablas con una magnifica representación de Otelo, estaba cerrando una etapa de su vida, pero lo que seguía le daría más tiempo con su familia, su padre lo había instruido para su cargo como el nuevo Duque de Granchester, sus ideas frescas y vanguardistas cambiarían al pensamiento anticuado de los integrantes de la cámara de lores.
La familia de Terry y Candy se mudó a Escocia pues era más tranquilo que Londres para criar a sus hijos, aunque Terry tendría que viajar cada semana para las sesiones en la cámara de lores valía la pena, sí, con eso tenía una vida tranquila con su familia. Eleonor y el duque se habían trasladado con ellos y la tía abuela no se quedó atrás, no pensaba separarse de sus pequeños nietos, quienes eran su adoración. Archie y su familia se mudaron con ellos a Escocia, a petición de la tía abuela, él dirigía los negocios de Europa. La crisis después de la pandemia había ocasionado grandes pérdidas en la bolsa, muchos empresarios habían perdido todo. Los Andley, gracias a los buenos movimientos y decisiones de Albert no habían perdido mucho, pero sí se había visto afectado con algunas de sus propiedades.
Esa mañana pasaba algo inusual, Terry siempre despertaba antes que su esposa, pero en esta ocasión fue Candy quien lo hizo primero.
-Y ese milagro Pecosa? – dijo al verla salir del baño - Siempre tardas en levantarte.
-Pues tu hijo no me deja dormir.
-No escuche que los niños despertaran.
-No hablo de Andrew o Anthony. – dijo con una sonrisa.
-Si no tenemos otro hijo Peco… - entonces comprendió lo que Candy le trataba de decir –Pecosa estás… tú tendrás…
-Sí mi amor, tendremos otro bebé!
-Oh! Mi Pecosa cada día me haces más feliz, si eso fuera posible, claro. – dijo besándola.
Siete meses después Candy dio a luz a una linda niña, rubia como su madre y con ojos azules como su padre, a quien llamaron Rose Eleonor Granchester Andley. La pequeña era la adoración del castaño, quien se puso eufórico al ver pequeñas pecas en su carita, al fin tenía una mini pecosa. Sus abuelos y abuelas la adoraban, con el tiempo llegó a ser una pequeña pecosita traviesa, como lo había sido su madre.
-Pecosa… estás despierta?
-Mmm… qué sucede cariño?
-Mi amor, sólo quería saber si estabas despierta.
-Terry, ya estaba a punto de quedarme dormida, ahora no podré hacerlo.
-No veo cual es el problema, si quieres puedo ayudar a que te duermas.
-Ah sí? Y cómo piensas hacerlo, vas a leerme un cuento como lo haces con los niños? – dijo sonriendo, pues ya sabía lo que haría su esposo, siempre la despertaba para eso.
-Se me ocurren muchas ideas y en todas terminas exhausta.- dijo poniéndose sobre ella y reclamando sus labios.
La pareja nunca perdía la oportunidad de estar íntimamente juntos, ahora con tres hijos sólo les quedaba las noches, bueno las que no terminaban cansados, pues sus hijos tenían mucha energía.
-Candy, te amo. Nunca podré pagarte todo lo que me diste; una familia, la cual amo con todo mi ser; tu apoyo, es el que me ayuda a no rendirme; pero sobre todo tu amor, cada día me demuestras cuánto me amas con todas tus atenciones, eres lo mejor que me pasó en la vida y le agradezco ese bendito momento en que te acercaste a mí.
-Te amo tanto Terry – Candy ya estaba llorando por las palabras de su esposo. – soy yo quien debe agradecerte por nuestra familia, porque si no me hubieras aceptado otra vez… no tendría nada de esto, y… no me imagino mi vida sin ti o los niños.
Con un dulce beso volvieron a confirmar su amor, nunca nadie los separaría de nuevo, las discusiones, los desacuerdos y los errores son parte de la vida y ellos habían aprendido a sobrellevarlos y solucionarlos con sabiduría.
Fin…
Nota:
Llegamos al final de la historia, espero no haberlos decepcionado, y que hayan llegado hasta el final con la misma emoción del inicio, les agradezco su apoyo y los mensajes de cada una de ustedes fue el mejor pago que pude tener.
Thank you for all the support you give me, it was the best payment I could have.
Tal vez haya un epílogo, no me parece justo que los niños Granchester no tengan protagonismo en la historia. Qué les parece la idea?
Se cuidan mucho, saludos y abrazos para todas.
20 – Junio – 2020.
