No one knows what it's like
To be the bad man
To be the sad man
Behind blue eyes
And no one knows what it's like
To be hated
To be faded to telling only lies

But my dreams they aren't as empty
As my conscience seems to be
I have hours, only lonely
My love is vengeance
That's never free

Behind Blue Eyes — The Who


Tensó sus hombros al llevar las manos a su pecho, creyendo así que le ayudará a recuperar la respiración. Sus ojos se abren ante la incredulidad y la espantosa realidad; insustituible a pesar de que le cuesta entenderla. No puede y no cree ser capaz de hacerlo jamás. A su piel le llegan antiguas caricias de manos pequeñas y suaves, en sus ojos se proyectan las sonrisas regaladas y sus oídos pueden escuchar la risa infantil y soñadora.

¿Fue acaso todo una ilusión? ¿Su hijo feliz alguna vez? ¿Tan ciego estuvo que no vio el desenlace dónde los llevó?

Ahora solo se vive una pesadilla que se queda corta al llamarla así. Aspros ve con horror como el cuerpo de su hijo cae sobre un mortalmente delgado Aioros, tal parece un cadáver viviente. La respiración se atora en su pecho, un segundo luctuoso de desesperación. No puede reaccionar, sin embargo la policía se mueve rápido y separan al castaño que abraza con demencia el cuerpo de Saga, llora… ese joven llora porque su hijo podría estar muerto.

Muerto.

Y grita. Aioros grita con potencia, ¿de dónde consigue la fuerza para hacerlo? Él no puede hallar su propia voz y el joven parece en un trance del que no quiere salir, no nota que allí se encuentra su padre y Aioria, no nota nada más que Saga mientras se sacude con desespero de los brazos de aquel hombre uniformado. Aioros se zafa del agarre del oficial y corre para tenderse nuevamente en el cuerpo de Saga.

Nadie, nadie mueve un pelo.

— ¡Ayúdenlo! ¡Saga morirá si no lo llevamos rápido al hospital! ¡Por favor!

Kanon es el único en reaccionar. Camina con pasos largos, a veces cortos, le temblequean las piernas. Solloza sumido en el terror, su hermano era la viva imagen de la muerte, su cuerpo tiene tantos golpes y heridas abiertas, que le es imposible contarlas, sobre todo en el abdomen, y fue ahí cuando comprueba que aun respira. Su pecho sube y baja en un imperceptible movimiento, Saga se halla con vida, pero se desangraría si no actuaban rápido.

Kanon se arrodilla a un lado de su hermano, toca el hombro de Aioros que se aferra al cuerpo de Saga. El castaño levanta su vista… espejismo del joven a quien ama, Kanon le observa con dolor y culpa.

— ¿Kanon?—la voz de Aioros es apenas audible.

Los verdes ojos observan más allá pudiendo ver al fin a su hermano y a su padre, junto a Aspros, quienes parecen estar completamente perdidos en algún punto distante. Se alegra en verdad de por fin terminar con toda esa pesadilla, pero su entera preocupación es su novio.

— ¡¿Qué mierda les sucede?! ¡Ayuden a Saga!—les grita.

Las sirenas de patrullas, bomberos y ambulancias, resuenan. La lluvia ha cesado.

¿Cómo ayudar? Si sus propias extremidades no responden. Sísifo observa a todos y a nadie a la vez, se encuentra tan turbado que no puede reaccionar. No entiende porqué le han disparado a Saga. Porqué solamente están los jóvenes en esa estancia y un tipo que parece haber muerto hace tiempo ya. ¿Dónde está el maldito que los secuestró? Sísifo no podrá entender, porque llegaron tarde, porque ese segundo de demora les bastó para no ser testigos del rostro desfigurado de Saga mientras apuntaba contra el hombre que decía amar. Sísifo no sabe que el secuestrador, el horrible hombre que estuvo detrás de todo este calvario, es el mismo Saga.

Él no, Aioria no. Pero Aspros y Kanon sí.

Aspros contempla el descompuesto cuerpo de Valentine con una piedra tras otra cayéndole en el estómago antes de correr hacia su hijo, luego sacaría las nefastas conclusiones, la vida de Saga es primero y está en riesgo. Aioria lo sigue, corre tendiéndose a un lado de Kanon, mientras sujeta el cuerpo de Aioros, apartándolo del moribundo.

Sísifo… no entiende nada.

Aspros larga su aliento seguido de un jadeo, cae de rodillas junto a su hijo, las manos le tiemblan cuando toma en sus brazos a Saga y aparta los cabellos que le cubren el rostro, esta tan inflamado con partes moradas y otras más oscuras, allí, donde los golpes fueron inclementes. Tiene el alma tan destruida como la consciencia de su hijo.

Saga se remueve sintiéndose extrañamente bien, aprieta sus parpados con claros gestos de dolor, ya que su cuerpo es removido de donde se halla y es acobijado en unos brazos terriblemente cálidos y conocidos. Quiere abrir sus ojos, pero los parpados le pesan, escucha voces lejanas que lo llaman

¿Estaré muerto?

Siente que su rostro humedece. Cada pequeña gota es un ósculo que carga una tristeza indescriptible, mas sin embargo le da fuerzas para poder abrir sus ojos, un esfuerzo enorme pero satisfactorio cuando puede divisar en medio de la dificultad, a su padre.

—Papá…—susurra mientras comienza a llorar sintiéndose terriblemente mal, y no sabe muy bien porqué.

—Hijo, aquí estoy, ya todo pasó… estarás bien, te lo prometo. —Aspros deja escarpar sus lágrimas y abraza a su hijo con la delicadeza de quien toma algo tan frágil, que al menor contacto se quiebra.

— ¡Saga!… ¿Eres tú, Saga?—Aioros se aparta de su hermano y gatea a su lado, acariciando el rostro del gemelo—Eres tú, Saga.

—Aioros… ¿Qué…? ¿Qué sucedió?

—Nada… estaremos bien.

La inverosímil felicidad que irradian los ojos verdes de Aioros es un contraste amargo ante la realidad que se cuela entre todos.

Saga busca de donde no tiene, fuerzas para sonreírle, pero las punzadas en su pecho lo obliga a cerrar sus ojos, mientras la sangre se escapa de sus labios, a eso le sigue un dolor más agudo, luego la nada. Absoluta, aterradora y a la vez, reconfortante oscuridad. Se siente tan mal, un dolor inexplicable que le come el corazón, y hace arder sus ojos en lágrimas, que queman cual ácido su alma.

«Estaremos bien.»

¿Lo estarán? ¿Por qué experimenta tanta desolación entonces?

Aioros toma nuevamente en sus brazos al cuerpo de Saga, cerca se perciben el resonar de las botas militares, la policía forense, invade el lugar, los paramédicos consiguen detener la hemorragia y llevan el cuerpo de Saga a un hospital, él mismo será trasladado también.

El cuerpo de Valentine será sometido a una autopsia, determinando la causa de muerte, aunque eso, salta a la vista.

Aioros sabe que se avecinan tiempos más tomentosos aun, porque él debe hablar, Saga debe hablar y Saga... el castaño está decidido a acabar con la pesadilla que vive el joven a quien ama.

—Saldremos de ésta mi amor…

Aspros traga grueso cuando la ambulancia que lleva a los dos jóvenes se marcha, mientras una segunda viene a recoger lo que alguna vez fue Valentine de Arpía. Kanon permanece en silencio y Sísifo posa una mano en su hombro, tratando de transmitirle algo de tranquilidad. El griego de azules cabellos lo observa, pronto la verdad saldrá a la luz. Cuando eso ocurra, puede asegurar que Sísifo ya no posará su mano para ayudarlo ni consolarlo y que irremediablemente perderá a Aioria.

Aspros cierra sus ojos por un momento, el cielo poco a poco vuelve a cubrirse de nubes rosas, que dejan escapar las primeras luces del alba, gira para observar la inmensidad de aquel bello lugar que le perteneciera; el sol sale por detrás de la estancia dando algo de divinidad a las gotas de lluvia que aún permanecen en los pastizales y copas de los árboles. Bello, tan bello.

Evoca aquellos momentos donde sus hijos, correteaban en los campos de flores, mientras Asmita reposaba bajo la sombra de aquel árbol. Presiona aún más sus parpados para acentuar la imagen del cabello de Saga bailando con el viento, de su risa mezclándose con el canto de los pájaros, con la risa de Kanon; la ve. Ve la imagen más perfecta de libertad y amor, de Saga en aquel campo, de su familia en aquel campo.

Las lágrimas comienzan a caer de sus azules ojos, conmoviendo a su amigo, a Aioria y a Kanon, quien de todos los presentes, comparte tan angustiante dolor.

El dolor se profundiza, cuando piensa en lo que le espera a Saga, en cómo le dará la noticia a su esposa. Saga podría ser internado en un sanatorio mental… por siempre.

—Aspros, Saga se recuperará.

Desea creer con todas sus fuerzas en las palabras de Sísifo. Ahora Saga se halla en manos de Dios. Kanon se acerca a él y lo abraza. Su padre lo estrecha en sus brazos.

—Vamos, no perdamos tiempo—palmea la espalda de su hijo y camina rumbo a su auto seguido del castaño mayor.

Kanon gira encontrándose con los verdes ojos de Aioria fijos en él, por un momento siente a esos jades conmoverse, hasta desarmar su dureza.

— ¿Por qué ese policía disparó contra Saga? ¿Por qué nadie dice nada?—lo ve apretar sus puños—estamos aquí con una escena horrible, mi hermano desnutrido, tu hermano mortalmente herido y ese… sujeto…—pasa saliva—ese sujeto muerto… Kanon, te vi allí dentro, vi tu rostro…el de tu padre ¿Qué sucede?

Kanon da media vuelta emprendiendo el camino rumbo al auto.

—Mi hermano está enfermo, no sé qué sucedió, pero pronto lo sabremos.

La habitación se sumió en un silencio pesado después de que Kardia les contara lo qué Dégel vio aquel día. Camus y Milo se encuentran un tanto confundidos con eso. Claro, no son más que dos ignorantes. Milo a pesar de ser amigo de Saga, jamás supo de sus desórdenes mentales, tanto Saga como Kanon (y Shura) jamás mencionaron nada y Milo siempre pensó que esa manera tan distante de ser del gemelo mayor se debía solamente a simple timidez e incluso lo considera una persona cercana a cómo Camus es—o era—a su ver; culto, adusto, siempre cauto en sus acciones y medido en sus palabras. Su distante personalidad no es más que una innata timidez y aunque en un principio pensó que Saga era un beato, siempre lo juzgó integro, leal y con principios fuertes.

Pero a fin de cuentas, ¿qué sabe él? Absolutamente nada.

Saga podría ser un sujeto misterioso, pero nunca consideró la posibilidad de que engañara a Aioros, que planeara el secuestro, que se involucrara en una red de trata de personas y drogas ¡Es ridículo siquiera pensarlo!

—Algo más debe estar pasando. Todo me parece tan absurdo, no debemos sacar conclusiones apresuradas.

— ¿Pero, no es raro? Saga se encuentra con ese sujeto el mismo día que Aioros desaparece, y después desaparece Valentine y Saga—dijo Camus. Milo lo observa con un odio creciente.

—No sé lo que está sucediendo, para ello Dégel fue a la alcaidía, la policía sabrá qué hacer—dice el mayor, viendo la tensión que circula entre los dos jóvenes.

—Supongo que ya tendremos noticias… ahora papá, necesito que nos dejes a solas—Camus lo observa con el ceño fruncido, —Camus y yo tenemos que hablar.

—Hijo, no sé qué sucede entre ustedes, pero…

—Pronto lo sabrás—interrumpe—ahora por favor, vete.

—De acuerdo, pero no cometan una locura, demasiadas son las que se están viviendo ya—dice el mayor afligido, antes de retirarse.

Pasan lentos minutos, mientras guardan silencio, ninguno se observa.

— ¿Y bien?—pregunta Milo al fin— ¿A quién quieres?

—Milo, por favor… no es el momento, necesito estar solo, necesito pensar.

—Es Aioria ¿No es así? ¡Sí! Es él, por eso siempre te veías contento con él, por eso me desplazaste y yo… yo como un idiota me entregue a ti—calla cuando siente que el nuevo nudo en su garganta le impedirá hablar con fluidez y se acerca a Camus—Aun puedes decirme que es una broma. Tú no me harías semejante bajeza Camus, jamás me dejarías, me lo prometiste. Siempre juntos ¿Lo recuerdas?—La desesperación en sus palabras le dan a entender a Camus qué, aunque sea una mentira, él quiere oírla.

La mano del griego acaricia el losado rostro, marcando heridas invisibles, que Camus está padeciendo hasta el infinito, desmantelando lo poco que queda de él.

El celular del francés comienza a sonar en ese instante. Milo se aparta, dándole la espalda, ha visto el nombre en la pantalla. Camus con manos temblorosas atiende.

—Hola, Aioria…—Milo empuña sus manos con la ira en aumento.

—Camus, encontramos a mi hermano y a Saga…—Camus queda en blanco por un momento—Saga está en peligro, recibió un disparo… estamos en la clínica—hizo un momento de silencio—necesito que estés conmigo.

—Iré de inmediato.

Camus irá, no le importa nada más. La comunicación termina.

—Te irás.

—Saga y Aioros aparecieron—le interrumpe—Saga recibió un disparo… puede morir. Milo, nuestros amigos nos necesitan, dejemos esto de lado y acompáñame.

Milo abre sus ojos, su rostro palidece y con un pequeño movimiento asiente siguiendo al francés. El auto de Dégel se encuentra en la cochera, no se molestarán por pedir permiso. El tiempo corre.

Llegan a la clínica, varios periodistas de diarios y noticieros se aglomeran en la entrada para saber la primicia de lo sucedido. Aspros maldice, siempre odió ser una persona pública.

—Malditos—los odia, siempre buscando el morbo, con un dolor condescendiente que hasta parece insulto.

Bajan de su vehículo, instante en que son asediados por los periodistas haciendo toda clases de preguntas ridículas. Kanon por instinto, toma la mano de Aioria y camina deprisa ingresando a la clínica para evitar así los acosos, Aspros no emite palabras e ingresa también, apremia estar junto a su hijo. Sólo Sísifo da algunas declaraciones, mencionando que sus hijos se hallan vivos, evitó dar información de dónde fue el secuestro, de la muerte y el disparo, se disculpó e ingresó, suspirando cuando las cámaras ya no lo enceguecían.

Kanon se apoya sobre una pared arrastrándose hasta el piso agotado en lo más hondo de su espíritu. Junta sus rodillas y entierra su rostro en éstas, Aioria se ubica a su lado. Contempla un momento al gemelo sus sentimientos pueden ser un lío dentro de su alma pero, no hay nada que desee más que abrazarlo, apoya su cabeza en el hombro del peli azul. Kanon levanta su rostro observándolo, esbozando una parca sonrisa, amarga.

Besa su cabeza y lo abraza con fuerza. Él continúa amándolo y aunque Aioria le había dicho que lo odia, Kanon no puede sacárselo de su corazón.

Toma su mentón para elevar su mirada y así poder observarlo, tan bello e inocente, tan salvaje y prepotente, todo eso es Aioria, todo eso ama de él.

—Perdóname—Aioria lo observa con vergüenza—perdóname por no cuidarte, tuvo que suceder todo esto para que me diera cuenta de tu dolor.

—No digas nada Kanon, no te odio, nunca debí decir aquello. Yo…

Kanon deja de observarlo al ver junto a ellos a Milo y Camus, Aioria se da cuenta de la mirada del gemelo y gira su cabeza para ver a quienes habían llamado su atención, palidece.

Lo cuatro están juntos.

Milo ignora si Kanon sabe lo que sucedió entre Aioria y Camus. Kanon ignoraba todo.

Aioria y Kanon se incorporan, cuatro pares de iris centellan con temores, con amor y dudas. Camus se acerca a Aioria, se sostienen la mirada por un momento antes de fundirse en un abrazo, que poco importó lo que los demás pensarán. El gemelo observa a Milo, lleva el rosto devastado, una mirada perdida de desolación—de derrota—que poco tiene que ver con lo que sucede en esa clínica. Algo más pasa.

— ¿Cómo está Saga?—pregunta Milo.

—Lo están operando… no sabemos nada, Aioros fue llevado a cuidados intensivos, está en shock y no quiere hablar todavía, Valentine está muerto…—Milo se sorprende por eso.

— ¿Cómo fue qué lo encontraron? ¿Les avisó la policía?

—No, mi papá…—Kanon resopla angustiado—no sé cómo pasó, pero supo que estaban en la estancia Elysium… todo está tan jodido—el atormentado rostro de Kanon no augura nada bueno—.Acusarán a Saga por todo lo que sucedió, estoy seguro…—Camus y Milo se observan, Aioria frunce el ceño.

— ¿A qué te refieres?—inquiere el castaño.

—Mi hermano, Saga sufre de trastornos mentales—el pasmo en el rostro de los tres fue de inmediato—, cuando éramos niños, le diagnosticaron esquizofrenia, Saga, actuaba de manera rara y luego olvidaba lo que hacía… como si…

—Tuviera doble personalidad—completa Camus.

El silencio se instala entre ellos. Algo así es difícil de digerir, sobre todo, porque sus cabezas ya comienzan a formular posibles conclusiones. Camus está a punto de decir lo que Kardia les había contado, pero una severa mirada por parte de Milo, que ha adivinado sus intenciones, lo calla.

—No entiendo, ¿Y qué tiene…?—Aioria abre sus ojos con incredulidad—Estás queriendo decir que fue Saga quien secuestró a Aioros, qué por eso, ése policía le disparó, ¿es eso Kanon?

Kanon no habla, ya que su padre se acerca a donde ellos se encuentran, y detrás le sigue Sísifo.

—Iré por tu madre, regresaré enseguida.

— ¡Habla Kanon! ¡Basta de silencio!—grita Aioria sorprendiendo a los presentes— ¡BASTA DE MENTIRME! ¡¿Hasta cuándo Kanon?!—Aioria se desarma por completo— ¿Hasta cuándo…?

Las lágrimas empiezan a caer de sus ojos. Quiere respuestas, quiere saber por qué siempre mantuvieron un hermetismo con respecto a Saga. Como si hablar de él fuera penado, un pecado grave, como si su vida fuera el secreto mejor guardado de la historia. Aioria está harto de Saga y su culto, estaba harto de Saga y…

Aioria está celoso de todo el amor que profesa Aioros por el gemelo. Celoso y dolido de que ese amor lo haya llevado a padecer todo lo que vivió y que ni siquiera llega a imaginar.

—Cálmate Aioria—trata de conciliar su padre—, no dejes que tus nervios hablen por ti. Iré con Aspros, traeré a tu madre, sólo… cálmate.

Aioria asiente. Camus da un paso hacia el castaño, pero las miradas de Kanon y Milo lo detienen una vez más, se muerde el labio, en ese momento no desea otra cosa que estrechar a su amigo en sus brazos y consolarlo, tranquilizarlo como tantas otras veces.

Los cuatro jóvenes ven a los mayores alejarse rumbo a la salida. Es momento de hablar.

—No te he mentido—hablar el gemelo—los problemas de mi hermano sólo él tiene derecho a revelarlos, ya te he dicho que no sé qué ha sucedido, ni porqué ese policía disparó contra mi hermano, pero escúchame bien Aioria, ten por seguro que sea lo que sea que haya sucedido, mi hermano no es culpable.

—Kanon no te ha mentido Aioria…—habla esta vez, Milo—pero, ¿y tú? ¿Le has mentido a él?—los inquisidores ojos del peli índigo lo asustan e instintivamente desvía su mirada hacia Camus, el francés mantiene la mirada gacha.

—Veo que lo sabes—sonríe apenas curvando sus labios. —No es momento para hablar de esto.

— ¿Y cuándo lo será?—espeta Milo con rabia—Aioros y Saga tienen por delante una jodida recuperación, y al parecer, Saga se las verá de los mil demonios… entonces, ¿Por qué esperar? ¡Terminemos con ésta mierda de una vez!—grita.

— ¿De qué carajo hablas?—pregunta Kanon sin entender.

Camus sostiene la mirada de Milo, esas hermosas turquesas cargadas de dolor, que él provocó, pero ya no hay vuelta atrás, sencillamente, la ha cagado. Camina unos cortos pasos hasta llegar junto a Aioria y posa su mano sobre el hombro del castaño, se observan, mientras entrelazan sus manos para asombro del gemelo y decepción de Milo. Le cuesta horrores contener las impotentes lágrimas, la frustración y traición que experimenta por ese francés que a pesar de todo, sigue amando.

— ¿No van a hablar par de pendejos? Entonces hablaré yo—Milo sonríe lo más mordaz que puede al tiempo que se limpia la maldita lágrima; —sabes Kanon, siempre tuviste razón y yo no quise escucharte porque estaba enamorado ¡enamorado! ¡Una mierda! Me preocupaba por no decepcionar a Camus—observa al francés, esta vez no callará más lo que anida en su pecho—no quería decepcionarte maldito mojigato, tú y Aioria, me parecían las personas más sinceras que había conocido en mi vida ¡y no eran más que unos cabrones! Dejé todo por hacerte feliz, pero al parecer eso nunca fue suficiente—Camus no cambia su semblante, conservándolo austero y sin expresión—nunca te fui suficiente…

Kanon mantiene su boca y sus ojos bien abiertos, no quiere creer lo que escucha.

—No hables así Milo—dice Aioria—la culpa de todo esto la tengo yo—Milo comienza a reír como desquiciado, sorprendiendo a más de un transeúnte en la clínica.

— ¡Por supuesto! Camus es tan inocente, que lo arrastraste a tu cama y lo violaste…—ironiza— ¡deja la hipocresía Aioria! ¿Y tú no dirás nada infeliz? ¿O es que acaso tienes atorada todavía la verga de Aioria en la garganta?

—Milo—Camus frunce el ceño, su comportamiento le parece inadmisible en un lugar así.

— ¿Sabes qué? Yo me largo, no quiero saber más nada contigo y con toda esta jodida mierda… Kanon, te llamaré para saber de Saga.

Da media vuelta y no mira atrás mientras avanza, tampoco hubo alguien que lo detuviera. Milo, de espaldas y solo, empieza a llorar, porque la última esperanza, esa que se empecina en llamar amor, no lo toma del brazo y lo retiene, no lo abraza ni le dice que lo ama con locura. Camus no se mueve de su posición. Milo no lo sabe pero, Camus también ha comenzado a llorar.

Y es que nunca se sintió tan miserable en su vida, desea con fuerzas volver el tiempo atrás e implorar perdón, implorar por ese amor que dentro de él aún late por Milo, por su griego de carácter explosivo. No puede evitar recordar la noche en que lo conoció, la sonrisa que le dedicó, la manera en que lo conquistó. Camus, internamente sabe que, él nunca mereció todo el amor que Milo le entregó, uno que sabe, aun distanciados, será perpetuo.

Kanon, sigue con la mirada, hasta que la figura de Milo desaparece de su vista. Esta pálido, descompuesto, sabe que debe enfrentar la mirada de Aioria, pero no se siente capaz. Descubrir una verdad así, después de la conmoción vivida horas atrás, Kanon no cree poder soportar mucho más.

Se pregunta una y otra vez, el porqué de todo ese castigo. ¿Realmente a Dios no le gusta que dos personas, dos hombres, se amaran sinceramente? ¿Es éste, un castigo por su egocéntrico comportamiento? ¿Tan egoísta y ciego había sido?

Kanon sentencia en sus ojos, el resquebrajamiento de su alma al observar los verdes ojos de Aioria derramar las lágrimas que él no puede soltar. Un nudo enorme se forma en su estómago, subiendo vertiginoso por su garganta, cerrando toda posibilidad de hablar, un dolor insoportable que lo mantiene presa.

—Quería hablar contigo de esto, pero luego… todo sucedió tan rápido…—Aioria mantiene la vista al suelo, pero los sollozos y el temblor en su voz, le dicen que esta terriblemente afectado.

—Esa día—Kanon traga saliva—dije que eras libre de estar con quien quisieras, no me debes ninguna explicación, no estamos juntos, ya no—.Aioria eleva su rostro para enfrentar su mirada, en ella naufraga la desilusión.

—Aun así, te pido disculpas…—A esas alturas le cuesta horrores siquiera mirarlo.

—Lo único que me interesa en este momento es mi hermano y mi madre, que seguramente estará devastada cuando se entere, es lo único Aioria… Cuando todo esto pase, espero seas feliz.

Kanon gira y desaparece también. Sabe Aioria que el gemelo es demasiado orgulloso, no va a llorar en su presencia, no le dará ese gusto. Esa victoria.

El castaño aprieta la mano de Camus, la cual en ningún momento había soltado. Sin decir nada lo abraza, lo ciñe contra su cuerpo, temiendo que lo único que aún le queda, se escapara. Teme que Camus esperara su calma para correr tras Milo.

Pero eso, no ocurrirá.

—Cálmate, estoy aquí contigo Aioria—parece haber leído sus pensamientos. La voz de acento francés, suena triste, pero sincera.

Está con él… Camus ya ha decidido.

Sasha y Asmita se abrazan, mientras consolándose la una a la otra, lloran como nunca. Aspros había conducido hasta la residencia de su amigo y Sísifo sin decir mucho le pidió a su mujer que lo acompañara, era mejor (o menos agotador) darles la noticia a ambas al mismo tiempo. La rubia mujer desespera, porque tiene las mismas dudas que Aspros y Kanon, ya que conoce a la perfección a su hijo y a su salud mental… tan perspicaz, que dedujo en un santiamén todo lo que aqueja la mente de su esposo. El secuestro y desaparición de Aioros y Valentine respectivamente, su comportamiento, Asmita se reprendió una y otra vez no haber tomado cartas en el asunto. Sabía que Saga desde hacía un buen tiempo, casualmente el mismo que llevaba de relación con Aioros, había comenzado a comportarse de una manera extraña—y no tanto—a ser más reservado, teniendo periodos en lo que se sumía completamente en su mundo y sus ideas. Lógicamente ella no podía verlo, pero lo sentía con fuerza, sabía cada cambio en la atmósfera que rodeaba a sus gemelos, el cambio de respiración, la variación de sus voces… Asmita leía con claridad cada alteración en el comportamiento de sus hijos… Asmita supo que algo andaba mal con Saga, pero decidió, esa vez, no entrometerse. Lo atribuyó a su enamoramiento, era la primera vez que Saga siquiera nombraba a alguna pareja, entonces, desconocía ese cambio en él. Asmita tuvo la certeza de que ella pudo haber evitado todo, y no lo hizo.

Sasha, como buena señora de la alta sociedad, ignoraba todo a su alrededor.

La criada de Asmita llega con una bandeja con dos tazas de té, la deja en la mesa y observa afligida a su señora. El rostro de la hindú es de preocuparse, pues se encuentra mortalmente pálida, y en su condición, puede perjudicarla.

—Señora Asmita, por favor, beba el té le hará bien, ya que…—Asmita frunce el ceño, señal de que debe callarse, pero eso no pasa desapercibido para su esposo.

— ¿Qué sucede Asmita?

—No es nada, por favor vamos a la clínica, quiero estar con mis hijos—ruega.

Aspros no dice más nada, toma del brazo a su mujer y la abraza un momento antes de encaminarse a la salida, seguidos por la otra pareja.

La operación había concluido. Extrajeron la bala y detuvieron la hemorragia. Saga permanece en estado crítico y su vida ahora depende de su fuerza de voluntad, los médicos ya han hecho todo lo posible. Fue trasladado a la unidad de cuidados intensivos, un policía custodia la entrada.

Kanon permanece del otro lado de la sala, esperando poder verlo aunque sea, detrás del vidrio. Esta solo. Aioria se halla en otra sala con Camus, junto a la habitación de Aioros, quien menos grave, sólo necesita volver a hidratar su cuerpo. Aún no habla y está ahora sedado y dormido. En los lapsos que despierta, lo único que hace es llamar a Saga y repetir que todo saldrá bien. Es lo único que dice, para frustración de su hermano.

Se escabulle por un momento, ese día deja la clínica, pero necesita verlo, para su suerte Kanon duerme… y el policía también.

—Vaya custodio—ironiza.

No puede ingresar a la habitación, pero lo observa desde afuera, dormido, lleno de cables y un respirador.

—Disculpa el no haber llegado antes…—dice susurrando—supe que estabas aquí pero, debía reorganizar mis ideas…pero bueno ¡Heme aquí!—lo observa profundamente—No sabría por dónde comenzar a explicar, todo lo que estos años guardé dentro, muy dentro de mí, todo lo que tú generaste y jamás aceptaste. No te culpo, no quiero que pienses que te reprocho por no quererme, por no corresponder todo lo que alguna vez te ofrecí…así lo quiso el destino, que alguien más se interesara por ti y que tú te dieras la oportunidad de amar…—guarda silencio unos momentos—Estaba tan lleno de culpas, de odio y porquerías, que esa fue mi razón para ausentarme, tal vez las cosas hubieran sido un poco distintas pero ya no es momento de recordar eso, también lamento haber provocado que nos distanciáramos y el no decirte nunca cuánto valoré y valoro tu amistad—posa una mano sobre el vidrio—fui egoísta y los celos me cegaron y te quise para mí, traté de forzarte a amarme y tú, tú tan noble te rehusaste, sigo siendo un tonto y tú nunca escucharás estas palabras pero… trata de recuperarte y ser feliz Saga… yo intentaré lo mismo lejos de ti y de todos, intentaré ser feliz… te lo prometo, despídeme de los demás. Hasta siempre Saga.

Shura derrama unas lágrimas, antes de abandonar la habitación. Su madre ya lo aguarda, dejará Grecia para siempre, de eso está seguro.

—Quiero ir a Alemania primero—dice.

— ¿A Alemania? Pero, ¿por qué?

—Debo visitar a una persona importante para mí…


Gracias por leer.