Disclaimer: Digimon no me pertenece.
XXXIV
Apraxia
-Incapacidad de ejecutar movimientos coordinados sin que exista una causa de origen físico-
A Takeru no le ocurre siempre, pero sí muchas veces… ¿Era así? No. No. Borren eso de su mente. Creo que lo correcto es decir que no le ocurre muchas veces, aunque sí le pasa siempre.
No sabe cuándo comenzó, ese extraño quiebre que de repente realiza su cuerpo sin su consentimiento. Sucede, sin embargo, alrededor de la misma persona; Yagami Hikari. Ah, claro, a muchos no les parecerá extraño puesto que ellos son mejores amigos y, cuando están juntos, es imposible no ver la cercanía que han cultivado. Entonces por qué ahora se pone nervioso cuando está con ella, si son amigos, se preguntarán. Y yo les diré lo siguiente: ¡pregúntenle a Takeru!
Ah, me gustaría decirles eso, pero este es mi trabajo después de todo.
El hado del amor obra de las maneras más cómicas, si se lo propone. Y a Takeru ha decidido ponerle la trampa mortal llamada Hikari, que a veces le toca el cabello, lo mira con sus ojos rojos y le sonríe desde lo más profundo; como si nunca le hubiese mostrado antes el gesto y, de un momento a otro, se decidiera a mostrarle la sonrisa más bonita posible.
Alguien me dijo que podrían ser las hormonas tomando vino en sus venas, ¿eso es posible?
Sin ir tan lejos, el otro día ocurrió esto:
Takeru resolvía un problema matemático, que le costaba con especial énfasis resolver desde el día anterior. Se daba pequeños golpecitos en la frente con el lápiz, cuando Hikari se acercó a su asiento. Reconoció su olor antes que cualquier cosa. Ella siempre arrastraba aromas suaves, repetitivos.
—Takeru —llamó una vez.
A él los dedos no le respondieron y el lápiz cayó al suelo. Plop. Un sonido pequeño se estrelló en el ambiente. Dobló el cuerpo para alzar el artilugio. Auch. Un lamento se escuchó, y la cabeza se golpeó.
—Hoy estás muy raro —le expresó Hikari, riendo, tenía el flequillo desordenado. Takeru sabía que solo desordenaba su cabello de esa forma, si no se podía concentrar en una cosa, o si no la entendía.
Tragó saliva, sin comprender, de nuevo, por qué estaba tan nervioso. Observó el perfil de su mejor amiga, últimamente le gustaba mucho su perfil recortándose contra los fondos. Ella le gustaba.
—Solo soy raro contigo, Hikari.
Y esa vez, fue a Hikari a quien le mal funcionó el cuerpo, mientras a Takeru lo aterido se esfumaba con una sonrisa traviesa pintada en los labios.
