Ni la historia de Meteor Garden ni los personajes de Harry Potter me pertenecen, yo solo hago esto como parte de un Hobbie.
Gracias a todos los que se han tomado el tiempo de leer este fic y dejar comentarios, así como los que siguen la historia y la tienen en sus fav.
Recomendación musical para este capítulo:
1. I miss you - SoYou
Capítulo 20. Hasta el planeta Marte
Theodore había pasado un día hermoso al lado de Luna. Juntos habían ido al cine y luego habían compartido con la pareja recién formada por Hermione y Draco. Sin embargo, el castaño no dejaba de tener la sensación de que algo no estaba del todo bien y comprobó aquello cuando se vio rodeado de más de diez hombres vestidos de negro y con el logotipo de la empresa de su padre. Sin ser visto marcó en su celular el número de Liv y dejó que la llamada quedara abierta, tal vez solo le quedaba esa posibilidad de despedirse.
- Señor Nott – Habló uno de los hombres – Acompáñenos, son ordenes de su padre. – El chico no tuvo más remedio que obedecer.
Luna llevaba horas sintiendo una extraña opresión en el pecho que no le permitía respirar bien, era como una sensación de que algo malo iba a ocurrir. Su miedo más grande se hizo realidad cuando Blaise, Draco y Oliver ingresaron agitados a la cafetería solicitando hablar con ella de manera urgente.
- Se lo llevaron a Estados Unidos – Dijo Oliver cuyo rostro mostraba preocupación – Alcanzó a llamarme cuando los guardaespaldas de su padre lo acorralaron y escuché toda la conversación, pero cuando llegamos nada pudimos hacer.
- Todo se ha complicado – Agregó Blaise cabizbajo
- ¿Qué piensas hacer? – Le preguntó Draco a Luna. La rubia miro a sus amigos, los mismos que compartía con Theodore, los que en tantas ocasiones la habían ayudado a ella y apoyado al castaño en sus locuras, entonces comprendió lo afortunada que era al tenerlos en su vida.
- Ya lo decidí – Afirmó Luna con seguridad – Siempre es Theodore quien ha corrido en mi ayuda cada que lo he necesitado, ahora es mi turno de ir por él. No me importa si para eso debo ir a Estados Unidos. Como él me dijo una vez que si me iba a Marte él iría por mí y yo haré lo mismo.
El viaje hasta Estados Unidos fue tranquilo y rápido, en menos de lo que pensaba había llegado a la ciudad de Nueva York, se vio rodeada por el bullicio y la gran cantidad de personas que iban de un lado a otro. Luna se fijó con atención en un par de chicos que cantaban y tocaban la guitarra, se acordó de lo que Theodore le había confesado una vez, se lamentó porque él nunca había podido mostrarle lo que sabía. Se acercó al par de chicos y se deleitó con su música durante unos minutos, entonces uno de ellos le arrebató su maleta y huyó en dirección contraria, Luna les gritó y corrió tras ellos durante algún tiempo, pero al perderlos de vista se dio por vencida. Ahora estaba sola, sin celular, incomunicada, con poco dinero y solo contaba con los papeles de identificación que llevaba en su bolso de mano y la dirección de la mansión Nott en Nueva York.
La noche fue dura, pero ella se las arregló para soportar el duro frío y los peligros que la acechaban, estaba dispuesta a todo con tal de ver a Theo, con eso en mente se dirigió la mañana siguiente lo más rápido que pudo hasta la mansión Nott donde fue recibida por la señora Minerva, cuya expresión denotaba una profunda tristeza.
- Theodore está en su habitación, sigue – La recibida había sido menos calurosa de lo que ella esperaba y se permitió pensar que algo estaba muy mal. Al abrir la puerta de la habitación del chico, él se encontraba sentado en la cama con la mirada perdida en algún punto de la pared.
- Theo – Susurró ingresando, esperaba una bienvenida y en lugar de eso el castaño la miró de mala manera.
- ¿Qué estás haciendo aquí? – Le preguntó enojado
- Vine a verte – Respondió Luna esperanzada que con decirle eso la actitud de él cambiaría, pero no fue así, Theodore parecía más serio y molesto a cada minuto.
- ¿Por qué viniste? – la cuestionó – Vete a casa, yo me quedaré en Estados Unidos.
- ¿Qué te pasa, Theo? – Exclamó Luna confundida al verlo tan indiferente - ¿Estás bromeando? ¿Tu padre te hizo algo?
- ¡Esto no tiene nada que ver con mi padre! – Dijo el castaño exaltado – Esta fue una decisión que tomé yo. Yo decidí abandonar mi posgrado en la universidad Hogwarts y quedarme aquí. – Theodore le dio la espalda a Luna y añadió – Esto fue mi culpa, no debí acercarme a ti. Deberías irte – le aconsejó
- Theodore – Susurró Luna, no podía creer que él estuviera haciéndole esto y menos después de que todo estuviera tan bien entre ellos – Date la vuelta – Le ordenó – Mírame a los ojos y dímelo otra vez. – Theo tragó grueso y se obligó a girar sus talones.
- No vuelvas a venir aquí – Luna asintió ante la petición del chico y se marchó conteniendo las ganas inmensas que tenía de llorar, una vez estuvo lejos de la mansión se permitió soltar todo lo que estaba conteniendo. Unos brazos la abrazaron desde la espalda y giró con la esperanza que se tratara de Theo arrepentido de todo lo que había dicho, se asombró al comprobar que se trataba de Liv.
- ¿Liv? – Dijo anonadada. El chico la abrazo conduciéndola hasta un lugar donde pudieran hablar tranquilos. Luna lo puso al tanto de todo lo que había ocurrido. Liv no mostró estar sorprendido por lo que había pasado, pero sí fue evidente su angustia por la situación.
- Yo me angustié cuando no respondías las llamadas, ni los mensajes y me asusté mucho más al comunicarme con el hotel donde te ibas a hospedar ellos me dijeron que nunca habías llegado. – Luna asintió entendiendo los motivos de su amigo. – En cuanto a Theo, creo que entiendo su situación, el grupo Nott está presentando graves problemas económicos y el padre de él debe estar desesperado intentando hallar un aliado comercial que los ayude con sus necesidades.
- ¿Daphne te dijo algo? – Liv le susurró que sí
- Ella fue a visitarme ayer para decirme que su padre le había notificado que el matrimonio con Theodore era un hecho. Por eso también decidí venir por ti. – Luna suspiró, si las cosas eran así ella había perdido de forma definitiva a Theo y eso hacía que su corazón doliera mucho. – Reservé un vuelo a Londres para esta noche, creo que lo mejor es que regreses conmigo – Luna también lo creía y así lo haría.
Theodore estaba más que furioso con su padre después de que lo había obligado a decirle todas esas cosas horribles a Luna. Para él había sido toda una tortura tenerla en frente sin poder besarla, abrazarla o expresarle lo feliz que se sentía de que hubiese ido por él hasta Estados Unidos.
- ¿Estás contento con lo que lograste? – Lo retó Theo enojado – Arruinaste mi vida y me alejaste de la única mujer que he amado.
- Era lo mejor, con el tiempo entenderás mis motivos – Sentenció el señor Nott tranquilamente.
- Jamás voy a entender el que haya tenido que dejar a Luna y aceptar un matrimonio por conveniencia solo para que la empresa no se vaya a la ruina.
- ¡Tú no valoras el esfuerzo de generaciones! – Le gritó el sr Nott abofeteándolo
- Y tú no entiendes lo que es el amor, padre – Le recriminó Theo – Esto no lo hago por ti ni por el dinero, lo hago por las miles de familias que dependen del grupo Nott para tener un trabajo estable, nunca lo olvides – Y solo en ese momento el padre de Theo fue capaz de comprender cuanto había madurado su hijo.
Theo no quería estar cerca de su padre y menos después de la discusión que habían tenido, tratando de buscar algo de paz el castaño salió al jardín y encendió un cigarrillo dándole una profunda calada, ese era un vicio que había adquirido los últimos días y que se estaba prometiendo dejar muy pronto.
- Si Luna te viera haciendo eso te golpearía – Dijo la señora Minerva de pie junto al chico – Y estoy segura que tu madre también.
- Es la única manera de no volverme loco en esta casa – Se defendió Theo dándole otra calada a su cigarrillo.
- Debe haber otras maneras de canalizar la rabia que sientes – Propuso Minerva – Por ejemplo, ¿Por qué no hablas con la señorita Daphne? – Le dijo enseñándole la pantalla del celular donde la chica Greengrass estaba en video llamada.
- Hola Theodore – Él miró la pantalla, pero no correspondió el saludo – sé que soy la última persona con la que deseas hablar, pero me gustaría darte un consejo debido a que me enteré lo que pasó en la mañana con Luna. Theodore, no la dejes ir así, si este debe ser el final de su relación termina las cosas de la mejor manera, después te vas a arrepentir de no haberlo hecho. Su vuelo sale esta noche, Liv está con ella en el hotel continental, espero que pienses las cosas – y diciéndole aquello Daphne cortó la llamada.
- Creo que esa chica tiene razón – Theo bufó molesto arrojando su cigarrillo al suelo.
- ¿Cómo se supone que voy a salir si me vigilan todo el tiempo?
- Eso puede arreglarse – Susurró Minerva sonriéndole de forma cómplice al chico
Theodore no podía creer todo lo que la señora Minerva había hecho para ayudarlo a salir de casa, desde fingir un dolor en el pecho hasta desmayarse falsamente con tal de desviar la atención y que él huyera. Ahora el chico se encontraba frente al hotel continental viendo a Luna salir junto a Liv rumbo al aeropuerto.
- ¡Luna! – Gritó el castaño llamando la atención de la chica y su acompañante
- ¿Qué haces aquí? – Le reclamó Liv molesto
- No te vayas aún, Luna – Pidió Theo desesperado por la situación
- Eres un ridículo – Sentenció Oliver empujándolo – Te importó un pepino que ella viniera hasta acá por ti y no contento con eso la abandonaste a su suerte después de que la asaltaran el primer día que llegó, durmió en la calle solo por verte ¿Y qué se encuentra? A un imbécil sin pantalones que no sabe lo que quiere – Theodore atacó enojado a Oliver ¿cómo se atrevía su propio amigo a decir eso de él?
- ¡No sabes nada! – le gritó Theo furioso devolviéndole el empujón
- ¡Suficiente! – Intervino Luna al ver todas las miradas de los transeúntes puestas en ellos tres. – Vámonos Liv – el chico la obedeció tomando sus maletas y subiéndolas al auto que los esperaba.
- Le dijiste a mis amigos que me seguirías hasta Marte ¿No es así? – le dijo Theo con tristeza – Tal vez no será hasta Marte, pero sí sería un último día en Nueva York.
- Vamos Luna – Exclamó Oliver tomando la mano de la rubia y llevándola hasta el auto. La rubia pudo ver la expresión de melancolía en el rostro de Theo por medio del retrovisor del auto y no pudo resistirlo.
- Lo lamento Liv – Se disculpó regresando junto a Theo que la esperaba con la mano extendida – Debo cumplir mi promesa – Liv asintió entendiendo y el par de chicos se marcharon lejos de allí.
Luna caminaba por Central Park tomada de la mano con Theo, demasiado tristes y taciturnos para hablar habían optado por compartir tiempo de calidad juntos antes de tener que decirse adiós para siempre. Luna luchaba contra el nudo que tenía en la garganta, no era su idea el pasar el último día al lado del chico que amaba llorando como una magdalena, debía mostrarse fuerte, aunque en ese momento no le quedaran fuerzas para soportarlo.
- Hace tiempo había querido hacerte un regalo – Rompió el silencio Theo
- Por favor, no – Suplicó Luna con la vista perdida en el suelo
- ¿Recuerdas al jugador "Yo mando" del juego fantasy? – Luna asintió sin comprender a qué se refería él. – Revisa tu cuenta
- Es una suerte que Liv me haya prestado un celular, el mío lo robaron en mi primer día en Nueva York
- Lo repondré – Se animó a decir Theo ganándose una mirada airada de Luna – después de todo, es mi culpa que estés aquí
- No hay necesidad que lo repongas, yo compraré uno cuando regrese a Londres. – Luna revisó su cuenta de fantasy dándose cuenta que había recibido un regalo del jugador "Yo mando" - ¿Es un jardín de meteoros? – le preguntó ilusionada, en el juego ese era el mejor regalo que podían recibir.
- Sí – Admitió el chico sonriéndole – Sé lo mucho que te gustó ver la lluvia de meteoros ese día conmigo desde el balcón, por eso, creí que un jardín de meteoros sería perfecto para tu cuenta de fantasy.
- Es hermoso – Dijo Luna sonriendo – Gracias. Así que tú eres el jugador "Yo mando" – Theodore asintió - ¿Por qué no me lo habías dicho?
- En primer lugar, de nada. Y para responder lo otro, quería sorprenderte cuando menos lo esperabas.
- Yo tengo el collar de meteoro que me regalaste ¿Quieres que te lo regrese? – Recordó Luna de repente. Theo negó con la cabeza.
- Ese fue un regalo que te hice y quiero que lo conserves – Hubo una breve pausa hasta que Theo dijo - ¿Quieres que vayamos a comer algo? Conozco un buen lugar cerca de aquí – Luna llegó en compañía del castaño a un pequeño restaurante de aspecto pintoresco, una señora regordeta les daba la bienvenida a todos los comensales y cuando ella se fijó el Theo lo saludó con un enorme abrazo de manera efusiva, parecía que ya lo conocía.
- Mi niño – Exclamó con dulzura – Hace mucho no te veía ¿Estás de vacaciones?
- No señora Sprout, estoy aquí por negocios – Contestó Theodore sonriéndole a la amable mujer.
- Que guapo estás y que bien acompañado vienes ¿Es tu novia? – Theodore asintió – A veces olvido lo rápido que creciste – Susurró con nostalgia la señora Sprout – Bueno, basta de charlas, imagino que vinieron a comer y este día invitaré yo, ¡adelante! Siéntanse como en casa.
- ¿Quién es? – Quiso curiosear Luna
- Fue chef en mi familia hasta que mi madre murió, nos dejó porque decidió abrir su propio restaurante, vengo acá cada que estoy en Estados Unidos – Luna le sonrió a Theo, en verdad el chico era una caja de sorpresas.
La señora Sprout debió imaginar que los chicos estaban hambrientos pues les dio tanta comida que ninguno de los dos habría podido comer todo, de hecho, Theodore miraba maravillado a Luna comer, a él no le pasaba un solo bocado.
- Me gusta verte comer – le confesó con una sonrisa en los labios
- ¿Por qué? – Quiso saber ella
- Te emociona mucho hacerlo, como si todo fuera extremadamente delicioso
- Lo es – Respondió Luna llevándose un pedacito de piña a la boca – Toda la comida es muy deliciosa.
- Ahora lo sé, no fue hasta que te conocí que me fijé en esos detalles. – Añadió Theo con nostalgia, sus ojos se veían tan tristes que Luna debió desviar la mirada para no llorar. – Antes no me importaba nada que no fueran mis propios problemas, no sabía lo importante que era amar, cuál debía ser el mejor clima para una cita o si la persona que estaba conmigo era o no feliz.
- Basta – Susurró Luna conteniendo las lágrimas – Tú no eres así. Quiero volver a enfrentarme al Theodore Nott egocéntrico e intimidante, ese que se creía el regalo de Dios en la tierra ¿Lo harías por mí? – él asintió
- Eres una tonta Lovegood – Le dijo Theo esforzándose por sonreír – Quiero que hagas lo que digo ahora mismo.
- ¡Ni lo pienses! Solo eres un tonto arrogante cabeza de piña – Se burló la rubia incapaz de evitar que sus ojos se llenaran de lágrimas.
- ¿Quieres morir Lovegood? No me retes, yo siempre consigo lo que quiero – El castaño no se veía en mejor estado que Luna, sus ojos estaban anegados de lágrimas que se obligaba a retener.
- Lo siento
- ¿Te disculpas? – le dijo divertido el chico
- Si las disculpas fueran suficientes ¿Para qué necesitaríamos policías? – Dijeron los dos al tiempo rompiendo en llanto.
- En verdad lo lamento – Exclamó Luna con tristeza
- Ojalá pudiera hacer algo para evitar esto. – Le confesó cabizbajo el castaño
- Vayamos a dar un paseo, ya casi anochece – Theodore asintió y después de despedirse de la señora Sprout salieron del restaurante. – Luna – La llamó el chico frenando su andar – Lastimosamente en esta vida las cosas no se dieron como hubiésemos querido, sin embargo, todavía podemos prometernos jamás separarnos en otra vida.
- Lo prometo – Susurró Luna abrazándolo
- No importa dónde estés, yo te encontraré y entonces nada ni nadie podrá separarnos – La hora había llegado y la separación era inevitable. – Vete tú primero – Susurró Theo besando con ternura la cabeza de la rubia
- Esta bien – Le concedió ella dando el primer paso para alejarse, por más que se repetía que no debía hacerlo Luna terminó girando su cabeza para verlo ir y entonces algo en ella se quebró, no podía dejarlo ir, no así - ¡Theo! – gritó con todas sus fuerzas, él se giró apresuradamente y corrió hacia Luna como ella lo hacía terminando por fundirse en un necesitado abrazo. – Te amo – le dijo sollozando
- Te amo – le contestó Theodore y todo se oscureció para ambos.
El sonido de las olas chocando contra la arena y la brisa salina la obligaron a abrir los ojos, se levantó con dificultad admirando el paisaje desconocido a su alrededor, ¿Por qué estaba acostada frente al mar y sobre la arena? ¿Qué había pasado para que terminara así? Lo último que recordaba era haber estado abrazada junto a Theo y de repente todo se había oscurecido.
- ¡Theo! – Exclamó asustada buscándolo con la mirada por toda la playa, no fue difícil divisar al cuerpo cerca de ella que estaba inconsciente. Imaginándose que algo lo había ocurrido corrió hacia él y lo estremeció hasta que logró despertarlo.
- ¿Dónde estamos? – preguntó desorientado el chico
- No lo sé, acabo de despertar y no tengo mi celular conmigo – Theodore se revisó los bolsillos comprobando que él tampoco tenía su celular.
- ¿Crees que nos secuestraron? – Theo se encogió de hombros, no tenía idea de lo que pasaba.
- Sin duda alguna – Respondió él. Theodore se levantó y recorrió el lugar en búsqueda de algo que les diera alguna pista de dónde estaban o que le ayudara a sobrevivir.
- ¡Un maletín! – Gritó Luna efusiva al ver un pequeño bolso tirado entre las rocas – Wow, hay agua, un encendedor y una caña de pescar
- Perfecto – Opinó Theo – Con eso lograremos sobrevivir hasta que los hombres que trabajan para mi padre nos encuentren.
- Creo que por esta vez confiaré en tu papá – Theodore sonrió sin dejar de mirarla
- Puede que suene mal, pero en esta isla el tiempo no cuenta, es como si el destino quisiera regalarnos un poco más de lo que esperábamos. Le estoy agradecido infinitamente al que nos secuestró – Susurró el chico antes de besar a Luna.
…
- ¡¿Quién demonios lo dejó salir?! – Exigió saber enojado el Sr Nott, su hijo llevaba 24 horas desaparecido y nadie daba razón de él, lo que ya empezaba a darle mala espina.
- Señor, hemos recibido este video – Le comentó uno de sus guardaespaldas enseñándole unas imágenes de Theodore amordazado en una habitación con poca luz.
- ¡Quiero que busquen en cada rincón y que hallen al responsable de esto! – Ordenó el señor Nott, el culpable del secuestro de su hijo lo pagaría muy caro y él se encargaría de ello.
…
La noche había caído sobre la isla dándole un aspecto un poco tenebroso. Luna y Theo habían logrado encender una fogata y construir un pequeño refugio con algunas ramas de árboles con el que pretendían protegerse del frio de la noche. Los chicos habían aprovechado el tiempo juntos para vivir experiencias inolvidables, caminaron por la orilla del mar tomados de las manos, vieron abrazados sobre las rocas la puesta del sol, pescaron con la caña que habían encontrado disfrutando de una divertida competencia de ver quien pescaba más y ahora se encontraban sentados junto a la fogata hablando de todo lo que habían vivido desde que se conocieron.
- Dime la verdad – Le dijo Theo sonriendo divertido - ¿Te gustaba más mi pelo de piña que como lo uso ahora? – Luna rompió a reír a carcajadas
- ¡No! – Le gritó empujándolo levemente – Si te digo la verdad, amo tu cabello en cualquier estado, ya sea que se vea como una piña o que caiga así tan salvaje y natural sobre tu cara. – Theodore se sonrojó y Luna no desaprovechó la oportunidad para burlarse de la timidez de él.
- No te rías de mí, te recuerdo que fuiste tú la que gritaste que me amabas frente a todos – Exclamó Theodore tratando de devolverle el ataque, la chica le restó importancia a lo que había dicho haciéndole una mueca graciosa con su nariz. – Deja de hacer eso o te juro que…
- ¿Qué? – Lo retó Luna sin ocultar su felicidad. Theodore se abalanzó sobre ella dejándola a su merced.
- Te juro que no me voy a poder controlar – Susurró contra los labios entreabiertos de Luna, ella acarició su mejilla y tomó la iniciativa al besarlo.
- Te amo – Le dijo entre besos la chica
- Y yo a ti, como no tienes idea. – Contestó él simplemente dejándose llevar por el momento romántico que compartían.
Theodore no había podido dormir en toda la noche, los sonidos de pisadas y los aullidos de los lobos no lo habían dejado descansar, su única intención era proteger a Luna de cualquier peligro que se pudiera presentar mientras la chica dormía exhausta después del día tan complicado que habían tenido en la isla. De su mente no salía la idea de que alguien los estaba espiando y que no estaban solos en la isla, por eso, había decidido explorarla apenas Luna se despertara.
- ¿Es necesario hacer esto? – Se quejaba Luna caminando tomada de la mano junto al chico en medio de la espesura de los matorrales de la isla. Theo se había despertado con la firme intención de recorrer cada rincón y ellos habían caminado por más de cuatro horas sin descanso y todavía no hallaban nada provechoso más que matorrales y una que otra raspadura que Luna había obtenido al caerse de una roca.
- Anoche escuché ruidos extraños, quiero saber de dónde provenían – Le dijo Theo sosteniendo fuerte su mano, después de la caída no había querido soltarla más a pesar de que ella se quejaba que él tenía las piernas más largas y podía caminar más rápido lo que la cansaba.
- Theodore Nott – Exclamó Luna molesta – En esta isla no hay nadie más que… - Luna se vio acallada por la mano del chico en su boca y en ese momento pudo escuchar con claridad la voz de una chica que discutía con alguien. Apresurados los dos chicos buscaron el origen de la voz y se encontraron con una escena digna de admirar: Draco y Daphne discutían frente a la playa, mientras Hermione jugaba con Blaise con una pelota de voleibol y Oliver disfrutaba una partida de naipes en compañía de Ron y Padma resguardados en una de las cuatro tiendas de acampar que reposaban frente a ellos.
- ¡Ustedes! – Gritaron al tiempo Luna y Theodore, cuyo aspecto demostraba que estaban agotados. Ron y Blaise se exaltaron al verlos llegar, Daphne escondió su cara en su chaqueta y Hermione se agarró del brazo de Draco buscando protección.
- Podemos explicarlo – Dijo Blaise tratando de calmar los ánimos, pero ni Theo ni Luna les dieron tregua y los persiguieron a todos por la orilla mientras le arrojaban arena y toda clase de objetos que encontraban por el camino. Luego de un rato, los ánimos se calmaron.
- Era la única solución que teníamos para evitar que los separaran – Les explicó Daphne – Míralo – Exclamó señalando a Theo – Pobrecito. Lo encerraron y lo querían obligar a casarse solo por conveniencia, no podía permitir eso, debía hacer algo y fue entonces cuando se me ocurrió esta brillante idea.
- Y me la comentó a mí – Complementó Liv feliz de ver a su par de amigos juntos por fin
- ¡Liv! – Gritó Theo con el ceño fruncido – Lo esperaba de esta loca, pero de ti…
- Deberían agradecernos – Opinó Draco haciéndose el digno
- No hubiese estado mal que por lo menos nos avisaran lo que iban a hacer, mira que dejarnos sin comida y solo con una botella de agua mientras ustedes disfrutaban con comodidades a tan solo unos kilómetros de nosotros – Se quejó Luna
- Bueno, eso ya no importa – Intervino Hermione – Lo importante es que ahora están juntos.
- Y que deben prometer que jamás se volverán a separar – Exclamó Padma sonriente
- ¡Por qué no aprovechan y se prometen amor eterno! – Propuso Ronald emocionado – Mi mamá dice que las promesas hechas al mar son para siempre. – Theodore miró a Luna y tomándola de la mano la arrastró frente al mar majestuoso.
- ¡Ya lo decidí! – Gritó ganándose el vitoreo de sus amigos - ¡No pienso renunciar a Luna, ni al grupo Nott! Yo, Theodore Nott soy capaz de llevar con éxito ambas cosas. ¡Amo a Luna Lovegood y quiero estar siempre con ella!
- Si esto fuera una boda esos dos serían los novios peor vestidos – Opinó Blaise con diversión
- Y nosotros seríamos los padrinos y damas de honor más extraños del mundo – Comentó Draco generando la risa colectiva.
En medio de risas y juegos la noche llegó nuevamente sobre la isla. Draco, Blaise, Ronald y Oliver habían decidido descansar en sus tiendas de acampar luego del largo día, al igual que Hermione, Padma y Daphne, quedando solamente Theodore y Luna contemplando juntos las estrellas.
- ¿Qué pasará después de esto? – Quiso saber Luna recostada sobre el pecho de Theo.
- Debo hacerme cargo de los negocios de la empresa para tratar de salvarlos, terminaré mi posgrado y tú te graduarás de la universidad – Contestó el chico suspirando
- ¿Y después? – Theodore sonrió
- No te dejaré, te prometí jamás volver a hacerlo y lo pienso cumplir. – Luna sonrió complacida, eso era lo único que ella necesitaba saber.
- ¡Aquí están! – Gritaron unos hombres que se acercaban con linternas. Luna se asustó y Theodore se levantó colocándola detrás de él, nadie se atrevería a hacerle daño. – Señor, que bueno verlo – Le dijo uno de los guardaespaldas de su padre y Theo entendió que la fantasía había terminado y llegaba la hora de enfrentar la realidad.
