Aclaración:

Los personajes de Naruto son propiedad de Masashi Kishimoto, yo solo los tomo prestados para la historia.

La historia es una adaptación, al final estará el nombre original y autor.

Hay OOC


18| El que Busca Encuentra


—¡Mierda! —gritó Naruto al cielo. No tenía coche y no tenía ni idea de cómo llegar hasta Hinata.

No podía tele-transportarse hasta allí, puesto que nunca había estado en el cementerio de Nueva Konoha. La residencia de las valquirias estaba cerca de Byacourt. Podía correr hasta allí y coger un coche. «No sé hacia dónde tengo que ir.»

Él rara vez se planteaba pedir ayuda, pero en esos momentos tenía que hacerlo, y sólo una persona le vino a la mente: Nagato.

En lo más profundo de su ser, Naruto seguía siendo un Uzumaki, y necesitaba la ayuda de su hermano... que estaba preso en la cárcel de Orochimaru. Se tele-transportó hasta el monte Oblak. A pesar de que era de día, el interior del castillo estaba a oscuras.

—¿Nagato? —gritó al recorrer los estrechos pasadizos. El sonido retumbó y alertó a los guardias.

Pronto, un grupo de soldados avanzó hacia él, espada en mano, atónitos al ver a un vampiro caído de ojos ensangrentados dentro del castillo de los Abstemios.

Naruto aguantó sus golpes, les quitó las armas y los hizo a un lado. Descendió hasta las entrañas de la fortaleza, partió algunos cuellos, pero así no se mataba a soldados inmortales.

—¡Nagato! —volvió a gritar.

—¿Naruto?

Siguió el sonido hasta una celda de tamaño considerable. Dentro, tras unos gruesos barrotes, estaban sus hermanos.

Los tres lo miraron desconcertados. Era consciente del aspecto que tenía. Con la cara y el cuerpo ensangrentados, heridas por todas partes y el rostro amoratado por los golpes de los demonios.

—¿Qué estás haciendo aquí? —Quiso saber Nagato. —¿Y de quién es toda esa sangre?

Él se quedó mirando los barrotes. «Obstáculos.»

—No tengo tiempo de charlar.

—Tienes que irte de aquí —dijo Yahiko. —Te matarán si te capturan.

—Que lo intenten —contestó él riéndose. Sujetó los barrotes con las manos.

«Tengo que encontrar a Hinata...» Apretó los dientes y empezó a separarlos.

—Están protegidos, igual que lo estaban tus esposas —le explicó Menma. —La madera, el metal y la piedra que nos rodea están hechizados. No podrás...

Naruto los dobló un poco, y al final terminó por romperlos.

—Dios mío —murmuró Nagato.

—¡Necesito que me ayudes a encontrar a mi Novia! —Acabó de arrancar. —No estoy loco... pero necesito que me tele-transportes a todos los cementerios de Nueva Konoha. ¿Sabes dónde están?

—¿Tu... Novia? —preguntó su hermano atónito.

—Le late el corazón —observó Yahiko.

—¿Sabes dónde están o no? —gritó Naruto.

—Sé dónde están todos los cementerios —confirmó Nagato despacio. —Konan y yo vamos ahí a cazar zombies.

—¿Me acompañarás?

—Naruto, cálmate un poco.

—¡No puedo calmarme, Nagato! Carajo. —De repente, sintió una presencia muy poderosa a su espalda.

—Así que éste es Naruto Uzumaki —dijo Orochimaru. Sin darse la vuelta, él respondió:

—El macuto ruso. ¿Qué quieres?

—Ya sé que los Uzumaki son genéticamente incapaces de mostrar obediencia a un rey, pero un poquito de respeto estaría bien.

Se volvió para mirar al único vampiro de nacimiento, y vio que estaba rodeado de su guardia personal.

—Has dejado fuera de combate a todos los soldados del castillo. Algo que ni un batallón de la Horda podría hacer. No me dijeron que eras tan fuerte —comentó Orochimaru como si nada. Mantenía la mirada inexpresiva, pero estaba calculando todas las posibilidades. Naruto podía sentirlo... y supuso que sabía lo que el monarca pretendía. —Pero claro, ahora tienes pulso.

—No tengo tiempo para esto. —El vampiro perdió la paciencia. —Te mataré aunque sólo sea para que te calles.

Los guardias se pusieron tensos y se llevaron la mano a la empuñadura de la espada.

—¿Matarme? De no haber sido por mí y tus hermanos no habrías conocido a tu Novia. Habrías muerto hace trescientos años.

—¡Eso ya lo he deducido yo sólito!

—Dejó a los guardias inconscientes —le explicó Orochimaru a Nagato, —pero no ha matado ni a uno. Es como si quisiera decirnos algo, ¿no? Tenías razón. No está perdido. Puede ser muchas cosas, pero no es irrecuperable. Y yo soy de los que saben reconocerlo cuando han cometido un error. Sin embargo, deberías haber recurrido a mí en vez de infringir la ley.

—No podía correr el riesgo de que dijeras que no —explicó Nagato. —Es mi hermano —añadió, como si eso lo justificara todo.

Orochimaru volvió a dirigirse a Naruto.

—Júrame lealtad y todos vosotros podréis iros de aquí como amigos. De lo contrario, quédate y lucha conmigo.

No tenía tiempo de quedarse a luchar.

—Juro... que jamás me enfrentaré a ti ni a tu ejército.

Orochimaru se quedó mirándolo antes de responder:

—Por ahora servirá. —Y dirigiéndose al resto de los hermanos, añadió: —Tomaos una semana de vacaciones. Y decidles a vuestras esposas que dejen de hacer planes para derrocarme.

Cuando el rey y sus hombres desaparecieron, Nagato volvió a hablar:

—Naruto, si quieres que te ayude, tienes que contarme lo que ha pasado. ¿Quién es tu Novia?

—Hinata —le explicó él a toda prisa, —una preciosa y pequeña bailarina. La amo. Tanto que incluso me duele el corazón. Tengo que encontrarla.

—¿Por qué crees que tienes que ir a un cementerio para ello?

—Ella era un fantasma, aquel del que os hablé, pero ya no lo es. Esta noche ha muerto de nuevo y tal vez haya resucitado, o recuperado su cuerpo, todavía no entiendo cuál es la jodida diferencia, pero la bruja, el hombre lobo y yo la hemos perdido. A ella o a uno de sus cuerpos, no lo sé, y ahora no consigo encontrarla. Tengo que ir a todos los cementerios de la ciudad hasta que oiga el latido de su corazón.

Menma enarcó las cejas y dijo:

—Ya estamos otra vez con lo del fantasma.

—Naruto se ha vuelto loco del todo —farfulló Yahiko en respuesta.

Él les enseñó los dientes a los dos.

—¡Os juro que es verdad!

—No sé qué me cuesta más creer —comentó Menma, —que Naruto se haya vuelto completamente loco, o que su Novia sea un espíritu del más allá al que le han perdido el cuerpo. Me parece que ninguna de las dos alternativas augura nada bueno para nadie.

—Siempre le ha gustado ir contracorriente —respondió Yahiko, atreviéndose a dar un cariñoso golpe en la espalda de Naruto. —Me encantaría quedarme, pero tengo una emergencia y ya llego varias semanas tarde. Buena suerte, Naruto. —Y desapareció de allí.

—Nagato, ¿puedes encargarte tú? —Preguntó Menma. —Tengo que asegurarme de que las valquirias estén quietecitas.

Naruto se volvió hacia Nagato, luchando por mantener calmado su tono de voz. Estaba tan frustrado que se moría de ganas de dar un puñetazo a la pared y gritar su angustia. Su pequeña Novia estaba en un lugar oscuro... ¿Estaría asustada? Se estremeció sólo de pensarlo.

Para llegar hasta ella tenía que convencerlos de que no había perdido la cabeza.

—Ya sé que todo esto parece una locura. Pero... te... te pido que confíes en mí. Por favor, Nagato, llévame a los cementerios.

—Creo que nunca le había oído pedir nada a nadie —observó Menma.

Naruto se frotó la frente.

—Nagato, por favor, Hinata estará... —se le quebró la voz—asustada.

—Vete, Menma —dijo al fin el mayor de los Uzumaki. —Dile a Konan que regresaré más tarde.

Cuando su hermano desapareció, Naruto dijo: —¿Me crees?

—No... —Nagato se pasó la mano por la nuca, —bueno, no lo sé. No sé si puedo creer nada de lo que has dicho.

—Entonces ¿por qué vas a ayudarme?

—Sea cual sea el motivo pareces necesitarlo, y has acudido a mí. —Lo miró a los ojos y respiró hondo. —Te ayudo porque sigo siendo tu maldito hermano.

.

.

Cementerio número 1 de St. Louis
Nueva Konoha

En el tercer cementerio al que fueron, las tumbas habían visto tiempos mejores. Muchas lápidas estaban destrozadas, cubiertas de moho y con las rejas oxidadas. Asimismo, la erosión había borrado muchos de los nombres.

Pasaba de la medianoche, y la lluvia seguía cayendo esporádicamente, pero a pesar de ello en el cementerio había mucho ambiente.

Un grupo de fantasmas borrachos se reía al tiempo que fumaban cigarros baratos mientras marcaban una tumba con una «X».

—Ni siquiera es la cripta de Inoe Laveau —farfulló Nagato. —Konan dice que esa sacerdotisa poseía gran poder.

—¡Fuera de aquí! —les gritó Naruto a los fantasmas.

Estos se callaron de golpe y se metieron cada uno en su tumba de grava todavía húmeda.

—Naruto —dijo Nagato cuando por fin se quedaron a solas, —tienes que estar preparado para asumir que quizá no la encuentres. O que quizá halles su tumba y ella no esté como tú deseas... sino como era al morir.

«Sus restos.» El negó con la cabeza con fuerza.

—Lo sé —respondió, y se quedó quieto, conteniendo la respiración y tratando de oír el corazón de Hinata, deseando poder detener sus propios latidos para que no hicieran ruido. Se concentró para ver si podía oírla por encima del sonido de las cigarras y del tráfico. Volvió la cabeza hacia la izquierda. Percibió un latido muy débil.

—¡La oigo!

—¿Cómo puedes estar tan seguro de que es ella? —preguntó su hermano.

—Sé cómo suena su corazón. —Siguió el sonido hasta un panteón blanco descolorido que, como mínimo, tenía siete pisos. Un terror helado circuló por sus venas. ¿De verdad estaba metida allí? ¿En un ataúd rodeado por otros? Qué asustada debía de estar.

«Soñé que se moría de miedo... ¡No! Ahora no puedo pensar en eso, tengo que mantener la calma.»

Dedujo que el sonido salía del tercer nivel, cuya lápida de mármol estaba tan desgastada que no podía leerse nada en ella.

Naruto tragó saliva y le dio un golpe, rompiéndola en mil pedazos. Dentro del agujero había un pequeño ataúd negro.

Tiró de él y lo depositó en el camino de grava.

—¡Naruto! —Nagato le sujetó por el hombro. —Tienes que estar preparado.

Él asintió, sujetó la tapa, y la abrió...

—¡Hinata! —gimió.

La joven tenía los ojos cerrados, y permaneció inmóvil, como si estuviera muerta. Se veían restos de seda podrida sobre su cuerpo desnudo. El polvo le cubría la cara y el pelo. Con un grito, Naruto la sacó de allí y la estrechó contra su pecho.

—Dios mío —susurró Nagato. —Era verdad... ¿Está viva?

—¡Hinata, dime algo! —No hubo respuesta. Le acarició el rostro con los nudillos. Seguía sin responder. Pero ¿por qué? La apartó un poquito. Parecía estar perfectamente acabada, y tenía la piel caliente y sonrosada. La sujetó por los brazos y rogó: —Por favor, cariño, di algo...

Hinata abrió sus ojos grises.

Tosió un poco y trató de hablar.

—Sabía que me encontrarías. —Y entonces se echó a llorar.

Nagato apartó la vista y le pasó a su hermano su chaqueta para que pudiera abrigarla. Luego, Naruto la sujetó por la nuca y la abrazó contra su pecho, incapaz de soltarla.

—Sabía... —susurró ella temblando, —sabía que me buscarías, Naruto.

—Siempre, koeri, siempre —murmuró él meciéndola con cariño. —Mi valiente, valiente chica.

Buscó entonces la mirada de Nagato.

—Mi venganza está olvidada. —Se le quebró la voz. —Tienes mi gratitud, hermano.

—Siento haber dudado de ti —respondió éste con sinceridad. Y luego preguntó: —¿Acabas de llamar «señuelo» a tu Novia? ¿Para ti eso es un mote cariñoso, Naruto? —Al ver que el otro lo miraba enfadado, levantó las manos. —Ya lo sé, no es asunto mío. —Y mirando a Hinata, añadió: —Bienvenida a la familia. —A continuación desapareció.

Naruto se llevó a Hinata de ahí y se tele-transportó con ella directamente al baño de Byacourt. Sin soltarla ni un segundo, preparó la bañera y, cuando la tuvo lista, la metió en el agua humeante.

Mientras le iba lavando el polvo y la suciedad, Hinata permaneció sentada, con la mirada perdida y sin dejar de llorar.

—¿Estás entrando en calor? —La joven asintió. —Cariño, ¿te duele algo?

—N...no. Sólo estoy algo alterada. No puedo parar de llorar.

—Esto me está matando, koeri. Dime qué puedo hacer para ayudarte.

—Lo siento. Es que... aunque sabía que me encontrarías, estar en ese ata... estar allí... ha sido muy difícil.

Él le colocó un mechón de pelo detrás de la oreja.

—Sé que debes de haber pasado mucho miedo.

—¿Era Nagato el que estaba contigo? —Preguntó, y cuando Naruto asintió, dijo: —¿Cómo consiguió escapar?

—Yo... fui a liberarles.

—¿Fuiste solo?

Él afirmó con la cabeza y ella se quedó boquiabierta. —¿Estás herido? Ni siquiera me he asegurado de que estuvieras bien.

—Estoy bien —contestó Naruto, feliz al verla que se iba animando.

—¿Cómo se te ocurrió ir allí?

—Necesitaba la ayuda de Nagato para encontrarte. Habría hecho cualquier cosa para dar contigo.

—Me ha dado la bienvenida a la familia. ¿Le dijiste que íbamos a casarnos? —Sus enormes ojos grises se llenaron de lágrimas. —Porque si la oferta sigue en pie...

—Podemos hablar de eso más tarde —la interrumpió él tras suspirar. —Cuando te encuentres mejor.

—¿Qué... qué quieres decir? —preguntó la joven llorando con más intensidad.

—Escúchame, mi amor. —Parecía estar sufriendo muchísimo. —Todo esto es culpa mía. Los demonios regresarán, y si descubren que estás viva no cejarán en su empeño hasta matarte de nuevo.

Hinata se sintió aliviada, y las lágrimas aminoraron un poco. Si eso era lo único que le preocupaba...

—Entonces tendrás que mantenerme a salvo. Te prometo que nunca saldré de aquí sin ti. He aprendido la lección. Me quedaré aquí tranquila.

—No puede ser, Hinata. Yo te amo demasiado como para permitir que alguien vuelva a hacerte daño.

Le había dicho que la amaba. Tan pronto como comprendió que ya no tenía que tener miedo a esas palabras, sintió que de verdad había vuelto a la vida.

«Vamos a estar juntos...»

—Tú te mereces a alguien mucho mejor que yo —prosiguió Naruto, sin tener ni idea de que ella ya lo tenía todo decidido. —Tienes toda una vida por delante, ¿por qué iba a creerme con derecho a nada?

—¿Alguien mucho mejor? ¿Y qué tiene de malo el hombre que amo?

—El hombre que amas —murmuró él sin ocultar lo mucho que le había gustado oír eso. Pero al parecer se sintió obligado a explicárselo mejor: —Yo nunca podré pasear bajo el sol contigo, ni compartir una cena a tu lado. La Kapsliga y otros enemigos seguirán mandando asesinos para matarme. Y, además, no estoy seguro de estar... bien de la cabeza.

Ella se levantó hasta que el agua le cubrió sólo las rodillas, y le sujetó la cara con las manos.

—Siempre me ha gustado estar pálida, y nunca se me ha dado bien compartir la comida. Y cuando vengan los de la Kapsliga, estaremos preparados para recibirlos. Y en lo que se refiere a tu cabeza, cada día mejorarás un poco, igual que has estado haciendo hasta ahora.

—Te mordí. Podría haberte matado.

—Pero si ni siquiera me hiciste daño, Naruto. Me encantó que me mordieras.

—Entonces, ¿por qué te enfadaste tanto?

—Porque Mito me dijo que el día en que alguien descubriera cómo había conseguido regresar a la vida sería el día de mi muerte. No podía decírtelo, aunque tenía muchas ganas de hacerlo. Cuando bebiste mi sangre, pensé que podrías averiguar la verdad a través de mis recuerdos, y que eso haría que muriese antes de tiempo.

Naruto inclinó la cabeza hasta apoyar su frente en la de ella.

—Hinata, no tenía ni idea.

—Ahora, deja que te vea el brazo. —Cuando él frunció el cejo, explicó: —Me juraste que nos casaríamos tan pronto como la marca desapareciera.

Naruto se apartó.

—Pero eso fue antes de que tú... murieras otra vez.

—Eso no tiene importancia. —Le desabrochó la camisa con dedos temblorosos. —¿Acaso los Uzumaki no cumplen siempre su palabra?

Él se desprendió la camisa y ella empezó a quitarle el vendaje. Naruto tragó saliva, justo antes de que quedara al descubierto su piel suave y sin señal alguna.

—Hinata —suspiró, dándose por derrotado, —si estás dispuesta a correr ese riesgo, a mí me encantaría que nos casáramos cuanto antes. No quiero volver a separarme de ti nunca más.

—¿A pesar de que soy sólo una mortal?

—Quiero que estés a mi lado para siempre. Encontraré el modo de que te quedes aquí... eso ya tendrías que saberlo. —Sacó el anillo que se había guardado en el bolsillo del pantalón. Ella le sonrió con lágrimas en los ojos.

—Me gusta tanto este anillo...

Naruto volvió a ponérselo en el dedo, y Hinata dijo: —Y amo al hombre que va unido a él. ¿Sabes lo difícil que fue rechazarlo aquella noche en el ballet?

—Supongo que casi tanto como para mí aceptarlo de vuelta.

—Lo siento tanto, mi amor... No tenía elección. ¿Cómo podía entregarte mi futuro si ni siquiera lo tenía? Pero ahora puedo decirte lo orgullosa que estaré de casarme contigo.

—Hinata, aunque no hubiera nada que nos separara, yo... tengo miedo de decepcionarte. Seguro que haré algo mal y heriré tus sentimientos. No me pondré bien de la noche a la mañana, pero te pido que sepas que trataré de hacerlo lo mejor posible.

—Eso es todo cuanto quiero. —Frunció el cejo. —De hecho, no, eso no es todo. Quiero quedarme a vivir aquí. ¿Te gustaría, Naruto? ¿Podríamos comprarle Byacourt a tu hermano?

—Te compraré la casa que quieras. ¿Estás segura de que quieres ésta, donde te asesinaron? ¿No crees que lo recordarás constantemente?

—He estado aquí ochenta años. Me he acostumbrado. Además, si no me hubieran matado, jamás te habría conocido. Tú me dijiste un día que habrías ayudado al soldado ruso a clavarte la espada, pues bien, yo habría ido al encuentro de la daga de Sasori a cambio de tener una oportunidad contigo.

Naruto frunció el ceño, la intensidad de sus emociones le hacía hervir la sangre. Entonces la besó y, cuando se separaron, le susurró:

—Nos quedaremos, pero sólo si dejas que le devuelva la vida a la casa.

—¿Y por qué no? —Suspiró ella acariciándole el pelo. —Es lo que has hecho con su propietaria.

Oyeron un ruido en el piso de abajo y, acto seguido, un grito.

—¿Ese era Sai? —preguntó Hinata atónita. —¿Todavía están aquí?

—¡Oh, Dios, la bruja! —exclamó él. —Se ha quedado en trance.

—¡Llévame allí, Naruto! —La ayudó a secarse y a ponerse un albornoz, y luego la teletransportó hasta el estudio de danza. Encontraron al licántropo apretando a Ino contra su pecho.

Estaba cubierto de sangre y tenía heridas abiertas por todo el cuerpo; Ino estaba pálida y mareada.

—¿Así que ha funcionado? —le preguntó Sai a Naruto, con la atención fija en su esposa, a la que sostenía entre los brazos.

—Sí, y os estamos muy agradecidos...

—Yo me llevo a mi princesa a casa. —Y dirigiéndose a la bruja, añadió: —Vas a tomarte una excedencia indefinida.

Ella asintió brevemente.

—Nunca más volveré a mirar un espejo. Lo juro.

Mientras Sai se encaminaba hacia el cristal con Ino en brazos, ésta asomó la cabeza por encima del hombro de él pensativa. Justo antes de desaparecer, se colocó un dedo en los labios advirtiendo a Hinata.

«¿Qué ha querido decir con eso?», pensó ésta frunciendo el ceño.

Pero ellos ya se habían ido, dejando tras de sí un rastro de cristales rotos. La joven se miró en el espejo y vio reflejado en él su rostro de cuando era fantasma.

Continuará...