Capítulo 19

Conversaciones y princesas.

—Son imaginaciones tuyas.

—Dave, te digo que Quinn y Rachel no han sido. Estaban besándose y mira cómo han llegado. A ellas también les han atacado.

—Que no, que te digo que han sido ellas…Conozco a Quinn.

—¿Pero por qué iban a hacer algo así? No seas paranoico Dave, ellas estaban allí, tratando de estar a solas y punto.

La discusión entre los jóvenes se hacía cada vez más patente.

La cena aquella noche volvía a producirse alrededor de la fogata. La aparición de Rachel y Quinn en el campamento completamente mojadas y cubiertas de tierra, les sirvió de excusa ante Dave y Melanie, a los que hicieron creer que los boyscouts también les habían atacado a ellas.

Nunca un desastre como aquél le sirvió tanto.

La actitud de ambas, sin embargo, era completamente distinta a lo que deberían ser dos inocentes chicas que habían sufrido dicho ataque.

Quinn y Rachel regresaban sonrientes, lanzándose miradas cómplices que nadie terminaba de entender, y bromeando ante cualquier acción o comentario que se daba entre sus compañeros.

Algo que comenzó a confundir a Dave.

Que Mel estuviera convencida de que ambas estaban besándose, solo le perjudicaba. Su pequeña mentira con Mel estaba bien cubierta, al menos eso creía, pero si Quinn terminaba conquistando a Rachel, iba a perder la apuesta. Y, por ende, una de sus guitarras. Algo a lo que no estaba dispuesto.

—¿Pero por qué no me crees? Si están juntas, es lógico que busquen lugares para estar a solas.

—No lo digo por eso. Lo digo porque no me convence que sea así, estoy seguro de que han sido ellas.

—Pues yo sé lo que vi, y estaban besándose.

—Ok…—respondió tratando de zanjar la conversación.

—A ver… ¿Quiénes me ibais a ayudar a preparar la cena?

Miller llamaba la atención del grupo al completo y varios de los chicos no tardaron en ofrecerse, entre ellos Mel, que terminó abandonando a Dave, y Rachel que no dudó en reunirse con el profesor para dar comienzo a la primera cena vegetariana de la acampada, algo que fue idea suya.

La gran mayoría de los chicos comenzaron a preparar todo repartiéndose las tareas. Algunos adecuaban las mesas, otros preparaban las bebidas, y algunas como Quinn, se esmeraban en dejar la fogata a punto.

Dave no tardó en acompañar a la rubia en su tarea.

—¿Te has divertido? —preguntó acercándose, y colocando uno de los pequeños troncos que avivaban el fuego.

—No sé de qué hablas —respondió sin mirarle. Sí lo sabía.

Quinn conocía a Dave, y sabía que el chico intuía que la jugarreta de los globos había sido idea de ella.

—Eres mayorcita para jugar con globos, ¿no crees?

—No sé de qué me hablas —volvía a repetir.

—Vamos Quinn, ¿me vas a decir que estabas allí y no fuisteis vosotras las que nos lanzasteis los globos?

—Pues no. No fuimos nosotras, Dave —respondió tratando de sonar convincente—. A nosotras también nos han atacado. Esos críos nos la tienen jurada por un estúpido dólar.

—¿Por un dólar?

—Sí. Rachel les compró una caja de galletas por 4 dólares, en vez de 5. Y no quería pagarle ese dólar.

—Ya, claro. Me estás diciendo que esos chicos vienen a lanzarnos globos de agua porque Rachel les debe un dólar. ¿No?

—No. Porque yo les pagué el dólar, pero siguen vengándose.

—Oh, claro. Mas lógico aún. Y también es lógico que tú y Rachel estuvieseis allí, buscando estar a solas para besaros. ¿No es cierto?

Una leve sonrisa se dibujó en el rostro de Quinn, que, tras colocar la leña, tomaba asiento sobre uno de los troncos que servían como tal.

—¿Te crees que soy estúpido? ¿Crees que no sé qué después de lanzarnos los globos, habéis hecho creer a Mel que os besabais sólo para ganar la apuesta?

—No te equivoques Dave, yo no he disimulado absolutamente nada.

—¿Ah no? Mel me ha contado toda la historia de ella y tu con Finn. De como ese tipo te dejó plantada por estar con ella. Y ahora resulta que sí, que a Rachel le gustan las chicas, y les gustas tú, precisamente

—Puede…

—Quinn, no voy a caer en la trampa. La apuesta no es justa si ella también quiere engañarme.

—Rachel no sabe nada de la apuesta. Así que no pienses cosas que no son.

—¿Te piensas que voy a creer que ella se ha enamorado de ti? —cuestionó señalando a la morena, que completamente ajena a todo, preparaba una enorme ensalada junto a los merenderos.

—Me da igual lo que pienses, Dave. Hicimos una apuesta, y si a Rachel le gusto, tú pierdes.

—No si es mentira.

—Es tu palabra contra la de ella.

—Está bien…Le diré que ha ganado la apuesta, pero me niego a daros mi guitarra.

—Hey, hey…no, a ella no le vas a decir nada, porque ella no sabe nada de la apuesta.

—Es tu palabra contra la mía —le respondió con sarcasmo—. Yo me tengo que asegurar que eso es cierto, y si no veo su reacción, no lo conseguiré.

—Hey —esgrimió desafiante—. Rachel no sabe nada y no puede saber nada… ¿Entiendes? Creía que esto era entre nosotros.

—Quinn, aquí gana el más listo, y vosotras dos juntas no sois más listas que yo.

—Muy bien, si piensas jugar sucio, yo también lo hare. Si le dices a Rachel algo de la apuesta, voy a tener que fastidiarte por completo lo poco que tienes con Mel —sentenció provocando la confusión en el chico. La misma confusión que mostraba Rachel por el intenso cuestionario al que la estaba sometiendo Melanie.

—¿Cuántos eran?

—¿Cuántos eran quiénes?

—Los boyscouts, Dave y yo estuvimos rastreando todo el bosque y no vimos a ninguno.

—Ah, pues no sé, tampoco los vimos bien. Solo recibimos los globos, como vosotros —mintió.

—¿Puedo ayudarte?

—Sí, puedes trocear esas frutas.

—Ok…—se dispuso a seguir las ordenes de la chica— De todas formas, fue raro. ¿No?

—¿Qué es lo raro?

—Bueno, que justo estuvierais ahí vosotras.

—¿Insinúas que hemos sido Quinn y yo?

—No, no, en absoluto. Es Dave quien está empeñado en eso.

—Bueno, pues que piense lo que quiera…

—No sé, últimamente todo parece confuso.

—¿Por qué lo dices? Oye, los boyscouts ya me atacaron antes porque decían que les debía un estúpido dólar de una caja de galletas. No es tan raro que esos críos estén haciendo de las suyas por aquí. Y lo mio con Quinn… Bueno, no tenemos por qué dar explicaciones todo el tiempo. ¿No?

—No, claro que no. La cuestión es que cuando le dije a Dave que os vi besan… bueno que os vi —trató de no alzar demasiado la voz—. Pues no lo creía, y es raro porque fue él quien me dijo que vosotras dos estabais juntas.

—¿Y por qué me preguntas a mí? Es él quien duda de todo, sin tener razón. Insisto, Quinn y yo no tenemos que ir justificándonos, y mucho menos hablando de nuestra relación todo el tiempo.

—Lo sé, y lo entiendo. Pero es todo tan confuso… Es como si lo que antes era cierto, ya no lo fuera. Y lo que parecía incierto, ahora lo sea.

—No te entiendo. ¿A qué te refieres?

—Rachel… Ok, sé que te puede resultar raro, pero… Bueno, yo no estoy tan segura de que Dave sea… Ya sabes, eso —susurró lanzando de nuevo una mirada a su alrededor.

—¿Cómo? ¿Y por qué no estás segura? ¿Te ha dicho algo?

—No ha hecho falta Rachel, es un chico y dormimos juntos.

—¿Ha pasado algo entre vosotros? —cuestionó sorprendida. Una sorpresa que también se adueñaba del rostro de Dave tras escuchar aquella sentencia de Quinn.

—¿Lo poco que hay entre Mel y yo? —preguntó al ver que Quinn permanecía en silencio.

—Sí, lo poco que hay. Si le dices algo a Rachel, te juro que Mel te va a odiar. Y hablo totalmente en serio

—Vamos, Quinn, ¿qué clase de mentira pretendes contarle para que me odie?

—¿Mentira? ¿Yo? No te equivoques. No soy yo quien le va contando mentiras para que no se ponga celosa, y para poder tenerla más cerca.

—No sé de qué me hablas…

—Pues piénsalo.

—Quinn, no tengo ni idea de lo que hablas, yo no he mentido a Mel en nada.

—Entonces la apuesta la he ganado yo. ¿No? Lo digo porque si no le has mentido, entonces si es cierto que Rachel y yo estamos juntas —soltó, y la sonrisa en el rostro del chico se esfumó dando paso a una preocupación, que no hizo mas que divertir a la rubia.

—¿Qué sabes tú de eso?

—Sé lo suficiente para hacer creer a Mel que eres un mentiroso compulsivo, y que todo lo que has dicho ha sido por conseguir meterla en tu cama.

—Quinn, ni se te ocurra decirle nada de eso —se mostró serio—. No ahora.

—Todo depende de ti. Rachel no sabe nada de la apuesta… ¿Por qué cambiar eso? —preguntó con sarcasmo.

No respondió. Dave se mantuvo en silencio al ser consciente de que su piadosa mentira podía costarle caro.

Quinn no lo dudó y regresaba con el resto de compañeros, sabiendo que todo empezaba a tomar un rumbo extraño, pero con la tranquilidad de saber que Dave no iba a decirle nada a Rachel sobre la apuesta, gracias a aquel error que cometió al mentirle a Mel.

Muchas mentiras que comenzaban a preocupar demasiado a Rachel. Tanto que, tras la conversación con Mel, y gracias a la interrupción de Miller, decidió alejarse por completo de la chica, y buscar otro tipo de conversación con el resto de compañeros.

Al fin y al cabo, aquello era una acampada de convivencia, para conocerse y sociabilizar. Y las reuniones alrededor de la fogata era la mejor de las opciones para ello.

Quinn observó los movimientos de Rachel. Tras obervarla ayudar en la cena, veía como buscaba entablar conversación con los otros chicos, y decidió darle su espacio.

Ella también lo necesitaba tras la pequeña disputa con Dave. La actitud de Rachel durante la cena había sido una buena opción para ella también, que trataba de esquivar cualquier acercamiento más. Pero Melanie no estaba por labor de zanjar el asunto con tanta facilidad, ni Dave de quedarse con la duda acerca de la relación entre Rachel y Quinn.

—Hey, Quinn… ¡Espera!

La rubia se detenía en mitad del sendero que llevaba hasta la cabaña de los servicios.

—¿Qué ocurre?

—¿Vas a los servicios?

—Ajam…

—Te acompaño.

Ni siquiera respondió. Quinn no le dio importancia alguna y permitió que la chica los acompañara a los servicios, mientras, Dave no dudaba en sentarse junto a la morena.

La cena casi había terminado, pero la reunión seguía en torno a la fogata con los acordes de la guitarra de Dave sonando de vez en cuando.

—Hey, estás muy callada. ¿Te ocurre algo?

—No, solo escucho lo que dicen los demás —respondió apática.

—Yo sé que algo te sucede. A mí no me engañas.

Rachel se limitó a lanzarle una confusa mirada, tratando de entender que es lo que pretendía el chico.

—¿Es por ese chico? ¿Por Finn?

—¿Qué? No, ¿por qué dices eso?

—No sé, ayer hablabais de él y estabas un poco triste. Y hoy no paras de mirar el móvil y sigues igual.

—No estoy triste, solo algo cansada…

—Ya. Oye… ¿Y me puedes explicar que pasa entre vosotros?

—¿Entre Finn y yo?

—Sí.

—Somos amigos —respondió con sinceridad.

—Pero habéis sido pareja, ¿no?

—Dave… ¿A qué viene tanto interés en eso?

El chico sonrió. La realidad era que pretendía averiguar si los sentimientos de ella hacia Quinn eran ciertos o, por el contrario, tal y como él creía, la chica estaba enamorada de Finn.

—Tengo miedo, Rachel. Ya sabes que Mel me vuelve loco.

—¿Y?

—Pues que esta noche se ha pasado toda la noche hablándome de ese tal Finn, que si tiene que conocerlo mejor, que si va a intentar ser su amiga…Ya sabes.

Rachel se sorprendía.

Si aquello era cierto, Quinn no tenía razón cuando le dijo que la chica sólo pretendía ponerla a prueba, sino que quería de verdad tener algo con Finn, y Rachel no estaba dispuesta a pasar por eso.

—¿Y por qué habla ella de Finn? Apenas le conoce.

—Por eso me da miedo. No quiero hacer el imbécil aquí para que luego, cuando regresemos a Lima, vaya en busca de ese chico.

—¿Y qué pretendes que yo haga? —preguntó de malas maneras.

Las mismas malas formas con la que Quinn respondía a las preguntas de Melanie.

—No sé, pero le veo raro…

—Mel, Dave es raro…Es especial.

—No, no me refiero a eso, Quinn. Estoy segura de que algo esconde. No sé, a veces creo que parece que está interesado en probar…Ya sabes.

—No, no sé.

—Quinn, Dave se acerca mucho a mí y no precisamente como amigo. De hecho, anoche juraría que estuvo a punto de besarme. No creo que un chico gay haga eso.

—Eso es porque no confía en ti —espetó con frialdad, siendo consciente de la jugada de Mel. Estaba tratando de sacarle información.

—¿Qué no confía en mí? —replicó obligándola a detenerse cuando ya se disponía a abandonar los servicios— Yo juraría que lo que pretende es intentar algo. Quizás sienta curiosidad por estar con chicas.

—Dave ha estado con muchas chicas. Créeme, ha tenido suficientes experiencias como para saber lo que le gusta o no.

—Pues yo no lo tengo tan claro, cada día estoy menos convencida.

—Ok. Tú sabrás, pero si esperas que Dave se muestre tal y como es así, sin más…Estás equivocada. Su vida es un secreto continuo, no sabes lo que me costó a mí que me dijese que sus amigos…

—¿Que sus amigos qué?

—Vamos Mel, ¿crees que va a Kitesurf sólo por pasárselo bien? Ahí ha encontrado a más chicos como él, y se encuentra bien, sin tener que disimular continuamente.

—¿Son todos gays? —preguntó sorprendida, Quinn le sonrió por inercia, y algo en su consciencia se removió al ser consciente como le había bastado esa simple sonrisa, para hacer más grande aún la mentira.

Acababa de cambiar la orientación a todo un grupo de chicos que ni siquiera conocía, y por mucho que la idea hubiera sido esplendida, Quinn supo que no estaba bien. Y que, por ello, algo en su mente no funcionaba como debía funcionar. Estaba realmente obsesionada, ya no solo por conseguir la venganza, sino por salir vencedora de todas aquellas mentiras que habían empezado a tomar una magnitud desconsiderada, y que probablemente, por culpa de ello, alguien saldría mal parado.

La imagen de Rachel durante la noche anterior, completamente abatida por culpa de la disputa que tenía con Finn, apareció por su mente. Y los remordimientos por creer que ella sería una de las que peor podría salir de todo ese lio, comenzaron a atizarla.

—Mel, no creo que deba seguir hablando de esto. De verdad, si crees que Dave está intentando algo, Ok. Tú sabrás lo que haces. Yo prefiero no meterme en esos asuntos, porque al final, soy yo quien sale mal parada —sentenció segundos antes de esquivarla, y emprender el regreso a la fogata, sin permitir que pudiera seguir cuestionándola. Lo que no sabia era que iba a volver a encontrarse en una situación complicada por sus propios remordimientos, al descubrirlos a los dos en la fogata.

Dave permanecía sentado junto a Rachel, que con la cabeza completamente baja, parecía querer salir corriendo de allí. Y Quinn supo que algo le sucedía. Sobre todo, porque sostenía su teléfono entre las manos, y eso solo podía tener un significado; Finn.

—Dave, Finn es un buen chico, pero no tiene nada en común con Mel. Dudo que le preste atención —respondía Rachel apenada. Realmente lo estaba pasando mal.

Quería gritarle, hacerle saber que Finn no solo no le iba a prestar atención a Mel, sino que solo tenía ojos para ella. Que iba a ser su chico cuando regresara, y que no iba a permitir que nadie se interpusiera entre ellos. Pero no podía. Y no lo hacía por ella. Por Quinn, a pesar de saber que, por culpa de la estúpida venganza, ninguno iba a salir bien parado.

Pero no podía fallarle. No porque gracias a ello, había conseguido algo que jamás imaginó. Su amistad. Su complicidad, eso que tanto había anhelado durante el curso, lo tenía ahora. Y no solo eso. Todo lo que estaban viviendo juntas, empezaba a merecerle muchísimo la pena, a pesar de los remordimientos de consciencia.

La guerra de globos, las galletas, el mirador, el alce, las mariposas. Las miles de mariposas que parecía que anidaban en su estómago al recordar el beso que aquella misma tarde se habían entregado entre risas y juegos.

Un beso que conseguía erizar su piel sin su consentimiento. No podía permitirse el lujo de acabar con todo eso.

Rachel volvía a alzar la vista tras responderle al chico, y descubrió como éste se mantenía en silencio, lanzando una mirada hacia el otro extremo de la fogata. Ella lo imitó, y fue entonces cuando la vio.

Quinn no perdía detalle de ellos dos, y Rachel no pudo evitar estremecerse al notar el gesto de preocupación que mostraba.

Ni lo dudó. A Quinn le bastó recibir la atención de Rachel, para reaccionar, y dirigir sus pasos hacia ellos.

—Rachel… ¿Me acompañas? —preguntó nada más llegar frente a ellos, ignorando por completo de Dave, y ofreciéndole la mano para ayudarla a levantar. Ni se lo pensó. Rachel aceptó la invitación, ante la curiosa mirada de Dave, y siguió sus pasos alejándose de él sin decir absolutamente nada.

No fue hasta que lograron alejarse de la zona de acampada, cuando decidió hablar.

—¿Dónde vamos Quinn? —preguntó curiosa al ver como pretendía internarse en el bosque.

—A relajarnos un rato.

—¿Dónde?

—Ahora lo veras.

—Pero esto está muy oscuro. Me da miedo.

—No me sueltes de la mano.

Ni en sueños, pensó Rachel al introducirse en un estrecho sendero que discurría entre la arboleda, y que se dirigía directamente hacia el lago.

No iba a soltar su mano ni aunque se lo pidiera de rodillas. Caminar de noche por aquel bosque, después de la aventura que vivieron con el alce la noche anterior, después de saber que existen colonias de miles y miles de mariposas ancladas en algunos árboles, e incluso los salvajes boyscouts con sus globos de agua, era motivo suficiente para desconfiar de todo lo que le rodeaba. Excepto de su mano.

—¿Te ha estado molestando Dave? —preguntó al notar el silencio de la chica.

—No, bueno…Un poco sí.

—¿Qué te ha dicho?

—Me ha preguntado por Finn. Al parecer Mel no para de hablarle de él, y bueno ya sabes…Lo que me dijo anoche.

—No le hagas caso, ignóralo.

—No es tan fácil. No sé si voy a poder soportar que sigan diciéndome que Mel va a intentar algo con Finn.

—Es mentira, sólo intentan ponerte a prueba.

—¿Ponerme a prueba?

—Ya sabes que Mel leyó tu mensaje ayer, y apuesto a que Dave está intentando averiguar si lo de nuestro beso de hoy es real, o solo era ficticio.

—Dave me estaba diciendo que Mel quiere algo con Finn. No le encuentro la lógica con lo que tú me dices.

—Yo sí. Está claro, Rachel. Si tú reaccionas mal ante eso es porque sientes algo por Finn, y lo nuestro sería mentira. Por lo que iba a saber que los globos se los lanzamos nosotras sin duda.

—¿Le crees capaz de pensar todo eso?

—Sí. Al igual que Mel me ha estado diciendo que cada vez está más segura de que Dave no es gay.

—A mí también me lo ha dicho.

—Nos están poniendo a prueba, así que no te preocupes…

—Uff. No sé si voy a poder seguir disimulando tanto Quinn, no estoy hecha para mentir así.

—Lo sé…Por eso vamos a dejar de disimular.

—¿Qué? —preguntó sin darse cuenta de que se habían detenido.

—¿Te gusta? —ignoró la pregunta y giró sobre sí misma, provocando que la morena lanzase una mirada hacia su alrededor.

—¿Qué hacemos aquí? —preguntó al descubrir que frente a ella se podía observar el lago.

—Bienvenida a mi rincón mágico —le dijo esbozando una tímida sonrisa.

—¿Es éste? —preguntó curiosa— Vaya…

Un pequeño claro justo a la orilla del lago, con dos inmensas secuoyas que daban cobijo, y protegían un pequeño escalón formado en el suelo del bosque.

—Ven…Acércate aquí —la invitó a que tomase de nuevo su mano, y caminase tras ella hasta quedar en la misma orilla del lago, flanqueada por los dos majestuosos árboles—. Siéntate aquí.

—Oh, esto es genial. Se ve todo el lago y… Wow —masculló al alzar la cabeza para tratar de descubrir la altura de los árboles. Algo complicado debido a la oscuridad del lugar, solo iluminado por la enorme y blanca luna creciente que se alzaba por el horizonte, frente a ellas.

—¿Te gusta?

—Me encanta. Ahora entiendo por qué dices que es mágico.

—Es, es bastante encantador.

—Sí. Lo es. ¿Por qué me has traído aquí?

—Te prometí que te lo mostraría.

—Sí, pero… ¿Por qué ahora? Desde que llegamos has estado evitándolo.

—Bueno, porque hoy ha sido un buen día, y quiero que siga siéndolo. No, no quiero que acabe mal —le respondió tomando asiento, e invitándola a que imitara su gesto.

—Ok. Y yo ahora me pregunto, ¿por qué crees que puede acabar mal el día? —le replicaba sentándose a su lado— ¿Por qué has dicho lo de dejar de disimular? ¿Quieres que acabemos con la mentira?

—Quiero que estés bien, Rachel. Y me temo que todo esto te está afectando.

—¿Cómo?

—Esto empezó siendo un juego, pero creo que nos estamos pasando. No hay más que mirarte para saber que no te gusta lo que estamos haciendo.

—No es eso, Quinn. Es cierto que a veces pienso que lo estamos llevando demasiado lejos, pero a mí me compensa.

—¿Te compensa? —preguntó confusa.

—Sí, quiero decir, si no hubiese sido por todos estos líos yo…Tú…Bueno, tú y yo no nos habríamos acercado tanto. No… No seríamos amigas —balbuceó, y Quinn se lamentó al oír la respuesta—. Me gusta pasar tiempo contigo.

—Y a mí también, Rachel. Me encanta vivir todo esto contigo —susurró lanzando la mirada al frente—. Y por eso mismo no quiero que esto siga así. Me da igual perder la apuesta…La broma —se corrigió así misma al ser consciente de como aquel asunto también iba a meterla en problemas—. Me da igual que Dave se acueste con Mel y piensen que somos pareja. Realmente ahora sólo me preocupas tú, y que puedas estar bien estos días que nos quedan aquí.

—¿Quieres que aclaremos todo con ellos?

—Como tú creas oportuno. Si quieres que le digamos que todo ha sido una broma se lo decimos…

—¿Tú quieres?

—Yo prefiero ignorarlo. Olvidarnos de todo y disfrutar, disfrutar de esto. No quiero fingir nada más.

—¿Seguirás siendo mi amiga? —preguntó con apenas un hilo de voz, y las dudas adueñándose de ella. Quinn esbozó una sonrisa repleta de tranquilidad, alegrándose por seguir contando con la inocencia de Rachel, con su carisma.

—Si es la condena que debo sufrir por haber cesado en la venganza, estaré encantada de recibirla. Al fin y al cabo, no esta tan mal eso de ser amigas —le dijo, y Rachel se contagió de la sonrisa, pero la suya era más de incredulidad. Aquellas palabras de la rubia conseguían emocionarla. Quinn estaba dispuesta a dejarse vencer en aquella batalla con Dave sólo para protegerla. Para que no volvieran a torturar su consciencia metiendo a Finn en la historia. Y eso era algo a lo que no estaba acostumbrada— ¿Qué? ¿No vas a decir nada? —le preguntó tras ver como guardaba silencio y perdía la mirada en el lago.

—Pues, que acabas de hacerme sentir como una de esas princesas medievales en las que un caballero deja su reino por hacerla feliz —susurró—. Y yo no estoy acostumbrada a que hagan algo así por mí.

—Ok. Bueno, yo no es que tenga mucho aspecto de caballero medieval, pero al menos ya sé montar a caballo, y soy buena con el lanzamiento de globos. Si eso te sirve, será un honor para mí ser la primera en que clavar la rodilla, y sacar la bandera blanca en la guerra.

—No solo me sirve, es que eres mucho mejor que todos esos caballeros medievales. Sabes manejar ejércitos de boyscouts, organizar estrategias, enfrentarte a bestias gigantes, a los insectos más peligrosos del reino, e incluso ascender a las montañas más altas enfrentándote a tus mayores miedos. Sin duda, esos caballeros tienen mucho que aprender de ti.

—Vaya, me siento halagada. ¿Algo más?

—Sí. Tienes un reino mágico, lleno de mariposas y un trono desde donde se ve la luna y el lago. Y lo que es mejor, haces que yo también disfrute de ese trono —musitó regresando la mirada hacia el lago, y Quinn enmudeció.

Estuvo a punto de recordarle la escena del beso que habían vivido aquella tarde, procurando seguir con el tono de humor que utilizaban ambas, pero no pudo hacerlo.

No pudo porque la imagen de Rachel, sentada a su lado y completamente embelesada con los reflejos de la luna sobre el lago, hizo que el mundo entero se detuviera ante ella. Sus ojos brillaban tanto que pudo descubrir como una pequeña lágrima caía por su mejilla, y ésta trataba de ocultarla, secándola rápidamente con su mano. Supo que, en su mente en ese instante, había otro caballero ocupándola.

—No te ha llamado, ¿verdad? —preguntó con delicadeza, y Rachel negó con la cabeza— Ok, escúchame Rachel —le dijo sin poder evitar acariciar su espalda—, sé que te cuesta aceptarlo, que no crees que puedas llevarlo a cabo, pero no tienes que preocuparte. Déjale que piense, déjale que se replantee lo que hace, pero no tengas miedo… Finn está enamorado de ti —añadió con firmeza—. Y eso no va a cambiar. En unas semanas estaréis juntos y podréis hablar con calma. Yo, yo te aseguro que te va a escuchar. Y lo vais a solucionar.

—¿Cómo estás tan segura? —la voz quebrada de la morena lastimó a Quinn, que comenzaba a sentir un total y absoluto rechazo hacia Finn por hacer que se sintiera así.

—Le conozco. No va a dejar pasar la oportunidad de estar contigo, Rachel — susurró.

—¿Por qué no es como tú? —cuestionó mirándola a los ojos, y desconcertándola por completo.

—¿Qué?

—¿Por qué Finn no es como tú? ¿Por qué él no me lleva a ver miles de mariposas sobrevolando sobre nuestras cabezas? ¿Por qué él no se fija en las flores y aprende sus nombres para tenerlas en un álbum? ¿Por qué él no tiene un lugar especial donde llevarme?

—Porque si fuese como yo, sería muy extraño. ¿No crees? —trató de devolver el tono de humor que habían abandonado minutos antes. Rachel dejo escapar una sonrisa acompañada de algunas lágrimas que caían sin cesar, y Quinn no estaba dispuesta a que la noche terminase mal para ella—. ¿Te imaginas a Finn con mi pelo? ¿O con mis piernas? Sería muy raro, Rachel. Ni siquiera a ti te gustaría —espetó provocando una tímida sonrisa en la morena.

—Podría tener tus ojos…O tu sonrisa, dudo que a nadie le quede mal eso.

—No me convence demasiado. Me gustaría seguir conservando mis cualidades. Al fin y al cabo, debo tener algo con lo que conquistar. ¿No crees?

—Con esa sonrisa eres capaz de conquistar al mundo entero.

—Vaya… ¿Sólo con la sonrisa? ¿Qué no conseguiré con un beso?

—No lo sé, pero lo que sí se es lo que provocas con esos besos.

—¿Qué provoco?

—Según Finn, es como sentir fuegos artificiales en el estómago.

—¿Eso piensa Finn de mis besos? —preguntó incrédula.

—Sí.

—¿Y te lo ha dicho? ¿Te ha hablado de mis besos? —cuestionó y Rachel asintió— Oh dios, este chico es mas idiota de lo que creía. ¿Cómo se le ocurre hablarte de eso?

—Porque yo le pregunté.

—¿Qué? ¿Tú le preguntaste como eran mis besos? —añadió más de concertada aún— ¿Por qué?

—Sentía curiosidad. Quería saber por qué los chicos se vuelven completamente locos contigo.

—Oh, ok… Esto si que no lo esperaba de ti, Berry —le replicó recuperando la sonrisa— ¿Así que querías saber que provocan mis besos?

—Sí, así es —susurró bajando la mirada con timidez—. Y Finn tenía razón.

—¿La tenía?

—Sí…

—¿Tú también crees que mis besos provocan fuegos artificiales?

—No lo creo, te lo estoy confirmando —confesó, y el silencio abrumador de la noche cayó de repente sobre ellas. Sólo el leve murmullo del agua del lago se dejaba escuchar, acompañado de algún que otro grillo que se atrevía a cantar en mitad del bosque—. Y ahora es cuándo, si fueras uno de esos caballeros medievales, tendrías que besarme —susurró Rachel rompiendo el silencio.

—Ya. El problema es que yo no soy un caballero, Rachel… Soy otra princesa — le dijo buscando su mirada, y Rachel se la devolvió repleta de complicidad—. ¿Puede esta princesa abrazar a otra princesa? —le preguntó como si estuviera leyendo su mente, y Rachel no tardó en asentir abandonando su asiento antes de que incluso Quinn lo hiciera.

—Es curioso… Pero siempre me resultó complicado lanzarme a abrazarte — espetó con timidez frente a la rubia.

—Ven aquí —susurró atrayendo a la morena entre los brazos, entregándole ese abrazo que siempre suplicaba, pero que nunca se atrevía a pedir.

—¿Sabes? —murmuró Rachel al tiempo que hundía su rostro sobre los hombros de Quinn— Prefiero mil veces a esta princesa, que a todos los caballeros del reino.

—Y yo también, Berry —susurró permitiendo que el abrazo se alargara en el tiempo—. Yo también.