Un mes más tarde, todos en Tokio ya se habían acostumbrado a la nueva vampira, Sakura.
Y a ella ya le iba costando menos resistir las ganas de morder a los humanos, aunque cuando estaba cerca de muchos a la vez todavía tenía que dejar de respirar para poder soportarlo.
Hiro seguía creciendo a una velocidad alarmante, su apariencia era la de un niño de un año y ya estaba empezando a caminar y a hablar.
Syaoran no podía quitarle la vista de encima ni un segundo, porque el pequeño más de una vez había salido corriendo hacia un humano con la intención de morderle.
Todos trataban de explicarle que no podía hacer eso, y aunque él parecía entenderlo a veces le gustaba rebelarse y no hacerles caso.
Cuando se acercaba el amanecer, Sakura y Syaoran se marchaban con Hiro a la cueva de las montañas para intentar enseñarle cosas estando tranquilos y completamente solos.
Casi ningún vampiro iba por allí ya, preferían quedarse en los sótanos de los edificios de la ciudad.
Una de esas mañanas, Sakura estaba con Hiro cerca de la entrada de la cueva intentando explicarle que no podía salir a la luz del sol porque sentiría mucho dolor.
Syaoran los observaba apoyado en la pared de piedra con ojos divertidos.
-Creo que deberíamos enseñarle como lo hicieron conmigo- murmuró el vampiro.
Sakura lo miró, extrañada.
-¿Y cómo fue?-.
-Mi tío dejó que me diera el sol un momento en la mano, sabía que yo era más resistente como Meiling y que no iba a carbonizarme al instante como los vampiros normales-.
Sakura frunció el ceño.
-Esa es una forma muy cruel de enseñarle-.
Syaoran se acercó a ellos y cogió a Hiro en brazos.
-Tranquila, solo será un segundo y después le daré un poco de sangre para que se cure enseguida. Es la única forma de que lo entienda bien, si no podría intentar salir y si algún día nos despistamos y lo consigue sería muy peligroso-.
Sakura gruñó entre dientes y Syaoran sonrió.
-Tú quédate aquí, a ti no puede darte el sol ni un segundo- añadió Syaoran antes de caminar hacia la entrada de la cueva.
-Sol- susurró Hiro, señalando los rayos que podían ver desde ahí.
-Sí, eso es la luz del sol y no podemos acercarnos a ella. Intenta tocarla, Hiro... y verás lo que pasa-.
Hiro alargó la mano y la luz del sol se la iluminó.
Syaoran esperaba que el pequeño gritara y la apartara asustado, pero no pasó nada de eso.
Hiro ahora tenía las dos manos alzadas hacia delante, y parecía estar disfrutando del calor del sol sobre su piel.
Syaoran miraba lo que estaba haciendo con la boca abierta.
Sintió una corriente de aire tras él y supo que Sakura se había acercado.
-¿Qué significa esto?- preguntó ella con voz nerviosa.
-Parece... parece que no le afecta la luz del sol- murmuró Syaoran, asombrado.
Dejó a Hiro en el suelo y el pequeño caminó fuera de la cueva.
-¡No!- gritó Sakura.
Intentó alcanzarlo pero Syaoran se lo impidió atrapándola entre sus brazos.
-Si veo que le empieza a hacer daño correré a por él, no te preocupes. Pero tú no puedes salir al sol, morirías al instante- dijo el vampiro cerca de su oído.
Hiro caminaba lentamente hacia los árboles, a veces se caía al suelo pero se levantaba solo y seguía dando pasos muy sonriente bajo los rayos de sol.
Sakura y Syaoran lo observaban en silencio, paralizados por el asombro.
-Debemos guardar esto en secreto- susurró Sakura de repente.
Syaoran asintió.
-Sí, será mejor que nadie sepa esto. Hiro va a ser un vampiro muy peligroso y creo que será mucho más fuerte que yo-.
Sakura miró a Syaoran, asustada.
Syaoran la abrazó fuerte y suspiró.
-Si hace falta nos marcharemos lejos hasta que sepa controlarse, no te preocupes- añadió para intentar tranquilizarla.
-¿Cómo es posible que soporte la luz del sol?- preguntó ella, todavía estaba alucinando.
Hiro se había sentado junto a un árbol y todo su cuerpo estaba iluminado por la luz, sus ojos seguían de color verde y no había dejado de sonreír ni un segundo.
-Su madre era humana y su padre un vampiro de sangre pura con características humanas. Supongo que por eso él tiene muchas más propiedades de los humanos que yo. Es el primer vampiro que tolera la luz solar y apuesto a que va a ser más rápido y resistente que los vampiros puros... será casi imposible de destruir-.
Sakura se llevó las manos a la cara, agobiada.
-Si decide ser un asesino de humanos no podremos detenerle- murmuró con voz temblorosa.
Syaoran la apretó más entre sus brazos.
-Él también será mejor que yo en el autocontrol, ya verás que no le va a costar nada resistirse al olor de los humanos cuando entienda que no debe morderles-.
Sakura suspiró, aliviada.
-Tal vez tengas razón, puede que sepa controlarse mejor que tú y Meiling-.
Sakura se sentó en el suelo y llamó a Hiro, que en cuanto la escuchó corrió hacia ella.
Ella lo abrazó y lo sujetó mientras observaba todo su cuerpo, no tenía ni una herida.
-Increíble- murmuró Syaoran, que también se había agachado para ver a Hiro.
Los dos se quedaron en la entrada de la cueva el resto del día, dejando salir al pequeño cuando lo pedía hasta que sus ojos se pusieron rojos porque tenía hambre y Syaoran sacó la sangre de la botella llena de hielo donde la llevaba.
Cuando Hiro se alimentó ya estaba atardeciendo, y en cuanto pudieron los tres volvieron a Tokio.
En cuanto llegaron a la ciudad fueron directos al apartamento de Meiling y Tomoyo, querían hablar con ellas sobre lo que acababan de descubrir.
-No podéis decírselo a nadie- dijo Syaoran cuando Sakura terminó de contarlo todo.
Tomoyo estaba algo pálida y Meiling muy sorprendida.
-Está claro, esto no puede saberse- respondió la vampira.
Tomoyo se acercó a Hiro y le acarició el rostro.
-No serás peligroso para los humanos... ¿verdad?- le preguntó.
Hiro inspiró, sus ojos se volvieron de color rojo escarlata y abrió la boca mostrando sus colmillos.
Tomoyo no se asustó, sabía que en cuanto intentara morder Meiling o Syaoran lo detendrían al instante.
-¿Quieres hacerle daño?- preguntó Sakura al pequeño.
Él negó con la cabeza y sujetó la mano de Tomoyo, acercándola a su nariz.
La olfateó un poco y la soltó, pestañeando varias veces hasta que sus ojos volvieron a ser de color verde.
Los cuatro se sorprendieron.
-¿Ya entiende que no debe morder?- preguntó Tomoyo, asombrada.
-Se ve que también es mucho más inteligente que un vampiro de sangre pura- murmuró Meiling en voz baja.
Hiro miró a Syaoran fijamente.
-Duele- dijo mientras señalaba la mano de Tomoyo.
-Sí, le duele si le das un mordisco- respondió Syaoran, arrodillándose delante de él.
Hiro hizo una mueca y extendió sus manos hacia Tomoyo, pidiendo que lo cogiera en brazos.
Ella accedió con algo de duda.
Los ojos de Hiro se volvieron rojos cuando estuvo cerca de su cuello, pero no hizo ningún intento de morder y se limitó a observar a la humana con mucha curiosidad.
Meiling bufó.
-Este niño es demasiado listo para todo-.
-Eres muy bueno, Hiro- murmuró Sakura mientras besaba su frente con cariño.
Los cuatro se quedaron paralizados al escuchar la sirena de alerta de la ciudad a todo volumen.
Syaoran y Meiling se miraron.
-¿Qué coño significa eso?- preguntó ella.
-Problemas- respondió su primo.
Tomoyo dejó a Hiro en los brazos de Meiling.
-Debemos ir a ver lo que pasa, tú quédate con él. Si son algunos vampiros que nos están atacando no deben ver a Hiro- le dijo a su pareja.
Meiling gruñó.
-¡Y una mierda! Iré a dejárselo a Touya, yo también quiero ir- chilló la vampira desapareciendo a toda velocidad.
Syaoran sujetó a cada una de las chicas con un brazo y bajó los más de veinte pisos del edificio en solo unos segundos.
Al salir a la calle, se encontraron con muchos vampiros que también estaban desconcertados, y con algunos humanos.
-¿Qué es lo que pasa?- preguntó Syaoran en voz baja.
-Parece que hay un grupo de vampiros en los alrededores de la ciudad y están pidiendo hablar con los dos vampiros de sangre pura- murmuró uno de los humanos.
Sakura frunció el ceño.
-¿Serán conocidos tuyos?- preguntó a Syaoran.
Él tenía mala cara.
-Lo dudo, casi todos los vampiros que conozco o están muertos o viven aquí. Debemos ir antes de que se impacienten y traten de atacar la ciudad-.
Una sombra avanzó hacia ellos muy rápido y se detuvo a su lado.
-Ya estoy de vuelta, he oído lo que van diciendo los humanos- susurró Meiling cerca de la oreja de su primo.
Los dos primos se miraron unos segundos.
-Será mejor que vosotras no vengáis- añadió Meiling, y ambos empezaron a correr a toda velocidad.
Sakura soltó una maldición y le pidió a Tomoyo que subiera a su espalda.
Empezó a correr ella también, aunque iba a tardar bastante más en llegar hasta las afueras de la ciudad.
Meiling y Syaoran se detuvieron al llegar a los límites de Tokio.
Pudieron ver a todos los centinelas de la ciudad, tanto humanos como vampiros, que observaban con recelo al grupo de vampiros que estaban a unos 300 metros de ellos.
-Sois muy rápidos- murmuró Yue, que estaba junto a tres humanos en una de las torres que habían construido para vigilar.
-¿Qué es lo que quieren?- preguntó Meiling.
-Ni idea, solo han pedido veros para hablar- respondió él, encogiéndose de hombros.
Syaoran gruñó y sus ojos se volvieron rojos mientras observaba a los vampiros invasores.
Eran unos doscientos y estaban en formación militar.
Él y Meiling caminaron unos metros hacia delante, hasta que estuvieron seguros de que el grupo de vampiros los podía escuchar.
-La entrada a la ciudad está prohibida a todos aquellos vampiros que matan humanos para alimentarse o por diversión- gruñó Syaoran mirándolos fijamente.
-No teníamos pensado entrar a no ser que no salierais, tenemos a bastante más vampiros a un kilómetro de aquí esperando una señal para unirse a nosotros por si se os ocurre intentar atacarnos- respondió un vampiro que llevaba el pelo muy largo y de color oscuro.
Syaoran entrecerró los ojos con odio.
-¿Vosotros sois los dos vampiros puros que habitan en Tokio?- preguntó otro vampiro con el pelo corto.
Los dos primos asintieron.
-Demostradlo- añadió.
Meiling y Syaoran se miraron y respiraron profundamente un par de veces, intentando tranquilizarse.
Los ojos de Syaoran volvieron a ser de color ámbar y los de Meiling cambiaron a un tono rojizo mucho más suave.
Ellos no se estaban dando cuenta, pero unos ojos muy parecidos a los de Meiling los estaban observando desde la espesura del bosque que quedaba a unos metros de la ciudad.
-De acuerdo, sois vosotros- admitió el vampiro de pelo largo, que parecía el jefe.
Syaoran sonrió de forma malvada.
-Me estoy cansando de esta mierda, más os vale decirnos de una vez por qué habéis venido hasta aquí- gruñó mientras sus ojos cambiaban a color rojo escarlata.
Los dos vampiros que habían hablado sonrieron.
-Esa es una buena pregunta- murmuró el de pelo corto.
-Sí, la verdad es que sí- respondió el otro con voz divertida.
Syaoran frunció el ceño, esa situación no le estaba gustando nada.
Le dio la impresión de que ese grupo de vampiros estaba ahí con el objetivo de distraerlos.
Meiling también había llegado a una conclusión parecida.
Gruñó al escuchar los pasos de alguien que corría a toda velocidad detrás de ellos, justo por la entrada a la ciudad.
Los dos primos se giraron justo a tiempo para encontrarse con los ojos rojos de Sakura que los observaba con curiosidad, con Tomoyo a su lado.
Pero en menos de un segundo Tomoyo desapareció con un grito, atrapada por una especie de sombra.
Meiling y Syaoran mostraron sus colmillos con furia y corrieron tras esa maldita sombra, que aceleró hasta refugiarse entre el grupo de vampiros que los había distraído.
Tuvieron que detenerse porque ellos solos no podrían contra tantos enemigos.
Meiling estaba tan furiosa que las venas de su rostro se habían marcado.
-¡Suéltala ahora mismo!- gritó, encolerizada.
Una mujer se dejó ver entre los vampiros, estaba sonriendo y tenía a Tomoyo atrapada con uno de sus brazos.
La humana jadeaba y trataba de liberarse sin éxito.
Meiling y Syaoran abrieron mucho los ojos al darse cuenta de que esa mujer no era una vampira normal.
Era otra sangre pura, lo supieron en cuanto vieron sus ojos de color rojo muy claro.
-¿Vas a soltarla, Kaho?- preguntó el vampiro de pelo corto con burla.
Ella sacudió su larga melena pelirroja con desdén y apretó más su brazo alrededor del cuello de Tomoyo.
-Ha sido demasiado fácil descubrir a tu Sangui Sirenis, Meiling. Apesta a ti. Lo único que lamento es no haber atrapado a la de Syaoran también- dijo Kaho con una sonrisa ladeada.
