IMPORTANTE

He cometido un error importante que nadie ha notado, por suerte, pero yo si. Se trata de los recuerdos de Christopher sobre cuando asesinó a su padre. Para ahorrarme una explicación, la he cagado, así que lo corregiré estos días. No afecta al resto de la trama, pero para mi es importante. Les avisaré cuando lo haya arreglado o miren de tanto en tanto si ese capítulo tiene un mensajito de arreglado.

Otro error (más pequeño) es que ni Fred ni la señora Weasley le enviaron regalos a Lori, siendo que ella es novia de Fred desde hace dos años. Digamos que la señora Weasley le envió uno de sus maravillosos dulces caseros y Fred le regaló una pulserita con un dije con las iniciales de ellos en un corazón.

Ahora si, sigamos adelante.

Buenas!

Tengo trabajo nuevo, así que haré lo que pueda para no atrasarme.

Sakura: Chris es un amorcito.

Juli (me gusta más con i latina): Lori y Gary son terribles, los amo. Debería darles más protagonismo, pero ya veré que hacer. Sería más fácil lo de Sev y Amaranta si no hubiesen sido cuñados. Ya veremos que se inventa Gary para Dumbledore XD

Wolf: Estoy intentando no enviciarme. Ahora estoy jugando con España y estoy en guerra con Grecia. Tuve que volver atrás porque Mongolia me declaró la guerra y me estaba rompiendo el traste.

No quería poner que estuvieran juntos abriendo los regalos, pero luego dije: Ma' si, dale para adelante.

Lo de la cena, te aclaro: está del punto de vista de Harry. Harry llama Snape a Severus y sanador Snape a Christopher. Tenlo en cuenta, así no te confundes.

Si, lo de la escoba pasa así en el libro.

Advertencia: Hay lemon en este capítulo. Y, citando al señor de la voz rasposa "Y al que no le gusta, que se joda"

Capítulo veintidós

Primera vez

Derek

¿Cómo has estado? ¡Feliz Navidad atrasada! Mira, lamento escribirte así de improviso, pero necesito un favor muy grande. Tengo en mis manos una escoba que podría estar hechizada para dañar al que la monta. Yo no soy experto en el tema, pero tú eres sanador experto en Artefactos Mágicos y necesito una lista de hechizos detectores y de maldiciones que podrían llegar a afectar a una escoba.

De antemano, muchas gracias.

Christopher Snape

Terminó de escribir la carta, la metió en el sobre y la ató en la pata de Frejya. Mientras su fiel lechuza se alejaba, Christopher tomó la escoba y salió de su oficina.. Bajó las escaleras y fue al despacho de Madame Hooch, la instructora de vuelo del colegio.

—Sanador, ¿no podríamos esperar hasta dentro de unos días? Hace mucho frío —dijo, invitándolo a pasar.

—Me temo que no. Lo haría yo solo de no ser que no sé volar en escoba y no tengo ganas de aprenderlo ahora.

—¿Todavía te da miedo subirte a una escoba? Pensé que, como sanador de mentes, ya habrías superado eso.

—Madame Hooch, después podemos discutir de mis traumas de la niñez que no le importan a nadie, peor ahora necesito que pruebe la escoba tan rápido como sea posible.

—¿Soy una especie de conejillo de Indias? —Madame Hooch lo miró, ofendida.

—Claro que no. Usted es la que sabe de escobas, Madame Hooch, así que yo seré una especie de asistente.

—Llámame Rolanda, por favor. La escoba, sanador.

Christopher se la pasó y la instructora la sostuvo en sus manos, examinándola.

—Una escoba magnífica —comentó—. Es la más rápida del mercado.

—Teniendo en cuenta que he tocado la escoba y no me ha pasado nada, descarto que tenga una maldición por contacto, aunque podría mostrar efectos si alguien llega a montarla.

—Ya veo. Bien, me encargaré de desarmarla, para asegurarme que no tenga alguna anormalidad. Cuando haya terminado, podemos empezar a probar hechizos.

—Muchas gracias Madam… Rolanda.

Christopher salió del despacho, ya sin la escoba y se dirigió a la habitación de Remus. No había ido a verlo en Navidad y se sentía culpable por ello. Golpeó la puerta de su despacho

—¿Puedo pasar?

—Adelante.

Remus estaba acostado en la cama, con aspecto muy consumido. Según sus cálculos, se trasformaría en apenas dos días.

—Lamento no haber venido ayer a verte. Hubo complicaciones.

—Está bien —gruñó. No parecía molesto, sino cansado.

—¿Recibiste mi regalo?

Remus asintió.

—Si, pero no debiste.

—¿Qué, no te gustó?

—Me ha encantado, Christopher, pero no debiste gastarte en mi.

—Es un regalo de Navidad, no puedes devolverlo. Tendrás que vivir con eso.

Remus se rio un poco.

—Es que… no te he dado nada…

—No necesito que me regales nada, Remus —Christopher se sentó en el borde de la cama—. ¿Te lo probaste?

—Si, me queda bien.

Christopher estiró la mano y acarició los cabellos castaños de Remus.

—Te debió quedar espectacular. Si no estuvieras tan mal, te diría que te lo pusieras ahora.

Remus lo tomó de la muñeca y la acarició con las yemas de los dedos.

—No entiendo que pudiste ver en mí —murmuró.

—Muchas cosas —suspiró—. ¿Quieres que me vaya? Debes estar molido.

—No, no. Quedate. Por favor. Puedes… acostarte al lado mío si quieres.

Christopher no discutió. Se sacó los zapatos y se acostó sobre las mantas, mientras Remus le hacía lugar.

—He estado hablando con Harry —comentó Christopher—. Se enteró que fui amigo de Lilly.

Remus se giró hacia él.

—¿De verdad? ¿También sabe de…?

—¿Severus? Le mentí, le dije que apenas se conocían.

—¿Cómo se enteró?

—Tenía una foto mía con Lilly, Amaranta y Lizzie, de cuando estaba en tercero. Amaranta debió habérsela dado, somos los únicos que la tenemos.

—Ya veo.

—No fue de lo único que se enteró. Sabe que Black es su padrino.

Sintió a Remus ponerse tenso.

—Dios mío. Me imagino como debe estar.

—Furioso. Quiere venganza, pero lo convencí de que no lo hiciera. Se siente muy mal con todo esto.

—Lo sé, lo sé, por eso Dumbledore no quería que lo supiera.

—Y, por si no te enteraste, a Harry le llegó una Saeta de Fuego de forma anónima. Creemos que Black se la dio y que está hechizada. La tiene Madame Hooch.

Remus se quedó en silencio un rato, mirando al techo. Christopher estaba empezando a quedarse dormido, cuando de golpe, habló:

—Black era mi amigo, Chris. Pasamos por muchas cosas juntos. Estuvo conmigo en los peores momentos. Luego nos metimos en una guerra, él nos traiciona a todos y mata a un amigo nuestro. Ahora se escapa e intenta asesinar a Harry, el hijo de su mejor amigo, su ahijado. ¿En que momento pasó todo esto?

La voz de Remus se estaba quebrando.

—Confiabamos el uno en el otro, Chris… Pasaron trece años y aún no lo creo. ¿Por qué lo hizo? ¿Por qué?

Christopher se acercó a él y lo abrazó, acurrucándolo contra su pecho.

—Creo que nunca lo sabremos.


Pasaron unos pocos días y ya casi era Año Nuevo. Harry había ido a verlo para preguntarle por la escoba.

—La tiene Hooch —dijo—. Y no, no te la voy a devolver hasta que sea seguro usarla.

—Sanador…

—Antes del partido de febrero la tendrás si todo sale bien. Si no tienes otra cosa por la que me necesites, es mejor que te vayas.

Harry le dedicó una mirada resentida y se giró para irse, pero Christopher recordó algo.

—Mejor quédate. Tengo algo para ti.

Christopher fue hasta un baúl y revisó entre sus cosas hasta que encontró lo que buscaba.

—Esto es para ti —le extendió un sobre—. Es una carta que me envió tu madre hace muchos años.

Harry la agarró enseguida y la abrió con dedos temblorosos.

—¿Puedo leerla?

—Por supuesto.

Harry desplegó la nota y la leyó en voz alta.

Christopher:

¡Felicidades por tu matrimonio! Sabía que Amaranta era tu chica, aunque por años me lo negaste a muerte. Es lindo que, dentro de toda esta guerra, haya algo tan hermoso como una boda. Exijo ser la madrina cuando tengan un hijo, Chris.

Hablando de hijos… ¡Voy a ser mamá! James y yo vamos a tener un hijo. No pongas esa cara de asco (te conozco bien y sé que la estás haciendo), sé que James no te agrada, pero creo que tú y tu hermano deberían hacer las paces con él y sus amigos algún día. Ya no somos niños. Cuando todo esto pase, quiero que vengas a mi casa y puedas conocer a mi hijo (o hija, aún no lo sé). James ya tiene el nombre por si es varón: Harry, en honor a un antepasado suyo que estuvo en el Ministerio. Si es una niña, la llamaré Violet, pero algo me dice que será un varón.

Ser madre es algo con lo que he fantaseado por mucho tiempo. No veo la hora de tenerlo en mis brazos, verlo crecer y que se convierta en una persona de bien.

Disfruta tu vida de casado. Cuando todo esto termine, tendrán que venir a tomar una taza de té conmigo. ¿Si? No acepto un no.

Besos.

Lilly

—Pensé que no había algo mejor que algo de tus padres, así que estuve revisando viejas cartas que tenía de tu mamá y encontré esta. Pensé que sería una buena manera de que conozcas un poco a tu familia.

Harry lo miró, con los ojos humedecidos.

—Muchas gracias, sanador, no sé que decir.

—Es tuya ahora. Tienes más derecho a tenerla que yo.

—¿Está seguro, sanador?

—No tienes nada de ella, además de las fotos, ¿verdad?

—No, pero… no sé si debería tenerlo. Es de usted. Se la escribió a usted.

Christopher se rió.

—Tengo una copia, no te preocupes por eso. No te puedo mostrar todas las cartas, porque muchas de ellas contienen cosas muy privadas, ¿entiendes?

—Si, lo entiendo… Sanador, ¿puedo preguntarle algo?

—Christopher.

—Christopher… ¿La sanadora Stone es su esposa? La de la foto.

—Era mi esposa. Nos divorciamos pocos meses después de la guerra.

—Lo siento.

—No, está bien. Estamos en muy buenos términos y es una de mis mejores amigas.

—¿No tuvo hijos?

—No. Nos pareció irresponsable traer un niño al mundo en medio de la guerra, sin ofender —Christopher agregó lo último enseguida—. Ella se volvió a casar, tuvo una niña y se volvió a separar. Bueno, la tercera será la vencida.

Christopher estiró los brazos.

—Bueno, ya te diré cuando esté tu escoba. No te preocupes, pero quiero que entiendas algo: si alguien te regala algo muy costoso, que deseas mucho y no tiene firma, es sospechoso, ¿entiendes?

Se escuchó un golpeteo en la ventana.

—Frejya —murmuró—. Lo siento, Harry, pero debo dejarte, tengo cosas que hacer.

Harry se retiró y Christopher fue a tomar la carta. Era de su colega, Derek y le enviaba una lista de maldiciones y contramaldiciones por si la escoba estaba embrujada. Apenas Hooch terminara con la escoba, sería su turno. Pero antes, tenía planes relacionados con Remus.


El sábado, Christopher llevó a Remus casi a la rastra hacia el aula de Estudios Muggles. El hombre lobo llevaba la túnica que le había regalado para Navidad (una sobria túnica color marrón oscura de invierno).

—¿Qué haces? —preguntó Remus, entre risas.

—Aprovechando que no hay niños casi en el castillo para esto.

Christopher abrió la puerta, atravesaron la sala de exposición y entraron al aula.

Todas las sillas, pupitres e incluso el escritorio estaban corridos contra la pared, solo con un sillón en el medio y una mesa ratona. En el pizarrón había una pantalla blanca y, en la pared opuesta, estaba el proyector de películas que se usaba de vez en cuando en las clases.

—¿Qué es todo esto? —preguntó Remus.

—Noche de cine —respondió Christopher.

Se sentaron en el sillón y frente a ellos apareció dos vasos grandes de refresco y unas palomitas de maíz.

—¿Esto es una cita, Chris?

—¿No es obvio?

—Si, es obvio. Creo que ya sé por qué no estoy en Ravenclaw.

Christopher lanzó una risotada y le pasó una mano por los hombros.

—Bien, estuve revisando algunas películas que había aquí. Había muy pocas, por lo que fue fácil elegir.

La película que Christopher eligió resultó ser Footloose. Remus no veía películas desde hacía años y se divirtió bastante. Cuando terminaron, Christopher lo acompañó hasta la puerta de su habitación. Pensaba en irse y preparar las clases para el lunes, cuando Remus le dijo:

—¿Quieres pasar?

Christopher se quedó congelado por un momento. ¿Pasar? ¿Era una invitación a algo más? No quería malinterpretar las intenciones de Remus, dar un paso en falso y arruinar todo. De todos modos, entró a la habitación de Remus.

Apenas cerró la puerta, Remus se acercó a él y lo besó. Christopher respondió de manera casi automática. Los dedos de Remus se enredaron en los cabellos de Christopher, mientras este lo tenía fuertemente de la cintura. Cuando se separaron para tomar aire, Christopher le dijo.

—Remus, si seguimos así, voy a hacerte el amor ahora mismo.

—Tal vez sea eso lo que quiero —los ojos de Remus estaban nublados por la lujuria.

Fue como si la habitación hubiera subido diez grados de golpe. Christopher volvió a tomarlo de la cintura y lo volvió a besar, esta vez con más pasión. Su mano bajó por la curva de su espalda hasta casi tocar su trasero. Se habían besado y toqueteado un poco sobre la ropa, pero nada mas.

—Remus —murmuró Christopher—. ¿Qué quieres?

—¿Qué quiero? —Remus sonaba como si regresara de varios kilómetros.

—Me dijiste que nunca lo habías hecho con nadie, así que podemos hacer lo que quieras.

Remus lo miró a los ojos, pensativo.

—Quiero ser tuyo —respondió.

Christopher se remojó los labios con la lengua, como si estuviera sediento. Agarró lo poco que le quedaba de cordura y dijo, con la voz enronquecida:

—Remus, te va a doler

—Sé lo que quiero. Confío en ti.

Christopher sonrió. Empujó un poco a Remus para alejarlo y comenzó a sacarse el sueter que tenía puesto (le gustaba usar ropa muggle cuando no estaba trabajando). Luego siguió con su camiseta, mientras Remus lo miraba de manera muy fija, sin parpadear. Christopher había hecho un poco de gimnasia y un poco de boxeo cuando apenas había empezado a trabajar en San Mungo, pero hacía al menos cinco años que no se ejercitaba. No era gordo, pero no estaba precisamente en buena forma. Demonios, tendría que volver a hacer ejercicio, ahora que sus pulmones estaban como nuevos.

A Remus pareció no importarle. Lo estaba viendo como si fuera una especie de modelo. Christopher se llevó las manos a la cintura para sacarse el cinturón y el tintineo de la hebilla lo puso ansioso por algún motivo, como algo obsceno. Se sacó los zapatos, las medias y los pantalones, dejando todo olvidado en una esquina de la habitación.

—Remus…

—¿Eh? —el hombre lobo salió de su trance a medias.

—Te toca.

Christopher se acercó a él, puso las manos en los hombros de Remus y lo empujó suavemente hacia el borde de la cama. Con lentitud, le sacó la túnica y lo dejó en ropa interior.

Remus era bastante flaco. En Hogwarts se estaba alimentando bien, pero Christopher conocía lo suficiente de hombres lobo para saber que no importaba. Cuando la luna llena estaba cerca, el cuerpo sufría una especie de cambios. Su metabolismo se aceleraba, sus células devoraban cada gramo de grasa de su cuerpo… Una persona podía adelgazar hasta veinte kilos o más en solo una semana si era un hombre lobo.

Christopher lo miró de arriba abajo, devorándoselo con la vista. Remus cubrió la cicatriz de la cadera con la mano de manera disimulada, pero Christopher la apartó.

—Está bien, Remus. Acuéstate.

Remus se quitó los zapatos y las medias y se acostó en la cama. Christopher se subió a la cama, gateando como si fuera una bestia a punto de comérselo vivo. Se posicionó encima de Remus, casi frotando su nariz contra la suya.

—Remus, te lo preguntaré por última vez, ¿estás seguro?

—Muy seguro.

Christopher lo besó, esta vez de manera más lenta. Sus labios pasaron de su boca hasta el cuello de Remus, haciendo que gimiera de manera gutural. Siguió repartiendo besos por su pecho y estómago hasta llegar al borde de los boxers de Remus. Christopher tomó el elástico de la ropa interior de Remus y tiró hacia abajo.

El miembro de Remus estaba totalmente erguido, excitado y listo para la acción. Christopher extendió su mano izquierda y comenzó a acariciarlo

Remus se llevó una mano a la boca para ahogar los gemidos. Christopher se la descubrió con su mano libre.

—Quiero escucharte, Remus.

Remus se mordió los labios para no gemir, pero no duró mucho antes de que comenzara a hacerlo de manera baja. En un momento, parecía que iba a llegar, pero Christopher se detuvo.

—Date la vuelta —dijo—. Será más comodo.

Remus obedeció, aunque con cierta vacilación. Era obvio que se sentía expuesto como nunca, pero tenía que tranquilizarlo. Empezó acariciando su espalda de manera tranquilizadora, masajeando sus músculos. Sus dedos acariciaron su pecho y su estómago. Lo soltó unos momentos para buscar su varita que había quedado olvidada en el suelo y volvió a la cama.

—Lubricus —murmuró, apuntando a su mano. De la punta de la varita salió un líquido espeso y transparente.

—¿Qué haces, Christopher? —preguntó Remus.

—Un hechizo bastante útil en este tipo de situaciones —respondió.

Christopher, con mucho cuidado, insertó un dedo cubierto de lubricante dentro de Remus, mientras que con la otra mano lo tranquilizaba acariciándole la espalda. El hombre lobo soltó un gemido de sorpresa y dolor, pero también placer.

—Estás muy apretado, Remus. Relájate

Poco a poco, su dedo fue entrando hasta lograr que entrara hasta su nudillo. Lo movió despacio, para que el cuerpo de Remus se acostumbrara. En un momento tocó su próstata y Remus soltó un gemido mezclado con un gruñido profundo.

—Chris, por favor, Chris… —gimió Remus. Ahora estaba totalmente fuera de control. Christopher tenía ganas de lamer y chupar esa erección… pero sería para otra ocasión.

Luego del primer dedo, metió el segundo y luego el tercero, acariciando casi de manera descuidada ese punto que lo volvía loco. Remus estaba ya desesperado, murmurando su nombre una y otra vez.

Christopher sacó los tres dedos del interior de Remus. Se acercó más hacia él y le susurró en el oído:

—¿Estás listo, Remus?

—Si —apenas pudo articular Remus.

Christopher besó su nuca, murmuró unos hechizos de protección y alineó su miembro sobre el agujero de Remus. Se apretó contra él, entrando de a poco. Remus soltó un jadeo de sorpresa y dolor.

—¿Duele?

—Sigue…por favor.

Christopher siguió empujando cada vez más hasta enterrarse por completo dentro de Remus. Se quedó quieto un momento, esperando a que el hombre se acostumbrara.

—¿Estás bien?

—Si, Chris. Muy bien.

Christopher comenzó a moverse, muy despacio al principio. Los gemidos de placer de Remus lo incentivaron a acelerar sus embestidas hasta que el hombre lobo comenzó a retorcerse, gimiendo su nombre de manera desesperada, como si fuera lo único que lo mantenía con vida. Era lo más excitante que había tenido en toda su vida. Sintiendo que ya estaba cerca, comenzó a masturbarlo con una mano.

—Remus —murmuró en su oído—. Llega para mi.

Todo el cuerpo de Remus se tensó, agarrando las sábanas con fuerza. Su semen manchó las sábanas, arqueando la espalda. Christopher siguió empujando un poco más hasta que llegó, disparando su semilla en lo más profundo de Remus.

Christopher se retiró y se acostó al lado de Remus, agotado. Dios, no tenía sexo desde… ya ni se acordaba.

—Wow —dijo Remus, acostándose de espaldas—. Eso fue… wow.

—Sólo dime que fue menos peor de lo que te imaginabas.

Remus se rió.

—Fue increíble —se acercó un poco más a Christopher y agregó—. Hay algo que quería pedirte, pero no me animé en el momento.

—¿Qué?

—Quería que te soltaras el cabello.

Christopher parpadeó, sin comprender.

—Siempre lo tienes atado —siguió Remus, desviando la vista.

Christopher se llevó la mano a la cabeza y desató la cola de caballo. Su cabello se soltó hasta sobrepasar un poco los hombros, quedando como una cortina de cabello color miel.

—Solo me lo suelto para bañarme. ¿Cómo me queda?

—Muy bien.

Se dieron un beso en los labios, mientras Remus acariciaba las puntas de su cabello. Cuando se separaron, Christopher preguntó:

—¿Quieres que me quede a dormir?

Remus se acurrucó contra él.

—Quédate.

Christopher se acomodó y Remus puso su cabeza contra su pecho. Mientras se quedaba dormido, Christopher pensó una cosa: si Severus se enteraba, lo iba a matar.