Tengo el enorme placer de presentar el vigésimo noveno capítulo de Gantz (descontando los apéndices). ¡Que contento estoy! Me ha costado mucho más escribirlo porque tengo menos tiempo por los trabajos y eso, pero por otra parte como en la cuarentena tienes 0 vida social pues no tengo muchas más cosas que me apetezcan hacer. Creo mucho en esta historia, y disfruto mucho escribiéndola, sobre todo porque toca muchos temas y permite abordar tantos personajes muy buenos. ¡Espero que os guste mucho! Dejadme un review con vuestra opinión, que para mí es una auténtica alegría leer.

-Lollyfan33: ¡Que alegría leer tu review! Me alegra mucho, como siempre, que te haya gustado. No te voy a mentir, Básil va a ser un personaje importante, y también es una de mis películas de Disney favoritas (no es muy conocida, lo cuál es una lástima porque me parece que tiene un guión muy bueno). El Código y todo el puzzle principal que compone Gantz va avanzando poco a poco, pero lo mejor es no dar nada por sentado, porque puede que también algunos datos sean engañosos. Y estoy de acuerdo contigo en lo de Rátigan, yo también le condenaría, pero tratándose de un peso pesado del crimen, el gobierno y la policía creen que aún pueden exprimirle un poco más.

Hay muchos cameos como has señalado de personajes de series de Disney Channel, algunos serán importantes más adelante, y como pasa en One Piece los protagonistas (Jim, Ariel, Aladdín y Bella) tienen unas relaciones muy complicadas, pero bueno, así la parte sentimental es más interesante al liarse tanto. ¿Con quién acabará Jim? ¿Eres más partidaria de JimxAriel o AladdínxAriel? porque yo me lo estoy replanteando, jajajajaja. Y al igual que a ti, Lady Tremaine es de mis personajes favoritos. Disfruto haciéndola cometer maldades y saliéndose con la suya, creo que lo mejor de su personaje es como siempre consigue lo que quiere solo usando la cabeza. Disfruto aún más escribiendo las partes en que sale con sus hijas, las tres son mis personajes preferidos en este fic.

Por último tanto la trama del Sombrerero como la de Hércules me interesan mucho para desarrollar en un futuro, espero hacerlo adecuadamente, las dos serán bastante importantes para la historia. Además la personalidad de los dos me parece muy interesante, quizás puedan cubrir el hueco que han dejado Billy y Lilo, que tenían mucha carisma los dos.

¡Mil gracias por leer, espero que tengas un poco menos de agobio con los trabajos ahora y que estés llevando la cuarentena más o menos bien! Aquí en España parece que va para largo, espero no quedarme sin verano y poder irme a la playa, pero como pasa en Gantz, no todo puede salir como queremos. ¡Mucho ánimo y desde aquí un pedazo abrazo!

Bueno, que lo disfrutéis y os haga pasar un buen rato. Para mí es un honor si así es.


Pegaso y Hércules se habían conocido hacía ya cinco años, y aunque el vínculo que los unía ahora era una amistad inseparable, no siempre había sido así: haciendo memoria del día en que se conocieron, Hércules podía recordar que conseguir poner al caballo de su parte fue una de las tareas más difíciles de su vida.

-Estos son ellos-dijo Él señalando la bandada de caballos que pastaban en aquellos acantilados. Hércules le miró con extrañeza.

-No parecen agresivos-dijo el chico. Acababa de cumplir dieciocho años, y se comía el mundo. Ya exhibía aquel fornido cuerpo de escándalo, aunque sus músculos no estaban todavía tan definidos hasta el extremo como ahora, y también era menos ancho. Su melena pelirroja era más corta, pero ya la llevaba sujeta en su clásica cinta roja. Hércules miró a su acompañante y luego a los caballos. La mayoría eran de piel marrón, aunque los había también negros y blancos. Hércules se quedó mirando a uno de ellos, era vigoroso y alegre, pero los demás se alejaban un poco. Parecía molestarlos.

-Tienes que sentirlo…-dijo Él acercándose a Hércules y señalando a los equinos-no se trata del más fuerte, ni del más veloz… se trata del que tú entiendas bien… y él te entienda a ti…

-Pero… necesitaría mirarlos un poco más ¿no te parece?-dijo Hércules extrañado-así a simple vista no puedo…

Él rió.

-Créeme, a simple vista es la mejor manera-dijo, y entonces alzó el cuerno que colgaba de su cinto y lo sopló con fuerza.

-¿QUÉ? ¡NO!-exclamó Hércules preocupado. Los caballos relincharon sorprendidos y asustados, y entonces desplegaron sus alas, prestos a alzar el vuelo. Una madre yegua acogió a sus hijitos bajo las alas y los guió hacia un saliente del acantilado, donde comenzaron a volar.

-¡Se van a ir!-protestó Hércules furioso. Su acompañante sonrió con calma.

-No todos…-indicó. Efectivamente una cuadrilla de caballos cabalgaba hacia él bufando, listos para defender a su manada. Hércules distinguió entre ellos al caballo blanco en el que se había fijado ya antes. Un caballo joven, valiente, y solitario… como él. Pero no era el más fuerte de la manada… tampoco parecía el más rápido… pero no podía dejar de mirarlo.

-Suerte, Hércules-Él se apartó rápidamente cuando los caballos embistieron al joven y empezaron a pisotearlo intentando acabar con él. El chico sin embargo consiguió escurrirse y echar a correr, perseguido por ellos. Un enorme caballo negro le pegó un bocado a su camiseta, arrancándole la manga.

-¡AYAYAYAYAYAYAY!-Hércules corría más rápido que en toda su vida perseguido por aquellas enormes bestias, hasta que se dio cuenta de que el precipicio llevaba a su fin.

-¡IIIIIIIIIIH!-los caballos relincharon con malévola satisfacción. Lo llevaban directo a la muerte.

-¡NOOOOOOO!-entonces él se agarró al cuello del joven caballo blanco que soltó un gruñido enfadado e intentó sacudírselo, mientras todos los jamelgos caían en picado en dirección al mar.

-¡IIIIIIIIIIIIH!-el caballo giró sobre sí mismo intentando zafarse de Hércules, que se quedó agarrado a su tripa notando como se escurría. Estaban a cientos de metros de altura y descendían muy rápidamente. Como aflojara aunque fuese un poquito, acabaría cayendo-¡IIIIIIIIIH!-insistió el caballo blanco, furioso, pataleando. Hércules perdió su agarre de la tripa pero consiguió aferrarse a la pata del caballo. Este la sacudió con fuerza, pero el peso del muchacho le hizo desequilibrar su vuelo, y bajar más hacia el mar. Los otros caballos siguieron volando y no lo esperaron, aunque el blanco los llamó desesperado con sus chillidos.

-¡VALE!-Hércules consiguió agarrarse al nacimiento del ala del caballo en la piel y haciendo presión con los bíceps consiguió encaramarse al lomo del animal. El caballo relinchó nuevamente y se meneó a un lado y a otro, tirándolo de nuevo. Pero Hércules no se rendiría tan fácilmente, y menos con el peligro que corría. Podía ver el mar a unos escasos metros ahora que habían descendido, pero el caballo volvió a subir, seguramente era su plan para arrojarlo. A lo mejor pensaba ir más allá de las nubes, a dónde el chico le costase más respirar.

-¡NI HABLAR!-protestó Hércules furioso. Agarrándose al grueso cuello del caballo el chico se quitó la cinta de pelo y se la enganchó a Pegaso en los ojos. El animal relinchó aterrado mientras bateaba las alas con miedo, perdiendo el control-¡NO, ESTATE QUIETO! ¡ESTATE QUIETO, ESCÚCHAME! ¡NO QUIERO HACERTE DAÑO!

-¡IIIIIIIIIIIIIIIIH!-empezaron a bajar de nuevo, pero esta vez aún más rápido. Si se estrellaban en el mar, el costalazo sería para no contarlo. Hércules se aferró fuerte a la crin de Pegaso mientras intentaba hablar con él. Llevaba semanas estudiando a los caballos alados. Y sin embargo era como si no supiera nada de ellos.

Pero si el caballo no veía, no podía seguir avanzando. Eso sí que era seguro.

-¡NOS VAMOS A MATAR! ¡ESCUCHA, PUEDO GUIARTE!-gritó Hércules en el oído del caballo-¡CONFÍA EN MÍ! ¡NO TE QUITARÉ LA CINTA HASTA QUE HAGAS LO QUE TE DIGA! ¡ASÍ QUE CONFÍA EN MÍ!... ¡MORIREMOS SI NO!

Éxito o muerte. Eso le había dicho Él. Era la única forma de tomarse la vida. Así que infundiéndose valor e intentando calmar su desbocado corazón Hércules entrecerró los ojos ante el cortante viento y esperó una respuesta del caballo. Estaban cada vez más cerca del mar. Pero entonces Pegaso dejó de moverse, y volvió a relinchar, como si esperase instrucciones.

-¡SÍ!-gritó Hércules emocionado al darse cuenta. Entonces agarró las crines del caballo y dio un buen tirón. Pegaso se elevó justo cuando rozaban el agua, levantando un simpático oleaje mientras se alejaban de nuevo-¡SÍIIIIIIIIII!

-¡IIIIIIIIH!-Pegaso siguió las instrucciones de Hércules que lo fue guiando a derecha e izquierda con leves golpes en el vientre y la cabeza para indicárselo. Subieron a las nubes donde vivían ellos y las fueron atravesando como si se tratara de algodón de azúcar.

-¡JAJAJAJAJAJAJAJAJA! ¡YUHUUUUUUUUU!-gritó Hércules emocionado levantando las manos al cielo. Pegaso refunfuñó mientras él seguía guiándolo hacia la puesta de sol. Después de dar varias vueltas por el aire Pegaso seguía quejándose y apenado Hércules probó a deshacerle la venda.

-¡IIIIIIAAAAAAAAAAH!-el caballo hizo un giro total en el aire y Hércules perdió el equilibrio y cayó en picado.

-¡NOOOOOOOOOOO!-se precipitó al vacío horrorizado mientras volvía a ver el mar. Era el fin. Sería muerte, después de todo.

Pero Pegaso lo recogió. Hércules aún se preguntaba por qué lo había hecho. Tenía varias teorías al respecto, pero eran tan profundas que nunca nos hablaría de ellas. La mía es que el joven era quien más caso había hecho al solitario Pegaso desde su nacimiento, y de algún modo el caballo lo había notado. Simplemente por eso no era capaz de dejarlo morir.

-¡OH!-Hércules se encontró de nuevo en el regazo de Pegaso. No se lo podía creer. El caballo giró su cabeza y le miró con orgullo. Luego siguió volando hasta aterrizar en un islote. Anochecía, y las estrellas brillaban más que nunca en aquella parte de Gathar. Hércules observó las constelaciones, fascinado.

-Gracias-le dijo al caballo acercándose y extendiendo una mano. Pegaso alejó la cabeza con precaución, pero Hércules insistió, y el caballo finalmente se dejó acariciar. Resultó que le gustaba, porque luego no dejaba que Hércules retirara la mano-¡Jajajajajaja!-rió el chico mientras acariciaba la crin azul del caballo. Era realmente hermoso. Un animal impresionante.

Hércules se recostó en el regazo del animal, mientras ambos observaban las estrellas, subidos a un pequeño olivo.

-Me… me gustaría domarte-le dijo Hércules a Pegaso, mientras seguía observando el cielo, fascinado. Las estrellas y la noche ejercían sobre Hércules una especial fascinación. Era como oír hablarle a su pasado-me gustaría que te quedases conmigo…

Pegaso lo miró, curioso. ¿Lo estaría entendiendo? Según había estudiado Hércules, sí. Al menos, los caballos alados percibían las emociones e intenciones de los humanos.

-Pero… te dejaré elegir...-dijo el chico valientemente-si… si no quieres quedarte conmigo te puedes marchar. Ya… ya buscaré otro caballo.

Pegaso movió la cabeza mientras meneaba un poco las alas. Eran blancas y espléndidas, con largas plumas de ave.

-¡Vaya!-Hércules rió cuando Pegaso inclinó la cabeza a su lado y le dio un fuerte apretón. ¡Qué sorpresa! Parecía que se quedaba. Había captado las palabras del chico. Y venían del corazón.

"Son los caballos los seres más sabios de este mundo, no se encuentra su sabiduría en grandes obras, si no en su capacidad de saber escuchar… de ver más allá de lo que la apariencia pretende vendernos"-le había dicho su acompañante. ¿Qué estaría haciendo ahora?

Hércules le acarició el morro a Pegaso mientras iban quedándose dormidos a la luz de las estrellas, y así finalmente el vínculo entre caballo y jinete, un vínculo de iguales, quedó establecido. A la mañana siguiente el chico se desnudó y se dio un baño en el mar acompañado de Pegaso, que lo llevó por la costa de la isla nadando como un cisne, y finalmente ambos se marcharon volando, en busca de una nueva aventura.


Pegaso le había salvado la vida a Hércules incontables veces, de hecho sin él era probable que el héroe nunca hubiese llegado ni siquiera a Gantz. En el Coliseo, en algunos combates, le permitían montarlo para enfrentarse a sus contrincantes, y entonces el público sí que enloquecía ante aquella brutal combinación de hombre y bestia. Hércules tenía una mansión cerca de los bosques del este, donde iba a montar con Pegaso los fines de semana, pues prefería sacarlo allí que en los cielos de Suburbia, donde la contaminación le asfixiaba y los coches eran un peligro. Pasaban horas y horas volando en el campo, ensayando nuevos trucos, descubriendo nuevas formas de volar. Hércules podía considerar realmente como su mejor amigo a su caballo.

Nuevamente ahora Hércules necesitaba a Pegaso. Porque estaba en grave peligro.

-¡RRRRRGUAU! ¡RRRRGUAU GUAU GUAU!-Cerbero ladraba tan fuerte que Hércules notó como le pitaban los tímpanos, protestando por el potente sonido. Estaba solo frente al perro, con la espada en la mano.

-¡Hércules, corre!-le gritó Meg escondida detrás de un banco.

-¡No, de eso nada!-protestó Phil-¡Dale chico, vamos, daledaledale! ¡Peléale vamos, rodéale, báilale!-le apremió Hércules. Hércules comenzó a dar espadazos contra el perro, que movía sus tres gigantescas cabezas buscando distraerle y agarrarle por sorpresa- ¡Vigila sus dientes, vigila sus dientes! ¡Golpea con tu izquierda, tu izquierda…! ¡Nah, tu otra izquierda!

-Si le hablas en lituano a lo mejor te entiende más-ironizó Meg. Phil no la hizo caso, concentrado en el desarrollo de la pelea.

-¡GUAU!-la cabeza de la derecha, la más agresiva de las tres, trató de morder a Hércules y estuvo a punto de pillarle el brazo, pero él la esquivó ágilmente y la dio otro sablazo en el morro donde ya la había herido antes. La de la izquierda, más astuta, rodeó al gladiador como una serpiente y luego le propinó un fuerte golpe con la pata. Hércules jadeó mientras el perro le babeaba la cara listo para comérselo, pero entonces cuando la cabeza del centro se preparaba para rematarlo le lanzó la espada al centro de los ojos, hundiéndosela en el cráneo y matándolo casi al instante.

-¡RRRRRRRROOOOOOOOOAAAAAAAAAAH!-Cerbero se retorció mientras su cabeza daba tumbos descontrolada y Hércules aprovechaba para echar a correr. La cabeza del centro se meneó adelante y atrás varias veces, hasta quedarse quieta, tendida en el vacío. Las otras dos la miraron con angustia, y luego vieron a Hércules huir hacia la entrada principal del Coliseo.

-GRRRRRRRRRRRrrrrr….-el Can Cerbero cogió carrerilla y luego echó a correr detrás de Hércules. Por casa paso que daba el chico, el perro le había avanzado diez.

-¡CORRE CHICO CORRE! ¡TE ESTÁ ALCANZANDO!-gritó Phil asustado mientras Meg le agarraba del brazo angustiada.

-¡RRRRRRRROOOOOAAAAAAAARRRRRRR!-Cerbero abrió sus bocas cuando estaba encima del chico, y nuevamente Pegaso lo sobrevoló, agarrando a Hércules y alejándole del peligro.

-¡JIAAAAAAA!-el chico le dio unas palmadas de gratitud al caballo que le miró de refilón sonriendo, y luego volaron hacia arriba, teniendo una panorámica de la ciudad.

-¡GUAU GUAU!-Cerbero saltaba bajo ellos aunque estaban muy lejos de su alcance. No había que dejarle tiempo para recuperar fuerzas. Hércules descendió a lomos de Pegaso nuevamente dándole sablazos en el rostro, cuando el perro levantó una pata y lo tiró del caballo. Hércules dio varios giros en el aire, rodó por el suelo y aterrizó en las escaleras de acceso al Coliseo, donde había muchos visitantes que espiaban la pelea, curiosos.

-¡CORRAN! ¡ALÉJENSE DE AQUÍ!-gritó Hércules preocupado. En ese momento los arcos de entrada se derrumbaron y el perro corrió hacia Hércules con un brillo asesino en sus ojos inyectados en sangre. Hércules recogió su espada del suelo y le hizo frente, pero tuvo que correr para alejarse. Cerbero era demasiado fuerte.

-¡GUAU! ¡GUAU, GUAU!

-¡IIIIIIIIIIH!-Pegaso aterrizó cerca de Hércules y lo recogió. Los demás corrían de un lado y a otro asustados, pero Cerbero agarró a un viejo que huía por la calle y lo masticó furiosamente.

-¡VAMOS!-Hércules salvó a un niño de la cabeza izquierda que iba a devorarlo y lo dejó en el balcón de un edificio cercano, a salvo.

-¡HÉRCULES!-gritó el niño emocionado.

-¡VAMOS!-Hércules y Pegaso volaron en torno a Cerbero dándole golpes y esquivando sus ataques, pero al estar en la calle el monstruo era un peligro aún más grave: pisaba a coches y personas, y cuando una de sus cabezas chocó con una cristalera y provocó la caída de unos escombros Hércules salvó por los pelos a un grupo de jubiladas de ser aplastado por ellas.

-¡TENEMOS QUE CONSEGUIR PARARLE!-gritó el chico. No quería matar al perro, pero no había más opción. Debían pensar algo rápido…

-¡APUUUUUUNTEN!-cinco autovolantes de la policía frenaron en frente del Can Cerbero y lo apuntaron con fusiles M16 cuyos láseres de proyección se posaron en sus cabezas, piernas y vientre.

-¿GUAU?-la cabeza izquierda se torció con preocupación, mientras la derecha enseñaba los dientes lista para luchar.

-¡NO! ¡NO LO HAGAN!-gritó Hércules, pero ya era tarde: brillantes y fugaces eran las balas que escupían los cañones de las armas. Certeras y letales, los dardos de la muerte atravesaron las piernas del perro, sus cabezas y su cuerpo llenándolo de enormes agujeros que dejaron a la luz la carne y los huesos del monstruo. Un balazo le saltó un ojo, otro los morros y varios acabaron con sus afilados dientes. Segundos más tarde Can Cerbero se derrumbaba en el suelo, lleno de agujeros humeantes.

-No…-Hércules descendió lentamente a lomos de Pegaso, mirando al cadáver del perro con tristeza. Cerbero había provocado un temblor al caer, e incluso muerto sus descomunales proporciones lo hacían resultar aterrador.

-Oh…-Meg se asomaba junto a Phil por los destruidos arcos del Coliseo. Así que estaba muerto… él lo había conseguido.

-¡Sí señor!-exclamó Phil, rompiendo el silencio- ¡Está muerto, tú lo has conseguido! ¡¿Quién es ese chico?!

-¡HÉRCULES, HÉRCULES!-le aclamaron los ciudadanos, corriendo a auparlo.

-En realidad creo que ha sido un poco mérito de todos-comentó el capitán Monterey con cara de pocos amigos mientras bajaba de su autovolante seguido de sus agentes.

-No tenían por qué matarlo…-dijo Hércules mirando al monstruo con calma.

-¿Ah, no?-el capitán Monterey arqueó una ceja-¿y me dices qué estabas haciendo tú?

-Con su ayuda, podríamos haberlo contenido-le interrumpió Hércules-le tenían rodeado.

El capitán Monterey, gordo y bigotudo, también bastante alto, se acercó a Hércules y le fulminó con la mirada.

-Para ser un guerrero tan reputado me da la sensación de que sabes muy poco-le dijo entrecerrando sus ojos-si no te importa dejarme hacer mi trabajo… yo no te impediré hacer el tuyo.

-Ha tenido que hacerlo porque llegabais tarde-intervino Meg, pero Hércules la tomó de la mano y se la llevó de allí.

-No merece la pena… vamos-dijo el fortachón mientras forzaba una sonrisa al público que le aplaudían, entusiasmados.

-Mpfff…-el capitán Monterey los observó alejarse cruzado de brazos, y luego miró al perro muerto.

-Vaya vaya…-se rascó los bigotes distraídamente mientras lo observaba. Monterey habría jurado que una de las cabezas se movía, pero debió de ser un espejismo.

La gente fue amontonándose en torno a Can Cerbero para hacerse fotos con él. ¡No todos los días puedes subir a tu perfil una foto con un monstruo legendario!


Hércules miró a Meg, que cruzada de brazos observaba el cadáver del perro. Pegaso los había subido a ambos a una azotea de un alto edificio, y desde allí Cerbero era tan solo una mancha negra en la calle.

Ella estaba pálida. Hércules la tomó de la mano, pero ella se la retiró.

-No me importa-dijo Hércules, muy serio-y lo entiendo pero… no quiero alejarte de mí… él puede mandarme lo que quiera que yo… venceré a mil perros si hace falta.

-Sigues sin entenderlo…-Meg miró a Hércules con el miedo brillando en sus ojos violeta. Cuando Meg tenía miedo, Hércules no podía evitarlo sentir también. Porque si había conocido a una persona valiente en su vida, era a ella-me ha enviado a Gantz no para que muera… si no para que mueras tú.

Hércules tragó saliva mientras aquellas palabras caían a peso sobre él.

-¿Qqué… cómo?-dijo, asombrado. Meg negó con la cabeza, mientras se alejaba de él.

-Hércules, él sabe lo que sientes… y que morirás para salvarme…

-Pero…-Hércules gesticuló, intentando encontrar las palabras para contestarla-Meg no… yo tengo una misión, no… no puedo morir.

Ella asintió lentamente, sonriendo con amargura.

-Entonces aléjate de mí-le respondió, y diciendo esto se metió en el edificio, buscando un ascensor. Hércules se quedó con Pegaso que seguía observando al perro muerto con curiosidad. Una vez más la determinación se apoderó del chico.

-Vamos-le dijo a Pegaso, subiéndose a su lomo, y entonces el caballo relinchó y echó a volar por las calles de Suburbia. Tenían mucho que hacer.


-¿Cómo lleva la semana?-preguntó Jim saludando a la recepcionista. Ella le devolvió una deslumbrante sonrisa. Se llamaba Avery, y era muy simpática. Debía ser solo cuatro años mayor que él.

-Ya sabes cómo es… hoy solo se ha quejado del desayuno, la cama, el servicio y las vistas. Así que vamos bien-bromeó la chica. Jim rió y después de inclinar la cabeza con educación siguió caminando.

Aquel caluroso domingo de Abril Jim no iba a ver a Peter, si no a la residencia Shady Oaks, hogar del abuelo Carl a donde él y Sarah iban a verlo semanalmente desde su "reconciliación" en Navidades. Tras regresar Jim de su misión en Gantz el abuelo Carl se había mostrado mucho más agradable con el muchacho y además le había regalado a Sarah una pequeña donación de dinero, con lo que habían conseguido pagarle otro adelanto al banco. Ahora que Jim contaba con la simpatía del señor Banks, estaba consiguiendo mejorar bastante sus condiciones con el banco. Lo que más le gustaba comprobar al chico era lo mucho que ayudaba a su madre. Se sentía mucho mejor desde que veía a Sarah más aliviada. Sus notas en el colegio estaban cayendo a los abismos, si es que se podía. Pero estaba haciendo muchas más cosas con su vida, y sobre todo sentía que por fin estaba haciendo a la gente feliz. Y con eso él también lo era.

-¿No nos gusta la sopita de estrellas?-le preguntó Jim al abuelo Carl entrando en su apartamento con la copia de las llaves que él le había prestado.

-¡No me trates como si tuviera cinco años!-replicó el abuelo Carl groseramente- ¡Aquí el niño eres tú!

-¡Ey, Dug!-Jim rió mientras el perro del abuelo Carl corría a saludarle y se abrazaba a sus piernas-¡Jajajajajaja!

-Vaya, veo que me traes lo que te pedí-dijo el abuelo Carl apagando el televisor al que llevaba enchufado ya cuatro horas y andando lentamente hacia Jim. El chico observó a su abuelo con preocupación.

-¿Te sigue doliendo?-preguntó señalando la cadera del viejo. Él asintió lentamente, y su rostro pareció más arrugado y gastado que nunca.

-No es nada-dijo mientras se sentaba en la mesa de su cocina-ven.

Jim se sentó frente a su abuelo y desenvolvió el pastel de manzana que le había preparado su madre. El abuelo Carl tamborileó los dedos, relamiéndose con encanto.

-Anda que no eres un niño-comentó Jim mientras cogía a Dug en brazos y le acariciaba el pelaje.

-¿Le habrá echado mucha azúcar, no?-dijo el abuelo Carl metiendo uno de sus regordetes dedos en la tarta y llevándoselo a la boca.

-No seas cabrón-dijo Jim-además ella dijo que tienes mucho colesterol. Tienes que tener cuidado.

-Oh, ¿qué más da ya?-rió el abuelo Carl amargamente-esa puñetera bola va a matarnos a todos…

Jim asintió y agachó la cabeza lentamente, intentando ocultar su angustia. Carl se dio cuenta. No había tenido mucho tacto precisamente.

-Quiero decir a mí… tú eres joven y… y bueno, eres todo un soldado-le dijo con un tono un poco más amable.

-No tienes que preocuparte… aún puedes luchar-respondió Jim mirando a su abuelo con seriedad. Sin embargo Jim llevaba el suficiente tiempo en Gantz como para distinguir a un superviviente de un muerto. Ya resultaba inexplicable que el abuelo hubiese sobrevivido a cuatro de esas misiones… era muy poco probable que sobreviviera a otra más.

"También es cierto…-pensó el chico para sí-que nunca se sabe…". Que él, Ariel y Aladdín hubiesen pasado ya cinco misiones le parecía tener una potra increíble, sobre todo teniendo en cuenta que en las tres primeras nadie les había explicado nada sobre el juego.

-Lo que me preocupa es que pasará con mamá cuando muera-confesó Jim finalmente, mientras el abuelo Carl cortaba un pedazo de tarta-ella… me quiere mucho… no sé cómo reaccionará…

-Oh…-el abuelo Carl miró a Jim apenado, pero se repuso enseguida y fue hacia su despensa, de donde sacó una botella de Jägermeister de la que sirvió en dos copas-para ocasiones como esta tengo mi despensa especial.

-Gracias…-Jim vació la suya de un trago y se sirvió nuevamente.

-Qué raro se me hace verte beber…-dijo el abuelo Carl observando a su nieto-ha pasado ya tanto tiempo…

Se observó las venosas manos con tristeza. Él había discutido mucho con Sarah cuando Jim era un crío, porque quería que ella hiciese las cosas como él quería, porque no deseaba que se casase con aquel hombre y porque notaba que se estaba haciendo mayor y le daba miedo quedarse solo. Al final había terminado por alejarse de ella y dejarla tirada. Solo para entender que había perdido lo más valioso que tenía en su vida y que se había quedado totalmente solo.

Mirando a Jim aún podía ver a aquel niño al que siempre había tratado mal, precisamente porque sentía una devoción especial hacia él. Carl no era un hombre de fácil trato, lo que pasa es que un niño eso no lo entiende, y Jim había quedado muy resentido por ello. "Y sin embargo ahora… me ha perdonado"-pensó el viejo, conmovido.

-Jim, yo…-el abuelo intentó sincerarse-siento…

-¿Sabes cuándo fue la primera vez que bebí?-le interrumpió el chico mientras se servía una tercera copa. El abuelo Carl esperó, extrañado-fue en tu casa, aquellas Navidades cuanto tenía ocho años… Milo y yo nos colamos en tu despacho…

-¡No puede ser!-exclamó el abuelo Carl alucinado.

-Le echaste la culpa a mi padre de lo de la botella de vino, pero fuimos nosotros-rió Jim, y el abuelo Carl no pudo evitar reír también.

-¿En serio? ¿Tu primo también?

Jim soltó un hipido mientras dejaba el vaso, se estaba poniendo colorado de la risa.

-Se bebió un sorbo y se puso a llorar porque creía que se iba a morir de un coma…

-¡JAJAJAJAJAJAJA!

Abuelo y nieto rieron durante un buen rato recordando al primo Milo y sus habituales histerias mientras Dug corría en torno a la mesa intentando entender la gracia.

-Ayyy… lo que daría por teneros… me gustaba llevaros de paseo-dijo el abuelo Carl secándose una lagrimilla provocada por las risas.

-Sí, eso dices ahora-le recordó Jim aún soltando carcajadas intermitentes por la risa.

-Tienes razón… me poníais de los nervios…-reconoció el abuelo Carl cortándose otro pedazo de la tarta-ay, Dios…

-Puedo llamar a Milo y salimos un día-le propuso Jim, optimista, pero Carl negó rápidamente.

-Tu primo no me habla… no fui muy agradable con él la última vez que nos vimos… y no perdona tan rápido como tú y tu madre…

-¿Has probado a disculparte?-le preguntó Jim arqueando una ceja. El abuelo Carl le miró enfurruñado.

-Tampoco pienso hacerlo.

-Le llamaré y le diré que quedamos… pero compórtate como un ser humano, y todo irá bien-le dijo Jim.

-No te hará caso.

-Siempre me hace caso…-Jim marcó el número-¿qué estaba estudiando? Era medicina, ¿no?

-Primer año, sí-recordó Carl-oye… ¿y tú que tienes pensado hacer?

-No sé…-Jim marcó el número en su interfono y esperó. Su primo se lo cogió a los pocos segundos.

-¿Jim?-dijo la pomposa voz de Milo a través de la línea-¿qué tal?

-¿Empollando mucho?-preguntó Jim sentándose sobre el lavadero de la cocina y guiñándole un ojo a su abuelo.

-Jajajaja, pues la verdad es que sí-reconoció él-tengo cinco exámenes la semana que viene, de bioquímica, anatomía descriptiva , historia de la medicina…

-Sí eeeeeeh, no me cuentes tu vida-bromeó Jim y Milo volvió a reírle exageradamente la gracia-¿y te va bien? Ya acabarás el curso enseguida…

-En mayo, sí-dijo el primo Milo. Carl seguía engullendo la tarta mirando a su nieto con cara de mala leche.

-No sé si tendrías un hueco libre para que quedáramos alguna de estas semanas-le dijo Jim con astucia. La respuesta de Milo no se hizo esperar.

-¿Nosotros? ¡Sí, claro! ¡Puedo este mismo finde, si quieres! ¡Puedo hacer un hueco!

-Qué bien-celebró Jim-podemos vernos en Shady Oaks el sábado que viene…

-¿En… Shady Oaks?-repitió Milo sorprendido.

-Sí eeeeeeh el abuelo está allí-explicó Jim-podemos hacerle una visita…

-¿Al abuelo?-repitió Milo perplejo. ¿Su primo quería ir a ver al abuelo Carl?-bueno Jim, no sé… a lo mejor él no quiere visita.

-Sí que quiere, hazte caso-replicó Jim sonriendo burlón. Solo imaginarse la cara de tonto que debía de tener Milo ahora mismo le hacía mucha gracia-¿el sábado por la mañana te viene bien? No muy pronto porque estaré de resaca…

-Sí claro, yo también…-mintió el primo Milo-si bueno Jim, no sé… es que tengo muchos exámenes… y tu tendrás la selectividad.

-Pero puedo hacer un hueco para verte tío… hace mucho que no nos vemos…

-Sí eeeeh claro… bueno…-titubeó Milo. Él admiraba mucho a Jim por ser el primo guay y popular… no podía rechazar una oportunidad así-está bien Jim, vale… el sábado… ¿a las once?

-A las doce.

-Vale.

Se despidieron y Jim colgó con una sonrisa socarrona en el rostro. El abuelo Carl le miró con fastidio.

-Te crees muy listo tú-le dijo apuntándole con un dedo-¡pero no lo eres!

-Sí lo soy, y más que tú-dijo Jim rascándole el vientre a Dug que estaba desesperado por unos mimos.

-No va a perdonarme solo porque venga a verme… va a ser muy desagradable… incómodo-dijo el abuelo Carl mientras volvía a la butaca de su saloncito-mierda de silla…

-Tu mantén la boquita cerrada y seguro que termina por perdonarte… si es muy majo-le dijo Jim con una sonrisa. Se sentó frente a su abuelo y le señaló el tablero de ajedrez-¿te doy la revancha?

-¡No me ganaste!

Jim era muy aficionado al ajedrez, jugaba bastante bien y le resultaba un juego muy estimulante. En realidad cualquier cosa que le hiciera trabajar su potente cerebro, como las matemáticas y la mecánica, se lo resultaba. Ya había ganado tres veces al abuelo Carl, y la cuarta se había dejado ganar para que no le diese uno de sus arrebatos y le subiese la presión arterial.

-Je, je, je Jim… el rey está en peligro-dijo el abuelo Carl. Jim rió para sí mientras movía su caballo.

-Jaque-le advirtió.

-¡Mierda! ¿Pero cómo lo haces?-protestó el abuelo Carl mientras buscaba un modo de contraatacar.

Después de charlar un rato con él y dejar que le mostrase las fotos de su álbum de juventud (en ellas Carl aparecía en su primer trabajo, vendedor de globos, y posteriormente en su puesto de secretario en la central del zoo de Suburbia, donde había pasado el resto de sus años laborables) Jim decidió que era hora de marcharse. A mediodía era la feria de ciencias del colegio, y antes quería pasar por un sitio. Seguía dándole vueltas a Ariel y a Bella. Tanto que empezaba a sentir que se mareaba.

-No es necesario que vengas todas las semanas… tendrás que estudiar-dijo Carl mientras le pasaba su abrigo a su nieto. Aunque ya hacía bastante calor, Jim solía llevar su abrigo negro hasta ya bien entrado Mayo.

-No creo que la selectividad me vaya a servir de mucho abuelo…-dijo Jim subiéndose la cremallera-estoy buscando otras cosas…

-Qué tontería… querrás tener un trabajo, ¿no?-gruñó él-no desperdicies tus oportunidades Jim…

-Ya…-el chico prefirió no hablarle más de sus planes. En realidad estaba pensando seriamente en dejar de asistir al colegio lo que quedaba de año. Con todo lo ocurrido, con Gantz y el trabajo que ahora tenía, le parecía estúpido seguir perdiendo el tiempo allí. Antes le compensaba por sus amigos, pero ahora ni siquiera eso…

Jim reparó en una foto de una mujer anciana que Carl tenía en la mesita de la entrada. Era una señora que él no conocía de nada…

-Ellie…-le explicó Carl con voz ronca. Jim arqueó una ceja-cuando tu abuela murió yo creía que nunca podría volver… bueno…

-¿Dónde está?-preguntó Jim extrañado. Carl agachó la mirada con profunda tristeza.

-Era una gantzer, como yo…-explicó el abuelo con voz triste.

-¿Gantzer?

-Sí, se nos… se nos llama así-explicó el abuelo Carl con voz ronca-¿no lo sabías…? Gantzer…

-Ya…-Jim asintió lentamente. Que el abuelo fuese al igual que él a Gantz era algo que aún estaba asimilando, al igual que hubiese otros grupos a parte del suyo propio. Todo formaba parte de algo más grande, estaba seguro. Más de lo que se podía imaginar…

-Me ayudó mucho… me salvó la vida… hasta esta última… donde ella…-ahogó un gemido mientras cogía la foto y la acariciaba.

-Lo siento mucho…-susurró Jim mirándolo preocupado-sé… sé lo que se siente…

-Nos enamoramos… ella era… no podría describírtela…-el abuelo sonrió y por un momento hubo un destello de felicidad en él que lo rejuveneció- una mujer única… también era viuda… pero ella quería volver a casarse… y yo no me atrevía…

-¿Nno?-preguntó Jim cuya voz tembló un poco.

-Nunca me decidí… nunca dimos el paso… hasta que fue tarde… ahora la he perdido… yyio…-el abuelo se llevó las manos al rostro y se derrumbó en el suelo.

-¡Abuelo!-Jim le sujetó acercándose a él preocupado.

-Oh Jim, lo siento tanto…-musitó el abuelo Carl con voz ronca-siento que estés ahora en esto… todo es culpa mía…


Jim se demoró una hora más en el apartamento de su abuelo hasta que este por fin pareció calmarse. Cuando lo dejó nuevamente pegado a la tele Jim se despidió de Avery y arrancando su tabla surfeó por el cielo de Suburbia esquivando los autovolantes y metiéndose en varios túneles donde otros atrevidos pilotos como él zumbaban como avispones de un lado a otro.

-¿Qué haces aquí?-preguntó Rafiki extrañado. Acababa de terminar su clase con los niños pequeños, y se había encontrado a Jim en el otro gimnasio, haciendo respiraciones y meditando envuelto tan solo en la toalla de su taquilla-¡Hoy no te toca clase!

-Necesitaba relajarme, y no encontraba otro sitio-le dijo Jim reincorporándose y anudándose bien la toalla-lo siento… me voy ya…

-¿Qué es lo que te pasa Jim?-preguntó Rafiki avanzando hacia él apoyado en su inseparable bastón.

-Nada, nada…

Rafiki le señaló el palo, y Jim se lo pensó mejor.

-Yo eeeeeh… necesitaba relajarme un momento… creo que tengo que hacer algo… algo malo... voy a hacer daño a alguien… pero creo que es lo correcto…

-Bueno, si crees que es lo correcto mejor hazlo-repuso el simio encogiéndose de hombros mientras se refrescaba el peludo rostro en un grifo del vestuario-tienes suficiente inteligencia como para distinguir lo que está bien y lo que está mal…

-Ya pero… -Jim se mordió el labio inferior débilmente mientras miraba a Rafiki arreglarse. No sabía que un babuino pudiese usar loción de afeitado. Cosas curiosas…-es que el problema es que quiero conseguir una cosa… y puede que dañe a alguien… la dañaré… y tal vez ni siquiera consiga lo que quiero después.

¡ZAS! El golpecito con el palo ya estaba tardando demasiado.

-¡Joder Rafiki!-protestó Jim frotándose la cabeza de mala uva-¡que pesado!

-Despeja tu mente-le dijo el simio rodeándole mientras alzaba su palo de nuevo.

-¡Ni se te ocurra!-le avisó Jim, pero ya era tarde, porque se cobró otro golpe-¡JODER!

-Despeja tu mente, piensa, piensa, déjalo en blanco…-dijo Rafiki corriendo en torno suyo tan rápido que Jim era incapaz de agarrarle-¿qué quiere el joven Jim? ¿qué busca, qué busca?

-¡PARA!-Jim intentó concentrarse siguiendo las instrucciones de Rafiki pero no era capaz, y el mono le asestó otro golpe, y otro, mientras seguía corriendo. Jim cerró los ojos y escuchó su entorno, tal y como el mono le había explicado muchas veces. Debía abrir su mente… olvidarse de todo lo demás.

-Míralo de otro punto de vista Jim…es la única manera-le avisó Rafiki.

¡FFFFFFFFFSH! La vara silbó en el aire preparada para otro golpe, cuando la mano de Jim se movió rápidamente y la sujetó, impidiendo el golpe.

-¡JA!-exclamó Jim satisfecho. Pero entonces Rafiki movió la parte de abajo del palo y le golpeó en sus partes-¡AU! ¡MIERDA!

-¡Ajajajaajajajaja!-rió Rafiki alzando su palo de nuevo. Jim paró el golpe del palo con su brazo y luego intentó cogerlo con la otra mano, pero Rafiki lo apartó. Se movieron rápidamente a un lado y a otro haciendo rápidos movimientos de kung fu. Rafiki saltó encima de las taquillas y movió el palo haciendo un molinete con él, pero Jim le lanzó la toalla, cegándole momentáneamente y quitándole el palo.

-¡JA!-exclamó el chico satisfecho. Segundos después el mono había recuperado el palo y le había asestado tal golpe en las narices que le sangraban a chorros.

-¿Te rindes?-preguntó Rafiki embravecido.

-¡NO!-Jim dio un salto en el aire y le dio una patada al mono, pero él la frenó con su vara y luego le golpeó en la entrepierna otra vez. Jim cayó al suelo pero cuando Rafiki saltaba sobre él le esquivó y le sacudió una patada en la cara. El mono retrocedió y se colgó de los ganchos de las perchas. Jim le imitó y forcejearon en el aire hasta que ambos quedaron boca abajo. Rafiki le puso su bastón a Jim en el cuello, cortándole la respiración a Jim.

-Piensa Jim, piensa, ¿en qué estás pensando?-le dijo, mientras el chico luchaba por librarse de él.

-Nnnnnnn…-Jim trató de darle un codazo, pero Rafiki se lo impidió.

-¿Qué ves más allá del dolor? ¿Qué sientes más allá de la muerte? ¿Tienes miedo de morir?-preguntó hablándole en el oído.

-Nnnnnnno… ¡NO!-gritó Jim enfadado.

-¿Entonces qué ves Jim? ¿Qué deberías hacer? ¿Puedes conseguir lo que quieras?

-NNNnnnnnn¡Sí! ¡Sí puedo!-gritó Jim consiguiendo liberar un brazo del agarre del mono-¡Si puedo!

-¿Y lo que necesitas?-dijo Rafiki, y entonces Jim perdió la concentración. El mono le soltó, y Jim aterrizó en el suelo, dándose otra vez en las narices.

-Oooooooh… joder…-balbuceó el chico mientras se limpiaba la sangre notando como los ojos le lagrimeaban. Miró a Rafiki, que estaba inclinado encima suyo, muy serio.

-Te da miedo lograr las cosas. Pero puedes conseguir todo lo que quieras. La pregunta es… ¿puedes conseguir… lo que necesitas?

Jim no pudo contestar, porque se quedó demasiado sorprendido para decir nada. Jadeando se levantó y miró a Rafiki fijamente. ¿Lo que necesitaba? No… ¿no era lo mismo?

No, no lo era.

-Huaaaaaala…

Rafiki y Jim se giraron con sorpresa. Era uno de los alumnos pequeños del mono, que debía de haberle ido a preguntar una duda y se los había encontrado peleando de esa forma. Jim recogió su toalla y volvió a taparse, mientras reflexionaba las palabras del maestro.

-¡Ha sido UNA PASADA!-exclamó el niño emocionado-¡HA SIDO LO MÁS GUAY QUE HE VISTO EN MI VIDA!


Jim llegó al Porter un poco tarde, por suerte Bella y su padre acababan de llegar. Ella llevaba en un carrito el nuevo invento de Maurice, en el que él y Jim habían estado trabajando los últimos meses.

-Oh Jim, no habría podido haberlo conseguido sin ti ¡esto hay que celebrarlo como es debido!-había exclamado Maurice mientras Bella colocaba una suculenta tortilla y la colocaba en la mesa. Fue en la cena del jueves pasado, y estaban celebrando el éxito de su invento muy satisfechos.

-Solo he completado todo lo que me dijiste-se excusó Jim modestamente-¡pero lo que me explicaste de la conexión vpm me ha ayudado mucho! Voy a usarla para un nuevo robot…

-Sois un par de genios ¿eh?-Bella le dio un beso a Jim en la cabeza y luego se sentó a su lado, cortando la tortilla-la feria empieza mañana a la una…

-No faltaré-prometió Jim cogiéndola de la mano. Bella le miró y sonrió emocionada. Nunca se cansaba de recibir atención de aquel chico. No podría ni en cien años.

-Yo creo que este año tenemos posibilidades, pero lo más interesante siempre es ver lo que han hecho los demás-comentó Maurice risueño-¡tienen unas ideas muy originales! El año pasado el escáner de chuletas era casi perfecto… una pena que luego pegasen al alumno…

-Gracias…-Jim dejó que Bella le sirviera un pedazo de tortilla y luego la comió mientras Maurice continuaba hablando y hablando. Bella le lanzó una elocuente mirada y le dio la mano por debajo de la mesa. Jim la correspondió acariciándola suavemente el meñique.

-Oh Jim, estuve preguntando… en el taller de Bob no les vendría nada mal tu ayuda-comentó Maurice distraídamente-¡resulta que necesita más técnicos! Lo que pasa que no creo que vaya a pagarte gran cosa.

-Oh pero…-Jim miró a Maurice con asombro-no hacía falta… gracias, en serio yo… para mí sería estupendo.

-He pensado que puedes empezar allí, y seguro que en menos de un año te mete en su plantilla fija… y de ahí chico ¡podrías hacer grandes cosas!-exclamó Maurice encantado. Jim asintió sonriendo. Le emocionaba que el padre de su chica se preocupase tanto por él. Maurice era tierno y agradable, tal y como Sarah lo era también con Bella.

-No lo sé yo… joder, te lo agradezco mucho-dijo Jim dándole una palmada al viejo amistosamente.

-No es nada Jim, no es nada… pero tú puedes llegar muy lejos… te lo digo yo-dijo Maurice con dulzura-nunca me equivoco en eso…

Bella observó atentamente a Jim mientras él agachaba la mirada, cortado, y seguía con su plato. Si, ella ya había notado esa inseguridad en el chico antes.

La feria de ciencias se celebraba en Abril en el Porter, y todos los institutos de Montressor y los barrios colindantes acudían con inventos y a participar en diferentes concursos y proyectos. Muchos profesores y científicos de E.P.C.O.T acudían a dar charlas y a ver los proyectos. Jim había estado tentado de participar en la feria los años anteriores y este mismo. Pero al final, siempre lo dejaba.

-¡Que pasa chaval! ¡Al final has venido!-Flynn fue a saludar a Jim, que le chocó la mano sonriente.

-¿Y tú?-preguntó Jim extrañado.

-Rapunzel tiene un proyecto, así que la he acompañado-explicó Flynn alzando las cejas-y bueno, también a él…-señaló a Tarzán, que estaba apoyado en una pared en la entrada del instituto.

-¿Viene a ver a Jane?-preguntó Jim soltando una risita.

-Pues sí-Flynn le guiñó un ojo y Tarzán los fulminó con la mirada al ver que ambos cuchicheaban riéndose de él.

-¡Jim!-Bella corrió a saludarle y él la dio un fuerte abrazo-¡hola chicos!

-Qué tal guapísima-Flynn le hizo una caballerosa reverencia a Bella que se ruborizó encantada.

-Eh, eh, no te pases-bromeó Jim dándole un golpe a Flynn, y ambos comenzaron a pelearse mientras Bella los observaba riendo.

-Vayan pazando… ez por aquí zi… bienvenidos al Porter-decía Ponzi recibiendo a los padres y alumnos que iban entrando. Su rostro pálido y grasiento exhibía una falsísima sonrisa que a Jim le provocó asco. Ponzi le miró con desdén, pero Jim le ignoró completamente.

-Tengo que ir a ayudar a papá, estaba aparcando-le dijo Bella a Jim.

-Voy contigo.

Jim acompañó a Bella al aparcamiento del instituto mientras Flynn iba con Tarzán, que seguía oteando el horizonte por si Jane aparecía. Era profesora de biología después de todo ¿no? Invitada estaría…

-Como vuela el tiempo, nuestro Jim ya tiene novia-dijo Flynn fingiendo llorar. Tarzán rió.

-Parece una buena chica… pobrecita…-dijo mientras se ajustaba sus gafas para ver mejor.

-¿Por?-preguntó Flynn extrañado. Tarzán tragó saliva flexionando su prominente nuez antes de contestarle.

-Porque Jim quiere dejarla… sigue estando por Ariel, no la ha olvidado…

-¿Te lo ha dicho él?-preguntó Flynn, nada convencido. Tarzán le miró con presunción.

-Somos amigos desde la guardería tío… sé lo que hace… y lo que le pasa… todo es por haberle hecho caso a Gastón… y ahora a ella tendrá que romperle el corazón… es gilipollas.

Tarzán siguió pendiente de la multitud, mientras Flynn le miraba con enfado. Le tocaba mucho los cojones la arrogancia de Tarzán y Gastón. Ambos se creían más listos que nadie, mejores que nadie. Y conforme se acercaba la hora de que el curso acabase y sus vidas fuesen por distintos lados, lo notaba todavía más.

-Si piensas eso de Gastón… ¿por qué no se lo dices?-le dijo finalmente a Tarzán. Él por fin se volvió para mirarle, extrañado.

-Tío, no te rayes-le dijo-solo digo lo que pasa, yo no tengo ningún problema.

-Ya…-Flynn sonrió fingiendo que no pasaba nada. Pero sí pasaba-yo tampoco…

Fuera Jim ayudó a Maurice a empujar su invento hasta el interior. Como pesaba el jodido. Ni siquiera con las ruedas era fácil de mover.

-Zeñor Hawkinz zi ha venido a moleztar lo mejor sería que se marchara…-le dijo Ponzi cruzándose entre la puerta y el chico.

-Oh no Ponzi, el viene conmigo-intervino Maurice sonriendo mientras empujaba la parte trasera del invento ayudado por Bella-¡Jim es un gran inventor!

-Zi… de problemas…-murmuró Ponzi ácidamente. Jim se contuvo una respuesta para ahorrarse problemas y luego ayudó a llevar el aparato hasta el interior. El concurso de inventos empezaría en breve, y tenían uno de los primeros turnos.


Sobrevolando los edificios de la MTV en la Alfombra Mágica Aladdín recordó sus tiempos de grabaciones. La temporada de "La Banda del Patio" había terminado, y ahora él debía decidir si continuaba o no en la siguiente. Los promotores no se mostraban demasiado interesados ya que Aladdín se había salido del sistema de estrellas de Suburbia y ya no concedía entrevistas ni grababa anuncios, por lo que no les interesaba en absoluto. Pero él funcionaba muy bien como personaje en el programa y TJ y el resto de sus compañeros actores insistían en que volviese.

El Genio también había insistido mucho, pero Aladdín lo había rechazado. Él había visto en lo que se estaba convirtiéndose por culpa de la fama, y no deseaba volver a caer en la tentación. Gracias a su trabajo como DJ y su colaboración en el éxito de las Musas había ganado mucho dinero, de hecho tenía pasta suficiente para jubilarse más que decentemente. Pero ahora que tenía el mundo a su disposición Aladdín tenía miles de ideas. Podía participar en cientos de proyectos musicales, deportivos, viajar y hacer tantas cosas que siempre había querido… por supuesto también ayudar a los demás. Aladdín había empezado un proyecto especial con la ONG de Suburbia en la que solía trabajar Pumbaa, Upendi, que daba dinero a los más necesitados y realizaba campañas de ayuda a los niños pobres o con riesgo de exclusión. Durante los tres meses que había estado saliendo con Ariel el árabe había acudido a muchos hospitales a visitar niños enfermos y también a orfanatos donde impartía charlas contándoles cómo ganarse la vida. Había vuelto incluso al orfanato donde él y su hermana habían estado hacía seis años, y ella había terminado por quitarse la vida. Por suerte Aladdín no se encontró con Medusa. Al parecer ella ya no trabajaba allí.

-Sí, el lunes…-dijo Aladdín hablando por su interfono mientras la Alfombra Mágica descendía rápidamente. Había llegado-por mí bien, yo estoy sin falta… claro, bien… ¡seguro que lo conseguimos!

Participaba en el reto de conseguir diez millones de mickeys para el verano de los niños de la zona roja, y ya habían conseguido cinco mil. Gracias a su fama, encanto y talento Aladdín le había sacado los cuartos a unos cuantos ricos y viejos conocidos de la ciudad y había conseguido atraer la participación de varias estrellas como Jessica Rabbit y Alan A'Dale, que había compuesto la canción For the children para la ocasión.

-Desde que el Genio te presentó al mundo este noviembre en su programa has sido actor, ídolo adolescente, modelo, bailarín y DJ. Ahora eres filántropo. Se diría que has hecho la carrera de Austin Moon en solo medio año-comentó Greg Slick, el mordaz presentador de la cadena Resolution, la más escuchada en toda Suburbia-Aladdín Aladdín… ¿no paras nunca?

-La verdad es que yo no tenía planeado nada de esto-dijo él con sinceridad.

-Que mono es ¿a qué es mono?-bromeó Greg al micrófono. Desde cientos de móviles y radios adolescentes de toda la ciudad les estaban escuchando. Las chicas suspiraban por él, mientras los chicos asentían asombrados.

-Ahora trabajo en un proyecto que se llama diez para el verano… queremos reunir dinero para los chicos de Suburbia que más lo necesitan-había explicado Aladdín recolocándose el micrófono para que se le escuchase mejor-si todos en la ciudad participamos podríamos ayudarlos mucho…

-Vaya Aladdín, eso es muy bonito-reconoció Greg mirando las preguntas distraído-cambiando de tema ¿qué tal tu relación con Serena? ¿Es cierto que llegasteis a intimar…?

La razón por la que aquel día tras despertarse por primera vez sin Ariel a su lado Aladdín había acudido a la MTV no tenía nada que ver con sus compromisos habituales con la ONG ni para una oferta de trabajo como técnico. Había quedado con Spencer, porque quería enseñarle un pequeño adelanto.

-Me dijeron que me recomendaste para el videoclip de las Musas-dijo Spencer cuando se dieron un abrazo-te lo agradezco mucho, aunque para mí los videoclips se han terminado.

Spencer había mejorado un poco de aspecto después de pasar las Navidades sin Billy, pero Aladdín sabía bien que no lo había superado: llevaba gafas de sol negras y parecía haber envejecido diez años. De su antigua jovialidad y energía no quedaba ya nada. Parecía haber atravesado mil años de desgracias en aquellos ojos cargados de ojeras.

-Tengo muchas ganas de verlo-dijo Aladdín dando saltitos mientras seguía a Spencer a una pequeña sala de cine que el chico tenía al lado de su despacho. El cineasta sonrió y asintió lentamente, mientras apagaba las luces y encendía el holoproyector.

-Vas a ser el primero que lo haga… pero creo que… bueno, me apetecía verlo contigo-dijo mientras lo iluminaba. Aladdín asintió contento mientras se acomodaba en una de las butacas. La pantalla se iluminó, y en ella apareció un video casero. Era Billy, con cinco años de edad.

-Baruch mira la cámara, Baruch…-era la voz de un hombre que debía ser su padre. Aladdín sonrió enternecido ante el pequeño Billy. Estaba regordete y apenas tenía pelo. En unos años en cambio su cuerpo experimentaría un notable adelgazamiento (quizás incluso demasiado) y una lustrosa mata de pelo negro teñido a veces de azul, otras de rojo y blanco, taparía su cabeza.

-Jajajaja mira Amy…-comentó la voz del padre de Billy enternecido-mira como sabe que le grabo… este niño sabe actuar…

El documental cambió entonces a Billy tocando en uno de sus conciertos más famosos, aclamado por millones de fans que gritaban enardecidos. Billy se quitó la camisa mientras rasgaba la guitarra y gritaba violentamente. Pataleó en el suelo y se tiró al público que lo llevó a cuestas como a un dios. Cuando volvió al escenario se tiró una botella de vodka por encima, quedando empapado, y se quitó los pantalones e incluso los calzoncillos, mientras alcanzaba unas notas vocales impresionantes en la apoteosis de la canción.

Se habló de los problemas de Billy con las drogas (había ido a rehabilitación tres veces), de sus muchas relaciones con famosas de Suburbia y con fans (algunas menores de edad, lo que lo habían metido en serios problemas legales durante varios años). Se habló de la famosa vez que se presentó desnudo en la catedral de Nôtre-Dame, de sus problemas con Hacienda y de su fama entre los jóvenes de los barrios pobres. También de todos sus discos, de sus temas más personales y queridos, como el preciosísimo Revival que compuso tras una larga estancia en un hospital por un coma. Por último el documental repasaba sus mejores conciertos, los problemas con la familia (pero muy levemente) y su trágica muerte. Concluía con el legado de Billy a la ciudad y la eterna fama que lo acompañaría siempre.

No había ni una sola referencia a su relación con Spencer, pese a que en la vida del Cobra esa había sido la cosa más importante y bonita que le había sucedido, ni tampoco a Aladdín, pero el chico no quería verla. Ver ese documental le había entristecido muchísimo y también emocionado. Spencer había puesto todas sus técnicas de director para hacerlo magistral, y desde luego había sido tan bueno y tan intenso que Aladdín ya deseaba volver a verlo.

Mientras los créditos sonaban con la animada canción de Billy The Best day of all, Aladdín felicitó a Spencer, que forzó una sonrisa de gratitud. Se le veía muy afectado a él también La producción de la película debía de haber sido muy dura para Spencer, pero era algo que el chico debía hacer. Si quería seguir adelante… si quería que Billy dejase de dolerle, pero estuviera siempre con él.

-Deberíamos tomarnos algo para celebrarlo-le dijo Aladdín a Spencer, que asintió lentamente-conozco un buen sitio, ¿te vienes?

-Bueno eh… yo…-Spencer terminó por acceder. Aladdín se estaba preparando para salir cuando de repente su interfono sonó.

-¿Sí?-preguntó extrañado. Era un número desconocido.

-¿Al? ¿Aladdín, eres tú?-preguntó una voz del otro lado.

-Sí eh… ¿tú quién eres?-preguntó el moreno extrañado.

-Perdona, ja, soy Hércules… ya sabes… de… de eso.

-Ya-dijo Aladdín ¿cómo coño no iba a saberlo?-¿qué pasa?

-Me preguntaba si podría verte… a ti y al resto… hoy…

-¿Hoy?-Aladdín arrugó la frente mientras miraba a Spencer que ya iba hacia él para irse a tomar algo-eeeh bueno… a lo mejor no puedo…

-Es importante.

-Ya…-Aladdín asintió-ya, claro. Sí, iré…

-¿Puedes avisar a Ariel y a Jim?-le preguntó Hércules con voz amable.

-Sí, claro. Descuida.

Aladdín colgó el interfono y miró al cielo preocupado. Se estaba empezando a nublar otra vez, aunque seguía haciendo bastante calor.

Tenía un mal presentimiento sobre todo aquello. Y también sobre Gantz.

"Va a ser hoy-pensó de repente, y notó como el miedo reptaba por su garganta, retorciéndose como una serpiente-será esta noche"…


-¡Moveoz, moveos! ¡Vamoz!-Ponzi movilizó a un grupo de adolescentes que reían en uno de los pasillos. Iba a empezar una de las charlas organizadas para el día, presentada por un afamado científico de E.P.C.O.T. A Jim no le sonaba haberlo visto cuando hizo su visita al centro tecnológico durante su tercera misión, aunque era muy poco probable que lo reconociera ahora mismo. Mientras escuchaba su charla sobre los físicos y las posibilidades que su carrera ofrecía, Jim reparó en un grupo de compañeros de su curso: estaban varias amigas de Blancanieves y Cenicienta. Jim se había enterado (como todo el instituto) que su antigua compañera de pupitre había sido detenida y juzgada por tres asesinatos, entre ellos el de un policía.

-¿Os imagináis matar a alguien? Joder, sería la ostia-había dicho Gastón, con el menor tacto del mundo, al enterarse de aquello. Jim lo había encontrado irónico. Él era el responsable de la muerte de Yzma y también había colaborado en la de Garfio, además de haber liquidado a varios agentes del D23, en defensa propia eso sí. Matar a alguien era…raro. La gente cree que te sientes peor, distinto. Pero en realidad no. Al final es una experiencia como cualquier otra. Al menos eso pensaba Jim en aquel momento.

-La celda estaba vacía, y eso que era de máxima seguridad…-contaba una de las compañeras de curso de Jim a sus amigos, que la escuchaban asombrados. Jim se acercó y se quedó escuchando. Tenía que matar el rato hasta que Bella saliese del baño, así que no perdía nada por cotillear un rato.

-¿No mató a los guardias?-preguntó Alicia, que se había teñido el pelo de negro en una recaída de su etapa gótica.

-Eso es lo más raro…-dijo la otra chica disfrutando del interés generado en sus compañeros-no ha dejado rastro… nadie la vio entrar ni salir… yo creo… creo que está loca.

-¿Y… Blancanieves?-preguntó una tercera chica llevándose las manos a la boca.

-¿Blancanieves? Está cagada de miedo tía-dijo la que narraba los hechos sonriendo con malicia-ella testificó en el juicio en su contra… se ha encerrado en su casa porque cree que Cenicienta puede ir a vengarse.

-Venga ya-exclamó Taron, que también estaba con ellos, asombrado-si es lista, saldrá de la ciudad…

-Y ella era muy lista-completó Alicia.

-Yo creo que se le fundió un plomo… por los exámenes y eso. Sacaba todo dieces, eso no era sano-comentó otra de las chicas con cara de asco.

-Sí tío, en verdad lo mejor es suspender-rió otro chico que Jim no soportaba.

-No tiene gracia-dijo Alicia-y… ¿su familia?

-Anastasia y Drizella-concretó Taron no pudiendo evitar un gesto de asco.

-¿En serio? ¿Son sus hermanas?-preguntó otro chico sorprendido.

-Hermanastras-corrigió Alicia.

Jim ahora tenía toda su atención puesta en la historia. Anastasia y Drizella… las había visto en aquel restaurante el día anterior… pero había visto a alguien más…

-Su madrastra la odiaba, nos lo contó en el vestuario-dijo la otra chica dispuesta a difundir cualquier cosa que Cenicienta les hubiese contado en la vida. Ahora que era una asesina psicópata, estaba en boca de todos-decía que era una bruja…

-A lo mejor ella es la culpable… las madrastras siempre son malas-aventuró otra chica.

-Venga ya… no seáis tan básicas-dijo Alicia con expresión de asco.

-¿Tú por qué estás aquí?-le preguntó otra de las chicas cursis, histérica.

La conversación fue derivando mientras estallaba una discusión entre ellos, pero Jim ya no les escuchaba. Una horrible corazonada se estaba forjando en su cabeza. Y cuando él tenía una corazonada rara vez fallaba. Eso se lo indicaba su sexto sentido.

Aquella mujer de mirada tan fría, una energía demoniaca disfrazada con el cuerpo de una dama victoriana. Jim siempre había notado algo muy raro en Lady Tremaine, una maldad latente, como la de Rourke, que emponzoñaba el aire que la rodeaba. Aquella noche en La Bella Notte la había visto de casualidad cuando Anastasia se había caído del segundo piso, y por lo que había visto la habían obligado a pagar la cuenta y se había tenido que ir muy rápido. Jim no le había dado más vueltas, ya tenía suficientes problemas y solo le pareció una asombrosa coincidencia que ella fuese precisamente la madre de sus dos nefastas compañeras. Pero ahora… ahora lo veía… ella… ¿podía ser que hubiese tenido algo que ver… en lo de Cenicienta?

A fin de cuentas ya había sobrevivido a dos misiones, si Jim no recordaba mal. Y recordaba haberla visto luchar en la base del D23. No, no era una cualquiera. Había algo en ella. Las que más callan, más matan.

-¡Jim! ¡Es vuestro turno!-Bella le sorprendió ajustándole el cuello de la camisa y poniéndole un pin cerca del pecho, que indicaba que iba con Maurice-¡vamos!

-¡Deséame suerte!-dijo Jim dándola un beso en la mejilla antes de subir al estrado. Maurice a su lado le dio unas palmaditas animado mientras movía su blanco bigote de un lado a otro. El público era bastante nutrido, había bastantes alumnos del Porter y de los otros institutos, Jim conocía a bastantes. Sus compañeros empezaron a murmurar al reconocerlo, asombrados ¿ese era Jim Hawkins? ¿El mismo Jim Hawkins que tenía una de las peores medias del instituto, que vestía ropas oscuras e iba siempre con cara de pocos amigos por el pasillo? No podían creerlo.

Jim se había puesto una elegante camisa blanca y pantalones beige, parecía más pijo que Gastón y además se había quitado el pendiente. El asombro general no fue solo entre sus alumnos, si no entre varios de sus profesores que le miraban alucinados.

-Vaya vaya…-Ego sacó su móvil y le hizo una foto a Jim sin ningún tipo de vergüenza-esta va para el anuario…

-Es increíble-gruñó la Casamentera, indignada. A su lado, Ponzi miraba también al chico con desprecio. A Jim le importaba más bien poco lo que ellos pensaran. Estaba allí por Maurice y por Bella, que llevaban presentándose al concurso desde que la niña era pequeña. Ya era hora de que ganaran.

Bella le había contado a Jim que solían ir con su madre, en familia los tres, a presentar los inventos de Maurice. Cuando perdían, ella los llevaba a un parque donde cantaban y pasaban una tarde estupenda. "Es bueno conseguir las cosas… pero lo mejor es haber luchado por ellas". Jim no conocía a la madre de Bella, pero lo lamentaba bastante.

-Siempre me da un poco de vergüenza comenzar estas sesiones-le dijo Maurice a Jim sonriendo.

-Tú no te preocupes, lo tenemos controlado-le calmó el chico apretándole la mano-vamos a por ello…

-Sí… sí, vamos-animado por el joven Maurice avanzó en el escenario e hizo una pronunciada reverencia a su público mientras los profesores mandaban callar-buenos días… bueno, ya tardes… buenas tardes… me llamo Maurice… muchos me conocéis ya porque soy profesor aquí… bueno, y otros porque estoy aquí todos los años… je, je, je…

El público no se reía. Maurice titubeó, y Jim miró a Bella, que le alentó a hacer algo.

-Vale, estooo…-dijo el chico dando también un paso adelante-Maurice y yo hemos estado haciendo varios inventos… uno quemó su casa, pero estamos bien…

Se escucharon algunas risas. Unas niñas de un curso menos rieron exageradamente. No le quitaban los ojos de encima.

-¿Está de broma?-preguntó Ponzi en voz baja, fulminándolo con la mirada. La Casamentera y Ego se miraron entre ellos intentando fingir aburrimiento, aunque estaban bastante interesados. Desde luego el chico prometía.

-Vale… eh… bueno, explícaselo tú-le dijo Jim a Maurice, que asintió, sonriéndole agradecido.

-Este año hemos estado investigando acerca de varias materias, entre ellas la robótica y las conexiones neuronales del sistema de Duchenne. Yo quería hacer un sistema de relaciones internas mediante pulsaciones electrónicas sencillo, pero mi brillante compañero ha tenido una idea mejor-el profesor abrió la caja con la que habían cargado desde el coche, desvelando su contenido. Se escuchó un "Oooooooooooh" general. El androide aún estaba plegado, pero Jim le separó las piernas de la cabeza estirándolo. Medía más o menos lo mismo que él. Un robot de aspecto humanoide.

Construido con hierro y cobre, el androide tenía un cuerpo muy básico pero lleno de conexiones y sistemas para que funcionase correctamente. Estaba lejos del desarrolladísimo y moderno sistema de robots como Lumière o Baymax, pero con los medios que tenían Jim y Maurice habían conseguido crear un sistema de inteligencia artificial más que decente. El androide tenía unos largos y finos brazos, también piernas que acababan en unos enormes pies de los que podía sacar ruedas. Muchos chicos se levantaron de sus asientos, impresionados, mientras volvían a escucharse los murmullos. "¿Ese es Jim Hawkins? No puede ser… él no ha podido hacerlo".

-Profesor Maurice-pidió la palabra una científica de E.P.C.O.T, miembro del jurado-a simple vista una forma de vida artificial así resulta bastante impresionante. ¿Nos podía decir cómo funciona?

-Sí, claro, claro, a ver esto…-Maurice rebuscó entre sus cosas.

-El interruptor-le sopló Jim discretamente.

-Sí claro es verdad-Maurice fue hacia el robot y acercándose a su cabeza pulsó un interruptor. Los ojos del androide se iluminaron con un fuerte color verde mientras miraba a su alrededor y empezaba a captar todo lo que había en su entorno-bueno pues… pues este es B.E.N.

-B.E.N…-repitió el público, muy curioso. Algunos no habían visto un robot en su vida, la mayoría estaban en la zona blanca.

-Binary Educational Navegator-explicó Maurice-se le ocurrió a Jim… lo que hace B.E.N es… bueno, que os lo explique él mismo ¿B.E.N, tú qué haces?

El robot se quedó quieto. No parecía reaccionar. Jim lo miró un poco nervioso, mientras seguía quieto. ¿Y si había algún fallo de última hora? A Maurice le temblaron un poco las piernas, mientras insistía otra vez.

-B.E.N… ¿nos podrías decir lo qué haces?-preguntó, mirando a Jim en busca de ayuda. Pero no le hizo falta que el chico interviniera, porque el robot habló por fin.

-Navegador educativo binario, B.E.N, soy un androide con un propósito lúdico y educativo-explicó el robot con voz metálica y lenta-mis circuitos almacenan más de cien terabytes de memoria, en la que se compilan todos los conocimientos educativos necesarios para la educación primaria, secundaria y el bachillerato.

-Ya empezamos…-murmuró Ego con aburrimiento-siempre intentando robarnos el trabajo…

-La misión de B.E.N es almacenar todos los datos de aprendizaje, clasificarlos y eliminar toda información falsa o sospechosa. En Internet existen un montón de filtraciones e informaciones falsas que a veces confunden a los alumnos. B.E.N no solo contiene en su interior conocimientos irrefutables sobre todas las materias, sino que además posee un sistema de mejora syntec que hace que aprenda de sus errores y mejore en la forma de enseñar a los alumnos con cada clase.

-Por lo que entiendo, B.E.N es básicamente un profesor-dijo la científica de E.P.C.O.T, interesada. Maurice miró a Jim antes de negar.

-No exactamente… verá, B.E.N nunca podría sustituir a un profesor en las aulas… carece del factor humano… carece de alma… si, es un organismo inteligente que funciona por conexiones eléctricas, como nosotros, pero no tiene el trasfondo suficiente, la… la humanidad para ser un profesor. Nuestro proyecto sería la producción en cadena de estos robots (con unas mejoras de calidad si obtenemos financiación, claro) para que estén disponibles en todas las escuelas y puedan servir de ayuda tanto a maestros como a alumnos. B.E.N puede servir para recopilar datos de miles de libros, ya sean de literatura o de ciencia, y explicarlos luego a quién quiera con una facilidad asombrosa.

-¿Más que un humano?-preguntó otro científico, con gesto incrédulo. A Jim ya le estaban tocando las narices tantas preguntitas, así que cogió a B.E.N de la mano y le hizo avanzar hacia el jurado.

-¿Por qué no lo pruebas? Pregúntale cualquier cosa-le dijo, mirándole desafiante.

-Está bien…-dijo el científico, cruzándose de brazos-B.E.N, ¿podrías decirme el resultado del número pi?

Esa era una pregunta que normalmente jorobaba bastante a las máquinas. Investigando para construir a B.E.N, Jim había visto varios vídeos en los que a algunos robots se le fundían los cables cuando se les formulaba esa pregunta. Por suerte ya habían contado con eso.

-Disculpe, pero esa pregunta es incorrecta-dijo B.E.N educadamente. Se escucharon risitas entre el público, mientras el científico torcía el gesto-el número pi es un número irracional resultado de la relación entre la longitud de una circunferencia y su diámetro en geometría euclediana. Se lo explicaré, es como si tuviésemos una tarta…

-No, yo ya lo entiendo-repuso el científico, enfadado. B.E.N se quedó mirándolo, y luego de repente emitió un sonido de aplausos.

Muy bien, lo has entendido!-dijo, y el público prorrumpió en carcajadas.

-Hay muchos niños con dificultades de aprendizaje que están desatendidos-dijo Maurice en un tono más serio-B.E.N está programado para explicar todos los temas a cualquier persona examinando sus dificultades psíquicas, pero además nunca se cansa, por lo que puede estar toda la noche explicando si es necesario. Este robot pretende ser una herramienta de ayuda para los maestros en los colegios…

-Lo que quiere es sustituirnos-gruñó Ponzi, y la Casamentera le miró preocupada.

-¿Usted cree?-preguntó ella con voz ronca.

-Eze Jim Hawkin ziempre no ha odiado… ze moriría por deshacerse de nosotro…

-Podéis preguntarle cualquier cosa de cualquier tema-dijo Jim-probad…

El público comenzó a lanzar preguntas al robot, que los observaba un momento, y luego se lo explicaba a la perfección. Era increíble como lo explicaba de una forma tan clara para cada persona que no les quedaba lugar a dudas. Jim miró a Bella que estaba a un lado mirándole orgullosa.

-Bien…-le dijo ella, vocalizando la palabra. Jim asintió. Se sentía muy orgulloso, la verdad. Aquel montón de chatarra parlante era su creación. Casi como un hijo.

-¿B.E.N… y deportes?-preguntó otro chico a mala idea.

-Deberías hacer más abdominales…-le respondió el robot. Esa respuesta también se la había preparado Jim.

-¿Y si queremos que nos enseñe a bailar?-preguntó la chica que antes había estado cotilleando sobre Cenicienta.

-Eso es fácil-dijo B.E.N, y de repente comenzó a hacer el moonwalk en el escenario. El público aplaudió encantado. A todo el mundo le estaba gustando. Jim se apoyó en B.E.N orgulloso-tendría que especificar qué baile, eso sí… ¿tango, fox-trot, vals, twist, salsa, hip-hop…?

-Por favor, que perrée-le dijo Taron a sus amigos, encantado con el androide.

-Pues ese sería nuestro proyecto-dijo Maurice dirigiéndose a los jueces con educación. Ellos asintieron.

-Muy bien… muchas gracias.

Hubo un montón de aplausos. Flynn y Tarzán corearon el nombre de su amigo haciendo mucho ruido hasta que la Casamentera se levantó para regañarlos, y las chicas de la primera fila corrieron a hablar con Jim emocionadas.

-Oh…-Bella miró molesta como a Jim le rodeaba el grupo de niñas que daban palmaditas y reían cualquier cosa que decía. Jim las sonrió, simpático, pero luego se fue a guardar al robot.

-¡Oh Jim, ha sido estupendo!-le felicitó Maurice estrechándole la mano-¡me ha salido mucho mejor que cualquier otro año, todo gracias a ti!

-Venga ya…-dijo él, aturullado.

-¡Oh, ja, ja, ja, menos mal que pensaste en lo del número pi! Ese hombre nos lo habría fundido si no-dijo Maurice soltando una carcajada-¡No puedo creerlo!

-¡Y tú que creías que si iba a desmontar a piezas cuando le sacásemos!-le recordó Jim, y ambos se echaron a reír. Bella los miró, enternecida. La emocionaba ver lo bien que se entendían su padre y Jim. Eran su familia. Ahora volvía a ser una familia completa.

-Oh B.E.N…-dijo Maurice mirando al robot con orgullo-el mayor de mis inventos… de nuestros inventos, mejor dicho.

-Venga ya…-Jim rechazó el honor modestamente, mientras los ojos de B.E.N se apagaban y volvían a plegarle.

Después del incendio de la casa de Maurice su invento del ventilador portátil había quedado destruido. Jim le había sugerido empezar de cero… y ese había sido el resultado. Un fantástico robot lleno de posibilidades, fruto de la mente de dos genios, uno ya anciano, otro que empezaba a ver la luz.

-Quedan aún doce presentaciones-dijo Maurice-¿vamos a verlas?

-Sí claro-dijo Bella emocionada-¿vienes Jim?

Jim veía a sus amigos ir hacia la puerta. Le apetecía estar un rato con ellos, hacía tiempo que no pasaban un buen momento juntos.

-Eeeeeeh sí… ahora voy-dijo el chico con voz grave señalándole a sus amigos. Bella lo entendió y no le insistió. Fue a sentarse junto a su padre en una de las últimas filas, mientras la siguiente presentación, de un gigantesco armario vestidor automático, comenzaba. La cosa no fue muy bien, porque el inventor acabó vestido con la ropa de su mujer, y además el armario quiso matarle.

-Lo más divertido de esta mierda es cuando algún invento sale mal-comenzó Flynn mientras se encendía un cigarrillo-¡hombre nuestro campeón! ¡Cómo te has lucido hoy chaval!

-Alguien tenía que enseñarles un invento en condiciones-dijo Jim con arrogancia. Flynn le dio un puñetazo en el hombro mientras los dos se echaban a reír.

-Te dije que si te ponías en serio eras el mejor Jim-le dijo Tarzán con tono solemne-¡si ganas el concurso, podrías conseguir una beca!

-No me interesa eso…-dijo Jim en voz baja. Tarzán suspiró.

-No, claro…

Salieron al parquecito donde solían ir en los recreos y se pillaron unas latas de cerveza del badulaque de la esquina. Jim vació la suya rápidamente mientras la espuma le goteaba por la barbilla.

-¿Has ido a ver a Peter?-le preguntó Flynn a Jim. Tarzán fulminó a su amigo con la mirada. Claramente a él no le agradaba ese tema.

-Sí eeeeh… va mejor-mintió Jim-podríamos ir todos un día… seguro que se animaría…

-Vale, hay que pensar un día-dijo Tarzán. Eso ya lo había dicho otras veces. Sus amigos habían ido como mucho tres veces a ver a Peter. ¿No eran como hermanos? Tarzán siempre había sido un gran colega de Peter Pan, ellos iban juntos a fútbol y también vivían cerca por lo que quedaban más que el resto. A Jim le chocaba mucho la actitud de sus amigos. Era como si a veces… no los conociera. Quizás el hecho de que ellos estuviesen actuando así le obligaba a él a actuar de otra forma.

-Hermano, se acaba el curso-comentó Flynn soltando una calada de su cigarrillo distraídamente-¿haremos fiesta de graduación?

-Yo sí-dijo Tarzán.

-Yo no creo-dijo Jim.

-Venga ya-le animó Flynn-a eso tú no puedes faltar.

-No me apetece…-dijo Jim encogiéndose de hombros-podemos ir al Decas otro día, pero a mí la gente de clase me la suda…

-Ya, bueno, pero llevamos en esto tres años-le recordó Flynn-y es la graduación… son estas cosas… ritos.

-Ritos-repitió Jim sonriendo burlón-bueno, si me insistes.

-¿Qué tienes pensado hacer después, Jim?-le preguntó Tarzán encendiéndose también un cigarrillo. Jim rechazó el que le ofrecían. Fumar nunca le había gustado.

-Pues… ya veré… de momento tengo trabajo…-les recordó, algo cortado. Tanto Flynn como Tarzán ya tenían decidida la universidad a la que iban a ir. Flynn entraría por los pelos en una pública en la que le obligarían a estudiar derecho. Tarzán por su parte entraría con Becas en la prestigiosa universidad de Litos a estudiar economía y finanzas. Pero él…

-Jim, con el sueldo de camarero no te podrás independizar hasta los cincuenta años-le recordó Tarzán-mira yo… voy a compartir un piso en el centro… cien metros cuadrados.

-Ya tío, tú siempre te lo montas bien-dijo Jim con sarcasmo-pero yo no lo tengo tan claro-"lo tenía" pensó. Que buenos tiempos, cuando perseguía su sueño de ser capitán en la Academia Estelar. Un sueño echado a perder… por una tontería, por un fugaz romance equivocado… otra cosa más que había estropeado.

-Yo creo que podrías intentar lo de las mates Jim-dijo Flynn en un tono más cálido-a esa peña la contratan mucho, y tú solo necesitas aprobar mates y física en la selectividad para entrar… y tener el curso aprobado.

-Ya, pero eso no creo que sea posible…-dijo Jim. Entre el empleo por la tarde, Bella y los trabajillos que le salían de vez en cuando como técnico no tocaba un libro, y llevaba una racha de unos y doses impresionantes. Jim tampoco se molestaba en estudiar porque sabía que profesores como la Casamentera y Ponzi estaban decididos a hundirle la vida.

-¿Por qué no estudias Jim?-le insistió Tarzán, preocupado- Joder, no te costaría tanto…

-¿No?-Jim le miró cabreado. Estaba harto de que hiciera de su hermano mayor.

Maurice había salido a buscar a Jim para avisarle de un interesante invento de fusión de protones, cuando le vio bebiendo con los otros dos fuera. Al acercarse por detrás le escuchó hablar…

-No tiene sentido que me ponga ahora, llevo todo el curso suspenso y no me va a servir de nada… así que déjalo, por favor…

-Hola profe-saludó Flynn a Maurice al verlo acercarse.

-¿Eh?-al ver al padre de su novia Jim se puso más formal rápidamente-¿qué tal eh…?

-¿Quieres un poco?-le ofreció Flynn acercándole la cerveza.

-No, gracias-rechazó Maurice con una sonrisa nerviosa. No quería molestar a Jim ni oír lo que había oído, pero ya era tarde-esto… Jim…. Hay una fusión de protones que es muy interesante… ¿quieres venir?

-Sí…claro-Jim miró a sus amigos un momento encogiéndose de hombros y luego siguió a Maurice al interior del instituto.

-Pues nada-le dijo Flynn a Tarzán, sonriendo.

-Es Jane…-Tarzán acababa de ver a la profesora entrar en el edificio con su padre, el director. Fue detrás de ellos a paso ligero, dejando a Flynn solo con dos bebidas y el cigarro.

-Pues nada-repitió el chico, no pudiendo evitar reír.


La feria de ciencias continuó con varias presentaciones más mientras se decidía el premio al mejor invento, y también comenzaban varias charlas y un taller de biología muy interesante al que Bella acudió. Jim estaba esperándola sentado en un pasillo mientras pensaba en lo de Lady Tremaine, cuando le sonó el interfono. Era el contacto de Aladdín.

-¿Sí?-preguntó Jim extrañado. Hacía mucho que no hablaban, y le echaba de menos. Le había escrito un par de veces, pero Aladdín no había sido muy elocuente en sus contestaciones. Jim ya sospechaba por qué, pero prefería no pensar en ello.

-¿Jim?-la voz de Aladdín sonó desde el otro lado del interfono, y Jim no pudo evitar sonreír al reconocerla. Ese sí que era un amigo al que le apetecía ver.

-Sí… ¿qué pasa?-preguntó Jim caminando un poco por el pasillo mientras se miraba los zapatos, distraído.

-¿Podrías venirte hoy…? Te mando la dirección… eeeh… es que quieren vernos-dijo Aladdín. Se le notaba un poco molesto. Jim arqueó una ceja.

-¿Quiénes?-preguntó, extrañado.

-Oh claro… es Hércules… no sé, me ha llamado y… me ha dicho que si podíamos ir… que si podía llamarte-le dijo. Jim suspiró. "Así que es por eso… joder".

-¿Hoy? ¿No puede ser mañana?

-Dice que prefiere hoy…

-¿A qué hora?

-A las seis… en su casa… te mando el contacto-dijo Aladdín. Sonaba muy serio, y eso sí era raro en el árabe.

-Vale…-Jim no estaba muy convencido pero tampoco quedaba otra-pues iré…

-Sí… así nos vemos-dijo Aladdín, queriendo sonar más animado, aunque no lo consiguió.

-Sí…

Jim colgó, y se quedó apoyado en la pared de brazos cruzados mientras pensaba. Hércules quería verlos… la verdad es que eso sí le apetecía. Aquel tío tenía mucho que explicarles todavía sobre Gantz, porque sabía más de lo que decía, y al igual que Merlín les ocultaba cosas. Jim no terminaba de confiar en él. En lo que respecta a Gantz Jim estaba cada día más paranoico.

Quedaba una hora para las seis. Y al parecer la casa de Hércules estaba en la zona blanca, así que iba a tener que darse prisa. Jim cogió aire con paciencia. A Bella no le iba a gustar… aunque claro Bella… tendría que ir con él.

"Ariel estará…-pensó Jim. Sí, claro que iba a estar-están juntos así que... tendrás que verlo…"

Hacía unos días había hablado con Moana, la amiga de Ariel durante sus meses en el Porter, que le había enseñado una foto de la pelirroja con Aladdín en la nueva cuenta que ella se había abierto en Instagram. Salían abrazos el uno al otro, y él la estaba dando un beso en la mejilla mientras ella sonreía con la sonrisa más deslumbrante que Jim le había visto dar en su vida. Le había sentado realmente mal ver aquella foto. Moana le había mirado con enfado (ella responsabilizaba a Jim de la marcha de su amiga, aunque eran Ariel y ella quienes habían terminado por perder el contacto a fin de cuentas). Sin embargo al ver la tristeza en su rostro se había sentido apiadada de él.

-Ella solía hablar de ti…-le había dicho a Jim, que la miró sorprendido-para bien o para mal… eras del único que hablaba.

Jim no supo cómo interpretar eso, pero estando como estaba casi seguro de que Aladdín y Ariel estaban juntos no tenía ninguna gana de ir a verlos hoy. De todas formas era de Gantz de lo que iban a hablar, y eso sí era importante. Jim quería saber la verdad sobre aquella puta bola. Y sobre todo, quería agarrar al responsable de ella…

Tarzán por su parte había conseguido comenzar una conversación casual con Jane. La joven profesora miró a su alumno predilecto, que estaba reluciente con aquella corbata roja y traje azul que según él se había puesto para la feria…

-Pareces todo un directivo-bromeó Jane ajustándole el nudo de la corbata a Tarzán. Él notó como le subía la temperatura al tenerla tan cerca. Se moría por decirle lo que sentía, por darla un beso… pero sabía que no debía hacerlo. Ojalá ella le diese una señal, algo que le hiciera ver que también lo quería. Aunque en la forma en que le hablaba siempre… y como le anudaba la corbata… Tarzán pensaba que a lo mejor Jane le enviaba señas, pero que él no las estaba captando.

-¿Dónde se han metido los demás?-le preguntó Jane a Tarzán animadamente. Era una de los pocos profesores que era agradable con alumnos de mala reputación como Jim y Flynn, y por eso se había ganado el afecto de los chicos. Pero además de agradable y muy inteligente Jane era atractiva. Tarzán se la había imaginado muchas veces con menos ropa, sonriéndole e indicándole con un dedo que se acercara a él. Incluso con su última novia, el chico había llegado a imaginarse que era Jane a quien estaba haciendo el amor.

-Por ahí, ya les conoces… han estado muy interesantes este año-comentó Tarzán señalando el exhibidor de inventos como quien no quiere la cosa. Jane asintió.

-¡No sabría cuál elegir! Aunque el de Jim ha sido toda una sorpresa. Yo siempre se lo he dicho, si es que sois todos muy listos-comentó mientras le daba un golpecito amistoso a Tarzán en el pecho. El chico sintió el calor abrasándole. Joder…

-Bueno algunos estudiamos más-alcanzó a decir Tarzán en broma, y Jane rió-pero estoy muy orgulloso…

-Puede que le hayas influido algo-aventuró Jane positivamente-eres un buen amigo.

Tarzán asintió. En realidad él sabía que había sido un poco egoísta y pasota de sus amigos ese último año, pero con todo el agobio de la selectividad y segundo tenía una excusa ¿no? Pero en esos momentos Tarzán tampoco se paró a analizarlo. Salvo comerse con los ojos a Jane, podía hacer poco más.

-Lo que tenéis que hacerle es que estudie para recuperar las otras evaluaciones… y se ponga las pilas para selectividad… puede hacerlo muy bien-comentó Jane. Tarzán asintió lentamente mientras seguía observando el largo y suave cabello castaño de Jane. Olía el aroma de su champú nuevo. Era fresco y despejaba. Se moría por tomar mechones de aquel cabello… de abrazarla y tocar sus pechos…

-Oye, estaba pensando…-Tarzán se acercó un poco a Jane mientras se mordía levemente el labio inferior en un gesto que sabía les resultaba irresistiblemente sexy-que cuando acabemos si no tienes nada que hacer… podemos… bueno…

-¡John!-gritó Jane de repente, sobresaltándolo. Tarzán tragó saliva. O no… John era…

-Hola, nena-John Clayton, el aborrecible novio de Jane, se acercó a ella y la dio un fuerte y repugnante beso en los labios, abrazándola fuertemente. Tarzán no pudo apartar la mirada mientras la mujer de sus sueños se derretía en los labios de otro hombre. "Hijo de puta… si es mucho mayor que ella"-pensó, cabreado.

-Oh John, este es Tarzán-dijo Jane separándose de su novio y señalando al chico. John asintió.

-Un placer… Jane siempre habla de ti… eres el único alumno del que habla para bien-comentó. Jane rió dándole un golpecito, bromista.

-Tarzán es un genio-le explicó-algún día todos trabajaremos para él. ¡No sabes cuánto sabe!

-Si…-Clayton parecía menos interesado en Tarzán que en tener un callo en el pie-oye… tengo el coche fuera…

La sonrisa de Jane flaqueó un poco.

-Pero… yo aún no he acabado-dijo. Clayton miró a los lados mientras hablaba entre dientes.

-Tenemos que ir al catering… ¿te acuerdas? Y luego… hace mucho que no te veo… podríamos pasar por casa…

-"Venga ya"-Tarzán miró hacia otro lado mientras apretaba su marcada mandíbula tensamente. Había que joderse. El tío la estaba pidiendo que fueran a follar… delante suyo.

-Tengo que acabar aquí John… queda menos de una hora-dijo Jane con seriedad. A Tarzán sí le gustó ver la cara de disgusto que tenía ella. ¿No les iba del todo bien? ¿Cabía esa posibilidad?

-Vale… te espero en el coche…-dijo Clayton mirándola enfadado. Luego se dio la vuelta y se abrió paso entre la multitud con petulancia. "¿Por qué aguantas a ese capullo? Seguro que se la chupa a sí mismo…"-pensó Tarzán mirando a Jane con lástima. Bueno, Clayton se había ido… seguía teniendo una oportunidad…

-Perdona… creo que es mejor que vaya con él…-dijo Jane con cara de fastidio.

-¿Eh? Pero… la votación va a empezar…-dijo Tarzán, intentando retenerla con cualquier excusa.

-Lo sé pero tiene razón… no podemos llegar tarde al catering… tenemos que empezar a organizarlo…

-¿Organizarlo?-repitió Tarzán sorprendido. No estaría hablando de…

-Oh, ¿no os lo dije?-Jane sonrió, nerviosa pero encantada-voy a casarme con John… en junio… ¡estáis todos invitados!

-E… ¿en serio?-Tarzán supo que aquella era la sonrisa que más había forzado en toda su vida. Jane asintió y para sorpresa del chico le tomó de las manos. Tarzán notó los delgados dedos de ella entre los suyos, y los acarició suavemente sin que ella se percatase-qué bbien…

-Me gustaría que vinieras-dijo Jane guiñándole un ojo-va a ser todo un bodorrio, John es así… y le podéis hacer compañía a mi padre, que se pondrá de los nervios…

-Jajaja…-rió Tarzán forzadamente-claro…

-Bueno…-Jane le miró con suspicacia. Ahora notaba algo raro en él, aunque no estaba segura del qué-ya me contarás como termina… ¡suerte a Jim! ¡Y felicítale de mi parte!

-Eh… Jjane…-la llamó Tarzán cuando ella ya se estaba alejando. Jane se volvió y le miró con aquel rostro angelical con el que siempre soñaba.

-¿Si?-pestañeó suavemente.

-Nnada… que… ya nos vemos…-dijo encogiéndose de hombros. Jane asintió y tirándole un beso se alejó corriendo a buscar a su amado. Tarzán echó la cabeza hacia atrás mientras se anunciaba el comienzo de las votaciones.

-Los resultados esta vez han estado muy ajustados-anunció el director Porter, el padre de Jane, cuando los jueces, científicos de E.P.C.O.T y reputados profesionales, terminaron de deliberar-pero finalmente tenemos un ganador y dos finalistas.

-¡Jim, Jim!-Maurice llamó a Jim, que estaba con Bella en uno de los talleres enseñándola a crear un circuito de luz con doble entrada. Jim separó los cables al oír a Maurice llamarlo, y se incorporó rápidamente de la mesa donde estaban sentados-¡Jim, van a decirlo!

-¡Joder!-el chico tomó de la mano a Bella y corrió al salón de actos donde los participantes esperaban ansiosos los resultados. El profesor de E.P.C.O.T. que había intentado estropearles a B.E.N era quien había tomado la palabra.

-Ha sido muy difícil elegir… ha habido un par de experimentos muy interesantes… algunos no nos han convencido…-comentó.

-Mierda…-Jim había visto suficiente en la vida para saber que no iban a ganar. Nunca había participado, pero si era como el resto de concursos funcionaría por enchufe-no vamos a ganar…

-¡Claro que sí!-le animó Bella apretándole de la mano.

-¿Lo dice ahora no?-preguntó Flynn que acababa de llegar, arrimándose al lado de los chicos.

-¡Sí!-exclamaron ellos.

Jim observó las imágenes que aparecían en los hologramas, de los distintos inventos. Ahí estaba también su robot. Les había llevado meses construirlo, y estaba muy orgulloso de él. Podía ser una de las cosas de las que más orgulloso estuviera en su vida. Sí, definitivamente quería ganar.

-El ganador ha sido… es…-el científico hizo una pausa dramática estirando las palabras al máximo.

-Venga… dilo ya, cabrón-murmuró Jim.

-¡El cordón de zapato automático de Sybill y Sapristi!-exclamó el profesor, y comenzaron a resonar fuertes aplausos. Sybill y Sapristi, dos cerebritos del instituto Finnegan, se levantaron sonrojados y fueron a recoger el premio, mientras todos aplaudían.

-Vaya… los empollones de turno… menuda mierda-comentó Flynn mirando a Jim preocupado. Jim se encogió de hombros lentamente y aplaudió él también.

-Supongo que lo sencillo es más efectivo…-comentó. Luego miró a Maurice preocupado-oye Maurice…

-No pasa nada…-él sonrió a Jim y le dio un fuerte abrazo-de todos los inventos que he presentado, este es del que más orgulloso me siento… ¡y el único que no ha explotado!

Mientras Jim reía, la otra científica de E.P. . tomó la palabra para anunciar a los finalistas.

-Por su magnífica construcción de un androide, el profesor Maurice Clavier…-leyó. Maurice que seguía hablando con Jim abrió los ojos de par en par.

-¿Yo?-repitió atónito, y el público irrumpió en carcajadas. Hubo un aplauso aún más fuerte cuando Maurice y Jim subieron a recoger su premio. Incluía una pequeña cantidad monetaria, inferior a la del primer puesto pero aún así importante, para que invirtieran en sus experimentos posteriores.

-No…-Jim quiso rechazar el trofeo pero Maurice se lo hizo coger mientras les hacían la foto. Los chicos del Porter aplaudieron a Jim con muchas ganas, y algunos corearon su nombre.

-¡HAWKINS! ¡HAWKINS!-gritó Flynn desde el fondo.

-Increíble…-murmuró la Casamentera, furiosa. Cuando vio que Ego también aplaudía, le fulminó con la mirada.

-Algo es algo ¿no?-le dijo Jim a Bella cuando bajó del escenario. Ella corrió a abrazarle y le dio un fuerte beso en los labios. Jim titubeó un poco. Luego correspondió al beso.

-Oh… jojojo Jim… ¡lo hemos conseguido!-Maurice abrazó a su pupilo fuertemente-¡no puedo creerlo!

-B.E.N se va a poner muy contento-dijo el chico.

-Esto hay que celebrarlo-dijo Maurice alzando los brazos al cielo-¿vendrías con nosotros a cenar esta noche?

Jim asintió.

-Claro…

Mientras un corro de curiosos los rodeaba para felicitarlos Bella retrocedió un poco acompañada por Flynn.

-La verdad, en todos los años que conozco a Jim nunca le había visto tan contento-comentó él-eres una buena chica.

-Gracias…-respondió Bella avergonzada. Flynn la guiñó un ojo, tranquilizador.

-Y ahí viene Romeo…-comentó viendo acercarse a Tarzán. No se le veía muy satisfecho-¿qué pasa? ¿Cañabazas otra vez?

-Tío…-Tarzán sonrió a pesar de todo-estoy jodido…

-¿Y eso?

-Ella… va a casarse…-dijo. Flynn asintió lentamente mientras Bella les escuchaba interesada-habló de Jane, la chica… la mujer que me gusta-explicó Tarzán.

-Oh…-Bella asintió lentamente. Tarzán se apoyó en la pared suspirando de amor mientras Flynn le lanzaba una elocuente mirada a Bella.

-El amor joven-comentó Ryder burlón.

-Tío vete a la mierda-dijo Tarzán, no pudiendo evitar reír.

-Yo creo que deberías decírselo…-dijo Bella. Tarzán y Flynn la miraron sorprendidos. Ella se sonrojó. Le seguía dando mucha vergüenza hablar con los chicos. Seguro que pensaban que era tonta.

Pero se defendió lo mejor que pudo. Ser la novia de Jim la daba una cierta confianza en sí misma que antes no tenía. ¡Y vamos, ella había leído tanto sobre el amor, que aunque fuese en conocimientos teóricos debía saber algo sobre él!

-Quiero decir… creo que es mejor que ella lo sepa cuanto antes, porque tú te vas a sentir peor si no se lo dices… y además, es lo justo… para ella-argumentó. Flynn arqueó una ceja extrañado, mientras Tarzán asentía, más convencido.

-Sí… sí, debería decírselo-dijo, tragando saliva.

-Tío, eso es suicido-dijo Flynn, pero Tarzán no le hizo caso.

-Tendré que pensar la forma…-dijo mientras se apoyaba en la pared.

-¿Qué le hacéis a mi chica?-bromeó Jim acercándose a sus amigos.

-Oh nada, nos estaba dando consejos-bromeó Flynn. Jim le miró extrañado, y luego a Bella que rió tímidamente.

-Vale, eeeeh… me estoy perdiendo algo-dijo Jim. Bella rió nuevamente-oye, tengo que hablar contigo…

-¿Si?-Bella le miró con sorpresa-oh espera, me llama papá… me lo dices ahora…

-Vale…-Jim dejó que Bella le besase en los labios y luego se sentó al lado de sus dos amigos en un banquillo. Tarzán se encendió otro cigarrillo y se lo empezó a fumar, sin importarle que estuviesen dentro del recinto escolar.

-Ese es el Tarzán que quiero ver-le dijo Flynn apretándole la pierna.

-Ya…

-Así que no ha funcionado lo de Jane-comentó Jim mirando a Tarzán divertido. Él negó con la cabeza.

-No sé qué voy a hacer… tu novia me ha sugerido que le diga la verdad…

-¿En serio?-replicó Jim con sorpresa. Tarzán asintió.

-No sé… no quiero que se case… ese tío es un capullo… y es mucho mayor que ella.

-Bueno, tu eres mucho más joven-le recordó Jim.

-¿Y tú cuando piensas dejar a Bella?-le preguntó Tarzán, y Jim se calló al instante, pillado.

-¿Dejarla?-Flynn miró a Tarzán con enfado. ¿Ya sacaba otra vez eso? Luego miró a Jim, en espera de respuesta.

-Da igual…-dijo Tarzán levantando la mano con el cigarrillo. Jim le miró con un brillo especial en los ojos. Conocía a Tarzán desde muy niños, y se entendían a la perfección. Aunque su relación estuviese cada vez más abandonada, seguía siendo el amigo más viejo de Jim, el mejor y el que más le conocía.

-No lo sé-dijo Jim. Flynn le miró boquiabierto-yo… no quiero hacerlo pero… es que…

-Si es por la pelirroja… no va a volver-le recordó Tarzán-tío, no puedes rebajarte así con una chica… no merece la pena.

-Claro que lo merece-intervino Flynn.

-Lo he pensado-le dijo Jim a Tarzán cruzando los brazos-pero… la quiero… no se me va de la cabeza… y eso no es justo… para ninguno.

-¿No será una obsesión?-le sugirió Tarzán. Jim negó con la cabeza.

-¿Y sabes algo de Ariel?-preguntó Flynn. Jim asintió lentamente.

-Está con otro tío… un amigo-dijo.

-¿Quién?

-No le conocéis… pero da igual…-Jim se frotó las manos mientras agachaba la cabeza, abatido-mirad yo… se lo voy a decir y… que sea lo que quiera… estoy harto de mantener una mentira… estoy harto de ocultarlo…

-Pero Bella te quiere…-apuntó Flynn.

-Lo sé…-dijo Jim-pero cuanto antes lo sepa, mejor… no quiero que sufra más.

-¿Seguro que…?

-Sí tío. Lo he pensado mucho.


La feria comenzaba a terminarse, ahora solo había talleres y más charlas, pero muchos participantes se empezaban ya a marchar. Jim habló con Bella y le dijo que Hércules les había citado. La chica se tocó el pelo mientras le miraba indecisa.

-No sé, yo… ¿qué quiere…?-preguntó.

-No lo sé-replicó Jim-pero tenemos que ir… si es sobre Gantz… tenemos que enterarnos… porque volveremos a participar… y creo que pronto.

-No puede ser…-susurró Bella asustada. Jim negó con la cabeza.

-Pues así es.

Se despidieron de Tarzán y Fynn. El último miró a Jim poco convencido mientras le daba un abrazo a Bella, y luego se marcharon. A la salida Jim vio a Ponzi que le echó un fugaz vistazo pero luego le ignoró. Como tutor suyo que era debería haberlo felicitado o algo así. Pero el odio entre ellos era demasiado como para que Ponzi pudiera hacerlo.

-¿Vamos a ir en la tabla?-le preguntó Bella a Jim, angustiada.

-Tranquila… cogemos el endobús-dijo él, recordando que la Solaryum la asustaba-venga…

Bella se despidió de su padre, que les recordó que los vería para cenar. Luego se fueron hacia la parada, seguidos de varios alumnos más. Fueron en grupo y Jim charló con ellos. Cada vez hablaba menos con sus compañeros del Porter, pero le alegró comprobar que esos chicos eran gente simpática, no tan chunga como la que solía frecuentar pero sí bastante guays. Incluso habló con Taron, que no mencionó a Ariel por si acaso.

-Entrenamos cuatro veces a la semana…-le decía el jugador de fútbol-pero queremos que sean cinco… la liga termina en mayo y tenemos posibilidades…

-Dicen que los de Finnegan son muy buenos-recordó Jim. Él había jugado al fútbol en primaria y la ESO, hasta que consiguió la beca para la Academia Estelar y se borró del equipo-yo me acuerdo que hacían muchas faltas…

-Son un poco cabrones, pero ya estamos acostumbrados-rió Taron.

Cogieron la línea 7 directa al centro mientras Bella se acomodaba en el asiento al lado de Jim.

-No sabía que a Tarzán le gustaba su profesora…-comentaba la chica-pensé que se refería a una compañera…

-¿Qué iba a casarse?

-Bueno… mi mejor amiga se casó con diez años, porque es hindú-comentó Bella.

-No sabía qué tenías…-Jim se cortó antes de decir "algún amigo".

-Hace mucho que no la veo… ya solo nos escribimos, pero no es lo mismo-le explicó Bella. Jim miraba por la ventana a la ciudad, pensativo. ¿Cómo se lo diría…? No quería hacerla daño… Joder, la quería pero… sabía que no igual que a Ariel… no igual…

Cuando Bella lo supiera, seguro que le iba a odiar.

-Jim…-ella se daba cuenta de que él no estaba bien. Lo notaba cada vez más. Notaba que se esforzaba por estar presente, que quería estar allí, pero cada vez estaba menos. Lo notaba hasta en el sexo. Al principio era intenso, era nuevo… luego había sido romántico… ahora era… aburrido. Bella no creía que el sexo pudiera ser aburrido, pero lo estaba siendo… y se sentía mal cada vez que lo hacían… porque notaba que Jim lo hacía casi por obligación.

-¿Qué pasa?-Jim salió de sus pensamientos y la miró. Bella no sabía cómo abordar el tema.

-¿Te encuentras bien…? Estás un poco… raro-dijo la chica tomándole de la mano. Jim se quedó inmóvil, muy serio.

Podía decírselo ahora. Era tan buen momento como cualquier otro. "Bella… Bella… sé ha… se ha acabado… lo siento…"-sonó una voz en la cabeza.

-Bella…

-¿Qué pasa?-susurró ella mirándole con preocupación. ¿Por qué estaba tan lejos de repente? No quería perderlo…¿era por ella?

-Nada…-dijo Jim finalmente, forzando una sonrisa-estoy un poco sobado…

Bella asintió lentamente. Sería tonta, pero sabía reconocer una mentira. Pero si no quería hablar, ella no iba a forzarle. Además, no estaba segura de querer oír lo que Jim iba a decirle.

Había poca gente aquella tarde en la línea. Bella se abrazó a Jim y apoyó su cabeza en el hombro.

-Te quiero…-susurró. Luego cerró los ojos.

-Y yo…-Jim acarició la cabeza de la chica, mientras seguía pensando. A lo mejor se precipitaba… a lo mejor no debía hacerlo. ¿Qué había hecho Ariel por él, después de todo? No quería verlo. Había sido cruel… pero a quién quería engañar…

El saber que iba a volver a verla le estaba emocionando más que cualquier otra cosa en todo aquel año.


La casa de Hércules en cuestión era un apartamento en lo alto de un rascacielos. Hércules tenía comprados los cinco últimos pisos del edificio, y en el que daba al tejado había un enorme jardín con piscina para el verano e incluso un pequeño estadio de entrenamiento. Hércules aparcaba en una pista especial su coche, y tenía también un pequeño bar al aire libre y unas mesas para tomar aperitivos. Aquel piso solamente ya era cinco veces la casa de Jim.

-Venimos a ver a Hércules…-le dijo Jim al conserje que estaba en la entrada del edificio. Él asintió dándoles unas tarjetas de acceso.

-Lo dejó aquí para ustedes-indicó-es la última planta…

Cuando llegaron arriba Jim y Bella observaron el jardín impresionados. Ella se acercó a las flores y se puso a examinarlas. Le encantaban las flores, conocía todos los tipos y especies.

-Vaya choza…-comentó Jim observando su propio reflejo en el agua de la piscina.

-¡Jim!-Aladdín salía del interior de la casa y corrió por el jardín dando saltos hasta abrazarle con fuerza-¡tío!

-Jajajajajaja, contente un poco hombre-bromeó Jim, pero luego le abrazó también con fuerza. Sí que se alegraba de verle. Lo había echado mucho de menos-te vi en la tele el otro día… por lo de Upendi

-¡Ah, sí!-recordó Aladdín sonriendo-dicen que me voy a arruinar… me vas a tener que acoger en tu casa…

-No hay problema pero… te vas al garaje-bromeó Jim. Aladdín le rascó el cabello, y luego fue a saludar a Bella que también se había acercado.

-¿Qué tal esos trucos de magia?-comentó el moreno mientras la besaba la mano con galantería. Bella rió avergonzada.

-Algo he mejorado…-dijo. Aladdín la había ayudado mucho en la anterior misión infundiéndole coraje. Ella lo recordaba con mucha gratitud.

-Creo que sí…-decía Jim, cuando por el rabillo del ojo distinguió una mancha roja que paseaba por el jardín hacia ellos, y se quedó de piedra. Era ella… después de tanto tiempo…

Ariel había cambiado un poco desde la última vez. Llevaba la melena más corta, por los hombros, y se la había arreglado. Antes solía llevarla suelta, salvaje, pero ahora llevaba un elaborado peinado probablemente de peluquería. También llevaba ropa mucho más cara y bonita que la que Jim le había podido ofrecer durante su estancia en su casa, e iba maquillada. Estaba muy guapa, cierto pero Jim la veía muy diferente… y no estaba seguro de por qué.

-Hola Jim…-saludó Ariel y acercándose le dio un beso en la mejilla. Lo dijo en un tono muy serio, tan distante como siempre solía hablarle, y para Jim fue como recordar de repente todo lo malo que les había llevado a discutir. No, ella seguía odiándole… mierda.

-¡Ariel!-Bella saludó a la pelirroja educadamente. Antes ambas parecían de la misma edad, eran similares, asustadizas pero con mucho valor en su interior. Sin embargo Ariel ahora parecía mucho más mayor. Era como… si no fuese auténtica… sí, esa era la palabra que Jim andaba buscando. Porque él había visto a la auténtica Ariel antes, en su viaje bajo el mar. Y desde luego no era ella…

-Llevaba tiempo queriendo esta reunión-dijo Aladdín apoyándose al lado de Jim-¡tengo muchas cosas que contaros!

-¿Si?-Jim apartó por primera vez la vista de Ariel, mirando al árabe divertido-¿y cuántas son buenas?

-Me debes una revancha en tu tabla, por cierto-le recordó Aladdín. Jim asintió.

-Por mí hoy mismo.

-Hola Jim, Bella-una quinta voz sorprendió a Jim en aquel momento. Hércules salió también de la puerta de cristal que accedía al interior del piso, seguido de Meg. Esa sí que estaba impresionante. Pero siempre lo estaba, incluso cuando Oogie Boogie la había recubierto de vómito.

-Hola…-Jim estrechó la mano de Hércules con profesionalidad, y luego la de Meg, que le guiñó un ojo con una sonrisa.

-¿Cómo te va, emoboy?

-Joder…-Jim rió entre dientes mientras Hércules señalaba al interior de su casa.

-Lo mejor será que nos reunamos dentro-indicó.

-¿Y los demás?-preguntó Bella extrañada-creía que íbamos a ser… todos…

-Contacté con Agatha pero no ha querido venir-explicó Hércules-y me ha sido imposible localizar al Sombrerero… es un fugitivo, y ni siquiera lo conocen en los barrios bajos…

-Yo podría investigarlo…-dijo Aladdín-aún tengo contactos, aunque he perdido la mayoría…

-Es porque te has vendido al capitalismo-ironizó Jim.

-Jajajajaja, soy lo que juré destruir.

Había una sala llena de trofeos de Hércules: competiciones en el Coliseo, carreras, lanzamiento de peso, natación… era el atleta más completo de Suburbia, también el más admirado. Aladdín y Jim observaron los trofeos con admiración.

-¿Solo los has traído aquí para fardar?-pinchó Meg al fortachón. Hércules sonrió mientras los guiaba hasta un salón muy amplio con grandes ventanas a la ciudad.

-Mira… E.P.C.O.T…-dijo Jim señalando al fondo. Aún recordaba con vivido terror aquella misión. Aunque también con cierto cariño. Habían luchado y habían vivido. Por aquellos tiempos Billy y Lilo aún seguían con vida…

Jim vio que Ariel le miraba de reojo. La miró también, y se quedaron así por unos momentos. Pero le era tan raro hacerlo. Cuatro largos meses habían pasado, y cada día había sido más largo que el anterior. La muerte de Lilo y la falta de ella le habían torturado. Y ahora ni siquiera eran capaces de hablar.

-He estado investigando sobre Gantz, pero no he encontrado nada-dijo Bella mientras se sentaba en uno de los sofás, mirando a Hércules-ni siquiera es una palabra que exista en ningún idioma… solo en un dialecto alienígena nativo… pero significa "visión".

-¿"Visión"?-repitió Aladdín-¿no sería "misión"?

-No, estoy segura-Bella encendió la pantalla de su interfono y les mostró algunas imágenes del término en el diccionario-pero no hay nada más y nunca… nunca se ha escrito sobre algo así… sobre una situación… de este tipo…

-Porque nunca la ha habido-dijo Hércules cruzando los brazos-el mundo de los vivos y el de los muertos nunca se han juntado.

-¿El mundo de los muertos?-repitió Jim. Eso no sonaba demasiado bien, pero aparte sonaba un poco ridículo. Pese a todo lo visto, Jim seguía sin creer en esas cosas. No veía la vida más allá. No sentía que la hubiera.

-Creo que es obvio que hay que hablar de los muertos en este asunto-comentó Meg sirviéndose una copa de vino mientras se sentaba al lado de Meg, recostándose como una patricia romana de la Edad Antigua-a fin de cuentas todos lo hemos estado… aunque solo fuese un momento.

-Yo creo que ha sido más de un momento-recordó Aladdín-en la última misión me dispararon…

-Tío, a mí casi me come una puta araña-recordó Jim.

-A mí casi me mata ese bicho-dijo Meg.

-Sí, todos estuvimos a punto de morir-recordó Hércules.

-Aunque tú dijiste que eso no ocurriría-dijo Jim secamente. Hubo un largo silencio. Todos miraron a Jim impactados por lo que había dicho. Lo peor era que todos lo habían pensado. Hércules se había comprometido a protegerlos. Y allí estaban ellos… cuatro de sus amigos habían muerto… y uno de ellos era la niña… la pequeña Lilo.

Hércules miró a Meg que parecía preocupada. Ella sabía que él lo hacía con su mejor intención, estaba segura. Pero lo que Jim decía era cierto. Hércules bajó la mirada, aquellos ojos azules tan puros, entristecido, y Meg sintió una indescriptible tristeza al verlo.

-Lo primero por lo que os he llamado…-dijo finalmente con voz grave-es precisamente para disculparme…-dijo. Jim parpadeó con asombro-sé lo que dije… sé lo que os prometí. Creía que así os infundiría valor pero… tienes razón… no debería haber prometido algo que no era capaz de cumplir. Creía que lo era… creía que era capaz de protegeros a todos… supongo que lo subestimé…

Jim ahora estaba un poco avergonzado. No se esperaba una disculpa tan sincera. Además él también se sentía así. "Creía que era capaz de protegeros…". Si tan solo hubiese sido más rápido… si tan solo hubiese podido rescatar a Lilo… Nunca podría perdonarse lo de Lilo. Nunca. Y la culpa había noches que lo despertaba en mitad del sueño y lo estrangulaba como una serpiente.

-Voy a deciros todo lo que sé… por qué estoy en Gantz… y por qué estáis vosotros-dijo Hércules-si hago esto… es por vuestro bien.

Aladdín miró a Ariel extrañado. Ellos dos seguían de pie, mientras que el resto ya se habían sentado. Hércules tomó un vaso de refrescante agua antes de continuar.

-Como ya le dije a Jim la última vez que nos vimos, yo pertenezco a una organización… una "resistencia" contra Gantz-dijo. Todos contuvieron la respiración.

-¿Hay una resistencia?-preguntó Aladdín, y la esperanza brilló en sus ojos pardos-¿alguien nos ayuda?

-¿Quién la forma?-preguntó Jim sagazmente.

-No lo sé bien-se excusó Hércules-porque para empezar, ni siquiera conozco a los demás miembros. El único al que conocía se llamaba Kevin Flynn, y fue quién me habló del proyecto… contactó conmigo porque sabía que yo accedería a colaborar en él.

-Me he perdido…-dijo Aladdín cruzado de brazos-¿qué proyecto?

-Sí, ¿de qué va es?-le apoyó Jim-nos dijiste que era parte de un plan para… desmontar a Gantz.

-Van a por todas, fortachón-bromeó Meg estirando sus largas piernas en el sofá.

-Vale, a ver…-Hércules miró a un lado y a otro ¿por dónde empezar?-Gantz apareció… a finales del año pasado. Al menos eso es lo que creemos.

-¿Quiénes?

-… un momento. Como sabréis, el doctor Finkelstein es quién estaba detrás del proyecto. Al menos eso creíamos. Finkelstein es el cadáver que hay dentro de la bola, ya os sonará…

-Sí, claro-respondió Jim. ¿Cómo olvidarlo? Tenía pesadillas con aquel repugnante cuerpo al menos una vez por semana. Las manos y piernas en descomposición, y la cabeza abierta con el cerebro palpitando.

-Pero quién es él-dijo Aladdín-me refiero, quién es realmente.

-Esa es una buena pregunta. Finkelstein era un reputado médico y científico, ganador de varios premios Rem de E.P.C.O.T y reconocido en toda la comunidad científica-explicó Hércules-al menos hasta enero del año pasado, cuando se denunció que experimentaba con seres humanos en un laboratorio secreto, y se le imputó en la causa de la desaparición de varios niños. De acuerdo a las investigaciones Finkelstein habría secuestrado a esos niños para sus experimentos y… bueno, no es necesario que os explique lo que hizo con ellos.

-Qué asco-dijo Meg dejando su copa a un lado.

-Finkelstein había presentado recientemente un proyecto súper secreto en E.P.C.O.T llamado "Galorum" con el que había conectado un cadáver a una computadora enorme y había conseguido devolverlo a la vida por unos segundos. Al parecer, aunque era secreto los rumores corrieron muy rápido y se creía que Finkelstein sería el inventor del siglo. Una máquina que resucita a los muertos es algo… bueno…

-Es Gantz-interrumpió Aladdín-a fin de cuentas… ¿no?

-Finkelstein quería continuar con su proyecto de "Galorum" con el que pretendía prolongar la vida de los cadáveres por más tiempo, pero las denuncias por sus malas prácticas hicieron que la junta directiva de E.P.C.O.T lo apartase del proyecto. Finkelstein reclamó su autoría sobre él, pero E.P.C.O.T terminó por cancelárselo… después de eso el científico desapareció… hasta ahora.

-¿Qué fue lo que ocurrió?-preguntó Jim. La curiosidad lo estaba matando.

-Si Finkelstein desapareció a mitad del año pasado, Gantz comenzó justo antes del verano. El primer objetivo fue una mujer muy rica de la zona blanca, Grimhilde. Fue asesinada el 14 de junio. Lo sabemos aunque su cuerpo no está. Simplemente la desintegraron.

-Sí, estaría bien que nosotros consiguiéramos desintegrar a alguno de vez en cuando-bromeó Aladdín, aunque no consiguió que riera nadie.

-¿Era una criminal?-preguntó Jim arrugando la frente.

-Sí, en realidad tenía negocios con la mafia-aclaró Hércules-todos los objetivos conocidos de Gantz tenían algún tipo de negocio moralmente reprobable… ya me entendéis.

-Ya…-Jim miró a Bella concentrado. Era como contemplar las piezas de un puzzle, y no sabía cómo encajarlas.

-Fue durante el cuarto asesinato cuando Kevin Flynn contactó conmigo. Él trabajaba para el D23, y me dijo que estaban investigando la desaparición de Finkelstein y estos extraños asesinatos. Así que comenzamos a tirar de los hilos hasta dar con algunos de los participantes de Gantz, como Cobra hizo con vosotros. Así conseguimos hacer un par de averiguaciones, incluso nos llevaron al piso donde está la esfera, pero no podíamos acceder. Solos los participantes pueden. Kevin se dio cuenta de que si queríamos llegar al fondo del asunto, la única forma era comenzar a participar en Gantz y… y la única forma de hacerlo era… era muriendo.

-Así que él y tú-Jim tardó un poco en atreverse a decirlo-¿os suicidasteis?

-Bueno, fue indoloro pero… sí-dijo Hércules encogiéndose de hombros-era el único modo…

-Pero…-empezó Aladdín.

-En Gantz nos encontramos con Finkelstein. Está muerto, eso lo podemos confirmar todos. Pero Kevin creía que… al estar conectado a la máquina, de alguna forma nos mantenía con vida a nosotros. De algún modo Finkelstein es el sustento vital, la energía de Gantz.

-¿O sea que está enchufado a esa máquina porque así la hace funcionar?-preguntó Jim.

-Sí, exacto-aclaró Hércules-después de esto conseguimos encontrar el escondrijo de Finkelstein. Había un par de planos de un proyecto llamado Gantz, pero nada concluyente. Los planos estaban escritos en una especie de código… que no sabemos leer.

-Un código…-repitió Jim, y miró a Aladdín de reojo. ¿Un código como el que habían sacado de la caja fuerte de Juan?

-Después de esto fue… horrible. Creo que Gantz sabía que nos estábamos acercando a la verdad-dijo Hércules, y tembló levemente-las misiones se volvieron… muy duras. Cada vez perdíamos a más gente… yo… bueno, todos salimos gravemente heridos… y Kevin murió. Me había quedado solo. Pero entonces contacté con un tercer compañero suyo. Los superiores del D23 habían ordenado cerrar la investigación sobre Finkelstein, pero ese segundo agente sospechaba algo. Ese agente era Cobra… nunca llegamos a vernos cara a cara, pero fue fácil reconocernos cuando por fin nos vimos aquella noche en Navidades.

-¿Y qué dijo él?-preguntó Jim.

-Cobra sospechaba algo que ya creíamos: que hay alguien más detrás del doctor Finkelstein y su experimento. Alguien mucho más… malo. Sí, alguien malvado.

-Es una manera de expresarlo-dijo Meg. De repente parecía mucho más seria, y su rostro se había ensombrecido.

-¿Quién?-preguntó Aladdín, pero Hércules negó con la cabeza.

-Finkelstein estaba muy lejos de poder resucitar a los muertos y devolverlos intactos a la vida como hace Gantz. Alguien tuvo que ayudarlo en esos avances. Le proporcionaron el material y los medios para construir Gantz… y también la magia.

-¿La magia?-Aladdín le miró pasmado. Todos le observaron, escépticos-sí claro, si yo creo en ella pero… suena raro oírlo así, ya me entendéis.

-¿Qué magia?-preguntó Bella interesada. Había leído sobre la magia negra en aquel libro de la Estrella. La Estrella Azul. Ahí estaba la clave de todo.

-Existe un libro, yo nunca lo he visto, se llama el Doomulacrum creo, y trata sobre la resurrección de los muertos. Es un libro muy antiguo… y prohibido…

-La Estrella Azul…-murmuró Jim. Nuevamente la historia los llevaba hasta esa organización secreta. Cobra Burbujas, el abuelo Carl, Mary Poppins… todos habían hablado de ella. Así que un libro para resucitar a los muertos ¿eh? Las cosas empezaban a cobrar sentido.

-Pero no lo entiendo-dijo Bella-si existe un conjuro para resucitarlos ¿de qué sirve la esfera? La ciencia y la magia no son compatibles…

-Al contrario, lo son, y mucho-replicó Hércules encantado con su pregunta-de hecho, la magia es solo una rama de la ciencia… la rama más importante, claro.

-Sabes mucho de ella, ¿no?-preguntó Aladdín con desconfianza-parece…

-Hemos investigado acerca del Doomulacrum y sobre el proyecto de Finkelstein. Y la conclusión que sacamos fue esta: que alguien contactó con él y le enseñó cómo realizar el hechizo… cómo aplicarlo en su máquina… alguien engañó a Finkelstein para que realizara el proyecto, y luego utilizó la vida del doctor como motor para controlar Gantz…

-¿Pero… quién?-preguntó Aladdín con un destello asesino en los ojos. Le gustaría agarrar al culpable.

-Entonces si sacamos al doctor de la esfera…-adujo Jim-el juego… ¿se terminaría?

Hércules negó con la cabeza.

-Si seguimos aquí es por la esfera… ella nos ató a la vida cuando tendríamos que haber muerto… así que creo que no es una buena idea…

-Pero entonces no hay salida-dijo Aladdín, nervioso-si dependemos de Gantz para vivir no podremos librarnos de ella nunca… seguiremos jugando hasta que…

-Hasta que muramos-completó Meg con voz dura-sí, más o menos.

-No, y en eso es en lo que esta resistencia está trabajando-dijo Hércules-gracias a nuestro encuentro con Mary Poppins hablé con ella y le comuniqué algo de lo que sabía. Ahora ella está investigando sobre el Doomulacrum y la posibilidad de deshacer el hechizo que nos vincula a Gantz… y adivinad qué: Merlín ya estaba experimentando sobre ello. Decía que era una simple tesis, pero al parecer sacó el Doomulacrum varias veces para estudiarlo y se metió en problemas con sus superiores.

-¿Quiénes son la Estrella Azul?-preguntó Jim.

-No lo sé…

-¿Quién es Gantz?

-No lo sé-Hércules respiró profundamente-os he contado esto porque hay algo más importante y urgente que debéis saber: vuestras vidas corren más peligro que nunca.

-¿Por qué?-preguntó Bella, alarmada.

-Gantz sabe quién soy y lo que pretendo. Sabe que puedo conseguir desmantelarla y acabar con sus planes, sean cuales sean. Lo que significa que hará como ya hizo con Kevin, el primer jugador que quiso desafiarle…

-Gantzer-dijo Jim en voz baja.

-¿Qué?-le preguntó Hércules con sorpresa.

-No nada es que… creo que se llaman gantzer… da igual…

-Sí, el primer gantzer-concretó Hércules-cada misión será más difícil que la anterior, cada enemigo será más duro y solo podremos luchar por nuestras vidas… al menos hasta que caiga yo.

-Pero al saber ahora esto nosotros-intervino Aladdín-eso nos hace potencialmente una amenaza para Gantz también. Así que también irá a por nosotros.

-No lo creo-dijo Hércules-porque… porque hay una última cosa que yo sé, y Gantz ignora. Gantz lo sabe todo, ya lo habéis comprobado, puede verlo todo… menos esto. Es algo con lo que no cuenta y… eso me convierte en una amenaza.

-¿Qué es?-preguntó Ariel, incapaz de contener su curiosidad.

-No puedo decíroslo-dijo Hércules-ya os lo he dicho, no puede saberlo. Por eso quiere acabar conmigo… por eso mandó hoy ese perro contra mí.

-¿Qué perro?-preguntó Jim extrañado. Aladdín le enseñó en el interfono un vídeo de las noticias de un enorme perro de tres cabezas-joder… ¿qué cojones…?

-Gantz no es alguien como nosotros-explicó Hércules-su poder va más allá de nuestra imaginación, y además es muy listo. Pero hay una ventaja que me parece que podemos tener…

-¿Cuál es?-preguntó Aladdín, taciturno-porque no se me ocurre ni una sola.

-No creo que él pueda hacernos daño directamente-razonó Hércules, y para sorpresa de todos, sonrió-si pudiera, ya se habría ocupado él mismo de los objetivos ¿no os parece?

-A lo mejor solo quiere jugar… divertirse-sugirió Bella.

-No lo creo-dijo Hércules, y se levantó de su butaca-busca algo. Estas muertes están todas relacionadas. O casi todas, vaya.

-Hablas como si le conocieras-dijo Jim mirando a Hércules con desconfianza. Seguía sin terminar de fiarse de él, pero no lo expresó en voz alta. Hércules había sido bastante sincero, y hasta ahora su ayuda solo les había traído cosas buenas. Tal vez debería ser un poco más confiado por una vez.

-No conozco a Gantz pero de participar es como… si ya fuésemos amigos-dijo Hércules con ironía-créeme, tengo tantas ganas de agarrar al responsable como tú. O más.

-Sí, pero hay algo que no me cuadra en tu historia-apuntó Aladdín entrecerrando los ojos hasta hacerlos dos finas líneas-ese tío, Kevin, decidió que murierais para ir a Gantz y os suicidasteis… vale, muy bien… ¿cómo sabíais que os cogería a vosotros? En Suburbia mueren más de trescientas personas al día, la mitad por asesinato. ¿Cómo sabíais que os escogería a vosotros? Porque no creo que fuese simplemente arriesgarse al azar. Me parece una mierda de motivo para morir.

Hércules miró a Aladdín y para sorpresa del árabe su sonrisa se ensanchó aún más. El moreno creía haberlo pillado, pero era todo lo contrario.

-Ya te lo he dicho. Gantz sabe quién soy… sabe que yo sé algo. Me podría haber dejado morir perfectamente… pero prefirió no hacerlo… porque espera que yo de un paso en falso. Que me arriesgue y desvele el plan… porque así sabrá quién más está implicado.

-No lo entiendo-dijo Aladdín como un niño pequeño.

-Lo sé. Pero te juro que lo entenderás-miró al resto y habló con voz clara y potente. Se notaba que le costaba hablar de ello-escuchad, no puedo prometeros que viváis, es cierto. Y lo siento si alguna vez os he fallado pero… mientras haya sangre que corra por mis venas, e incluso cuando me quede sin ella, lucharé por salvaros. Podemos vencer a Gantz, pero tenéis que confiar en mí… de otra forma, solo podemos seguir jugando… hasta que llegue el fin.

Todos se quedaron en silencio, y luego asintieron lentamente.

-Vale…-accedió finalmente Aladdín, acercándose también y ofreciéndole la mano-yo confío en ti.

-Gracias-dijo Hércules chocándole la mano con fuerza. Luego miró al resto-me darías… ¿un voto de confianza?

Ellos se miraron entre sí. Meg fue quién finalmente habló.

-Por mí bien fortachón-dijo-no creo que consigas nada pero… cuenta conmigo.

-Gracias Meg.

Se miraron unos segundos, pero luego ella apartó la mirada para levantarse también.

-Y ahora ya que estamos en esta mansión ¿por qué no nos la enseñas un rato? Estoy harta de hablar de la muerte… me gustaría aprovechar un poco la vida-dijo. Hércules asintió.

-Sí, vale… por qué no-dijo. Luego les indicó una puerta del pasillo-venid os… os puedo dar un tour.

Fueron saliendo, aunque Aladdín y Jim se quedaron atrás. Los dos estaban pensando en lo mismo.

-El código que cogí en la caja fuerte de Juan debía de estar escrito con el mismo lenguaje que los planos de Finkelstein-dijo Aladdín-todo está conectado Jim ¡Es una rallada!

-Ya… es el Código de Er, Cobra Burbujas me lo dijo-le explicó.

-El Código de Er-repitió Aladdín-ni idea hermano.

-Sé algo más-concretó Jim-Rátigan lo estaba buscando… también me lo dijo Cobra.

-¿Rátigan?-repitió Aladdín, alucinado-¿qué…?

-Yzma mencionó a Rátigan cuando me atrapó en E.P.C.O.T-dijo Jim hablando ahora en susurros-ella se temía que él quisiera matarla…

-Y Garfio trabajaba para Rátigan cuando secuestró a ese millonario, el presidente de la Compañía de las Indias-recordó Aladdín-lo mencionó en la Isla Calavera. ¿Crees qué Gantz…?

-No sé-Jim se encogió de hombros-¿crees que Rátigan tiene algo que ver con ella…? Quizás Gantz quiera destruir a los mafiosos… a lo mejor es un proyecto del gobierno… a lo mejor si hay alguien importante detrás de esto…

-No lo sé tío, es todo una mierda-dijo Aladdín frotándose el cuello-pero si fuese a por los mafiosos ¿qué pasa con la mujer pulpo? Ella vivía en el mar, no tenía nada que ver con Suburbia…

-Pero pensaba atacar el mundo de los humanos una vez tuviese el tridente-recordó Jim-todos eran amenazas a la ciudad… quizás esa sea la conexión.

-Quizás eso no sea… tan malo-repuso Aladdín. Cuando Jim le miró enfadado, se apresuró a explicarse-quiero decir, es mejor eso que que el objetivo fuese una monja o algo así…

-Ya… supongo que sí-dijo Jim encogiéndose de hombros-pero creo que esa no es la conexión… tiene que haber algo más.

-De todas maneras todo el mundo en esta ciudad es bastante cabrón-repuso Aladdín-Gantz tiene donde elegir.

Jim le lanzó una elocuente mirada. Acababa de recordar un "pequeño" detalle sobre Aladdín en el que había estado pensando mucho. El árabe lo vio claramente en su mirada.

-¿Os venís o qué?-les preguntó Meg asomándose por el pasillo-este tío tiene una bolera en la cuarta planta… ¿quién tiene eso?

-Vale, ya vamos-respondió Aladdín y empezaron a andar siguiéndolos-oye Jim, yo quería decírtelo, eeeeh… Ariel… bueno, yo… mira…

-No pasa nada-replicó Jim, y forzó una sonrisa-en serio, no me importa.

-Escucha, hay algo que debes saber…-le dijo Aladdín mordiéndose el labio con nerviosismo.

-Lo sé, ¿vale?-dijo Jim. Se sentía fatal hablando de aquello. Pero Aladdín era su amigo, y le deseaba lo mejor. Si Ariel le quería a él tendría que aceptarlo-oye, yo estaba con Bella, tenías vía libre no estabas obligado…

-¿Estabas?-preguntó Aladdín, sorprendido. Jim también se sorprendió de lo que había dicho.

-No, quiero decir…-miró a un lado y a otro, asegurándose de que los otros no le escuchaban-estoy con ella pero… bueno… había pensado en dejarlo… no creo que lo haga… no merece la pena hacerle eso… por nada…

Aladdín asintió lentamente, y luego tragó saliva. Jim estaba pensando en dejarla porque seguía enamorado de Ariel, eso el árabe lo entendió rápidamente. Pero si seguían pensando que él y la pelirroja estaban juntos, él no la dejaría, y por consiguiente Ariel tal vez podría regresar a su lado. Aladdín no estaba seguro de querer terminar con su relación pese a todo lo que ya habían hablado.

La elección estaba en sus manos: podía decirle a Jim la verdad en cuyo caso Ariel ya no volvería nunca o no decirle nada y volver a intentarlo. A fin de cuentas, si Jim y Ariel acababan juntos, él estaría solo. No tenía la garantía de recuperar a Yasmín, y si había una sola persona que pudiera ocupar su puesto y hacérsela olvidar con el tiempo esa era Ariel. Aladdín tragó saliva.

-Jim, mira, lo siento pero…-respiró profundamente un segundo. Odiaba ser quién era-hemos roto… Ariel y yo… lo vamos a dejar. Yo sigo enamorado de Yasmín y ella… bueno, ella sigue…

-¿Sí?-Jim le escuchaba asombrado.

-Le gustas tú, tío. Y no sabes cuánto, porque para que pase de mí-bromeó el moreno, y le alegró comprobar que eso dibujaba una sonrisa en el rostro de su amigo.

-No… no puede ser…-dijo Jim lentamente.

-Tienes mi palabra-contestó Aladdín con honor-la vida es muy corta para no decir la verdad, al final las mentiras no sirven de nada. Por qué… ¿por qué no se lo dices?

Jim asintió lentamente. Pero seguía existiendo un pequeño problema.

Vio a Bella que hablaba con Hércules por delante. Acababan de parar en su jardín interior, donde cultivaban exóticas plantas y había un balancín blanco decorado con enredaderas.

-¿Y esto fortachón?-preguntó Meg risueña, sentándose en el balancín-¿sigues escribiendo poemas?

-Eeeeeh no… no, no…-se apresuró a decir Hércules poniéndose colorado.

-¿Escribes poemas?-le preguntó Bella a Hércules, sonriendo-¡yo también! Tienes que dejarme leer alguno…

-Sí bueno… no se me dan muy bien-dijo Hércules rascándose la nuca incómodo-pero es algo que me ha gustado desde niño. Este jardín me sirve para hacer meditación, que también es importante para los gladiadores.

-No paras nunca-dijo Meg olisqueando una de las flores que ya empezaban a abrirse-¿alguna vez haces algo… porque quieras?

-Si… ayer lo hice-dijo Hércules recordándole su paseo en la playa. Meg sonrió levemente al oírlo.

-Oye, tengo que hablar contigo…-le dijo Aladdín a Ariel acercándose a ella. La pelirroja miraba a Jim, que se había acercado a Bella. Bella se giró hacia su novio emocionada y lo llevó a ver algunas de las flores de Hércules, que como todas las especies de plantas ella conocía.

-Es preciosa, ¿verdad?-le dijo Bella al chico, emocionada, y luego le tomó de la mano. Ariel tragó saliva, molesta, y entonces se la cogió a Aladdín.

-En serio, ¿tendrías un momento?-le dijo Aladdín a Ariel impaciente.

-¿Por qué no damos un paseo por el otro jardín?-le sugirió Ariel hablando muy alto.

-Venga ya-dijo Aladdín adivinando sus intenciones. Jim se había girado para verlos, y entonces la pelirroja abrazó a Aladdín y le dio un suave beso en la mandíbula. Jim entrecerró los ojos, mosqueado, mientras respiraba lentamente. Si ella quería jugar a esas…

-Esta es una petunia…-observó Bella.

-Sí, mira…-Jim la arrancó y se la puso a la castaña en el pelo-te queda bien…

-La has arrancado-dijo Bella preocupada, y Jim la dio un beso en la mejilla. Ariel le miró enfadada, y entonces tiró de Aladdín para salir de allí.

-Joder…-dijo el árabe mientras desaparecían por un pasillo.

-Jim, ¿estás bien?-le preguntó Bella preocupada, acariciándole. Jim asintió lentamente, y luego la miró como si estuviese reparando en ella en ese mismo momento. Joder, había sido un capullo. No podía seguir manteniendo aquello. Aladdín tenía razón, era la hora de decir la verdad…

-La piscina cubierta está bien, yo creo que os puede gustar-dijo Hércules señalándoles otro pasillo. Bella sonrió.

-¡Me encantaría verla!-dijo, contenta. Hércules les guió por el pasillo, y Jim ya no pudo decirle nada más. Se dio cuenta de que Meg le miraba, burlona.

-¿Y a ti qué te pasa?-le preguntó Jim a la mujer, arisco.

-Pareces sacado de una telenovela Jim… en serio-dijo Meg riendo, y luego le revolvió el cabello y le dio un besito en la frente. Jim se quedó unos segundos parado y luego la siguió, intentando disimular el rubor de sus mejillas.


En el jardín superior, Ariel se asomó por la terraza, mirando los altos rascacielos de la ciudad y la enorme esfera de E.P.C.O.T al fondo. Si afinaba bien la vista, incluso podía verse una leve línea azul, que era el mar.

-Así que me quieres para dar celos ¿eh?-dijo Aladdín apoyándose a su lado mientras abría una lata de cerveza que acababa de coger del bar de Hércules-no sé para que tiene tantas cosas si no toma alcohol…

-Para los invitados-dijo Ariel. Su cabello se movía con el viento, aunque ya no como antes. El corte de pelo y el delicado peinado no dejaban que apenas se agitase, como su antigua y salvaje melena. Ella lo echó de menos por un momento. Pero así estaba más guapa, ciertamente.

-Ariel, si te gusta darle celos no es la mejor idea-dijo Aladdín bebiendo con calma-¿quieres?-la ofreció.

-Voy a por otra…-dijo Ariel acercándose a la mesa del bar descubierto. Cuando por fin la tuvo bebió y respiró pausadamente-he sido… me he equivocado… él la quiere a ella… en realidad él no me ha querido nunca… solo le gustaba… mi cuerpo…

-Eso no es verdad Ariel-dijo Aladdín, pero ella se le encaró, furiosa.

-Claro que lo es, y a ti también-dijo, con los ojos de repente bañados en lágrimas-nadie me ha querido por como soy en realidad solo por esto… por estas…-miró a sus propios pechos-¿te habrías fijado en mí, si no?

-Claro que sí…-dijo Aladdín, aunque sonó menos seguro de lo que hubiese querido. Ariel soltó un leve hipido, incrédula-yo no me quejaría tanto… ser guapa es una suerte…

-Pero no soy nadie-dijo Ariel-me siento vacía… no soy nadie, ni siquiera ahora… creía que el cambio… tú, el trabajo… me haría serlo, pero no es así… no siento que haya nada en mí… soy… soy totalmente prescindible.

Aladdín la miró muy serio, y luego se acercó un poco más.

-No para mí-dijo, y acercándola la besó con fuerza. Ariel no hizo nada al principio por la sorpresa, pero luego se lo correspondió dejando que sus lenguas se acariciaran como el saludo de dos viejas amigas, y disfrutando del fuerte sabor de él, que se introdujo en ella una vez más, embriagándola. El beso fue apasionado, y Aladdín aprovechó para acariciarla el pelo y los pechos mientras sus labios seguían con aquel baile. Finalmente se alejó de ella y la miró con tristeza.

-¿Por qué…?-susurró Ariel acariciándole el pelo lentamente.

-Porque es el último-dijo Aladdín, y su rostro se nubló un poco-te voy a echar mucho de menos, princesa.

-No te entiendo…-dijo Ariel, mientras él apartaba su mano.

-Le he dicho a Jim que hemos roto-explicó Aladdín-le he dicho toda la verdad, por mi parte. Yo ya no formo parte de esto. Me gustaría estar para siempre, pero no puede ser. Ahora es entre vosotros dos.

Las lágrimas surcaron las mejillas de Ariel descorriéndole el rímel mientras tomaba de las manos a Aladdín y respiraba lentamente. Él la sonrió, tranquilizador, y luego acercando su dedo a sus lágrimas se las recogió y las bebió.

-Al menos disfrútalo-dijo-que sé que no es lo mismo que conmigo, pero seguro que es algo.

Ariel rió, soltando sus últimos sollozos, y luego volvió a mirar a la ciudad mientras asentía lentamente.

-Quisiera… necesito estar sola…-dijo.

-Vale, voy dentro-respondió Aladdín acariciándola el cabello una última vez-pero… sonrié ¿vale? Venga, quiero verlo…

-Vale…-dijo Ariel.

-Veeeenga-la apremió él, cogiéndola en brazos y zarandeándola. Ariel sonrió por fin.

-Vale-dijo, y luego le dio un último beso en la mejilla-gracias.

-De nada…-dijo Aladdín, y luego se alejó silbando mientras miraba al cielo de Suburbia. Empezaba a anochecer. Y él estaba más seguro que nunca.

Sería esa noche.


-¿Este quién es?-preguntó Meg sorprendida, acercándose al monito. Abú hizo un ruido agudo y luego dando un salto se subió a su hombro-oye, no me manches la blusa…

-Es el mono de Aladdín, lo ha dejado por ahí antes-explicó Hércules. Estaban en el comedor de su cuarto piso, una bonita estancia con muebles antiguos, en la que había un armario con una elegante vajilla griega, una bonita escultura de una mujer tallada en mármol y varias fotografías de hacía unos cuántos años. Jim distinguió a un Hércules niño, rellenito y con una dulce e inocente sonrisa, y al Hércules adolescente, ya musculoso y jovial, abrazando a un hombre y una mujer de mediana edad que debían de ser sus padres. En otra Hércules sujetaba una copa rodeado de su equipo, y en otra una medalla en solitario. Había una última, que Meg estaba sujetando, en la que salían ella y el fortachón. Jim la miró también. Debían de tener unos dieciséis años. Meg llevaba gafas y el pelo más corto, pero ya estaba tan buena como ahora, y Hércules la abrazaba con la sonrisa más alegre y contagiosa que Jim había visto en su vida. Estaban en un bosque, probablemente durante una excursión. Realmente parecían muy felices.

-Os conocéis…

-Desde niños-completó Meg-él es mi mejor amigo. Daría lo que fuera por volver a esos días.

-Creía que había pasado algo… que ya no os hablabais-dijo Jim. Meg le miró al principio molesta, pero luego sonrió ante la inseguridad del chico.

-Es verdad… pero hay cosas que nunca cambian-dijo. Luego miró la última foto que había en el aparador, una de Hércules sujetando su primera copa del Coliseo. Había una rugiente multitud detrás de él, aclamándolo-pero hay otras que sí…

-¡Eh!-Hércules acababa de ver entrar a Abú en su habitación, y después el monito había salido con una pequeña libreta. Era su cuaderno de poemas.

-¡IIIIIIIIIK!-rió Abú mientras correteaba por el pasillo.

-¡Devuélvemelo!-exclamó Hércules corriendo detrás suyo.

-Abú ya está dando problemas…-comentó Aladdín que acababa de entrar al comedor-debería pensar en ponerle correa cuando salimos…

-Creo que debería ponértela él a ti-le dijo Meg poniéndole un dedo al chico en el pecho, provocativa-eres un chico travieso…

-Oh…-Jim y Aladdín se miraron, cortados, mientras Meg los rodeaba con sus brazos y sonreía de un modo irresistible.

-No me vas a negar que ya le has robado el huevo de oro que tenía en la mesa de la entrada y la cubertería de plata-le dijo Meg a Aladdín al oído, y el chico se sonrojó aún más.

-Es la costumbre…-dijo mientras se vaciaba los bolsillos-lo siento…

-Eres increíble…-rió Jim.

-¡Devuélveme el cuaderno!-se escuchó a Hércules por el pasillo del fondo, y luego sonó el ruido de un mueble que se caía.

-Creo que hay que ayudarle…-dijo Bella que acababa de volver del baño.

-Sí, ven, anda-dijo Aladdín tomándola de la mano y tirando de ella. Bella le lanzó a Jim una mirada extrañada, antes de ser llevada por el árabe al pasillo.

-Bueno Jim, ya solo quedamos tú y yo-dijo Meg con tono seductor acorralándole.

-Venga ya… no vas en serio… ¿no?-dijo Jim nervioso.

-No, anda-dijo ella apartándose y recolocándose la melena-ve a buscar a la teñida… por eso has venido, ¿no?

-Claro que no-dijo Jim, pero Meg arqueó una ceja, y el chico miró a los lados, indeciso-puede que sí… pero… ha pasado tanto tiempo... no sé qué decirle…

-Pero la echabas de menos-razonó Meg.

-Ssí…-admitió Jim.

-Entonces no ha pasado tanto tiempo…-Meg abrió las palmas de las manos, como si fuese lo más obvio del mundo-¿o no has estado pensando en ella todos los días?

Jim asintió lentamente. Meg le guiñó un ojo y luego cogió la foto en que Hércules salía con sus padres.

-Anda, corre-dijo distraídamente. Jim asintió y se fue de allí.

-Gracias-se asomó antes de coger el ascensor que subía a la terraza.

-No me las des…-repuso Meg dejando también la foto y suspirando. Ahora estaba sola. Otra vez. Vio la sombra detrás de ella, y cerró los ojos. Como le odiaba-oh, cállate…-dijo.


Ariel seguía observando la ciudad. Ya había tirado la lata de cerveza (en realidad ni siquiera le sabía bien) y contemplaba el atardecer apartando todos los demás pensamientos de su cabeza. El sol poniéndose en Suburbia, tiñendo el cielo de naranja y dando unos últimos y potentes rayos de luz, era algo maravilloso. Cuando vivía en el mar no podía disfrutar de las puestas de sol. De hecho normalmente ni siquiera podía ver el sol. Pero era algo muy hermoso. No parecía de este mundo. Una esfera brillante y ardiente, que brillaba igual para todos. ¿Sería Dios el sol? No, no había dios.

Solo había Gantz.

Jim se acercó por detrás a Ariel, y cuando ella le notó dio un respingo. Ariel se giró y miró a Jim con sorpresa unos segundos.

-Jjim…-consiguió decir al fin.

-Hola…-dijo él sonriendo con tristeza-creo que no nos han presentado correctamente…

-¿Qqué… qué pasa?-preguntó Ariel extrañada. Jim suspiró y se colocó a su lado en la terraza, mirando también la puesta de sol. La luz los bañó a ambos de dorado, dándoles un aspecto extraño. Los cabellos de Ariel parecían ahora de oro aunque todavía no perdían su tonalidad rojiza. Los ojos de Jim resplandecían más que nunca. Ariel no podía creer que pudiese volver a estar observando su rostro tan cerca. Que él estuviese mirándola de nuevo. Cuatro meses habían sido muy largos. Era raro verlo así otra vez.

-Quería hablar contigo un momento-dijo Jim-si… me dejas…

Ariel asintió lentamente.

-Vale…

-Vale…-Jim apretó los puños mientras buscaba las palabras. Lo había imaginado tantas veces que ahora ni siquiera sabía cuál sería la mejor forma de abordarlo. Ariel, Ariel, por fin podía tenerla… ¿podía tenerla?-escucha… no te he tratado bien, y lo siento. No… no fui bueno contigo, y me siento muy mal por ello. Pero ese no era yo. Estaba… estaba perdido… llevaba mucho tiempo sin entender nada… joder-rió levemente-es como haber estado en un pozo mucho tiempo… y de repente tú me sacaste de él… de alguna forma fuiste tú, estando a mí lado… lo que me hizo querer cambiar a mejor…yo sabía que tenía que serlo, pero contigo quise serlo. Y… y no supe hacértelo ver.

Ariel le miró sin decir nada, escuchando sus palabras en silencio. Ya no había lágrimas en sus ojos. Estos ahora solo podían contemplar a Jim. Lo veía como nunca había visto a ninguna otra persona.

-Nno quiero que haya… nada malo… entre nosotros-Jim movió el puño levemente, intentando encontrar las palabras adecuadas-solo quisiera que fuese… como aquellos días… cuando nos llevábamos… bien…

-Jim escucha…-le interrumpió Ariel atreviéndose a hablar por primera vez. Él la miró, expectante.

-¿Qué…?-preguntó, instándola a hablar. Ariel tomó aire.

-Yo tampoco fui justa…-dijo ella con un hilo de voz-no valoré lo que hacías por mí y…-la voz se le cortó a media frase. Los dos veían la verdad en los ojos del otro. Veían el amor. Ariel no habría sido capaz de reconocerlo cuando había conocido a Jim meses atrás, pero ahora sí podía. Veía la verdad en él. Podía sentir la llamada de su alma.

-No pasa nada…-dijo Jim con voz ronca.

-Yo no quería irme…-dijo Ariel recordando su última discusión en el cuarto del chico-hubiese querido seguir a tu lado…

-Yo no quería que te fueras-reconoció Jim. Y decir la verdad así le hizo sentirse tan aliviado que fue casi como si pudiese flotar. La sensación de tranquilidad que le recorría ahora era mejor que ninguna otra cosa que pudiera experimentar. La paz… el perdón.

-Lo que quiero que sepas es que… bueno… me gust… estoy…-Jim tartamudeó un poco, mientras Ariel seguía con la mirada fija en él. Quería oírle decirlo. Necesitaba oírlo-estoy enamorado de ti…

-¿Enamorado?-repitió ella, notando como le temblaban sus piernas humanas.

-Creo… creo que sí-reconoció Jim. Luego la sonrió-sí… creo que te quiero…-no pudo evitar reír. Ariel sonrió, aunque luego la sonrisa desapareció rápidamente.

-Pero Bella…-le recordó. A Jim también se le borró la sonrisa de los labios.

-No sé cómo…-dijo lentamente-tú te fuiste y yo no quería estar solo… y ahora de repente yo estoy con ella… y tú con Aladdín y… y estamos bien, ¿no? Los dos lo estamos…

-Sí…-reconoció Ariel-sí que estamos bien.

-Entonces…-Jim tragó saliva-entonces ¿por qué estamos aquí ahora? Porque… si te soy sincero… donde yo quiero estar es… a tu lado.

Ariel cerró los ojos y asintió lentamente. Ya habían hablado de eso antes. Jim ya le había dicho que la quería, y ella lo había rechazado. Y ahora ahí estaba de nuevo, llamando a su puerta. ¿Le dejaría entrar esta vez?

Sabía que no sería tan fácil como con Aladdín, ni tan perfecto pero… ¿no iba siendo hora de que las cosas fueran como tenían que ser?

-Yo… también…-dijo Ariel finalmente. Jim se acercó entonces a ella, y los labios de ambos se despegaron, acercándose lentamente. Aquel olor a vainilla, sí… mmmmmn, Jim lo recordaba bien… cuánto tiempo intentando recordarlo sin poder hacerlo… cuánto tiempo soñando con tenerla un tiempo…

Jim rodeó con sus manos los brazos de Ariel y se fue acercando a ella lentamente. Las largas pestañas de la pelirroja le hicieron cosquillas en las mejillas, mientras sus pechos chocaban y se apoyaban en el chico. Los labios de Jim rozaron los de Ariel, dispuestos a dar el beso.

-Nno…-dijo Ariel alejándose, y en ese momento el hechizo se rompió. Jim la miró, apenado. Sabía por qué lo hacía.

-No sé cómo… decírselo…-susurró, intentando acercarse nuevamente a la pelirroja-no sé cómo hacerlo…

-No puedes…-Ariel le puso las manos en el pecho notando los delicados botones de su camisa. Estaba increíblemente guapo con aquella camisa y el pelo suelto. Realmente estaba cambiando. Pero le gustaba todavía más. Era como si todas las cosas buenas que había intuido en él hubieran crecido durante el tiempo en que no se habían visto. Sí, Jim era diferente, de eso no había duda-Jim, no puedes dejarla ahora… la harás daño… yo… yo lo sé…

-Nunca debí empezarlo, pero si no la dejo ahora será peor…-dijo Jim mirándola angustiado. Joder, se moría de ganas de besarla, de abrazarse a ella y no soltarla más. Había tantas cosas que quería contarle…

-No…-Ariel evitó nuevamente que Jim la abrazase, mirándole asustada-Jim…

-Pero tú…-Jim la miró preocupado-tú… qué es lo que quieres.

Ariel se miró los zapatos mientras intentaba encontrar una respuesta.

-¿Qué hacemos…?-le preguntó Jim, y soltó una risita nerviosa-¿qué propones tú… que hagamos? Porque si yo te quiero… y tú a mí… no creo que haya otra solución. No podemos darnos otra alternativa.

-Entonces se lo dirás…-dijo Ariel con la voz entrecortada-¿cómo vas a explicarle… lo que has hecho? Que la dejas ahora porque… porque quieres estar conmigo… ¿qué pensará de ti… de ella misma…?

Jim asintió lentamente. Él sabía lo que era eso. Sabía lo que era sentir el rechazo, y Ariel también lo sabía, desde luego. Cuando Eric la había dejado la partió el corazón. Jim no quería hacerle eso a Bella. Él la quería, la quería muchísimo, y sabía que ella le quería mucho más a él. Joder, él era todo su mundo. No podía hacer eso… solo por darse una oportunidad con una persona con la que claramente no era compatible.

-Nosotros ya pudimos intentarlo…-susurró Ariel, notando como el corazón la martilleaba el pecho-y no la aprovechamos…

-No digas eso…-Jim estaba destrozado. Pero ella tenía razón. Joder, como lamentaba aquella tarde en el cine, cuando fue a buscar a Bella. Qué bien se había sentido en ese momento. Que poco le había importado la chica, o cualquier cosa que sintiera, como Ariel. Y qué responsable se estaba sintiendo ahora-no… no quiero perderte. Estoy harto de estar lejos… por favor, encontraremos la forma…

-Nno…-Ariel negó mientras se llevaba las manos a la boca, intentando respirar-nno la encontraremos Jim… en realidad no tenemos formma…

-¿Entonces por qué lo has dejado con Aladdín?-la interrumpió Jim, mirándola con fiereza, y Ariel palideció-¿por qué has venido ahora?

Ella le quería, Jim lo veía en sus ojos. Pero no podía hacerle eso a Bella. Ariel sabía que no sería capaz de vivir habiendo hecho una cosa así.

-Si me quieres…-pidió Jim-por favor, quédate conmigo. Porque realmente te necesito.

Se observaron en silencio. Jim quería memorizar cada uno de los rasgos de ella para guardarlos en su corazón para siempre. Su nariz pequeña y respingona, aquellos grandes ojos azules tan expresivos, siempre asustados, sus finas cejas, sus rosados labios, sus pecas… aquel fulgurante cabello rojo sangre, y sus delicadas y ligeramente inclinadas piernas. ¿Cómo podía una persona ejercer tanta atracción sobre él? No lo sabía, solamente sabía que lo tenía totalmente dominado, y que esa relación no podía compararse con nadie, con ninguna otra persona que hubiera conocido ni que hubiese amado. Ni siquiera con Bella. Y realmente lo sentía por Bella.

-¡AJUJUJUJU!-Abú los sobresaltó entrando en el jardín sujetando un batido que acababa de fisgar de la cocina. Ariel y Jim se separaron sorprendidos. Detrás del mono llegaron Hércules, Bella y Aladdín, que parecía alertado. Seguramente él ya imaginaba que los encontrarían allí.

-¡Jim, mira!-Bella rió contenta-¡Hércules tiene una llave allen! ¡Es la que usa papá! Podríamos…

Se quedó mirándolos y frenó un poco su entusiasmo. Bella podía no ser una chica al uso. Pero como todas las chicas, contaba con un sexto sentido.

-…usarla-terminó, frunciendo levemente el ceño. Jim miró a Ariel y luego a Bella. Todos los demás se habían callado.

-Eeeeeh… que bien-dijo finalmente, incómodo-nos la podrías prestar, eh…

-Claro…-dijo Hércules que se había dado cuenta de la tensión e intentaba disimularlo jugueteando con Abú en sus brazos-sí, sí, cuando quieras…

-Una buena llave-dijo Jim balanceándose un poco de un lado al otro, sin saber qué hacer.

-¿Estás bien?-le preguntó Bella, acercándose a él preocupada y acariciándole el rostro. Ariel miró hacia otro lado, incapaz de contener su angustia. ¿Qué podían hacer…? Todo dependía de Jim…

Jim miraba otra vez a Ariel, y Bella se dio cuenta. El mayor temor de Bella se estaba haciendo realidad. Ella sabía lo que Jim había sentido por Ariel. Sabía por qué había ido a buscarla aquella tarde al cine. Pero después de cinco meses juntos, esperaba que las cosas hubieran cambiado. Creía que Jim estaba enamorado de ella… y ahora al verlo mirarla a ella. A la otra.

-¿Jim…?-Bella miró al chico expectante, y él volvió a mirarla, ahora muy serio. Jim despegó los labios para decir algo, cuando Ariel los interrumpió.

-Yo me voy ya…-dijo con una voz sorprendentemente grave-tengo… tengo turno de tarde… si no os importa…

-No, no, claro-dijo Hércules.

-¿Quieres que te lleve?-se ofreció Aladdín, que se había puesto al lado del fortachón y ambos intentaban disimular lo mejor que podían.

-Sí, vale-dijo Ariel, tomando de la mano a Aladdín y pasando olímpicamente de Jim. Él sabía que lo hacía por Bella. Ariel actuaba nuevamente fría con él para que pareciera que lo estaba rechazando una vez más. Una fuerte punzada le golpeó en el corazón fuertemente-adiós… gracias.

-Creo que nos veremos pronto-le dijo Aladdín a Jim, enigmático-oye, te escribo luego… ¿vale?

-Sí, vale-dijo Jim chocándole la mano. Después el moreno recogió a Abú que le estaba haciendo cosquillas a Hércules, risueño, y aceleró para alcanzar a Ariel.

-Bueno… que rápido anochece ahora…-comentó Hércules distraídamente. La verdad es que no sabía qué decir. Jim seguía mirando al lugar por dónde se había marchado Ariel, y Bella miraba a Jim, con los ojos llorosos y el rostro enrojecido. No podía creerlo. Un dolor indescriptible empezaba a emerger en su corazón.

-¿Podemos irnos… nosotros también?-dijo la chica conteniendo las ganas de llorar.

-Sí… vale…-dijo Jim asintiendo lentamente. Bella negó con la cabeza y luego se alejó también a los ascensores privados que bajaban de la casa del chico directamente a su aparcamiento. Jim se quedó en el jardín con Hércules, justo cuando Meg se asomaba también para darse un paseo.

-Tu sala de masajes es estupenda Hércules-dijo Meg echándose el cabello a un lado con magnificencia. Luego miró a Jim, extrañada-¿me he perdido lo bueno?

El chico se metió las manos en el bolsillo y sonrió a los dos extraños jóvenes, intentando parecer despreocupado. Sí, seguramente se lo había perdido.


-No entiendo qué ha pasado… estabas muy convencida-le dijo Aladdín a Ariel mientras giraba la Alfombra Mágica esquivando uno de los semáforos y entraba en uno de los túneles de tiendas.

-Pero no puedo hacerle eso a ella, no se lo merece… ella es una buena persona-dijo Ariel que iba abrazada a él de brazos cruzados en la parte trasera de la Alfombra. Abú estaba con ella, y se rascaba sus sobacos de mono, distraído-yo ya le hice eso una vez a alguien y… y ya no actúo así…

-Ya bueno… en el amor hay que estar preparado para las calabazas-dijo Aladdín encogiéndose de hombros-ella lo superaría, créeme…

-¿A Jim? No creo…-respondió Ariel malhumorada-¿no puedes ir más rápido?

-Joder…-Aladdín sonrió. Ariel era la única chica que le pedía que fuese más rápido, era la única que le gustaba tan intenso como era (en todos los sentidos).

La Alfombra aceleró aún más hasta que zigzaguearon por un carril especial y se detuvieron en un Pizza Planet, una tienda de comida express para conductores.

-¿Menú medieval?-preguntó el vendedor, impaciente.

-Sí, venga… ¿tú qué te pides?-le preguntó Aladdín a ella.

-La ensalada.

-La ensalada, eso.

Aladdín detuvo la Alfombra en un parque. No era cualquier parque. Era al que solía ir con Yasmín cuando se veían a escondidas. La última vez que la llevó fue con la tabla robada de Jim, en septiembre. Había pasado una eternidad desde entonces.

-¿Y Jim qué piensa hacer?-preguntó Aladdín dándole un buen bocado a su pizza de pimientos del menú medieval.

-Quiere dejarla… pero yo le he dicho que no lo haga-dijo Ariel en voz baja-no pensé que fuera capaz de... dejarla así.

-Eso es porque ya lo estaba pensando de hacía tiempo-razonó Aladdín. Ariel le miró extrañada.

-¿Tú crees?

-Claro… soy tío vale… entiendo de esas cosas…

-Tú entiendes de todas las cosas-dijo Ariel mientras se quitaba la chaqueta. Pese a que hacía bastante frío la sirenita no lo sentía. En el mar estaban acostumbradas a temperaturas muy bajas.

-Mira…-Aladdín escupió unas migajas mientras se llenaba la boca a tope con la pizza-si él te gusta y tú a él creo que no hay que liarlo más… quiero decir, es lo mejor para todos… porque mientras esté con Bella tampoco van a ser felices.

Ariel asintió lentamente. Luego dejó la ensalada a un lado. Realmente no tenía hambre.

-Que haga lo que quiera-dijo finalmente, con una extraña expresión en el rostro-creo que… creo que voy a morir… así que da igual.

-¿Por qué dices eso?-preguntó Aladdín extrañado, mientras Abú bajaba de uno de los árboles del parque para cogerse él la ensalada.

-Creo que nos va a llamar-dijo Ariel-esta noche…

No hacía falta que diese más explicaciones. Aladdín tragó su pedazo de pizza y la miró con el rostro serio. Parecía mucho más maduro cuando lo hacía.

-Yo también lo creo-confesó finalmente-lo siento en mí como… un presentimiento. No sé.

-Ya…-Ariel le miró preocupada, y entonces él le dio un abrazo-¿y si… y si no lo conseguimos?

Aladdín tardó en responderla.

-Con esa actitud no lo conseguiremos-dijo finalmente, tratando de sonar despreocupado-no creo que pueda ser peor que hasta ahora.

-Pues yo creo que sí…-susurró Ariel preocupada.

-Echo de menos a Billy…-dijo Aladdín finalmente, estirando sus fornidas piernas en el banco mientras suspiraba-no siento que esté muerto, porque nunca le vi morir pero… es raro pensar que… nunca voy a volver a verlo…

-Lo sé…-dijo Ariel. Le entendía perfectamente. De niña ella jamás entendió lo ocurrido con su madre. Una buena mañana se fue, y por la tarde resultó que nunca iba a volver-se van y… y no te dicen que se supone que debes hacer tú…

-Al menos sé que Yasmín está viva…-dijo Aladdín con la mirada perdida en las luces nocturnas de la ciudad-que está en alguna parte, que sigue adelante pero… joder, no lo sé… la muerte es algo muy raro… y además nadie quiere hablar de ella.

-Yo sí…-dijo Ariel, y apoyando en su hombro la cabeza se quedó callada un rato. Abú mientras tanto se había caído en la fuente del parque, y ahora nadaba al lado de unas palomas.

-Voy a irme a casa…-dijo Ariel finalmente, reincorporándose-necesito un baño…

-Vale…-Aladdín tiró los restos de su cena a una papelera y la ayudó a montar en la Alfombra-¿Vamos?

Recorrieron Suburbia hasta el piso de Ariel y una vez allí él la dejó cerca de su balcón. La pelirroja le dio un cariñoso beso en la mejilla a Aladdín y le acarició el rostro enternecida. Luego se marchó sin decir nada más.

"Joder…-Aladdín quisiera haberle dicho algo más… lo acababan de dejar, vale, pero aún así aún le costaba asimilarlo. Y por una última vez no pasaba nada. El problema era que ya habían tenido varias "últimas veces". Y prolongarlo una más solo complicaría más las cosas-voy a acabar solo… como Billy". Decidió irse a casa y tal vez beber un rato. La noche era buena y apetecía salir, pero no lo haría. Gantz iba a llamarlo esa noche, seguro. Tenía que estar descansado.


Jim leyó un mensaje de Aladdín en su interfono. "Coge el código… por si acaso". Lo tenía escondido en su cuarto. Llevaba varias noches intentando descifrarlo, pero nunca llegaba a nada claro. El lenguaje en clave parecían unos sistemas de números matemáticos, pero no conseguía entender de qué iban.

-Voy a pasar por casa… os veo en el restaurante-le dijo Jim a Bella cuando bajaron de la parada del endobús para ir al piso de ella. Hacía poco que habían terminado de establecerse, después del incendio de su anterior hogar.

-Jim…-le llamó Bella. Él se volvió y la miró, aunque ella tuvo la impresión de que miraba sin mirar.

-¿Qué?-preguntó él con voz áspera. Bella tragó saliva, consternada. Sí, era definitivo. Él no estaba bien. Llevaba todo el viaje de vuelta ausente. Ni un beso, ni un cariño, ni nada.

-Jim… dame un beso…-pidió Bella con desesperación. Jim la miró. Tenía que decírselo. Debía hacerlo. Pero la piedad se apoderó de él. No podía romperla el corazón no era justo… tenía que encontrar el modo de hacerlo… tal vez si lo pensaba un poco…

Se acercó a ella y la dio un beso. Un beso suave, con desgana. Bella le puso una mano en la barbilla mientras con el otro brazo le rodeaba la cabeza y le besaba apasionadamente. Ella puso todo su esfuerzo en aquel beso, todo su amor, todas sus esperanzas. Si hacía solo unos días imaginaba como sería su boda… ahora apenas podía imaginar cómo sería esa noche.

-Te quiero…-susurró Bella con las lágrimas brotándole de los ojos. Jim respiró profundamente y luego la miró fijamente, con sus resplandecientes ojos verdes. Bella solía decir que sus ojos y su nariz eran las partes favoritas de su cuerpo. Jim solía decir que la quería todita entera. Y era cierto. Lo seguía siendo pero… pero no igual.

-Y yo a ti…-dijo Jim finalmente, devolviéndola el beso. Luego se echó el cabello a un lado y se fue alejando de ella dirigiéndose de nuevo a la parada-luego te… te veo-dijo.

Bella asintió y le sonrió falsamente, porque las lágrimas la recorrían el rostro ya sin control. Fue andando cada vez más rápido hacia su casa hasta llegar y encerrarse en su habitación, donde dejándose caer en el lecho rompió a llorar.

-¿Ya estás en casa cielo? ¡Arréglate, que nos vamos!-se escuchó la voz de su padre, más contento que unas castañuelas-¡hoy es un gran díiiia!

-Nnnnnn…-Bella lloró en silencio aferrada a la almohada y empapándolo todo en sus lágrimas. No podía soportarlo.


Jim caminaba entre la multitud absorto en sus pensamientos, con el pelo caído hacia adelante y expresión sombría. En su piso Ariel se bañaba aleteando con la cola en el agua, e intentando relajarse. Recordando el tacto de sus labios cerca de él no pudo evitar sonreír. Aladdín por su parte había abierto una de las caras botellas de la bodega de Billy y se disponía a beberse un par de tragos antes de que comenzase la noche. Y Bella lloraba. Lloraba y lloraba esperando que cuando terminase de hacerlo levantara la cabeza y todo hubiese terminado. Jim volvería a estar con ella, y nada de lo acontecido esa tarde habría si quiera pasado. Pero sabía que no era así. Y apretando los puños siguió sollozando.

Recordó aquella canción que su madre solía cantarla por las noches, una canción de amor romántico. Por cuánto tiempo había deseado encontrar un amor así.

Para amarte necesito una razón
Y es difícil creer
Que no exista una más que este amor

Sobra tanto
Dentro de este corazón
Que a pesar de que dicen
Que los años son sabios
Todavía se siente el dolor

Porque todo el tiempo que pasé junto a ti
Dejó tejido su hilo dentro de mí

Y aprendí a quitarle al tiempo los segundos
Tú me hiciste ver el cielo aún más profundo
Junto a ti creo que aumenté más de tres kilos
Con tus tantos dulces besos repartidos

Desarrollaste mi sentido del olfato
Y fue por ti que aprendí a querer los gatos
Despegaste del cemento mis zapatos
Para escapar los dos volando un rato

Pero olvidaste una final instrucción
Porque aún no sé cómo vivir sin tu amor

Y descubrí lo que significa una rosa
Y me enseñaste a decir mentiras piadosas
Para poder verte a horas no adecuadas
Y a reemplazar palabras por miradas

Y fue por ti que escribí más de cien canciones
Y hasta perdoné tus equivocaciones
Y conocí más de mil formas de besar
Y fue por ti que descubrí lo que es amar
Lo que es amar

Al rato mientras se sentaba en la cama se le ocurrió susurrar un hechizo.

-Aisha…-dijo con voz suave.

Lentamente las lágrimas comenzaron a levitar en torno a ella haciendo un círculo y luego formaron una especie de estrella. Bella sonrió y luego las lágrimas desaparecieron a la vez que la magia. Había sido una estrella muy bonita… una estrella azul…

De repente recordó algo. Su libro de magia tenía aquella marca de la estrella. Pero lo había visto también en otro libro. Habían pasado tantos años… no podía ser…

-Mamá quiso donar estos libros a la biblioteca de Montressor-le dijo Maurice sacándolos en una caja.

-Pero yo quiero tenerlos…-pidió una pequeña Bella de unos diez años. Maurice sonrió.

-Ya tenemos muchos Bella… y así otros niños como tú pero con menos suerte podrán ir y pedirlos cuando quieran…

Bella sonrió al entenderlo, y luego le ayudó a transportar la caja.

-Vale…

En ese momento vio ese libro de pasada. Un libro con la estrella azul. ¿Cómo había podido olvidarlo?

-Ese era…-susurró Bella reincorporándose. ¡Tenía que darse prisa!


-Tres entradas: la principal, la de los rezagados y la del servicio-recontaba Stan indicando los puntos en el holomapa-cincuenta guardias en la de rezagados, trescientos en la de servicio y más de ochocientos cercando la principal.

-No han escatimado en personal-comentó Wendy mientras se limaba las uñas distraídamente.

-Además tenemos el círculo de vigilancia-continuó Stan levantando una mano-la policía sobrevolará el palacio durante toda la noche, así que por cielo es imposible acercarse…

-No lo necesitaremos…-les recordó Mallymkun blandiendo su alfiler fieramente.

-La Reina Blanca estará en el salón de rosas, que es una gran sala de baile ubicada en el quinto piso, justo en el centro. Es la sala más protegida, por lo que será muy difícil acceder a ella.

-No si todo sale de acuerdo al plan-les recordó el Sombrerero Loco, que estaba al fondo de la sala desembalando unas cajas.

-¿Cuál de ellos?-preguntó Marco, sarcástico.

-Toda operación tiene más de uno, recordadlo. Ahora hagamos un recuento rápido, antes de que a alguno se le olvide su parte-gruñó Stan de malas pulgas.

-Ya lo hemos repasado diez veces…-protestó Marco.

-¡Pues una más!-le avisó Stan golpeando con su bastón sobre la mesa de control virtual, y el holograma vibró un poco ante el golpe.

-Stan, no te lo cargues que fue un regalo-le pidió Wendy. Stan murmuró un par de sus palabrotas preferidas por lo bajo antes de continuar.

-Vale, ya que sois tan listos, me lo vais a decir vosotros ¡y no quiero ni un solo fallo!

-¿Qué quieres que te digamos?-le preguntó Marco groseramente.

-¡Lo que tenéis que hacer cada uno!-exclamó el Tío Abuelo Stan, furioso-¡Vamos! ¡Plan A!

-Plan A-dijo Mallymkun dando saltitos, muy dispuesta-¡Yo y el Sombrerero! Tarrant se vestirá como camarero y se infiltrará entre los del servicio. Cuando la cabezona entre en el salón de las rosas fingiremos ir a servirles más chardonnay y entonces sacaremos las pistolas y ¡bang! ¡Adiós, Iracunda! Me pido dispararla a la cabeza.

-No Mally, ese honor es mío-dijo el Sombrerero desde el otro lado de la estancia.

-Muy bien, muy bien-dijo Stan acariciando la bola de billar que coronaba su bastón-supongamos que os cojan… entonces…

-Entraría en acción el segundo plan-intervino Tom sonriendo-para la hora de llegada de la Reina ya tendremos el sistema hackeado, y podré acceder a las cámaras. El plan B es apagarlas todas, y después entrar a saco.

-Bien: Marco, tú, Wendy y los gargolianos tenéis que esperar en el restaurante de al lado del palacio. Si hay problemas Tom cortará la corriente por lo que podréis acercaros al perímetro de vigilancia sin problemas y luego sí entrar a saco.

-Falta el plan C, ¿no?-preguntó Marco escéptico.

-Sí, claro, sí-refunfuñó el Tío Abuelo Stan-Sus y yo. Si vuestros planes saliesen mal y os trincasen a todos, aún quedaría el viejo Stanley Pines para arreglar vuestras cagadas. Sus y yo estaremos en la azotea del hotel Reithermann. Si la segunda avanzadilla falla, lanzaremos el misil de proyección contra la aguja del palacio. Puede que Iracunda no muera, pero al menos caeremos por todo lo alto, y seguro que nos llevamos a un par de diputados cabrones del partido ultraconservador.

-Esperemos no pasar del plan A-dijo Wendy encogiéndose de hombros.

-Sí, porque el B y el C son muy poco probables-reprochó Marco.

-Pero no hay otra manera hermano-le dijo Tom dándole una amistosa palmada-hay demasiada seguridad, y no se esperan que lo intentemos. Por eso mismo hay que intentarlo.

-Recordad que el palacio blanco tiene tres niveles-les dijo Stan señalando el palacio-el primer nivel-señaló la parte inferior, más ancha, de enormes columnas de mármol y grandes portones-el segundo nivel-señaló el grueso de la construcción, una ancha edificación con cientos de ventanales y despachos-y la tercera, el premio gordo-el tercer nivel del palacio eran unas enormes torres de aguja, la más alta de ellas coronada con un estandarte con el símbolo de la Reina Blanca, un cachorro de sabueso sujetando una rosa blanca.

Por las enhiestas paredes del segundo nivel corrían largas cataratas de agua cristalina que caían hasta el primer nivel, donde estaban también los jardines de la Reina, famosos en toda Suburbia por la calidad de sus ejemplares. Marco observó la representación de las cascadas en el palacio.

-Habíamos pensado algo con el agua, ¿no?-recordó, rascándose la cabeza.

-Sí, estaría bien echar a esa vieja zorra por uno de esos conductos, pero no creo que se tercie la cosa-dijo Stanley distraído-¿qué, Tarrant? ¿Te convencen esas pipas?

El Sombrerero se volvió con sus desorbitados ojos brillando de emoción.

-Creo que sí…-dijo mientras desembalaba una de las pistolas. Era un pequeño cañón con silenciador que se ajustaba perfectamente a la muñeca y a penas se veía. Si lo escondía con la manga de la camisa al entrar en el salón de baile, podría acercarse y disparar a la Reina Roja sin problemas. Seguramente lo matarían después, pero eso a Tarrant no le importaba. Lo que tenía claro es que antes de que lo abatieran intentaría cargarse a un par de políticos y aristócratas más. Pero lo primero, la Reina, por supuesto. Ella moriría mañana, sí o sí.

-Vaya… no veo cómo vas a colar eso sin que te lo pillen-observó Marco-ni siquiera veo cómo vas a conseguir colarte en el palacio sin que te reconozcan.

-Tengo mis métodos, recuérdalo-le dijo el Sombrerero con los ojos fijos en el arma. Era casi hipnótica. Una cosa tan pequeña iba a cometer un crimen muy grande. Pero un crimen justo, después de todo-esta vez lo conseguiremos.

-No digas eso, por favor di todo menos eso-dijo Marco poniendo los ojos en blanco.

-Marco tío, deja de llorar-intervino Tom metiéndole un porro en la boca-toma, dale un par y a ver si se te pasa…

-Joder tío, lo has chupado-protestó él mientras Tom soltaba una carcajada.

-Será mañana a las ocho-dijo el Sombrerero, apartando por fin la mirada del arma-cada uno en sus posiciones a en punto, ella llegará a las nueve. Y a las nueve y diez morirá.

-Si todo sale bien…

-Si todo sale bien-asintió Stan-pues así será. ¿Estamos en esto? Vamos, quiero oíros. ¡Abajo la sangre roja!

-¡ABAJO LA SANGRE ROJA!-repitieron todos, y comenzaron a dar gritos de júbilo. Había mucha emoción, también mucho miedo en el ambiente. Pero los rebeldes de la sangre roja sabían bien que de un modo u otro la noche siguiente se acabaría. Y tras años de lucha inútil y pesadillas, saberlo era un alivio.

-Suburbia será liberada-dijo Tarrant mientras sacaba las demás armas e iba colocándolas en el arsenal. Stan se acercó a él discretamente, seguido de Tom y Marco.

-¿Qué hay… del plan extra?-preguntó el abuelo discretamente. El Sombrerero rió, enseñando sus dos incisivos, ligeramente separados.

-Ese nos lo guardamos por si algo sale mal… es el as en la manga-dijo simplemente.

-Ya pero… es una carta peligrosa-le recordó Stan tosiendo un poco-¿qué se supone que pasa con él?

-Si yo lo digo, repito, solo en ese caso, Tom lo llamará desde la base-dijo Tarrant quitándose su alto sombrero de copa y acariciándolo levemente-pero solo dado ese caso… ¿entendido?

-Mmmpff de acuerdo-dijo Stan. Marco no estaba tan convencido.

-Él sabe a quién tiene que matar, y lo hará…

-¿Entonces por qué no le mandamos directamente a hacerlo?-propuso Marco-en vez de nosotros… dijiste que era indestructible…

-Eso parece-razonó Tarrant-pero no es tan sencillo… él no es tan fácil de manejar. Prefiero ocuparme yo mismo. Mientras pueda, la muerte de la Reina corre a mi cargo.

-mientras puedas-repitió Marco preocupado.

-Sí-Tarrant apuntó con la pequeña pistola al otro extremo de la sala y entonces lazando su sombrero como un frisbee lo disparó, atravesándolo de mitad en mitad pero haciéndole tan solo un agujero redondo y perfecto. Todos se quedaron impresionados. Así que eso le pasaría… a la cabeza de ella.

-Libertad-dijo el Sombrerero volviendo a colocarse el sombrero, y en ese momento sí, viendo la fría determinación en su loca mirada, hasta Marco creyó en él.

-Abajo la sangre roja…


Una caja de tabaco y su inmaculada pipa, que se había dejado en su piso durante su última visita, era lo único que le quedaba a ella de recuerdo de Básil. Las tenía colocadas al lado de aquel libro que le había regalado tiempo atrás, La caída de la casa Usher, que tanto solía gustarle leer, y su pañuelo, verde inmaculado, con el que se limpiaba la boca tras beber como el auténtico caballero de ella. Le hubiese gustado conservar también su violín, pero al parecer no era posible. Otra de las manías de Básil era su negación sobre la vida futura. Había decidido que cuando él muriera todas sus pertenencias serían quemadas como herejías en la hoguera. Así tanto el violín como sus composiciones, los apuntes y trofeos, los libros que tanto le había costado escribir y su apreciadísima colección de lepidópteros habían ardido en las llamas, y de eso solo quedaban cenizas. Como de Básil… y de su relación.

Olivia sollozó mirando la foto que tenía de ambos. Ella sonreía abrazada a él, que se mantenía tan serio e impertérrito como siempre. No podía decirse que fuese un hombre fácil. Pero Olivia tampoco sabía mucho sobre otros hombres. Solo sabía que le quería.

-Veamos, si alguien pudiera decirme cuál es el motor principal de estos crímenes-dijo Básil paseando por la clase con petulancia-aunque viéndoos las caras, organismos unineuronales, lo dudo mucho.

Una mano fina y delicada se asomó entre todo el grupo de jóvenes estudiantes, en su gran mayoría varones, que miraban a Básil con cara de mal humor.

-¿Señorita Flaversham?-preguntó Básil apuntándola con su batuta y sonriendo.

-Primeros principios-dijo ella con una sonrisa-ellos codician. Y lo primero que codiciamos es lo que vemos cada día.

-Correcto, muy bien-dijo Básil, impresionado-veo que ha leído a Harris, señorita.

Olivia se estiró en su asiento, encantada, mientras sus compañeros la miraban despectivos. Ella era una chica frágil y pequeñita. No pintaba demasiado queriendo convertirse en una agente policial.

-Tomen ejemplo de la señorita Flaversham y estudien un poco por su cuenta. La carrera no consiste en solo lo que podamos enseñarles aquí. Cada minuto, cada segundo de su vida deben dedicarlo al aprendizaje autodidacta… ustedes quieren ser los mejores. Y los mejores deben superarse a sí mismos.

Algunos alumnos murmuraron por lo bajo, y uno miró a Olivia con cara burlona, pero ella lo ignoró completamente. No tenía por qué ofenderse si ellos la tenían envidia. Al acabar la clase los alumnos esperaron a que Básil los dejase salir (él había insistido mucho en eso) y luego fueron desfilando de uno en uno. Olivia se rezagó, esperando que él la llamara. Quería que la llamara.

-Señorita Flaversham, es usted una mente brillante-la había felicitado Básil señalando los apuntes de la pizarra-yo le diría que no se presentase al examen.

-Gracias señor, pero creo que lo intentaré de todas formas-dijo Olivia encogiéndose de hombros con una tímida sonrisa. Sus amigas no encontraban atractivo al delgaducho y serio Básil. Pero ella sentía una inexplicable y cada vez más apasionada devoción por él.

-Debe de ser muy difícil para usted salir adelante en esta carrera-observó Básil mientras recogía sus cosas distraídamente.

-Oh, sí, bueno…-Olivia se sonrojó un poco-las asignaturas me cuestan cada vez más, y eso que solo es el segundo cuatrimestre…

-Me refiero a por su condición, ya sabe-observó el roedor-no es habitual para una hembra adaptarse a este tipo de carreras. Son muy exigentes.

Olivia parpadeó varias veces, asombrada. El comentario la había molestado profundamente. Y sobre todo la hería, porque venía de él. Pero no dijo nada. Solo sonrió, tímida, y luego se dispuso a irse.

-Supongo, lo hago lo mejor que puedo-se atrevió a decir antes de marcharse.

Olivia sonrió al recordarlo, aunque el dolor hizo que aquella sonrisa le punzara en el rostro, como si no debiese estar allí. La chica cogió la pipa de Básil y se la llevó a los labios mientras reflexionaba sobre él. Un hombre frío, cruel, misógino y totalmente matemático, sin un ápice de romance, de comprensión del amor en él. Y aun así ella había conseguido seducirle.

A finales del segundo año de la carrera las cosas habían cambiado mucho entre Básil y Olivia. Ella se había convertido en la estudiante más popular de la clase, sobre todo después de salir con varios compañeros de clase y ganar la fama de ser una auténtica zorra en la cama. Olivia al principio había tenido mucha vergüenza, pero había decidido desatarse porque creía que así se integraría mejor, y sería más respetada. Efectivamente sus compañeros se mostraban más galantes con ella, aunque le cansaba a veces que todos intentasen pretenderla. Respecto a Básil la relación entre Olivia y él se había vuelto tensa. La chica era inteligente y encontraba siempre la forma de picarle en clase, haciendo que la poca paciencia de Básil se quebrara enseguida. Aun así seguía siendo la mejor alumna, y eso desesperaba al profesor.

-Usted ni siquiera quiere dar clases aquí-dijo Olivia un día, mientras se miraba las uñas distraídamente tras haber vuelto a interrumpir la lección de criminología.

-Señorita Flaversham salga de mi clase ahora mismo-había ordenado Básil, furioso. Ella obedeció, levantándose un poco la falda al pasar cerca de él. Disfrutó al ver como Básil desviaba la mirada. Sabía que lo provocaba. Sabía que había conseguido despertar algo en su profesor que era difícil de hacer. Pero en aquellos dos años a parte de metodología policial si Olivia había descubierto algo era cómo complacer a un hombre.

-Señorita Flaversham a mí no me importa en absoluto si usted echa a perder su futuro suspendiendo mis clases, pero le advierto que no voy a volver a dejarla entrar nunca más si vuelve a faltarme al respeto-le dijo Básil llamándola un día a su despacho. Olivia le miró de arriba abajo, y entonces, descaradamente, se sentó sobre el despacho del detective, fundiendo sus nalgas con la madera de la mesa.

-Oh vamos… usted no me ha llamado aquí por eso-dijo Olivia mientras se desabrochaba la corbata del uniforme y la dejaba a un lado.

-Ppp… ¿perdón?-Básil la miró atónito.

-Básil, Básil…-Olivia se inclinó dejando su escote abierto enfrente de los ojos de su profesor, mientras le masajeaba los hombros-eres tan bueno pillando asesinos, y no sabes pillar una indirecta… sé cómo me miras la falda cuando voy por el pasillo… sé cómo me imaginas desnuda… ¿te has masturbado pensando en mí?

-Seññorita Flaversham-dijo Básil, intentando sonar firme, pero entonces Olivia le cogió de la corbata y le acercó a ella.

-Sssssssh…-dijo la ratoncita mientras pasaba sus labios por el morro de él-aquí nadie va a venir… no pueden oírnos… y hace cuánto que no echas un polvo, Básil…

-Bueno…-Básil tragó saliva. En realidad en mucho, mucho tiempo. Solamente había tenido una novia. Y la relación había terminado muy mal, hacía ya cinco años.

-Soy una alumna mala…-susurró Olivia con voz infantil, y Básil notó como por abajo algo empezaba a levantarse-me tienes que castigar…

-Señorita… Olivia…-susurró Básil, y entonces se besaron. Olivia enroscó sus piernas alrededor del profesor y saltó encima suyo desde la mesa. Sentados ambos en la silla de Básil se besaron apasionadamente mientras ella le quitaba la corbata y le abría el pantalón, liberando su erección.

-Vaya… por aquí han levantado la mano-susurró ella excitada, agarrando su pene y masturbándolo.

-OH…-Básil contuvo un jadeo al notarlo. El descaro de esa niña era increíble. Pero el hecho de que fuese tan joven, y tan traviesa, lo estaba poniendo a mil-nno podemos aqquí… si nos pillan mme echan…

-Que nos pillen-susurró Olivia y empezó a rozar sus bragas contra el miembro de Básil, con lo que el ratón superdetective gimió cada vez más-¿puedes deducir que va a pasar ahora?

-Eres… muy mala-dijo Básil, metiéndole la mano por debajo de la ropa y rozando sus pechitos-pero nno me subestimes…

-Venga ya… en algo tenías que ser malo-se burló ella, y entonces se sentó con tanta fuerza sobre el miembro del ratón que le hizo dar un potente grito-házmelo… aquí… sobre tu mesa… dónde corriges mis exámenes de diez…

-Has bajado las notas últimamente…-comentó Básil mientras se desabrochaba la camisa.

-Ahora van a subir-rió Olivia sujetándole el pene con un pie y volviendo a jalárselo-vamos… ¡vamos! Ahora…

Básil se tiró encima de ella. Se sentía como un adolescente, como la primera vez. En unos momentos ella se había quitado la falda y las bragas y él la estaba penetrando mientras escuchaba sus gemidos en su oreja.

-Profe… sigue… sigue profe…-gimió Olivia sabiendo que eso le ponía cachondo-ayyy ssí…

-Oooooh… ooooh…-Básil fue cada vez más deprisa mientras las fotos de su escritorio y los papeles se caían al suelo por el movimiento de la mesa. Olivia le tiró de la cola y se la llevó a la boca, mordisqueándola, mientras Básil aullaba descargando toda su tensión en ella.

-¿Básil?-se escuchó una voz desde fuera. Era el rector, el profesor Jango-¿puedo entrar?

-Oh…-Básil y Olivia se miraron, angustiados. No se atrevían ni a moverse. Seguían tirados encima de aquel escritorio, el uno encima del otro, sin ropa y totalmente entregados.

-¿Básil?-repitió el profesor Jango.

-Señor Jango estoy en medio de una investigación-exclamó Básil con su habitual tono arrogante. Olivia soltó una risita que trató de disimular rápidamente-¡señor Jango!

-Oh, discúlpeme Básil, tan solo quería discutir unos papeles-explicó el señor Jango azorado.

-¡Vuelva por la tarde, se lo suplico!-exclamó Básil, exasperado-¡es muy importante!

-Sí, sí Básil… sin problemas…-dijo el rector antes de marcharse preocupado. Sabía bien que cuando la brillante mente de Básil se ponía a trabajar nadie debía molestarla.

-Mira lo que has hecho-le dijo Básil a Olivia, enfadado-¡casi echas a perder mi reputación! Si me llegan a pillar contigo…

-¿No querías estar conmigo?-gimoteó Olivia mientras con las piernas obligaba a Básil a penetrarla más profundo, con lo que el ratón notó el placer en sus partes poseyéndolo-¿quiere que me vaya, profesor?

-Nno…-dijo Básil tras pensarlo un rato. Tenía todo el pelo alborotado y su impecable rostro colorado y sudoroso. Estaba más atractivo que nunca-pero vamos a tener que hacer esto… discretamente.

-¿Eso quiere decir que habrá más veces?-preguntó ella, juguetona.

-No es broma señorita Flaversham, soy un ratón con muchos enemigos-le recordó Básil con gravedad-si creen que mantengo algún tipo de vínculo afectuoso con usted, que no es así, podrían matarla. Y no quisiera tener que cargar con una muerte en mi conciencia, aunque sea la de una persona como usted.

-Como te gusta hacerte el duro…-se burló Olivia mientras se sentaba en la mesa y cruzaba las piernas, burlona-¿ninguno vínculo? Venga, Básil…

-Profesor Básil para usted-la recordó Básil, irguiéndose arrogante-un poco de respeto….

-¿Quieres respeto…?-Olivia volvió a bajarle los pantalones a su profesor y se acercó a sus genitales-tendrás respeto… pero la próxima vez, vas a ser tú quien venga a buscarme…

-Ni hablar-protestó Básil. Pero así fue. Estuvieron más de una semana sin hablar, hasta que el detective se presentó en la habitación del campus de Olivia, y acabaron haciendo el amor allí. Desde entonces su relación había sido secreta por el bien de ambos, y también para que negarlo por el morbo que les provocaba.

Olivia se llevó las manos al pecho mientras respiraba profundamente. Hacía cuatro meses ya de su muerte… y el cuerpo aún no había sido encontrado. La policía había confirmado haber visto el cadáver en el dirigible del profesor Rátigan, ese maldito profesor, pero después había desaparecido. Cierto era que se habían sucedido varias explosiones, pero ¿tantas como para desintegrar totalmente un cuerpo? Olivia tenía la certeza de que Básil seguía vivo en algún lugar. Quizás formaba parte de otro de sus planes. Lo último que le había dicho era que estaba en medio de una nueva estrategia para atrapar a Rátigan. Olivia nunca pensó que fuera a arriesgarse tanto y a dar la vida por ello.

Pero lo cierto era que el gobierno de Suburbia le había declarado oficialmente muerto, y así ahora ella recordaba la última vez que se habían visto. Básil era una persona única, inteligentísimo, con un humor afilado y a veces doloroso, pero detrás de eso un buen corazón. Olivia había visto el corazón de Básil, sabía cuáles eran sus sentimientos. Sabía que la quería. Aunque seguramente hubiese muerto antes que admitir algo así. Pero había una gran bondad en el metódico detective. Y eso era lo que realmente le gustaba a ella, detrás de su carisma o su éxito profesional.

La última vez que se vieron fue en Navidades. Olivia estaba en casa de su familia cenando, cuando de repente se dio cuenta de que tenía un mensaje en el interfono.

"Busca al cuarto rey mago". Olivia reflexionó unos segundos. ¿qué querría decir con aquello? Se trataba de Básil, sin duda. Así que tendría que pensar un poco. Le encantaban los acertijos. Buscó en Internet, pero solo encontró un libro antiguo que hablaba de ello. Había una teoría acerca del cuarto rey mago que visitó al Niño Dios en Belén, llamado Artabán. El libro estaba escrito por un tal Van Dyke, que era presbiteriano. Olivia recordó: cerca de su apartamento había una iglesia presbiteriana muy pequeña, de las pocas que quedaban en Suburbia. Cogiendo el abrigo y su gorro de lana la chica se dispuso a salir de casa.

-¿A dónde vas Olivia?-le preguntó su madre sorprendida-es Nochebuena…

-Vuelvo enseguida, he quedado… con una amiga…-dijo la niña. Tenía que ayudar a poner los platos, pero no le importaba. Salió a la fría calle y recorriendo cuatro manzanas llegó hasta la iglesia. Había unos pocos fieles cantando, era en ensayo para la misa de la noche. Y al fondo estaba el Belén. Había alguien sentado, observándolo.

-¿Básil?-Olivia se sentó a su lado, mirándole con perspicacia-la próxima vez puedes presentarte en casa, y lo celebrábamos juntos.

-Yo no celebro la Navidad. No seas estúpida-dijo Básil con voz pausada. Luego le dio una honda calada a su pipa-toma.

Era un envoltorio de un regalo. Olivia lo observó con los ojos brillantes, y al abrirlo vio que era una lupa y un kit de detective, con químicos y artilugios para investigar escenas del crimen.

-¿Mi starter pack de detective?-preguntó la chica con una risita. Básil la miró indignado.

-Si no lo quieres puedo devolverlo, me ha costado una cifra elevada de dinero. Exactamente…

-No hace falta que me digas cuanto exactamente-replicó Olivia. Luego rebuscó en su abrigo-yo también tengo algo…

-Oh, no-protestó Básil. Olivia fingió no oírle mientras él tomaba el envoltorio-déjame adivinar. Es una foto de nosotros que quieres que ponga en mi escritorio.

-Que listo eres Básil-respondió Olivia molesta-pues sí. No hace falta que sea en el despacho de la academia… pero en casa… me gustaría que la tuvieras.

-No hay nada más revelador que una foto-dijo Básil-si alguien la viera…

-Si alguien la viera, ¿qué?-le preguntó Olivia, impaciente-Básil, este año me gradúo, y cuando lo haga va a empezar mi vida. ¿Quieres formar parte de ella, o no? Porque no puedo dejarte atrás, pero tampoco voy a seguir viéndote a escondidas.

-Pero…

-Yo te quiero…-dijo Olivia con sinceridad. Básil iba a burlarse, pero viendo la tristeza en los ojos de ella se contuvo-¿sabes lo que es eso…? Querer a alguien…

-Sí-dijo Básil finalmente-yo lo sé todo.

-Ya. Pues deja de analizar por un segundo… y ve lo que tienes delante-dijo Olivia-porque yo… yo también he tenido paciencia… y empiezo a desesperar…

Básil asintió lentamente mientras miraba la foto. Eran los dos en una visita al museo de Ciencias. Básil le había explicado interesantes datos de la física con los experimentos que allí había. El ratón acarició el cristal del marco, y luego suspiró.

-¿Quieres casarte conmigo?-preguntó repentinamente. Olivia lo miró pasmada.

-¿Qqué…?-dijo, incrédula.

-Que si quieres casarte conmigo, Flaversham-dijo Básil con una leve nota de impaciencia en la voz-tú lo has dicho, tu vida empieza. Supongo que después de todo, formaré parte de ella. Así que ¿para qué esperar?

-Es… ¿está noche?-preguntó Olivia extrañada.

-Si quieres podemos ir al registro civil ahora mismo-propuso Básil como si fuera lo más normal del mundo. Olivia lo pensó un momento. Era tan de locos… como todo demás. Finalmente asintió, emocionada.

-Está bien-dijo, mirándole convencida-¡vale, hagámoslo!

-Venga…-Básil iba a levantarse pero Olivia se tiró encima suyo y le plantó un apasionado beso en los labios. Básil respondió al beso de la chica y siguieron así hasta que el sacerdote les pidió que abandonaran el lugar.

En el registro civil Flash, el perezoso encargado de los matrimonios, escribió con su letra grande y redonda los nombres de Básil y Olivia con una lentitud exasperante.

-¿Aaaaaaapeeeeeeelliiiiiidooooooos…?-preguntó con calma.

-Flaversham…-dijo Olivia.

-Oiga… ¿le importaría darse un poco de prisa?-preguntó Básil tamborileando los dedos sobre la mesa del perezoso.

-Ooooooooo ssssssssssssi claaaaaaro, peeeeeeeeerdone-dijo el perezoso mientras una lenta sonrisa se iba esbozando en su rostro-neeeeeeeecesitooooo el DNIIIIIIII….

-Sí… ¡Tome!-Básil sacó su cartera y echó su carnet. Olivia le imitó. Mientras el perezoso los revisaba Olivia se lo llevó un poco a parte.

-¿No crees que debería llamar a mis padres? Para celebrarlo, o algo-dijo, preocupada.

-¿Pero ellos saben algo?-preguntó Básil extrañado.

-Pues… no, claro.

-¿Entonces para qué?-replicó él-oye, dejemos esto zanjado hoy, y ya les conoceré otro día. Tengo cosas que hacer fuera…

-Cosas que hacer…-repitió Olivia, mirándole mosqueada.

-Estás a tiempo de no casarte-la replicó Básil groseramente. Olivia iba a responderle, pero prefirió no hacerlo. No le apetecía comenzar otra discusión, y además estaba dispuesta a casarse, era lo que más deseaba, y así su destino y el de Básil quedarían unidos para siempre.

-Muuuuuuuy bbieeeen, paaaaaseeeen por aquíiiii para la ceremonia… recueeeeerden queeeeee ceeeeeeerraaaaaaamos a las dieeeeeeez así queeeeee looooos innviiiiitadoooooos tendríiiiiiian que daaaaaarse prisa-les dijo el perezoso.

-¿Prisa, eh?-ironizó Básil-escuche, no va a haber invitados. Si puede pasar el juez, lo hacemos ya mismo.

-Oooooooh, claaaaaro… bueeeeeeeeeno….-el perezoso asintió mientras asimilaba las rápidas palabras pronunciadas por Básil-eeeeeeentonceeees vooooooy a avisaaaaarle… pueeeeedeeee que taaaaaarde un poooooco…

-¿Un poco?-repitió Básil crispado, pero Olivia le tranquilizó acercándole un vaso de agua.

-Venga, bebe esto y vamos a sentarnos…

-Llevamos dos horas aquí-protestó el detective.

-¿Y qué creías? Vamos a casarnos. La mayoría de la gente tarda años en organizarlo.

-Yo no soy de "la mayoría"-protestó Básil. Parecía un niño pequeño-que mala suerte…

-Bah, eres un llorica-dijo Olivia quitándole importancia mientras bebía del vaso-¿y qué cosas tienes que hacer fuera?

-Ya te lo dije, estoy a punto de…-Básil bajo un poco el tono-ya sabes… él.

-"Él"-repitió Olivia, poniendo los ojos en blanco. Hablaban de Rátigan más que de ninguna otra persona. Olivia odiaba a la diabólica rata más que a nadie, pero estaba cansada de que Básil se pasara las noches sin dormir pensando en cómo atraparlo. Cierto que era peligroso… pero tampoco era para tanto.

-El D23 se está moviendo…-dijo Básil en voz muy baja-algo pasa esta noche… he oído rumores.

-¿Rumores?-repitió Olivia extrañada, pero Básil negó, así que no hablaron más del tema.

Media hora más tarde Flash el perezoso regresó, acompañado del juez.

-¡Oh, noooooooo!-aulló Básil, desesperado. Era otro perezoso.


Y así, aquella noche del 25 de diciembre Básil y Olivia se casaron. Fueron al piso de este donde culminaron su pasión haciendo el amor de un modo tan desesperado que a Olivia le dolieron las caderas por varios días después. Básil se quedó dormido enseguida, exhausto, mientras ella cogía un hielito de la cubitera de su champán y se lo pasaba por la espalda.

-Básil…mi marido…-susurró, emocionada. Básil sonrió levemente, mientras el hielo llegaba a su trasero y le hacía tener escalofríos. Olivia le besó en la espalda y el cuello, hasta que él la rodeó con sus brazos y ambos quedaron dormidos, mientras el interfono de Olivia se llenaba de mensajes de sus padres, preocupados. Pero a ella no le importaba nada en aquel momento. Solo él.

Esa fue la última vez que estuvieron juntos. Unos días más tarde llegó la triste noticia, y para Olivia fue un golpe demoledor. Se había deprimido hasta el límite de querer morirse, y había dejado la carrera, al menos temporalmente.

-Oooooh…-Olivia dejó la foto de ella y Básil al lado de sus otras pertenencias y se asomó a la ventana. La brisa de abril y la inminente llegada de la primera la animaban un poco. Ciertamente le apetecía salir, airearse e intentar dejar sus pensamientos atrás. Llevaba meses sin apenas salir de casa. Pero es que necesitaba tiempo para asumir la amarga realidad: que estaba sola, y que nunca, jamás, nadie podría ocupar el lugar de Básil. Sin él se sentía perdida. Sabría que podría pasar página… pero nunca volvería a ser tan feliz.

Mientras se daba una ducha y se ponía ropa nueva Olivia sintió que alguien la observaba. Ella aún quería creer que Básil seguía vivo, en algún lugar. Pero cada día que pasaba, era más tiempo. Cada semana significaba una probabilidad más clara de haberlo perdido, y de no volver a verlo jamás. Era muy duro.

-¿Eh?-la chica se asomó por la ventana. Ahora estaba segura de que alguien la había estado espiando. Pero no, no había nadie. Solo su imaginación. ¿Sólo…?


-Hic… Well, I'm not the world's most passionate guy, but when I looked in her eyes I almost fell for my LolaL-L-Lola, L-L-Lola…

Aladdín dio tumbos hasta su sofá y se quedó allí contemplando la ciudad. Suburbia abrazaba la noche, y él sabía que pronto estaría en Gantz. La botella de Sunset que había estado bebiendo le había dejado la cabeza como un bombo, y apenas veía claro. Le apetecía dormir, hacía días que apenas dormía. Apartó a Abú de su lado, acariciándole en el lomo.

-Necesito echarme una siesta Abú… creo que esta noche vvoy a morir…-le dijo, atontado.

-Ou, nou-dijo el monito levantándole un mechón de pelo y dándole golpecitos en la cara, amistoso.

-Deja, deja…-Aladdín se recostó en el sofá quedándose solo con los calzoncillos largos y la camiseta interior, y entonces fue notando como las luces bajaban y todo se volvía borroso. Joder, vaya mareo. Y la angustia solo lo hacía peor-que suave…-acarició el pelaje de Abú, que soltó una risita.

Pero de repente Abú ya no estaba. Aladdín movió la mano lentamente, e intentó entender que estaba pasando. No, su mono no estaba allí. Él seguía tumbado en el sofá, pero alguien había bajado las persianas, y Abú no estaba allí.

-Mierda…-Aladdín se reincorporó cuando se dio cuenta mirándose en el espejo del comedor de que estaba completamente desnudo… ¿qué estaba pasando allí? El árabe se rascó la cabeza, confuso, y luego avanzó varios pasos por el pasillo, hasta que pisó algo que le causó un fuerte dolor: eran los cristales de su botella de Sunset. Y había más botellas rotas. De hecho, el pasillo entero estaba lleno de cristales.

-Joder macho…-Aladdín apoyó las manos en las paredes y dando un ágil salto consiguió atravesar el pasillo entero sin rozar los cristales. Luego entró en la cocina, y cogió el cuchillo de la carne. Había alguien en casa. Alguien que había roto sus botellas y le había dejado desnudo. Pero estaba preparado para defenderse…

Dando una patada entró en su habitación, pero allí no había nadie. La cama estaba intacta, aunque las persianas también las habían bajado. Aladdín abrió la puerta de su baño, y tampoco encontró a nadie. Entonces se dio cuenta de algo que hacía unos segundos juraría que no estaba allí: su traje y corbata estaban sobre la cama, listos para ser usados. Aladdín lo miró unos instantes, dudando. Luego se lo puso.

Cuando salió al pasillo se dio cuenta de que este estaba iluminado con una extraña luz roja. Aladdín fue caminando por él hasta el lugar de la luz. A lo lejos sonaba una bella melodía, una voz de mujer cantaba una extraña e hipnótica melodía. Le recordaba a las sirenas.

-Sal tío…-dijo Aladdín, mosqueado-no me hagas perder el tiempo…

Nadie respondió. Pero al torcer el pasillo Aladdín vio unas escaleras que bajaban directamente al Infierno, con un cartel con calaveras en el que ponía: HELL FEST. Aladdín parpadeó, asombrado, y luego avanzando hacia las escaleras, que eran mecánicas como las de un centro comercial, comenzó a descender. ¿A dónde cojones llevarían? Bueno, estaba claro, lo indicaba el cartel pero… ¿cómo cojones sería el Infierno?

Al terminar las largas escaleras que entraban en una siniestra caverna llena de estalactitas y estalagmitas, Aladdín bajó y avanzó por un largo y oscuro pasillo. Había unos enormes carteles de Jessica Rabbit y de él mismo, con sus anuncios de calzoncillos. Entonces vio que el Genio estaba allí, esperándolo. Y al lado del Genio estaba su hermana, Alya. Ella le sonrió mientras levantaba la mano, como si cualquier cosa.

-¡Hola!-le dijo-he encontrado a Abú…

-¿A…Alya?-Aladdín la miró alucinado. ¿Era su hermana? ¿Estaba viva? Bueno, en realidad estaba en el Infierno…

-Vamos Al, está a punto de comenzar-dijo el Genio, que llevaba un increíble traje de lentejuelas blanco y un sombrero de copa-a él le hace mucha ilusión que hayas venido.

Avanzaron por el pasillo mientras Abú hacía ruiditos emocionado saltando del hombro de Alya al de Aladdín. Él miraba a su hermana como hipnotizado. La había visto tantas veces en sus pesadillas. Llorando, suplicándole su ayuda, impotente. Como habría deseado él poder ayudarla, pero era niño, y débil. Ahora era un hombre fuerte, y podía luchar por ella.

-No pensé… que irías al Infierno…-le dijo Aladdín a Alya, preocupado.

-Oh, claro que no…-ella soltó una carcajada-pero todos los suicidas vamos… quitarse la vida es pecado…

-Es verdad…-recordó Aladdín, preocupado. Notaba la cabeza todavía obtusa, debía de ser por la bebida… pero tenía muchas preguntas-¿y entonces… existe Alá…? ¿Tú le has visto?

Alya volvió a reír. Estaba exactamente igual a como Aladdín la recordaba, solo que un poco más mayor. Pero podía sentir su olor, y el calor de hermana mayor con el que siempre le arrullaba. Cómo la había echado de menos.

-No Aladdín, Alá no existe… que tonterías se te ocurren… aquí solo existe… Hades-dijo.

Aladdín arqueó una ceja.

-¿Hades?-preguntó extrañado. No le sonaba ese dios. Desde luego no era el de los cristianos, ni el de los budistas… ¿sería uno de los muchos hindúes?

Llegaron ante lo que parecía la entrada a un teatro. Había una cabina donde dos extrañas criaturas con cuernos y alitas recogían las entradas. Uno de ellos era morado y rechoncho, el otro muy delgado y verdoso.

-Somos tres, y un mono-dijo el Genio. Los diablillos entonces salieron de la cabina y los guiaron hasta una guillotina.

-Por aquí, por favor-dijo el que era regordete-para pasar…

El Genio se inclinó en la guillotina y entonces esta bajó y rápidamente le cortó la cabeza. Alya sonrió mientras Aladdín lo miraba pasmado.

-¿Q…. qué?-miró a su hermana, preocupado, pero ella ya estaba metiendo la cabeza dentro, y nuevamente el diablillo morado y gordo hizo bajar la afilada hoja, que la decapitó.

-Le toca a usted-dijo, señalándole con uno de sus dedos de garras afiladas.

-¿A mí?-repitió Aladdín asustado-nno… no quiero morir…

-Pero usted ya está muerto…-le recordó el diablillo verde, más amable-además, además no duele nada… y le están esperando para empezar.

-¿A mí?-Aladdín no estaba demasiado convencido.

-Sí-insistió el demonio verde-sería una pena… desperdiciar un traje tan bueno.

-Pero se manchará de sangre…-observó Aladdín mientras inclinaba la cabeza bajo la cuchilla. Total, daba lo mismo.

-Oh no… es una entrada de lujo-dijo el diablillo verde, antes de que su compañero bajase también la palanca nuevamente.

Hubo unos segundos de oscuridad. Después Aladdín abrió los ojos, que fueron acostumbrándose a la penumbra. Estaba en un teatro, un enorme teatro con un telón rojo y largas filas de butacas frente a él en forma descendiente. Él se encontraba en una de las filas más altas, y al parecer estaba solo. Sin embargo al ir agudizando la vista fue reconociendo a otros espectadores. Unas filas más abajo estaban el Genio y Alya con Abú. Así que habían sobrevivido… vaya, menuda suerte.

Una extraña canción resonaba en la sala, y al chico le puso los pelos de punta.

I was on the hunt for blood
You were feeling lost in love
All it took was just one look and you were into me
I wish that i could cut you free
But you're already in too deep
You feel the curiosity of what we could be

Baby if it's on don't hesitate
I promise you i'll be your best mistake
You found me for a reason, call it fate
'Cause it's feeling great
The night's about to get real
We're going in for the k! ll
This is power, it's not cold hearted
And we're just getting started

We've been having so much fun
This night's been a thriller
Don't think about what we've done
You might be the killer
You can't take your hands off me
This night's been a thriller
As long as you see what i see
You might be the Killer…

Había una tercera persona sentada al lado del Genio, pero Aladdín apenas la vio. Su cabeza desprendía una extraña luz, como si estuviese en llamas. Sin embargo estaba demasiado en la sombra, y Aladdín no consiguió distinguirlo. Se sentó al lado de Alya, que aplaudió emocionada al reconocerle.

-¡Aladdín! ¿Quieres pizza? Es tu favorita-dijo, ofreciéndole un pedazo.

-¿Se puede tomar pizza en un teatro?-preguntó Aladdín, extrañado. Ella asintió lentamente.

-En este sí-dijo.

-Atención, que ya empieza-le dijo el Genio a Aladdín, guiñándole un ojo-échale un vistazo a esto, Al… esto es verdadero talento.

-A ver, a ver…-dijo Aladdín apoyando los brazos en la butaca de delante. El telón comenzó a abrirse, y entonces las luces se volvieron todas azules. Una silueta apareció en el escenario, con una mano alzada al aire, y la otra en su guitarra, decorada con motivos satánicos.

-B… Billy…-Aladdín abrió mucho los ojos, asombrado, al reconocer a su amigo. ¿Q… qué hacía allí? Algo en su cabeza empezaba a decirle que eso no estaba bien… pero no estaba seguro de por qué…

Entonces Billy comenzó a agitar sus dedos sobre la guitarra, liberando una música desgarradora que les ensordeció a todos. Aladdín y los demás espectadores se llevaron las manos a los oídos para no escucharles. Los altavoces estaban muy altos.

-¡Buenas noches Infierno, aquí está el Cobra!-gritó Billy emocionado, dando saltos por el escenario. Llevaba una chupa de cuero, clásico en él, con pinchos en los hombros y una muñequera con pinchos también. Sus ojos estaban delineados con pintura negra y su pelo más alborotado que nunca, teñido con mechas rojas. Billy tenía el mismo aspecto con el que Aladdín lo recordaba en vida: pálido, delgado y rebosante de vitalidad, aunque con esa cierta aura de melancolía que siempre lo acompañaba-¡Soy Billy Joe Cobra, el hombre, la leyenda, y aquí os traigo, desde el mismísimo fuego, UN POCO DE ROCK!

-Clap, clap, clap…-se escucharon aplausos entre el público, aunque muy correctos. No era el ambiente propio de un concierto de Billy, pero habría que aguantarse. Aladdín miró a los lados con desconcierto, y reconoció a otros individuos de una fila cercana: eran Garfio, Yzma y Úrsula, que miraban a Billy con seriedad profesional. ¿Qué hacían allí? ¿Acaso seguían con vida? No, no podía ser, no… los habían matado, él los había visto morir. Unas filas más abajo estaban también el león y la serpiente de la primera misión. Aladdín miró a Abú, que estaba a su lado, y levantó un dedo en advertencia.

-Mantén los ojos abiertos-le dijo.

La guitarra de Billy volvió a reventarles los tímpanos. El cantante cogió el micrófono mientras detrás de él la batería, el teclado y el bajo empezaban a aparecer entre una poderosa niebla.

-¡VAMOS A ANIMAR UN POCO ESTO! ¡Y QUIERO ESCUCHAROS A TODOS, COLECONDENADOS!-dijo, agarrando el micrófono e inclinándose hasta casi rozar el suelo. Las luces azules le daban a Billy un misterioso brillo fantasmal-¡VAMOS! ¡UNA, DOS, TRES, SEIS…!

It's astounding
Time is fleeting
Madness takes its toll
But listen closely
Not for very much longer
I've got to keep control

I remeeember doing the time-warp
Drinking the moments when
The blackness would hit me
And the void would be calling

Let's do the time-warp again!
Let's do the time-warp again!

La música invadió la sala como una enorme ola mientras Billy empezaba a bailar por el enorme escenario, haciendo sus habituales desafiantes pasos de baile. Aladdín le miró con los ojos muy abiertos mientras notaba la emoción subirle al pecho. Volver a Billy era para él algo muy especial… casi tanto como reencontrarse con su hermana.

-¿Verdad que es el mejor?-le dijo Alya sonriendo-estoy enamorada de él.

-¿En serio?-Aladdín la miró sonriendo. Entretanto Billy hacía el moonwalk deslizándose hasta el centro de la pista donde unas extrañas bailarinas se habían ido acercando a él. Aladdín conocía a aquellas chicas… eran las musas, Talía y Melphomene, muertas hacía ya meses, pero ahora más bellas y fascinantes que nunca. Cuando Billy abrió la boca para cantar ellas corearon con sus dulces voces la del rockero, áspera y rota.

Otras dos bailarinas se acercaban, y Aladdín se quedó petrificado: eran Chica, la mujer embarazada, y Lilo. La niña llevaba la cabeza colgando del brazo y se la ajustó para que Billy la tomase de las manos y bailasen un twist rápido. Todas las bailarinas llevaban escasa y provocativa ropa negra, incluso Chicha, cuya prominente barriga sobresalía por encima de sus ajustadas bragas.

-Es fácil de bailar, tíos…-dijo Billy mientras un gigantesco piano de cola energía también de la nada y él se subía encima- it's just a jump to the left…

-And then two steps to the riiiight…-cantaron las Musas.

-Put your hands on your hips…-explicó Billy.

-You bring your knees in tight!

But it's the pelvic thrust
That really drives you insane
Let's do the time-warp again
Let's do the time-warp again

Billy cogió a Lilo en brazos y la lanzó al aire mientras la niña hacía una graciosa pirueta. Por los extremos del escenario fueron entrando otros viejos conocidos, todos vestidos como viejas estrellas de rock: el señor Saltamontes, Ling, Yao y Chien Po, Timón y Pumbaa, Aurora, Vinny, Molière, Rourke… incluso Helga apareció vestida con un provocativo modelito negro de mallas ajustadas y llevando una fusta y botas de cuero.

-Helga…-Aladdín la miró asombrado. Algo no iba bien, cada vez lo tenía más claro. Tenía que… tenía que salir de allí.

-¡VAMOS COLEGOS! ¡QUE SE CAIGA EL TEATRO!-gritó Billy antes de entrar en un bestial solo de guitarra con el que se tiró por el suelo y luego saltó del escenario caminando por encima de las butacas, que ahora estaban empezando a arder.

-Alya…-Aladdín miró a su hermana, que estaba aplaudiendo a Billy, emocionada-Alya… escucha…

-¿Quieres cantar con él?-le preguntó Alya emocionada-Billy me dijo que querrías…

-Alya tú… ¿tú sabes dónde está Yasmín?-le preguntó Aladdín preocupado. Su hermana le miró sonriendo. De repente la loca canción de Billy sonaba muy lejos.

-Sí…

-Me… ¿me lo puedes decir…?

-No.

Aladdín tragó saliva. Algo no iba bien. Notó como la corbata le estaba cada vez más apretada. Miró a Abú, pero a este le habían salido unas gruesas alas de murciélago y revoloteaba por el escenario, cerca de Billy.

-Va a ser hoy Aladdín-le dijo Alya. De repente lloraba. Lloraba sangre. Aladdín la miró preocupado. Quería hacerlo parar, pero no sabía cómo-él quiere el Código, y se lo tienes que dar… antes de que lo consigan sus enemigos.

-¿Quién es él?-preguntó Aladdín, alarmado.

-Tú ya lo sabes…-Alya se echó hacia atrás su larga melena castaña. Dios, Aladdín no recordaba lo guapa que era su hermana. Aquella mirada tan viva, esa sonrisa sincera y el cabello, castaño con mechas más claras. Tenerla tan cerca, volver a sentirla, le hizo emocionarse tanto que tuvo ganas de llorar-Aladdín… dale a Gantz lo que es suyo… y te devolveremos a Yasmín…

-Lo… que es suyo…-repitió Aladdín preocupado.

-Solo tienes que abrirlo…-dijo Alya-pero devuélvenoslo… es nuestro. Esta noche van a intentar recuperarlo… nuestros enemigos…

-¿Nuestros enemigos?-preguntó Aladdín, preocupado-pero…

Alya volvía a sonreír, y se secó las lágrimas de sangre, emocionada.

-Dáselo a Gantz… y volverá tu novia… además, yo quisiera conocerla… que somos familia.

Aladdín miró a su hermana preocupado. En ese momento tenía como mil preguntas. Pero no obtendría ninguna respuesta, al menos por ahora, porque Billy llegó hasta él, y entonces le ofreció su mano, enfundada en un guante negro sin dedos, que le dejaba lucir sus uñas negras.

-¿Vienes, hermano? Te he echado de menos-le dijo el cantante, guiñándole un ojo. Aladdín asintió lentamente y tomó la mano de Billy, entonces los dos se elevaron volando hasta pisar nuevamente el escenario, donde los demás le estaban esperando. Lilo colocó en la cabeza de Aladdín una corona de oro mientras Helga le daba también a él una guitarra eléctrica.

-Ho… hola…-dijo el árabe mirando a su ex novia con timidez. Helga le sonrió, pero parecía muy distante. Como si no fuese ella misma.

-¡AHORA TODOS JUNTOS!-gritó Billy emocionado. Aladdín vio que al otro lado del cantante estaba Cobra Burbujas, que llevaba solo unos pantalones negros y estaba lleno de tatuajes. Además, su calva estaba cubierta por una larga peluca negra y sus gafas de sol ahora eran rojas y redondas. Billy comenzó a hacer unos rápidos pasos de baile que el agente Burbujas, Rourke y Helga imitaron a la perfección. En medio de aquella locura, Aladdín bailó también.

It's just a jump to the left
And then a step to the right
With your hands on your hips
You bring your knees in tight
But it's the pelvic thrust
That really drives you insane
Let's do the time-warp again!
Let's do the time-warp again!

-¡SÍ!-mientras estallaban unos fuegos artificiales Billy cogió a Aladdín de la mano y subió a unas escaleras fosforescentes que habían aparecido en el escenario, seguido de todos los muertos de Gantz. Todos en grupo subieron y bajaron varias veces bailando. Aladdín cogió a Lilo en brazos, que le miró sonriendo y le dio un besito, y entonces Billy los hizo avanzar a todos hasta el borde del escenario, y allí cantaron la estrofa final.

So let's do the time-warp again!
Let's do the time-warp again!

Billy agarró su guitarra eléctrica con maestría y destrozó las cuerdas y sus nudillos con la nota final. Unas explosiones detrás del escenario hicieron saltar a varios de los bailarines por los aires. Entonces Billy, Rourke y Cobra sacaron pistolas y comenzaron a disparar a sus compañeros y al público violentamente.

-¡NOOOOOOOO!-gritó Aladdín, intentando impedirlo. Lo sintió como si fuera a cámara lenta.

The time warp, the time warp!-repitió Billy mientras ametrallaba también al público, llenando a Alya, Abú y el Genio de agujeros. El cuarto espectador se levantó y se fue por una puerta del fondo antes de que pudieran dispararlo, caminando muy despacio y de un modo fantasmagórico.

Billy siguió cantando mientras apuntaba con su guitarra a Rourke y le volaba por los aires, y luego también a Cobra Burbujas. La canción terminó de sonar, y solo quedaban él y Aladdín en el escenario. El moreno se percató de que los cadáveres se arrastraban por el suelo, cantando todavía aunque sin voz, y acercándose a ellos.

-Aladdín…-Billy, empapado en sangre por todo el cuerpo ya que se había quitado la camisa y la chupa, le miró con gesto psicótico, y él tuvo miedo. Pero luego la sonrisa de Billy se volvió más tierna, y poniéndole una mano en el hombro le dijo con orgullo.

-Buena suerte, colega.

Aladdín miró al escenario donde los cuerpos agujereados de Lilo, Helga, Rourke, Lumière, el Saltamontes y los demás se iban arrastrando a los lados, jadeantes. Desde luego la última actuación de Billy Joe Cobra había sido como todas inolvidable, como poco.

Entonces Aladdín comprendió al fin dónde estaba, y lo que realmente significaba todo aquello.

-No quiero que te vayas…-le pidió a Billy, y su voz se quebró un poco. El cantante le miró con lástima. A su lado Lilo también se recolocaba la cabeza y le miraba apenada-no os vayáis ninguno… por favor. Quédate conmigo Billy…

Billy negó, y con los ojos llorosos, le dio un abrazo.

-Ya nos hemos ido…-le susurró en el oído.

Aladdín se cayó del sofá, boqueando varias veces en busca de aire, y empapado en sudor. Abú se subió encima suyo y rápidamente le acercó un vaso de agua, que el chico se echó por el rostro intentando espabilarse.

-Aaaaaaah…. Aaaaaah…-Aladdín notó el agua chorrearle por la cabeza y reincorporándose en el sofá miró a fuera. Ni las persianas estaban bajadas ni Abú o su ropa habían desaparecido… ni había ninguna entrada al Infierno. Todo había sido un sueño.

O… ¿no?

Había cosas en ese sueño demasiado reales. Ahora empezaba a recordarlo más confuso, pero estaba seguro de que algo ahí no iba bien… Billy, su hermana, Helga, el Genio… todos eran demasiado reales, los había sentido demasiado. En un sueño las personas suelen ser solo un vago reflejo de cómo son en realidad. Pero en ese sueño, más bien esa pesadilla, Aladdín había sido capaz de sentirlos a la perfección, hasta recordaba sus olores y sus gestos… Billy estaba vivo, al menos en ese sueño, lo había estado. Y su hermana…

-Joder…-Aladdín se limpió las lágrimas rápidamente. No iba a permitirse llorar por algo así. Era una tontería, no significaba nada, no…

-¡IIIIIIIK!-Abú señaló las piernas de Aladdín, preocupado. Estaban desapareciendo.

-Mierda…-Aladdín echó la cabeza hacia atrás y exhaló profundamente. Ya empezaba-te veo luego Abú…

-Nnooooo-el monito le sujetó de la mano, preocupado, hasta que esta desapareció.


Jim llegó al restaurante donde había quedado con Maurice y Bella. Vio al padre de la chica, pero no a ella. Caminó hasta allí y se sentó al lado del profesor, que le dio unas palmaditas, muy contento.

-Oh Jim, me alegro de verte… esta es tu parte-dijo sacando un cheque.

-¿Eh? No, no… que va-Jim la rechazó rápidamente-esto es para ti Maurice… para el siguiente que hagamos…

"No creo que hagamos más"-pensó Jim entristecido. Quería mucho a Maurice y había disfrutado de su compañía como mentor y amigo. Pero si cortaba con Bella, sabía que quedaría fuera de su mundo para siempre…. Joder, cada vez se sentía peor… Jim miró a los lados, intentando buscar a la chica. ¿Qué iba a decirle? Ariel tenía razón, no podía hacerlo… pero él sabía que debía hacerlo… era la única forma… la única…

-Va a tardar, en realidad yo he venido solo-dijo Maurice adivinando que el chico buscaba a su hija.

-¿Y eso?-preguntó Jim, preocupado.

-No sé, quería ir a sacar un libro a una biblioteca, un poco lejos…-dijo Maurice-estaba un poco rara, no lo sé… a lo mejor quería enseñártelo… ¿a ti te ha dicho algo?

-No…

-Qué raro… en fin, pues la esperamos-dijo Maurice encogiéndose de hombros. Luego sonrió-¡Ay, jaja, hoy ha sido un día memorable!

-Creía que te ibas a equivocar con las tarjetas como cuando lo ensayamos-dijo Jim, y ambos se echaron a reír.

-He estado pensando que si instruyo al B.E.N con habilidades culinarias podría no tener que cocinar más… aunque es Bella quien suele hacerme la comida, pero bueno, ya me entiendes-dijo Maurice emocionado. Cuando al padre de Bella se le ocurrían más genialidades el pelo de su bigote se erizaba como un erizo. A Jim le hacía mucha gracia.

-Creo que incluso podríamos hacer que el conector fuese más rápido-razonó el chico-pero tendríamos que cambiar algunas cosas…

Maurice asintió lentamente. Jim empezó a explicarle como pensaba reajustar el sistema de conexiones proneuronales de B.E.N, y el profesor le contempló orgulloso. Recordó lo que le había escuchado hablar con sus amigos al mediodía. Conocía a muchos chicos así, y le daba mucha lástima.

-Eres brillante Jim… seguro que sacas unas muy buenas notas en la selectividad de ciencias-dijo Maurice mirando su cuchara disimuladamente. Jim pilló la indirecta rápidamente.

-Nos oíste hablar fuera, ¿no?-dijo. Maurice se sonrojó un poco.

-No pude evitarlo hijo-admitió.

-Ya…-Jim se rascó la melena, un poco incómodo-sé que para un profesor no suena bien, pero me estoy manejando bastante bien… no necesito esa nota.

-No claro… tú solo bien puedes conseguir un brillante futuro-admitió Maurice-y eso de la selectividad es… es para otro tipo de gente… ¿no?

Jim le miró arrugando la frente un poco. Sí, Maurice no era tonto. Muchos de sus alumnos lo consideraban un viejo chiflado, el propio Jim lo había hecho hasta conocerlo mejor al empezar a salir con Bella. Era una persona muy inteligente y sabia, quizás la más sabia que Jim había conocido, junto a Silver.

-Creo que no te atreves a hacerlo porque… porque te da miedo no dar la talla…-dijo el profesor mirando a Jim preocupado.

-Nah, no es cierto-dijo Jim con humildad-lo que pasa es que soy muy vago para estudiar…

-¿Eso te lo han dicho tus profesores?-le preguntó Maurice.

-Pues… sí. Pero es verdad, yo me conozco-dijo Jim-estudiar no es lo mío yo…

-Tú te estudiaste todo el compendio de electrónica para hacerle funcionar el brazo a B.E.N ¿no crees que eso es un logro considerable?

-Bueno, pero… la electrónica no es la Lengua…

-No, la Lengua es más fácil…

-Pero no sirve de nada-Jim soltó una risita nerviosa, mientras intentaba explicarse. Nunca había hablado de esto con nadie, ni siquiera con su madre. Simplemente daba la excusa de ser un vago, y ya está-quiero decir, la Lengua, la historia, no sirven… puede que sean interesantes y haya gente que le guste, vale pero… a mí no, y… bueno, simplemente no me interesa. Puedo vivir sin la nota de selectividad. La gente más rica de esta ciudad no tiene ni una carrera universitaria…

-¿Tú aspiras a eso?-le preguntó Maurice, interesado.

-¿A ser rico…? Pues no… claro que no-admitió Jim.

-¿Por qué no?-Maurice vio como Jim le desviaba la mirada, pero entonces le instó a mirándole, poniendo su mano en el brazo del chico-¿por qué no Jim? Piénsalo: tienes la inteligencia… tienes las capacidades… ¡tienes el encanto! Mucha gente hasta mataría por ser tú. Y tienes la oportunidad. Puedes llegar lejos, pero sacándote el curso y accediendo a una universidad, llegarás antes… y yo creo que… yo creo que puedes llegar hasta donde tú quieras.

-"Sí, eso decís siempre…"-pensó Jim. Le daba la impresión de que Maurice sabía exactamente lo que estaba pensando.

-Todos pensamos eso… que podemos llegar muy lejos… y luego nos quedamos por el camino-dijo el chico.

-Ya-reconoció Maurice-yo, por ejemplo. Pero te haré una última pregunta ¿es mejor eso… o ni siquiera intentarlo? Porque no quiero que llegues a mis años, y te vuelvas loco preguntándote por lo que no te atreviste a hacer… porque sé que no te atreves a hacerlo…

-No me… bueno, sí… no…-Jim odiaba cuando se le trababan las palabras, le ponía de muy mala leche. Pero Maurice le tenía bien pillado-y… ¿y qué quieres que haga? Ya es muy tarde…

Maurice sonrió con picardía.

-¿Tú crees?-le preguntó, guiñándole un ojo. Jim le miró enfadado, pero luego fue sonriendo poco a poco. Quizás él tenía razón.

-No sé…-reconoció-no tengo ni idea…

-Por qué no pedimos un buen vino para celebrar esta victoria…-dijo Maurice señalándole la carta-no debo beber mucho, así que mejor aprovecho que no ha llegado todavía…

-¿Hablas de mí?-se escuchó una voz detrás de ellos. Bella estaba allí. Iba igual que la última vez que se habían visto, lo que a Jim le extrañó porque le había dicho que iba a cambiarse de ropa.

-Hola…-dijo el chico levantándose y dándola un beso. Bella apenas se lo correspondió.

-¿Habéis pedido ya?-le preguntó a su padre. Maurice negó con la cabeza.

-Te estábamos esperando cariño…

Bella estaba muy distante con Jim, y él sabía por qué. Seguramente estaba enfadada. Le hubiese podido gustar contar con la tranquilidad de que iban a mejorar las cosas pero no era así… antes o después tendría que decirle la verdad.

-Y ahora un poco de música para animar el ambiente-anunció el jefe de los camareros del restaurante. Como estaban en la terraza, tenían una pista de baile al aire libre que se inauguraba ese mes. No era un restaurante para nada lujoso, pero lo habían arreglado bastante bonito para los pocos recursos con los que contaban.

-¿Quién se anima a bailar?

Varias parejas, sobre todo mayores, se levantaron y empezaron a bailar la lenta melodía mientras Jim miraba a Bella indeciso. No sabía que decirle… joder…

Maurice seguía hablando sin enterarse de nada, contando otra de sus extrañas anécdotas, esta vez de como él y un amigo suyo se habían quedado tirados en un camión en medio del desierto de Gathar cuando iban a comprar piezas de recambio robóticas.

-¿Quieres que bailemos Jim?-le preguntó Bella al chico. Él tardó unos segundos en asimilarlo, porque estaba bastante concentrado pensando en cómo hablar con ella. Bueno, era una forma tan buena como cualquier otra.

-Vale-dijo, encogiéndose de hombros-vale, sí…

-Ah, que jovenzuelos… a pasarlo bien, a pasarlo-bromeó Maurice, que estaba un poco subido por el vino-¡yo os vigilo desde aquí, eh! ¡Atención!

-Papá no bebas más-le pidió Bella dándole un besito en la frente. Maurice sonrió con ternura.

-Vale… sé que estás enfadada…-Jim cogió a Bella de la mano y fue guiándola por la pista. Ella le miró muy seria-pero lo siento, en serio… me gustaría hablar contigo de una cosa… pero es mejor que sea… mañana…

-¿Tienes ese Código?-le preguntó Bella de improvisto. Jim parpadeó con asombro.

-¿El código? Ssí…-dijo-¿por qué…?

-Sé cómo descifrarlo-dijo Bella esquivando otra de las parejas de baile-hay un libro escrito en ese mismo código, y explican cómo leerlo. Lo acabo de conseguir.

-¿De la… biblioteca?-dedujo Jim. Bella asintió-¿pero cómo…?

-Era de mi madre, lo donamos hace años-recordó Bella-fue antes de que yo descubriera el otro libro. Mi madre… mi madre debía de ser miembro de la Estrella Azul… ahora lo veo claro… ella hacía cosas que… y cuando se fue no fue… normal…

-¿Cómo lo has sabido…?

-Lo recordé de repente… hace muchos años que lo donamos, pero al ver los símbolos del código lo recordé, y además tenía una Estrella… ese es su símbolo… creo… ¿tienes el código…?

Jim tragó saliva mientras acercaba la cabeza hasta el oído de Bella para que nadie más los oyera. Aunque con la música y el barullo de las mesas era difícil.

-Lo llevo en el bolsillo-dijo-Aladdín me dijo que lo cogiera…

-Creo que esa esfera… sea quién sea… lo quiere para algo… para algo malo-dijo Bella. Jim asintió lentamente.

-¿Y… dónde está el libro?-preguntó Jim. Las luces rojas y anaranjadas del restaurante eran muy intensas, y Bella y él parecían dorados por el sol de la costa.

-Lo tengo en el bolso-dijo Bella-no es muy grande…

Jim la miró muy serio.

-Vamos… ahora-dijo.

Pero entonces notó que no podía moverse. Y al mirar sus pies, vio que estaban desapareciendo. Bella ahogó un grito, e instantes después ella también comenzó a desaparecer.

-¡J…Jim!-dijo, agarrándole muy fuerte en los hombros-¡Jjim, no!

-Tranquila, tranquila-dijo Jim, obligándola a mirarle-voy contigo, ¿vale? No te va a pasar nada… nno voy a dejarte, ¿vale? No voy a dejarte…

Mierda, estaban jodidos. Lo último que Jim alcanzó a ver antes de desaparecer fueron a los otros bailarines, cada vez más en la pista, y a Maurice bebiendo de su copa otra vez. No sabía si volvería a verlo. A lo mejor no volvía a ver a ninguno de sus amigos, ni a su madre, nunca más.

Mierda… y ahí iban otra vez…


gantz, Gantz, Gantz, GANtz, GANTz, GANTZ, ¡GANTZ!, ¡GANTZ!, ¡GANTZ!, ¡GANTZ!, ¡GANTZ!, ¡GANTZ!, ¡GANTZ!, ¡GANTZ!


Jim apareció de brazos cruzados junto a Bella en la sala. A la primera que vio fue a Ariel, que parecía bastante alterada y al verlo se alteró aún más. Aladdín tampoco tenía mejor aspecto, estaba en ropa interior y sudado, y se balanceaba un poco a los lados como si estuviera bebido. Jim reconoció también a Lady Tremaine, que miraba por la ventana con expresión sombría, y al Sombrerero Loco, que se había sentado en el suelo con los ojos cerrados y parecía meditar. Hércules y Meg estaban cerca de la esfera negra junto a los nuevos, que eran cuatro. Jim no conocía a ninguno, claro. Bueno, había uno que le sonaba.

-Muy bien-dijo Básil mientras observaba la foto en la esfera. ¡Ya la habían activado! Jim reconoció enseguida la desagradable fotografía publicada tantas veces en los periódicos, del infame profesor Rátigan. Le acompañaba como siempre una habitual descripción de mierda aportada por Gantz.

-¿Nos dejan ir ya a ello?-dijo Básil impaciente-es hora de ponerse a trabajar.

Sí. Jim tuvo la impresión de que esa misión prometía más que cualquier otra.


De las memorias de Básil: Obviamente ese musculitos atrofiado llamado Hércules se creía que me iba a costar entender todo el proceso del llamado Gantz. Nada más aparecer en esa sala yo ya había entendido que llevaba meses muerto (el clima desde las ventanas, por favor) y que eso se trataba de algún tipo de proyecto secreto. ¿Quién tiene que ver en ello? ¿Está el gobierno detrás, o es algo más siniestro? Que misterio tan interesante… me podré ocupar de él en cuanto terminemos la misión, según ellos han dicho. Creo que saben tan poco como yo, o incluso menos.

De momento, tengo la inmensa suerte de poder permitirme una venganza personal, algo que en este trabajo es poco común. Así que este detective vuelve de la muerte para resolver casos de nuevo ¡qué irónico! De lo que sí me muero de ganas es de ver la cara del profesor Rátigan cuando me vea. ¡No hay oro en la Tierra que vaya a pagar eso!


¿Quién estará detrás de Gantz? ¿Qué es lo que busca? ¿Saldrá bien esta sexta misión? En este capítulo hemos avanzado bastante en la trama de Jim (creo que ha sido mi favorita), hemos conocido más sobre Básil y también sabemos que volverá a enfrentarse a Rátigan, ahora sí de un modo más desarrollado. ¿Quién ha sido vuestro personaje favorito? ¿Qué os ha gustado más? La parte del concierto infernal de Billy no estaba planeada, se me ocurrió así de repente y me divertí mucho escribiéndola, creo que ha sido lo que más he disfrutado escribiendo en este capítulo. ¡Lo echo mucho de menos, y a Lilo también! A Rourke en cambio no tanto, je, je.

Bueno, si os gustó dejadme un buen review, por fa. Tanto los aspectos de trama como morales de la historia me parecen muy interesantes de comentar.

¡Muchas gracias por leer, espero subir otro pronto y que os vaya bien ahí dónde estéis!