Disclaimer: todo lo que reconozcáis pertenece a la grandísima JK Rowling, y la trama a WickedlyAwesomeMe. Yo sólo me encargo de traducir.


Capítulo 29: Valor


Scorpius lanzó la última edición de El Profeta en la mesa de Gryffindor, sorprendiendo a todos los Gryffindor y a Luna Lovegood.

—¿Qué demonios, Malfoy? —gruñó Ron, frunciendo el ceño al ver que el pollo frito que había estado masticando estaba ahora extendido en el suelo.

—Y buenos días a ti también —dijo Hermione con una sonrisa divertida. Echó un vistazo al periódico, lo que hizo que su sonrisa se ensanchara ante la ridícula fotografía de Harry Potter.

El Niño Que Vivió parecía estar muy molesto. Hermione recordaba claramente cómo Harry había estado intentando suplicar a todos que le dejasen en paz, pero, por supuesto, al Mundo Mágico le encantaba hablar de su precioso héroe ahora que Voldemort estaba muerto. Hermione pensó que el jaleo alrededor del tema se habría calmado, ya que habían pasado dos semanas desde que la guerra había terminado. Pero, por supuesto, el fin de la guerra era digno de una celebración por todo lo alto y Harry había estado absolutamente genial, por lo que realmente no podía culpar a la gente.

—Me haces sonar como un maldito Gryffindor —se quejó Scorpius mientras empujaba a Ron con poca suavidad para poder sentarse al lado de la castaña. Cogió el periódico y luego se aclaró la garganta antes de decir—: "Scorpius Malfoy nos ha ayudado mucho en esta guerra, ¡así que dejadle en paz! ¡Ha sido muy valiente, idiotas!" Es una cita textual de El Niño Que Vivió.

Dicho Niño Que Vivió se puso rojo y frunció el ceño a sus risueños amigos.

»Sé que te preocupas mucho por mí, Potter, pero al menos hazme parecer el Slytherin ingenioso que soy —suspiró Scorpius, sacudiendo la cabeza con decepción.

—Pero fuiste valiente —insistió Hermione, sonriendo al ver la traición en su rostro—. Probablemente más valiente que cualquiera de los que estamos sentados en esta mesa.

—Estoy de acuerdo —dijo Luna alegremente, alzando su mano.

Scorpius puso los ojos en blanco y murmuró algo por lo bajini con enfado. Hermione se sintió tentada a extender la mano y apartar de su cara los mechones que caían de su pelo perfectamente peinado. En vez de eso, preguntó:

—¿Todavía no hay noticias del Wizengamot?

Eso pareció sacarlo de su pequeño berrinche.

—Sorprendentemente, ninguno —dijo—. Es muy extraño. Me he estado preparando para mi propio juicio, pero todavía no he recibido ninguna notificación —rascó distraídamente el lugar donde estaba escondida su Marca Oscura y frunció el ceño—. De hecho, estoy empezando a sentirme realmente ansioso.

Tras la guerra, el recién nombrado Ministro de Magia Kingsley Shacklebolt había emitido un decreto por el que convocó a todos los Mortífagos conocidos y los obligó a asistir a sus juicios. Hasta ahora, todos habían sido condenados a cadena perpetua en Azkaban. Scorpius, con su desdibujada Marca Oscura, había estado esperando nerviosamente su momento de enfrentarse al Wizengamot, pero aún no había llegado. Hermione creía firmemente que sería absuelto, teniendo en cuenta había sido la clave más maravillosa en la Guerra Mágica, pero Scorpius no descansaría hasta que tuviese noticias del Wizengamot.

—En realidad —dijo Harry—, creo que sé por qué el Wizengamot no te ha dicho nada, Malfoy.

Todos miraron a Harry mientras él sacaba un pergamino del bolsillo de su túnica. Hermione miró las palabras escritas en la parte superior, abriendo mucho los ojos al darse cuenta de que todos estaban mirando el testamento de Albus Dumbledore con su última voluntad.

»Es solo una copia —explicó Harry, abriendo el pergamino que tenía al menos 7 metros de largo—. El actual Jefe de Magos del Wizengamot vino ayer y la profesora McGonagall solicitó que yo estuviese presente. Al parecer, Dumbledore me había dejado muchas de sus posesiones —sonrió tímidamente y se frotó la nuca—. Lo que es extrañamente conmovedor, teniendo en cuenta la gran cantidad de cosas que tenía.

—Sí, está bien, todos sabemos que Dumbledore te quería mucho, Potter —espetó Scorpius, provocando que Harry le fulminase con la mirada—, pero no entiendo cómo esto es relevante para mi situación.

Harry suspiró y señaló el último párrafo.

—Léelo —dijo.

Hermione se acercó y entrecerró los ojos mientras lo leía.

—"Y por último, como el actual Jefe de Magos del Wizengamot…" —leyó ella en voz alta—, "…mediante la presente misiva declaro a Scorpius Hyperion Malfoy libre de cualquier cargo del que el Wizengamot lo pueda acusar. Ha jugado un papel importante en la caída de Voldemort, a pesar de la Marca que tinta su brazo izquierdo. Ha sido un gran espía para la Orden del Fénix a pesar del peligro al que sabía que se iba a enfrentar. Scorpius Malfoy ha sido muy valiente".

Y dale, ¿por qué todo el mundo se empeña en hacerme parecer un estúpido y valiente Gryffindor? —se quejó Scorpius, pero Hermione no pudo evitar ver el maravilloso brillo en sus ojos grises.

—Eso ha sido un gesto muy amable por parte de Dumbledore —dijo Hermione con una sonrisa.

Esta vez no impidió que su mano alcanzase la de él por debajo de la mesa. Scorpius se sobresaltó y la miró con los ojos muy abiertos antes de mostrar su hermosa sonrisa y apretar su mano alrededor de la de ella.

—Supongo que ahora puedes descansar tranquilo —continuó Harry—. Todos en el Mundo Mágico saben que has sido un maldito héroe, Malfoy.

—Y que has actuado como un maldito Gryffindor —añadió Ginny con una sonrisa burlona—. Imagina la confusión que has creado, Malfoy.

Scorpius la fulminó con la mirada.

—Cállate, Weasley.


—Me sorprende que hayas querido que sea yo quien te acompañe en nuestro último día en Hogsmeade.

Scorpius sonrió ampliamente cuando se dio la vuelta y vio a la encantadora Astoria. Llevaba un bonito vestido amarillo que resaltaba el azul de sus ojos. Su largo cabello negro estaba trenzado lejos de su cara. Se veía refrescante y brillante. La Astoria que había estado postrada en la cama de la Enfermería hacía solo tres días distaba mucho de la joven madre que en ese momento tenía ante sus ojos.

—Eh, me gustaría pasar el último día con mi madre —dijo descaradamente.

Astoria hizo una mueca y se acercó hasta que estuvo frente a él.

—Ay, todavía suena súper extraño —señaló—. ¿Puedes dejar de recordarme cada vez que nos veamos que somos familia?

Él se rio entre dientes y simplemente la condujo a uno de los carruajes que los sacaría de Hogwarts.

Hoy era su último día en Hogsmeade. Mañana, Scorpius debería ir a la Mansión Malfoy y comenzar los preparativos para convertirse en el nuevo Jefe de la familia Malfoy. No se inmutó cuando el Wizengamot declaró a Lucius culpable de sus crímenes como Mortífago y le encerró de por vida en Azkaban. Ni siquiera sintió un poco de remordimiento cuando su abuela lloró desconsoladamente ante la noticia. En el fondo, sabía que era lo mejor. Deseaba que Narcissa se diese cuenta, aunque realmente estuviese enamorada de un bastardo tan enfermo y malvado.

Suspirando, Scorpius se removió en su asiento y miró los árboles en movimiento.

La guerra finalmente había terminado. Todavía estaba atrapado en una línea de tiempo a la que no pertenecía. Sabía que aún quedaban cosas sorprendentes por suceder.

«Bueno, al menos la guerra ha terminado»señaló Al La Voz Interior.

»¿En qué piensas? —preguntó Astoria, mirando con preocupación su rostro pensativo—. Generalmente no hay forma de callarte. Verte en silencio me preocupa un poco.

A pesar de todo, él sonrió.

—En cosas —contestó—. Sobre todo tiene que ver con el futuro.

Finalmente se detuvieron cerca de la entrada de Hogsmeade. Scorpius saltó y ayudó a Astoria a bajar del carruaje. En el pueblo había muy pocos estudiantes, ya que la mayoría de ellos habían regresado antes de tiempo a sus casas, probablemente ansiando el calor y el amor que tanto necesitaban tras de una batalla tan devastadora. Scorpius realmente no podía culparlos por perderse una última visita a Hogsmeade.

Scorpius y Astoria deambularon por el pueblo, mirando a través de las tiendas y comprando cosas. Hogsmeade no se había librado de los efectos de la Última Batalla, pero era un alivio que la mayoría de las tiendas aún estuvieran indemnes. Habría sido una lástima que un pueblo tan acogedor hubiese quedado como un simple recuerdo tras la guerra.

Astoria pronto empujó a Scorpius hacia las Tres Escobas, ansiando una cerveza de mantequilla. Afortunadamente, estaba bastante vacío, por lo que no les fue difícil encontrar un asiento vacante. Astoria eligió una mesa cerca de la amplia ventana, lo que les permitió ver a los transeúntes.

Inspeccionó el lugar, buscando a una estudiante familiar de cabello alborotado, pero al ver que ella no estaba a la vista, suspiró decepcionado y miró el menú.

El núcleo del ED había ido a La Madriguera para celebrar la victoria del Lado de la Luz junto con otros miembros de la Orden del Fénix. Habían invitado a Scorpius, pero él rechazó cortésmente, ya que había hecho planes con Astoria. No obstante, Hermione le prometió que volvería pronto, lo que le hizo sonreír.

Se sintió un poco triste por haber tenido que perderse tal evento. Siempre había sentido curiosidad por La Madriguera. Había escuchado rumores que decían que si te invitaban a La Madriguera y los Weasley te daban la bienvenida abiertamente, pasabas a… formar parte de su familia. Scorpius siempre había insistido a Al para que le dejase acompañarle cada vez que iba a La Madriguera, pero su mejor amigo se negaba rotundamente, sabiendo cómo tratarían a un invitado no deseado.

Salió de sus reflexiones cuando los dedos de Astoria tocaron su mano para llamar su atención.

»¿Sí? —preguntó distraídamente.

Ella sonrió y señaló al impaciente camarero y Scorpius apresuradamente dijo lo que iba a tomar con una sonrisa tímida.

Mientras esperaban sus comandas, Astoria le contó enérgicamente sus planes para las vacaciones de verano. Scorpius estaba contento observándola mientras enumeraba detalle por detalle su itinerario para su viaje a Italia.

—¿Qué vas a hacer este verano, Scorpius? —le preguntó tras haberle contado una fascinante historia acerca de cómo meter en el baúl todos los zapatos que se quería llevar al viaje.

Scorpius hizo una pausa y frunció el ceño sin saber qué responder a su pregunta. Había estado tan ocupado planeando cómo derrotar a Voldemort durante los últimos días que había olvidado que debía pasar otro verano en esa línea de tiempo antes de volver a Hogwarts como un estudiante de séptimo curso.

Distraídamente se rascó la barbilla y miró por la ventana.

—No estoy... La verdad es que no estoy seguro —dijo—. Bueno, sé que se supone que debo arreglar el desastre en el que Lucius Malfoy ha metido a mi familia, pero aparte de eso, realmente no sé qué haré este verano.

Tenía la esperanza de pasar algún tiempo con Hermione, ya que había acabado la Segunda Guerra Mágica y podían, bueno, discutir adecuadamente su relación como lo habían prometido. Pero sabía que Hermione también estaría ocupada pasando algún tiempo con su familia. Salir de la ciudad con Narcissa parecía un buen plan, pero Scorpius no estaba seguro de estar listo para irse de vacaciones después de todo lo que había sucedido.

—Puedes visitarme en la Mansión Greengrass si quieres —dijo con una sonrisa triste en su rostro, alcanzando su mano.

—¿Y así me enseñas tu colección de flores? Estoy impaciente —dijo suavemente, tratando de mejorar su estado de ánimo.

Astoria sonrió y sacudió la cabeza con exasperación.

—Dime otra vez, ¿cómo puede ser posible que seas mi hijo? —bromeó—. Por lo que me has dicho, no te pareces en nada a mí. Ah, y definitivamente no has heredado ese descaro de tu padre.

—Soy una anomalía —respondió encogiéndose de hombros—. Siempre lo seré.

Ella se rio y Scorpius supo que jamás se cansaría de verla sonreír. Era posible que no pudiese volver a ver a su madre nunca más, pero al menos había ganado una amiga con la apariencia joven de su madre. Se agarraría a lo que pudiese conseguir.

Su comida llegó y por un momento disfrutaron de ella en silencio. Scorpius miraba ocasionalmente por la ventana y sentía que su corazón se aliviaba cada vez que veía a los transeúntes sonreír. Era un testimonio de que la guerra realmente había terminado. No había preocupaciones: todos eran libres y felices y podían hacer lo que quisieran sin tener que estar mirando por encima de sus hombros.

—¿Scorpius?

Parpadeó y miró a Astoria con curiosidad.

—¿Sí? —preguntó, frunciendo un poco el ceño ante la vacilación en su rostro.

—Yo... bueno... he sentido mucha, mucha curiosidad por algo desde que me dijiste que eres mi hijo del futuro —respondió lentamente.

Scorpius levantó la ceja y se acercó a ella.

—¿Curiosidad sobre qué?

Astoria suspiró y apoyó la barbilla en su palma abierta.

—¿Quién es tu padre? —preguntó de golpe. Los ojos de Scorpius se abrieron ante su pregunta y rápidamente añadió—: Quiero decir... no has hablado de él y me muero por saber con quién me casaré y... —se sonrojó y miró hacia otro lado—. Bueno, una vez dijiste que le habías reemplazado en esta línea de tiempo, pero eso es todo. Eso es todo lo que sé sobre tu padre.

Parecía realmente curiosa y eso hizo que su corazón doliese un poco.

—Draco Malfoy —dijo.

Le dolió que los ojos de su madre no diesen señales de haber reconocido ese nombre.

—Oh —dijo ella—. Draco... Malfoy —el nombre salió de su boca sin mucha emoción. Scorpius recordó el tinte de amor que había en la voz de su madre cuando decía el nombre de su padre.

—Él no existe —dijo con un suspiro—. Aún, quiero esperar.

—Draco Malfoy —repitió una vez más, lo que lo llevó a encogerse ante lo extraño que sonaba su nombre en la boca de Astoria—. Qué pena. Es un nombre encantador. El Dragón —una sonrisa apareció en su boca—. Estoy segura de que habría sido feroz en el campo de batalla.

Scorpius no pudo entender la culpa que se introdujo en su corazón.

—Te amaba mucho. Mucho —dijo con sinceridad—. Eras... eras todo para él, su luz en un día sombrío, los lirios de su valle. Papá solía decirme que no sería quien era si no fuera por tu amor y... y que él haría todo lo posible para hacerte feliz. Decía que si no fuera por ti, estaría perdido y roto y no me tendría a mí… Nunca, nunca dejaba pasar un día sin mostrarte cuánto te amaba.

Le sorprendió ver una lágrima caer de los ojos de Astoria, pero su madre no perdió la sonrisa encantadora en su rostro.

—Qué hombre tan encantador —dijo entre lágrimas—. Espero encontrar algún día un hombre como él.

La culpa inundó su corazón con una fuerza inmensa. Miró hacia otro lado, dirigiendo sus ojos hacia la mesa.

—Siento mucho haberle alejado de ti —respondió en un susurro.

Por un momento reinó el silencio y Scorpius no se atrevió a mirar a Astoria.

—Scorpius —dijo en voz baja, con el cariño en la voz tan característico de ella. Scorpius se vio obligado a mirarla a los ojos. Todavía estaban tristes y brillaban con lágrimas, pero ella sonreía brillantemente—. Has salvado a tu padre de su futuro dolor —Astoria tomó su mano y la apretó suavemente—. Tu amor por tu padre es puro y maravilloso. Estoy segura... No. que él preferiría ser feliz y no haberme conocido nunca en vez de vivir con arrepentimiento y pena.

—Te amaba mucho, mucho —insistió, lo que hizo que Astoria se riera.

—Y estoy segura de que sería tan molesto como una patada en mi trasero. Igual que su hijo. Pero supongo que eso es parte del encanto Malfoy, ¿no? —bromeó.

Scorpius tenía ganas de llorar porque echaba tanto de menos a sus padres, echaba de menos sus cenas acogedoras y sus preciosas peleas. Ante sus ojos aparecieron imágenes de la hogareña Mansión Malfoy, muy alejadas del frío y crueldad que había en ella en esa línea del tiempo.

—Les echo mucho de menos —confesó, mirando su mano que todavía era sostenida por la de ella.

—Oh, Scorpius —dijo Astoria entre lágrimas, levantándose de su asiento para sentarse a su lado y envolverlo en un abrazo grande y reconfortante—. No... no creo que pueda estar a la altura de la Astoria que conocías. Por lo que me has dicho, ella es brillante y encantadora y yo todavía soy... todavía soy yo. Pero puedo ofrecerte mi amistad y darte todo el amor que mereces.

—Pero no demasiado, sino sería súper raro, mamá —respondió descaradamente con ojos llorosos, ganándose una palmada en la cabeza.

El resto de su día en Hogsmeade continuó alegremente, intercambiando anécdotas que dejaron una gran sonrisa en sus rostros al final del día. Ambos decidieron que era hora de irse cuando el sol ya comenzaba a descender lentamente por el horizonte.

Cuando comenzaron su viaje de regreso a Hogwarts, Astoria sacó su varita mágica y conjuró una de las flores más grandes que Scorpius había visto en su vida.

—Un Rey Protea —ofreció Astoria, respondiendo a la pregunta que él no había formulado—. Dicen que lleva el nombre de Proteo, el hijo de Poseidón, que tiene la capacidad de ver el pasado, el presente y el futuro —ella le dirigió una sonrisa malvada—. Parece ajustarse a tus travesuras de viajar en el tiempo, ¿no crees?

—Es hermosa —dijo Scorpius, aceptando la flor.

—También significa "valor" —continuó—. Sé que sin ningún medio para regresar a tu línea del tiempo, es lo que más necesitabas.

Scorpius sonrió y envolvió a Astoria en un abrazo.

—Gracias —dijo, dejando caer el más ligero de los besos en su coronilla—. Gracias, Astoria.

Mientras se acercaban a Hogwarts, el sol descendió por completo y el cielo parecía un bonito lienzo de color naranja y amarillo. Astoria relataba animadamente un duelo particularmente fascinante que había tenido con un mortífago desagradable durante la batalla cuando ambos notaron que quien estaba sentada en uno de los escalones del Gran Hall no era otra que Hermione Granger.

—Hola —saludó con torpeza, levantándose lentamente—. Zabini dijo que aún no habías vuelto de Hogsmeade, así que…

—¿Me has estado esperando? —preguntó Scorpius con las cejas arqueadas.

Hermione se sonrojó y frunció el ceño.

No —intervino—, me gustan mucho los atardeceres, así que he decidido ver el de hoy. Obviamente.

—Obviamente —respondió el Slytherin con una pequeña sonrisa en su rostro, notando cómo eso hizo que las mejillas de ella se enrojecieran con ridícula indignación.

A su lado, Astoria lanzó un suspiro exasperado.

—Merlín —dijo, sacudiendo la cabeza—. Voy a tomarme esto como una señal para irme.

Riéndose entre dientes, Scorpius se volvió hacia Astoria y la abrazó.

—Gracias por hoy, Astoria —dijo.

La bruja le sonrió y le dio un suave beso en la mejilla.

—Sé amable —advirtió ligeramente, lanzándole a Hermione una sonrisa sincera mientras entraba en Hogwarts.

Cuando se quedaron solos, Scorpius fue incapaz de entender por qué estaba tan nervioso. La conversación que tuvieron en la orilla del Lago Negro había dejado claro que querían que su relación funcionase, que querían estar juntos. Después de eso, todo había sido un torbellino de acontecimientos y Scorpius no había tenido tiempo para "probar las aguas", a falta de una frase mejor.

—Es una flor enorme —señaló Hermione, rompiendo el incómodo silencio entre ellos.

—Rey Protea —respondió Scorpius, mostrándole la flor a Hermione para que ella la apreciara completamente—. En el lenguaje de las flores significa "valor" —sonrió y sacudió la cabeza—. Astoria ha pensado que era apropiado y cree que me vendría bien para enfrentarme al futuro en esta línea del tiempo.

Hermione le sonrió tristemente.

—Siempre estaremos aquí —prometió—. El núcleo del ED... yo... Estaremos aquí incluso en los días en que te sientas lo contrario de valiente.

—Lo sé —dijo Scorpius con una sonrisa igualmente triste. Luego, como si su mano tuviera vida propia, la extendió hacia Hermione y le dijo—: ¿Caminas conmigo?

Ella se sonrojó al ver cómo le ofrecía la mano, pero no dudó en apretarla con la suya. Scorpius no estaba lo suficientemente satisfecho, aunque se maravilló brevemente de lo perfectamente que se ajustaban sus manos y movió la suya para que sus dedos pudieran entrelazarse con los de ella.

—¿A dónde vamos? —preguntó, permitiendo que Scorpius la llevara a los vastos terrenos de Hogwarts.

Scorpius se encogió de hombros.

El silencio que siguió fue más cómodo. Distraídamente giró el Rey Protea en su mano y permitió que la suave respiración de Hermione y la fresca brisa lo consolaran.

»Oh, diablos —murmuró Hermione de repente.

Scorpius frunció el ceño y miró a la bruja frustrada a su lado.

—¿Pasa algo malo? —preguntó.

Suspirando, Hermione se detuvo y lo miró, alzando la barbilla con un tinte de determinación en sus ojos. Sus mejillas estaban salpicadas de rosa.

—Tienes que entender que necesito respuestas a todas las preguntas que hago —comenzó con cuidado—. Para creer en algo, realmente tengo que leerlo en un libro o escucharlo de un experto.

—V-vale, no sé qué quieres decir —dijo lentamente—. Pero gracias por ese recordatorio, Granger. Mantendré esa información en mi cerebro.

—No, no lo entiendes —se quejó con impaciencia. Levantó las manos entrelazadas y las sacudió con vigor—. Esto significa que estamos juntos, ¿verdad? Sé que hablamos de nuestros sentimientos en el Lago Negro. Sé que queremos darle una oportunidad a esta relación a pesar del pequeño e insignificante hecho de que eres un maldito viajero en el tiempo y el hijo de uno de nuestros supuestos archienemigos y... y que tienes un estúpido enamoramiento por mi futura hija. Pero no redactamos ninguna... ninguna respuesta sobre continuar con esto. Odio que esté implícito pero nunca explícitamente respondido. Entonces, en conclusión, me gustaría saber si estamos juntos... si... si eres mi maldito novio y... y si planeas quedarte como tal todo el tiempo que quieras.

Para cuando terminó su pequeña diatriba, su rostro estaba completamente enrojecido y su respiración un poco irregular.

Scorpius la miró atónito, antes de que una sonrisa se extendiese por su rostro. Apoyando con cariño la mano en la mejilla de Hermione, dijo:

—Dulce Circe, qué empollona —Hermione entrecerró los ojos y él la habría besado en los labios si ella no estuviese esperando impacientemente su respuesta—. Para responder a tu maldita pregunta, porque Merlín, ¿qué más crees que estamos haciendo? , estamos juntos, , soy tu maldito novio, y , planeo quedarme y no vas a poder deshacerte de mí tan fácilmente.

En un instante, Hermione se desinfló.

—Oh —exhaló mientras sus deliciosos labios formaban una perfecta "o"—. Oh, está bien.

Entonces, ella mostró la sonrisa más deslumbrante que jamás había visto y Scorpius quedó momentáneamente cegado.

Suspirando, Scorpius se rindió y le dio un casto y dulce beso en los labios.

—Deja de pensar tanto, Hermione —dijo sacudiendo la cabeza con cariño—. Alguien noble con un estúpido complejo de héroe me dijo una vez que, dado que sé que estaré atrapado aquí para siempre, ¿por qué no pensar en el futuro y echar raíces aquí? Y, Merlín, no tienes ni idea de cuánto espacio has ocupado en mi futuro.

Ella se sonrojó una vez más e incluso depositó otro beso en sus labios.

—Entonces, vale, tu futuro —dijo, tirando de su mano una vez más para continuar su camino sin destino por los terrenos de Hogwarts—. Planeas volver para nuestro séptimo curso, ¿verdad?

—Por supuesto —dijo sin perder el ritmo—. Este verano será ridículamente agotador, estoy seguro. Ya he programado una reunión con el Wizengamot para transferirme las riquezas y cosas de los Malfoy como el nuevo Jefe de Casa. Arg, solo pensar en la mierda burocrática hace que me pique todo —como efecto adicional, Scorpius se estremeció. Hermione lanzó un suave resoplido—. Sangres pura, ¿eh?

—Sangres pura —respondió ella con una sonrisa cómplice—. Gracias a Merlín, soy nacida de muggles.

—¿Y tú? ¿Qué planeas hacer durante tus vacaciones de verano? —preguntó.

Habían llegado al Lago Negro una vez más, con sus aguas brillando bajo la luz de la luna. Era fascinante y Scorpius tuvo que tirar de Hermione para que pudiese apreciar la hermosa escena.

—Nos vamos a Australia —dijo con una sonrisa tímida.

Scorpius frunció el ceño y la miró, inseguro de por qué había una leve culpa en su rostro.

Suspirando, Hermione continuó:

»Mis padres descubrieron mi... plan por si las cosas iban cuesta abajo —explicó—. Había billetes de avión a Australia para Mónica y Wendell Wilkins en uno de los cajones de mi habitación y... en pocas palabras, no les gustó demasiado la idea.

Él le apretó su mano para confortarla.

—Pero las cosas no han ido cuesta abajo —señaló Scorpius—. Así que ahí está eso —riendo suavemente, se volvió hacia Hermione—. Deberíais estar agradecidos de que os haya salvado de un año entero acampando por ahí.

—Bueno, hay más —continuó Hermione. Él levantó una ceja y esa sonrisa tímida volvió a aparecer en su rostro—. Les he hablado de ti.

Esperó a que ella se explicara, pero cuando ninguna palabra más salió de su boca, Scorpius suspiró.

—Un poco de elaboración ayudaría, Hermione —instó.

—Les he contado todo sobre ti —continuó—. Tu viaje en el tiempo, tu amor por tu padre, cómo te convertiste en un Mortífago, cómo has sido una gran y maravillosa pieza para terminar la guerra que el Mundo Mágico no merecía... todo. Les he contado que si no hubieras intervenido, si no hubieras amado a tu padre lo suficiente como para viajar en el tiempo y salvarlo, yo habría... habría borrado sus recuerdos y no me habría arrepentido.

Una pequeña lágrima se deslizó por sus ojos y Scorpius la limpió con cautela.

»Quieren conocerte, ¿sabes? —dijo, casi en un susurro. Su mano sobre su mejilla se detuvo, sus ojos se abrieron ante su pequeña revelación—. Mamá ha sido ridículamente persistente —sus mejillas se enrojecieron un poco mientras nerviosamente jugueteaba con sus rizos—. Creo que se ha aventurado a pensar que te adoro un poco demasiado.

Él se sonrojó y sonrió estúpidamente. Hermione lo miró y le dio un empujón juguetón.

»Merlín, prácticamente puedo ver tu ego expandiéndose —dijo con un suspiro—. Bueno... ¿estás libre este sábado?

La sonrisa en su rostro se desvaneció mientras sus ojos se abrían como platos.

—Espera, quiero decir, ¿en serio? ¿Quieren conocerme en serio? —preguntó incrédulo—. ¿Este sábado?

Ella se encogió de hombros débilmente.

—Ya te he dicho que mi madre es persistente —respondió ella.

—Caray, Hermione, quiero decir... conocer a tus padres ya… ¿No quiere decir eso…? —tartamudeó Scorpius.

—Si... si te sientes incómodo, siempre puedo decirles a mis padres que pueden conocerte en otro momento —dijo apresuradamente, quizás un poco decepcionada, pero inmediatamente giró la cabeza antes de que Scorpius pudiera mirarla a los ojos.

—No... es solo que... —se calló, exhaló un profundo suspiro y sonrió—. Me estoy dando cuenta de lo rápido que va todo y...

—De verdad, Scorpius, no es necesario que aceptes la invitación —aseguró Hermione con una sonrisa avergonzada—. Mis padres lo entenderán.

—No, no, me encantaría —dijo apresuradamente—. Conocerles.

La sonrisa en su rostro se amplió.

—¿De verdad? —preguntó como si no pudiera creérselo.

Él extendió la mano y puso un rizo suelto tras su oreja.

—Quiero decir, soy un sangre pura que siempre ha sentido curiosidad por los muggles —respondió con indiferencia. Cuando Hermione juguetonamente le dio un manotazo en el brazo, se echó a reír—. Y son tus padres. Creo que me llevará una hora y media agradecerles profusamente haberte traído a este mundo.

—Tomo nota —respondió—. Les diré que compren bocadillos porque irá para largo.

Scorpius sonrió generosamente y tiró de su brazo, llevándola de regreso a Hogwarts.

—Pero tengo una condición —dijo una vez que estuvieron en los pasillos de Hogwarts. Cuando ella lo miró con recelo, continuó—: Me gustaría que conocieras a Astoria y a mi Abuela... bueno, mi madre.

—Vale —respondió.

—¿Eso es todo? —preguntó Scorpius. Sus cejas casi desaparecieron tras su flequillo—. ¿Ningún pero?

Ella frunció el ceño.

—¿Debería haber alguno?

Scorpius suspiró.

—Pobre, inocente, nacida de muggles —dijo—. Vas a tener que soportar innumerables fiestas de té, eventos de caridad, malditos bailes, ¡por el amor de Merlín! Vas a ingresar en la sociedad sangre pura. No son cenas casuales, Hermione.

Ella palideció considerablemente, pero aun así logró levantar la barbilla, como si estuviera lista para la batalla.

—Vale —repitió—. Eso no va a ser ningún problema, Scorpius.

Él sonrió.

—Mi valiente pequeña Gryffindor —dijo tiernamente, colocando un dulce beso en sus labios.

Finalmente llegaron al enorme retrato de la Dama Gorda y Hermione se despidió. Antes de irse, Scorpius le ofreció al Rey Protea.

—Pero Astoria te la ha dado a ti —razonó ella.

—Cógelo —dijo Scorpius con una sonrisa—. Sé que la cuidarás mucho.

Sus ojos conectaron con los de ella. Eran unos ojos que siempre parecían entenderlo y, sin saberlo, le aseguraban que todo estaría bien en este mundo. Él no estaba hablando solo de la flor. Y Hermione lo sabía. Por supuesto.

En vez de contestar, ella aceptó con cautela la flor y se acercó a él para darle otro dulce beso lleno de promesas.


Nota de la Autora: ¡El próximo capítulo será el epílogo! Hombre, qué paseo más salvaje. Me gustaría agradecer a aquellos que se han tomado su tiempo para leer esto, y especialmente para mandar reviews. Sabía que este fic no ganaría demasiada atención porque, ya sabéis, es un pairing raro y Scorpius emparejado con Hermione es extraño, pero como sea… Odio mi cerebro a veces jajaja.


¿Qué os ha parecido este capítulo? ¿No os ha enternecido muchísimo ver a Scorpius y Astoria interaccionar de esa manera? ¿Y qué me decís de Scorpius y Hermione? Parece que ya lo tienen todo claro. ¡Por fin! ¡Contádnoslo con reviews, que nos hacen muchísima ilusión!

Con cariño,

WickedlyAwesomeMe y Pabel Moonlight.