Junio.
Después de comer me vestí con mi camiseta de Linkin Park favorita y una falda corta negra. Me calcé mis botas con plataforma y salí de casa notando la mirada de desaprobación de mis padres, no les gustaba que me maquillara tanto pero a mí me encantaba llevar sombras oscuras en los ojos.
Me importaba una mierda lo que pensaran de mi forma de vestir, mis gustos habían cambiado y tendrían que aceptarlo, ya tenía veinte años y no podían decidir por mí.
Además que tampoco era para tanto, la única diferencia que había era que usaba colores oscuros más a menudo que antes.
Era una bonita tarde de verano, sonreí al recordar la mirada de horror de mi madre un año atrás cuando vio los tres piercings que me había hecho en las orejas.
Casi desde ese día siempre llevaba puestos tres aros pequeños de plata que me encantaban, junto con unos más grandes en los agujeros de toda la vida.
Mis padres habían intentando varias veces hablar conmigo sobre mis nuevos gustos, pero yo simplemente les decía que mientras no hiciera ninguna locura y me fuera bien en los estudios no tenían derecho a quejarse de nada.
Los sueños con Shaoran me seguían atormentando. Al menos ya no los tenía todos los días, pero cada semana me tocaba sufrirlos mínimo un par de veces.
Era tan feliz por estar junto a él... hasta que me despertaba y descubría que todo había ocurrido en mi imaginación.
Al darme cuenta aún lloraba de rabia, ¿por qué esos malditos sueños tenían que sentirse tan reales? En vez de sueños los consideraba pesadillas.
Esa mañana había hecho mi último examen, dando fin a mi segundo año en química.
Llegué al pub "Grey Rock" donde había quedado con Rei y sus amigos.
Mi amiga corrió a abrazarme al verme entrar.
-¡Tráenos cervezas, Lien!- gritó a su amigo rubio.
Sonreí cuando Lien me acercó una jarra llena de ese líquido dorado y helado que tanto me gustaba.
La música estaba demasiado alta y Rei se alejó de su grupo llevándome hasta una esquina donde el ruido molestaba algo menos.
-¿cómo te ha salido el examen?- preguntó con una sonrisa.
-de puta madre- dije sonriendo también.
Chocó su jarra con la mía y nos la bebimos de golpe hasta que no quedó ni una gota.
-vas a ser una química increíble, seguro que inventarás algo- dijo mi amiga guiñándome un ojo.
Nos reímos y sus amigos se acercaron a nosotras preguntando por nuestros planes para ese fin de semana.
La verdad es que yo estaba bastante cansada de tanto estudio y tenía pensado quedarme en casa y relajarme, así que les dije que no contaran conmigo para sus locuras.
Después de un par de cervezas más Rei y yo decidimos irnos, si nos quedábamos con sus amigos corríamos el peligro de acabar tiradas por el suelo borrachas como cubas.
Íbamos riendo distraídas y no noté que estábamos pasando alrededor del parque pingüino hasta que vi el gran tobogán.
Un escalofrío me recorrió la espalda, llevaba dos años evitando pasar por allí.
Rei notó el cambio en mi rostro y miró a nuestro alrededor, ella estaba al tanto de toda mi historia con Shaoran, incluso le había enseñado una foto de él antes de borrarla.
-mierda... no me di cuenta, Sakura. venga, alejémonos de aquí- dijo tirando de mi brazo.
Caminamos deprisa hasta perder de vista el tobogán.
Me detuve y mi amiga me palmeó la espalda.
-tengo que superarlo de una vez, no puedo evitar pasar por ahí eternamente- le dije.
-no pasa nada, llegará el día que ni lo recuerdes-.
-pues ya han pasado dos años y no le he olvidado- respondí suspirando.
Rei me abrazó y me dejé envolver por ella mientras miraba a mi alrededor. Estábamos al lado de la terraza de uno de los mejores restaurantes de Tomoeda.
El pánico me invadió de repente y no entendí el motivo. Observé a las personas que estaban allí sentadas y mi corazón se detuvo.
Shaoran estaba sentado en una de las mesas con Meiling.
Fue como si un rayo me hubiera caído encima, me tensé y Rei lo sintió.
-¿estás bien?- dijo separándose para mirarme a los ojos.
Yo estaba paralizada con el terror recorriendo mis venas.
Ella siguió mi mirada y vio al chico de mis pesadillas, abrió mucho los ojos y susurró -será mejor que nos larguemos-.
No podía despegar los ojos de Shaoran, noté como a él le daba un escalofrío y giraba su cabeza para mirarme.
Cuando nuestros ojos se encontraron reaccioné.
Agarré la mano de Rei y empezamos a caminar deprisa en la otra dirección.
Escuché mi nombre un par de veces pero no pensaba detenerme.
Una mano me sujetó por el hombro y me obligó a parar.
Al volverme allí estaba, igual que en mis sueños aunque un poco más alto y más guapo que nunca.
Las manos me temblaban pero sentí un apretón de Rei, al menos no estaba sola.
-cuánto tiempo sin vernos, Sakura- dijo Shaoran sonriendo.
Fruncí el ceño, tenía la misma actitud de siempre como si no hubiera pasado el tiempo.
Como no dije nada Shaoran volvió a hablar.
-me ha costado un poco reconocerte-.
-sí, ya no soy la misma- le respondí.
-yo tampoco- dijo él.
Lo observé un momento, en apariencia seguía siendo el mismo de siempre excepto por la altura.
-bueno, si nos disculpas tenemos que marcharnos- dijo Rei a mi lado tirando de mi brazo.
Shaoran frunció el ceño.
-me gustaría hablar un poco más con ella si no te importa- le respondió.
Rei se acercó y me besó en los labios dejándome alucinada.
-ahora está conmigo, aléjate de ella-.
Shaoran tenía cara de sorprendido.
-de acuerdo... ya nos veremos, Sakura- dijo antes de darse la vuelta y volver a la terraza.
Nosotras también empezamos a caminar y miré a Rei incrédula.
-lo siento, es lo único que se me ha ocurrido para que nos dejara irnos- me dijo ella.
Sonreí y le respondí -tranquila, no importa-.
-no te veía capaz de enfrentarte a él, te ha pillado por sorpresa-.
-tienes razón, no estaba preparada y me has librado de él. eres una buena amiga- contesté apretando su mano.
-lo sé, espero que no te vayas a enamorar de mí por lo bien que beso- dijo mi amiga con una sonrisa traviesa.
Le di un codazo y las dos nos reímos.
-lástima que no seas un hombre, serías perfecto- le respondí y soltamos una carcajada.
Unos días después estaba de muy mal humor.
Después de mi encuentro con Shaoran había vuelto a soñar con él todas las noches.
El recuerdo de sus ojos cuando nos vimos me perseguía a todas partes, mi plan de olvidarlo se estaba volviendo más complicado.
Había salido de casa para dar una vuelta, necesitaba respirar aire fresco.
Dejé escapar una maldición y seguí caminando hasta el parque, total ya me pasaba el día pensando en él y eso no iba a empeorar al pasar por allí.
Al llegar apenas había gente porque ya estaba anocheciendo.
Me senté en uno de los bancos y observé a mi alrededor. Tal vez si me quedaba ahí un rato dejaría de temer pasar cerca y podría volver a caminar tranquila por toda la ciudad.
Me puse los cascos con música y me perdí en mis pensamientos mientras observaba como los últimos niños salían del parque.
Cuando las farolas se encendieron decidí que era el momento de irme a casa.
Me levanté y al girarme me quedé petrificada.
A lo lejos en la otra entrada del parque estaba Shaoran mirándome fijamente.
No fui capaz de moverme ni apartar la vista de él, me limité a observar cómo se acercaba lentamente a mí.
-sabía que te encontraría aquí-.
Su voz seguía siendo la misma que me hizo temblar tantas veces en el pasado.
Suspiré e intenté recobrar la compostura.
-ya me iba- le respondí en voz baja dando media vuelta.
Shaoran me sujetó del brazo y dijo -espera un momento-.
Me sacudí para que me soltara mirándolo con odio.
-no me toques-.
Él levantó las dos manos.
-de acuerdo, pero déjame hablar contigo-.
Crucé los brazos y lo miré fijamente.
-está bien, di lo que tengas que decir y acabemos con esto cuanto antes-.
-¿ahora te gustan las chicas?- me preguntó.
Fruncí el ceño sin responderle.
-no es que me parezca mal, solo espero que no hayas renegado de los hombres por mi culpa-.
Chasqueé la lengua con desprecio y le dije -no te creas tan importante, he tenido novio después de ti-.
Shaoran levantó una ceja.
-¿y ahora tienes novia?-.
Puse los ojos en blanco y decidí contestarle.
-es mi amiga, hizo eso para que te marcharas-.
Él sonrió como si aquello fuera muy divertido.
-¿y por qué no quería que me acercara a ti?- preguntó con la sonrisa torcida que tanto echaba de menos.
Fruncí el ceño de nuevo.
-tardé mucho en olvidarte, no voy a caer en tus jueguecitos otra vez- le dije con rabia.
Shaoran levantó las dos cejas y dio un paso hacia mí.
-¿me has olvidado?-.
El corazón me iba tan rápido que se me iba a salir por la boca.
-sí- dije sin romper el contacto visual, necesitaba que se lo creyera.
Volvió a dar otro paso, ya solo nos separaban unos centímetros.
-pues yo a ti no-.
Algo dentro de mí gritaba que corriera pero no pude moverme, podía oler su aroma y eso siempre me dejaba paralizada en mis sueños.
Shaoran siguió acercando más su rostro al mío.
Mi respiración se aceleró y notaba una gota de sudor bajando por mi espalda.
Cuando intenté apartarme sus brazos me lo impidieron.
Aquello parecía otro de mis sueños... ¿y si lo era? siempre pensaba que era real hasta que me despertaba.
No tenía sentido que yo estuviera en ese parque con Shaoran, seguro que era uno de mis sueños.
Cerré los ojos y susurré -esto no es real-.
Sentí los labios de Shaoran rozando los míos y le escuché decir -sí lo es-.
Cuando abrí los ojos me besó atrayéndome hacia él con fuerza.
Rodeé su cuello con mis brazos y me dejé llevar en ese beso hasta que pensé que todo parecía demasiado real.
Su olor, en mis sueños no podía olerlo con tanta intensidad.
Abrí los ojos de golpe y lo empujé para alejarlo de mí.
-¡NO!- grité, furiosa.
Shaoran me miraba, sorprendido.
-¡No puedes besarme! ¡No dejaré que me destroces otra vez!-.
Una lágrima de rabia empezó a rodar por mi mejilla, él respiraba de forma agitada y me miraba sin decir nada.
Me di la vuelta y empecé a correr sin mirar atrás hasta que me dolieron las piernas.
