Capítulo 22: En busca de pistas.
Durante todo el jueves siguiente, el Cuartel General de Aurores fue un completo bullicio: hombres y mujeres entrando y saliendo sin parar, infinidad de pergaminos revoloteando alrededor de sus cabezas, nerviosismo, frustración…
Ginny, durante la mañana, se centró en entrevistar a los miembros del Departamento de Sustancias Intoxicantes —una de las subdivisiones del Departamento de Seguridad Mágica—, dándose cuenta de que aquel no era el momento oportuno para "entrometerse" en los asuntos del Cuartel General de Auores. Y por la tarde se enfrascó en crearse una idea histórica general del Departamento de Seguridad Mágica consultando sus archivos, lo que sumió a E.J. en un mutismo, aún mayor, que el que no había abandonado desde que Harry puso las cosas en su sitio con respecto a su trabajo. La periodista había hablado con ella, le había hecho entender, disimuladamente, que el Jefe no estaba enfadado; que ella tan sólo debía actuar de un modo correcto para que él le diese la oportunidad que tanto ansiaba. Pero la chica estaba siendo consumida por la vergüenza; creía haberlo decepcionado sin remedio. Y no era capaz de plantarse ante él, ni siquiera, para disculparse. Toda la seguridad en sí misma que normalmente la caracterizaba, toda su arrogancia, yacían ahora ahogadas en el fondo de un pozo lleno de culpa y de reproche. Por ello, Ginny se dio cuenta de que Eugeene no era tan madura, ni tan arrolladora, como ella misma pretendía hacer creer; sino que necesitaba todavía un guía, alguien que le sirviese de apoyo allí donde ella aún fallaba estrepitosamente. Fue entonces cuando entendió a Harry a la perfección. Por ello, no quiso meter el dedo en la llaga y permitió que ella la ayudase a localizar pergaminos o volúmenes encuadernados con la información que necesitaba, casi en absoluto silencio.
También ella tenía cosas en qué pensar. Por ejemplo, en que aquella misma tarde había quedado con Harry para que ambos fuesen al Callejón Diagon a comprar sus trajes de boda y las prendas de juramento. Se sentía nerviosa, completamente excitada y radiante de felicidad; a pesar del ambiente desolado que reinaba en el Cuartel. Algo que, en cierto modo, la hacía sentir culpable. Vio a Harry salir de su despacho un par de veces; parecía que cargase con toda la preocupación del mundo sobre sus hombros. Su semblante duro, resuelto… dando ánimo a sus compañeros con una sonrisa amable, o una amistosa palmada en la espalda, cuando llegaban a él con noticias frustrantes; a juzgar por las caras que ella podía observar. Y aquel día, todas lo habían sido, a su parecer. Ron no apareció por allí hasta bien entrada la tarde; ni siquiera había reunido con ellos a la hora de comer y, cuando se dejó ver, fue para volver a encerrarse con Harry a cal y canto, en su despacho. Los demás lo observaron desaparecer tras la puerta, con la esperanza que ellos mismos no habían podido conseguir mediante sus propias indagaciones.
—Nada, Harry. No he podido conseguir nada concluyente que demuestre la relación entre Benjamin Blacksoul y Lilith —Ron negó, desolado—. Sólo tenemos las vagas palabras que ella pronunció antes de que… —Calló, sin atreverse a continuar.
Por un momento, Harry desvió su vista, enfocándola en el vacío. Pero se centró de nuevo en el problema que les ocupaba.
—¿Y si tú y yo nos hubiésemos equivocado en nuestra corazonada? —concluyó, dudando por un breve instante. Inmediatamente, decició no perder la seguridad con que aquella mañana había comenzado sus pesquisas.
—Recuerdo perfectamente sus palabras —rememoró—. Ella habló de alguien: de un joven normal, como tú y como yo. Pero proveniente de una familia venida a más, que al parecer lo había repudiado por no renegar de sus orígenes —explicó, demasiado serio, navegando a tientas por el pasado—. Es ese origen familiar lo que me hace pensar que el joven pudo ser él: Blacksoul. De todos es conocido el rechazo al que le somete su propia familia, debido a su empeño por alardear de su origen humilde, que esta se ha empeñado en ocultar; empezando por Beatrice. Y su actitud violenta, excéntrica y oscura, es algo más que un rumor.
Ron asintió con un leve gesto de la cabeza, conforme.
—Ya lo hemos investigado en otras ocasiones por diversos altercados, donde su adversario ha salido, siempre, mal parado. Si él se ha librado hasta ahora, es porque es muy astuto y siempre encuentra el modo de hacer recaer la culpa sobre los demás.
—Ya... Yo también recuerdo aquellas palabras —Ron reflexionó—. Lilith parecía tan contenta… Y luego, todo cambió de forma tan radical y repentina… Y estoy de acuerdo con lo que dices sobre él. Pero sólo tenemos eso: las escasas y vagas palabras de Lilith y la más que dudosa honorabilidad que él demuestra.
—No. No sólo tenemos eso —Harry replicó, decidido—. Tenemos un motivo para las violaciones: sufrimiento y despecho. Y un móvil: venganza contra el Departamento de Seguridad Mágica y contra mí, en particular. Si Blacksoul es el violador, todo encaja.
—Te repito, una vez más, que tú no tuviste ninguna culpa de lo que pasó —Ron lo reprendió, molesto por aquella actitud tan dura que su mejor amigo se empeñaba en mostrar consigo mismo.
—Lo sé. Pero, ¿crees que saber eso me hace sentir mejor?
Ron negó levemente con la cabeza, lamentando comprobar que su amigo continuaba siendo el que siempre había sido, en cuestión de proteger a los demás.
—Está claro tu razonamiento. Pero…
—¿Qué has podido averiguar sobre sus andanzas durante la época en que la muerte de Lilith sucedió?
—Apenas nada. Al parecer, pocos días después de ese trágico suceso, él mantuvo una fuerte pelea con su padre en la puerta de la nueva mansión familiar y en presencia de su hermana —comenzó a relatar—. Varios vecinos me lo han confirmado. Es curioso, pero recuerdan bien esas fechas debido a le expectación creada por las finales de la copa de quidditch: nadie esperaba que las Holyhead Harpies arrasaran en la liga como lo hicieron y se alzasen con la copa. Aquel hecho marcó todo un hito en la historia de los magos.
Harry sonrió con amargura al recordarlo, porque él se sintió el hombre más solo y miserable del mundo durante aquellos días.
—¿Has podido enterarte sobre qué discutieron?
—No, exactamente. Al parecer, él fue a la nueva casa de sus padres en busca de dinero. Por lo que los vecinos pudieron escuchar debido a los gritos que ambos hombres profirieron, había de por medio un lío de faldas. Pero nadie ha sabido decirme de qué tipo, ni con quién. Es cierto que en anteriores ocasiones, en la zona donde él vive, se le había visto de la mano de una joven que responde bastante bien a la descripción de Lilith. Y que, tras la trágica muerte de ella, nadie volvió a verlo con ninguna mujer. Pero nadie es capaz de afirmar si era ella, o no, quien le acompañaba. El caso es que su padre lo despachó a cajas destempladas, ante la risa burlona de su hermana. Y desde entonces, ningún vecino ha vuelto a verlo por allí. No tenemos nada más —concluyó su exposición, mirando a Harry con desesperanza.
El Jefe meditó lo que acababa de escuchar durante unos momentos.
—¿Has hablado con su padre sobre ello? —preguntó al fin.
—No. Lo he creído demasiado arriesgado. Si Blacksoul es realmente el violador y se entera de que estamos siguiéndole la pista, cambiará sus pautas de conducta. Y eso lo convertirá en más escurridizo todavía. —Mantuvo la escéptica mirada de Harry con firmeza—. Lo peor es que, casi no puedo disponer de aurores que puedan llevar a cabo esta investigación. Si no somos capaces de desenmascarar al topo que le pone al día de todos nuestros próximos movimientos, prácticamente tengo las manos atadas —se lamentó, frustrado.
—Ron, no podemos quedarnos a la expectativa, sin hacer nada —objetó, con desaprobación—. Hasta el momento, él es él único sospechoso que tenemos. Hablad con su padre; acorraladlo, si es necesario, para que os cuente con pelos y señales sobre qué demonios discutió con su hijo durante aquel día —le ordenó, tajante—. Si nuestras sospechas se confirman, nada importará que Blacksoul se entere de que vamos tras él: lo acorralaremos y atraparemos como la alimaña que es; sea como sea y pase lo que pase. Y si resulta ser inocente, creo que poco va a importarle lo que hagamos. Quizá venga y nos pregunte por ello, curioso o indignado; pero poco más. De un modo u otro, sabremos a qué atenernos y dejaremos de dar palos de ciego. La vida de nuestras compañeras, hermanas, novias y esposas depende de ello.
—¡Por Merlín, que tienes razón! —Ron aceptó, con el ánimo nuevamente inflamado—. ¡Ahora mismo nos pondremos a ello!
—Ahora, no —negó, sonriente—. ¿Tú sabes qué hora es?
Su cuñado miró su reloj, sorprendido.
—Es casi de noche. Hermione debe estar ya en casa, esperándote. Y Ginny va a matarme; ella y yo hemos quedado para hacer algo importante.
—¿Qué es, tan importante? —Ron preguntó, curioso.
—Algo importante —repitió, sonriendo de forma enigmática—. Descansa, amigo. Y mañana cumple con tu deber. Por hoy, ya has hecho suficiente —le ordenó con cariño.
—Pero esta noche, ese maldito podría…
—Hagas lo que hagas esta noche, por desgracia, ya no vas a poder impedir que pase lo que tenga que pasar. Si queremos apresar al violador, debemos tenderle una buena trampa; no podemos ir y arrestarlo argumentando en su contra, únicamente, las palabras pronunciadas por un padre herido y rencoroso.
Ron rebulló en su silla, frustrado.
—Todos los miembros de este Departamento tienen órdenes tajantes sobre cómo actuar con respecto a sí mismos y a las mujeres que, de algún modo, están relacionadas con ellos. Quien no las acate a rajatabla, ya sabe a qué está exponiendo a sus seres queridos o a sí mismo. Me duele tanto como a ti pero, por ahora, no podemos hacer más.
—¡Mierda! ¿Por qué esto tiene que ir tan despacio? —se lamentó, con rabia.
—Te entiendo —Harry afirmó con tristeza—. Anda, márchate a casa, que mañana va resultar un día largo.
—¿Ginny y tú no os vais a pasar esta noche por La Madriguera? —quiso saber, sorprendido.
—No. Voy a ver cómo soluciono esto…
Ron decidió no volver a preguntar. Así que, acató la orden de su jefe y mejor amigo y se encaminó hacia la puerta.
—Nosotros, tampoco —dijo, a modo de despedida—. Hasta mañana, pues.
COMENTARIOS DE LA AUTORA
Este capítulo lo dedico a Dayazo, quien me ha comentado que, a pesar de saber perfectamente cómo va a continuar la historia, espera con ilusión la actualización de cada capítulo. Un abrazo muy fuerte.
Y cómo no, para Natesgo, que sigue a mi lado contra viento y marea. Siempre. Para ti, todo mi cariño.
Hasta pronto.
Rose.
