Flor que crea una atmósfera llena de color.


En sus besos entrega humedad y cuestiones universales, tales como el porqué llegó a ser lo que es; el punto culmine, el clímax, lo elemental, lo vital. Lo más importante que podría pasar. Y es que al suspirar no hará más que llenar, ansiar y liberar, porque ya no es más niña, es ella, a quien se amaría incluso siendo brisa, porque es un alma transformable que va posándose en diferentes lugares, apoderándose de elementos u objetos, cada cierto tiempo en cuerpos, y que muta como la más alta preciosidad, embelleciendo y deslumbrando los nuevos horizontes, opacando el pasado burdo y desabrido, como una mariposa con alma de pantera que al aletear produce tornados y destruye vidas de papel. La amaría incluso siendo historia, porque estaría viva gracias a su fuerte presencia, que obliga a la amnesia a recordarla. Tan intensa, tan libre, como aire frío chocando con tu piel. Aun cuando quema, aun cuando te hace hervir, porque ella es fuego de invierno, es sexo en noches de lluvia, es vida después de la muerte, es existencia al respirar.

Y te besa, te quita el aire, te lo hace aguantar, porque su boca es adicción, al mismo tiempo que sanidad. Porque te recorre con ella, latente rojo sangre, vigorosa en cuanto a potencia, a densidad. Porque pesa, no es ligera, hay demasiado universo en ella, que está llena de estrellas, que contiene lunas y que ella misma calienta como el sol, porque si bien su luz es cegadora, sólo guía a quienes están despiertos por las noches. Acompaña, aún no estando allí, aún si ha desaparecido, aún si se fue, no logra marcharse, porque su alma deja resquicios allí donde ha estado, sin proponérselo deja su huella, blanco entremedio de negro, contraste a la aburrida realidad. Tan fuerte que ni le interesa que le dañen, porque su piel es de acero y su pecho de cuero, el alma es de hielo y su corazón de cielo. Y ella es vida. Es preciosa.

Y ya no es una flor.

Las partículas de polvo y minúsculas pelusas revoloteaban dócilmente por luz que atravesaba la ventana. Se respiraba aire puro pero cargado de algo. A lo lejos, las murallas se vislumbraban, orgullosas de permanecer en pie y firmes en su misión salvaguardar a la humanidad.

O de aprisionar, tal vez.

Unas manos finas, blanquecinas y fuertes sirvieron té verde en dos tacitas. La cabaña de campo crujía con cada inclinación de cuerpo y el olor a madera, hierbas y limpieza inundaba la estancia, era un aroma sumamente agradable. En las paredes colgaban cuadros de diferentes tipos; dibujos, poemas, cartas, flores prensadas, recuerdos de todo tipo de vidas enteras cargadas de más peso del que se debería soportar. Y sentían como que la vida nunca se acababa.

"El mundo es un lugar cruel, pero también muy hermoso."

—Creo que Hanji está rayando la locura, si es que ya hace tiempo no la alcanzó. Me han contado que en el asilo trae a todos los enfermeros de cabeza y que les anda robando muestras y cochinadas así.

Levi se sentó en la mesa redonda con parsimonia y con su manera tan peculiar, tomó la taza por los bordes y bebió un sorbo de té. No llegó ninguna respuesta a su comentario, aunque tampoco la esperaba. Ella ya no estaba con él.

El aroma a roble del bosque cercano que el viento soplaba le hacía recordar a Eren. A su gallardía, a su firmeza, a su espíritu impetuoso que aún parecía no extinguirse y que se manifestaba en las ventoleras furiosas que chocaban contra los muros, como una recia batalla contra las cadenas.

Recuerda su cuerpo, aún después de tanto tiempo, hecho para ella. Cuando bebe aquel amargo y delicioso líquido llamado café lo siente a él contra su cuerpo, siendo suyo, entregado, desposeído y sin miedo a darlo absolutamente todo. Su aliento chocando su piel y dándole un nuevo sentido al tacto, al placer, a los labios y a su ser. Le enseñó lo que era querer.

Él seguía ahí. Y parecía manejarlo todo.

"No moriré. Si muero, no seré capaz de recordarte."

Removió su mirada de plata hacia Levi, su adorado Sargento, quien bebía té como el ser más en paz de todo el mundo, ajeno al pasado, al futuro y sus demonios. Él era sólo presente, aquí y ahora, por eso tomó su mano y la estrechó con profundo afecto, pues Levi era con ella y estaba segura de que lo seguiría siendo, fuera cuando fuera.

"Si no te aferras a algo ¿cómo soportarás este mundo?"

A veces le miraba las cicatrices, como una niña curiosa que observa una mantis comerse una mariposa. Luego se desubicaba, pues ella también tenía muchas, demasiadas, no entendía porqué le sorprendía tanto su daño, mas luego al verlo se daba cuenta de que él era sólo su reflejo y lograba entender a ese mundo un poco más. Era bastante sencillo, y su memoria ancestral parecía celebrar cuando ella simplemente no podía olvidar esas cosas.

—Mañana será el cumpleaños de Connie—su voz nació de pronto y Levi la miró con sorpresa—. Sasha quiere que nos juntemos todos en Shiganshina para ir a blasfemar a las murallas—informó con tono despreocupado y ojos risueños ante la idea de sus amigos bajándose los pantalones y dejando regalitos esparcidos por allí. Levi hizo una mueca de asco.

—Tch, que ni crean que les permitiré mear los muros en mi presencia. Panda de asquerosos.

Mikasa soltó una carcajada, recordando cuando aprendió a reír y sintiéndose bien al saber que aquellos que permanecían con ella eran los causantes de aquel hito tan inesperado. Cosas de anécdotas que le fueron reconstruyendo el corazón, como cuando Eren en su torpeza se golpeaba el dedo pequeño del pie contra un mueble o cuando Sasha le robaba la comida a Jean mientras este discutía con Eren. Todo aquello le fue rehaciendo el alma.

"Somos unos excéntricos. Hemos visto demasiado, llevamos mucho peso a nuestros hombros. Así es como ha sido. Esto es lo que somos."

Apenas terminó su té, el maniático de Levi le quitó la taza y se apuró a lavarla, no sin antes someterse a un riguroso proceso de selección sobre cuál detergente sería el indicado para lavar esta vez. Sonrió llena de cariño mirando su ceño fruncido y su liso cabello apenas adornado por un par de canas. Él también le había recompuesto el corazón.

Sus pies envueltos en unas delicadas sandalias se movieron con soltura hacia la salida. Cuando estuvo fuera, una ventolera la recibió y agitó su corto cabello, robándole un poco de aroma y marchándose como un vulgar ladrón. Siguió su indeterminado camino, descendiendo por las escaleras que crujieron bajo su peso y hundió sus pies en el pasto, guiándose entremedio de la hierba hacia la zona boscosa de dónde provenían la mayoría de los aromas que la llamaban. Se adentró en el bosque.

Un gran árbol llenaba toda la foresta. Mikasa sintió su llamado y, mientras más se acercaba, más voces oía y más recordaba.

"Sobreviviré como sea."

Ya estaba convencida de que habría otra oportunidad y a todos los encontraría, porque así, de esa manera, la historia definitivamente no terminaría. Todavía no.

"Hasta luego, Eren."

—Despierta. Volvamos a casa.

—Mikasa...¿Te ha crecido el cabello?

"Parecía que tenías un sueño profundo, pero parece que sigues soñando despierto."

—Eren...¿Por qué estás llorando?

FIN


Y de esta manera, terminamos Hortensia después de más de dos años. Agradezco infinitamente a quienes se dieron el tiempo de leerla y comentarla, de apoyarla, de darme su opinión, hasta de hacer dibujos, lo son todo.

Sé que quizá hay cosas que no han quedado muy claras, por eso, si tienen alguna duda, no teman preguntar y yo me haré cargo de responderlas todas. Quizá, en algún momento, hasta haga una parte solamente para aclarar cosas, pero por ahora lo dejaré así.

Otra cosa, cambiaré el Rating de la historia a T (jaja, un descaro, lo sé) pero es la única forma de que llegue a más gente, por los filtros que no muestran en la búsqueda las historias con Rating M. Espero no tener algún problema con esto.

Eso es todo, nuevamente, muchas gracias a quienes me acompañaron en el camino de esta historia, no olvidaré nada.

...¡Miles de besos!

HLena.