DISCLAIMER: TODOS LOS PERSONAJES PERTENECEN A STEPHANIE MEYER Y A LA SAGA CREPÚSCULO.

.

¡Hooola de nuevo!

Mis primeras palabras, como siempre, dedicadas a vosotras. Miles y miles de gracias por vuestro apoyo. Sois maravillosas. Sé que puede parecer una chorrada pero me dais mucha energía y me sacáis una carcajada con vuestras teorías y vuestra indignación la mayoría de las veces, debo decir, dirigida a Bella y su testarudez.

Para que no seáis muy duras con ella os dejo su POV ;)

.

HERE COMES THE SUN

BPOV

.

Estaba atrapada y corría.

Corría por pasillos estrechos y oscuros por los que no podía ver nada. Solo huía intentando no tropezar ni mirar atrás hasta que llegué a una habitación estrecha. Mis ojos se habían acostumbrado a la falta de luz pero en este lugar había aún menos claridad, si eso era posible.

De repente todo se apagó y un fuerte portazo perforó mis oídos.

Estaba atrapada. De nuevo en una habitación oscura y pequeña.

Mi corazón se disparó y mi respiración era dificultosa.

-¡Noooo!- Grité levantándome de golpe buscando aire como si estuviera hundiéndome en medio del océano.

Mis ojos dolieron por la claridad.

Estaba en mi habitación. Mi lugar seguro. Amplio y luminoso… y Edward entraba por la puerta cargando dos tazas con cara de espanto, seguramente debido a mi chillido.

-¿Estás bien? – preguntó angustiado sentándose a mi lado mientras me observaba con detenimiento. Llevaba haciéndolo desde que llegó apresuradamente a casa tras recibir mi llamada.

Al salir de la cafetería en la que me había encontrado con mi hermano había estado vagando por las calles bulliciosas de la ciudad, intentando aclarar mis ideas, pero los sentimientos me desbordaban y no podía pensar con claridad. Necesitaba dejar de sentir para ordenarme. Necesitaba estar segura y aunque solo quería resguardarme en los brazos de Edward antes de verle necesitaba tranquilizarme o lo preocuparía más de lo que ya debía estarlo.

Esa paz solo la podía encontrar en un lugar. En el lugar en el que la había encontrado por primera vez. En la casa de papá.

-Una pesadilla. – aclaré centrándome en el presente intentando borrar las imágenes de mi pasado de mi mente. –

Edward se acomodó en la cama llevándome con él. Cuando estuvimos cómodos me pasó una de las tazas con humeante café.

El silencio reconfortante fue calmando mis ánimos.

Edward me estaba cuidando y dándome tiempo. Él lo hacía mejor que nadie, ya lo había hecho antes y ahora seguía cuidándome de esa manera tan suya. Con su simple presencia. Pero necesitaba compartir mi encuentro con Anthony o me volvería loca. A pesar de dormir toda la noche estaba agotada, seguramente habría estado removiéndome nerviosa por culpa de las pesadillas.

Cogí aire.

-Tenía la esperanza que fuera diferente… Quizás la consecuencia de no haber tenido la suerte que tuve yo cuando me encontré con Charlie. – comencé sabiendo que Edward estaba pendiente de mí. No me había perdido de vista desde que entró a esta casa.

Edward apretó nuestro abrazo haciéndome sentir cobijada y segura para contarle todo.

-Quedamos en una pequeña cafetería del centro. Cuando llegué estaba sentado en la mesa más apartada y su rostro… Su rostro es igual al del mi padre biológico. – temblé al recordarlo.

Mis instintos me chillaron que saliera de ahí pero tenía que saber qué quería. Me repetí como un mantra que estábamos en un sitio público y no me podía hacer nada. Era la única razón por la que había aceptado a venir sola. Nada podía pasarme en medio de una cafetería en el centro de Seattle.

-Nadie va a hacerte daño pequeña. – me aseguró una vez más Edward mientras posaba un beso en mi frente.

Sacudí mi cabeza alejando el mal presentimiento que me había dado su imagen. Nadie tenía la culpa de su aspecto, ni mucho menos el parecerse a alguien que había dedicado su vida en hacer infelices a sus hijos.

Respiré y me acerqué hasta la mesa aparentando una fortaleza que no era tal. Por mucho que yo quisiera confiar en él, Edward no lo hacía, Carlise y Charlie tampoco lo habían hecho y eso me mantenía alerta.

Alzó la vista y me vio en ese mismo instante. Tenía los ojos oscuros, incluso más que los míos y su piel era dura. Me miró reconociéndome pero no como a alguien a quien te hace ilusión conocer al fin sino como a un oponente. Conocía ese tipo de mirada. Las había visto en las salas de negocios. Se la veía a Edward cada vez que queríamos ganar algo a favor de nuestra empresa.

Mi piel se erizó.

-Hola. – saludé nerviosa. No me senté, algo en mí se había despertado, preparándome para lo que seguramente sería un duro pulso más que un cálido reencuentro.

-¡Hermanita! ¡Hasta que al fin nos conocemos! – me saludó animado acercándose a mí tan rápido que no me pude apartar. Me cercó en un abrazo que me heló la sangre.

-Mejor nos sentamos. – le dije librándome de su cercanía. –

Pedí un café bien cargado. Estaba demasiado cansada de anoche y necesitaba una buena dosis de cafeína para encarar este encuentro.

-Pensaba que nunca podría llegar a verte. – dijo maliciosamente.

-Has tenido más de diez años para hacerlo… - comenté dejándole claro que no pensaba comprar ese discurso.

-Tienes un perro guardián muy eficaz… Él y sus chicos de seguridad no me han dejado acercarme a ti. – continuó malmetiendo. Supongo que se refería a Edward.

-Ya estoy aquí. – puntualicé intentando no desviar el tema. Tenía que mantenerme focalizada en lo importante. Había aprendido de Edward a templar mis nervios. - ¿Qué quieres?

-Vaya, veo que no pierdes el tiempo… - dijo poniéndose cómodo. – Pensaba que te gustaría saber qué ha sido de mi vida… y esas cosas que la gente le gusta saber de su familia. –

-Si es lo que me quieres contar. Te escucho. – repliqué imitando su gesto.

-La vida te ha tratado mejor que a mí… hermanita… - comenzó.- Seguro que tu historia es mucho más interesante que la mía. Te escucho. – me imitó.

-Te pusiste en contacto con mi padre hace doce años y ahora has dado una entrevista a uno de los diarios nacionales más importantes por el único mérito de ser mi hermano biológico… Creo que tú mismo te has dedicado a saber qué ha sido de mi vida. – contesté harta de su tono y su mirada.

No quería estar aquí. Mis instintos me chillaban que me alejara lo antes posible.

Me arrepentía de no haber escuchado a Edward, de no haber hecho caso de sus advertencias y de ser tan idiota de creer que una persona que había estado extorsionando a mi padre podía albergar algún tipo de sentimientos auténticos hacia mí.

Me miró evaluativamente antes de dar un sorbo a su bebida.

-Cuando tenía diez años una tía lejana de nuestra madre me llevó a vivir con ellos a un pueblo perdido de Texas. En su rancho se dedicó a explotarme a cambio de un plato caliente. No había amor pero tampoco palos. Me conformé. – explicó brevemente. – Sin duda no es el palacio y la fortuna que te tocó a ti. – añadió mordazmente.

-Con siete años me escapé de casa porque nuestro padre estaba tan borracho y drogado que sabía que cuando se cansara de apalizar a nuestra madre comenzaría conmigo. Estuve vagando bajo la lluvia toda una noche… Digamos que sí tuve suerte de dar con Charlie y no con cualquier delincuente que podría haberme matado o a saber qué. – le dije enfadada por sus juicios sobre mí. Quizás no tuvo amor pero estuvo a salvo.

-Eres valiente. – apuntó con una sonrisa extraña. – Estoy seguro que nos llevaremos bien, hermanita. –

-Bella. – le corregí.

-Nada de lazos familiares… ya veo… - comentó mordazmente.

-Creo que sería bueno que condujéramos esta charla a algún fin. ¿Qué quieres? – pregunté harta de sus rodeos.

-Me parece bien… - contestó apoyando sus brazos sobre la mesa, esta vez más tenso. – Creo que es hora que comencemos a tener más relación… a compartir más cosas… No deberíamos dejar que el tiempo y el destino caprichoso que hemos sufrido nos separe por más tiempo. – divagó anticipándome algo que seguramente no fuera a gustarme. - ¿Sabes que nuestro padre se ha puesto en contacto conmigo? – preguntó y en ese momento todo se volvió borroso. Mis manos se volvieron puños.

-No es mi padre. – fue lo único que pude vocalizar. Aunque soné temblorosa, igual a cómo me sentía por dentro.

-Igualmente lo ha hecho. – continuó sin hacerme mucho caso. Me preguntaba como una persona que nunca había pensado en sus hijos se ponía en contacto con uno, que además no usaba ni sus apellidos. –

-Vaya… - comenté mientras pensaba en qué podía estar escondiendo.

-Me está chantajeando a cambio de dinero, es por eso que he hecho lo que hecho… Ahora mismo no trabajo y no tengo con qué pagarle. – me explicó pero mis instintos me decían que no me fiara de él. No era claro.

¿Qué clase de persona pagaba con la misma moneda que estaba recibiendo?

-¿Tanto dinero necesita en prisión? – pregunté irónicamente. No sabía mucho de esos mundos pero sin duda lo que habría cobrado por su entrevista era mucho más de lo que nadie necesitaba en un sitio como la cárcel.

- No me gusta tu tono. – me dijo ácidamente. – Ni que te vayas de rositas mientras yo cargo con todo el peso. – atacó finalmente enseñando sus cartas.

Sabía por Edward que cuando tienes a tu rival crispado y atacando es cuando más relajado y frío debes mostrarte.

-No lo considero así. No acepto sobornos. Cruzaste la línea del pacto no tácito que siempre respetó mi padre.. – dije remarcando la palabra que jamás utilizaría con nadie más que no fuera Charlie. Yo solo tenía un padre. - No te debo nada. Ni a ti y mucho menos voy a mantener a un maltratador. – juré dejándole claro que no iba a doblegarme.

-No te he chantajeado. – se defendió y aunque tenía razón, no lo había explícitamente, sí hizo una declaración de intenciones cuando concedió esa entrevista.

-Aun así pretendes que te dé el dinero. – rebatí rápidamente. No le iba a dejar ganar terreno.

-Piensas muy bajo de mí. – se defendió y casi haciéndome reír. Sin duda él mismo se había encargado que pensara de tal manera.

Abrí mis manos para indicarle que siguiera. Estaba deseosa de volver a los brazos protectores de Edward y no volver a separarme de él. Necesitaba la fuerza que él emanaba para volver a estabilizarme.

-He pensado que lo mejor para poder conocernos es pasar tiempo juntos… - cerré los ojos ante el cambio de estrategia. – Y lo más conveniente para ambos es en tu empresa. Yo obtengo dinero sin necesidad de que me acuses de chantajearte. – propuso como si no acabara decir la mayor barbaridad de la historia.

¿Quería un puesto de trabajo en Swan's? Pretendía que metiera en mi empresa a una persona que se dedicaba a publicar trapos sucios sobre mí a cambio de un puñado de dinero y que estaba en contacto, a saber cómo y me daba igual bajo que términos, con mi padre biológico. Obviamente había algo detrás de esta propuesta, un plan mucho más elaborado de lo que parecía a simple vista y seguramente mucho más dañino.

Estaba demente si pensaba que era tan tonta de aceptar.

-Nunca. – pronuncié más segura de lo que nunca había estado de nada. No mancharía la memoria de Charlie jamás.

-No te lo estoy pidiendo, hermanita… - amenazó levantando finalmente sus cartas.

Reí irónicamente.

-Sí lo estás haciendo. – le recordé crispándolo. - ¿Sabes por qué? – pregunté sin esperar su respuesta, estaba cansada y arrepentida. – Porque yo soy la dueña de Swan's Netwok y tú no eres nadie. Así que sí me lo estás pidiendo porque no estás ni estarás nunca en la posición de exigirme nada. – le expliqué segura como el mismo infierno que jamás le permitiría poner un pie en mi empresa.

-No lo entiendes… Quiero estar en esa empresa, podría ser una empresa familiar. – me miró de tal manera que supe que era una amenaza. No se molestó ni en maquillarlo. Su mirada fría y dura lo dejaban extremadamente claro.

-Lo único que compartimos es la sangre y créeme que eso es solo porque no tengo elección. – afirmé de nuevo tanto para él como para mí misma. Tenía que volver con Edward y pensar en qué hacer a partir de ahora. Algo me decía que con mi negativa había despertado algo de lo que aún no era consciente. – Adiós. – dije antes de levantarme.

Anthony no se dignó a decir nada.

Di solo un par de pasos antes de girarme de nuevo hacia él. No podía irme de aquí sin decirle lo que realmente sentía.

-Sabes… Siento que no hayas querido otro camino. Los dos sufrimos, los dos tuvimos unos padres biológicos que no merecían haber tenido hijos… pero los dos somos responsables de los adultos que hemos querido ser. Eres cobarde por decir que las circunstancias te hicieron así. Tú elegiste ser así. Y es una pena. – le expuse toda mi frustración.

Me arrepentía por haber luchado por alguien que no existía. De haber discutido con Edward defendiéndolo. De haber llegado a pensar que papá fue demasiado cruel no dejándome acercarme a él. Ahora lo entendía. Yo tampoco hubiera dejado que ninguna persona a la que amo compartiera tiempo con un ser tan despreciable.

Me había empeñado en pensar en él como mi hermano y jamás merecería ese apelativo.

No me di cuenta que estaba llorando hasta que Edward secó mis lágrimas.

-No le voy a permitir que ponga sus garras en Swan's Networks. – juré después de compartir una mirada cargada de significado con Edward.

-No lo dejaremos. – concordó abrazándome fuerte.

Nos quedamos un rato así. Sin necesidad de hablar ni de hacer nada, solo confortándonos mutuamente. De vez en cuando levantaba mi vista para cruzar la mirada con Edward. No decía nada pero estaba nervioso y preocupado. Su mente se perdía y parecía distraído pensando en algo, seguramente alguno de todos los problemas que teníamos encima por mi culpa, cuando volvía a la realidad me apretaba contra su costado como si comprobara que seguía aquí.

No podía evitar sentirme culpable por toda la situación en la que estábamos envueltos.

Volvía a ser yo y mi condenada familia biológica la que rompía la paz de nuestras vidas y nuestro negocio. Estaba más que segura que legalmente no podían hacer nada de lo que pretendían pero aun así no podía evitar sentir pesar.

La familia no se elige, te toca. Era algo que había escuchado durante toda mi vida y era curioso como siempre me había mofado de esta afirmación. Yo la había escogido y mi misma, de alguna manera, Charlie también me escogió pero en estos instantes me daba cuenta de la verdad que ocultaba la sabiduría popular. Ojalá no tuviera que acarrear con las decisiones de una persona como Anthony.

Hice unas llamadas a la familia para invitarlos a comer lo que consiguió distraerme. A mi familia, la de verdad, la que amaba y me amaban. Todos se sorprendieron al enterarse que la comida se celebraría en casa de Charlie pero prudentemente nadie había mencionado nada.

Entre ella y Edward encargaron comida y desempolvaron la vajilla y demás utensilios necesarios, hacía demasiado tiempo que esta gran casa no albergaba una reunión familiar. Aprovecharon que la temperatura de los últimos días de verano para comer en el gran patio exterior.

-Deberíamos bañarnos. – dijo Edward sentado en una de las sillas de papá mientras bebía una cerveza fría esperando a que los primeros invitados llegaran.

-No tienes bañador aquí. – repliqué tranquila mientras colocaba una gran bandeja de ensalada en la mesa.

Sentí como Edward tiraba de mí sorprendiéndome por su movimiento. Acabé sentada en su regazo compartiendo una risa nerviosa porque la silla casi nos juega una mala pasada y estuvimos a punto de acabar ambos en el suelo.

-No creo que sea necesario… Esto es tan privado que a los únicos que podríamos ofender sería a los pájaros curiosos. – puntualizó haciéndome sonrojar de imaginar la escena que creaba mi mente.

-Están a punto de llegar. – repliqué después de, paradójicamente, sopesar la propuesta de Edward.

-Podemos no abrirles la puerta… - propuso entreteniéndose con mi cuello.

-Alice la tirara abajo y tu padre tiene llaves. – le recordé dejándome llevar por sus atenciones. Mi voz no era más que una excusa tonta.

-Entonces es una promesa para después, mi amor. – dijo con la voz tan grave que sus palabras tuvieron un efecto directo en mis entrañas. Le besé apasionadamente dejando que nuestros cuerpos volvieran a reconocerse.

El timbré nos interrumpió arrancado unas cuantas maldiciones de Edward. Fui a abrir regalándole un precioso tiempo para que se relajara y se recuperara de los efectos de nuestro breve pero intenso encuentro. Mientras caminaba por el largo pasillo que conducía del jardín a la puerta principal, cerré el despacho de Charlie que continuaba desordenado por nuestra búsqueda de ayer, preguntándome como podía ser que hubiéramos reprimido tantos años la pasión que ahora nos inundaba cada vez que estábamos a menos de un metro de distancia.

Escuchaba golpes en la puerta sabiendo que solo uno de los invitados tenía la poca paciencia y la fuerza suficiente para derrumbarla si se lo proponía. Aceleré mis pasos para abrir la puerta y confirmar mis sospechas.

-¡Al fin abres! – exclamó aliviado Emmet mientras me abrazaba en uno de sus invalidantes abrazos de oso. – No sabes las ganas que tenía de verte. – continuó diciendo sin dejarme salir de su jaula.

Comenzaba a sufrir por la más que posible falta de aire. Pataleé un poco intentando que notara que lo que tenía entre sus brazos era una persona humana con capacidad limitada en sus pulmones y una apremiante necesidad de llenarlos.

-¡Emmet, por favor, Bella se va a ahogar! – dijo salvadoramente Rose mientras le daba un fuerte golpe en el hombro.

Le regalé una mirada agradecida a mi amiga antes de concentrarme en Emmet y su extraño comportamiento.

-Nos vimos hace unas horas. ¿Se puede saber qué te pasa? – le reté estirando los huesos de mi cuello ahora que tenía espacio para hacerlo.

-A mí nada. – se defendió mecánicamente. Demasiado rápido para sonar inocente. Me estaba escondiendo algo. - ¿Qué te pasa a ti? – preguntó de vuelta confirmando mis sospechas.

-¡Yo he preguntado primero! – repliqué dejándome llevar por la irracionalidad de mi amigo.

-Se ha acabado el recreo. – nos interrumpió Rose poniendo un poco de cordura. Me dio un beso mucho más calmada que Emmet aunque conocía su mirada; quería contarme algo. – Emmet toma, lleva esto a dónde sea que vayamos a comer. – ordenó a su pareja, esperaba que ya oficial, pasándole una bandeja con lo que a todas luces era un apetecible pastel de carne y verduras.

-¿Está Edward?- preguntó Emmet mientras daba una ojeada a la casa. La conocía demasiado bien, así que seguramente estuviera buscando a los demás invitados.

-En el jardín con cervezas frescas. – maticé sabiendo que ese detalle sería relevante para él.

-Después hablamos y me explicas por qué estás en casa de Charlie y no en la tuya. No quiero excusas así que más te vale no intentes ni pensar una. – me apuntó amenazadoramente con su gran dedo índice.

Era imposible esconderle nada a Emmet. ¡Maldita sea!

-¿Podemos hablar un momento? – me preguntó Rose quedadamente.

Como el despacho de Charlie seguía hecho un caos y sus grandes puertas acristaladas daban al jardín opté por llevarla al gran salón que quedaba en el lado opuesto de la casa. Si había echado de manera tan poco sutil a Emmet no tendría sentido ir a un sitio en el que nos pudieran escuchar.

-Iré al grano antes que nos interrumpan. – anunció Rose solemnemente. Asentí lo que tomó como una señal para continuar. – Emmet sabe lo de tu hermano y me costó casi tres horas relajarlo así que, por favor, sé dulce con él. – me explicó con preocupación en su mirada, el apretón de manos que me dio fue su manera de decirme que no era Emmet la única persona que le angustiaba.

Cabeceé comprensiva.

-¿Cómo lo supo? – pregunté aunque la respuesta era fácil de saber.

-Edward. – confirmó.

¿Des de cuando Edward y Emmet se llamaban para explicarse sus cosas? Supongo que ambos habían encontrado finalmente un punto en común y ese era yo. Esperaba que no unieran fuerzas porque si no eran capaces de volverme loca. Nadie era capaz de luchar contra la persistencia de ambos a la vez.

-Yo también tengo algo que contarte. – Le dije atrayéndola hacia mí para explicarle mis sospechas sobre Jessica y como quizás había ayudado a Anthony a colarse en la fiesta. No me gustaba creer en ese tipo de coincidencias. Le hice un resumen tan magnifico a Rose de todo este desatino que me sentí muy orgullosa tanto de mí como de la capacidad de mi amiga para seguirme sin perderse ni un solo momento.

-¿Cómo podríamos saber si fue ella? – preguntó seguramente creando mil planes en su mente. –

-No creo que podamos pero cada vez me provoca más desconfianza. – admití mientras un escalofrío cruzaba mi cuerpo de pies a cabeza.

-Bella – me llamó Rose muy seria. – Creo que ha llegado el momento de que Edward sepa todo lo que está pasando. No vas a poder sostener esta situación más tú sola. – recordó y aunque tenía razón seguí indecisa de compartir mis miedos sobre Jessica con él. No quería que pensara que eran los celos los que motivaban mis sospechas.

Asentí mientras el ruido del timbre nos obligaba a acabar con esta conversación a escondidas.

-Deberíamos vigilar también a James. Pienso como Edward, no es trigo limpio. – me dijo antes de marcharse hacia el jardín mientras yo abría la puerta.

El resto de los Cullen llegaron juntos con Alice a la cabeza. Estaba eufórica.

-¡Tenía tantas ganas de volver a casa de Charlie! – chilló animada llenando mi alma con su alegría y entrado como un huracán. –

Carlise siempre prudente esperó su turno para abrazarme paternalmente. Respiré hondo oliendo su colonia. Seguía usando la misma que la noche que lo conocí.

-¿Mala noche? – preguntó dejando un suave beso en mi frente mientras me mantenía abrazada caminando por el pasillo.

Noté que sus pasos eran más lentos que de costumbre y como a simple vista no parecía tener cojera decidí concederle ese tiempo conmigo.

Pasamos por delante de la puerta del despacho de papá dónde paró su marcha. Lo pensó unos segundos y con dolor en su mirada abrió la puerta. Carlise Cullen había sido el gran pilar de esta familia cuando la muerte de Charlie lo desmoronó todo a nuestro alrededor y tendíamos a olvidar lo mucho que había sufrido al enterrar a su amigo de la infancia.

-Veo que has estado buscando algo. – dijo al entrar y ver el desorden.

-Algo así. – admití nerviosa y algo avergonzada.

Este despacho era casi sagrado para mí y verlo de esa manera me dolía pero no podía mantener esta casa intocable y menos si pensaba mudarme temporalmente aquí. Edward y yo íbamos a tener que hacer cambios… Comenzaría ordenando todo lo que había hecho aquí ayer.

-¿Lo has encontrado? – preguntó mientras se entretenía con el tocadiscos de papá.

-No. – contesté escuetamente sin saber por dónde empezar a explicarle todo lo que estaba pasando en mi vida por culpa de mi familia biológica. Debería ser fácil, y más con él, pero no lo era.

Carlise no contestó ni tampoco se giró para mirarme atentamente como hacía siempre que me quedaba en silencio. Alice y yo bromeábamos que no tenía ojos sino escáneres capaces de analizar minuciosamente qué pasaba en nuestro interior.

Abrió el armario en el que Charlie guardaba sus vinilos y puso su preferido, los Beatles. "Here comes the sun" comenzó a sonar. Era la canción preferida de papá.

Charlie siempre había sido admirador de los Beatles pero esta canción nunca estuvo dentro de sus preferidas. La encontraba algo sosa y repetitiva… Hasta que una noche lluviosa de invierno me crucé en su camino de vuelta a casa. Me parecía enternecedor que me viera como la luz que aclaraba sus días cuando eso era precisamente lo que su adopción había conseguido en mí.

Carlise subió el volumen justo antes de girarse.

-Ven aquí. – dijo abriendo sus brazos. No dudé ni un instante en lanzarme a ellos buscando el resguardo de un padre que sin juzgarte te protege.

-No la había escuchado aun. – confesé. Había tantas cosas que seguía evitando por miedo a sufrir de nuevo.

-Lo estás haciendo bien. – aseguró igual que tantas veces había hecho Edward. A veces me preguntaba de dónde sacaba sus capacidades de liderazgo. No cabía duda que era de su padre.

-Anthony quiere estar en la empresa. – le expliqué dejándome inundar por la esencia de Charlie que desprendían los recuerdos de esas notas musicales y la paz que me daba Carlise.

-Me imaginaba que algo escondía esa entrevista. – murmuró antes de separarnos para que lo mirara. – Ten. – me alargó un sobre bastante lleno que sacó de su chaqueta.

-¿Qué es esto? – pregunté confundida.

-La información que Charlie tenía de tu familia biológica. – explicó haciéndome respirar tranquila. – No quería entristecerte, tenías esperanzas y jamás podría tirarlas por tierra… Tu padre se encargó de recabar información y lamentablemente era bastante turbia por eso jamás quiso que supieras de ellos. – explicó lo que calló el día que fui a su casa.

Recordaba las miradas compartidas con Edward, seguramente ambos sabían que mis dudas sobre los sentimientos de mi hermano no eran necesarias.

-No voy a dejar que toquen nada de lo que construyó Charlie. – prometí.

-Oh pequeña…- se lamentó paternalmente, que diferente sonaba la misma palabra en los labios de Edward. – Me basta con que no te hagan nada a ti. – acabó volviéndome a abrazar.

-¿Interrumpo? – preguntó Edward que entró haciéndome consciente de la realidad. El clima que había creado Carlise con su amor y la música me habían hecho olvidarme de todo y todos.

-No lo haces hijo… - contestó Carlise por mí. Su gesto cambió al mirar a Edward.

-Estabais tardando… Alice se preguntaba dónde estabais… - dijo Edward mirándome como si le tuviera que sacara del charco en el que se había metido él solo. Sonreí por verlo en ese membrete, no acostumbraba a ver a Edward en apuros.

-Ni tú ni tu hermana os tenéis que preocupar… Estamos bien. ¿Verdad, Bella? – replicó Carlise bromista.

-Muy bien. – concordé guiñándole un ojo.

-Edward, ¿Cuando has llegado? – preguntó distraído su padre mientras abría las grandes puertas del despacho de papá para que la música llegara al jardín.

Edward no contestó se limitó a llegar hasta mi lado mirando interrogante el sobre que mantenía entre mis manos. Asentí en silencio notando como se relajaba entendiendo que allí estaba lo que tanto necesitábamos.

-Ya era hora. – nos interrumpió Carlise negando con la cabeza mientras nos miraba.

-¿Cómo? – boqueé nerviosa como si fuera una adolescente pillada besuqueándose con su novio.

- Que ya era hora que los Beatles y la vida volviera a esta casa. – añadió rápidamente aunque los tres sabíamos que no se refería a eso.

Salimos al jardín para reunirnos con los demás.

La comida comenzó tranquila, comentando anécdotas de la cena de Swan's Network. Todo fue genial y Emmet se ganó grandes halagos de todos los presentes por sus bailes haciendo que su ego creciera peligrosamente.

De pequeña siempre que me daban a elegir entre una buena o una mala noticia comenzaba por la positiva. La vida me había enseñado que las desgracias siempre acababan llegando, no era necesario apresurarse. Así que mientras Esme repartía un pedazo de tarta de zanahoria para todos decidí anunciar que Edward y yo estábamos juntos… Algo que no fue una sorpresa para nadie de los presentes pero calentó mi corazón al compartirlo con las personas a las que más quería y me dio ánimos para explicarles todo lo que había sucedido con mi hermano biológico durante las últimas horas.

No fue una conversación fácil.

Dolía admitir que me había equivocado pero lo hacía más el pensar que por mi silencio les pudiera pasar alguna cosa a cualquiera de ellos. Pero lo más importante era que cuando los miraba sentía todo lo que jamás podría provocarme Anthony.

El amor incondicional de las personas que están dispuestas a apoyarte y protegerte.

La seguridad y confort de saber que están a salvo y así te quieren ellos.

La paz de saber que el hogar no es un lugar sino las personas que nos acompañan en la vida.

Y aquí, con Here comes de Sun volviendo a sonar, compartiendo con ellos un simple té y las restas del pastel de zanahoria me di cuenta que daba igual lo que Anthony o Jessica o quien fuera intentara hacer. No conseguirían derrumbarme.

Apoyé mi cabeza en el hombro de Edward disfrutando de este instante.

.

[**]

.

NA:

Pues no podréis decir que no es un capítulo intenso jajaja Y largo… Qué susto me dio al acabar de escribir y ver que eran casi 12 páginas. Espero que no os aburráis a la mitad. Intentaré que los demás no se alarguen tanto.

Muchas decís que Bella es muy cabezota por ir sola… a mí no se me ocurría de otra manera. Es su vida. Su familia. Ella necesitaba darse cuenta por ella misma de la realidad. Sin Edward y sin nadie. Pero como veis ha vuelto a su hogar, a su gente que es en los que realmente confía.

Como siempre intentaré subir el capítulo en cuanto lo tenga!

Cuidaros muchos en estos locos días.

Nos leemos en el próximo!